viernes, 21 de agosto de 2026
miércoles, 19 de agosto de 2026
lunes, 17 de agosto de 2026
sábado, 15 de agosto de 2026
2 de Abril: Héroes del desembarco
Desembarco en primera persona
𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘳𝘨𝘪𝘰 𝘙𝘶𝘣𝘦𝘯 𝘋𝘪𝘢𝘻 𝘤oncripto clase 63 𝘴𝘦𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯 𝘎𝘢𝘵𝘰
Sitio: Malvinas: Historias de coraje

Son las 4:30 am, Nos despiertan, la hora ha llegado. Me perisgno (otra cosa no se me ocurre) solo me encomiendo a dios y trato de controlar los nervios…. Que nadie se de cuenta, Nos aseamos, desayunamos rapido y de nuevo al sollado, terminamos de equiparnos, el personal de cuadros controla todos los equipos de cada uno. Tambien nos pintamos la cara, rapasamos mentalmente toda la instrucción que nos dieron desde que fuimos incorporados en el querido regimiento 25 de colonia sarmiento, esto no era un juego, seriamos protagonista de un desembarco anfibio y tal vez entrariamos en combate, Nos ponemos pasamontañas de lana y estamos listos para salir.
Llega la orden de marchar a la bodega de embarque y ya estamos en marcha. Una vez alli todo es increible, vemos mucho personal de la armada realizando maniobras, preparando los vehiculos anfibios en direccion a la salida del barco (aunque muchos de estos marinos tienen nuestra edad son verdaderos profesionales). El buque ARA Cabo San Antonio parece un gran monstruo con las fauces abiertas.
El teniente coronel Seineldin nos esperaba ya preparado para el desembarco, tenia la cara pintada para el combate, dos granadas colgadas del pecho y una ametralladora automatica. Para mi fue tranquilizador que el desembarcaria con nosotros, con el teniente coronel con nosotros no podiamos perder. Seineldin nos miraba uno a uno controlando que todo estubiera en orden y como si tratara de adivinar nuestros pensamientos.. pero todos estabamos listos para llevar a cabo lo que seria LA GLORIOSA GESTA DE MALVINAS.
Son las 6:00 am. En unos minutos comenzamos a subir al anfibio. Yo quedo del lado derecho cerca de la puerta, al lado del sargento Colque (un gran militar). Ya embarcados tengo puesto un salvavidas que se infla automáticamente tirando de unas tiritas, es igual a los que se utilizan en los aviones de pasajeros. De nuevo recuerdo todos los pasos que tenemos que realizar en caso de tener que desalojar el anfibio en caso de emergencia. La compuerta se cierra, estamos listos para comenzar el desembarco, se escucha el ruido de las orugas del anfibio sobre el piso de metal del barco, el movimiento me pone tenso, solo ruego que salga todo bien. El teniente coronel pide poner música que llevaba en un grabador, la cual era en conmemoración de las invasiones inglesas. La operación se llamaba Rosario, por la virgen. El anfibio se encuentra en movimiento salimos al mar, me doy cuenta por el ruido del vehículo que caemos al agua, los motores comienzan a rugir y, el ruido tapa al de la música... en ese momento comenzamos a rezar, para que el anfibio se mueva, porque si no comenzará a entrar agua y se puede hundir. En ese momento trato de ver por la ventanilla hacia fuera, y solo veo el nivel del mar que casi la cubría por completo, en la parte superior solo se apreciaban algunas estrellas y un cielo muy oscuro. Los motores continúan rugiendo hasta que en un momento toma impulso y sentimos que estamos en movimiento. En unos minutos que pasan muy rápido continuamos por el mar, hasta que de repente se siente un ruido muy fuerte, como si hubiéramos chocado, con algo y el anfibio se mueve bruscamente. Ya habíamos tocado tierra. Ya estamos en las islas. El subteniente Reyes abre las compuertas de la parte superior, se para sobre los asientos se asoma hacia afuera, y comienza a decir —"¡Allí están esos hijos de p..., allá están!". Yo pensé que los ingleses nos estaban esperando, y el anfibio seguía avanzando. De repente suena el timbre que anticipa que tenemos que bajar (ya nos habíamos sacado el salvavidas) y de pronto nos detenemos. La luz verde no indica que la compuerta se abrirá... Cada segundo se convierte en una eternidad. Apenas la compuerta está totalmente abierta, comenzamos a bajar, yo bajo tercero. Salimos lo más rápido que podemos y nos quedamos cuerpo a tierra. Lo primero que noto es que la isla se me mueve, como si estuviera en el barco, trato de regular mi respiración, (pienso estoy muy nervioso, por eso se "me mueve la isla"), dan la orden de continuar y me levanto. Tengo mi fusil FAL cargado y sin seguro. Avanzamos en forma de abanico, trato de mirar a todos lados, todavía es de noche... llegamos al aeropuerto y seguimos caminando apuntando hacia adelante mirando todo. El terreno es plano, con el pasto bajo, vamos pasando por la pista. A los costados de la misma el terreno presenta unas irregularidades formada por piedras. Mientras continuamos avanzando algunos compañeros van quedando ya apostados para cubrir el terreno ganado. Sigo caminando y siento en la vista que las piedras parecen moverse. Nos paramos, quedando rodilla a tierra, miro de reojo para poder distinguir si realmente algo se mueve entre las piedras, o si es sugestivo. Al cabo de poco tiempo seguimos avanzando, recorriendo casi toda la pista y en un momento se escuchan ruidos de los enfrentamientos en Puerto Argentino. Ruido de ametralladoras apagado a veces por los ruidos del cañoneo naval. Seguimos caminando, llegamos hasta el final de la pista, en ese lugar me tengo que quedar apostado, miro para todos lados no quiero dejarme sorprender por algún soldado inglés. Veo que la pista está ocupada con camiones y máquinas viales para no permitir el aterrizaje de los aviones. El grupo continua hasta el faro que se encuentra más adelante. Yo estoy rodilla a tierra con mi fusil mirando para todos lados. Puedo ver en dirección a Puerto Argentino y alcanzo a divisar el destello de los cohetes que tiran los ingleses . El ruido continua, se nota que hay resistencia. Aquí en el aeropuerto todo está muy tranquilo, todo muy quieto, pero a mí la isla se me sigue moviendo, no entiendo que me pasa. De pronto veo que comienza a operar gente en la torre de control, mientras comienzan a correr los vehículos que están obstruyendo la pista. Todo está saliendo a la perfección y sin inconvenientes, mejor a lo esperado. Hasta ahora nosotros no hemos tenido que enfrentarnos con los ingleses. De pronto regresan algunos de los que habían pasado hasta el faro, y me anticipan que encontraron algunos soldados ingleses que se entregaron sin oponer resistencia. Cuando retiran el último vehículo de la pista comienzo a ver en el cielo una luz que se enciende y se apaga... es un avión y aproximándose. Más cerca veo que es un avión Hércules, que pasa por encima de mi cabeza. Yo estoy en la cabecera de la pista, y es algo impresionante ya que nunca había estado tan cerca de un avión. Sigo vigilando, con el fusil listo para disparar. El avión se detiene y se produce el comienzo del desembarco aéreo. El ruido del enfrentamiento en Puerto Argentino ya no se escucha. El día ya está amaneciendo, los aviones siguen llegando, esta todo sincronizado, cuando unos soldados, todo desarrollándose con normalidad. El nuevo día ya deja ver estas queridas islas. Puedo apreciar el suelo, donde estoy la arena es muy fina y blanca con algunos arbustos. Sigo apostado, ya un poco más tranquilo, y sereno, las islas están recuperadas. Pronto llega el relevo, todo ha salido mejor de lo planeado, dejamos el aeropuerto con la alegría de haber cumplido la misión, ahora continuamos a Puerto Argentino.
jueves, 13 de agosto de 2026
martes, 11 de agosto de 2026
Diplomacia: José María Ruda en la ONU en 1964
La acción de José María Ruda en la ONU en 1964
En 1964, un diplomático argentino logró llevar la cuestión de las Malvinas al centro de la política mundial. No fue un gesto simbólico ni un mero ejercicio retórico para dejar constancia de una protesta. Fue una intervención jurídica y diplomática de notable precisión, concebida para demostrar ante las Naciones Unidas que la presencia británica en las Islas Malvinas no era el resultado de un desarrollo histórico natural o incontestado, sino la consecuencia de un acto de fuerza colonial perpetrado en 1833.
El 9 de septiembre de 1964, el embajador José María Ruda se presentó ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU y expuso la posición argentina con claridad, rigor y firmeza. Su planteo era sencillo en su forma, pero profundo en sus implicancias jurídicas: las Islas Malvinas forman parte del territorio argentino y permanecen bajo ocupación británica ilegítima desde la expulsión de las autoridades argentinas establecidas allí en 1833. Al presentar la cuestión en esos términos, Ruda no se limitó a reiterar un reclamo nacional. Encauzó la disputa en el lenguaje del derecho internacional, despojándola de relatos imperiales y devolviéndole su verdadera naturaleza: la de una cuestión de soberanía aún no resuelta.
La fuerza de su exposición no residió solo en la reconstrucción histórica de la ocupación británica, sino en las consecuencias jurídicas que se desprenden de ese hecho. Ruda sostuvo que, tras la ocupación, la presencia argentina en las islas fue desplazada y se estableció una nueva población bajo autoridad colonial británica. Ese punto era central. Implicaba que la población actual de las islas no puede ser considerada, en términos jurídicos estrictos, como si existiera al margen del acto de fuerza originario. Hacerlo supondría convertir los efectos de una ocupación en fuente de derechos.
Sobre esa base, Ruda rechazó cualquier intento de encuadrar el caso como uno de autodeterminación de los pueblos en el sentido clásico. Su posición fue que ese principio no puede invocarse legítimamente para convalidar una situación demográfica y política creada por el mismo acto cuya legalidad se encuentra en disputa. El principio aplicable, sostuvo, es el de la integridad territorial de los Estados, igualmente fundamental en el orden jurídico internacional de la posguerra. En términos jurídicos, su razonamiento resulta contundente: la autodeterminación no puede separarse de las circunstancias en las que se conformó una población, ni utilizarse para legitimar las consecuencias de una desposesión territorial producida por la fuerza.
El contexto internacional de la época le dio aún mayor relevancia a su intervención. El mundo atravesaba un proceso de descolonización, y la ONU ya había adoptado la Resolución 1514, la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, que exige poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. El logro de Ruda fue inscribir la cuestión de las Malvinas en ese proceso histórico, sin perder de vista su especificidad jurídica. Demostró que no se trataba de un caso colonial típico, sino de una disputa singular y grave que involucra la ocupación por parte de una potencia colonial de una porción del territorio nacional argentino.
El resultado fue histórico. En 1965, la Asamblea General adoptó la Resolución 2065, que reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambos gobiernos a entablar negociaciones. Se trató de un avance decisivo. Las Naciones Unidas no dieron la cuestión por saldada ni la redujeron a una cuestión de preferencia local. Reconocieron, en cambio, que existe una controversia bilateral que requiere una solución negociada conforme a los propósitos y principios de la Carta. En términos jurídicos y diplomáticos, este sigue siendo uno de los logros más importantes alcanzados por la Argentina en el ámbito internacional.
Más de seis décadas después, el alegato de Ruda sigue siendo una referencia central porque logró articular patriotismo con rigor jurídico, convicción nacional con argumentación internacional. Las Malvinas no son solo una cuestión de memoria ni un vestigio del pasado. Son una cuestión de soberanía que incide directamente sobre el Atlántico Sur, sus recursos, sus rutas marítimas y la proyección estratégica de la Argentina hacia la Antártida. En un contexto en el que la región vuelve a adquirir relevancia geopolítica, la posición argentina exige seriedad, continuidad y una política de Estado sostenida. La solidez del reclamo nunca dependió de la improvisación, la emotividad o las fórmulas coyunturales, sino de una base jurídica coherente sostenida en el tiempo. Por eso la intervención de Ruda perdura: no solo como una pieza oratoria destacada, sino como una de las defensas jurídicas más claras de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas.
domingo, 9 de agosto de 2026
Hundimiento de la Ardent: La historia del Capitán Arca
La increíble historia del Capitán Arca y su vínculo con San Francisco
Arca, que actualmente recorre el país dando charlas, nació en Corrientes, en 1950. Cursó allí la secundaria y decidió que quería seguir la carrera militar. Viajó a Buenos Aires, donde se preparó e ingresó a la fuerza en 1969.
A los 33 años participó de la guerra en el Atlántico Sur, donde se
desempeñó como piloto de la Armada Argentina, como integrante de la
Tercera Escuadrilla Aeronaval.
“Mi papá nos hizo volver de Europa para irse a pelear a Malvinas”
En una nota realizada en una oportunidad a un medio correntino, el capitán relataba: “Cuando se produjo en desembarco en Malvinas yo estaba en Francia. No fui convocado, pero sí mi compañero que era señalero. A mí no, porque hacía ocho meses que no volaba”, señaló. Sin embargo, Arca no se amilanó e intentó ir como voluntario.
“Pregunté en la Embajada si estaba convocado y me dijeron que
no, al otro día volví y me volvieron a decir que no, y al tercer día,
cuando le dije al Embajador que iba a ir a Malvinas, me dijo que no
podía. Yo le respondí: No, no me debería ir, pero sí me puedo ir.
Abandoné el curso y me vine de manera voluntaria”, contó.
Y así emprendió el regreso a la Argentina, con su esposa y sus tres
hijos, de 6, 4 y 3 años. Como no tenía lugar donde quedarse, su familia
se instaló en Entre Ríos, de donde es oriunda su cónyuge, y el voló
hacia el sur.
Pelea de perros con los Harrier
Aquel 21 de mayo de 1982 ocurrió el desembarco de las tropas británicas en el estrecho de San Carlos. En el lado argentino comenzó el alerta para mandar la oleada de aviones para el ataque y evitar aquella el desarrollo de aquella operación.
A las 14.25 despegaron seis aviones argentinos, de tres en tres, cada uno de los grupos con el objetivo de destruir una fragata ubicada en el estrecho de San Carlos, la misma proporcionaba protección al desembarco inglés.
La primera sección (foto) en despegar fue la integrada por el Cap.
Phillipi, los Tenientes. Márquez y el Capitán Arca (a bordo del 312).
Debieron partir con un mínimo de combustible para realizar la misión.
En camino al objetivo les ordenan que regresen ya que había 10
Harrier (Aviones de caza y ataque de las fuerzas inglesas) protegiendo
el desembarco, aun así juntaron valor y continuaron para cumplir con su
misión.
Localizan a la fragata HMS Ardent y la atacan, logrando impactar 2 bombas MK-82 Snakeye en su popa y hundirla.
Durante el escape son interceptados por una sección de Harrier. En este combate se debe eyectar el Cap. Philipi luego de ser alcanzado por un misil. El Tte. Marquez muere al explotar su avión a causa de los impactos recibidos.
Arca continuó en combate. Logró burlar con bruscas
maniobras evasivas otro misil, cuando ya exhaustos de combustible, los
Harriers se replegaron al HMS Hermes.
Con el tiempo se conocieron relatos de los pilotos ingleses
que sorprendidos indicaban como Arca los encaraba y les tiraba el avión
encima cuando ya se había quedado sin proyectiles para disparar.
Ahí entró en acción la segunda sección con los otros 3 Skyhawks rezagados. Con asepsia casi quirúrgica y el campo de batalla despejado, los pilotos Benito Rótolo, Carlos Lecour y Roberto Sylvester terminaron de masacrar a la Ardent.
De las 24 bombas de 500 libras lanzadas por los seis aviones, al menos 5 sellaron definitivamente la suerte la fragata. En el último ataque, el sector de babor quedó diezmado y las llamas consumían la popa cuando el capitán Alan West ordenó el abandono. Veintidós de los 170 tripulantes perecieron.
Averiado por los disparos y sin tren de aterrizaje
El Cap. Arca había sido alcanzado en 10 oportunidades por el cañón de 30 mm de un Harrier a pesar de sus maniobras evasivas.
«Así no puede aterrizar. No tiene tren de aterrizaje y se ve el cielo desde el otro lado del avión por los agujeros de los proyectiles. Si no se eyecta dejará la pista sin servicio. ¡Eyéctese!», le impusieron. El piloto buscó un área alejada del trajín aéreo y obedeció.
Cayó al mar y en una maniobra de profesionalismo excepcional el piloto de un Bell, el capitán de Ejército Alberto Svendsen, sin una liga para arrojarle y levantarlo, ubicó el patín de aterrizaje de su helicóptero debajo del piloto y prácticamente lo pescó en medio de un oleaje furibundo.
En un mar embravecido, con olas de más de dos metros y casi en estado
de hipotermia, Arca estuvo más de 30 minutos luchando para trepar al
helicóptero (que no tenía equipamiento de rescate). Finalmente en una
maniobra de gran peligrosidad y pericia el piloto metió en el agua el
patín de su helicóptero y allí Arca logró colgarse del mismo y es
llevado a tierra firme.
El relato de Martín Balza sobre el operativo rescate
Ex Jefe del Ejército Argentino y Veterano de Malvinas, en una nota publicada en diario Perfil, en abril del año pasado, relataba con precisión lo realizado en el heroico rescate que le valió al piloto Svendsen (en la foto junto a Arca en un acto posterior) ser condecorado con la medalla «La Nación Argentina al Valoren Combate».
“Cuando parecía que lograría consumar mi ansiado sueño, un suboficial me despertó en forma violenta: “¡Mi teniente coronel, un avión sobrevuela en círculos nuestras posiciones y cada vez lo hace más bajo! ¡Se nos va a caer encima!”.
«Salté, salí de precario refugio y vi un avión Douglas A-4 Q (Skyhawk) de nuestra Aviación Naval que, averiado, intentaba aterrizar en el aeropuerto próximo a nosotros. El piloto, teniente de navío José Arca, se había eyectado en su paracaídas, pero en perfecto planeo, la máquina sobrevoló en círculos cada vez más abajo por sobre nuestra zona de responsabilidad».
«Finalmente se impartió a la artillería antiaérea propia la orden de derribarla y cayó sin consecuencias en el extremo de la península del aeropuerto».
«El teniente Arca cayó al mar a unos 1.000 metros de la costa, y fue
rescatado por el capitán Jorge Rodolfo Svendsen, al mando de un
helicóptero UH-1 H del Batallón de Aviación de Ejército».
El rescate fue difícil y arriesgado, y todos estábamos pendientes de él. Así lo relata el capitán Svendsen:
“Al tocar agua nos acercamos, observando que el piloto estaba consciente. Entonces le ordené al sargento primero Santana, que era mi copiloto, que controlaba la parte del instrumental, y al cabo primero San Miguel, que se desempeñaba como artillero de puerta, que cuando me acercara al piloto en el agua tratara de tomarlo para introducirlo en la cabina».
“En esta acción, tratando de sacarlo del agua, hubo varios intentos en vano, durante unos 15 minutos, pues el salvavidas que llevaba puesto el piloto no le permitía el movimiento de los brazos y el reflujo producido por el rotor lo alejaba de la aeronave o lo empujaba debajo de ésta».
“Con mucho acierto y luego de muchos intentos, el piloto me hizo una
seña para que me alejara y poder así sacarse el chaleco salvavidas. Con
los brazos libres pudo, en el siguiente intento, y con la ayuda del cabo
primero San Miguel, parado en el esquí del helicóptero, tomarse con su
brazo de éste, quien lo llevó “colgado” hasta la costa, donde personal
de las posiciones próximas nos ayudó a acostarlo dentro del helicóptero;
rápidamente, lo llevamos al Hospital Militar de las Fuerzas Armadas
para que recibiese la atención médica adecuada”.
La importancia del legado y la esperanza de volver
A sus 71 años José Cesar Arca recorre el país contando su experiencia, con la misma convicción con la que aquel día de 1982 subió a su avión: «Yo soy un defensor de la historia, y del valor que tiene poder contar lo que viví en esa gesta histórica. Algún día ya no estaremos, y otros transmitirán lo que nosotros (los otros héroes) les contamos. Eso no puede perderse y la única manera de conservarlo es seguir con estas actividades», detalló.
Antes del final, la pregunta obligada: ¿Volvería?. «Sí,
porque estoy mucho más preparado que entonces. Pero nuestro deber hoy es
otro. Somos centinelas de las negociaciones para que se recupere lo que
era nuestro. Y los mayores centinelas, quedaron allá enterrados».
Maximiliano, su hijo que hoy tiene 41 años, por esas cosas del destino reside desde hace años en San Francisco. Aquí se desempeña profesionalmente y formó su hermosa familia. Cultor del bajo perfil y muy respetuoso de la envestidura de su papá, prefiere que la historia sea contada por los verdaderos protagonistas, pero no pierde las esperanzas que cuando la pandemia lo permita, el Capitán de Navío José Cesar Arca visite nuevamente la ciudad y nos cuente, en primera persona, esta parte tan importante de la historia de nuestra querida Argentina.
viernes, 7 de agosto de 2026
IMARA: Héroes del BIM 5
Oficiales del BIM 5

Oficiales del BIM5 en Malvinas, Abril 1982.
1- GUIM Juan Salvador Pellegrino
2- TCIM Waldemar Aquino
3- TCIM Ruben Guillen
4- CCIM Antonio Pernias
5- TNIM Juan Carlos Couderc
6- CFIM Daniel Armando Ponce
7- CFIM Carlos Robacio
8- TCIM Ricardo Quiroga
9- TFIM Carlos Calmels
10- TNIM Alfredo Pagani







