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miércoles, 4 de febrero de 2026

Derechos argentinos: Marino inglés solicitó permiso para anclar en Malvinas en 1813

Un hallazgo histórico clave para la soberanía argentina: en 1813 un inglés solicitó permiso para anclar en las Islas Malvinas

En el material revelado, un capitán inglés pide permiso a Buenos Aires para cazar en el archipiélago, reconociendo la soberanía de las entonces Provincias Unidas.
Yasmin Ali || Canal 26



Malvinas argentinas Foto: Archivo

El reclamo argentino por la soberanía de lasIslas Malvinas es conocido, un conflicto que nos llevó a una guerra en 1982 y aún continúa más vivo que nunca. Al momento en que Reino Unido intenta justificar sus acciones ilegales, lo hace mencionando una supuesta soberanía previa que la misma historia ha demostrado que es falsa. Una carta fechada en 1813 expone una de las mentiras en el relato inglés.
La carta que demuestra la soberanía argentina

El 30 de enero de 1813, el capitán Henry Jones, al mando del bergantín inglés El Rastrero, elevó ante las autoridades de Buenos Aires una solicitud formal para obtener autorización con el fin de realizar caza de lobos marinos en las costas del archipiélago de Malvinas.

El pedido —registrado en documentación oficial de la época— constituye una evidencia temprana y contundente del reconocimiento, por parte de embarcaciones extranjeras, de la autoridad que ejercían las Provincias Unidas del Río de la Plata sobre las islas. Apenas habían transcurrido tres años desde la Revolución de Mayo y el nuevo gobierno patrio ya administraba y regulaba actividades económicas en territorios marítimos bajo su jurisdicción.


Un inglés pidiendo permiso para anclar en Malvinas Foto: X @MalvinasData

La solicitud fue dirigida al Director de la Aduana, Enrique Torres, quien se encargaba de supervisar y otorgar permisos para explotaciones en zonas estratégicas del Atlántico Sur. Este tipo de trámites, habituales en la dinámica administrativa del período, reflejan cómo el Estado naciente comenzaba a consolidar mecanismos formales de control político, fiscal y económico sobre espacios considerados propios.
 
Este episodio es una de las primeras pruebas documentadas del ejercicio efectivo de soberanía argentina en las Islas Malvinas durante los años iniciales del proceso independentista. En un contexto en el que la caza de lobos marinos representaba una actividad sumamente rentable, el requisito de solicitar permisos reforzaba la noción de un territorio administrado y regulado por Buenos Aires.

Así, el caso del capitán Jones no solo aporta un dato histórico preciso, sino que también se suma al conjunto de evidencias que demuestran la proyección temprana y activa de las Provincias Unidas sobre las Malvinas, mucho antes de la ocupación británica de 1833.


Las Malvinas fueron usurpadas de manera ilegítimas en 1833 Foto: Archivo

Malvinas, una eterna disputa

El archipiélago fue descubierto por los españoles a comienzos del siglo XVI. Los británicos siempre posaron sus ojos sobre ellas por tener una ubicación estratégica y varios recursos naturales; para 1765, instalaron ilícitamente un asentamiento que violaba varios tratados internacionales vigentes en ese momento. Cuando España supo de esto, los expulsaron en 1770 y 1774.

El 30 de junio de 1777, José de Gálvez, Ministro de Indias del Reino de España, envió una Real Orden al Virrey del Río de la Plata, Don Pedro de Cevallos, para “quemar los edificios de toda clase que se hallaren concluidos o empezados, practicando lo mismo con los materiales que se encontrasen acopiados por el propio intento”.


La acción española que cambió a las Malvinas Foto: Wikipedia

El pedido se cumplió el 17 de marzo de 1780 por una expedición bajo el mando de Juan Pascual Callexas, que destruyó el puerto y el fuerte que los británicos habían construido en Puerto de la Cruzada (Egmont) en la Isla Trinidad, un pequeño islote de la Gran Malvina.

Este acto no solo demostraba que España mantenía un control de la totalidad del archipiélago, sino también que fue enviada y ejecutada a quien le correspondía la Gobernación de Malvinas. En este caso, al virrey del Río de la Plata. Otro dato clave que se desprende es que la falta de reacción británica se toma como una clara señal de que sabían que nada debían hacer allí.

De esta forma, Gran Bretaña abandonó Puerto Egmont en 1774 y por 55 años no hubo presencia oficial británica en las islas. Tampoco hubo queja alguna de los ingleses sobre los varios actos de soberanía ejercidos por el naciente gobierno argentino entre 1810 y 1829.

jueves, 18 de noviembre de 2021

El fin de la Ardent: Roberto Sylvester cuenta el ataque

En los países más adelantados del mundo la experiencia de combate equivale a una maestría. Uno de los pilotos argentinos que participó del hundimiento de la fragata Ardent en 1982, Roberto Sylvester, amén de hablar sobre ese ataque, nos explica porque la experiencia en combate puede ayudar a tener una carrera exitosa en la vida civil.

jueves, 20 de junio de 2019

Anécdotario argentino: "El agua blandita"


El agua blandita

Clarín


La Fuerza de Desembarco sufrió 2 ásperos temporales mientras navegaba hacia las Malvinas.

De hecho, el mal clima obligó a postergar el Día D: pasó del 1 de abril al 2.

Se padecieron vientos de unos 120 kilómetros por hora y olas de hasta 7 metros. Los barcos se bamboleaban tenebrosamente, con inclinaciones cercanas al tope de 55 grados que marca el rolímetro.

El “Cabo San Antonio”, que llevaba el grueso de la tropa, tuvo que refugiarse en el rumbo de capa y bajó la velocidad a 6 nudos (menos de 11 kilómetros por hora).

Entre los nervios y los vaivenes, casi no se podía descansar: algunos trataban de dormir atados o en el piso. E ir al baño resultaba bastante complicado.

-Era difícil acertar -le cuenta a Clarín Miguel Pita, el segundo comandante de la Fuerza de Desembarco-. Y no te podías mantener sentado…

“Parecía que el casco daba de lleno contra algo sólido”, relató Carlos Büsser, el jefe de los infantes.

-Qué fuerza tiene el mar, eh -le observó un cabo.

-Tenga en cuenta que cada metro cúbico de agua pesa una tonelada. Fíjese el tamaño de las olas y calcule contra cuántas toneladas choca el buque…

-Menos mal que las olas son de agua, que es blandita, ¿no?