lunes, 6 de abril de 2026

Malvinizando en Punta Alta

Durante la jornada, estudiantes integrantes de distintos Centros de Estudiantes participaron de una recorrida por el Museo de Malvinas y de un espacio de intercambio con veteranos, donde pudieron conocer en profundidad sus vivencias, reflexiones y aprendizajes vinculados a la causa Malvinas.

Posteriormente, se impulsó la formación de estudiantes promotores de la Causa Malvinas, brindándoles herramientas pedagógicas y acompañamiento para que puedan replicar lo aprendido en sus instituciones educativas.

El programa prevé, además, la realización de la jornada escolar “Malvinizar desde las aulas”, donde los propios estudiantes, junto a docentes y equipos directivos, coordinan actividades como exposiciones, conversatorios, muestras y propuestas artísticas, deportivas y culturales, promoviendo la reflexión sobre la soberanía, la memoria y la identidad nacional.

Desde el Municipio se continúa impulsando este tipo de iniciativas que buscan sostener la Causa Malvinas en el tiempo, acercándola a las nuevas generaciones y promoviendo una construcción colectiva de la memoria, se dijo desde el área de Prensa de la comuna local.


En redes

En Punta Alta, el programa de "Malvinización" es impulsado fuertemente por el Centro de Veteranos de Guerra y Familiares de Caídos, enfocado en mantener viva la memoria, testimoniar "Historias Vivas" en redes sociales y reconocer a enfermeras civiles del Hospital Naval Puerto Belgrano. Realizan actos, vigilias y actividades comunitarias.

El centro es un punto central de actividades, difusión de testimonios de veteranos, y conexión con familiares de caídos.

Recientemente se realizó un nuevo homenaje a la Asociación de Enfermeras Civiles por Malvinas 1982 por su labor crucial en el Hospital Naval Puerto Belgrano.

Entre sus actividades para conservar la Memoria Viva, se llevan adelante las vigilias tradicionales esperando el 2 de Abril, izado de pabellón y marcha de Malvinas, y la competencia pedestre.

En redes se pueden encontrar material de importancia en Facebook con el nombre del centro, instagram, youtube cvgmde puntaalta, o bien se pueden visitar las instalaciones y el museo, ubicados en Villanueva 375 (esquina Paso).

La institución fundada el 30 de junio de 1999, tiene como premisa brindar contención y asistencia.

El Archivo Histórico Municipal, por su parte, documenta la experiencia civil de Punta Alta durante los 74 días del conflicto.

Vigilia

A medida que se acerca el día de conmemoración, se renueva la memoria y el reconocimiento, se expresa desde el Centro.

"El 2 de abril es una fecha muy significativa para nuestro país".

"En este día se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, recordando a quienes participaron del conflicto de 1982 y a quienes dieron su vida por la Patria".

"Por eso, los invitamos a acompañarnos en la vigilia del 2 de abril, un espacio de memoria y encuentro para honrar a nuestros Veteranos de Guerra y recordar a quienes dieron sus vidas en las islas del Atlántico Sur".

Reflexión

En su página de Facebook, los integrantes de la institución compartieron:

“Hay que estar ahí para vivirlo.

Cada tripulante lo vivió de una manera distinta.

Cada protagonista tiene su recuerdo.

Cada historia, su propio punto de vista.

No hay una sola mirada.

Hay muchas experiencias que merecen ser escuchadas.

Por eso, es tan importante registrar cada testimonio.

Porque la memoria se construye con todas las voces.

Mientras haya quien recuerde y quien escuche, la historia seguirá viva".

18 competencia pedestre – 44 aniversario 

La media maratón “Gesta de Malvinas” será el próximo 5 de abril, a las 9.

Distancias: 5K VGM, 10,5K, 21K, marcha aeróbica familiar (4 km – no competitiva y sin costo).

Habrá remeras especiales para los primeros 250 anotados.

La inscripción se recibe en Villanueva 375 y mediante www.bahiacorre.com.ar

Los valores fueron fijados en $30.000 con remera + pulsera de fiscalización y  $10.000 sin remera.

Consultas: 2901-509146 (Héctor Santillán VGM).

"Correr, acompañar y mantener viva la memoria, en honor a los héroes". Ese es el propósito de este encuentro que se lleva adelante todos los años.

domingo, 29 de marzo de 2026

Malvinas: El ataque simultáneo multidireccional de la sección del Capitán Philippi

Una sola cosa importaba...



  

Nuestro vasto adiestramiento en ataques simulados a buques de nuestra flota durante años, nos permitió realizar el ataque con éxito contra la Ardent. Lo primero que hicimos fue separarnos, uno por izquierda, otro al centro y otro a la derecha. Esto ocasionó que el buque debiera dispersar su poder de fuego sobre tres blancos diferentes ocasionado la perdida de fuego concentrado. Su sistema de control de tiro tendría que elegir a uno de nosotros y tratar de derribarlo, pero los otros dos aviones llegarían seguro a la distancia necesaria. Ahí estaba nuestra oportunidad. No pudieron con ninguno de nosotros tres. Lancé primero mis bombas y una dio de lleno contra el buque. El teniente Arca, segundo en el ataque, lanzó sus bombas y se metió dentro del hongo de fuego producido por mi impacto. También acertó con una bomba. El teniente Márquez, último en la formación, fue espectador del ataque y nos confirmó los impactos. Además, conociendo su capacidad, seguramente su lanzamiento tuvo similares resultados.

‘Escapamos por la misma’, les ordené por radio a mis pilotos. Quise decir ‘por el mismo lugar que ingresamos’. Sin avistar actividad enemiga, iniciamos nuestro escape hacia Río Grande, nuestra base. En ese momento, no sabíamos que dos Sea Harrier ingleses volaban encima nuestro. No podíamos verlos debido al mal tiempo. Solo supe de ellos cuando el teniente Márquez rompió el silencio de radio alertándonos: ‘¡Harrier! ¡Harrier!’. Casi de inmediato, un golpe, un mazazo, golpeó mi avión. Me habían dado.



El avión, fuera de control, comenzó a encabritarse. El bastón de comando no respondió a mis llamados y, en ascenso, el avión se dirigió hacia un techo de nubes que descargaba la lluvia sobre mi parabrisas. Llevé el acelerador hacia atrás y tampoco obtuve respuesta, volaba a casi mil kilómetros por hora. El manual del avión indica que uno debe realizar la maniobra de eyección por debajo de los 350 nudos (648 km por hora). Realizarla por encima de esa velocidad puede ser letal, incluyendo desmembramiento del cuerpo o lesiones en hombros y caderas.

Accioné el freno de picada para intentar reducir la velocidad y tampoco respondió. Me di vuelta para ver qué ocurría detrás mío y, para mi sorpresa, observé al Sea Harrier que me había lanzado el misil acercándose para rematarme con cañones a corta distancia. Llamé a mis dos numerales y les informé que me encontraba bien, sin daños físicos, y que me eyectaba.

Accioné de la manija inferior y una explosión ocupó mis sentidos. Un último pensamiento me abordó: ‘me estoy desnucando como el teniente Peña’. Y luego me desmayé. El Teniente Peña, piloto de A-4Q, falleció en 1972 durante su eyección al engancharse la manguera de oxígeno en el acelerador, desnucándolo.



El capitán Alberto Philippi, lanzado a casi mil kilómetros por hora, impactó contra la masa de aire. Entonces, ocurrió el primer milagro: su cuerpo no se desmembró. El segundo milagro vino en su ayuda a continuación: el asiento eyectable, con su cohete vencido, funcionó en altura. Philippi atravesó la tormenta, emergió por encima de las nubes y continuó su ascenso hacia un sol brillante y un cielo límpido. Rodó por el aire y una sorpresiva explosión controlada lo separó de su asiento. Ambos cayeron al vacío hundiéndose otra vez en la nubosidad.

Descendió sin conocimiento, a casi 200 km por hora. Tercer milagro: el pequeño paracaídas extractor realizó su trabajo inicial obligando a que el paracaídas principal procediese a su apertura. En pocos segundos la vela naranja del paracaídas flotó en el aire depositando al piloto inconsciente sobre el mar. Philippi abrió sus ojos y entre la cortina de agua observó una escena dantesca: delante suyo volaba el A-4Q del teniente José César Arca perseguido por un Sea Harrier que trataba de abatirlo con fuego de cañón”.

Luego de la eyección, mi casco y máscara de oxígeno quedaron desacomodados. Tuve que luchar para sacármelos. En ese momento creí que no tendrían más utilidad y los dejé caer al mar. El paracaídas, de color naranja, funcionó bien: floté en el aire, tuve un buen contacto con el mar y, cuando comenzaba a hundirme, la vela del paracaídas se infló sobre la superficie y me arrastró por encima de las olas. Me liberé del paracaídas y nadé hasta la orilla.



El capitán Philippi iba a volver a Malvinas. “Tenían planes para mí”, dijo en entrevista con LA NACIÓN, descubriendo una fotografía que guarda con recelo desde hace 40 años. Allí a aparece junto a los recordados Gansos Salvajes, nombre que adoptaron los pilotos retirados de la Marina que estaban volando en aerolíneas comerciales y se presentaron como voluntarios para combatir en Malvinas. Ellos, liderados por Philippi, conformaron la escuadrilla Águila, que se aprestaba para combatir a los británicos.

Cuenta Philippi: “La fotografía fue tomada a comienzos de junio en la Base Aeronaval Comandante Espora. En ella estoy recibiendo a ex pilotos de A-4Q que fueron convocados para formar una nueva escuadrilla que reemplazaría, en Río Grande, al Capitán Castro Fox, que continuaba sus operaciones con sus últimos cuatros aviones y sin relevos.

Hubiera sido el Comandante de la nueva escuadrilla de A-4E provistos de un armamento mucho mejor que el que disponíamos en nuestros A-4Q. Sin embargo los planes se desmoronaron al ser interceptados los misiles por los servicios secretos británicos apenas comenzaban su traslado a nuestro país desde Sudáfrica. También se le sumó la presión de los Estados Unidos a Israel para que no nos vendiera esos aviones.

Los pilotos que me acompañarían eran aviadores navales que se habían retirado o volaban como pilotos en líneas aéreas. Sin embargo, ninguno faltó a la convocatoria. Volvieron dejando todo de lado, en calidad de voluntarios. En ese momento una sola cosa importaba, nos llamaba la Patria”.

Fuente: Claudio Meunier - La Nación
Imágenes:
-Capitán Alberto Philippi (arriba), foto por Pablo Cersosimo.
-Skyhawk A-4Q de la Aviación Naval. (Alex Klichowski).
-Escuadrilla "Águila", liderada por Philippi (cuarto de izq. a der.) quien estaba decidido volver a seguir combatiendo en Malvinas. Foto: Alberto Philippi.


jueves, 26 de marzo de 2026

Francisco Watt, santafescosés de la RAF a Malvinas

Watt, de la RAF a Malvinas


Francisco Watt, argentino de ascendencia escocesa, nacido en Santa Fe hizo hasta el tercer grado de primaria, Cumplió su sueño de volar, fue comandante de bombardero Lancaster en la Real Fuerza Aérea Británica durante la segunda guerra mundial,perdió a sus 2 hermanos en combate.
Gracias a la experiencia de la guerra en Europa, fue uno de los primeros fundadores de la línea aérea Austral. También presentó con la Fuerza Aérea Argentina en 1982 para prestar servicios en Malvinas en apoyo logístico. Nieto de Clara Allyn, maestra traída por Sarmiento desde EE.UU para abrir las primeras escuelas públicas en Argentina.


martes, 24 de marzo de 2026

Dagger escapa por el estrecho luego de atacar a la Flota


Mirage Dagger argentino se aleja del callejón de las bombas después de atacar su blanco, en la foto se pueden ver también los marinos británicos que nada pudieron hacer...

domingo, 22 de marzo de 2026

Soldado Horacio Echave: Su muerte, homenaje y dolor de su madre



La conmovedora historia de la madre de un soldado caído en Malvinas: cómo fue el día que visitó su tumba en Darwin

Nélida murió dos días antes de finalizar el 2024. Antes, pudo identificar el cuerpo de Horacio Echave y visitar las islas. El relato de la despedida del soldado que viajó a las islas desde Mercedes. El abrazo final y la angustia por la falta de información

Por Adrián Pignatelli || Infobae
Nélida Montoya, mamá del soldado Echave, cerrado un capítulo frente a la tumba de su hijo, cuyos restos fueron identificados en 2017 (Familia Echave)

A los Echave, Malvinas los golpeó de la peor forma. Las hermanas de Horacio recuerdan perfectamente aquella noche cuando a punto de cenar asado al horno con papas paró un jeep del ejército en la puerta de la casa y dos militares les comunicaron que Horacio estaba desaparecido. Quedaron grabados los gritos de desesperación de Nélida, que no entendía lo que pasaba y no concebía cómo no podían darle precisiones de lo que había pasado en Malvinas con su Horacito, su hijo mayor, que ella no pretendía ningún reconocimiento ni medalla, que solo lo quería de vuelta con ella.

El ritual se repetía cada vez que Horacio debía regresar al regimiento de infantería 6, donde hacía el servicio militar. Los padres y hermanos lo acompañaban caminando hasta la parada del ómnibus, y lo que recuerda su hermana Analía, que entonces tenía siete años, es que siempre iba sonriente y que antes de subir al micro, se daba un abrazo fuerte con su papá Horacio Dámaso.

(Comisión de familiares de caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur)

Siempre de buen humor y de tener muchos amigos, era bromista con sus hermanas Liliana, Marcela, Susana, Analía y Vanesa (la siguiente María Julieta nació en 1981 y falleció a los tres días) y le gustaba disfrazarse para hacerlas asustar. Ya más grande, cuando ellas iban a bailar, las acompañaba de regreso a casa y luego se volvía al boliche. Para su madre Nélida, era un chico dulce, cariñoso, que bailaba a las maravillas el rock, que le gustaba ir a pescar y “todas esas cosas” y que soñaba con convertirse en maquinista.

Había nacido en Bolívar el 22 de junio de 1962 y desde muy chico la familia se radicó en Lobos por el trabajo del papá. Hizo la primaria en la N° 1 Pilar Beltrán, la más antigua de esa localidad. El primer año de secundaria en el Nacional de esa ciudad, un par de años en la técnica industrial y luego, como el estudio no era lo suyo, abandonó para trabajar con un vecino en la colocación de antenas. En Lobos todos lo conocían como “el topo”, por sus orejas.

Cuando entró al servicio militar, bromeaba que se engancharía en el ejército. Cuando la familia supo que el regimiento sería movilizado a las islas, tomaron el tren a Mercedes, porque aprovechaban el viaje gratis ya que el papá era ferroviario. Ese soleado lunes 12 de abril de 1982 llegaron casi corriendo junto a otras familias porque el tren se había atrasado, y vieron a Horacio colgado de la reja, esperándolos para despedirse.

Rodeado de sus hermanas: Liliana, Marcela, Susana y Analía (Analía Echave)

El último abrazo, interminable, fue con su papá. Ambos lloraban, y la mamá amagó a retarlos, que no iba a pasar nada, que así como iban volverían, quiso tranquilizar, aunque la procesión iba por dentro.

Era apuntador de FAL de la compañía B. Estaba en la tercera sección al mando del subteniente Esteban Vilgré Lamadrid. Escribió cuatro cartas desde las islas y cada vez que llegaba una, la madre se aliviaba, porque sabía que estaba bien, a pesar de su angustia al saber que sólo comían una vez al día. Cuando la mamá supo que estaba por el monte Dos Hermanas, se tranquilizó, porque pensó que la guerra se concentraría en Puerto Argentino. El les escribía que estaba defendiendo a la Patria, que se quedasen tranquilos.

En una oportunidad, Echave le pidió al corresponsal Rotondo que junto a su compañero Benítez les tomasen una fotografía así sus familias se quedarían tranquilas.

Echave y Benítez fotografiados en Puerto Argentino. Los soldados pensaron que, cuando se publicara, sus familias se tranquilizarían (Eduardo Rotondo)

En las primeras horas del 14 de junio, el último día de la guerra, fue cuando se produjeron la mayoría de las bajas del regimiento donde estaba Horacio, quien cayó junto a Horacio Balvidares por el fuego de la artillería inglesa, cuando ya estaban replegados sobre Puerto Argentino.

Nélida Esther Montoya, su mamá, nació el 6 de junio de 1943 en Hale, un pueblo del partido de Bolívar. De joven trabajaba en el campo. A su esposo Horacio Dámaso Echave lo conoció porque era ferroviario y alternaba destinos de trabajo en el interior bonaerense.

En Bolívar nació Horacio y al año y medio les gustó Lobos, se quedaron a vivir allí y formaron una familia.

Nélida en la inauguración de una plaza en Bolívar, con el nombre de su hijo

Apenas terminó la guerra Nélida -que escuchaba todo el día Radio Colonia en busca de noticias- trató de indagar y de saber qué había pasado con su hijo. Los Echave iban a la ruta por donde llegaban los camiones del Ejército con los soldados, preguntaban por Horacio. Al principio tenían la esperanza de que se hubiera bajado antes y que tal vez fuera camino a casa.

Fue un duro impacto cuando semanas después de finalizada la guerra, un par de militares fueron a su casa, a la hora de la cena -un asado al horno con papas terminó quemado porque nadie le prestó atención- a comunicarle que su hijo estaba desaparecido. Solo recibieron gritos de desesperación y de muchos por qué sin respuesta. A su lado, su marido permanecía inmutable, mientras medio pueblo de Lobos se había agolpado en la puerta de la casa.

Allí sus hijos se enteraron de que su mamá estaba embarazada de Juan Pablo, noticia que había ocultado por vergüenza. “Esperemos que a tu mamá esta noticia no le afecte el embarazo”, comentaban los vecinos. Cuando su hija Andrea le preguntó si estaba encinta, respondió que sí y luego se largó a llorar.

Fue Nélida que decidió donar la placa que por años señaló la tumba de su hijo como "soldado argentino solo conocido por Dios", al pueblo de Lobos, como un agradecimiento a los vecinos por tantos años de ayuda y contención

Juan Pablo nació en octubre. Ella pensaba que si tenía otro varón fuera a tener que hacer el servicio militar, y eso la aterraba.

Horacio nunca supo que iba a tener un hermano. La familia había conocido ya el dolor: en 1981 había fallecido María Julieta, una hija de tres días y recuerdan que Horacio pidió permiso en el cuartel, ya que estaba haciendo el servicio militar, para estar con su familia.

Nélida se involucró y participó activamente de la inauguración de lo que los hijos aseguran es la primera y única biblioteca manejada por veteranos de Malvinas, que se levantó hace 25 años en el predio del ferrocarril en Lobos.

Al padre de Horacio, Malvinas le dolía mucho, no hablaba del tema. Y el día en que una comisión integrada por representantes del Equipo Argentino de Antropología Forense, la Cruz Roja, el escribano general de la Nación y no recuerdan qué otros funcionarios más fueron el 15 de diciembre de 2017 a notificar la identificación de su hijo, estaba en cama y no quiso levantarse. “¿Encontraron a Horacito? ¿Está muerto?” atinó a preguntar. Falleció a consecuencia de un Epoc el 1 de julio de 2018. Nunca quiso viajar a las islas, decía que se encontraría con su hijo en el cielo.

Cuando se identificaron los restos, fue cuando la familia admitió que “no lo esperaría más”. Su mamá dijo que ya no era un soldado sólo conocido por Dios, “sino por nosotros también”.

"Madres de Malvinas", un título que bien define a Nélida y a tantas mujeres durante los últimos cuarenta años

Para Nélida, la identificación fue una pequeña victoria, porque había sido una de las primeras mamás en insistir en que se hicieran los análisis de ADN. Siempre le pedía a su hija Analía que estuviese con ella en las tantísimas notas periodísticas que brindó, porque su misión siempre fue la de encontrar a su hijo.

En esas entrevistas, los hijos descubrieron a “una mamá nueva”, desprovista de esa rígida coraza que nunca se quitaba. En la vida cotidiana era una persona cerrada en sí misma, que no manifestaba sus sentimientos y que si la habían visto llorar tres veces, era mucho. Intuían que lo hacía cuando estaba sola. En la familia entendieron que todo lo hacía por Horacio. Caso contrario de su marido, más emocional y sentimetal.

En marzo de 2018 su hija Analía la acompañó en el viaje de familiares de caídos al cementerio de Darwin. Para ella Malvinas le había quitado su hijo, pero también sabía que era el último lugar que había pisado.

Ella ya había ido tres veces antes, y como ignoraba en qué tumba estaba enterrado su hijo, besaba todas las cruces. Siempre llevaba flores y rosarios.

Su último viaje a Darwin fue distinto porque pudo visitar la tumba con el nombre. Fue un esfuerzo muy grande, ya estaba muy cansada, usaba bastón para movilizarse y por nada del mundo quiso llegar al cementerio en silla de ruedas, tal como se lo ofrecieron. Que ella llegaría caminando, que si su hijo se había sacrificado, ella también lo haría. Ayudada por una asistente de la Cruz Roja traspuso la puerta del cementerio. Confesó su temor de no encontrar la sepultura.

Estuvo dos horas sentada frente a la sepultura y lo más doloroso fue la despedida, porque no quería dejar solo a Horacio.

Cuando fue el último viaje el 5 de diciembre pasado, sus hijas no le comentaron nada, ya que estaba internada en la ciudad de La Plata. Cuando se enteró, días después, lloró mucho. La consolaron diciéndole que debía recuperarse, así podría ir en el viaje programado para marzo de este año.

Cuando la enfermedad comenzó a hacerse sentir, sus hijas Analía y Vanesa la representaban en actos. A Analía le quedó grabado la emoción que sintieron en el homenaje celebrado en la Escuela N° 1 Pilar Beltrán cuando recibieron diplomas los que habían egresado de la primaria hace 50 años, que era la promoción de su hermano Horacio.

Cuando le tocaron nombrarlo, estalló una cerrada ovación, gritos de “héroe” y de vivas a la Patria, y sus viejos compañeros las sorprendieron entregándole un diploma, firmado por todos, “en reconocimiento al héroe de Malvinas Horacio Echave”.

El 4 de julio del año pasado, la placa de “Soldado sólo conocido por Dios” que cubría su tumba sin nombre en Darwin, identificada como B.1.4, se colocó en la Plaza 1810 de Lobos, y Nélida pudo estar presente. En junio del 2019 en el barrio 181 de la ciudad de Bolívar, donde Horacio nació, se inauguró una plaza con su nombre.

Sostenía que la muerte de su hijo le había provocado una herida que se cerraría con su propia muerte. En los días finales, con su cama ortopédica acondicionada en la cocina porque no entraba en la habitación, se preocupó de que hubiera una vela encendida en un altarcito que ella había armado con las fotos de su hijo y de su marido.

El domingo 29 de diciembre, en su agonía, llamó mucho a su hijo. Dos minutos antes de la medianoche, falleció rodeada de toda su familia. Tenía 81 años, y 35 batalló para lograr el reconocimiento de aquellos soldados que eran conocidos solo por Dios, pero que ahora eran conocidos por todos.

Fuentes: Analía, Andrea Susana, Vanesa y Juan Pablo Echave