28
de mayo de 1982. El reloj en la oficina de operaciones de la Base
Aeronaval Rio Grande marca las 00.21 horas. Recién comienza el día y
reina una tensa calma. Un avión ha partido hacia las Islas Malvinas. El
horario no favorece el arribo pues, como cada noche, una fragata
británica navega a una distancia prudente de la costa y cañonea
posiciones argentinas acantonadas en proximidades del aeropuerto. Las
tropas lo llaman “el expreso de medianoche”.
Agotada
su munición, el navío se retira al amparo de la oscuridad y el mar
encrespado. La tranquilidad regresa. Lo de siempre: niebla, lluvia
intermitente y aguanieve que golpea los rostros de los conscriptos que
montan guardia guareciéndose en trincheras en torno al aeropuerto.

Fokker
FK28 MK3000 (0741/5-T-20) “Malvinas Argentinas” ex “Islas Malvinas” que
participó activamente en las acciones de combate durante 1982.
Transportó carga general y municiones a las Islas Malvinas evacuando
heridos en su vuelo de regreso. (Gentileza de Horacio Clariá)
En
medio del Océano Atlántico, un bimotor de exploración Beechcraft BE-200
Súper King Air que pertenece a la Escuadrilla Aeronaval de
Reconocimiento de la Aviación Naval Argentina orbita en la noche entre
Río Grande y las Islas Malvinas. Su altura supera los tres mil metros y
es adecuada para asegurar comunicaciones claves y concretar una misión
en progreso. Al avión se lo llama “retransmisor”. En la cabina, piloto y
copiloto escuchan en sus auriculares nombres de mujeres: `Marta´,
`Beba´, `Susana´...
Al mismo tiempo,
un jet comercial de la Aviación Naval Argentina se dirige, en vuelo
rasante sobre el Océano Atlántico, hacia las Islas Malvinas. Transporta
tambores de combustible y carga general. En su viaje de regreso llevará
heridos graves que necesitan atención en el continente.

Fokker
en Malvinas. Vuelo logístico a Río Grande transportando bombas de 500
libras (250 kgs) para ser utilizadas por la Tercera Escuadrilla
Aeronaval de Caza y Ataque “custodiadas” por el cabo principal Daniel
Cazaubón tripulante de a bordo en los vuelos de Fokker. (EA52).
El
Beechcraft BE-200 le transmite al jet la situación que se vive en
Puerto Argentino y la actualiza aproximadamente cada quince minutos.
En
la cabina del avión comercial las luces permanecen apagadas. El piloto
vuela a ciegas, con la vista clavada en el altímetro, apenas 15 metros
sobre la cresta de las olas. No emite comunicaciones: hacerlo es
delatarse y entregarse ante el enemigo. El copiloto escucha las órdenes
del avión retransmisor. La sal del mar tiñe de blanco el parabrisas.
Cuando
el jet alcanza las islas, surge una preocupación extra: si las gaviotas
se alzan en vuelo, todo puede terminar en tragedia.
El
silencio dentro de la cabina sólo se interrumpe cuando el copiloto
habla en la frecuencia de radio: `Marta´, `Beba´, `Susana´, recita.
Parecen palabras incoherentes, pero cada nombre define un punto de la
ruta que la aeronave transita. Además, son los nombres de las esposas de
los aviadores navales. De esta manera informa al avión retransmisor su
posición.
El copiloto sabe que lo
están escuchando los británicos. Tienen potentes equipos para interferir
frecuencias y, cada vez que lo hacen, en la línea emerge el sonido
similar al de un arpa. Además, también escucha la voz del enemigo que,
en perfecto inglés, advierte: “The bastards are coming again” (los
bastardos vuelven de nuevo).
El
Beechcraft BE-200, a través de la radio, transmite cada novedad del jet
comercial a Puerto Argentino. El teniente de navío Miguel Isaac, alias
`Turquito´, piloto y fanático del futbol, sabe por los nombres de mujer
que el jet vuela en paralelo a la isla Soledad y falta poco tiempo para
su arribo. Toma el radio y, con el estilo de un relator de fútbol,
comienza a transmitir al jet cuál es la situación en las islas.
-Vamos muchachos, que hoy ganamos este partido, dice.
-Buena patada, dale, dale que el dos está apolillado y el cinco anda un poco rengo.
-Vamos que hoy estamos para la goleada.
Si el vuelo puede continuar, Isaac relata:
-¡Atentos a la marca, eh!
Cuando
el control Malvinas la informa al avión retransmisor que se acerca una
patrulla de Harrier hacia el jet comercial para derribarlo y el peligro
aumenta, Isaac informa:
-Peguen la vuelta y rajen ya de ahí!.
La
escena parece salida de un film bélico de ficción pero estos hechos
tienen lugar durante el conflicto del Atlántico Sur. No existen aún
antecedentes de semejante hazaña en la historia de la aviación militar
moderna realizada a plena noche y algunas veces a plena luz del día
volando un jet comercial Fokker FK28 (3000) Fellowship.
La
aeronave, de manufactura holandesa, en cuestión de días pasa a formar
parte activa en la primera línea de combate de la Aviación Naval.

Fokker
FK28 (0742/5-T-21) “Canal del Beagle” jet comercial por excelencia
para transporte de pasajeros participó en las tareas de búsqueda de
sobrevivientes en balsas pertenecientes al Crucero ARA General Belgrano.
(Gentileza de Christian Favalessa).

¡Balsas
a la vista! Sobrevivientes del Crucero General Belgrano captados por la
cámara a bordo de un Fokker naval durante las tareas de búsqueda y
rescate. Se aprecia la escasa altura de vuelo sobre el mar. (EA52).
El
Fokker 28 es una aeronave de porte comercial desarrollada para vuelos
domésticos de pasajeros y disponible, con otras configuraciones, como
avión carga ó transporte vip y sanitario en rutas de corto alcance.
A
comienzos de 1982, en la República Argentina operan doce ejemplares.
Cuatro forman parte de la flota de Aerolíneas Argentinas que, desde el
año 1975 operan desde su cabecera, el Aeroparque Metropolitano de la
Ciudad de Buenos Aires. Sus rutas son domésticas y cubren las vastas
extensiones del país.
La Fuerza Aérea
Argentina cuenta con cinco ejemplares al servicio de su logística
interna y de LADE (Líneas Aéreas del Estado). Uno de ellos aterriza en
el aeropuerto de Puerto Stanley el 15 de mayo de 1978 protagonizando así
la inauguración del primer vuelo jet a las Islas Malvinas.

La
Aviación Naval Argentina es el tercer operador y posee tres Fokker FK28
Fellowship (MK3000). Cada uno puede transportar 65 pasajeros o 7500
kilos de carga y utiliza dos turbinas Rolls Royce Spey 555-15H. Los tres
aviones, arribados en 1979, son el material de mayor modernidad en el
país.
Un detalle que no es menor:
antes de ser entregados, los tres Fokker fueron pintados de un tono
blanco radiante con líneas celestes por los holandeses. Una apetecible
presa para los pilotos de Sea Harrier a su color que fácilmente
contrasta sobre el océano y el terreno. Pertenecen a la Segunda
Escuadrilla de Sostén Logístico y Móvil que opera desde el aeropuerto
internacional de Ezeiza.
Durante
la Primera Guerra Mundial la palabra Fokker fue sinónimo de terror en
el Real Cuerpo Aéreo británico (RFC), que durante 1915 sufre cuantiosas
pérdidas a manos del Fokker III Eindecker.
Guiados
por los ases Oswald Boelcke o Max Immelman, estos aviones monoplano
barrieron de los cielos a sus rivales franceses, belgas y británicos. El
Fokker ganó el aprecio total de los pilotos alemanes y en el ambiente
de la aviación el período es conocido como “Flagelo Fokker”.
Su
utilización como arma de guerra fue tan efectiva que obtuvo el control
del espacio aéreo a través de una arma moderna en su tiempo que dispara a
través de la hélice y que se llama ametralladora sincronizada frontal.
Luego
aparecieron otros modelos de Fokker que culminaron con la exitosa
aparición del triplano Fokker Dr.I que se conviertió en leyenda al ser
tripulado por Manfred Von Richthofen, el as alemán conocido mundialmente
como el Barón Rojo, que cosechó 81 victorias antes de ser muerto en
combate.
Desde aquellos días, la leyenda de Fokker se instaló para siempre en la historia de la aviación mundial.

En
el lejano Atlántico Sur, 67 años después de los combates de la Primera
Guerra Mundial, tres solitarios Fokker navales argentinos van a jugar un
tiempo de alargue contra unas docenas de Harrier británicos y sus
buques de guerra.
Los británicos
cuentan con misiles, cañones, radares, buques y cazas con pilotos
experimentados. Los aviadores argentinos poseen experiencia de vuelo,
confianza, su armamento es la pericia y una doctrina de vuelo propia.
El
panorama es claro y está exento de cualquier comentario. Solo resta
librar el peligroso encuentro en los inclementes cielos del Atlántico
Sur.
El comandante de la escuadrilla
es el Capitán de Corbeta Norberto Ulises Pereiro, líder que gana la
inmediata adhesión de su plana mayor y del personal subalterno.

Pereiro -que falleció no a manos de las fuerzas enemigas sino durante la pandemia- es un hombre de una sola palabra, acción.
La
escuadrilla realiza su primer vuelo el 2 de abril en la recuperación
del archipiélago malvinense. Se traslada el cuerpo del Capitán Edgardo
Giachino. Casi como un presagio el Fokker que arriba a las islas ha sido
bautizado previamente con el nombre de Islas Malvinas.
El
Capitán Pereiro al enterarse de que los ingleses vienen, ordena un
esforzado adiestramiento a sus pilotos, copilotos y personal a bordo.
Aprenden a volar rasante sobre mar o tierra, calculan consumos de
combustible según la carga de pasajeros, pertrechos u otra combinación.

Puerto
Argentino a la vista. La cámara del teniente Antonio Urbano capta el
momento previo al primer aterrizaje del Fokker “Islas Malvinas” el 2 de
abril de 1982. (Gentileza de Antonio Urbano).

El
equipo se consolida con otro factor humano clave, el personal
subalterno que conoce al avión como la palma de su mano, ellos vuelan
organizan las tareas en tierra y logran con su profesionalismo llevar al
servicio las tres aeronaves durante el tiempo que dura el conflicto.
Los
pilotos más veteranos de la escuadrilla conforman un núcleo denominado
el ‘Consejo de los ancianos’. Lo componen los Capitanes de Fragata
Malnati, D´Imperio y los Capitanes de Corbeta Pereiro y Gómez.

Discuten
las mejores alternativas para las operaciones. Las medidas
fundamentales son tres, preservar la vida de las tripulaciones, sus tres
Fokker y la razón de existir, cumplir las misiones asignadas.
Durante
abril realizan hasta cuatro vuelos diarios a las islas y la escuadrilla
vivencia dos experiencias peligrosas que exigen revisar a su
departamento de operaciones las rutas de vuelo y coordinar los vuelos
con los de otras fuerzas. Durante uno de ellos realizado sobre la Isla
Gran Malvina, el Capitán Gómez vuela rasante con el propósito de
reconocer la geografía de las islas. Lo hace entre 15 a 30 metros de
altura y sortea la topografía circundante, cuando al ‘saltar’ una loma
se encuentra de frente con un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea
Argentina que está haciendo lo mismo que él. Gómez en un acto reflejo
realiza un viraje violento a la derecha y el Hércules lo hace hacia la
izquierda, el humo de ambas aeronaves se abrazan pero ambos aviones se
salvan de destrozarse uno contra la otra. Días más tarde otro Fokker al
despegar de Malvinas se topa con cuatro Skyhawks A-4B de la Fuerza Aérea
Argentina que en vuelo a baja altura se aproximan a la pista del
aeropuerto en una navegación rasante.
La
escuadrilla Fokker basada en Río Grande sostiene un estrecho contacto
con sus pares de la pilotos de Fuerza Aérea Argentina. Nace una mutua
admiración con el Brigadier Carlos Corino, el jefe del Escuadrón Dagger
Napoleón Martínez y sus pilotos. Reunidos en franca camaradería
comparten largas mateadas nocturnas en la torre de control. Cada uno
hace su catarsis pues los misiles enemigos no distingue un caza de un
jet de transporte y eso ocurre cuando un Fokker casi es derribado.
El
teniente de navío Guillermo Rubino se dirige al Fokker FK28
(0741/5-T-20) luego de aterrizar en el aeropuerto de las Islas Malvinas y
emprender el regreso al continente durante el mes de abril de 1982.
(Claudio Meunier).
A
partir del 21 de mayo, luego del desembarco británico en el estrecho de
San Carlos, el Fokker utiliza su método de defensa esencial: vuelo
rasante... pero de noche. La primer complicación para los pilotos tiene
que ver con el cálculo de consumo de combustible. Todos saben que a
mayor altura, el consumo es menor, y que en vuelo rasante es bastante
mayor. Pero no está detallado en ningún lado. En realidad, ningún manual
de vuelo de un avión netamente comercial contempla la posibilidad de
vuelo rasante.
El asentamiento
británico en San Carlos obliga a la escuadrilla a bordear las islas.
Esto se traduce en un mayor tiempo de vuelo y obliga a cargar dos
toneladas de combustible extra, lo que disminuye la cantidad de carga a
transportar, que pasa a ser sólo de cinco toneladas.
Los
Harrier -que gozan de una total superioridad aérea- los esperan. Se
ubican en posiciones favorables para intentar su derribo, pero no lo
logran. De noche el peligro es doble: los navíos de guerra británicos se
unen a la cacería formando como buques piquete. Si detectan la
aproximación de algún Fokker con sus radares, envían primero a la
patrulla de Harrier, que cubren la distancia desde sus portaaviones al
aeropuerto de Puerto Argentino en ocho minutos. Además, los buques
tienen la posibilidad de utilizar su artillería y los misiles Sea Dart.
Durante
el mes de mayo, los tres Fokker argentinos logran ingresar en siete
ocasiones al aeropuerto de la capital malvinense y escapar sin ser
alcanzados.
En la noche del 2 de
junio, cansados de no poder derribar ningún Fokker, los británicos arman
una trampa. Al destructor HMS Cardiff clase 42 que navega al amparo de
la oscuridad le asignan la misión de cazar al jet comercial. Su capitán,
Michael Harris, ordena preparar en el lanzador de proa dos misiles Sea
Dart. Cada uno de ellos mide casi cinco metros y es similar a un poste
de teléfono. Pesa media tonelada y puede volar hacia su blanco a 3000
kilómetros por hora.

Misil
Sea Dart montado en el lanzador de proa del HMS Cardiff. Sus medidas
alcanzaban los cuatro metros y medio. Volaba hacia su blanco a 3000
kilómetros por hora. (Fuente Royal Navy).
El
destructor se acerca a veinte kilómetros de la costa malvinense y
navega en sigilo amparándose en las malas condiciones del clima,
barriendo la superficie del mar con sus sistemas de radar.
En
Rio Grande desde la base aeronaval despega el Fokker (5-T-21) comandado
por el capitán de fragata Luis D’ Imperio y su copiloto, el teniente de
navío Jorge Oliveira. Los acompañan los suboficiales Antonio Villalba,
Argentino Benítez y el cabo Fernando Tani, responsables de la carga en
el fuselaje del avión.
A Villalba,
quien fue designado encargado de la carga a bordo, le llevó tres horas
estibar los proyectiles de 155 milímetros. Cada uno pesa 43 kilos. Son
para los dos cañones Sofma que posee el Ejército Argentino apostados en
Sapper Hill, que tienen un alcance de 20 kilómetros, lo que los vuelve
ideales para rechazar a los buques enemigos que se acercan a cañonear
las posiciones argentinas.
El
destructor Cardiff continúa con su búsqueda furtiva cuando sus
operadores de radar alertan al capitán Harris. Le dicen que sus
pantallas captan un eco y que están seguros de que se trata de un
Fokker.
En ese instante, el Fokker
argentino que se aproxima al aeropuerto luego de casi una hora de vuelo
rasante realiza una maniobra peligrosa pero necesaria: asciende por un
breve instante para comunicarse con el enlace radial en el aeropuerto y
proceder al aterrizaje.
Oliveira toma
contacto con el controlador aéreo aeronaval de turno, el entonces
capitán de corbeta Carlos Molteni, comandante de la Primera Escuadrilla
Aeronaval de Ataque, quien le dice que proceda con el aterrizaje.
Ese
momento, que dura segundos, el capitán Harris lo utiliza a su favor y
da la orden de lanzar el primer Sea Dart. Son las 20.05 horas, como
queda registrado en la bitácora del destructor. El misil emana un
fogonazo al salir del lanzador y chamusca la estructura debajo del
puente de comando. El rugido del motor del misil, que se aleja a 702
metros por segundo, se escucha en los pasillos del buque.

Debajo
del puente de comando del HMS Cardiff se aprecia el tizne producido
debido al lanzamiento de los tres misiles Sea Dart contra el Fokker del
Capitán D’ Imperio y el Teniente Oliveira en la noche del 2 de junio de
1982. (Facebook Kenneth Griffiths).
Sin
perder tiempo, en sucesión de pocos segundos, Harris ordena lanzar un
segundo Sea Dart contra el mismo blanco para rematarlo.
D´Imperio
dirige el Fokker hacia la pista y comienza la maniobra de aterrizaje.
No sabe que dos Sea Dart van directo hacia su avión. Al descender,
cuando ya se encuentra cerca de la pista, ambos misiles pierden la señal
“de enganche”: como el jet vuela tan bajo, el misil lo confunde con la
tierra de las islas. Los Sea Dart continúan sin rumbo, se pierden detrás
de una colina, para luego estrellarse sobre el mar o la tierra.
En
cabecera de pista, dos jeeps encienden sus luces al escuchar el ruido
del avión. Entonces aparece el Fokker, que los utiliza como guías.
Enseguida golpea la pista, se abren los liftdumpers (chapas rompedoras
de flujo de aire) en las alas y apoya inmediatamente la rueda de nariz.
D´Imperio aplica frenos con intensidad, es una técnica de aterrizaje
denominada de “campo corto” en la que Pereiro ordena a sus pilotos
adiestrarse desde el primer día del conflicto. En toda la operación,
sólo utiliza el sector derecho de la pista ya que la parte izquierda
tiene un cráter provocado por una bomba lanzada desde un Vulcan inglés.
Una
vez detenido, casi en el final de pista, el Fokker gira 180 grados y
sin detener los motores comienza la maniobra de descarga, listo para
despegar.
Al abrir la puerta de carga,
los mecánicos observan al capitán Carlos Molteni que se aproxima
rápido, sube al avión y se dirige a la cabina. Trae una pésima noticia
para D´Imperio: `Señor, tienen que apurarse, vienen los muchachos´.
Las
cinco toneladas de munición son descargadas en pocos minutos, en plena
oscuridad. Acto seguido, el Fokker vuelve al aire, deslizándose otra vez
sobre el mar en vuelo rasante.

Destructor
británico clase 42 D-108 HMS Cardiff que realizo un ataque con misiles
al Fokker FK28 (0742/5-T-21) “Canal del Beagle” con resultados
negativos. (Fuente Wikipedia).
A
bordo del HMS Cardiff, el capitán Harris confía en sus operadores de
radar. Sabe que solo le queda una oportunidad en la noche para
interceptar al avión durante su regreso al continente, por ello ordenó
cargar en la rampa de misiles el tercer Sea Dart. Ya está preparado para
ser lanzado.
Molteni guía la salida
del Fokker a ciegas con un sistema que le permite saber la aproximación
de los Sea Harrier. Su voz, por radio, llega los auriculares de
D´Imperio y Oliveira:
-`¡Atención! ¡Pegarse bien al agua ya!
-¡Vamos ahora con rumbo uno ocho cero. Máxima velocidad!
-¡Más velocidad, vamooooossss, más velocidad!
-Giro a la izquierda, más rápido, más rápido, vamos, vamos más rápido
-Ahora brusco a la derecha, tienen atrás a los Harrier… giren hacia la izquierda
-No suba, no suba! Manténgase planchado al agua.
-Vamos, vamos! Máxima potencia, que se acercan.
En
la pantalla de radar del destructor HMS Cardiff aparece el eco del
Fokker, que se visibiliza como un punto mientras intenta escapar de los
Sea Harrier. Harris da la orden de disparo. El tercer Sea Dart, con una
cola de humo blanco, se suma a la cacería.
El
Fokker continúa en vuelo rasante, en plena oscuridad, en paralelo a las
islas. No se despega de la costa, su comandante cree que quizá tenga
una chance de evadir el misil si confunde al avión con la tierra. La voz
del capitán Molteni y la destreza de la tripulación es lo única que
puede salvarlos en ese momento. Siguen las indicaciones en la radio:
-Vamos, un poco más, mecha a fondo!!.
-Sigan planchados, bien planchados sobre el mar.
-Bueno, ahí va, ahí va! Mantengan rumbo y velocidad máxima.
En
la cabina, la alarma de “sobre velocidad” (que avisa cuando la nave
supera los 320 nudos) suena castigando los oídos de los tripulantes. La
advertencia trae consigo un riesgo mortal: el desprendimiento de un ala.
D´Imperio ordena a Oliveira que la apague. Todavía deben evadir la isla
Beauchene, con una elevación de 82 metros de altura, que se encuentra
al sur de la Isla Soledad.
La voz de Molteni alerta a los pilotos:
-Ojo, que los indios tiraron una flecha
Es
el tercer Sea Dart que una vez más pierde su contacto con el Fokker y
cae sobre el mar sin alcanzar su blanco. El jet comercial regresa a Río
Grande con su misión cumplida.
Finaliza
el conflicto y los tres Fokker 28 se encuentran en Rio Grande. Su
trabajo continúa, transportan a prisioneros de guerra liberados sin que
medie ningún tipo de interrupción. Las tripulaciones reanudan las líneas
regulares de apoyo a las bases aeronavales. La Segunda Escuadrilla
Aeronaval de Sostén Logístico Móvil es distinguida con la condecoración
“Honor al Valor en Combate”.

Los
hombres de la epopeya silenciosa. Suboficiales que actuaron durante las
acciones de combate volando Fokker. De izquierda a derecha, Ramón
Fossati, Juan Carlos Hidalgo (herido en el aeropuerto de las Islas
Malvinas), Hugo Turoni, Roberto Ricci, Daniel Cazaubon y Silvio Benegas.
(Gentileza de Christian Favalessa).
El
plantel de pilotos fue único, los pilotos antiguos, capitanes Pereiro,
Gómez, Malnati, D Imperio, Oliveira, Espina y Carrio. Los jóvenes
copilotos tenientes, De Vincenti, Schmid, Manfredi, Silvestre, Callisto,
Borlandelli y que incluyó un copiloto que previamente se habia formado
como maestro de Escuela, el Teniente de Navío Guillermo Rubino.
Los
suboficiales dejaron su imborrable marca de coraje y trabajo
profesional; Cazaubon, Turoni, Fossati, Gordillo, Britos, Hidalgo,
Ricci, Scuto y Benegas entre tantos. Los controladores aéreos, capitanes
Olcese, Arce y Molteni merecen un reconocimiento aparte.
En
el Museo de la Aviación Naval Argentina descansa el Fokker (5-T-21) que
sobrevive a la noche del 2 de junio luego de que le fueran lanzados
tres misiles Sea Dart. En cada uno de sus remaches la estructura toma
vida, en las noches serenas en su fuselaje se oyen voces. Son las de
aquellos que al verlo aterrizar al Fokker en Malvinas lo vivaron y lo
recibieron con tres palabras; Viva la Patria!.