
Fotos de la guerra y nuestra gente








































El subteniente en comisión (es decir que desde su banco de cadete del Colegio Militar fue enviado directamente al frente de combate) Esteban Vilgré La Madrid se destacó con su sección: primero, en el Monte Dos Hermanas y después, cuando fue enviado como refuerzo al combate de Monte Tumbledown. Su coraje ha sido reconocido incluso por historiadores ingleses. En 1989 combatió en la recuperación del cuartel de La Tablada. Fue jefe del Centro de Salud de las Fuerzas Armadas, donde le salvó la vida a numerosos veteranos y les ayudó a reencausarla. Hoy, está rescatando de manos apátridas al Museo de Malvinas.
El viernes pasado, en el Salón Azul del Senado, le fue entregado el Diploma de Honor que otorga la Vicepresidente de la Nación, Victoria Villarruel.


Copia manuscrita del Decreto que instituye una Comandancia Militar en las Islas Malvinas y costas adyacentes, Buenos Aires - Año: 10 de Junio de 1829.
TRANSCRIPCIÓN:
Cuando por la gloriosa revolución de 25 de Mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una porción material de las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean el Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella porción por el derecho de primer ocupante, por el convencimiento de las principales potencias marítimas de Europa, y por la adyacencia de estas Islas al continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires, de cuyo Soberano dependían. Por esta razón habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua Metrópoli y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas; a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que su importancia exige.
Pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que puedan poner a cubierto los derechos de la República haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas y asegurando la protección debida a su población, el Gobierno ha acordado decretar:
Artículo 1º. Las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico serán regidas por un comandante político y militar nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República.
Artículo 2º. La residencia del comandante político y militar será en la Isla de la Soledad y en ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República.
--Fin 1ra Parte--
𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘳𝘨𝘪𝘰 𝘙𝘶𝘣𝘦𝘯 𝘋𝘪𝘢𝘻 𝘤oncripto clase 63 𝘴𝘦𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯 𝘎𝘢𝘵𝘰
Sitio: Malvinas: Historias de coraje

Son las 4:30 am, Nos despiertan, la hora ha llegado. Me perisgno (otra cosa no se me ocurre) solo me encomiendo a dios y trato de controlar los nervios…. Que nadie se de cuenta, Nos aseamos, desayunamos rapido y de nuevo al sollado, terminamos de equiparnos, el personal de cuadros controla todos los equipos de cada uno. Tambien nos pintamos la cara, rapasamos mentalmente toda la instrucción que nos dieron desde que fuimos incorporados en el querido regimiento 25 de colonia sarmiento, esto no era un juego, seriamos protagonista de un desembarco anfibio y tal vez entrariamos en combate, Nos ponemos pasamontañas de lana y estamos listos para salir.
Llega la orden de marchar a la bodega de embarque y ya estamos en marcha. Una vez alli todo es increible, vemos mucho personal de la armada realizando maniobras, preparando los vehiculos anfibios en direccion a la salida del barco (aunque muchos de estos marinos tienen nuestra edad son verdaderos profesionales). El buque ARA Cabo San Antonio parece un gran monstruo con las fauces abiertas.
El teniente coronel Seineldin nos esperaba ya preparado para el desembarco, tenia la cara pintada para el combate, dos granadas colgadas del pecho y una ametralladora automatica. Para mi fue tranquilizador que el desembarcaria con nosotros, con el teniente coronel con nosotros no podiamos perder. Seineldin nos miraba uno a uno controlando que todo estubiera en orden y como si tratara de adivinar nuestros pensamientos.. pero todos estabamos listos para llevar a cabo lo que seria LA GLORIOSA GESTA DE MALVINAS.
Son las 6:00 am. En unos minutos comenzamos a subir al anfibio. Yo quedo del lado derecho cerca de la puerta, al lado del sargento Colque (un gran militar). Ya embarcados tengo puesto un salvavidas que se infla automáticamente tirando de unas tiritas, es igual a los que se utilizan en los aviones de pasajeros. De nuevo recuerdo todos los pasos que tenemos que realizar en caso de tener que desalojar el anfibio en caso de emergencia. La compuerta se cierra, estamos listos para comenzar el desembarco, se escucha el ruido de las orugas del anfibio sobre el piso de metal del barco, el movimiento me pone tenso, solo ruego que salga todo bien. El teniente coronel pide poner música que llevaba en un grabador, la cual era en conmemoración de las invasiones inglesas. La operación se llamaba Rosario, por la virgen. El anfibio se encuentra en movimiento salimos al mar, me doy cuenta por el ruido del vehículo que caemos al agua, los motores comienzan a rugir y, el ruido tapa al de la música... en ese momento comenzamos a rezar, para que el anfibio se mueva, porque si no comenzará a entrar agua y se puede hundir. En ese momento trato de ver por la ventanilla hacia fuera, y solo veo el nivel del mar que casi la cubría por completo, en la parte superior solo se apreciaban algunas estrellas y un cielo muy oscuro. Los motores continúan rugiendo hasta que en un momento toma impulso y sentimos que estamos en movimiento. En unos minutos que pasan muy rápido continuamos por el mar, hasta que de repente se siente un ruido muy fuerte, como si hubiéramos chocado, con algo y el anfibio se mueve bruscamente. Ya habíamos tocado tierra. Ya estamos en las islas. El subteniente Reyes abre las compuertas de la parte superior, se para sobre los asientos se asoma hacia afuera, y comienza a decir —"¡Allí están esos hijos de p..., allá están!". Yo pensé que los ingleses nos estaban esperando, y el anfibio seguía avanzando. De repente suena el timbre que anticipa que tenemos que bajar (ya nos habíamos sacado el salvavidas) y de pronto nos detenemos. La luz verde no indica que la compuerta se abrirá... Cada segundo se convierte en una eternidad. Apenas la compuerta está totalmente abierta, comenzamos a bajar, yo bajo tercero. Salimos lo más rápido que podemos y nos quedamos cuerpo a tierra. Lo primero que noto es que la isla se me mueve, como si estuviera en el barco, trato de regular mi respiración, (pienso estoy muy nervioso, por eso se "me mueve la isla"), dan la orden de continuar y me levanto. Tengo mi fusil FAL cargado y sin seguro. Avanzamos en forma de abanico, trato de mirar a todos lados, todavía es de noche... llegamos al aeropuerto y seguimos caminando apuntando hacia adelante mirando todo. El terreno es plano, con el pasto bajo, vamos pasando por la pista. A los costados de la misma el terreno presenta unas irregularidades formada por piedras. Mientras continuamos avanzando algunos compañeros van quedando ya apostados para cubrir el terreno ganado. Sigo caminando y siento en la vista que las piedras parecen moverse. Nos paramos, quedando rodilla a tierra, miro de reojo para poder distinguir si realmente algo se mueve entre las piedras, o si es sugestivo. Al cabo de poco tiempo seguimos avanzando, recorriendo casi toda la pista y en un momento se escuchan ruidos de los enfrentamientos en Puerto Argentino. Ruido de ametralladoras apagado a veces por los ruidos del cañoneo naval. Seguimos caminando, llegamos hasta el final de la pista, en ese lugar me tengo que quedar apostado, miro para todos lados no quiero dejarme sorprender por algún soldado inglés. Veo que la pista está ocupada con camiones y máquinas viales para no permitir el aterrizaje de los aviones. El grupo continua hasta el faro que se encuentra más adelante. Yo estoy rodilla a tierra con mi fusil mirando para todos lados. Puedo ver en dirección a Puerto Argentino y alcanzo a divisar el destello de los cohetes que tiran los ingleses . El ruido continua, se nota que hay resistencia. Aquí en el aeropuerto todo está muy tranquilo, todo muy quieto, pero a mí la isla se me sigue moviendo, no entiendo que me pasa. De pronto veo que comienza a operar gente en la torre de control, mientras comienzan a correr los vehículos que están obstruyendo la pista. Todo está saliendo a la perfección y sin inconvenientes, mejor a lo esperado. Hasta ahora nosotros no hemos tenido que enfrentarnos con los ingleses. De pronto regresan algunos de los que habían pasado hasta el faro, y me anticipan que encontraron algunos soldados ingleses que se entregaron sin oponer resistencia. Cuando retiran el último vehículo de la pista comienzo a ver en el cielo una luz que se enciende y se apaga... es un avión y aproximándose. Más cerca veo que es un avión Hércules, que pasa por encima de mi cabeza. Yo estoy en la cabecera de la pista, y es algo impresionante ya que nunca había estado tan cerca de un avión. Sigo vigilando, con el fusil listo para disparar. El avión se detiene y se produce el comienzo del desembarco aéreo. El ruido del enfrentamiento en Puerto Argentino ya no se escucha. El día ya está amaneciendo, los aviones siguen llegando, esta todo sincronizado, cuando unos soldados, todo desarrollándose con normalidad. El nuevo día ya deja ver estas queridas islas. Puedo apreciar el suelo, donde estoy la arena es muy fina y blanca con algunos arbustos. Sigo apostado, ya un poco más tranquilo, y sereno, las islas están recuperadas. Pronto llega el relevo, todo ha salido mejor de lo planeado, dejamos el aeropuerto con la alegría de haber cumplido la misión, ahora continuamos a Puerto Argentino.
En 1964, un diplomático argentino logró llevar la cuestión de las Malvinas al centro de la política mundial. No fue un gesto simbólico ni un mero ejercicio retórico para dejar constancia de una protesta. Fue una intervención jurídica y diplomática de notable precisión, concebida para demostrar ante las Naciones Unidas que la presencia británica en las Islas Malvinas no era el resultado de un desarrollo histórico natural o incontestado, sino la consecuencia de un acto de fuerza colonial perpetrado en 1833.
El 9 de septiembre de 1964, el embajador José María Ruda se presentó ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU y expuso la posición argentina con claridad, rigor y firmeza. Su planteo era sencillo en su forma, pero profundo en sus implicancias jurídicas: las Islas Malvinas forman parte del territorio argentino y permanecen bajo ocupación británica ilegítima desde la expulsión de las autoridades argentinas establecidas allí en 1833. Al presentar la cuestión en esos términos, Ruda no se limitó a reiterar un reclamo nacional. Encauzó la disputa en el lenguaje del derecho internacional, despojándola de relatos imperiales y devolviéndole su verdadera naturaleza: la de una cuestión de soberanía aún no resuelta.
La fuerza de su exposición no residió solo en la reconstrucción histórica de la ocupación británica, sino en las consecuencias jurídicas que se desprenden de ese hecho. Ruda sostuvo que, tras la ocupación, la presencia argentina en las islas fue desplazada y se estableció una nueva población bajo autoridad colonial británica. Ese punto era central. Implicaba que la población actual de las islas no puede ser considerada, en términos jurídicos estrictos, como si existiera al margen del acto de fuerza originario. Hacerlo supondría convertir los efectos de una ocupación en fuente de derechos.
Sobre esa base, Ruda rechazó cualquier intento de encuadrar el caso como uno de autodeterminación de los pueblos en el sentido clásico. Su posición fue que ese principio no puede invocarse legítimamente para convalidar una situación demográfica y política creada por el mismo acto cuya legalidad se encuentra en disputa. El principio aplicable, sostuvo, es el de la integridad territorial de los Estados, igualmente fundamental en el orden jurídico internacional de la posguerra. En términos jurídicos, su razonamiento resulta contundente: la autodeterminación no puede separarse de las circunstancias en las que se conformó una población, ni utilizarse para legitimar las consecuencias de una desposesión territorial producida por la fuerza.
El contexto internacional de la época le dio aún mayor relevancia a su intervención. El mundo atravesaba un proceso de descolonización, y la ONU ya había adoptado la Resolución 1514, la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, que exige poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. El logro de Ruda fue inscribir la cuestión de las Malvinas en ese proceso histórico, sin perder de vista su especificidad jurídica. Demostró que no se trataba de un caso colonial típico, sino de una disputa singular y grave que involucra la ocupación por parte de una potencia colonial de una porción del territorio nacional argentino.
El resultado fue histórico. En 1965, la Asamblea General adoptó la Resolución 2065, que reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambos gobiernos a entablar negociaciones. Se trató de un avance decisivo. Las Naciones Unidas no dieron la cuestión por saldada ni la redujeron a una cuestión de preferencia local. Reconocieron, en cambio, que existe una controversia bilateral que requiere una solución negociada conforme a los propósitos y principios de la Carta. En términos jurídicos y diplomáticos, este sigue siendo uno de los logros más importantes alcanzados por la Argentina en el ámbito internacional.
Más de seis décadas después, el alegato de Ruda sigue siendo una referencia central porque logró articular patriotismo con rigor jurídico, convicción nacional con argumentación internacional. Las Malvinas no son solo una cuestión de memoria ni un vestigio del pasado. Son una cuestión de soberanía que incide directamente sobre el Atlántico Sur, sus recursos, sus rutas marítimas y la proyección estratégica de la Argentina hacia la Antártida. En un contexto en el que la región vuelve a adquirir relevancia geopolítica, la posición argentina exige seriedad, continuidad y una política de Estado sostenida. La solidez del reclamo nunca dependió de la improvisación, la emotividad o las fórmulas coyunturales, sino de una base jurídica coherente sostenida en el tiempo. Por eso la intervención de Ruda perdura: no solo como una pieza oratoria destacada, sino como una de las defensas jurídicas más claras de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas.