Aviones de la FAB volaron con los colores argentinos durante la Guerra de Malvinas
Aviones de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) volaron con los colores argentinos durante la Guerra de Malvinas, patrullaron el Atlántico, colaboraron en la localización de buques británicos para ataques aéreos y marcaron el debut de Embraer en un conflicto armado real.
Fernando B. || Sociedade Militar

EMB-111 «Bandeirulha» volando con los colores argentinos sobre el Atlántico.
A pesar de la posición de neutralidad diplomática adoptada por Brasil durante la Guerra de Malvinas, el conflicto entre Argentina y el Reino Unido por el control de las islas en 1982, la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) y la entonces incipiente industria aeronáutica de ese país realizaron una contribución poco conocida a las Fuerzas Armadas argentinas durante uno de los períodos más tensos de la historia reciente de América del Sur.
Décadas antes de que los A-29 Super Tucano de Embraer participaran en operaciones contra las FARC al servicio de la Fuerza Aérea Colombiana, dos aviones de patrulla marítima EMB-111 «Bandeirulha» marcaron el debut de aeronaves del fabricante brasileño en un conflicto real, mediante un contrato de alquiler establecido entre la FAB y las fuerzas argentinas.
Los aviones de fabricación brasileña fueron empleados en misiones de reconocimiento y vigilancia en el Atlántico Sur, ayudando a los argentinos a localizar buques británicos durante el conflicto, en el marco de la difícil tarea de enfrentar a una poderosa fuerza naval integrada por más de 100 embarcaciones.
La operación constituye un episodio poco conocido de la historia militar brasileña y muestra cómo la industria aeronáutica de ese país y los medios de la FAB tuvieron una participación indirecta en uno de los principales conflictos militares sudamericanos del siglo XX.
La división de Defensa y Seguridad de Embraer comenzó a tomar forma en la década de 1960 y se consolidó en 1971 con el EMB-326 Xavante, fabricado por Embraer bajo licencia de la empresa italiana Aermacchi. Se trataba de un avión de entrenamiento avanzado y ataque ligero. En 1973 apareció el EMB-110 Bandeirante, concebido originalmente como avión regional de transporte de pasajeros, pero que dentro de la FAB recibió la designación militar C-95 y fue utilizado para transporte de tropas y carga.
Del Bandeirante surgió el EMB-111, inicialmente denominado «Bandeirante Patrulha» y posteriormente conocido como «Bandeirulha», una combinación de ambos términos. Presentado en 1977, estaba destinado principalmente a misiones de patrulla marítima, reconocimiento, búsqueda y rescate.
El 11 de abril de 1978 se entregaron las primeras tres unidades, de un pedido inicial de doce aeronaves, al 1.º Escuadrón del 7.º Grupo de Aviación, con base en Salvador de Bahía. En los años siguientes, la FAB llegó a operar 29 Bandeirulha. El modelo también prestó servicio en otros países, entre ellos Chile.
A la búsqueda de los buques británicos
En abril de 1982, el Reino Unido anunció una respuesta militar a la decisión de la Junta Militar argentina, encabezada por el general Leopoldo Galtieri, de recuperar las islas Malvinas, territorio cuya soberanía Argentina reclama desde el siglo XIX.
El Reino Unido movilizó entonces una gran fuerza de tareas de la Royal Navy, integrada por más de 100 buques y encabezada por los portaaviones HMS Hermes (R12) y HMS Invincible (R05), considerados esenciales para obtener superioridad aérea en la zona de operaciones.
La fuerza enviada al Atlántico Sur también incluía submarinos nucleares, destructores, fragatas, buques de asalto anfibio y logísticos, además de numerosos barcos mercantes y auxiliares civiles requisados para apoyar la operación.
La Armada Argentina contaba con recursos más limitados, pero durante la primera etapa de la guerra optó por desplegar su fuerza de superficie en grupos de combate organizados alrededor del portaaviones ARA 25 de Mayo y del crucero ARA General Belgrano. El objetivo era amenazar las líneas de aproximación británicas y obligar a la fuerza adversaria a dividir sus medios.
El hundimiento del General Belgrano
La estrategia de confrontación naval directa cambió rápidamente después del hundimiento del crucero ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982 tras ser torpedeado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. Murieron 323 tripulantes argentinos.
Tras la pérdida de uno de sus principales buques de combate, el mando naval argentino dispuso que la mayor parte de las unidades de superficie regresara a aguas próximas al continente, reduciendo considerablemente su participación directa en operaciones contra la flota británica.
A partir de ese momento, buena parte de la responsabilidad de atacar a la Royal Navy recayó sobre la Aviación Naval y la Fuerza Aérea Argentina. Los Super Étendard armados con misiles antibuque AM39 Exocet se convirtieron en una de las principales armas argentinas contra la flota británica.
Para utilizarlos eficazmente, Argentina necesitaba medios capaces de realizar reconocimiento sobre una extensa superficie del Atlántico Sur, detectar los buques británicos y proporcionar información sobre su posición a los aviones encargados de ejecutar los ataques.
La llegada de los Embraer Bandeirulha
Uno de los principales problemas argentinos era la baja disponibilidad de los Lockheed P-2 Neptune y Grumman S-2 Tracker, las principales aeronaves utilizadas para búsqueda y localización de unidades navales enemigas.
En ese contexto se estableció un acuerdo con la Fuerza Aérea Brasileña para transferir temporalmente dos EMB-111 Bandeirulha, designados P-95 por la FAB, al Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina (COAN).
Los dos aviones cedidos fueron los P-95 7058 y P-95 7060. Antes de viajar a Argentina, fueron enviados a las instalaciones de Embraer en São José dos Campos, donde recibieron un esquema de pintura correspondiente a la Aviación Naval Argentina, con tonos de gris más oscuros que los utilizados habitualmente por la FAB. También llevaban la bandera argentina en el estabilizador vertical, como puede observarse en fotografías de la época.

Los Bandeirulha llegaron a Argentina el 12 de mayo de 1982 y recibieron equipos de apoyo electrónico similares a los utilizados por los Grumman S-2 Tracker argentinos para la detección de contactos navales.
Durante sus misiones en el Atlántico Sur, los aviones brasileños fueron operados, según los registros disponibles, por tripulaciones completamente argentinas.
De acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Defensa argentino citados por la fuente, los Embraer Bandeirulha realizaron 39 salidas para localizar unidades de la fuerza naval británica y acumularon 206 horas de vuelo. Su alcance representaba una ventaja respecto de los Tracker argentinos, ya que podían operar considerablemente al este de las islas, zona donde se encontraba gran parte de la fuerza naval británica.
Durante aproximadamente un mes, las aeronaves contribuyeron a establecer y confirmar el área de operaciones del grupo de batalla británico organizado alrededor de los portaaviones.
Ninguno de los dos aviones sufrió daños durante las operaciones. Sus últimas misiones se realizaron el 13 de junio de 1982, cuando efectuaron dos salidas sin localizar blancos. Después del final de las operaciones militares regresaron a Brasil.
El EMB-111 Bandeirulha tenía capacidad para cinco tripulantes y estaba equipado con dos motores turbohélice Pratt & Whitney PT6A-34 de 750 hp. Su peso máximo alcanzaba los 11.816 kilogramos, podía desarrollar una velocidad de aproximadamente 393 km/h y tenía una autonomía cercana a los 2.945 kilómetros.
El Bandeirulha también podía disponer de capacidad ofensiva mediante cuatro puntos de anclaje bajo las alas destinados a lanzadores de cohetes SBAT (Sistema Brasileiro Ar-Terra) de 70 mm. El SBAT era una familia de cohetes no guiados desarrollada en Brasil por Avibras.
El legado de Malvinas para Embraer
La Guerra de Malvinas terminó el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas en las islas, luego de 74 días de conflicto. Murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños.
Más de cuatro décadas después, la soberanía sobre las islas Malvinas continúa siendo objeto de una disputa entre Argentina y el Reino Unido. Londres mantiene el control efectivo del archipiélago, mientras que Argentina sostiene su reclamo de soberanía.
Una vez finalizada la guerra, los dos Bandeirulha que habían operado con las fuerzas argentinas fueron enviados nuevamente a Embraer, donde se realizaron los trabajos necesarios para devolverlos a su configuración brasileña antes de reincorporarse a sus respectivas unidades de la FAB.
El episodio permitió emplear en condiciones operativas reales una aeronave brasileña de reconocimiento marítimo y constituyó la primera participación de un producto de Embraer en el contexto de un conflicto armado.
La cooperación aeronáutica entre ambos países continuó después de la guerra. En octubre de 1982, Brasil acordó la venta de once aviones de entrenamiento y ataque AT-26 Xavante al Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina, destinados a contribuir a la recuperación de capacidades perdidas durante el conflicto.
Un avión desarrollado conjuntamente con Argentina
En 1986, durante los gobiernos de José Sarney en Brasil y Raúl Alfonsín en Argentina, ambos países anunciaron un programa conjunto para desarrollar un avión regional. Embraer se asoció con la Fábrica Militar de Aviones (FMA) argentina.
El proyecto dio origen al CBA-123 Vector, un avión turbohélice presurizado para 19 pasajeros concebido para ofrecer altas prestaciones en rutas regionales.
El primer vuelo se realizó el 18 de julio de 1990. El avión llegó a presentarse internacionalmente, pero el programa fue cancelado en 1991 sin alcanzar la certificación comercial. Los elevados costos de desarrollo, las dificultades financieras de las empresas participantes y los cambios experimentados por el mercado de la aviación regional hicieron inviable su continuidad.
La cooperación aeronáutica entre Argentina y Brasil, sin embargo, continuó. En 1987 Argentina comenzó a recibir aviones EMB-312 Tucano fabricados por Embraer para modernizar la formación de sus pilotos militares.
El pedido comprendía 30 aeronaves destinadas principalmente a la Escuela de Aviación Militar de Córdoba. Los Tucano fueron utilizados para el entrenamiento de pilotos de la Fuerza Aérea Argentina y también contribuyeron a la formación de aviadores de otras fuerzas.
Más recientemente, Argentina participó en otro programa importante de Embraer: el KC-390 Millennium. A través de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), instalada en Córdoba, la industria argentina fabrica componentes estructurales para el avión. Entre ellos se encuentran spoilers, carenados de flaps y puertas del tren de aterrizaje.

























