jueves, 18 de junio de 2026

Doctrina naval: ¿Es un error usar un LHD como portaaviones ligero?

Sobre las desventajas de los LHD como portaaviones ligeros




En los comentarios dedicados a este o aquel artículo sobre flota o aviación naval, se ha expresado repetidamente, valga la redundancia, la versatilidad de los buques de desembarco universales (LHD). Estos últimos pueden utilizarse no solo para su propósito previsto, es decir, como medio de transporte y desembarco de tropas, sino también como portaaviones ligero, aunque con el prefijo "sucedáneo".

Claro que este uso del LHD solo es posible con aviones de despegue y aterrizaje verticales (VTOL), ya que los cazas multifunción convencionales no están permitidos en la cubierta del LHD. En teoría, es posible diseñar un LHD con trampolín, cubierta inclinada y tren de aterrizaje. Pero un buque así difícilmente puede considerarse un LHD, sino más bien un portaaviones, capaz también de transportar y desembarcar tropas.

Un híbrido de este tipo, al menos en la "VO", que yo recuerde, nunca ha sido propuesto por nadie. La razón es clara: todos estamos convencidos desde hace tiempo de que los portaaviones son carísimos, pero nadie dice lo mismo de los LHD. Al mismo tiempo, cualquier interesado en el tema descubrirá fácilmente que hasta 20 aviones VTOL pueden basarse en los grandes LHD de nuestros leales amigos estadounidenses. Claro que, en detrimento de los helicópteros de transporte y otras aeronaves, aun así.

De ahí el natural y comprensible deseo de matar dos pájaros de un tiro, y al precio más asequible. Es decir, construir un LHD y, así, no solo reforzar el componente de desembarco de la flota, sino también dotarla de una "paraguas" aérea. La lógica es simple: si el enemigo no cuenta con una flota, una fuerza aérea ni una defensa costera sólidas, el LHD puede utilizarse para su propósito previsto. Si las tiene, siempre se puede sustituir el grupo aéreo, compuesto principalmente por aviones VTOL, y enviar el LHD a realizar las tareas de un portaaviones ligero.

Muchos lectores de Voz en Directo que encuentran atractiva esta idea comprenden perfectamente que las capacidades del LHD en su forma de "portaaviones" son muy limitadas y no pueden compararse con las de los supervehículos nucleares. Esto se debe a que es imposible basar aeronaves de alerta temprana y control aerotransportadas en un LHD sin una catapulta, lo que reduce significativamente su capacidad de reconocimiento y control del espacio aéreo y marítimo. Aun así, un portaaviones de este tipo sería mucho mejor que ninguno: muchos piensan en el conflicto de las Malvinas, donde el grupo naval británico, gracias al uso de portaaviones VTOL, logró la victoria, operando contra la superioridad de las fuerzas aéreas argentinas.

Todo lo anterior suena bastante lógico, pero ¿cuán válido es este razonamiento?

Sobre el diseño de LHD

Al evaluar la idoneidad del LHD como portaaviones ligero, es necesario recordar que, ante todo, se trata de un buque de desembarco. Equipado con una gran cantidad de unidades, equipo y todo lo necesario para el transporte y desembarco de tropas, resulta completamente inútil para la aviación a bordo.

Tomemos, por ejemplo, el LHD estadounidense de clase Wasp. Su misión es transportar, desembarcar en una costa no equipada y abastecer a una Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (MEU) totalmente equipada, compuesta por hasta 1900 personas. ¿Qué tipo de unidad es esta? La MEU es un grupo táctico de batallón con los refuerzos necesarios para una fuerza de desembarco. Es decir, un batallón de infantería de marina, un escuadrón de aviones de rotor basculante y unidades logísticas que proporcionan comunicaciones entre la unidad de combate y el LHD.

Cabe destacar la racionalidad de la doctrina estadounidense. Según la dirección del Cuerpo de Marines de los EE. UU. (MC), la EOMP es una formación expedicionaria de tamaño mínimo, que generalmente resulta lógico utilizar en el marco de una operación de desembarco, lo que implica acciones independientes del MC, separadas de las fuerzas terrestres.

Por lo tanto, el LHD es un instrumento muy conveniente y autosuficiente del Cuerpo de Marines. Solo él garantiza el transporte, desembarco y suministro de una fuerza de desembarco capaz de resolver las tareas mínimas que el mando puede asignar generalmente en el marco de una operación de desembarco expedicionario. Si las tareas requieren la participación de una fuerza mayor, la cuestión se resuelve en la mayoría de los casos mediante un simple escalamiento, es decir, involucrando a uno o más LHD en la operación.

En vista de lo anterior, un LHD estadounidense estándar debería estar diseñado para transportar, desembarcar y abastecer a 1900 personas, y este número no puede reducirse. De lo contrario, el LHD perdería su autosuficiencia y sería necesario el uso de buques adicionales para desembarcar el EMP, lo cual es poco razonable. Por supuesto, se deben seguir razones similares al crear LHD nacionales. Personalmente, quiero creer que la capacidad de desembarco de 1000 personas para los buques del Proyecto 23900 en construcción está determinada por razones tan razonables como las estadounidenses.

Pero volvamos a nuestros "probables amigos". Es obvio que para acomodar y proveer de provisiones a una persona, se requiere un espacio y un peso considerables. Aquí están los alojamientos, la comida y el apoyo médico: este último es especialmente importante, ya que en tales "expediciones" un paracaidista herido solo puede recibir ayuda en el propio LHD. Por lo tanto, los buques del tipo "Wasp" están equipados con un hospital de 900 camas y seis quirófanos.

El hospital se ve bien.

Y, por supuesto, también el personal médico adecuado (que necesita alojamiento, alimentos, etc.), suministros médicos y equipo especializado.

Por supuesto, la fuerza de desembarco no solo está compuesta por personal, sino también por una cantidad considerable de equipo. Los LHD del tipo Wasp cuentan con plataformas de 1 metro cuadrado, que pueden albergar cualquier vehículo, incluido el M852 Abrams. En realidad, esta no es la única forma de recibir vehículos de combate, ya que se puede colocar un cierto número de vehículos blindados de transporte de personal flotantes directamente en la cámara de atraque, pero hablaremos de ello más adelante.

Para garantizar el trabajo de combate de personal y equipo, se requieren municiones, combustible, alimentos y muchos otros suministros. En los "Wasps" se asigna un espacio de 2 metros cúbicos para dichos suministros. Y, por supuesto, todo esto, tanto equipo como suministros, debe, en caso necesario, suministrarse con prontitud para su descarga. En los "Wasps", una parte significativa de la carga se coloca bajo la cámara de atraque y se introduce en ella mediante seis elevadores especiales.

En general, una persona con los suministros, armas y equipo de combate y transporte necesarios constituye una carga considerable. Sin embargo, el buque de desembarco no solo debe transportar todo esto del punto A al punto B, sino también desembarcarlo rápidamente en una costa desprovista de equipo.

El medio más importante para dicho desembarco es la cámara de atraque. En el LHD tipo "Wasp", esta tiene unas dimensiones de 81 x 15,2 m (según otras fuentes, 84,5 x 15,24 m), con capacidad para 12 lanchas LCM, 4 LCU o 3 LCAC. Entre ellas, las LCU tienen la mayor capacidad de carga, pudiendo transportar 180 toneladas de carga en un solo viaje, lo que les permite llevar a bordo dos tanques M1 Abrams y algo más.

Las LCM y las LCU son lanchas de desplazamiento, mientras que las LCAC son aerodeslizadores.



Su capacidad de carga es de 68 toneladas, suficiente para transportar un tanque M1 Abrams. Sin embargo, las lanchas de tipo LCM no pueden hacerlo, ya que su capacidad de carga no supera las 54,4 toneladas.


Es bien sabido que el Cuerpo de Marines ha abandonado el uso del Abrams. Sin embargo, los generales podrían cambiar de opinión o, eventualmente, adoptar otro tipo de vehículo de combate pesado. En cualquier caso, los LHD estadounidenses son bastante capaces de transportar y desembarcar equipo pesado, lo cual constituye su evidente ventaja.

Pero no solo lanchas de desembarco... Si es necesario, se pueden colocar hasta 40 vehículos blindados de transporte de personal flotantes AAV7A1 en la cámara del dique en lugar de las lanchas de los tipos mencionados.


El principio de funcionamiento de la cámara de dique es similar al de los submarinos. En condiciones normales, la cubierta de la grada (el "suelo" de la cámara) está seca, ya que se encuentra por encima del nivel del mar. Cuando es necesario desembarcar tropas, el LHD absorbe agua de mar en tanques de lastre especiales en el casco del buque. El calado del LHD aumenta y la cubierta de la grada queda por debajo del nivel del mar. Posteriormente, la cámara de dique se llena de agua, de modo que los barcos o vehículos blindados de transporte de personal que se encuentran en ella se mueven a la posición "a flote", tras lo cual pueden comenzar el desembarco.

Por supuesto, todo esto pesa mucho y ocupa mucho espacio. He encontrado datos que indican que los tanques de lastre del LHD tipo "Wasp" tienen una capacidad de unas 15 toneladas de agua de mar, lo cual parece una clara exageración. Aun así, para hundir un buque de más de 000 mil toneladas de desplazamiento estándar, es necesario bombearle mucha agua: creo que accidentalmente se infiltró un cero extra en la cifra anterior, y que la capacidad de los tanques de lastre del "Wasp" es de 28,6 toneladas.

Por lo tanto, resulta que, aunque el LHD es un buque grande, no dispone de mucho espacio ni carga útil para el grupo aéreo. En la popa del Wasp hay un hangar de 112 m de largo y 8,4 m de alto, y en la proa, talleres de reparación de aeronaves. Dos elevadores transportan aviones y helicópteros a la cubierta de vuelo, donde hay 8 helipuertos.

En su configuración exclusivamente de helicópteros, el Wasp puede transportar hasta 42 aeronaves de ala rotatoria, como el CH-46 Sea Knight, con un peso máximo de despegue de 11 kg, u otros tipos, incluyendo helicópteros de combate o de guerra antisubmarina. Reduciéndolo a aproximadamente 023, podría transportar entre 30 y 6 aviones de ataque AV-8B Harrier 8. O podría formar un ala principalmente de ala fija con 2 VTOL y 20 helicópteros.

A pesar de estas impresionantes cifras a primera vista, el flujo principal (hasta dos tercios) de carga y personal se desembarca utilizando equipos ubicados en la cámara de atraque.

Buen barco de desembarco

En esencia, las características de rendimiento y la carga útil del LHD clase Wasp están perfectamente equilibradas para las operaciones de desembarco, para las que este tipo de buque fue diseñado. De hecho, la mayor parte de la carga, incluyendo equipo pesado, se transporta mediante lanchas de desembarco. Las tácticas de su uso difieren según el tipo de embarcación del LHD.

Las LCM y las LCU son embarcaciones de desplazamiento y su velocidad es baja; dependiendo de la carga, no superan los 8-12 nudos. Al equipar un LHD con estas embarcaciones, se obtiene una herramienta de desembarco lenta, pero bastante fiable, que no requiere que el buque nodriza se acerque a la costa. El uso de lanchas LCAC ofrece dos ventajas fundamentales. En primer lugar, la velocidad de desembarco, ya que, incluso a plena carga, alcanzan velocidades superiores a los 40 nudos. Además, su capacidad para desembarcar también acelera el desembarco. En segundo lugar, la presencia de un colchón de aire en el LCAC le permite ignorar muchos tipos de minas y otros obstáculos peligrosos para las embarcaciones de desplazamiento.

Al mismo tiempo, si es necesario desembarcar urgentemente un pequeño grupo de cazas o entregar carga importante, los helicópteros de carga Wasp lo realizarán con éxito. Además, los helicópteros de ataque y de 2 a 4 Harriers, en plena preparación para el combate en la cubierta del LHD, pueden proporcionar rápidamente apoyo de fuego donde los marines lo necesiten. Además, los helicópteros suelen ser muy fáciles de reubicar en tierra, lo que reduce al mínimo el tiempo de reacción. De hecho, los aviones VTOL también pueden reubicarse en tierra, pero esto requiere un poco más de esfuerzo, ya que estos últimos requieren al menos un aeródromo de rápida construcción.

Cuando el LHD participa en una operación de desembarco al amparo de un portaaviones, el grupo aéreo de buques clase Wasp cumple sus tareas a la perfección. Los aviones del portaaviones, tras "rodar" la defensa costera, mantienen la superioridad aérea en la zona de desembarco, controlan el espacio aéreo y marítimo y atacan profundamente las defensas enemigas. El LHD, bajo su "paraguas aéreo", con barcos, helicópteros y aviones de rotor basculante, desembarca una fuerza de desembarco autosuficiente, dotada de todo el equipo y equipo de combate necesarios para llevar a cabo operaciones de combate. El grupo aéreo del LHD cubre las necesidades de la fuerza de desembarco en cuanto a la entrega urgente de carga y el apoyo directo a los marines en combate. La división de tareas es clara, práctica y comprensible, y se puede afirmar que los buques de la clase Wasp resultaron ser LHD de gran éxito. Sus características de rendimiento están perfectamente equilibradas para llevar a cabo operaciones de desembarco al estilo estadounidense.

Mal portaaviones

Comenzaré con lo obvio: el grupo aéreo del LHD "Wasp" es categóricamente insuficiente para resolver todas las tareas que se le plantean a la aviación en la zona de desembarco.

Si bien es posible desplegar dos docenas de Harriers en el LHD, esto solo perjudicaría a los aviones de transporte: helicópteros y convertiplanos. Este tipo de ala aérea reduciría la velocidad tanto del desembarco de tropas como de su apoyo mediante el transporte urgente de refuerzos y carga, y la reduciría significativamente: aproximadamente un tercio de toda la carga y el personal que se lanza se transporta por aire. Esto es inaceptable en el contexto de una operación de desembarco.

Al mismo tiempo, manteniendo la flota de transporte necesaria y realizando el volumen de transporte aéreo requerido, el Wasp no puede utilizar más de 6-8 aviones VTOL.



¿Qué pueden hacer 6-8 aviones? Son más que suficientes para resolver con éxito las tareas de apoyo aéreo directo para la fuerza de desembarco: mantener varios aviones de ataque "en marcha", lanzarles ataques rápidos donde sea necesario, etc. Pero para aterrizar la fuerza de desembarco y simultáneamente proporcionar
defensa, la formación Wasp es incapaz de esto. Teóricamente, tal vez, podría proporcionar una patrulla las 24 horas del día con un par de Harriers sobre la cubierta, pero tal "patrullaje" es incapaz de proteger a la formación de los modernos aviones supersónicos portadores de misiles, algo que el conflicto de las Malvinas demostró muy bien. Y, por supuesto, un intento de proporcionar defensa aérea para la formación solo puede llevarse a cabo a expensas del apoyo a la fuerza de desembarco.

Por lo tanto, la máxima defensa aérea que un LHD clase Wasp podría proporcionar durante una operación de desembarco era un par de Harriers con misiles aire-aire en cubierta, totalmente preparados para despegar. Pero tal patrulla solo tendría sentido si el avión enemigo fuera detectado a cientos de kilómetros de la formación, lo que, de nuevo, requeriría un avión AWACS, es decir, un portaaviones completo. Si nos basamos únicamente en radares embarcados y ELINT, dicha patrulla sería, en general, inútil, ya que simplemente no tendría tiempo para despegar e interceptar la amenaza. Esto, una vez más, quedó demostrado en el conflicto de las Malvinas.

Si dejamos de lado las operaciones de desembarco y consideramos el uso del Wasp como portaaviones ligero, el panorama no es mejor. Y para comprobarlo, basta con comparar este LHD con un portaaviones ligero de construcción especial, o incluso con el Invincible británico.

El Invincible es considerablemente más ligero: 16 toneladas británicas de desplazamiento estándar frente a las 000 mil toneladas del Wasp. Al mismo tiempo, es considerablemente más rápido: 28,2 nudos frente a 28. El indicador de velocidad es muy importante para un portaaviones: debe ser capaz de moverse rápidamente al lugar correcto y también de escapar rápidamente de un ataque. El LHD puede prescindir de esto, ya que opera en una zona donde las fuerzas aliadas han conquistado la supremacía aérea y marítima. Por lo tanto, al Wasp le basta con una velocidad de crucero equivalente a la de los buques de escolta (destructores, fragatas, etc.), pero se puede sacrificar una velocidad máxima elevada para aumentar la capacidad de carga, etc.

Así, el Invincible es más ligero y rápido, pero a la vez cuenta con un grupo aéreo similar: hasta 18 aviones VTOL con cuatro helicópteros, frente a los 20 aviones VTOL con seis helicópteros del Wasp.

Sobre el tamaño del grupo aéreo

Cabe señalar que el número total de aeronaves que un buque puede llevar a bordo y el número de aeronaves que puede utilizar en combate son "dos grandes diferencias", como dicen en Odessa.

Uno de los principales parámetros que determina la capacidad de combate real de un portaaviones es el área y las dimensiones geométricas de su cubierta de vuelo. En pocas palabras, un portaaviones en condiciones de combate puede utilizar exactamente tantas aeronaves como pueda llevar en su cubierta de vuelo sin interferir con las operaciones de despegue y aterrizaje.

Todo es simple: en una situación de combate, en cualquier momento puede requerirse tanto un despegue como un aterrizaje de emergencia. Por lo tanto, las áreas correspondientes, bastante extensas, para el despegue y aterrizaje de aeronaves deben permanecer libres. Si se observan las capacidades de la cubierta de vuelo del portaaviones de despegue rápido tipo "Wasp", resulta evidente que el máximo de aeronaves VTOL tipo "Harrier II", que puede utilizarse en condiciones de combate (con un recorrido de despegue corto), no supera las 14-15 aeronaves.


Es posible colocar dos docenas de Harriers en su cubierta de vuelo, pero deberán despegar estrictamente verticalmente, sin una carrera de despegue corta, lo que tendrá un impacto muy significativo en la carga de combate y el tiempo que los aviones VTOL pueden permanecer en el aire.

Al mismo tiempo, los Invincibles británicos, mucho más ligeros y rápidos, fueron capaces de acomodar al menos 12 aviones VTOL en su cubierta de vuelo, lo que se demostró en el conflicto de las Malvinas. Posteriormente, la carga típica en la versión de ataque del ala aérea Invincible fue de 6 a 8 Harriers GR.7 y 7 Harriers FA.2, es decir, 13 a 15 aviones. Por cierto, el Hermes, el segundo portaaviones británico en luchar en las Malvinas, elevó 16 aviones VTOL en el aire en 4 minutos durante la ceremonia de despedida de la flota. El Hermes podía transportar fácilmente entre 18 y 20 aviones, dado que su desplazamiento estándar, aunque mayor que el del Invincible (23,9 mil toneladas), era aún menor que el del Wasp.

Por qué? Al fin y al cabo, la cabina de vuelo de los Invincibles es relativamente pequeña.

Sobre las ventajas del trampolín

Como es sabido, un salto de esquí permite elevar en el aire aeronaves VTOL con un peso de despegue significativamente mayor que el de un despegue vertical.

Los Harrier, tanto terrestres como marítimos, contaban con dos opciones principales de despegue (de hecho, existen más): vertical y corto. Sin embargo, este último no pudo implementarse plenamente en portaaviones de cubierta plana, ya que la corta longitud de despegue de las aeronaves VTOL británicas superaba los 300 m. Al fin y al cabo, la longitud máxima del mismo Wasp es de 257,3 m, pero la cubierta de vuelo es algo más corta (desafortunadamente, no encontré sus dimensiones exactas).

Por consiguiente, si se instala el mismo Harrier II en la popa del Wasp y se le permite acelerar a lo largo de toda la cubierta de vuelo, podrá despegar con un peso de despegue mayor que con un despegue vertical. E incluso si es menor que el máximo, sigue siendo mejor que un despegue vertical. Después de todo, el mayor peso al despegue de un avión VTOL implica un mayor radio de combate, más munición y un mayor tiempo de patrulla.

Además, hay menos aviones en la cabina de vuelo, ya que la pista designada para operaciones de despegue no puede utilizarse para prepararlos para el despegue ni para aterrizarlos.

En 1988, el avión AV-8B Harrier II del Cuerpo de Marines de EE. UU. realizó una serie de vuelos de prueba desde el portaaviones ligero español Príncipe de Asturias. Se descubrió que la carrera de despegue en los 230 m de longitud de la cubierta del LHD de Tarawa equivalía a una carrera de despegue de 90 m desde un portaaviones equipado con una rampa de salto de esquí con un ángulo de inclinación de 12 grados. ¿A qué se debe esto?

Para maximizar el peso al despegue de los aviones VTOL, los LHD de "cubierta plana" se ven obligados a dejar un espacio (franja) a lo largo de toda la eslora del buque para las operaciones de despegue. Pero con 14-15 aviones en cubierta, es imposible realizar operaciones de despegue y aterrizaje simultáneamente en esta pista, ya que en este caso no hay más espacio para que aterricen los aviones VTOL. Los LHD cuentan, por así decirlo, con dos pistas para colocar aviones: una (a la izquierda) se extiende a lo largo de toda la cabina de vuelo, y la otra (a la derecha) también está dividida por una superestructura. Si la pista izquierda está libre para el despegue de los aviones y la derecha está bloqueada, ¿dónde se supone que deben aterrizar los aviones VTOL?

En consecuencia, para garantizar las operaciones de despegue y aterrizaje, el LHD se ve obligado a dejar espacio en la pista derecha, reduciendo así el número de aviones en la cabina de vuelo, o a ocupar espacio en la pista izquierda para el aterrizaje de los aviones VTOL. Pero en este caso, la corta carrera de despegue de los aviones VTOL se acorta aún más, y su peso al despegue, y por lo tanto su capacidad de combate, se reduce significativamente.

Los Invincibles británicos no tenían estos problemas. Sus cubiertas de vuelo tampoco eran especialmente grandes. Pero al usar un trampolín de salto de esquí, estos portaaviones redujeron drásticamente el espacio necesario para despegues VTOL, liberando espacio para operaciones de aterrizaje. 



Por supuesto, en teoría, nada impide que el LHD esté equipado con un trampolín, pero es importante entender que esto supone un peso adicional. Por ejemplo, en el Invincible, el trampolín, junto con los refuerzos, pesaba 200 toneladas. Esta era la versión inicial, con un ángulo de inclinación de 7 grados, que no era óptimo, pero permitía disparar el lanzador del sistema de misiles de defensa aérea Sea Dart, ubicado en la proa del buque. Posteriormente, el ángulo de inclinación se incrementó a 12 grados, lo que obviamente conllevó un aumento de peso en la estructura; al fin y al cabo, la carga sobre ella aumentó.


Así, fue posible "incrementar" el LHD clase Wasp, y me sorprende un poco que no se hiciera. Pero hay que entender que el precio de tal decisión fue un aumento del desplazamiento del buque, o habría sido necesario reducir la masa de carga que transportaba.

La conclusión de lo anterior es muy simple: el LHD clase Wasp ciertamente puede usarse como portaaviones ligero, pero es una solución muy deficiente. El Wasp, como portaaviones, es como el mismo "perro que camina sobre dos patas; nunca lo hará bien, pero a todos les sorprende que lo haga".

¿Pero quizás el Wasp sea un mal ejemplo? ¿Es posible construir un LHD que pueda desempeñar eficazmente la función de portaaviones ligero? Los estadounidenses lo intentaron, y esto es lo que sucedió.




viernes, 12 de junio de 2026

FAA: La fabricación artesanal de chaff

Con una máquina de hacer tallarines:  La historia del ingenioso invento que salvó la vida de varios pilotos en Malvinas.





El Comodoro (Ret) VGM Fernando Rezoagli -Jefe del Grupo Técnico 2- recuerda cómo reprodujo, “con lo que tenía a mano”, un sofisticado método de defensa contra los ataques de misiles.
Se escribieron muchos relatos marcados por la urgencia de las Fuerzas Armadas argentinas al enfrentar una disparidad tecnológica frente al enemigo. Y en cada una de estas historias apareció el ingenio argentino como un recurso inesperado, hábilmente desplegado para equilibrar el tablero de la batalla. En marzo de 1982, la Fuerza Aérea Argentina contaba con aeronaves de alto desempeño, mantenidas con meticulosidad, pero con sistemas de aviónica desactualizados y, en el caso de los aviones Canberra, un armamento de defensa insuficiente para hacer frente a los objetivos británicos. En este contexto, precisamente en el caso de los mencionados bombarderos, la carencia de un sistema de autodefensa como el “chaff”, una herramienta disuasiva elemental, se transformó en un desafío crítico que demandaba una solución pronta, eficaz y realizada con los recursos escasos disponibles.



Una tecnología simple, pero eficaz: ¿qué es el chaff?
Era, y sigue siendo, un método de defensa efectivo para los aviones militares. Funciona de la siguiente manera. Para un avión es difícil, sino imposible, escaparle a un misil. Los misiles dotados con una cabeza de guiado que emite ondas de radio que chocan con el fuselaje de la aeronave, rebotan y vuelven a la cabeza guiada, dándole así la ubicación precisa de su objetivo, el rumbo que lleva y su velocidad. Así, persiguen a su blanco hasta el momento del impacto.
Y aquí es donde entran en juego el “chaff”, compuesto por unas finas láminas metálicas que la aeronave dispersa en el aire cuando el piloto detecta que está siendo perseguido por un proyectil. Estas láminas forman una nube metálica que refleja las ondas de radio hacia la cabeza guiada del misil, que se concentra en ellas en lugar de seguir al avión, de modo que cuando el misil alcanza la nube de chaff, explota, y el piloto observa la detonación desde la distancia.
Los bombarderos, en particular, sin “chaff” se convertían en un blanco fácil. Lo necesitaban con urgencia.
Por suerte, esta desventaja fue sobrellevada con puro ingenio argentino. La figura principal de esta historia es una máquina cuyo producto final, los tallarines, no guardaba relación alguna con la guerra.
La otra figura es la del comodoro Fernando Rezoagli, ingeniero aeronáutico, que en 1982 era jefe del Escuadrón Técnico desplegado con los aviones bombarderos Canberra en la Base Aérea Militar Trelew. En una entrevista con LA NACION, Rezoagli repasa lo acontecimientos de este invento único, que resultó efectivo y salvó la vida de muchos aviadores.
-Fernando, ¿cómo empieza esta historia?
-Cuando se produjo la recuperación de las Islas Malvinas, el 2 de abril de 1982, yo tenía el grado de mayor y acababa de llegar destinado a la Segunda Brigada Aérea. Se me asignó el cargo de jefe del Escuadrón Control, con responsabilidad de mantenimiento de todos los aviones de la Brigada, entre los cuales estaba el Canberra. Fui sorprendido, como todos, por este trascendental acontecimiento que se estaba desarrollando: habíamos recuperado las Malvinas. Y si bien todavía no teníamos ninguna orden de desplegar los aviones, era evidente que no tardaría en llegar.... El capitán Rivolier, piloto del Grupo 2 de Bombardeo, se me presentó para informarme que los aviones Canberra no disponían de contramedidas electrónicas como chaff y bengalas por lo tanto comencé a pensar en una solución.



-¿Qué tan posible era lograr esa tecnología con los recursos con los que usted contaba?
-Para que fueran efectivos, yo sabía que los chaff debían medir un cuarto de la longitud de onda del radar de guiado de los misiles británicos. Ese dato ya lo tenía, así que pude determinar la longitud que debían tener los chaff, que resultó ser de siete centímetros. Entonces retiré del depósito un rollo de aluminio que se utilizaba para envolver los tubos de escape de los motores del Canberra y disipar calor. Llamé por teléfono a mi hijo mayor, que tenía 15 años y andaba en tercer año de la escuela secundaria, y le dije que reuniera en casa a tres o cuatro compañeros y que llevaran cada uno una tijera. Y le pedí que le dijera lo mismo a su hermano menor, de 13 años, que andaba en primer año.



-¿Fabricaron “chaff” a mano?
-Llevé a mi casa el tubo de papel de aluminio. Ya estaban reunidos mis hijos con los compañeros que habían citado, todos con sus tijeras. Les expliqué para qué servían los “chaff” y les dije que ellos iban a colaborar con la defensa de la patria. Los chicos estaban encantados de poder hacer esa tarea. Comenzaron a cortar las tiritas de aluminio. Esa tarde junté varias y se las mostré al Jefe del Grupo Técnico, comodoro Valenzuela. Lógicamente, asumimos que la cantidad era insuficiente y que se debía buscar la forma de producirlas en mayor cantidad. Da la casualidad que al lado nuestro se encontraba presente el suboficial mayor Tomasso, que nos escuchó y nos dijo que él tenía una idea que podía servir... se trataba de utilizar una máquina para hacer tallarines, aprovechando que el ancho de estos era similar al de los “chaff”. Al día siguiente, apareció en el Grupo Técnico con una máquina industrial que le prestaron en un tallarinera local llamada “Nápoli”. Y empezamos a darle a la manija, las 24 horas del día durante, aproximadamente, una semana.



-¿Cuál era el paso siguiente?
-Había que desarrollar el sistema de lanzamiento, para lo que utilizamos los cartuchos de arranque de los motores del Canberra. Estos, mediante un iniciador eléctrico, liberaban aire comprimido a muy alta presión que se lo hacía entrar a la turbina de cada motor y la hacían girar a gran velocidad para lograr su arranque. Luego, los cartuchos quedaban inutilizados para el fin que tenían y se guardaban en el depósito para ser enviados a recargar para una nueva utilización. Nosotros decidimos usarlos para el lanzamiento de los “chaff” y las bengalas.
-¿Cómo funcionaban?
-En los cartuchos de arranque colocábamos primero la bengala con un paracaídas, luego se completaba su volumen con chaff y finalmente una tapa plástica que sostenía todos los elementos para evitar que se cayeran. Luego construimos un cilindro metálico que contenía siete cartuchos, a los cuales se los alimentaban eléctricamente con una manguera de cables que llegaba hasta el tablero del navegador. Cada uno tenía su llave de activación y una luz roja que indicaba que había sido disparado. El sistema ya estaba listo para montar en los aviones, pero decidimos hacer una prueba de funcionamiento. Colocamos dos cartuchos armados ya con bengala y chaff, uno en cada patín de aterrizaje de un helicóptero Hughes, y le pedimos al piloto que en vuelo estacionario a 200 metros sobre la plataforma de estacionamiento procediera al lanzamiento. Fue una gran alegría que todos festejamos cuando los dos cartuchos fueron lanzados e inmediatamente vimos brillar las bengalas encendidas, suspendidas de sus paracaídas, y una nube de chaff alrededor de cada una. Con esta prueba realizada exitosamente, decidimos comenzar con el montaje en los Canberra. Tuvimos que hacer un agujero en el piso del avión, en la cola, para instalar el cilindro que contenía los siete cartuchos, que quedó soldado y firmemente adherido a la chapa. Ese montaje se hizo en el primer avión, a los restantes se les fabricó un arco de chapa que copiaba la curvatura del fuselaje en la parte de la parte trasera que se adhería al mismo cargando los siete tubos y eso nos permitía evitar de agujerear el piso. Cuando los Canberra llegaron a Trelew, que era nuestra base de despliegue asignada, ya tenían instalada esta contramedida pasiva, pero nunca había sido probada.

“El estado de ánimo estaba por el piso”

El 1° de mayo, cuando comenzaron las hostilidades, el escuadrón de los Canberra recibió la orden de enviar tres escuadrillas de cuatro aviones, es decir, todos los ejemplares disponibles, que eran 12. La primera escuadrilla, a cargo del capitán Juan José Noriega, se encontró con un mal escenario. “Posiblemente por una mala información de inteligencia, se dio de lleno con la flota inglesa y así fue que el avión de De Ibáñez y González recibió el impacto de un misil y fue derribado”, cuenta Rezoagli. “Los tripulantes se eyectaron pero nunca se los encontró, transformándose así en los primeros de nuestro escuadrón en dar la vida por la patria”, agrega.
-¿Y los otros aviones?
-Los otros escaparon haciendo maniobras evasivas y lanzando chaff y bengalas, e informaron por radio a las otras dos escuadrillas que regresaran porque no podrían pasar. Al regresar todos -menos uno- sin haber cumplido con la misión y luego de la pérdida de dos camaradas, el estado de ánimo de la base aérea estaba por el suelo. Durante la cena, casi nadie hablaba.
-¿La baja fue producida por uno de los misiles que usted había estudiado?
-Sí, por un Sea Dart, lo cual me puso manos a la obra para estudiarlo más. Repasé el manual del misil. Me quedé toda la noche leyéndolo, pero antes del amanecer ya había obtenido lo que andaba buscando. Ese día hablé con el entonces mayor Vivas, Jefe del Escuadrón Aéreo, y le pedí que me reuniera los pilotos y navegadores en el aula. Todavía recuerdo la cara de preocupación que llevaban todos.

“El Sea Dart tenía 4 debilidades”

-¿Qué les dijo?
-Primero les hablé de las fortalezas del misil, cosa que contribuyó a desalentarlos aún más, pero luego les informé que el misil también tenía debilidades y que debíamos saber aprovecharlas.



-¿Cuáles eran esas debilidades?
-Había cuatro, pero la más importante era que el misil dejaba de recibir información sobre la posición del avión enemigo dos segundos después de ser lanzado. Luego, seguía solo. Esto quería decir que si podíamos ver el momento del lanzamiento, fuera por el humo si era de día o por el fogonazo de noche, había que dejar pasar dos segundos y producir un violento cambio de rumbo mientras comenzábamos a lanzar chaff y bengalas. Y así lo podríamos confundir.
-¿Funcionó esa estrategia?
-No volvieron a derribarnos un avión durante muchas misiones, hasta la última noche de combate, en que fue derribado el Canberra de los capitanes Pastrán y Casado. No estaban enterados de que se había producido la rendición. Fueron vistos y les tiraron un misil. Ellos no lo vieron, por lo que no lanzaron chaff. Eso lo puedo asegurar porque le pregunté personalmente a Pastrán, que gracias a Dios pudo salvar su vida por haberse eyectado.
-¿Qué reflexión hace sobre esta historia, a 42 años de la finalización del conflicto en el Atlántico Sur?
-Podemos concluir que este sencillo ingenio, construido sin costo alguno, con medios materiales simples como una máquina de fabricar tallarines y tiritas de aluminio, nos permitió salvar la vida de nuestros pilotos y evitar el derribo de sus aviones, contrarrestando así la alta tecnología misilística de una de las primeras potencias del mundo. Dejo aclarado que yo trabajé únicamente con los Canberra que eran mi responsabilidad de mantenimiento. La prueba de la eficiencia de esta contramedida está en que los aviones Canberra sufrieron solamente dos derribos: uno el primer día de combate porque el piloto fue tomado por sorpresa y no lanzó chaff y bengala, y el otro el último día de combate por el mismo motivo.
Por: Mariano Chaluleu
(www.lanacion.com.ar)

miércoles, 10 de junio de 2026

Cañón naval Mk. 8 de 114mm

Cañón naval de carga automática Mark 8 de 4,5 pulgadas en una fragata Tipo 21 de la Marina Real disparando a principios de la década de 1970.

sábado, 6 de junio de 2026

Las lecciones de los pilotos argentinos a la guerra aérea

Las lecciones aeronavales dejadas por la acción argentina en Malvinas





 𝑇𝑎𝑜 𝑀𝑎𝑟𝑖𝑎𝑛 (Damsellet)🥀❄️🇦🇷
@Taomichiba
El mundo al ver como la Fuerza Aérea Argentina hundió e inutilizo buques de la Royal Navy británica y como las pérdidas navales británicas fueron las más graves desde la Segunda Guerra Mundial, cambio rotundamente todo después del conflicto.

1. El uso exitoso de los misiles Exocet por parte de la FAA (especialmente desde los Super Étendard) demostró el poder destructivo de los misiles antibuque guiados. El hundimiento del HMS Sheffield fue un shock para las marinas occidentales.
Ya que expuso vulnerabilidades en buques modernos frente a este tipo de armamento.

Las armadas del mundo aceleraron el desarrollo y la integración de sistemas de defensa antimisiles más avanzados, como el CIWS (Close-In Weapon System, ej. Phalanx) y mejores contramedidas electrónicas

2. La FAA operó en desventaja, sin bases aéreas en las islas y con aviones que debían volar largas distancias desde el continente, lo que limitaba su tiempo de combate sobre los objetivos.

A pesar de esto, lograron infligir daños significativos, lo que destacó la importancia de la aviación en conflictos navales.

Los británicos, por su parte, dependían de los Harrier con capacidad VTOL, sin embargo, los ataques a baja altura de los aviones argentinos (Skyhawk y Dagger) a menudo eludieron los radares británicos, exponiendo limitaciones en la detección y respuesta.

También se impulsó el desarrollo de sistemas de radar más avanzados para detectar amenazas a baja altitud y se priorizó la integración de aviones AWACS (como el E-3 Sentry) para mejorar la coordinación aérea. También se reforzó la necesidad de una superioridad aérea absoluta.

3. La campaña británica en Malvinas dependía de desembarcos anfibios (como en San Carlos), que fueron atacados intensamente por la FAA. Estos ataques mostraron cuán vulnerables son las fuerzas navales y terrestres durante las fases iniciales de un desembarco.

Las armadas comenzaron a enfatizar la protección de zonas de desembarco con mejores defensas antiaéreas, cobertura aérea más robusta y tácticas para neutralizar amenazas aéreas antes de iniciar operaciones anfibias.

4. UK demostró una capacidad impresionante para proyectar poder militar a 13.000 km de su territorio, algo que pocos países podían igualar en 1982. Sin embargo, la FAA mostró que una fuerza más pequeña, pero determinada, podía complicar significativamente esas operaciones.

Las potencias militares revisaron sus cadenas logísticas para operaciones de larga distancia, asegurándose de tener mejores capacidades de reabastecimiento en el mar y en el aire, sin descartar ser la superioridad aérea al momento de operar.

5. Los ataques argentinos a menudo se realizaron sin sistemas avanzados de guerra electrónica, confiando en tácticas de vuelo a baja altura para evadir radares. Esto tuvo éxito parcial, pero también expuso a los aviones a defensas antiaéreas británicas.

Se aceleró el desarrollo de tecnologías de guerra electrónica, incluyendo sistemas de interferencia (jamming) y señuelos para misiles. Las fuerzas aéreas comenzaron a integrar estas capacidades en sus aviones de combate para mejorar su supervivencia.

6. Los pilotos argentinos mostraron un alto grado de valentía y habilidad, enfrentándose a una fuerza tecnológicamente superior en condiciones adversas, sus éxitos, a pesar de estas limitaciones, resaltaron la importancia del entrenamiento y la determinación de los pilotos.

Las fuerzas armadas de todo el mundo reforzaron la importancia de un entrenamiento riguroso y tácticas innovadoras para compensar desventajas tecnológicas. Esto también llevó a un mayor énfasis en la moral y la cohesión de las unidades.

7. La guerra demostró que conflictos localizados podían tener implicaciones globales, especialmente en el contexto de la Guerra Fría. La OTAN y otros bloques revisaron sus estrategias para conflictos en regiones remotas y como prepararse en tal escenario.

Los países comenzaron a prestar más atención a la preparación para conflictos inesperados en áreas periféricas, lo que influyó en la planificación militar de las décadas siguientes.

Malvinas fue la cachetada a las potencias de que un país con poco desarrollo militar y tecnológico podían hacerle frente y retroceder a una potencia de aquél momento (hoy no, hoy si se asustan te tiran una nuke y adiós mundo).

jueves, 4 de junio de 2026

SAM: Sistemas de misiles antiaéreos británicos (1/2)

Sistemas de misiles antiaéreos británicos

Parte 1 || Parte 2
Revista Militar (original en ruso)




El trabajo en los primeros misiles antiaéreos británicos comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. Como calcularon los economistas británicos, el costo de los proyectiles de artillería antiaéreos consumidos fue casi igual al costo de un bombardero caído. Al mismo tiempo, era muy tentador crear un interceptor piloto remoto de una sola vez que garantizara la destrucción del reconocimiento o bombardero a gran altitud enemigo.

El primer trabajo en esta dirección comenzó en 1943. El proyecto, llamado Braikemina (English Brakemine), preveía la creación del misil antiaéreo guiado más simple y económico.

Como sistema de propulsión, se utilizó un grupo de ocho motores de combustible sólido de misiles antiaéreos no guiados de 76 mm. Se suponía que el lanzamiento se realizaría desde la plataforma de los cañones antiaéreos de 94 mm. Misiles de guía transportados en el haz del radar. La altura estimada de la lesión debía alcanzar los 10.000 m.

A finales de 1944, comenzaron los lanzamientos de prueba, sin embargo, debido a numerosos fallos de funcionamiento, el trabajo de desarrollo de misiles se retrasó. Después de que terminó la guerra, debido a la pérdida de interés de los militares en este tema, se detuvieron los fondos para el trabajo.

En 1944, la compañía Fairey comenzó a trabajar en la creación de un misil antiaéreo de combustible sólido controlado por radio "Stud" (inglés Stooge - simulador). Como aceleradores de lanzamiento, se utilizaron varios motores de misiles antiaéreos de 76 mm. Cuatro motores de cohetes no guiados Swallow de 5 pulgadas sirvieron como motores de marcha.


SAM "Stud"

La financiación del trabajo fue realizada por el departamento naval, que necesitaba un medio eficaz para proteger a los buques de guerra de los ataques de los kamikazes japoneses.

En las pruebas que comenzaron en 1945, el cohete alcanzó una velocidad de 840 km / h. Se fabricaron y probaron 12 misiles. Sin embargo, en 1947, todo el trabajo sobre este tema se detuvo debido a una clara falta de perspectivas.

Sobre los misiles antiaéreos en el reino de la isla recordados después del advenimiento de las armas nucleares en la URSS. Los bombarderos soviéticos Tu-4 de largo alcance, que actúan desde aeródromos en la parte europea del país, podrían alcanzar cualquier objeto en el Reino Unido. Y aunque los aviones soviéticos tendrían que volar sobre el territorio de Europa occidental, saturados de defensa aérea estadounidense, sin embargo, tal escenario no podría ser completamente excluido.

A principios de los años 50, el gobierno británico asignó fondos significativos para modernizar los existentes y desarrollar nuevos sistemas de defensa aérea. De acuerdo con estos planes, se anunció una competencia para la creación de un sistema de defensa aérea de largo alcance que podría combatir a los prometedores bombarderos soviéticos.

A la competencia asistieron English Electric y Bristol. Los proyectos presentados por ambas empresas, en términos de sus características, fueron en gran medida similares. Como resultado, el liderazgo británico en caso de falla de una de las opciones decidió desarrollar ambas.

Los cohetes creados por English Electric - Thunderbird ("Petrel" en inglés) y Bristol - "Bloodhound" ("Hound" en inglés) fueron incluso muy similares en apariencia. Ambos misiles tenían un cuerpo cilíndrico estrecho con un radomo cónico y una unidad de cola desarrollada. Se instalaron cuatro propulsores sólidos de lanzamiento en las superficies laterales de los misiles. Para la orientación de misiles de ambos tipos, se suponía que debía usar el radar radar "Ferranti" tipo 83.

Inicialmente, se suponía que el lanzador de misiles Thunderbird usaría un motor de propulsión líquida de dos componentes. Sin embargo, los militares insistieron en usar un motor de combustible sólido. Esto retrasó un poco la adopción del complejo antiaéreo y limitó sus capacidades en el futuro.


SAM Thunderbird


Al mismo tiempo, los cohetes de combustible sólido eran mucho más simples, seguros y económicos de mantener. No requerían una infraestructura engorrosa para repostar, entregar y almacenar combustible líquido.

Las pruebas del cohete Thunderbird, que comenzó a mediados de los años 50, a diferencia de su competidor, el misil Bloodhound, se desarrollaron sin problemas. Como resultado, el Thunderbird estaba listo para ser adoptado mucho antes. En este sentido, las fuerzas terrestres decidieron abandonar el apoyo al proyecto de Bristol, y el futuro del misil antiaéreo Bloodhound estaba en duda. El sabueso fue salvado por la Royal Air Force. Los representantes de la Fuerza Aérea, a pesar de la falta de conocimiento y numerosos problemas técnicos, percibieron un gran potencial en un cohete con motores de propulsión líquida ramjet.

El Thunderbird entró en servicio en 1958, por delante del Bloodhound. Este complejo reemplazó los cañones antiaéreos de 94 mm en los regimientos de defensa antiaérea pesados ​​36 y 37 de las fuerzas terrestres. Cada regimiento tenía tres baterías antiaéreas del sistema de defensa aérea Thunderbird. La batería incluía: designación y orientación del objetivo del radar, puesto de control, generadores diesel y 4-8 lanzadores.

Para su época, el lanzador de misiles de combustible sólido Thunderbird tenía buenas características. Un misil con una longitud de 6350 mm y un diámetro de 527 mm en la variante Mk 1 tenía un alcance de puntería de 40 km y un alcance de 20 km. El primer sistema de misiles de defensa aérea S-75 de masa soviética tenía características similares de alcance y altitud, pero utilizaba un cohete cuyo motor principal funcionaba con combustible líquido y un oxidante.

A diferencia de los misiles antiaéreos soviéticos y estadounidenses de primera generación, que usaban un sistema de guía de comando por radio, los británicos desde el principio planearon un cabezal de referencia semi-activo para los sistemas de defensa aérea Thunderbird y Bloodhound. El radar de iluminación del objetivo se utilizó para capturar, rastrear y guiar misiles al objetivo, iluminó el objetivo para el GOS de un misil antiaéreo, que apuntaba a la señal reflejada desde el objetivo. Este método de guía tenía mayor precisión en comparación con el comando de radio y no dependía tanto de la habilidad del operador de guía. De hecho, para la derrota fue suficiente para mantener el rayo del radar en el blanco. En la URSS, los sistemas de defensa aérea con dicho sistema de guía S-200 y "Square" aparecieron solo en la segunda mitad de los años 60.

Las baterías antiaéreas formadas inicialmente sirvieron como guardia para importantes instalaciones industriales y militares en las Islas Británicas. Después de adaptarse a una condición de trabajo y adoptar el sistema de defensa aérea Bloodhound, que se encargó de defender el Reino Unido, todos los regimientos de misiles antiaéreos de las fuerzas terrestres con el sistema de defensa aérea Thunderbird fueron transferidos al Ejército del Rin en el FRG. 



En las décadas de 1950 y 1960, los aviones a reacción de combate se desarrollaron a un ritmo muy rápido. En este sentido, en 1965, el sistema de defensa aérea Thunderbird se modernizó para mejorar el rendimiento de combate. El radar de seguimiento y guía de pulso fue reemplazado por una estación más potente y resistente al ruido que opera en el modo de radiación continua. Debido al aumento en el nivel de la señal reflejada desde el objetivo, fue posible disparar a objetivos que vuelan a una altura de hasta 50 metros. El cohete en sí también fue mejorado. La introducción de un nuevo motor de marcha más potente y potenciadores de arranque en la variante Thunderbird Mk. II permitió aumentar el alcance de tiro hasta 60 km.

Pero las capacidades del complejo para combatir objetivos de maniobra activa eran limitadas, y representaba un peligro real solo para los bombarderos voluminosos de largo alcance. A pesar del uso de misiles propulsores sólidos altamente avanzados con buscador semiactivo como parte de este sistema de defensa aérea británico, no se usó ampliamente fuera del Reino Unido.


En 1967, Arabia Saudita compró varias modificaciones de Thunderbird Mk eliminadas del servicio en el Reino Unido. I. El interés en este complejo mostró Libia, Zambia y Finlandia. Los finlandeses fueron enviados a probar varios SAM con PU, pero más allá de esto, el asunto no avanzó.

En los años 70, el Thunderbird comenzó a eliminarse gradualmente a medida que llegaban nuevos sistemas de baja altitud. El comando del ejército llegó a la conclusión de que la principal amenaza para las unidades terrestres no eran los bombarderos pesados, sino helicópteros y aviones de ataque que este complejo bastante voluminoso y de baja movilidad no podía combatir de manera efectiva. Los últimos sistemas de defensa aérea Thunderbird fueron retirados del servicio en las unidades de defensa aérea del ejército británico en 1977.

El destino del competidor, el sistema de defensa aérea Bloodhound de Bristol, a pesar de las dificultades iniciales con el desarrollo del complejo, fue más exitoso.

En comparación con el Thunderbird, el misil Bloodhound era más grande. Su longitud era 7700 mm y un diámetro de 546 mm, el peso del cohete superó los 2050 kg. El alcance de lanzamiento de la primera opción fue un poco más de 35 km, que es comparable al alcance de tiro del sistema de defensa de combustible sólido estadounidense MIM-23B HAWK, mucho más compacto y de baja altitud.


SAM "Bloodhound"


El SAM "Bloodhound" tenía un diseño muy inusual, ya que un sistema de propulsión marchaba utilizaba dos motores Ramjet "Tor", que funcionaban con combustible líquido. Se montaron motores en marcha en paralelo en las partes superior e inferior del casco. Para acelerar el cohete a la velocidad a la que podían operar los ramjets, se utilizaron cuatro propulsores de combustible sólido. Los aceleradores y parte del plumaje se reiniciaron después de que el cohete se aceleró y los motores de marcha comenzaron a funcionar. Los motores de marcha de flujo directo dispersaron el cohete en la sección activa a una velocidad de 2.2 M.

Aunque el mismo método y radar de iluminación que el utilizado en el sistema de defensa aérea Thunderbird se utilizó para apuntar a los misiles Bloodhound, el equipo terrestre del Hound era mucho más complicado que el equipo terrestre del Burevestnik.

Para determinar la trayectoria óptima y el momento del lanzamiento del misil antiaéreo como parte del complejo Bloodhound, se utilizó una de las primeras computadoras de producción británicas, Ferranti Argus. Diferencia con el sistema de defensa aérea Thunderbird: en la batería antiaérea Bloodhound, se proporcionaron dos radares de objetivos, que permitieron lanzar todos los misiles en una posición de disparo a dos objetivos aéreos enemigos con un intervalo corto.

Como ya se mencionó, el desarrollo de los misiles Bloodhound fue muy difícil. Esto se debió principalmente al funcionamiento inestable y poco confiable de los motores ramjet. Los resultados satisfactorios de la operación de los motores de marcha se lograron solo después de aproximadamente 500 pruebas de fuego de los motores Thor y lanzamientos de pruebas de misiles, que se llevaron a cabo en el sitio de prueba australiano de Woomera.



A pesar de algunas deficiencias, los representantes de la Fuerza Aérea acogieron favorablemente el complejo. Desde 1959, el sistema de misiles de defensa aérea Bloodhound ha estado en servicio de combate, cubriendo bases aéreas en las que se desplegaron bombarderos Vulcan de largo alcance británicos.

A pesar del mayor costo y complejidad, las ventajas del Bloodhound fueron un excelente rendimiento de fuego. Lo que se logró por la presencia en la batería de fuego de dos guías de radar y una gran cantidad de misiles antiaéreos listos para el combate en posición. Alrededor de cada radar de iluminación había ocho lanzadores con misiles, mientras que los misiles se controlaban y guiaban desde un solo puesto centralizado.

Otra ventaja significativa de los misiles Bloodhound en comparación con el Thunderbird fue su mejor maniobrabilidad. Esto se logró debido a la ubicación de las superficies de control cerca del centro de gravedad. El aumento en la velocidad de giro del cohete en el plano vertical también se obtuvo cambiando la cantidad de combustible suministrado a uno de los motores.

Casi simultáneamente con el SAM Thunderbird Mk. II, la Fuerza Aérea de la Real Fuerza Aérea entró en el Bloodhound Mk. II Este sistema de defensa aérea superó en muchos aspectos a su rival originalmente más exitoso.



El misil antiaéreo del Bloodhound modernizado se hizo 760 mm más largo, su peso aumentó en 250 kg. Debido al aumento en la cantidad de queroseno a bordo y al uso de motores más potentes, la velocidad aumentó a 2.7M y el rango de vuelo hasta 85 km, es decir, casi 2.5 veces. El complejo recibió una nueva y potente guía de radar antiinterferencias del Ferranti Type 86 "Firelight". Existía la posibilidad de rastrear y disparar objetivos a baja altitud.


Radar Ferranti Tipo 86 "Firelight"

En este radar había un canal de comunicación separado con el misil, a través del cual la señal recibida por el jefe de referencia del misil antiaéreo se transmitía al puesto de control. Esto permitió la selección efectiva de objetivos falsos y la supresión de interferencias.

Gracias a la modernización cardinal de los misiles complejos y antiaéreos, no solo aumentó la velocidad de los misiles y el alcance de la destrucción, sino que también aumentó significativamente la precisión y la probabilidad de alcanzar el objetivo.

Al igual que los sistemas de defensa aérea Thunderbird, las baterías Bloodhound sirvieron en Alemania Occidental, pero después de 1975 todos regresaron a su tierra natal, ya que el liderazgo británico decidió una vez más fortalecer la defensa aérea de las islas.

En ese momento, en la URSS, los bombarderos Su-24 comenzaron a ingresar al armamento de los regimientos de bombardeo de primera línea. Según el comando británico, habiendo penetrado a baja altitud, podrían lanzar ataques de bombardeo repentinos sobre objetivos estratégicamente importantes.

Las posiciones fortificadas se equiparon para los sistemas de misiles de defensa aérea Bloodhound en el Reino Unido, mientras que la guía de radar se montó en torres especiales de 15 metros, lo que aumentó la capacidad de disparar a objetivos de baja altitud.

Bloodhound disfrutó de cierto éxito en el mercado extranjero. Los australianos fueron los primeros en recibirlos en 1961, era una variante del Bloodhound Mk I, que sirvió en el Continente Verde hasta 1969. Los siguientes fueron los suecos, que compraron nueve baterías en 1965. Después de que Singapur obtuvo su independencia, los complejos del 65 ° escuadrón de la Royal Air Force permanecieron en este país.




SAM Bloodhound Mk.II en el Museo de la Fuerza Aérea de Singapur

En el Reino Unido, los últimos sistemas de defensa aérea Bloodhound fueron retirados del servicio de combate en 1991. En Singapur, estuvieron en servicio hasta 1990. Los Bloodhounds duraron más tiempo en Suecia, habiendo servido durante más de 40 años, hasta 1999.

Poco después de la adopción de los sistemas de defensa aérea de la Marina Real de Gran Bretaña del sistema de defensa aérea de corto alcance Sea Kat, el comando de las fuerzas terrestres se interesó en este complejo.

Según el principio de funcionamiento y diseño de las partes principales, la variante de tierra, llamada Tigercat (Tigercat inglés - marsupial marten o tigre gato), no difería del sistema de defensa aérea Sea Kat. El desarrollador y fabricante de las versiones terrestres y marítimas del sistema de defensa aérea fue la compañía británica Shorts Brothers. Para adaptar el complejo de acuerdo con los requisitos de las unidades de tierra, Harland participó.

El sistemas de defensa aérea Tigercat: un lanzador con misiles antiaéreos y sistemas de guía se ubicaron en dos remolques que remolcaban vehículos de campo a través de Land Rover. Un lanzador móvil con tres misiles y un puesto de guía de misiles podría viajar en carreteras pavimentadas a velocidades de hasta 40 km / h.


PU SAM Tigercat

En la posición de disparo, el poste de guía y los lanzadores se colgaron de los Tigercats sin separación de la transmisión de la rueda y se conectaron entre sí mediante líneas de cable. La transición de viajar al combate tomó 15 minutos. Al igual que en el sistema de defensa aérea de la nave, se cargaron 68 kg de misiles en los lanzadores manualmente.

En la estación de orientación con el lugar de trabajo del operador, equipado con equipos de comunicación y vigilancia, había un conjunto de equipos informáticos analógicos para generar comandos de guía y una estación para transmitir comandos de radio al cohete.

Al igual que en el complejo marino Sea Cat, el operador de guía, después de la detección visual del objetivo, "capturaba" y guiaba el misil antiaéreo, luego de lanzarlo a través de un dispositivo óptico binocular, controlando su vuelo con la ayuda de un joystick.

Operador de orientación SAM "Tigercat"

Idealmente, la designación del objetivo se llevó a cabo desde el radar de la encuesta de situación en el aire a través del canal de radio VHF o por equipos de observadores ubicados a cierta distancia de la posición SAM. Esto hizo posible que el operador de orientación se preparara para el lanzamiento por adelantado y desplegara el lanzador de misiles en la dirección deseada.

Sin embargo, incluso durante los ejercicios, esto no siempre funcionó, y el operador tuvo que buscar e identificar el objetivo de forma independiente, lo que provocó un retraso en la apertura del fuego. Dado el hecho de que el lanzador de misiles Tigercat voló a una velocidad subsónica, y a menudo se persiguió el disparo, la efectividad del complejo en aviones de combate a reacción no era alta cuando se puso en servicio en la segunda mitad de los años 60.

Después de pruebas bastante largas, a pesar de las deficiencias identificadas, el sistema de misiles de defensa aérea Tigercat fue adoptado oficialmente por el Reino Unido a fines de 1967, lo que causó una gran emoción en los medios británicos, impulsado por el fabricante para pedidos de exportación.


Página en una revista británica con una descripción del sistema de defensa aérea Tigercat


En las Fuerzas Armadas británicas, los sistemas Tigercat se suministraron principalmente a unidades antiaéreas, que anteriormente tenían cañones antiaéreos Bofors de 40 mm en servicio.

Después de una serie de campos de tiro en aviones de destino controlados por radio, el comando de la Fuerza Aérea era bastante escéptico sobre las capacidades de este sistema de defensa aérea. La derrota de los objetivos de alta velocidad y maniobras intensivas era imposible. A diferencia de los cañones antiaéreos, no se podía usar de noche y en condiciones de poca visibilidad.

Por lo tanto, la edad del sistema de defensa aérea Tigercat en las fuerzas armadas británicas, a diferencia de su contraparte naval, fue de corta duración. A mediados de los años 70, todos los sistemas de defensa aérea de este tipo fueron reemplazados por sistemas más avanzados. Incluso el conservadurismo británico, la alta movilidad, el transporte aéreo y el costo relativamente bajo de equipos y misiles antiaéreos no ayudaron.


A pesar de que el complejo estaba desactualizado a principios de los años 70 y no correspondía a las realidades modernas, esto no impidió que vendiera los sistemas de defensa aérea Tigercat retirados del servicio en el Reino Unido a otros países. El primer pedido de exportación vino de Irán en 1966, incluso antes de que el complejo fuera adoptado formalmente en Inglaterra. Además de Irán, los Tigercat fueron adquiridos por Argentina, Qatar, India, Zambia y Sudáfrica.

El uso de combate de este sistema de defensa aérea era limitado. En 1982, los argentinos los desplegaron en las Malvinas. Se cree que lograron dañar a un Sea Harrier británico. Lo cómico de la situación es que los complejos utilizados por los argentinos antes que estaban en servicio en el Reino Unido y después de la venta se usaron contra los antiguos propietarios. Sin embargo, los marines británicos nuevamente los regresaron a su patria histórica, capturando varios sistemas de defensa aérea intactos.

Además de Argentina, el Tigercat fue utilizado en combate en Irán durante la guerra Irán-Iraq. Pero no hay datos confiables sobre los éxitos militares de los cálculos antiaéreos iraníes. En Sudáfrica, que está llevando a cabo hostilidades en Namibia y el sur de Angola, el sistema de defensa aérea Tigercat, que recibió la designación local Hilda, sirvió para proporcionar defensa aérea para bases aéreas y nunca se lanzó para objetivos aéreos reales. La mayoría de los sistemas de defensa aérea de Tigercat fueron retirados del servicio a principios de la década de 1990, pero en Irán continuaron formalmente en servicio al menos hasta 2005.


martes, 2 de junio de 2026

Rendimiento de la artillería británica en las islas


La artillería británica en la Operación Corporate






La artillería británica jugó un papel crucial durante la Operación Corporate, especialmente en la Batalla de Monte Longdon, la Batalla de Monte Harriet y la Batalla de Two Sisters. Estas fueron confrontaciones clave donde el uso efectivo de la artillería contribuyó significativamente a la victoria británica. El apoyo de la artillería fue fundamental para debilitar las posiciones enemigas antes de los asaltos de la infantería, proporcionar fuego de supresión durante los avances y detener los contraataques argentinos. El principal éxito de la artillería británica durante la campaña fue su uso efectivo de la artillería ligera en terrenos difíciles y en condiciones climáticas adversas, especialmente con el cañón ligero L118 de 105 mm. Estos cañones eran ligeros, lo que permitía su rápido despliegue en el terreno accidentado de las Malvinas, y fueron fundamentales para proporcionar apoyo de fuego continuo.

El mayor éxito de la artillería británica puede atribuirse a su versatilidad y capacidad para operar en circunstancias desafiantes. La Real Artillería hizo un uso extensivo de estos cañones de 105 mm, a menudo desplegándolos por helicóptero para alcanzar posiciones avanzadas. La capacidad de reposicionarse rápidamente y mantener una alta tasa de fuego fue crucial para interrumpir las defensas argentinas y proteger a las fuerzas británicas en avance. La coordinación del fuego de artillería también fue una ventaja significativa, lo que permitió a los británicos entregar fuego preciso y sostenido contra las posiciones atrincheradas argentinas en terrenos elevados clave, contribuyendo directamente al éxito de las operaciones terrestres.

Por otro lado, la artillería argentina, aunque comparable en número, sufrió de deficiencias logísticas y operacionales. Las fuerzas argentinas contaban con una mezcla de sistemas de artillería más antiguos, incluidos obuses de 105 mm OTO Melara Mod 56 y cañones de campaña CITER de 155 mm. A pesar de sus esfuerzos, la artillería argentina fue menos efectiva debido a la mala coordinación de fuego, suministro limitado de municiones y dificultades para reposicionar sus cañones en el terreno difícil de las Malvinas. Aunque la artillería argentina pudo entregar fuego preciso durante las primeras etapas del conflicto, no pudieron mantener esta efectividad a medida que las fuerzas británicas ganaron superioridad aérea y naval, lo que complicó aún más las líneas de suministro argentinas.

En la Campaña de las Malvinas (Operación Corporate), los británicos desplegaron aproximadamente 30 piezas de artillería, principalmente cañones ligeros L118 de 105 mm. Estas estaban divididas entre dos unidades principales de artillería: el 29º Regimiento de Comandos con 18 piezas y el 4º Regimiento de Campo con 12 piezas. Las fuerzas argentinas contaban con una combinación de sistemas de artillería, incluidos 16 obuses OTO Melara de 105 mm y 4 cañones de campaña CITER de 155 mm.

Aquí tienes un desglose más detallado:

Comparación Cuantitativa de Piezas de Artillería en la Operación Corporate

LadoNúmero de piezas de artilleríaTipos de artillería
Británico30Cañones ligeros L118 de 105 mm (divididos entre el 29º Regimiento de Comandos y el 4º Regimiento de Campo)
Argentino2016 x obuses OTO Melara de 105 mm, 4 x cañones de campaña CITER de 155 mm

Estas piezas de artillería desempeñaron roles clave en varias batallas importantes, como la Batalla de Monte Longdon, Two Sisters y Monte Harriet. La artillería británica resultó muy efectiva, proporcionando apoyo de fuego continuo y suprimiendo las posiciones argentinas, a pesar de las condiciones desafiantes.

Las fuerzas británicas dependieron en gran medida de sus cañones ligeros L118, que eran más móviles y adecuados para el entorno de las Malvinas. En contraste, la artillería argentina fue en gran parte estática, y sus cañones más pesados resultaron difíciles de reposicionar y mantener, lo que limitó su efectividad general en las últimas etapas de la campaña.

Resumen de:

Landry, C. D. (2002). British Artillery During Operation Corporate. United States Marine Corps, Command and Staff College. Marine Corps University.