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sábado, 1 de agosto de 2026

Doctrina militar: Fricción como aprendizaje

Fricción como aprendizaje: buscar el roce para obligar al enemigo a revelarse

Por E. McLaren






No toda fricción es padecida. A veces se la busca.

No hablamos aquí de la fricción en el sentido abstracto y universal con que Clausewitz describía el desorden inevitable de la guerra, esa resistencia opaca que entorpece planes, retrasa movimientos y arruina cálculos. Hablamos de otra cosa: de la fricción provocada. Del contacto deliberado. Del tanteo buscado para obligar al enemigo a mostrar la mano. En términos contemporáneos, lo que está en juego es el probing engagement: el encuentro de prueba, la presión medida, el roce táctico que no persigue todavía la destrucción total, sino algo a veces más valioso en la fase previa al golpe decisivo: comprensión.

Hay guerras en las que el enemigo está a la vista y guerras en las que hay que arrancarlo de la sombra. Cuando el adversario se dispersa, se enmascara, se atrinchera, se mezcla con el terreno o pelea con lógicas asimétricas, la información no se obtiene solo mirando. Hay que hacerlo reaccionar. Y para que reaccione, hay que tocarlo. Ese toque puede ser una patrulla, una sonda mecanizada, un fuego de tanteo, una incursión limitada, una presión localizada sobre un punto sensible. Lo decisivo no es la forma exacta, sino la intención: forzar al enemigo a delatarse. Saber cómo responde, desde dónde responde, con qué intensidad, con qué disciplina, con qué reservas, con qué temple.

Eso es la fricción como aprendizaje. No el caos que sobreviene, sino el roce que se induce para aprender más rápido que el otro.

Las doctrinas militares serias no entienden este contacto como una aventura ni como una liturgia del coraje. Ninguna fuerza profesional busca combate por romanticismo. Lo busca, o lo tolera, cuando el combate limitado produce rendimiento operativo: revela posiciones, obliga a desplegar reservas, expone centros de mando, permite medir cohesión, destapa vulnerabilidades, erosiona la moral o permite calibrar con mayor precisión el dispositivo propio. El tanteo, bien entendido, no es una descarga de agresividad. Es un instrumento de conocimiento. Se entra en fricción para salir con una imagen más nítida del campo de batalla.

Estados Unidos lo tradujo a una terminología metódica: reconnaissance in force, reconnaissance by fire, probing attack. Distintos nombres para una misma verdad: a veces hay que presionar al enemigo para que revele la geometría real de su defensa. Lo que importa en el enfoque norteamericano es que ese contacto tenga bordes nítidos. No debe transformarse en una batalla prematura ni en un atolladero por exceso de entusiasmo. El roce sirve si está cubierto, escalado y contenido. Se lo acepta porque enseña; se lo limita porque desgasta. Hay en esto una lógica muy estadounidense: usar la fricción, pero sin rendirse a ella. Aprender del combate sin dejar que el combate absorba la misión.

El Reino Unido, fiel a su tradición maniobrista, le da a ese mismo fenómeno un cariz algo distinto. En la cultura británica, la fighting reconnaissance no solo busca información; busca también sembrar confusión. El contacto limitado no sirve únicamente para ver, sino para alterar la percepción del enemigo, obligarlo a reaccionar en condiciones que no domina, hacerlo sentir observado, inquieto, penetrado. Es una maniobra cognitiva antes que una simple colisión táctica. Pero, precisamente por eso, exige juicio fino. Si el tanteo empieza a producir más desorden propio que desorganización enemiga, ha dejado de ser útil. La tradición británica no glorifica el roce por sí mismo. Desprecia, de hecho, la bravura sin finalidad. El buen comandante tantea para entender y para perturbar, no para regalar hombres a una situación mal leída.

Israel, en cambio, llevó esta lógica a una intensidad singular. Pocas culturas militares han hecho del aprendizaje bajo contacto una práctica tan orgánica. En las Fuerzas de Defensa de Israel existe una convicción casi visceral: al enemigo no se lo termina de conocer hasta que se lo obliga a actuar bajo presión. Observar no basta; hay que agitar el sistema. Por eso, en el sur del Líbano, en Gaza y en otros escenarios complejos, las fuerzas israelíes recurrieron repetidamente a acciones cortas, punzantes, controladas, para inducir reacción. Se trata de una forma de inteligencia en combate. Un adversario que permanece oculto detrás de túneles, emboscadas, fuegos intermitentes o estructuras celulares puede ser cartografiado parcialmente por sensores, pero se define de verdad cuando tiene que contestar. Israel entendió que la fricción limitada puede ser una forma de interrogatorio armado. Se presiona, el enemigo responde, y en esa respuesta deja ver su doctrina, su red, su lógica y sus nervios.

Francia se sitúa en otro registro, más clásico en apariencia, pero igualmente fino. Su idea de reconnaissance offensive responde a una tradición de arte operacional en la que el contacto sirve para preparar la maniobra posterior. Se fija al enemigo para estudiarlo; se lo estudia para descomponerlo; se lo descompone para abrir la maniobra decisiva. En África, especialmente en el Sahel, esa lógica encontró una aplicación muy clara. Patrullas móviles, columnas ligeras, combinaciones de movilidad terrestre y apoyo aéreo entraban en contacto no para aniquilar de inmediato, sino para hacer aflorar la estructura insurgente, forzarla a moverse, obligarla a delatar apoyos, rutas y hábitos. Allí la fricción controlada no solo revela al enemigo: lo fragmenta. Francia, sin embargo, suele agregar dos advertencias cruciales que no deben perderse de vista: el fuego debe permanecer disciplinado y el cálculo político nunca puede estar ausente. El tanteo útil es el que conserva iniciativa sin multiplicar daños estratégicos.

Lo que une a estas doctrinas no es una estética del riesgo, sino una comprensión compartida: la guerra castiga a quien pretende conocer al enemigo sin tocarlo nunca. Hay adversarios que solo se dejan entender cuando se los perturba. Y eso hace del contacto deliberado una verdadera escuela de mando. Nada expone tanto la calidad de un jefe como un encuentro incierto, breve, ambiguo, donde todavía no está claro si conviene sostener el roce, profundizarlo, romperlo o usarlo para atraer una reacción mayor. En ese instante se mide algo que ningún ejercicio de pizarra puede dar por completo: juicio táctico. Saber cuánto empujar sin quedar fijado. Saber cuánto arriesgar sin precipitarse. Saber distinguir entre una resistencia dura y una simple pantalla. Saber, en fin, cuándo el enemigo está revelando su dispositivo y cuándo está tendiendo una trampa.

Por eso el valor de este tipo de fricción no recae solo en la inteligencia obtenida, sino también en lo que hace con la propia fuerza. Las unidades que han vivido contacto deliberado, incluso en entrenamiento realista, desarrollan una relación distinta con la incertidumbre. Aprenden a leer indicios, a tolerar la ambigüedad, a no quebrarse cuando el primer plan se desordena. Descubren que el enemigo no se comporta como el blanco pasivo de una presentación doctrinal, sino como una voluntad que engaña, responde y se adapta. Esa lección es de un valor incalculable. Una tropa que solo conoce escenarios limpios y secuencias perfectas puede ejecutar bien, pero no necesariamente resistir bien. El roce, en cambio, endurece el juicio. Enseña a decidir en niebla.

Esto explica por qué los grandes ejércitos entrenan una y otra vez situaciones de contacto friccional. No quieren formar unidades que simplemente apliquen procedimientos; quieren formar mandos capaces de pensar bajo presión. En los centros de adiestramiento más exigentes, las fuerzas no se limitan a “cumplir fases” según un libreto. Son provocadas, sorprendidas, obligadas a adaptarse. Se les opone un enemigo que engaña, golpea, se retira, reaparece. La finalidad no es simular el caos por gusto, sino inculcar una verdad elemental: en la guerra, la ventaja rara vez pertenece al que ejecuta con más prolijidad un plan intacto, sino al que conserva lucidez cuando el plan empieza a romperse.


La contracara de todo esto es igualmente importante. Una fuerza que evita sistemáticamente el contacto deliberado, que aspira a una guerra aséptica, enteramente tecnológica, completamente previsible, suele pagar un precio alto. Pierde iniciativa, porque deja que el enemigo marque ritmo y oportunidad. Pierde inteligencia viva, porque reemplaza reacciones observadas por inferencias. Pierde temple, porque sus cuadros y sus tropas no se foguean en el roce de lo inesperado. Y pierde flexibilidad, porque el pensamiento sin fricción tiende a endurecerse. Las fuerzas excesivamente “de laboratorio” son a menudo impresionantes en la presentación y frágiles en el primer choque serio. Han aprendido a funcionar, pero no necesariamente a adaptarse.

Eso no significa que toda búsqueda de contacto sea sabia. La fricción deliberada solo tiene sentido cuando está subordinada a una finalidad precisa. Sin pregunta, el tanteo es torpeza. Hay que saber qué se quiere arrancar del enemigo antes de rozarlo. ¿Se busca revelar una posición de fuego? ¿Detectar una reserva? ¿Forzar la activación de una red logística? ¿Confirmar una brecha? ¿Medir el tiempo de reacción? ¿Desorganizar moralmente una línea adelantada? Solo cuando el objetivo es claro, el contacto limitado adquiere legitimidad operativa. De lo contrario, el roce consume sin enseñar.

La historia ofrece ejemplos que ilustran esta lógica con nitidez. En el Golán, durante la guerra de Yom Kippur de 1973, el problema inicial fue brutal: había sorpresa estratégica, incertidumbre táctica y necesidad urgente de corregir la imagen del frente. Allí, los sondeos locales, los contactos de blindados y artillería y las comprobaciones sobre sectores disputados no fueron un lujo, sino una necesidad. Antes de empeñar piezas mayores, había que saber dónde estaban realmente las defensas, qué sectores resistían más de lo esperado y qué brechas podían existir. El tanteo permitió ajustar maniobras, redistribuir apoyo y corregir apreciaciones que, de haberse mantenido intactas, habrían costado mucho más caro.

En Malvinas, antes y durante los desembarcos británicos en San Carlos, se vio otra variante del mismo principio. El contacto previo, a través de patrullas especiales, reconocimiento anfibio e incluso fuegos de preparación, cumplió la función de arrancar información sobre defensas argentinas, posiciones sensibles y niveles de reacción. En una operación anfibia, donde el error en la elección del punto de entrada puede ser desastroso, obligar al defensor a hablar con sus fuegos puede resultar decisivo. Pero Malvinas también recordó algo que nunca debe olvidarse: el tanteo exige coordinación total con el resto del dispositivo. Un roce mal administrado en un teatro restringido puede escalar de manera imprevista y exponer prematuramente fuerzas valiosas.

La guerra del Líbano de 2006 mostró un escenario todavía más áspero. Allí, el contacto deliberado con Hezbolá permitió en ocasiones revelar posiciones de lanzamiento, circuitos de emboscada y hábitos de fuego. Pero también dejó en claro que el tanteo contra un enemigo no lineal, bien oculto y disciplinado puede volverse mortal para quien sondea si no existe una red inmediata de apoyo, protección y explotación del contacto. El probing puede ser muy eficaz contra un enemigo que vive de permanecer invisible, pero su éxito depende de la velocidad con que la información obtenida se convierta en acción de fuego, maniobra o aislamiento.

Francia, en Mali y en el Sahel, aplicó el mismo principio en clave contrainsurgente. Allí el tanteo no buscaba tanto romper una línea como desarticular una red. El contacto breve servía para fijar agrupaciones, identificar apoyos, cortar rutas, capturar individuos y obtener inteligencia humana. En este tipo de conflictos, la fricción bien usada no solo revela posiciones, sino vínculos: quién abastece, quién protege, quién guía, quién calla. Pero cuanto más se acerca la guerra al tejido de la población, más alto se vuelve el costo de un roce mal calibrado. El aprendizaje táctico puede convertirse en pérdida estratégica si se ignoran las consecuencias políticas del contacto.

En Gaza, las incursiones breves y los raids limitados llevaron este problema a su punto más delicado. El tanteo urbano puede revelar túneles, células, depósitos, mandos o emplazamientos de armas. Puede ser enormemente productivo desde el punto de vista de la inteligencia. Pero también puede generar escaladas rápidas y costos colaterales de gran magnitud. Allí el contacto deliberado exige una destreza superior: no basta con provocar reacción, hay que poder controlarla política y militarmente en tiempo real.

De todos estos casos surge una lección simple y severa. La fricción deliberada vale cuando produce conocimiento accionable, conserva iniciativa y no extravía a la fuerza en un combate sin propósito. Para eso debe tener escalamiento previsto, apoyo inmediato y una explotación rápida de lo aprendido. Cada tanteo debe cerrar el ciclo: contacto, reacción enemiga, interpretación, ajuste. Cuando eso ocurre, el roce deja de ser mero desgaste y se convierte en aprendizaje operativo.

En el fondo, la lógica es implacable. El enemigo no se define por lo que imaginamos de él, sino por cómo reacciona cuando se lo obliga a decidir. Allí, en ese instante breve y tenso en que una presión controlada lo saca de su postura pasiva, aparece su verdad. Por eso la fricción buscada, lejos de ser una imprudencia doctrinal, puede ser una de las formas más inteligentes de mando. No se busca por amor al riesgo, sino por rechazo a la ceguera. Porque quien llega al choque decisivo sin haber aprendido antes a leer al enemigo, entra en combate con mapas, hipótesis y tecnología, pero sin conocimiento vivo. Y en la guerra, tarde o temprano, esa ignorancia se paga.

martes, 28 de julio de 2026

Según los británicos, el Reino Unido pierde la discusión sobre Malvinas

La conversación sobre Malvinas cambió: Foreign Policy y The Guardian cuestionan la sostenibilidad de la posición británica


Dos de los medios más influyentes del mundo anglosajón publicaron en días análisis que ponen en duda el futuro de la soberanía británica sobre las islas. El disparador fue la bandera que desplegó la Selección tras eliminar a Inglaterra del Mundial.

  • La conversación sobre Malvinas cambió: Foreign Policy y The Guardian cuestionan la sostenibilidad de la posición británica


Escribe Lucas Marino Aguirre || La Opinión



la mitica "sabana" luego del partido contra Inglaterra

Algo se movió en la conversación internacional sobre las Islas Malvinas. En el lapso de pocos días, dos de los medios más influyentes del mundo anglosajón publicaron análisis que cuestionan abiertamente la sostenibilidad de la posición británica sobre el archipiélago. Primero fue Simon Jenkins en The Guardian. Ahora es Foreign Policy, la publicación de análisis internacional más leída en los círculos de poder de Washington, con un título que no necesita traducción matizada: "Britain Is Losing the Falklands" — Gran Bretaña está perdiendo las Malvinas.
El disparador: una bandera en Atlanta

El artículo, firmado por Antonio De Loera-Brust —director de comunicaciones del sindicato United Farm Workers y ex asistente especial del secretario de Estado norteamericano—, parte de un momento que los argentinos conocen bien. Cuando Argentina e Inglaterra se encuentran en una cancha de fútbol, los recuerdos de la guerra de Malvinas inevitablemente resurgen, y la semifinal del Mundial 2026 no fue la excepción. Tras la victoria argentina por 2-1, los jugadores desplegaron en el campo de juego una bandera que decía "Las Malvinas Son Argentinas".

Ese gesto, que en Argentina se leyó como una expresión natural de un sentimiento nacional transversal, tuvo una repercusión internacional mayor a la esperada. No por la bandera en sí, sino por la conversación que habilitó: medios y analistas de primer nivel comenzaron a preguntarse, en voz alta y por escrito, si la posición británica sobre las islas es sostenible en el mediano plazo.
La tesis: el veredicto de 1982 está en cuestión

El argumento central de De Loera-Brust es contundente. Con las armadas de ambas naciones convertidas en una sombra de lo que eran en 1982, la reanudación de un conflicto armado es improbable. Eso hace que el debate diplomático sobre las Malvinas —tanto en los foros multilaterales internacionales como en las relaciones bilaterales de Argentina y Gran Bretaña con el resto del mundo— sea más decisivo que nunca. El futuro de la soberanía británica sobre las islas está hoy más en cuestión que en cualquier momento desde el fin de la guerra, mientras que el reclamo argentino se ha vuelto más persistente y políticamente unificador.

El análisis identifica los factores que erosionan la posición británica: el aislamiento diplomático de Gran Bretaña, su debilidad geopolítica y el hecho de que las Malvinas han sido durante mucho tiempo un ítem costoso en el presupuesto británico. A eso se suma un dato que el autor destaca del lado argentino: el reclamo por las islas es una de las pocas causas que unifica políticamente a un país habitualmente fragmentado. Gobiernos de todos los signos —peronistas, radicales, libertarios— sostuvieron el reclamo sin fisuras.

La conclusión del artículo proyecta un escenario concreto: una estrategia diplomática sostenida por parte de Argentina para impulsar su reclamo sobre las islas, apalancada en sus vínculos con América Latina, Europa y Estados Unidos, podría lograr en el futuro lo que el recurso a la fuerza no consiguió en el pasado.

El artículo de Foreign Policy no llegó solo. Días antes, el prestigioso columnista Simon Jenkins había publicado en The Guardian un análisis con una tesis complementaria: antes de la guerra de 1982, el propio Reino Unido estaba negociando la transferencia de soberanía de las islas a la Argentina. La guerra interrumpió esas conversaciones y congeló el tema durante más de cuatro décadas, pero ese congelamiento —sostenía Jenkins— no puede durar para siempre. Las islas, tarde o temprano, tendrán que integrarse de alguna manera con el continente al que geográficamente pertenecen.

Que estas ideas aparezcan en The Guardian y Foreign Policy —no en medios marginales sino en el corazón de la conversación pública británica y estadounidense— es en sí mismo el dato. La causa Malvinas, que durante décadas fue tratada en el mundo anglosajón como un tema cerrado, volvió a estar en discusión. Y esta vez, la discusión no la abrió la diplomacia argentina: la abrió una bandera en una cancha de fútbol.

Ninguno de los dos artículos sugiere que la transferencia de soberanía sea inminente. Ambos coinciden, sin embargo, en que el statu quo se debilita y en que el tiempo corre a favor del reclamo argentino si el país logra sostener una estrategia diplomática consistente y de largo plazo. La ventana que se abrió tras el Mundial es una oportunidad. Aprovecharla o dejarla pasar es, como casi siempre en la historia argentina, una decisión que excede a cualquier gobierno y compromete a una política de Estado.



jueves, 16 de julio de 2026

Malvinas: El viaje de David Jewett

El viaje de David Jewett

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°13 Año 1967 Autor:Mario D. Tesler



David Jewett, comandante de la marina norteamericana, arribó a Buenos Aires (22-6-1815), ofreciendo sus servicios —no desinteresados— al Gobierno. De inmediato solicitó patente de Corso. Atendiendo a los méritos y servicios prestados, el Gobierno le confirió (15-1-1820) el grado de coronel de ejército al servicio de la marina nacional1. Para el representante extraoficial del Departamento de Estado de Washington en Buenos Aires, John Murray Forbes, la persona de Jewett no mereció otros calificativos que estos: renegado y malandrín 2.



Nombramiento de Coronel que el gobierno de Buenos Aires otorgó a David Jewett el 15 de enero de 1820. (Fotografía cedida por el Archivo Gráfico de la Nación).

El 2 de noviembre de 1820, David Jewett, al mando de la fragata corso Heroína, ya en el archipiélago, dirigió a los capitanes de todas las naves —allí ancladas— una comunicación, cuyo texto reza así:

Señor:

Tengo el honor de informar a Ud. de mi llegada a este puerto, comisionado por el superior gobierno de las Provincias Unidas de la América del Sud, para tomar posesión de estas islas en nombre del país a que naturalmente pertenecen. Al desempeñar este deber deseo obrar con la mayor deferencia y equidad hacia todos los pabellones amigos. Uno de los objetivos principales es evitar esa abusiva destrucción de los recursos tan útiles para aquellos, cuyas necesidades los compelen o convidan a visitar estas islas, y auxiliar a. los que deseen abastecerse a poca costa.

Como su objeto no es contravenir a estas disposiciones, y como creo que puede resultamos alguna ventaja de una entrevista personal, invito a Ud. a que venga a bordo de mi buque donde podré alojarlo todo el tiempo que Vd. quiera.

Suplico a Ud. al mismo tiempo haga saber esto a los subditos británicos que se hallen en estos parajes s.

Aunque sólo se conoce este texto, presumimos que se trata del remitido al capitán Weddell; su contenido demuestra un grado de cortesía impropio de ser otorgado a los demás capitanes. El contenido de la comunicación remitida a las demás naves pudo ser similar, mas no idéntico. A pocos días de enviar la circular, el coronel David Jewett, tomó posesión —en nombre de nuestro Gobierno— del archipiélago. La ceremonia contó con la presencia de ciudadanos de los Estados Unidos y súbditos británicos. Se realizó el día 6 de noviembre.

El capitán David Jewett preparó un marco de gala, en la medida de sus posibilidades, para impactar a los extranjeros que merodeaban las islas. El viejo fuerte destruido por la acción corrosiva del tiempo y abandonado involuntariamente por el Gobierno patrio, durante muchos años, revivió alborozado. Por primera vez en su mástil flameaba la enseña nacional, saludada por una salva de 21 cañonazos. Los oficiales en la ocasión —según Weddell— se presentaron vestidos de gala; sus uniformes eran exactamente iguales a los de la marina británica, aunque contrastaban con el estado calamitoso de la fragata4.. ¿ Cuál era la razón de tal ostentación ? Nos lo aclara Weddell:

"Jewett se proponía impresionar con esta demostración a los capitanes presentes en las islas, pues había afirmado sus derechos a los restos de un buque de un náufrago en contra de las pretensiones de aquéllos, y no escapaba a su penetración que las circunstancias imponían un despliegue de autoridad. El hecho es que algunos de los capitanes entraron en aprehensión por temor a un asalto o a un embargo, tanto que uno de ellos vino a proponerme nos armásemos contra Jewett.

Ricardo Levene, en un estudio sobre los gobiernos del general Lavalle y Viamonte, comenta la toma de posesión —por parte de David Jewett —asignándole el valor de ser el primer acto de dominio por parte de los argentinos, en las islas Malvinas.

El capital W. B. Orne de la fragata General Knox, una de las tantas naves que pudo ver Jewett, y que ilegalmente explotaban la región, dejó constancia, en carta del 8 de junio de 1821, enviada al extranjero, de la nota que Jewett remitió a los capitanes, participando de la ceremonia del 6 de noviembre de 1820. La nota remitida por el capitán W. B. Orne, lleva fecha 9 de noviembre.

Evidentemente el hecho tuvo repercusión en el extranjero. Actualmente se conocen algunas noticias aparecidas en órganos informativos —aunque no puede descontarse que existan otras, desconocidas por nosotros— donde publicaron el suceso malvinero del 6 de noviembre.

"El Argos de Buenos Aires" conoció la información por lo que dice el "Redactor de Cádiz", en agosto de 1821.

"Gibraltar. - Agosto de 1821. - El coronel Jewett de la marina de las Provincias Unidas del Sur de América y comandante de la fragata Heroína, en circular fecha 9 de noviembre de 1821 en el puerto de la Soledad, previene haber tomado el 6, posesión de las islas Falkland en nombre de dichas provincias. (Redactor de Cádiz.)'"5

Un periódico editado en los Estados Unidos de Norte América, nos referimos a "La Gaceta de Salem" (8-6-1821), da a conocer una carta circular —que ya citamos— del capitán Jewett y que W. B. Orne dio a publicidad, con el siguiente comentario :

Señor, tengo el honor de informarle sobre mi arribo a este puerto para tornar posesión de estas Islas en nombre del Supremo Gobierno de las Provincias de Sud América. Esta ceremonia se llevó a cabo publicamente el día 6 del actual mes de noviembre, y el Pabellón Nacional, izado en el fuerte fué saludado por esta fragata en presencia de varios ciudadanos de los Estados Unidos y subditos británicos.

La presencia de David Jewett dejó constancia de la nómina de barcos cuyos tripulantes ejecutaban, ilegalmente. la tarea de explotación de riquezas naturales en la región.

NAVES INGLESAS :


  • Fragata Indian, de Liverpool, capitán Speller.
  • Bergantín Jane, de Leith, capitán Weddell.
  • Bergantín Tetty, de Londres, capitán Bond.
  • Bergantín george, de Liverpool, capitán Richardson.
  • Cúter Elisa, de Liverpool, capitán Powell.
  • Cúter Sphrightly, de Londres, capitán Prazier.

NAVES NORTEAMERICANAS :


Procedentes de Nueva York y de Stonington

  • Fragata General Knox
  • Fragata Eucaru
  • Fragata Newhan
  • Fragata Governor Hawkins
  • Bergantín Fannings
  • Bergantín Harmony
  • Goleta Wasp
  • Goleta Free Gift
  • Goleta Hero

Si bien sólo conocemos los nombres de estas 15 naves, eran más de 50 las vistas por Jewett. Todas se ocupaban en la pesca ilegal de anfibios, y aun mataban ganados de las islas. Ninguna potencia, ni Inglaterra ni los EE.UU., reclamaron por el hecho de ejercer nuestro gobierno autoridad en la región. Esto es de suma importancia y debe esgrimirse como argumento en la actualidad.

La toma de posesión no afectaba a los ciudadanos de ambas naciones —norteamericanos e ingleses— que permanecieron usufructuando de la caza y pesca de anfibios, tanto en las costas malvineras como en las patagónicas. Es dable observar al leer el discurso pronunciado por Luis Vernet (30-8-1929), una expresión que contiene relativa importancia para nuestro estudio. Vernet manifestó ejercer de nuevo el acto formal de la toma de posesión.

La posteridad no ha hecho justicia con este ciudadano norteamericano al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esto es muy lamentable. La actuación de Davit Jewett pasa inadvertida, o bien se le asigna escasa trascendencia en los estudios dedicados al querido archipiélago.

  1. Archivo General de la Nación. Sala X, cuerpo 5, anaquel 1, N9 3. Nombramiento de David Jewett, fecha 15 de enero de 1820.
  2. JOHN MURRAY FORBES. Once años en Buenos Aires 1820-1831. Buenos Aires, 1956. Crónicas diplomáticas compiladas, traducidas y anotadas por Felipe A. Espil. El documento aludido es una nota personal y confidencial de Forbes a John Quincy Adams, datada 16 de julio de 1822.
  3. ÁNGEL JUSTINIANO CARRANZA. Campañas Navales de la República Argentina. Buenos Aires, 1962. Vol. II, tomos 3 y 4, págs. 171-172. Publicación de la Secretaría de Estado de Marina, Departamento de Estudios Históricos Navales.
  4. JAMES WEDDELL. A voyage towars the South Pole, in the years 1822-1824. Longman Hurst, Rees, Orme, Brown and Green, Londres, 1825.
  5. RICARDO LEVENE. La sublevación del 1? de diciembre de 1828 y los gobiernos de Lavalle y Viamonte. Cap. IV de la Historia de la Nación Argentina, vol. VIII, la sección, pág. 180.
  6. "El Argos de Buenos Aires", N° 31 del 10 de noviembre de 1821, pág. 221.

jueves, 4 de junio de 2026

SAM: Sistemas de misiles antiaéreos británicos (1/2)

Sistemas de misiles antiaéreos británicos

Parte 1 || Parte 2
Revista Militar (original en ruso)




El trabajo en los primeros misiles antiaéreos británicos comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. Como calcularon los economistas británicos, el costo de los proyectiles de artillería antiaéreos consumidos fue casi igual al costo de un bombardero caído. Al mismo tiempo, era muy tentador crear un interceptor piloto remoto de una sola vez que garantizara la destrucción del reconocimiento o bombardero a gran altitud enemigo.

El primer trabajo en esta dirección comenzó en 1943. El proyecto, llamado Braikemina (English Brakemine), preveía la creación del misil antiaéreo guiado más simple y económico.

Como sistema de propulsión, se utilizó un grupo de ocho motores de combustible sólido de misiles antiaéreos no guiados de 76 mm. Se suponía que el lanzamiento se realizaría desde la plataforma de los cañones antiaéreos de 94 mm. Misiles de guía transportados en el haz del radar. La altura estimada de la lesión debía alcanzar los 10.000 m.

A finales de 1944, comenzaron los lanzamientos de prueba, sin embargo, debido a numerosos fallos de funcionamiento, el trabajo de desarrollo de misiles se retrasó. Después de que terminó la guerra, debido a la pérdida de interés de los militares en este tema, se detuvieron los fondos para el trabajo.

En 1944, la compañía Fairey comenzó a trabajar en la creación de un misil antiaéreo de combustible sólido controlado por radio "Stud" (inglés Stooge - simulador). Como aceleradores de lanzamiento, se utilizaron varios motores de misiles antiaéreos de 76 mm. Cuatro motores de cohetes no guiados Swallow de 5 pulgadas sirvieron como motores de marcha.


SAM "Stud"

La financiación del trabajo fue realizada por el departamento naval, que necesitaba un medio eficaz para proteger a los buques de guerra de los ataques de los kamikazes japoneses.

En las pruebas que comenzaron en 1945, el cohete alcanzó una velocidad de 840 km / h. Se fabricaron y probaron 12 misiles. Sin embargo, en 1947, todo el trabajo sobre este tema se detuvo debido a una clara falta de perspectivas.

Sobre los misiles antiaéreos en el reino de la isla recordados después del advenimiento de las armas nucleares en la URSS. Los bombarderos soviéticos Tu-4 de largo alcance, que actúan desde aeródromos en la parte europea del país, podrían alcanzar cualquier objeto en el Reino Unido. Y aunque los aviones soviéticos tendrían que volar sobre el territorio de Europa occidental, saturados de defensa aérea estadounidense, sin embargo, tal escenario no podría ser completamente excluido.

A principios de los años 50, el gobierno británico asignó fondos significativos para modernizar los existentes y desarrollar nuevos sistemas de defensa aérea. De acuerdo con estos planes, se anunció una competencia para la creación de un sistema de defensa aérea de largo alcance que podría combatir a los prometedores bombarderos soviéticos.

A la competencia asistieron English Electric y Bristol. Los proyectos presentados por ambas empresas, en términos de sus características, fueron en gran medida similares. Como resultado, el liderazgo británico en caso de falla de una de las opciones decidió desarrollar ambas.

Los cohetes creados por English Electric - Thunderbird ("Petrel" en inglés) y Bristol - "Bloodhound" ("Hound" en inglés) fueron incluso muy similares en apariencia. Ambos misiles tenían un cuerpo cilíndrico estrecho con un radomo cónico y una unidad de cola desarrollada. Se instalaron cuatro propulsores sólidos de lanzamiento en las superficies laterales de los misiles. Para la orientación de misiles de ambos tipos, se suponía que debía usar el radar radar "Ferranti" tipo 83.

Inicialmente, se suponía que el lanzador de misiles Thunderbird usaría un motor de propulsión líquida de dos componentes. Sin embargo, los militares insistieron en usar un motor de combustible sólido. Esto retrasó un poco la adopción del complejo antiaéreo y limitó sus capacidades en el futuro.


SAM Thunderbird


Al mismo tiempo, los cohetes de combustible sólido eran mucho más simples, seguros y económicos de mantener. No requerían una infraestructura engorrosa para repostar, entregar y almacenar combustible líquido.

Las pruebas del cohete Thunderbird, que comenzó a mediados de los años 50, a diferencia de su competidor, el misil Bloodhound, se desarrollaron sin problemas. Como resultado, el Thunderbird estaba listo para ser adoptado mucho antes. En este sentido, las fuerzas terrestres decidieron abandonar el apoyo al proyecto de Bristol, y el futuro del misil antiaéreo Bloodhound estaba en duda. El sabueso fue salvado por la Royal Air Force. Los representantes de la Fuerza Aérea, a pesar de la falta de conocimiento y numerosos problemas técnicos, percibieron un gran potencial en un cohete con motores de propulsión líquida ramjet.

El Thunderbird entró en servicio en 1958, por delante del Bloodhound. Este complejo reemplazó los cañones antiaéreos de 94 mm en los regimientos de defensa antiaérea pesados ​​36 y 37 de las fuerzas terrestres. Cada regimiento tenía tres baterías antiaéreas del sistema de defensa aérea Thunderbird. La batería incluía: designación y orientación del objetivo del radar, puesto de control, generadores diesel y 4-8 lanzadores.

Para su época, el lanzador de misiles de combustible sólido Thunderbird tenía buenas características. Un misil con una longitud de 6350 mm y un diámetro de 527 mm en la variante Mk 1 tenía un alcance de puntería de 40 km y un alcance de 20 km. El primer sistema de misiles de defensa aérea S-75 de masa soviética tenía características similares de alcance y altitud, pero utilizaba un cohete cuyo motor principal funcionaba con combustible líquido y un oxidante.

A diferencia de los misiles antiaéreos soviéticos y estadounidenses de primera generación, que usaban un sistema de guía de comando por radio, los británicos desde el principio planearon un cabezal de referencia semi-activo para los sistemas de defensa aérea Thunderbird y Bloodhound. El radar de iluminación del objetivo se utilizó para capturar, rastrear y guiar misiles al objetivo, iluminó el objetivo para el GOS de un misil antiaéreo, que apuntaba a la señal reflejada desde el objetivo. Este método de guía tenía mayor precisión en comparación con el comando de radio y no dependía tanto de la habilidad del operador de guía. De hecho, para la derrota fue suficiente para mantener el rayo del radar en el blanco. En la URSS, los sistemas de defensa aérea con dicho sistema de guía S-200 y "Square" aparecieron solo en la segunda mitad de los años 60.

Las baterías antiaéreas formadas inicialmente sirvieron como guardia para importantes instalaciones industriales y militares en las Islas Británicas. Después de adaptarse a una condición de trabajo y adoptar el sistema de defensa aérea Bloodhound, que se encargó de defender el Reino Unido, todos los regimientos de misiles antiaéreos de las fuerzas terrestres con el sistema de defensa aérea Thunderbird fueron transferidos al Ejército del Rin en el FRG. 



En las décadas de 1950 y 1960, los aviones a reacción de combate se desarrollaron a un ritmo muy rápido. En este sentido, en 1965, el sistema de defensa aérea Thunderbird se modernizó para mejorar el rendimiento de combate. El radar de seguimiento y guía de pulso fue reemplazado por una estación más potente y resistente al ruido que opera en el modo de radiación continua. Debido al aumento en el nivel de la señal reflejada desde el objetivo, fue posible disparar a objetivos que vuelan a una altura de hasta 50 metros. El cohete en sí también fue mejorado. La introducción de un nuevo motor de marcha más potente y potenciadores de arranque en la variante Thunderbird Mk. II permitió aumentar el alcance de tiro hasta 60 km.

Pero las capacidades del complejo para combatir objetivos de maniobra activa eran limitadas, y representaba un peligro real solo para los bombarderos voluminosos de largo alcance. A pesar del uso de misiles propulsores sólidos altamente avanzados con buscador semiactivo como parte de este sistema de defensa aérea británico, no se usó ampliamente fuera del Reino Unido.


En 1967, Arabia Saudita compró varias modificaciones de Thunderbird Mk eliminadas del servicio en el Reino Unido. I. El interés en este complejo mostró Libia, Zambia y Finlandia. Los finlandeses fueron enviados a probar varios SAM con PU, pero más allá de esto, el asunto no avanzó.

En los años 70, el Thunderbird comenzó a eliminarse gradualmente a medida que llegaban nuevos sistemas de baja altitud. El comando del ejército llegó a la conclusión de que la principal amenaza para las unidades terrestres no eran los bombarderos pesados, sino helicópteros y aviones de ataque que este complejo bastante voluminoso y de baja movilidad no podía combatir de manera efectiva. Los últimos sistemas de defensa aérea Thunderbird fueron retirados del servicio en las unidades de defensa aérea del ejército británico en 1977.

El destino del competidor, el sistema de defensa aérea Bloodhound de Bristol, a pesar de las dificultades iniciales con el desarrollo del complejo, fue más exitoso.

En comparación con el Thunderbird, el misil Bloodhound era más grande. Su longitud era 7700 mm y un diámetro de 546 mm, el peso del cohete superó los 2050 kg. El alcance de lanzamiento de la primera opción fue un poco más de 35 km, que es comparable al alcance de tiro del sistema de defensa de combustible sólido estadounidense MIM-23B HAWK, mucho más compacto y de baja altitud.


SAM "Bloodhound"


El SAM "Bloodhound" tenía un diseño muy inusual, ya que un sistema de propulsión marchaba utilizaba dos motores Ramjet "Tor", que funcionaban con combustible líquido. Se montaron motores en marcha en paralelo en las partes superior e inferior del casco. Para acelerar el cohete a la velocidad a la que podían operar los ramjets, se utilizaron cuatro propulsores de combustible sólido. Los aceleradores y parte del plumaje se reiniciaron después de que el cohete se aceleró y los motores de marcha comenzaron a funcionar. Los motores de marcha de flujo directo dispersaron el cohete en la sección activa a una velocidad de 2.2 M.

Aunque el mismo método y radar de iluminación que el utilizado en el sistema de defensa aérea Thunderbird se utilizó para apuntar a los misiles Bloodhound, el equipo terrestre del Hound era mucho más complicado que el equipo terrestre del Burevestnik.

Para determinar la trayectoria óptima y el momento del lanzamiento del misil antiaéreo como parte del complejo Bloodhound, se utilizó una de las primeras computadoras de producción británicas, Ferranti Argus. Diferencia con el sistema de defensa aérea Thunderbird: en la batería antiaérea Bloodhound, se proporcionaron dos radares de objetivos, que permitieron lanzar todos los misiles en una posición de disparo a dos objetivos aéreos enemigos con un intervalo corto.

Como ya se mencionó, el desarrollo de los misiles Bloodhound fue muy difícil. Esto se debió principalmente al funcionamiento inestable y poco confiable de los motores ramjet. Los resultados satisfactorios de la operación de los motores de marcha se lograron solo después de aproximadamente 500 pruebas de fuego de los motores Thor y lanzamientos de pruebas de misiles, que se llevaron a cabo en el sitio de prueba australiano de Woomera.



A pesar de algunas deficiencias, los representantes de la Fuerza Aérea acogieron favorablemente el complejo. Desde 1959, el sistema de misiles de defensa aérea Bloodhound ha estado en servicio de combate, cubriendo bases aéreas en las que se desplegaron bombarderos Vulcan de largo alcance británicos.

A pesar del mayor costo y complejidad, las ventajas del Bloodhound fueron un excelente rendimiento de fuego. Lo que se logró por la presencia en la batería de fuego de dos guías de radar y una gran cantidad de misiles antiaéreos listos para el combate en posición. Alrededor de cada radar de iluminación había ocho lanzadores con misiles, mientras que los misiles se controlaban y guiaban desde un solo puesto centralizado.

Otra ventaja significativa de los misiles Bloodhound en comparación con el Thunderbird fue su mejor maniobrabilidad. Esto se logró debido a la ubicación de las superficies de control cerca del centro de gravedad. El aumento en la velocidad de giro del cohete en el plano vertical también se obtuvo cambiando la cantidad de combustible suministrado a uno de los motores.

Casi simultáneamente con el SAM Thunderbird Mk. II, la Fuerza Aérea de la Real Fuerza Aérea entró en el Bloodhound Mk. II Este sistema de defensa aérea superó en muchos aspectos a su rival originalmente más exitoso.



El misil antiaéreo del Bloodhound modernizado se hizo 760 mm más largo, su peso aumentó en 250 kg. Debido al aumento en la cantidad de queroseno a bordo y al uso de motores más potentes, la velocidad aumentó a 2.7M y el rango de vuelo hasta 85 km, es decir, casi 2.5 veces. El complejo recibió una nueva y potente guía de radar antiinterferencias del Ferranti Type 86 "Firelight". Existía la posibilidad de rastrear y disparar objetivos a baja altitud.


Radar Ferranti Tipo 86 "Firelight"

En este radar había un canal de comunicación separado con el misil, a través del cual la señal recibida por el jefe de referencia del misil antiaéreo se transmitía al puesto de control. Esto permitió la selección efectiva de objetivos falsos y la supresión de interferencias.

Gracias a la modernización cardinal de los misiles complejos y antiaéreos, no solo aumentó la velocidad de los misiles y el alcance de la destrucción, sino que también aumentó significativamente la precisión y la probabilidad de alcanzar el objetivo.

Al igual que los sistemas de defensa aérea Thunderbird, las baterías Bloodhound sirvieron en Alemania Occidental, pero después de 1975 todos regresaron a su tierra natal, ya que el liderazgo británico decidió una vez más fortalecer la defensa aérea de las islas.

En ese momento, en la URSS, los bombarderos Su-24 comenzaron a ingresar al armamento de los regimientos de bombardeo de primera línea. Según el comando británico, habiendo penetrado a baja altitud, podrían lanzar ataques de bombardeo repentinos sobre objetivos estratégicamente importantes.

Las posiciones fortificadas se equiparon para los sistemas de misiles de defensa aérea Bloodhound en el Reino Unido, mientras que la guía de radar se montó en torres especiales de 15 metros, lo que aumentó la capacidad de disparar a objetivos de baja altitud.

Bloodhound disfrutó de cierto éxito en el mercado extranjero. Los australianos fueron los primeros en recibirlos en 1961, era una variante del Bloodhound Mk I, que sirvió en el Continente Verde hasta 1969. Los siguientes fueron los suecos, que compraron nueve baterías en 1965. Después de que Singapur obtuvo su independencia, los complejos del 65 ° escuadrón de la Royal Air Force permanecieron en este país.




SAM Bloodhound Mk.II en el Museo de la Fuerza Aérea de Singapur

En el Reino Unido, los últimos sistemas de defensa aérea Bloodhound fueron retirados del servicio de combate en 1991. En Singapur, estuvieron en servicio hasta 1990. Los Bloodhounds duraron más tiempo en Suecia, habiendo servido durante más de 40 años, hasta 1999.

Poco después de la adopción de los sistemas de defensa aérea de la Marina Real de Gran Bretaña del sistema de defensa aérea de corto alcance Sea Kat, el comando de las fuerzas terrestres se interesó en este complejo.

Según el principio de funcionamiento y diseño de las partes principales, la variante de tierra, llamada Tigercat (Tigercat inglés - marsupial marten o tigre gato), no difería del sistema de defensa aérea Sea Kat. El desarrollador y fabricante de las versiones terrestres y marítimas del sistema de defensa aérea fue la compañía británica Shorts Brothers. Para adaptar el complejo de acuerdo con los requisitos de las unidades de tierra, Harland participó.

El sistemas de defensa aérea Tigercat: un lanzador con misiles antiaéreos y sistemas de guía se ubicaron en dos remolques que remolcaban vehículos de campo a través de Land Rover. Un lanzador móvil con tres misiles y un puesto de guía de misiles podría viajar en carreteras pavimentadas a velocidades de hasta 40 km / h.


PU SAM Tigercat

En la posición de disparo, el poste de guía y los lanzadores se colgaron de los Tigercats sin separación de la transmisión de la rueda y se conectaron entre sí mediante líneas de cable. La transición de viajar al combate tomó 15 minutos. Al igual que en el sistema de defensa aérea de la nave, se cargaron 68 kg de misiles en los lanzadores manualmente.

En la estación de orientación con el lugar de trabajo del operador, equipado con equipos de comunicación y vigilancia, había un conjunto de equipos informáticos analógicos para generar comandos de guía y una estación para transmitir comandos de radio al cohete.

Al igual que en el complejo marino Sea Cat, el operador de guía, después de la detección visual del objetivo, "capturaba" y guiaba el misil antiaéreo, luego de lanzarlo a través de un dispositivo óptico binocular, controlando su vuelo con la ayuda de un joystick.

Operador de orientación SAM "Tigercat"

Idealmente, la designación del objetivo se llevó a cabo desde el radar de la encuesta de situación en el aire a través del canal de radio VHF o por equipos de observadores ubicados a cierta distancia de la posición SAM. Esto hizo posible que el operador de orientación se preparara para el lanzamiento por adelantado y desplegara el lanzador de misiles en la dirección deseada.

Sin embargo, incluso durante los ejercicios, esto no siempre funcionó, y el operador tuvo que buscar e identificar el objetivo de forma independiente, lo que provocó un retraso en la apertura del fuego. Dado el hecho de que el lanzador de misiles Tigercat voló a una velocidad subsónica, y a menudo se persiguió el disparo, la efectividad del complejo en aviones de combate a reacción no era alta cuando se puso en servicio en la segunda mitad de los años 60.

Después de pruebas bastante largas, a pesar de las deficiencias identificadas, el sistema de misiles de defensa aérea Tigercat fue adoptado oficialmente por el Reino Unido a fines de 1967, lo que causó una gran emoción en los medios británicos, impulsado por el fabricante para pedidos de exportación.


Página en una revista británica con una descripción del sistema de defensa aérea Tigercat


En las Fuerzas Armadas británicas, los sistemas Tigercat se suministraron principalmente a unidades antiaéreas, que anteriormente tenían cañones antiaéreos Bofors de 40 mm en servicio.

Después de una serie de campos de tiro en aviones de destino controlados por radio, el comando de la Fuerza Aérea era bastante escéptico sobre las capacidades de este sistema de defensa aérea. La derrota de los objetivos de alta velocidad y maniobras intensivas era imposible. A diferencia de los cañones antiaéreos, no se podía usar de noche y en condiciones de poca visibilidad.

Por lo tanto, la edad del sistema de defensa aérea Tigercat en las fuerzas armadas británicas, a diferencia de su contraparte naval, fue de corta duración. A mediados de los años 70, todos los sistemas de defensa aérea de este tipo fueron reemplazados por sistemas más avanzados. Incluso el conservadurismo británico, la alta movilidad, el transporte aéreo y el costo relativamente bajo de equipos y misiles antiaéreos no ayudaron.


A pesar de que el complejo estaba desactualizado a principios de los años 70 y no correspondía a las realidades modernas, esto no impidió que vendiera los sistemas de defensa aérea Tigercat retirados del servicio en el Reino Unido a otros países. El primer pedido de exportación vino de Irán en 1966, incluso antes de que el complejo fuera adoptado formalmente en Inglaterra. Además de Irán, los Tigercat fueron adquiridos por Argentina, Qatar, India, Zambia y Sudáfrica.

El uso de combate de este sistema de defensa aérea era limitado. En 1982, los argentinos los desplegaron en las Malvinas. Se cree que lograron dañar a un Sea Harrier británico. Lo cómico de la situación es que los complejos utilizados por los argentinos antes que estaban en servicio en el Reino Unido y después de la venta se usaron contra los antiguos propietarios. Sin embargo, los marines británicos nuevamente los regresaron a su patria histórica, capturando varios sistemas de defensa aérea intactos.

Además de Argentina, el Tigercat fue utilizado en combate en Irán durante la guerra Irán-Iraq. Pero no hay datos confiables sobre los éxitos militares de los cálculos antiaéreos iraníes. En Sudáfrica, que está llevando a cabo hostilidades en Namibia y el sur de Angola, el sistema de defensa aérea Tigercat, que recibió la designación local Hilda, sirvió para proporcionar defensa aérea para bases aéreas y nunca se lanzó para objetivos aéreos reales. La mayoría de los sistemas de defensa aérea de Tigercat fueron retirados del servicio a principios de la década de 1990, pero en Irán continuaron formalmente en servicio al menos hasta 2005.


domingo, 12 de abril de 2026

COAN: Los A-4Q y sus Mk- 82 Snakeye



Los A-4Q y sus Mk- 82 Snakeye



Algunas fotos y un perfil de bombas Mk82 con cola Snakeye (Mk15) en aviones Douglas A-4Q Skyhawk de la Armada Argentina. Esta letal combinación fue el arma antibuque preferida del COAN hasta la llegada, en 1982, de los Super Etendard y los misiles Exocet.


domingo, 29 de marzo de 2026

Malvinas: El ataque simultáneo multidireccional de la sección del Capitán Philippi

Una sola cosa importaba...



  

Nuestro vasto adiestramiento en ataques simulados a buques de nuestra flota durante años, nos permitió realizar el ataque con éxito contra la Ardent. Lo primero que hicimos fue separarnos, uno por izquierda, otro al centro y otro a la derecha. Esto ocasionó que el buque debiera dispersar su poder de fuego sobre tres blancos diferentes ocasionado la perdida de fuego concentrado. Su sistema de control de tiro tendría que elegir a uno de nosotros y tratar de derribarlo, pero los otros dos aviones llegarían seguro a la distancia necesaria. Ahí estaba nuestra oportunidad. No pudieron con ninguno de nosotros tres. Lancé primero mis bombas y una dio de lleno contra el buque. El teniente Arca, segundo en el ataque, lanzó sus bombas y se metió dentro del hongo de fuego producido por mi impacto. También acertó con una bomba. El teniente Márquez, último en la formación, fue espectador del ataque y nos confirmó los impactos. Además, conociendo su capacidad, seguramente su lanzamiento tuvo similares resultados.

‘Escapamos por la misma’, les ordené por radio a mis pilotos. Quise decir ‘por el mismo lugar que ingresamos’. Sin avistar actividad enemiga, iniciamos nuestro escape hacia Río Grande, nuestra base. En ese momento, no sabíamos que dos Sea Harrier ingleses volaban encima nuestro. No podíamos verlos debido al mal tiempo. Solo supe de ellos cuando el teniente Márquez rompió el silencio de radio alertándonos: ‘¡Harrier! ¡Harrier!’. Casi de inmediato, un golpe, un mazazo, golpeó mi avión. Me habían dado.



El avión, fuera de control, comenzó a encabritarse. El bastón de comando no respondió a mis llamados y, en ascenso, el avión se dirigió hacia un techo de nubes que descargaba la lluvia sobre mi parabrisas. Llevé el acelerador hacia atrás y tampoco obtuve respuesta, volaba a casi mil kilómetros por hora. El manual del avión indica que uno debe realizar la maniobra de eyección por debajo de los 350 nudos (648 km por hora). Realizarla por encima de esa velocidad puede ser letal, incluyendo desmembramiento del cuerpo o lesiones en hombros y caderas.

Accioné el freno de picada para intentar reducir la velocidad y tampoco respondió. Me di vuelta para ver qué ocurría detrás mío y, para mi sorpresa, observé al Sea Harrier que me había lanzado el misil acercándose para rematarme con cañones a corta distancia. Llamé a mis dos numerales y les informé que me encontraba bien, sin daños físicos, y que me eyectaba.

Accioné de la manija inferior y una explosión ocupó mis sentidos. Un último pensamiento me abordó: ‘me estoy desnucando como el teniente Peña’. Y luego me desmayé. El Teniente Peña, piloto de A-4Q, falleció en 1972 durante su eyección al engancharse la manguera de oxígeno en el acelerador, desnucándolo.



El capitán Alberto Philippi, lanzado a casi mil kilómetros por hora, impactó contra la masa de aire. Entonces, ocurrió el primer milagro: su cuerpo no se desmembró. El segundo milagro vino en su ayuda a continuación: el asiento eyectable, con su cohete vencido, funcionó en altura. Philippi atravesó la tormenta, emergió por encima de las nubes y continuó su ascenso hacia un sol brillante y un cielo límpido. Rodó por el aire y una sorpresiva explosión controlada lo separó de su asiento. Ambos cayeron al vacío hundiéndose otra vez en la nubosidad.

Descendió sin conocimiento, a casi 200 km por hora. Tercer milagro: el pequeño paracaídas extractor realizó su trabajo inicial obligando a que el paracaídas principal procediese a su apertura. En pocos segundos la vela naranja del paracaídas flotó en el aire depositando al piloto inconsciente sobre el mar. Philippi abrió sus ojos y entre la cortina de agua observó una escena dantesca: delante suyo volaba el A-4Q del teniente José César Arca perseguido por un Sea Harrier que trataba de abatirlo con fuego de cañón”.

Luego de la eyección, mi casco y máscara de oxígeno quedaron desacomodados. Tuve que luchar para sacármelos. En ese momento creí que no tendrían más utilidad y los dejé caer al mar. El paracaídas, de color naranja, funcionó bien: floté en el aire, tuve un buen contacto con el mar y, cuando comenzaba a hundirme, la vela del paracaídas se infló sobre la superficie y me arrastró por encima de las olas. Me liberé del paracaídas y nadé hasta la orilla.



El capitán Philippi iba a volver a Malvinas. “Tenían planes para mí”, dijo en entrevista con LA NACIÓN, descubriendo una fotografía que guarda con recelo desde hace 40 años. Allí a aparece junto a los recordados Gansos Salvajes, nombre que adoptaron los pilotos retirados de la Marina que estaban volando en aerolíneas comerciales y se presentaron como voluntarios para combatir en Malvinas. Ellos, liderados por Philippi, conformaron la escuadrilla Águila, que se aprestaba para combatir a los británicos.

Cuenta Philippi: “La fotografía fue tomada a comienzos de junio en la Base Aeronaval Comandante Espora. En ella estoy recibiendo a ex pilotos de A-4Q que fueron convocados para formar una nueva escuadrilla que reemplazaría, en Río Grande, al Capitán Castro Fox, que continuaba sus operaciones con sus últimos cuatros aviones y sin relevos.

Hubiera sido el Comandante de la nueva escuadrilla de A-4E provistos de un armamento mucho mejor que el que disponíamos en nuestros A-4Q. Sin embargo los planes se desmoronaron al ser interceptados los misiles por los servicios secretos británicos apenas comenzaban su traslado a nuestro país desde Sudáfrica. También se le sumó la presión de los Estados Unidos a Israel para que no nos vendiera esos aviones.

Los pilotos que me acompañarían eran aviadores navales que se habían retirado o volaban como pilotos en líneas aéreas. Sin embargo, ninguno faltó a la convocatoria. Volvieron dejando todo de lado, en calidad de voluntarios. En ese momento una sola cosa importaba, nos llamaba la Patria”.

Fuente: Claudio Meunier - La Nación
Imágenes:
-Capitán Alberto Philippi (arriba), foto por Pablo Cersosimo.
-Skyhawk A-4Q de la Aviación Naval. (Alex Klichowski).
-Escuadrilla "Águila", liderada por Philippi (cuarto de izq. a der.) quien estaba decidido volver a seguir combatiendo en Malvinas. Foto: Alberto Philippi.