martes, 27 de enero de 2026

Malvinas: El Cielo es de los Halcones


Libro Malvinas - El Cielo es de los Halcones - Tomo II: Pucará

Disponible! Pedilo por Whatsapp 011 15-6057-0707,por mensaje privado o al mail “librosdeaviones@gmail.com”

Formato: 24 x 32 cm - Tapa Dura x 48 Págs.

Autor: Dibujos de Walther Taborda con textos de Néstor Barrón

Reseña: Libro de Ilustraciones (estilo Comic). Las circunstancias llevaron a tener que utilizar los Pucará en encuentros directos frente a los temibles Sea Harriers ingleses. Esos desequilibrados combates obligaron a los pilotos argentinos a toda clase de proezas. Y sin pensar en las consecuencias, los pilotos aceptaron esos desafíos, como verdaderos héroes de los tiempos modernos.

domingo, 25 de enero de 2026

Apoyo aéreo cercano en Darwin el 28 de Mayo

Apoyo Aéreo Cercano - Darwin, 28 de Mayo de 1982




Publicado por Lorenzo Borri en su blog:  su http://elmuan.blogspot.com.ar
 PRIMERA ESCUADRILLA AERONAVAL DE ATAQUE

El 28 de mayo a través de los circuitos de comunicaciones el Vicecomodoro PEDROZO solicitó a Puerto Argentino apoyo aéreo con la mayor urgencia, a fin de retardar el avance de las tropas inglesas y dar un respiro a las fuerzas propias. La coordinación de los vuelos se realizó con la intervención del Capitán ARCE, una de cuyas funciones era la de enlace entre Ejército, Fuerza Aérea y Marina para la ejecución del apoyo aéreo cercano.

Las nubes bajas ponían a nuestros aviones a cubierto de los Harrier que orbitaban sobre capa a 15 mil pies de altura. Pero eso mismo obligaba a realizar ataques a muy baja altura y a merced de la capacidad misilística (Blow Pipe) de las fuerzas terrestres enemigas.

La primera misión fue realizada por una sección de Macchi; 4-A-117 (CC MOLTENI) y 4-A-114 (TC Daniel MIGUEL); su líder el Capitán MOLTENI, luego de entrar en ligazón con el OCAA, ordenó regresar a Puerto Argentino porque la zona de Darwin estaba cubierta por niebla.El segundo apoyo lo cumplía una sección de aviones Pucará IA-58. Indicativo BAGRE. Tripulación: Capitán Ricardo GRÜNERT (A-533) y teniente Alcides RUSSO (A-532). Despegó de Puerto Argentino a las 09:30. Atacaron a tropas inglesas, entre Darwin y Goose Green, con cohetes y cañones de 20 milímetros.

En la corrida final de tiro, el 1 logró disparar toda su munición, no así el numeral, quien debió realizar un giro total de 360° para entrar nuevamente y descargar su munición. Los ingleses les tiraron con todo lo que tenían, el espacio se cubrió de manchas rojas de la munición trazante. Varias de ellas impactaron en los aviones, sobre todo cuando el 2 hizo el reempleo. El ataque se realizó aproximadamente a las 10:15. El A-533 quedó fuera de servicio con un motor inutilizado por impactos.



El tercer apoyo previo a la realización del vuelo se impartieron las instrucciones con participación del Capitán MOLTENI, líder de la sección aeronaval de aviones Macchi, para coordinar frecuencias, corredores de entrada e indicativos, y se explicó la situación táctica imperante en la zona de combate. A las 15.30 se inició la tercera incursión al mando del Capitán MOLTENI (4-A-117) cuyo numeral era el Teniente de Corbeta Daniel MIGUEL (4-A-114). Esta tarea se coordinó a través del CIC de nuestra Fuerza Aérea y de la sala de situación conjunta. En proximidades del área de operaciones (Darwin) hubo comunicación bilateral entre el líder y el Oficial Control Aéreo Adelantado (OCAA) (Vicecomodoro PEDROZO), quien asignó zona a batir y no blanco puntual. El control les informó la posición del blanco a batir, por lo que los aviones iniciaron corrida de cañones y cohetes.

Finalizado el ataque, el OCAA informó: "Tiro excelente pero muy poco" y a continuación "numeral derribado". Durante la evasión posterior al ataque, el líder de formación realizó maniobras para eludir un misil, mientras escuchaba al OCAA ordenar: "¡Escape!". Más tarde en comunicación telefónica entre el vicecomodoro PEDROZO y el Capitán MOLTENI, el primero informó que en el ataque el Teniente MIGUEL volaba algo retrasado, un poco más alto, 30 grados con respecto al líder y que al ser abatido por las armas del enemigo cayó en tonel hacia la derecha, impactando el terreno en posición casi invertida.



La siguiente la cumplió nuevamente una sección de aviones Pucará que llegó al blanco donde uno de los aviones fue derribado y el otro logró escapar luego de derribar dos helicópteros ingleses. La sección SOMBRA, integrada por el teniente GIMÉNEZ (A-537) y el teniente CÍMBARO (A-532), que eran los dos pilotos que habían quedado sin volar en la escuadrilla BAGRE. Realizaron un ataque al norte de DARWIN, derribando (CÍMBARO) a un helicóptero  Scout MK.1 del 3º CBAS /B FLIGHT de los Royal Marines con cohetes para ataque aire-tierra, y destruyendo a otro en tierra Giménez. CÍMBARO aterrizó en Puerto Argentino aproximadamente a las 12:30 hs.

El teniente Giménez entró en nubes luego del ataque, manteniendo breves comunicaciones por VHF con DARWIN, perdiéndose luego todo contacto con él. Cuatro años después, los restos del avión y su piloto fueron hallados en la ladera de un monte.

Sección IA-58. Indicativo FÉNIX. Tripulación: (A-536) primer teniente Juan MICHELOUD; (A-555) teniente Miguel CRUZADO. Misión: ataque en zona Darwin. Arribó sólo un avión a la Base Aérea Militar Malvinas, muy averiado, a las 17:20. El teniente CRUZADO debió eyectarse y fue tomado prisionero.

Al otro día, cayó PUERTO DARWIN



FUENTES CONSULTADAS

HISTORIA DE LA AVIACION NAVAL ARGENTINA TOMO III - Héctor A. Martini.

MUSEO DE LA AVIACION NAVAL ARGENTINA

miércoles, 21 de enero de 2026

IMARA: La experiencia de los VAO el 2 de Abril

𝐄xperiencias vividas durante el conflicto del 𝐀tlántico 𝐒ur


𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦  𝘑𝘶𝘢𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘔𝘢𝘳𝘵𝘪𝘯𝘦𝘭𝘭𝘪 – 𝘛𝘕𝘐𝘔 𝘝𝘎𝘔 (𝘙)



Malvinas 1982

𝘿𝙚𝙨𝙚𝙢𝙗𝙖𝙧𝙘𝙤 𝙮 𝙘𝙤𝙣𝙦𝙪𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙘𝙖𝙗𝙚𝙘𝙚𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝙥𝙡𝙖𝙮𝙖
Eran la 04:00 del día 02 de abril de 1982 y se tocó diana. Recuerdo que me desperté y me dirigí al baño para ducharme y colocarme el uniforme de combate nuevo que tenía en la mochila y que había traído especialmente para el día más glorioso de mi carrera militar, iba a entrar en combate para cumplir el juramento que le hiciera a nuestra bandera un 20 de junio de 1974: ¡defenderla hasta perder la vida!
El horario de embarcar en los Vehículos Anfibios a Oruga (VAO) era 05:45 y así lo hicimos, en orden, en silencio (independientemente de las voces de mando que pudieran oírse).
A las 06:00 salieron los 4 primeros VAOs a cargo del CCIM Hugo Jorge Santillán, formando parte de esa primera oleada nuestro Compañero de Promoción TCIM Carlos Ramón Schweizer.
En el VAO Comando, que iba a cargo del Comandante del BIM2 y Comandante de la FT 40.1. CFIM Alfredo Raúl Weinstabl, desembarqué Yo. Los primeros tramos de la travesía hasta la playa de desembarco se hizo con las escotillas del VAO cerradas. Tengan en cuenta aquellos que nunca desembarcaron en un vehículo anfibio que en esas condiciones, la aproximación a la playa es altamente peligrosa. De haber tenido las tropas británicas posibilidades de hacer fuego sobre los mismos, nosotros nos hubiéramos convertido en “tiro al patito” y seguramente muchos hubiéramos quedado en las frías aguas del Atlántico Sur, dado que un vehículo anfibio como el que estábamos navegando, no dispone de blindaje.
Antes de tocar tierra en la playa de desembarco, las escotillas superiores se abrieron y pudimos asomarnos y ver en la inmensidad de la noche (a esa hora todavía no había amanecido) los “hilos de fuego” que deja la munición trazante, señal que en tierra se estaba combatiendo. Lógicamente la sangre en mi interior fluye con mayor rapidez ante la inminencia de tocar tierra y entrar en combate. Miedo: NO, Incertidumbre: TODA.



Por fin tocamos tierra sin tener que lamentar ningún perjuicio en personal ni vehículos.
Rápidamente nos dirigimos hacia el aeropuerto de (hasta ese momento) Port Stanley y sin resistencia enemiga pudimos observar que el mismo tenía la pista de aterrizaje obstruida por vehículos y otros obstáculos, lo que hubiera impedido en esas condiciones el aterrizaje de cualquier aeronave. El Comandante dá la orden de despejarla y en esos momentos llega la información que los vehículos del CCIM Santillán habían sido detenidos por fuego enemigo, habiendo recibido uno de ellos varios impactos de proyectiles de ametralladora y una esquirla había herido levemente a un Conscripto en una mano.
Rápidamente el CFIM Weinstabl, ordena al conductor del VAO Comando dirigirse hacia ese lugar, junto a la Cía. Delta a cargo del TNIM Di Paola. Llegamos hasta donde estaba la vanguardia y desmontamos de los vehículos anfibios. En este momento recuerdo una anécdota vivida junto a Carlos Schweizer: cuando desmontamos de los VAOs, veo a Carlos de pie y acomodando los talones de sus Conscriptos para evitar una común herida de guerra que precisamente es ser herido en los talones por no hacer correctamente cuerpo a tierra. En ese momento le grito “Bizcocho, planchate que nos están tirando”, él se da vuelta riéndose y me hace caso. Aprovecho y le digo, “qué ruido hacen los cañones sin retroceso de Di Filippo (SSIM Jefe de Cañones sin Retroceso del BIM 2) y resulta que me contesta: “son los morteros de los ingleses que nos están tirando”. En ese momento pensé “uno se muere en la guerra sin darse cuenta”. Lo que pensé que eran nuestros cañones, en realidad era fuego enemigo sobre nosotros.
Fundamentalmente con un eficaz disparo de uno de los cañones sin retroceso, hizo que los ingleses cesaran en su acción retirándose al interior de la localidad.



La vanguardia volvió a montar en los vehículos y buscó reforzar la acción de los Comandos Anfibios en Moody Brook. Sin embargo, éstos ya habían cumplido su misión y se encontraban próximos a Port Stanley por el lado opuesto al avance del BIM2, por lo cual el Capitán Santillán continuó su avance para completar su misión de aseguramiento de la península Camber.
Mientras tanto las Compañías del Batallón entraron sin resistencia en la ciudad, ocupando sus zonas de responsabilidad (ZR) y tenían absoluto control sobre la población y los servicios públicos esenciales.
Mientras entrábamos en la zona urbana de Port Stanley, recibimos fuego de francotirador.
Rápidamente nos tiramos cuerpo a tierra y veo una ventana donde la cortina era movida por el viento.
Le pido autorización al Capitán Weinstabl para abrir fuego sobre ese lugar, pero dada la orden inicial de recuperar de manera incruenta las Islas, no me autoriza a disparar.
Pasado el momento y dado que no se repitió el suceso; nos ponemos nuevamente en marcha y llegamos hasta un lugar donde el Comandante nos reúne a los Oficiales de la Vanguardia.
En ese momento percibo que estamos frente a una construcción que parece ser un gimnasio de 2 pisos.
Ante la posibilidad que pudiera haber Royal Marines ocultos, le pido autorización para entrar a registrarlo.
El capitán Weinstabl me autoriza a llevar al TCIM Gazzolo y 2 Suboficiales. Ingresamos y nos encontramos con que para subir al primer piso había dos escaleras laterales, para lo cual le digo a Gazzolo que junto a uno de los Suboficiales utilice el flanco derecho y junto al otro Suboficial, subiríamos por el flanco izquierdo.



Así lo hacemos y con los cuidados del caso ya que estábamos demasiados expuestos, llegamos hasta una habitación donde encontramos a 5 Royal Marines en actitud de haberse rendido ya que habían dejado sus armas (5 ametralladoras Sterling) sobre una mesa con sus cargadores separados de las armas y una agente de policía femenina.
Realizamos el cacheo de rigor a los Soldados Ingleses y no tocamos a la agente femenina.
Comprobado que los militares no tenían más armamento, quedaron en custodia hasta remitirlos al Punto de Reunión de Prisioneros (PRP).
Pero la gran sorpresa se produce cuando abrimos la puerta de un salón más grande y encontramos a los habitantes de nacionalidad Argentina que habían sido encerrados a manera de prisioneros.
Los liberamos y enviamos a los prisioneros al PRP.

lunes, 19 de enero de 2026

Chilenos en la guerra

Malvinas: chilenos en la guerra

Juan Pablo Garnham || La Tercera



Cuando, dentro de algunas semanas, se cumplan 30 años de la guerra que enfrentó a argentinos y británicos, el Reino Unido deberá desclasificar archivos que contarán la historia con detalles inéditos. Chile vivió este conflicto en una posición incómoda, entre un vecino con el que aún buscaba la paz y un poder global que siempre había sido cercano. Pero, para algunos chilenos, esta guerra fue algo más que política y diplomacia.
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Se llamaba Daniel. De su apellido no se acuerda. Pero el nombre todavía resiste en la mente del doctor Ruperto Miranda. Aún hoy, treinta años después. También entre sus recuerdos queda algo de esa fecha que Daniel tenía inscrita en su anillo: algún día de marzo de 1982. Probablemente era su matrimonio o su postura de argollas. Pero esa historia se acabó ahí, en las heladísimas aguas del Atlántico Sur. Miranda tenía la labor de identificar su cuerpo ya sin irrigación, congelado después de flotar en esas aguas un par de días.

Los oficiales del buque chileno Piloto Pardo, en el que navegaba Miranda, miraban los restos de la balsa que traía al cuerpo. Era una de las que habían usado los marinos del crucero argentino Belgrano, hundido hacía pocos días por los ingleses. En sus caras se notaba el impacto de ver la guerra de las Malvinas resumida en un rostro congelado, un joven de no más de 22 años, como muchos de ellos. No quedaba más que guardar silencio.

El silencio se repetía en el hogar de un profesor rural chileno, Claudio Muñoz, en el estrecho de Magallanes. Él vivía tranquilo, haciendo sus clases en el internado de Agua Fresca, a veinte kilómetros de Punta Arenas. La guerra era algo que ocurría lejos, al otro lado de Tierra del Fuego y más allá. Ya había pasado la época de su servicio militar. Atrás habían quedado también sus años en una escuela en el Beagle, cuando Chile estuvo cerca de ir a la guerra de Argentina y debía estar preparado todos los días para afrontar un conflicto bélico. Pero la recuperada tranquilidad se interrumpió con la estridencia de un helicóptero que vio aterrizar desde su casa. El hecho no lo alteró demasiado. Hasta que la nave explotó.

El resto de los chilenos seguiría la guerra de las Malvinas por televisión, radios o diarios, pero unos pocos -como Claudio Muñoz y Ruperto Miranda- fueron testigos cercanos de los hechos que marcaron este conflicto, desarrollado en abril y mayo de 1982. Hasta hoy existen preguntas sin responder, como el detalle de la ayuda que prestó Chile al Reino Unido. En unas semanas más, cuando se cumplan treinta años de los hechos, el gobierno británico deberá, por ley, desclasificar los documentos relacionados al conflicto. Mientras tanto, un grupo de chilenos relata a retazos sus memorias de una guerra que puso al país en una incómoda posición.

La guerra que nunca se declaró

A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres sonó como nunca antes. "Yo pasé a ser el equivalente de lo que podría haber sido un canciller de país petrolero", dice Miguel Schweitzer, quien ejercía ese cargo. Las tropas argentinas invadieron las Malvinas -o Falkland para los británicos-, el embajador trasandino pasó a ser persona non grata y los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

    A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres, Miguel Schweitzer, sonó como nunca antes. Los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

Al día siguiente, Margaret Thatcher acudió al Parlamento. Los embajadores tenían asientos reservados en el segundo piso, los cuales no eran muy solicitados. Schweitzer, sin embargo, iba constantemente. Mientras Thatcher explicaba que las comunicaciones estaban cortadas con las Falkland y que condenaba esta "agresión sin provocación", los parlamentarios manifestaban su apoyo con un "yes!" y Schweitzer observaba, junto a sus pares de Francia, Alemania y Egipto. De la misma forma que Galtieri no dio aviso, la Dama de Hierro nunca declararía la guerra. Sólo anunció que una flota partiría hacia el Atlántico Sur a recuperar las islas. "Muy poca gente creyó realmente que Margaret Thatcher lo iba hacer, pero dijo que frente al uso de la fuerza, no quedaba otro camino que la fuerza", recuerda Schweitzer.

Terminada la sesión, el embajador salió del salón y envió un télex al gobierno chileno contándoles lo que había pasado. "Les dije que esto significaba una declaración de guerra", recuerda Schweitzer.

Lo segundo que hizo el embajador chileno fue reunirse con sus agregados militares en esa época: Ramón Vega, de la FACh, y Sergio Cabezas, de la Armada. "Les dije que, para los efectos de resguardar la seguridad nacional, todo lo que ellos hicieran lo debían hacer sin conocimiento del embajador. De la misma manera, yo no los contaminaría con lo político".

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno enviaba instrucciones a sus embajadores de mantenerse neutrales. René Rojas, el canciller de la época, era un diplomático de carrera y su posición, que fue la oficial del gobierno, era de apoyar la demanda argentina, pero condenar sus métodos. "Pero los dos embajadores éramos políticos, actuamos libremente, cada uno haciendo lo que creía que era mejor para el país", dice Schweitzer. Sergio Onofre Jarpa, en la embajada en Buenos Aires, declaraba a los argentinos que "sus espaldas estaban cubiertas" y que no había nada de qué preocuparse.

En paralelo, oficiales chilenos se reunían con los británicos y se coordinaban con los chilenos para colaborar. La actitud de Galtieri tenía preocupadas a las Fuerzas Armadas. El proceso de paz tras el conflicto por las islas Picton, Nueva y Lennox aún no estaba terminado y el presidente de la Junta de Gobierno argentina había dicho que con esto se comenzaba la recuperación definitiva de las islas del Atlántico Sur. Para los argentinos, esas tres islas en el Beagle que Chile reclamaba eran parte de ese conjunto.

En el Pacífico, mientras tanto, un petrolero de bandera británica se acercaba a las costas chilenas. Era el Tidepool, que había sido comprado por el gobierno de Pinochet. Entre su personal venía una parte de la nueva tripulación chilena, como se acostumbra en las transacciones navales. Llegando a Valparaíso, el buque debía cambiar de nombre y pasar a ser el Almirante Montt. Sin embargo, la guerra comenzó y el gobierno de Thatcher solicitó el buque de vuelta. Así, el 2 de abril los ingleses llegaron al puerto de Arica, la tripulación chilena descendió y el barco enfiló hacia el canal de Panamá -había que evitar la zona cercana a las Malvinas-, para unirse a la flota inglesa. La bandera chilena sólo flamearía en el Tidepool en agosto, cuando la guerra terminó. Ahí, el petrolero pasó por el Estrecho de Magallanes y fue entregado en Talcahuano a sus nuevos oficiales.

sábado, 17 de enero de 2026

Las verdaderas bajas militares británicas


MALVINAS, ¿POR QUÉ LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCERÁN HASTA EL 14 DE JUNIO DEL 2072?


Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.
No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente.
Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero hay certezas de que uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos. Gran parte de su logística quedo pulverizada o sepultada en el Atlántico.
Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente 280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.
Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante suele tener siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2 o 3 a uno - esa cifra es totalmente absurda, si calculamos que se trata de un terreno de despliegue parecido a Groenlandia o a Escocia .
A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas nuevamente (En rojo se detalla esencialmente la cantidad de bajas por cada día de combate):
BALANCE:
Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa ha perecido en cada ataque del día.
23/04: 1 Cae helicóptero Sea King en Georgias.
01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.
02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañón de 20 mm. de artillería.
04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet. Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de la aviación británica. Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.
05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.
06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.
12/05: 4 El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.
17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas
18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado).
19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.
21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).
22/05: 1 Es derribado un Harrier.
23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).
24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos. Es poco probable que haya tenido solo 6 bajas si calculamos impacto, mas explosión y aceite hirviendo en el agua mas hipotermia. El calculo no parece ser real.
25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.
27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).
28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin.
Es el equivalente de una compañía de infantería integra.
30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 kgs. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.
08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina.
09/06: 18 Mte. Dos Hermanas, comandos del SAS.
10/06: 4 Perecen (4) infantes de marina por accidente.
11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Mte. Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.
12/06: 29 (4) en Mte. Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.
13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Mte. Longdon, Mte. Wiiliams y Wireless Ridge.
14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).
TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).
BUQUES AVERIADOS:
Buques perdidos (hundidos o destruídos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4
Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow
Buques averiados de consideración (casi inactivos) : 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot
Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)
TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31
AERONAVES PERDIDAS:
ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10
Helicopteros derribados: 13
F/S: 32
RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26
ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4
EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8
Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.
CONCLUSIÓN:
TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.

jueves, 15 de enero de 2026

ARA San Luis: Las andanzas del corsario manco

Viaje al fondo de los mares del Sud (Malvinas ´82)


Foto "La Nacion"

Escrito por  Jorge Fernández Díaz LA NACION Sábado, 22 de Agosto de 2009 - Tomado de http://www.elsnorkel.com

Fuente



A las siete y media de la mañana, Alejandro Maegli estaba a punto de entregar la guardia y meterse en la cama cuando de pronto el sonarista del submarino le dijo una frase que lo dejó helado: "Señor, tengo un rumor hidrofónico".
El teniente de fragata pegó un respingo queriendo creer que el operador se había equivocado.
A veces las ballenas o el krill producen "rumores biológicos" y pueden confundir al más experimentado de los técnicos del sonar. Pero el ruido venía del Noreste y sus características se iban confirmando con el correr de los minutos. Maegli era jefe de comunicaciones y tenía la obligación de despertar al comandante. Lo hizo: "Despiértelos a todos, uno por uno, y colóquelos en sus puestos de combate", le ordenó el capitán.

A Maegli se le puso la piel de gallina. En ese momento sólo podía sospechar lo que iba a ocurrir. Pero no podía saber con certeza que comenzaría la primera batalla submarina del Atlántico Sur, que venían hacia ellos helicópteros ingleses a ras del mar, seguidos de cerca por los buques de la Royal Navy, y que los esperaban veintitrés horas de miedo, suspenso, persecución y explosiones.

Era el 1° de mayo de 1982 y el submarino ARA San Luis tendría su bautismo de fuego en la Guerra de las Malvinas.

Maegli es hoy contralmirante y director del Area Material Naval, y tiene a su cargo la difícil decisión de reparar o sacar de servicio para siempre a esa nave llena de fantasmas que espera en silencio, roja por la pintura antióxido, en una dársena del puerto de Buenos Aires. ¿Cómo resolver con la cabeza un asunto del corazón?


El "San Luis" en Tandanor, Mayo 2009

Alejandro encontró su vocación en Mar del Plata a los cuatro años, durante una visita escolar. Un submarino reposaba en silencio, pero traía consigo ecos de aventuras, y Alejandro se metió luego en la Escuela Naval con el único propósito de surcar bajo el agua los mares del mundo. Hizo una experiencia en un buque barreminas. "Para ser oficial barreminas no hay que ser loco, pero te ayuda bastante", dice el refrán. Y después sirvió en un buque de apoyo. Finalmente, ingresó en la Escuela de Submarinos, que es muy exigente, y aprendió de memoria, uno por uno, los múltiples mecanismos internos de esa nave.

La primera vez que entró en el San Luis todo se le venía encima. Parecía realmente un lugar de confinamiento. El submarino es un cilindro que mide 50 metros desde el timón a la proa, 11 metros desde la quilla hasta el tope de la vela y 5 metros con veinte centímetros de lado a lado: ése es el diámetro de un caño donde deben vivir, trabajar, dormir y recrearse treinta y cinco hombres durante semanas y, a veces, meses de misión submarina. Travesía en la que se habla en voz baja, se come poco "porque la navegación te quita el hambre", y donde luego de la vibrante marcha en superficie y las maniobras de inmersión sobreviene una extraña serenidad espacial.

El submarino había sido comprado a Alemania en los años setenta, había llegado desarmado a la Argentina y había sido montado pieza por pieza en Buenos Aires. Pero para la época de Malvinas presentaba algunos problemas: no podía desarrollar velocidades de inmersión superiores a los 14 nudos y uno de los cuatro motores diesel que permiten cargar las baterías a través de un snorkel no funcionaba. Así y todo, Maegli no estaba tan preocupado por estas limitaciones como por su mujer, que estaba a punto de dar a luz. En marzo de 1982, ese padre primerizo, que apenas tenía 27 años, tuvo que zarpar en misión de adiestramiento y subirse por las paredes del submarino esperando la buena nueva. Estaban haciendo ejercicios con tres corbetas cuando llegó la noticia de que había nacido su hija María Inés. Los festejos a bordo fueron discretos, pero afectuosos.

A mediados de mes llegó otra orden: debían suspender los simulacros y retornar a Mar del Plata. Un amigo se lo encontró en tierra. Partía al día siguiente en el submarino Santa Fe. "Flaco -le dijo a Maegli en un susurro-me voy a Malvinas." Alejandro sospechaba que algo grande se avecinaba, pero no tenía tiempo de meditar demasiado: corrió a ver a su mujer y a conocer a su hija, y los acontecimientos del 2 de abril lo sorprendieron como a casi todos nosotros. Sintió entonces una íntima contradicción: alegría patriótica mezclada con angustia y extrañeza. Hacía pocos meses había confraternizado con los oficiales del submarino inglés HMS Endurance, que había hecho escala en Mar del Plata. El Endurance atacaría luego, con torpedos y el apoyo de helicópteros, al submarino Santa Fe.

Recibieron la orden de alistarse contra reloj y hacerse a la mar el 11 de abril. Salieron de noche, con órdenes secretas. Cuando abrieron el sobre descubrieron, tragando saliva y con los ojos bien abiertos, que debían patrullar el "Area Enriqueta", frente a Puerto Deseado. La luna brillaba en la dársena: navegaron hasta la altura de cabo Corrientes y se sumergieron. Maegli preparó las cartas de navegación y leyó la consigna: "Autorizado uso de armas en defensa". No podían atacar a nadie, porque las negociaciones diplomáticas no se habían agotado. Pero ese despacho lo obligó a procesar psicológicamente el hecho de que por primera vez no se trataba de un entrenamiento: era la guerra.

Pasaron varios días haciendo recorridos y subiendo el snorkel media hora para obtener energía y oxígeno: ésos eran los momentos de mayor vulnerabilidad de la nave. Luego todo fue esperar y madurar la idea del combate. Salvo, claro está, cuando sucedió lo imprevisto: una avería en la computadora de control de tiro. Llevaban a bordo 10 torpedos alemanes y 14 estadounidenses. Pero sin esa computadora, la única alternativa era lanzarlos de manera manual. Trataron de repararla, pero no tenían a bordo los elementos con qué hacerlo, y el 27 de abril recibieron otro mensaje: "Destacarse y ocupar «Area María». Todo contacto es enemigo".

Eso significaba que debían desplazarse a una zona cercana a la isla Soledad y que allí no había buques argentinos. Cualquier "rumor hidrofónico" tenía entonces que ser, forzosamente, una nave inglesa, y la orden era dispararle, sin dudar.

El 1° de mayo Maegli juntó a todo su equipo de informaciones de combate. Se sentaron alrededor de una mesa minúscula y él descubrió que le temblaban las piernas y que no podía levantar la cara. Cuando la levantó vio que sus camaradas estaban en idéntica actitud de pánico. Vadeó como pudo ese pantano y comenzó la reunión de análisis. Luego se colocó los auriculares: el blanco venía hacia ellos y el comandante ordenaba preparar tubos de torpedos y movimientos submarinos para encontrar la mejor posición de tiro. En un momento, el sonarista oyó explosiones y hélices de helicópteros. Se aproximaban tres helicópteros antisubmarinos con los sonares desplegados y largando cargas de profundidad a ciegas. A medida que analizaban los sonidos y señales se daban cuenta de que los Sea King avanzaban abriéndoles camino franco y seguro a varios buques británicos de guerra. Cuando estaban a 9000 yardas, Maegli le dijo a su capitán: "Señor, datos de blanco ajustados". El comandante gritó: "¡Fuego!" Y el torpedo salió disparado con trepidaciones y ruidos escalofriantes. Llevaba consigo un cable de guía a través del cual se podía teledirigir su dirección. Pero a los pocos minutos un oficial informó que el cable se había cortado. El torpedo seguía ahora corriendo, aunque de manera autónoma, y estaba programado para ir ascendiendo con el objeto de asegurar el impacto. El problema es que, al hacerlo, se hacía visible. En cinco minutos absolutamente todos los buques ingleses desaparecieron del sonar, y el torpedo se perdió en la nada.

No era difícil para los helicopteristas ingleses ver el trazado del disparo y calcular la posición del San Luis. A Maegli se le secó la boca. Pasarían de cazadores a presas en segundos; los ingleses, a gran velocidad; los argentinos, en cámara lenta.

El capitán ordenó evasión a toda máquina y el sonarista dijo: "Splash de torpedo en el agua". Les habían disparado y ya se sentían los sonidos de alta frecuencia que el proyectil inglés emitía al acercarse. "Máxima profundidad", ordenó el comandante. Y a continuación mandó lanzar falsos blancos. Se usaban señuelos, pastillas gigantes que en contacto con el agua hacían burbujas y confundían con sus ecos apócrifos. Los llamaban "Alka Seltzer". Después de expulsar los dos señuelos, el sonarista informó de algo que galvanizó a todos: "Torpedo cerca de la popa". Maegli pensó: "Cagamos, nos está persiguiendo, nos va a reventar". El sonarista agregó: "Torpedo en la popa".

Diez segundos y un año después, el operador dijo, con su voz metálica: "Torpedo pasó a la otra banda". Una alegría silenciosa, un cierto alivio recorrió el cilindro: el torpedo inglés había pasado de largo y se perdía en el mar. Se habían salvado por un pelo.

En ese instante mismo comenzó el hostigamiento. Los Sea King se acercaron lanzando sus cargas y sacudiendo el océano. Tiraban todavía sin tener la posición exacta del San Luis, que bajaba y bajaba. Pescaban con bombas a unos quinientos metros del mentón del teniente Maegli. El submarino fue reduciendo su velocidad y se asentó con un golpe en el fondo de arena. Cada veinte minutos los helicópteros llegaban y soltaban sus explosivos, reemplazándose los unos a los otros en la tarea durante horas y horas. Las ondas expansivas no llegaban y entonces el máximo problema era el oxígeno. Sin poder sacar el snorkel, el dióxido de carbono subía y el peligro aumentaba. El comandante ordenó que la tripulación abandonara sus puestos de combate y se metiera en la cama: había que gastar lo menos posible. Meterse en la cama y dormir en un submarino que está en el fondo del mar y al que le siguen disparando debe ser una de las experiencias más inquietantes de la vida. A pesar de ella, Maegli pensó: "El problema no es el miedo sino cómo controlarlo", y se quedó dormido.

Veintitrés horas después del primer "rumor hidrofónico", el sonarista anunció que el área estaba despejada. El San Luis emergió a plano de periscopio, sacó el snorkel y la antena, y recibió la triste información de que habían hundido al Santa Fe en las Georgias. El teniente pensó en su amigo y en los oficiales del Endurance, y luego no pensó más que en hacerse fuerte y seguir haciendo su trabajo. "Ya teníamos callosidades en el alma, ya éramos diferentes", dice hoy, al recordar aquel bautismo de fuego.

Cinco días más tarde, en un teatro de operaciones infestado de naves enemigas, los sensores acústicos volvieron a detectar "ruido hidrofónico". "Posible submarino", dictaminó el operador. Y el comandante ordenó de nuevo que todos ocuparan sus puestos de combate y que el San Luis avanzara hacia el blanco, que tenía un extraño comportamiento zigzagueante. "Blanco alfa muy cerca", dijo el operador. Estaba a unos 1500 metros. Dispararon un torpedo antisubmarino de recorrido corto y escucharon una detonación tremenda. Pero nunca pudieron determinar a qué le habían pegado.

En la madrugada del 11 de mayo, Maegli estaba nuevamente de guardia cuando el sonar detectó una fragata misilística que venía del Este, y al rato otra del Norte. Todos estaban en sus puestos. Y allí, provisionalmente en pausa de combate, les sirvieron un memorable arroz con tomate que los submarinistas comieron con los músculos en tensión, como si fuera lo último que probarían antes de morir. Luego comprendieron que los dos buques británicos convergían sobre el estrecho de San Carlos y el capitán ordenó atacar el blanco más cercano a la costa. "¡Fuego!", volvió a gritar, a una distancia de 5200 yardas. Tardó tres minutos en cortar cable. Pero todos los tripulantes acompañaban mentalmente la corrida del torpedo. Hasta que, de repente, Maegli escuchó un clanc. Un alarmante ruido de chapa. El sonarista informó que los blancos huían a toda máquina. El proyectil había pegado en el casco, pero no había explotado. El proyectil, una vez más, no estaba en buenas condiciones. Los dos buques ingleses venían de hundir con artillería al ARA Islas de los Estado, un barco argentino que transportaba municiones y combustible de avión. Habían muerto más de veinte hombres en ese naufragio.

Cuando el capitán comunicó al Comando de Operaciones Navales las fallas del torpedo y les recordó las dificultades en el sistema de tiro, recibió una directiva terminante: volver a casa. Regresaban a Puerto Belgrano de noche y en silencio: no habían logrado hundir ningún buque y aunque habían provocado, tal como confesaron luego los ingleses, una verdadera psicosis en el mar y habían logrado retardar con su amenaza submarina el desembarco en las islas, llevaban un regusto amargo. "La prevención, el desgaste de energía y el temor que genera un submarino es terrible", me explica el contralmirante Maegli; se nota que aquella amargura no se le ha borrado de la boca.



Atracaron en secreto en la base naval y comenzaron a realistar el San Luis, metiéndolo a dique. El teniente llegó estresado, barbudo y con la misma ropa con que había salido de Mar del Plata a su departamento de casado, y durante una semana no respondió preguntas ni salió de la cocina de dos por dos: sólo se sentía seguro en lugares reducidos.

Nunca el San Luis pudo volver al teatro de operaciones. Trajeron a dos expertos para repararlo, pero tardaron cuarenta días y eso dejó al submarino y a su tripulación fuera de la guerra. El 14 de junio los tapó la tristeza. Maegli siguió prestando servicio en el San Luis, y en 1983 lograron que los técnicos alemanes revisaran los mecanismos, explicaran las razones de los desperfectos en sus torpedos y en el sistema de tiro que habían fabricado, y pudieran hacerse las modificaciones necesarias.

Alejandro siguió una larga carrera de perfeccionamiento profesional. Fue comandante del ARA Salta -gemelo del San Luis-, director de la Escuela de Submarinos y agregado de Defensa en Canadá. Un amigo de Ottawa le regaló un libro donde figuraban las grandes batallas submarinas de la historia. Un historiador británico, especializado en el tema, narraba las dramáticas aventuras de un submarino argentino que había escapado de milagro al acecho de la Royal Navy: el San Luis. Maegli no quiso leerlo así como no quiere visitar el submarino rojo que duerme en un astillero de la Costanera Sur a la espera de ser convertido en un museo o regresar al mar. "Es viejo, pero no es anticuado -lo defiende el director de Material Naval de la Armada argentina-. Si me preguntás qué quiero te respondo algo muy simple: sólo un buen final."

Volvió al astillero para hacerse unas fotografías. Pero lo hizo a regañadientes. Las ánimas vestían de rojo. Costó hacerlo subir al puente del San Luis. Maegli finalmente subió y recordó en un pestañeo el momento exacto en el que se abrió la escotilla y salió a la luz después de 37 días sumergidos en el Atlántico Sur sin ver el océano ni el cielo ni el sol. Maegli asomó su cara agotada de 1982 y respiró profundamente. Lo sorprendió en ese momento el olor puro del mar. El imborrable olor de la vida.


Foto El Snorkel

El personaje
ALEJANDRO MAEGLI

Testigo fundamental de una batalla submarina


Bajo fuego enemigo .. El Submarino “SAN LUIS” se le asigno la misión de destruir las fuerzas navales enemigas, operando en un área de patrulla ubicada al norte de las Islas Malvinas, pero fuera de la Zona de Exclusión establecida por los británicos. El 29 de abril, tras el fracaso de las negociaciones diplomáticas, el SAN LUIS fue autorizado a emplear todo su potencial bélico dentro de la llamada Zona de Exclusión. El Comandante de las Fuerzas Británicas, preocupado por la posible presencia de submarinos argentinos desplegó sus naves en una búsqueda costosa y estresante, sin obtener resultado alguno. El SAN LUIS ante la detección de tres buques enemigos se preparo para efectuar un ataque en forma manual, ya que su computadora de control de armas se había averiado poco tiempo después de la zarpada. El primer lanzamiento culmino con la desazón de su tripulación al perder el torpedo por corte de su cable filoguiado.

Delatada su presencia por este hecho, la pequeña y poderosa nave submarina se vio obligada a evadir con éxito un feroz ataque que se prolongo por mas de 20 horas. El 8 de mayo se obtiene un contacto sonar clasificado como “submarino en inmersión” a la corta distancia de 3000 yardas. Con las mismas limitaciones en su sistema de control tiro, se obtuvieron los datos de blanco y se lanzo un torpedo antisubmarino MK 37, escuchándose una explosión al finalizar la corrida. Nunca se obtuvieron datos suficientes como para confirmar los resultados de este lanzamiento. Durante la noche del 10 de mayo, luego de haber hundido al transporte argentino “ISLAS DE LOS ESTADOS”, la Fragata HMS “ALACRITY” sale a toda maquina del estrecho de San Carlos, buscando el apoyo de otras unidades en aguas abiertas. El SAN LUIS que se encontraba al acecho en la boca del estrecho, tuvo en su sonar a los dos blancos. Luego de ajustar los datos para el lanzamiento, lanzo dos torpedos a una distancia de 5000 yardas en la madrugada del dia 11. Ante el asombro de su tripulación, uno de los torpedos no salió del tubo y el otro presento la misma falla de corte de cable que el anterior. Había perdido una inmejorable oportunidad para vengar al transporte hundido.

Dos días después el SAN LUIS recibe la orden de regresar al continente. Todo el esfuerzo puesto para recuperar la operatividad de su sistema de armas fue en vano, el buque estuvo listo recién para mediados de junio. Ya era tarde. Nuestras naves submarinas tuvieron un destacado desempeño durante un conflicto desigual. Hicieron frente a una de las flotas antisubmarinas mas profesionales y prestigiosas del mundo. De no haber sido por las fallas de sus torpedos otro habría sido el curso de la guerra en el mar. Rendimos nuestro homenaje a aquellos héroes silenciosos que desde las profundidades australes dejaron bien alto el prestigio profesional del arma submarina argentina obteniendo el reconocimiento mundial por su audacia, valor y capacidad profesional.

domingo, 11 de enero de 2026

Comunicaciones: La radio AN/PRC-77



La radio AN/PRC-77



En 1968, durante la Guerra de Vietnam, el Ejército de Estados Unidos introdujo la radio militar AN/PRC-77, cuyo nombre significa: “A” (Army - Ejército), “N” (Navy - Marina), y “PRC” (Portable Radio Communication - Radio de Comunicación Portátil).

Este equipo portátil fue adquirido por las Fuerzas Armadas de la República Argentina 🇦🇷. Con un peso de 6,2 kg, incluía dos antenas: una de corto alcance, con un rango de hasta 4 km, y una antena plegable que alcanzaba un máximo de 8 km, dependiendo del terreno y las condiciones climáticas. Funcionaba con una batería ubicada en la parte inferior, que contenía pilas recargables. Para su transporte, contaba con un arnés de color verde oliva.

El equipo operaba en dos bandas de frecuencia: la banda baja, de 30,00 a 52,95 MHz, y la banda alta, de 53,00 a 75,95 MHz. La comunicación se realizaba mediante un microteléfono con pulsador PTT (Push-To-Talk).

Estas radios fueron enviadas en grandes cantidades a las Islas Malvinas 🇦🇷, donde eran utilizadas por las unidades del Ejército y la Infantería de Marina, junto con otros equipos. Pronto se comprobó que el clima frío agotaba rápidamente las baterías, por lo que los soldados solían dormir con las baterías dentro de sus bolsas para mantenerlas calientes, evitando descargas prematuras y reduciendo la necesidad de utilizar generadores para recargarlas.

Un aspecto relevante fue que la tecnología británica lograba interferir estas radios debido a su antigüedad, permitiendo interceptar las comunicaciones. Con el tiempo, se descubrió que podían triangular la ubicación exacta de las unidades desplegadas, ya que apenas se iniciaba una transmisión, se recibía fuego naval, aéreo o terrestre. Por esta razón, las radios se usaban parapetadas y a cierta distancia de las posiciones principales, para evitar convertirse en blancos fáciles.

Además, muchas unidades desplegadas instalaron líneas telefónicas que conectaban todas las secciones y compañías, además de sus armas de apoyo de fuego. Estas líneas se enterraban para proteger los cables de los daños causados por esquirlas de explosiones, y se duplicaban o triplicaban para garantizar la continuidad de las comunicaciones en todo momento. Esto permitía una comunicación segura y permanente, manteniendo a todos informados sobre la situación en el frente y facilitando la recepción de órdenes de repliegue y otras maniobras tácticas, lo que ayudaba a retrasar los avances enemigos.

Tras la Guerra de Malvinas 🇦🇷 y con el paso de los años, las Fuerzas Armadas fueron modernizando su equipamiento de radio y comunicaciones, incorporando sistemas de cifrado y encriptación. La antigua y conocida AN/PRC-77 quedó relegada a ejercicios y campañas de entrenamiento.






viernes, 9 de enero de 2026

El derrotero del HMS Conqueror antes de hundir al Belgrano




¿Algún submarinista por aquí? Como ex RP, para nosotros un “datum mark” es la última posición conocida o la mejor estimada de un submarino. Al leer estos documentos publicados, el capitán del Conqueror menciona que ha dejado un datum; parece ser una táctica de distracción. ¿Alguien podría explicar esto, por favor? ¿Un submarino deja algo atrás para emitir una señal que confunda a los barcos atacantes?