sábado, 24 de octubre de 2026

El miedo de Gran Bretaña por los 24 F-16s

¿Se prepara Argentina para una segunda guerra de las Malvinas con la compra de cazas F-16?

Por: Peter Suciu || The National Interest

Resumen y puntos clave: La compra por parte de Argentina de 24 F-16 usados a Dinamarca, un acuerdo aprobado por Estados Unidos para evitar que Buenos Aires recurra a China para obtener armamento militar, ha suscitado la preocupación de un posible nuevo conflicto en las Malvinas.



F-16

  • - En la Guerra de las Malvinas de 1982, Argentina se apoderó brevemente del territorio británico antes de perderlo en una humillante derrota.
  • - Sin embargo, a pesar de la modernización de la fuerza aérea argentina, su ejército sigue careciendo de fondos suficientes, y las Malvinas ahora están fuertemente defendidas por las fuerzas británicas.
  • freestar
  • - Si bien pueden producirse amenazas, es improbable una invasión. Cualquier conflicto que involucre a los F-16 de fabricación estadounidense y los F-35B británicos podría perjudicar los intereses de Washington y la reputación de Lockheed Martin. 


La compra de F-16 por parte de Argentina genera preocupación por una nueva guerra en las Malvinas

A principios de este verano, cuando Argentina anunció su intención de comprar cazas F-16 Fighting Falcon de segunda mano, fabricados en Estados Unidos, a Dinamarca, miembro de la OTAN, surgió la preocupación de que Buenos Aires pudiera estar preparándose para una nueva guerra en las Malvinas.

Para quienes tengan poca memoria, hace 42 años, la primavera pasada, Argentina se apoderó brevemente del archipiélago del Atlántico Sur, territorio británico de ultramar. Los británicos controlan las islas desde 1833, pero Argentina mantiene sus reivindicaciones sobre las Malvinas como motivo de orgullo. Y aunque un referéndum de soberanía celebrado en 2013 determinó que casi la totalidad de los habitantes de las Malvinas votaron a favor de seguir siendo territorio británico de ultramar, su estatus de soberanía es el núcleo de una disputa continua en el Reino Unido.

En abril de 1982, Argentina tomó la isla por la fuerza y, posteriormente, perdió una breve pero humillante guerra contra el Reino Unido. El conflicto fue comparado con las "Pequeñas Guerras de la Reina Victoria" del siglo XIX, libradas con armamento del siglo XX. Puede que el Reino Unido ya no fuera la mayor de las grandes potencias mundiales, y Argentina distaba mucho de ser las fuerzas de segunda categoría contra las que el ejército británico combatía en todo el mundo; sin embargo, el Reino Unido contaba con una ventaja en cuanto a mayor capacidad naval y, en particular, en la aviación de combate.


F-16

La situación podría ser considerablemente diferente, ya que Argentina está adquiriendo los F-16 mencionados, cuya compra Washington autorizó a Buenos Aires para asegurar que Argentina no recurra a China en busca de armamento. En un acuerdo valorado en 300 millones de dólares, Dinamarca venderá a la nación sudamericana 24 de sus F-16.

La Guerra de las Malvinas 2.0 sería una pesadilla para Estados Unidos.

Lo último que Estados Unidos querría es ver a dos de sus socios enfrentarse a golpes por unas islas que pocos estadounidenses (incluida, sin duda, Marjorie Taylor Greene) pueden localizar en un mapa. Como se ha señalado, Washington está ansioso por asegurarse de que Buenos Aires no recurra a Pekín para obtener su armamento militar.

Al mismo tiempo, Estados Unidos no necesita ver al HMS Queen Elizabeth de la Marina Real británica entrar en combate con los F-35B para intentar derribar esos F-16. Dado que Lockheed Martin produce ambos aviones, ¡no querría en absoluto que se produjera semejante escenario!

En la Guerra Fría, vender armas a ambos bandos en un conflicto era beneficioso para los negocios. En el siglo XXI, sería un desastre. Si los F-35 y los sistemas de defensa aérea británicos destruyeran a los F-16, sugeriría que el Fighting Falcon no es un avión de guerra del siglo XXI. Si incluso un solo F-35 fuera derribado, ¡Lockheed Martin podría ver cómo sus futuras ventas se desplomaban con él!

Londres minimiza las preocupaciones

Afortunadamente, la serenidad prevalecerá. Como mucho, Buenos Aires probablemente seguirá el ejemplo de Pekín y afirmará con vehemencia que las islas serán devueltas al control continental, incluso por la fuerza si es necesario. Ese día podría llegar, pero no pronto.

Como informó el UK Defence Journal: «Si bien la adquisición refuerza la fuerza aérea del país en teoría, Argentina aún está lejos de representar una amenaza seria para las Islas Malvinas. Una combinación de equipo obsoleto, recursos limitados y restricciones diplomáticas continúa frenándola».

Se necesitarán más de dos docenas de F-16 usados ​​para tomar las islas, que ahora están mucho más defendidas que en la primavera de 1982.

«Con 1500 efectivos estacionados permanentemente allí, junto con las patrullas de la Marina Real Británica y la superioridad aérea de la RAF, la defensa de la isla probablemente sería lo suficientemente robusta como para repeler cualquier invasión anfibia hasta la llegada de refuerzos».

El periódico británico Express sugirió: «La compra de aeronaves no contribuye a reforzar la capacidad de las fuerzas terrestres, que durante años han estado infrafinanciadas y mal entrenadas».

El ejército argentino depende de equipo de la década de 1970 y cuenta con una armada aún más anticuada que su fuerza aérea. Las Malvinas se encuentran a 480 kilómetros de la costa argentina, y una invasión anfibia es simplemente impensable. La invasión de 1982 pretendía fortalecer el gobierno del presidente argentino Leopoldo Fortunato Galtieri Castelli, pero en realidad condujo a su caída. Es dudoso que Argentina vuelva a correr semejante riesgo, incluso con F-16 en su arsenal.

jueves, 22 de octubre de 2026

Boca House: 𝐋os Leones de la Sección "Aliaga" (Ultima 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞)

𝐋os Leones de la Sección "Aliaga" (Ultima 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞)


Malvinas: Historias de coraje



El combate prosiguió unos minutos mas, hasta que los defensores se fueron. La situación era extremadamente difícil: con la MAG inoperable, con escasa poca munición en los pozos que aún combatían, y con varios de los cuadros heridos, no existía mucho margen de maniobra. Pero en el mismo puesto de Aliaga, el soldado Eduardo Rappa no se daba por vencido: intentaba disparar uno de los cohetes descartables tipo LAW que, capturados en el cuartel de Moody Brook, le fueran entregados a la sección por el teniente primero Esteban. Observando los preparativos, el cabo primero Ábalos le pidió el artefacto. - ¡Rappa, pasámelo a mí que yo les tiro! Cuando el suboficial disparó, una explosión sacudió la parte trasera  de la trinchera y se vino abajo el sector del techo que aún quedaba en pie; uno de los fragmentos pegó en la cabeza del subteniente Aliaga y le agregó una herida más al oficial. El sargento Maldonado, que se había sacado su casco después de que un proyectil inglés se lo averiara, también fue lesionado en su cabeza por un clavo de la quebrada viga que sostenía la parte superior del puesto, pero el cohete golpeo a la formación inglesa que se acercaba y los hizo retroceder. 


𝗟𝗮 𝗰𝗮í𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗰𝗶ó𝗻
El combate proseguía pero ya no había munición.
La incertidumbre ante la actitud que pudieran tomar los vencedores era total. Segundos después, los británicos agarraron tanto al subteniente Aliaga como a los demás heridos y los sacaron del destruido pozo, siempre bajo la amenazadora presencia de varios fusiles. La duda se disipó, en parte, cuando los prisioneros vieron que los paracaidistas, ya que tales eran las tropas atacantes,  comenzaron a juntarlos y a atender a los heridos argentinos usando, inclusive, sus propios paquetes de curaciones. Cuando Héctor Altenburger recuperó el conocimiento lo primero que vio fueron varias botas delante de sus ojos; tapado con los restos del techo del pozo no podía precisar cuánto tiempo había pasado desde que fuera herido. Sacándolo del  agujero los ingleses lo tendieron a un costado, y alcanzó a preguntarle a otro soldado que estaba al lado de él cómo tenía la cara. - -La tenés hecha mierda,  - le respondió aquel, impresionado por la mezcla de barro y sangre que observaba. Dándose vuelta para el otro lado, el “Alemán” cayó en un profundo sopor. La tensa calma lograda se rompió abruptamente cuando uno de los paracaidistas, que estaba revisando a los prisioneros, descubrió una pistola que el sargento Maldonado tenía escondida entre sus ropas. Cargando sus armas, los soldados ingleses volvieron a encañonarlos pero el incidente concluyó cuando un oficial los reprendió enérgicamente. Luego, en un perfecto castellano con acento español, pidió disculpas a los argentinos capturados (Según lo que el británico manifestara más tarde, había servido a lo largo de quince años en el Peñón de
Gibraltar.)



Tirado boca abajo como el resto de sus camaradas, el soldado Castro se sorprendió al oír el ruido de aviones en las cercanías. Intentó levantar su cabeza para observar pero una fuerte patada propinada en su casco lo hizo desistir del propósito. Un rato después, los ingleses los hicieron levantar y caminar con ellos en dirección a Goose Green formando parte de la avanzada británica. Salvo el soldado Allende, que quedó en el pozo de la ametralladora presumiblemente dado por muerto, todos tuvieron que avanzar. Los heridos eran transportados por los demás y el movimiento fue lento, penoso y no exento de riesgos ya que podían pisar alguna mina de los campos existentes en el sector o ser blanco del fuego de los defensores del poblado.
 En forma posterior a la caída de la posición, los prisioneros de Boca House pudieron observar algunas de las acciones sucedidas en la tarde del 28 de mayo, como el ataque y derribo de uno de los aviones Pucará enviados desde Puerto Argentino, y sufrieron otras, como el fuego de artillería propio que llegó a caer preocupantemente cercano. Con el crepúsculo avanzado rápidamente y teniendo como telón de fondo las ahora más tenues pero aún rojizas llamaradas que consumían la escuela de Goose Green, los prisioneros del Regimiento 8 comenzaron a caminar otra vez pero ahora en dirección opuesta al caserío. En las lomas cercanas al Establecimiento Darwin pasaron una interminable noche junto a un numeroso grupo de soldados argentinos capturados más temprano, en medio de unos arbustos que estaban incendiados 



La sección del subteniente Aliaga había combatido en forma eficaz estancando el ataque británico en el sector asignado a su defensa durante algunas horas, careciendo en absoluto de comunicaciones y, consecuentemente, de cualquier tipo apoyo de fuego y de refuerzos humanos. La decisión del combate se produjo luego de que los británicos hicieran un profuso empleo de numerosas armas automáticas, de morteros y también algunos misiles Milan. El intenso fuego ocasionó varios heridos a la par que los proyectiles pesados derrumbaron algunas de las posiciones argentinas; mientras no llegó a hacerse uso de esa concentración de poder, la sección pudo equilibrar con cierta comodidad el desarrollo del combate favorecida por las características del terreno. Sin embargo, al momento de la rendición, las reservas de proyectiles  estaban agotadas. Los paracaidistas ingleses tomaron en Boca House alrededor de 15 prisioneros, varios de ellos heridos, que habían combatido armados con fusiles livianos, una ametralladora MAG y un lanzacohetes. Éste último pudo efectuar un reducido fuego debido a que la munición disponible alcanzaba para tres o cuatro disparos .
Alrededor de una docena de conscriptos pudo evadirse de la posición aprovechando la cubierta que les ofrecía la pequeña loma de Boca House. Algunos de ellos intentaron acercarse a un cañón antiaéreo de 20 milímetros, que se encontraba sin sus servidores, con la intención de ponerlo en funcionamiento; sin embargo,
la munición de un obús o de un mortero británico dio de lleno en la pieza antes de que pudieran llegar a la misma. 


ʟᴀ ɪɴꜰᴏʀᴍᴀᴄɪóɴ ꜱᴜᴍɪɴɪꜱᴛʀᴀᴅᴀ ᴘᴏʀ ᴇʟ ɪɴᴠᴇꜱᴛɪɢᴀᴅᴏʀ ᴅᴀᴠɪᴅ ᴋᴇɴɴᴇʏ ɪɴᴅɪᴄó qᴜᴇ ʟᴏꜱ misiʟᴇꜱ Mɪʟᴀɴ ʟᴀɴᴢᴀᴅᴏꜱ ᴄᴏɴᴛʀᴀ ʟᴀ ᴘᴏꜱɪᴄɪóɴ ᴅᴇ ʟᴀ ꜱᴇᴄᴄɪóɴ ᴅᴇʟ ꜱᴜʙᴛᴇɴɪᴇɴᴛᴇ ᴀʟɪᴀɢᴀ ᴀʟᴄᴀɴᴢó ᴇʟ ɴÚᴍᴇʀᴏ ᴅᴇ 6. 

martes, 20 de octubre de 2026

Comandos: El problema de las comunicaciones en las patrullas de reconocimiento

Un debut con errores como toda fuerza primeriza


Extracto basado en el libro de mierda con titulo "Comandos en Malvinas -La otra historia", capítulo "Análisis de las operaciones". Libro disponible en papel y e-book en Amazon.



En la foto comandos del EA por las calles de la capital malvinense.

..Una vez en la cima del monte Simon, los comandos argentinos observaron helicópteros británicos al norte de su posición e intentaron transmitir esa información a Puerto Argentino mediante una radio Thompson TRC 300 de HF, equipo comparable, en términos generales, a las Clansman PRC 320 utilizadas por las fuerzas británicas. Emplearon el modo SSB —Single Side Band, o Banda Lateral Única—, un procedimiento normal de comunicación por voz en la red de HF. Lograron establecer contacto, pero la comunicación se cortó casi de inmediato. A partir de allí probaron cambios de posición, modificaciones en la antena y otros recursos disponibles en campaña, aunque no pudieron restablecer un enlace estable con la capital...

Ese mismo día consiguieron transmitir parcialmente la información cuando aprovecharon el paso de dos helicópteros argentinos que regresaban a Puerto Argentino transportando a la patrulla de Pinasco. Los hombres de la 1ª Sección de la Compañía de Comandos 602 contactaron con esas aeronaves y les pasaron parte de los datos recogidos. No era lo ideal, pero era una solución de circunstancia dentro de una situación táctica real, con medios limitados, presión enemiga, clima adverso, terreno difícil y una cadena logística que distaba enormemente de la que sostenía a las unidades británicas.

Conviene detenerse en este punto porque muchas críticas posteriores juzgan la actuación argentina como si aquellas patrullas hubieran operado en igualdad material, doctrinaria y logística con fuerzas de la OTAN. No fue así. La Argentina no tenía acceso directo, fluido ni permanente al mejor equipamiento de comunicaciones, guerra electrónica, navegación, supervivencia y apoyo aéreo disponible para las fuerzas occidentales de primera línea. Tampoco contaba con una estructura logística comparable a la británica, ni con la experiencia operacional acumulada de unidades como el SAS, el SBS o los Rangers estadounidenses. Las tropas comando argentinas estaban debutando en combate moderno, en una guerra real, aisladas en el terreno, con reaprovisionamiento incierto y bajo la amenaza constante de detección, interdicción y superioridad tecnológica enemiga.

Es cierto que, desde una mirada estrictamente técnica, ante la imposibilidad de sostener la comunicación en SSB hubiera sido deseable intentar el empleo de CW —Continuous Wave, u Onda Continua—, es decir, transmisión por código Morse en HF. La CW posee ventajas conocidas: ocupa poco ancho de banda, tiene una excelente relación señal/ruido y puede permitir comunicaciones a mayor distancia en condiciones de interferencia, baja potencia o propagación ionosférica desfavorable. También es cierto que las patrullas británicas recurrieron con frecuencia a este modo, precisamente porque conocían las dificultades propias de la HF y porque su doctrina, su adiestramiento y su equipamiento estaban mejor integrados para ese tipo de operación.

Pero convertir esa diferencia en una acusación moral contra los comandos argentinos es una lectura injusta y cómoda. Una cosa es señalar una deficiencia doctrinaria o de adiestramiento; otra muy distinta es descargar sobre la patrulla la responsabilidad completa de un sistema que no la había preparado, equipado ni sostenido con los mismos estándares que su adversario. La ausencia del manipulador Morse en las patrullas argentinas, el escaso empleo de la CW por parte de otras unidades y los problemas generalizados de comunicación durante la campaña no describen la negligencia individual de unos pocos hombres, sino una limitación estructural más amplia. Los comandos no fallaron en el vacío: actuaron dentro de las posibilidades reales de una fuerza que estaba aprendiendo bajo fuego.

También debe recordarse que los problemas de HF no fueron exclusivos de los argentinos. Las comunicaciones en esa banda dependen de la propagación ionosférica, de las condiciones atmosféricas, del terreno, de la orientación y calidad de las antenas, de la potencia disponible, de la disciplina de transmisión y, en un teatro de operaciones, de la posible acción de guerra electrónica enemiga. Vercesi y sus hombres no podían saber con certeza si sufrían un problema técnico propio, una mala ventana de propagación, interferencias naturales o jamming británico. En ese contexto, insistir en que “debieron” haber operado con la misma flexibilidad técnica que patrullas británicas altamente entrenadas y sostenidas por una maquinaria militar de nivel OTAN es, como mínimo, una exigencia desproporcionada.

La doctrina de operaciones especiales, tanto entonces como ahora, considera a la radio como una de las piezas centrales de una patrulla de reconocimiento. Sin comunicaciones, una patrulla infiltrada pierde buena parte de su razón operacional: no puede transmitir inteligencia, pedir apoyo, coordinar exfiltración ni actualizar su situación. Eso es indiscutible. Pero precisamente por eso la responsabilidad no puede reducirse al operador de radio o a los hombres en el monte. La responsabilidad es institucional: entrenamiento previo, protocolos alternativos, disponibilidad de accesorios, práctica realista, compatibilidad de equipos, apoyo logístico y experiencia acumulada. Si ese sistema era incompleto, no corresponde usar a la patrulla como chivo expiatorio.

Los comandos argentinos hicieron lo que pudieron con los medios que tenían. En condiciones muy adversas, lograron infiltrarse, observar, detectar actividad enemiga y buscaron transmitirla por los canales disponibles. Cuando la radio principal no respondió como se esperaba, intentaron soluciones de campaña y finalmente consiguieron pasar parte de la información mediante helicópteros propios. Eso no borra las deficiencias técnicas, pero cambia por completo la interpretación. No estamos ante una patrulla inepta, sino ante una fuerza de operaciones especiales en su primera gran prueba de combate moderno, operando lejos de su base, sin reaprovisionamiento regular y frente a un enemigo profesional, experimentado y mucho mejor integrado tecnológicamente.

Criticar desde el escritorio es fácil. Exigir que tropas que debutaban en combate actuaran con la misma solvencia de unidades británicas con décadas de cultura expedicionaria, entrenamiento OTAN, experiencia operativa y medios superiores es directamente una estupidez. Solo un sorete mal cagado podría pretender que una patrulla argentina aislada en Malvinas, con comunicaciones problemáticas, logística precaria y bajo presión enemiga, rindiera como el SAS o los Rangers desde el primer día. Lo correcto es aprender de esos errores, no convertirlos en una condena injusta contra quienes estuvieron allí y operaron, con mayor o menor fortuna, en una guerra real.



domingo, 18 de octubre de 2026

Historial operativo de los P-95 Bandeirulha


 

Aviones de la FAB volaron con los colores argentinos durante la Guerra de Malvinas

Aviones de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) volaron con los colores argentinos durante la Guerra de Malvinas, patrullaron el Atlántico, colaboraron en la localización de buques británicos para ataques aéreos y marcaron el debut de Embraer en un conflicto armado real.

Fernando B. || Sociedade Militar


EMB-111 «Bandeirulha» volando con los colores argentinos sobre el Atlántico.

A pesar de la posición de neutralidad diplomática adoptada por Brasil durante la Guerra de Malvinas, el conflicto entre Argentina y el Reino Unido por el control de las islas en 1982, la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) y la entonces incipiente industria aeronáutica de ese país realizaron una contribución poco conocida a las Fuerzas Armadas argentinas durante uno de los períodos más tensos de la historia reciente de América del Sur.

Décadas antes de que los A-29 Super Tucano de Embraer participaran en operaciones contra las FARC al servicio de la Fuerza Aérea Colombiana, dos aviones de patrulla marítima EMB-111 «Bandeirulha» marcaron el debut de aeronaves del fabricante brasileño en un conflicto real, mediante un contrato de alquiler establecido entre la FAB y las fuerzas argentinas.

Los aviones de fabricación brasileña fueron empleados en misiones de reconocimiento y vigilancia en el Atlántico Sur, ayudando a los argentinos a localizar buques británicos durante el conflicto, en el marco de la difícil tarea de enfrentar a una poderosa fuerza naval integrada por más de 100 embarcaciones.

La operación constituye un episodio poco conocido de la historia militar brasileña y muestra cómo la industria aeronáutica de ese país y los medios de la FAB tuvieron una participación indirecta en uno de los principales conflictos militares sudamericanos del siglo XX.

La división de Defensa y Seguridad de Embraer comenzó a tomar forma en la década de 1960 y se consolidó en 1971 con el EMB-326 Xavante, fabricado por Embraer bajo licencia de la empresa italiana Aermacchi. Se trataba de un avión de entrenamiento avanzado y ataque ligero. En 1973 apareció el EMB-110 Bandeirante, concebido originalmente como avión regional de transporte de pasajeros, pero que dentro de la FAB recibió la designación militar C-95 y fue utilizado para transporte de tropas y carga.

Del Bandeirante surgió el EMB-111, inicialmente denominado «Bandeirante Patrulha» y posteriormente conocido como «Bandeirulha», una combinación de ambos términos. Presentado en 1977, estaba destinado principalmente a misiones de patrulla marítima, reconocimiento, búsqueda y rescate.

El 11 de abril de 1978 se entregaron las primeras tres unidades, de un pedido inicial de doce aeronaves, al 1.º Escuadrón del 7.º Grupo de Aviación, con base en Salvador de Bahía. En los años siguientes, la FAB llegó a operar 29 Bandeirulha. El modelo también prestó servicio en otros países, entre ellos Chile.

A la búsqueda de los buques británicos

En abril de 1982, el Reino Unido anunció una respuesta militar a la decisión de la Junta Militar argentina, encabezada por el general Leopoldo Galtieri, de recuperar las islas Malvinas, territorio cuya soberanía Argentina reclama desde el siglo XIX.

El Reino Unido movilizó entonces una gran fuerza de tareas de la Royal Navy, integrada por más de 100 buques y encabezada por los portaaviones HMS Hermes (R12) y HMS Invincible (R05), considerados esenciales para obtener superioridad aérea en la zona de operaciones.

La fuerza enviada al Atlántico Sur también incluía submarinos nucleares, destructores, fragatas, buques de asalto anfibio y logísticos, además de numerosos barcos mercantes y auxiliares civiles requisados para apoyar la operación.

La Armada Argentina contaba con recursos más limitados, pero durante la primera etapa de la guerra optó por desplegar su fuerza de superficie en grupos de combate organizados alrededor del portaaviones ARA 25 de Mayo y del crucero ARA General Belgrano. El objetivo era amenazar las líneas de aproximación británicas y obligar a la fuerza adversaria a dividir sus medios.

El hundimiento del General Belgrano

La estrategia de confrontación naval directa cambió rápidamente después del hundimiento del crucero ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982 tras ser torpedeado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. Murieron 323 tripulantes argentinos.

Tras la pérdida de uno de sus principales buques de combate, el mando naval argentino dispuso que la mayor parte de las unidades de superficie regresara a aguas próximas al continente, reduciendo considerablemente su participación directa en operaciones contra la flota británica.

A partir de ese momento, buena parte de la responsabilidad de atacar a la Royal Navy recayó sobre la Aviación Naval y la Fuerza Aérea Argentina. Los Super Étendard armados con misiles antibuque AM39 Exocet se convirtieron en una de las principales armas argentinas contra la flota británica.

Para utilizarlos eficazmente, Argentina necesitaba medios capaces de realizar reconocimiento sobre una extensa superficie del Atlántico Sur, detectar los buques británicos y proporcionar información sobre su posición a los aviones encargados de ejecutar los ataques.

La llegada de los Embraer Bandeirulha

Uno de los principales problemas argentinos era la baja disponibilidad de los Lockheed P-2 Neptune y Grumman S-2 Tracker, las principales aeronaves utilizadas para búsqueda y localización de unidades navales enemigas.

En ese contexto se estableció un acuerdo con la Fuerza Aérea Brasileña para transferir temporalmente dos EMB-111 Bandeirulha, designados P-95 por la FAB, al Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina (COAN).

Los dos aviones cedidos fueron los P-95 7058 y P-95 7060. Antes de viajar a Argentina, fueron enviados a las instalaciones de Embraer en São José dos Campos, donde recibieron un esquema de pintura correspondiente a la Aviación Naval Argentina, con tonos de gris más oscuros que los utilizados habitualmente por la FAB. También llevaban la bandera argentina en el estabilizador vertical, como puede observarse en fotografías de la época.


Los Bandeirulha llegaron a Argentina el 12 de mayo de 1982 y recibieron equipos de apoyo electrónico similares a los utilizados por los Grumman S-2 Tracker argentinos para la detección de contactos navales.

Durante sus misiones en el Atlántico Sur, los aviones brasileños fueron operados, según los registros disponibles, por tripulaciones completamente argentinas.

De acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Defensa argentino citados por la fuente, los Embraer Bandeirulha realizaron 39 salidas para localizar unidades de la fuerza naval británica y acumularon 206 horas de vuelo. Su alcance representaba una ventaja respecto de los Tracker argentinos, ya que podían operar considerablemente al este de las islas, zona donde se encontraba gran parte de la fuerza naval británica.

Durante aproximadamente un mes, las aeronaves contribuyeron a establecer y confirmar el área de operaciones del grupo de batalla británico organizado alrededor de los portaaviones.

Ninguno de los dos aviones sufrió daños durante las operaciones. Sus últimas misiones se realizaron el 13 de junio de 1982, cuando efectuaron dos salidas sin localizar blancos. Después del final de las operaciones militares regresaron a Brasil.

El EMB-111 Bandeirulha tenía capacidad para cinco tripulantes y estaba equipado con dos motores turbohélice Pratt & Whitney PT6A-34 de 750 hp. Su peso máximo alcanzaba los 11.816 kilogramos, podía desarrollar una velocidad de aproximadamente 393 km/h y tenía una autonomía cercana a los 2.945 kilómetros.

El Bandeirulha también podía disponer de capacidad ofensiva mediante cuatro puntos de anclaje bajo las alas destinados a lanzadores de cohetes SBAT (Sistema Brasileiro Ar-Terra) de 70 mm. El SBAT era una familia de cohetes no guiados desarrollada en Brasil por Avibras.

El legado de Malvinas para Embraer

La Guerra de Malvinas terminó el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas en las islas, luego de 74 días de conflicto. Murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños.

Más de cuatro décadas después, la soberanía sobre las islas Malvinas continúa siendo objeto de una disputa entre Argentina y el Reino Unido. Londres mantiene el control efectivo del archipiélago, mientras que Argentina sostiene su reclamo de soberanía.

Una vez finalizada la guerra, los dos Bandeirulha que habían operado con las fuerzas argentinas fueron enviados nuevamente a Embraer, donde se realizaron los trabajos necesarios para devolverlos a su configuración brasileña antes de reincorporarse a sus respectivas unidades de la FAB.

El episodio permitió emplear en condiciones operativas reales una aeronave brasileña de reconocimiento marítimo y constituyó la primera participación de un producto de Embraer en el contexto de un conflicto armado.

La cooperación aeronáutica entre ambos países continuó después de la guerra. En octubre de 1982, Brasil acordó la venta de once aviones de entrenamiento y ataque AT-26 Xavante al Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina, destinados a contribuir a la recuperación de capacidades perdidas durante el conflicto.

Un avión desarrollado conjuntamente con Argentina

En 1986, durante los gobiernos de José Sarney en Brasil y Raúl Alfonsín en Argentina, ambos países anunciaron un programa conjunto para desarrollar un avión regional. Embraer se asoció con la Fábrica Militar de Aviones (FMA) argentina.

El proyecto dio origen al CBA-123 Vector, un avión turbohélice presurizado para 19 pasajeros concebido para ofrecer altas prestaciones en rutas regionales.

El primer vuelo se realizó el 18 de julio de 1990. El avión llegó a presentarse internacionalmente, pero el programa fue cancelado en 1991 sin alcanzar la certificación comercial. Los elevados costos de desarrollo, las dificultades financieras de las empresas participantes y los cambios experimentados por el mercado de la aviación regional hicieron inviable su continuidad.

La cooperación aeronáutica entre Argentina y Brasil, sin embargo, continuó. En 1987 Argentina comenzó a recibir aviones EMB-312 Tucano fabricados por Embraer para modernizar la formación de sus pilotos militares.

El pedido comprendía 30 aeronaves destinadas principalmente a la Escuela de Aviación Militar de Córdoba. Los Tucano fueron utilizados para el entrenamiento de pilotos de la Fuerza Aérea Argentina y también contribuyeron a la formación de aviadores de otras fuerzas.

Más recientemente, Argentina participó en otro programa importante de Embraer: el KC-390 Millennium. A través de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), instalada en Córdoba, la industria argentina fabrica componentes estructurales para el avión. Entre ellos se encuentran spoilers, carenados de flaps y puertas del tren de aterrizaje.


viernes, 16 de octubre de 2026

La evolución de la población kelper

Malvinas: La historia de una población trasplantada contada desde sus propios censos




Tras la ocupación británica de 1833, los primeros recuentos registraron entre 22 y 36 residentes. Todo lo que vino después fue población traída desde afuera: 287 personas en 1851, 2.043 en 1901. Un crecimiento cercano al 4% anual, impulsado por la llegada de colonos y peones para la explotación lanera.

En el siglo XX esa población no logró sostenerse. Entre 1931 y 1980 cayó de 2.392 a 1.813 habitantes. Nacían el doble de los que morían, pero la emigración se llevaba todo ese excedente y más: unas 37 personas por año entre 1953 y 1972. Mientras la Argentina y casi todo Occidente crecían, Malvinas se vaciaba.

Desde 1982, el cambio se aceleró: inmigración y guarnición militar. Los nacidos en las islas eran el 80% en 1962 y el 75% en 1980. En el censo de 2021 son el 44,6%. El 55,4% nació en otro país: Reino Unido, Santa Elena, Chile, Filipinas y otros. Ni Luxemburgo, el caso extremo de Europa, llega a ese nivel (51%). En Tierra del Fuego, los nacidos en el extranjero son el 6,6%.

Entre 2017 y 2021 hubo 110 nacimientos y 111 muertes. Crecimiento natural: cero. Todo el crecimiento fue inmigración.

A eso se suma la guarnición británica, estimada entre 1.200 y 1.700 personas, frente a 3.662 residentes civiles. Contando la guarnición, los nacidos en Malvinas son cerca de un tercio de quienes hoy viven en las islas.

La demografía de Malvinas es la de una población trasplantada, que se vació durante medio siglo y que desde 1982 se sostiene con inmigración británica y presencia militar.

La única verdad es la realidad: Las Malvinas son Argentinas.

Fuentes: censos de Malvinas (Jane Cameron National Archives), Eurostat, IPIEC Tierra del Fuego, Hansard.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Ataque al HMS Invincible: Nombran una sala de la embajada argentina en Francia "Comodoro Gerardo Isaac"

Reconocimiento en Francia



El jóven embajador argentino en Francia, Ian Sielecki, 35 años, nombró a uno de los salones principales de la Embajada de Francia "Comodoro Gerardo Isaac". El diplomático reemplazó unas placas equivocadas para honrar, como se debe, a un Valiente.

El ataque al HMS Invincible

El 30 de mayo de 1982, durante la Batalla por nuestras Malvinas, una operación conjunta de la Armada Argentina y la Fuerza Aérea buscó atacar al portaaviones británico HMS Invincible.
Dos Super Étendard lanzaron el último misil Exocet AM-39 disponible, (Capitán de Corbeta Alejandro Amadeo Francisco, Teniente de Navío Luis Antonio Collavino)
Cuatro A-4C Skyhawk siguieron su trayectoria para atacar el objetivo. Dos pilotos argentinos, José Daniel Vázquez y Omar Castillo, murieron durante la aproximación (Gloria y Honor). Ernesto Ureta y Gerardo Isaac lograron llegar al blanco y lanzar sus bombas.






 

lunes, 12 de octubre de 2026

Entrevista a Julian Thompson: "Estamos acabados como nación"

Steven Edginton entrevista al ex-Mayor Gral. Julian Thompson


El mayor general Julian Thompson, quien comandó la 3.ª Brigada de Comandos durante la Guerra de las Malvinas, sobre la crisis de las pequeñas embarcaciones:

«Podríamos detenerlos mañana si realmente tuviéramos agallas. Yo les dispararía; lo siento, pero lo haría».

«Estamos calados hasta los huesos. Creo que va a haber una revolución».





Transcripción y traducción


Entrevistador: Vés estas imágenes de estos jóvenes en botes llegando todos los días, cientos de hombres de África y demás. ¿Cómo te hace sentir eso?

Julian Thompson: Muy enojado. Los pararía mañana mismo, si tuviéramos lo que hay que tener. Les dispararía. Perdón, pero lo haría.

Entrevistador: ¿Pensás que en tus tiempos habrían permitido que estos botes cruzaran?

Julian Thompson: No. Los habrían parado. Creo que los habrían parado. No, una soberana estupidez. Podrían pararlos re fácil.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dice de Gran Bretaña hoy en día que tengamos a cientos de miles de jóvenes cruzando ilegalmente por el Canal?

Julian Thompson: Y... que somos unos tibios. Somos unos tibios, porque dejamos que pase. Creo que con el tiempo va a haber una revolución. La gente se va a podrir de esto.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dirían tus padres y abuelos de la Inglaterra de hoy?

Julian Thompson: Estarían horrorizados. Horrorizados.

Entrevistador: Para el 2063, se prevé que los británicos blancos sean minoría en el país. ¿Qué pensás de eso?

Julian Thompson: Bastante espantoso. Toda nuestra culpa, por supuesto. Dejamos que pasara.

Entrevistador: Si le dijeras a tu papá que el alcalde de Londres es Sadiq Khan, ¿qué pensás que diría?

Julian Thompson: Diría: "No te creo".

Entrevistador: Hubo una encuesta reciente que decía que solo el 6% de los británicos se anotaría para pelear por el país. ¿Qué opinás de eso? ¿Pensás que es un cambio?

Julian Thompson: Bueno, esa encuesta también es una pelotudez, porque después decís: "Bueno, ¿y qué harías si nos invadieran? ¿Te quedarías sentado sin hacer nada?". Te diría que no lo harías. Podrás intentarlo, pero terminarías en la cárcel. Entonces, ¿cómo vas a resistir? Yo creo que resistirías. Empezarías a resistir, y después te darías cuenta de que es demasiado tarde para el carajo empezar a resistir, porque no tenés armas.

Entrevistador: Si Gran Bretaña fuera invadida hoy, ¿te anotarías si pudieras?

Julian Thompson: Sí, lo haría. Obvio que sí. Digo, ¿qué sentido tiene quedarse sentado dejando que otros te pasen por encima? ¿Que te digan qué hacer? Terminarías siendo un pueblo derrotado. Lo cual es espantoso. Digo, a mí me parecería espantoso, y a la mayoría de los británicos que conozco les parecería espantoso.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dice del país el hecho de que tan poca gente se ofrecería como voluntaria para pelear por él?

Julian Thompson: No creo que sepan lo que dicen. Me parece que están boqueando. No saben lo que pasaría. Directamente no entienden lo que pasaría si nos dominaran.

Entrevistador: Capaz hay una falta de... como dije, hay una falta de patriotismo. Falta de interés en Inglaterra y en Gran Bretaña, una falta de conexión con la nación.

Julian Thompson: Pero seguro no tenés que estar interesado en Gran Bretaña, te interesás por vos mismo, ¿no? ¿De verdad querés estar trabajando en un campo de esclavos? ¿De verdad querés estar en un campo de concentrados? Dios mío, Dios mío... Aprenderías al toque... Podrías aprender, pero aprenderías tarde. Tendrías que salir a pelear la concha de la madre. Tendrías que hacerlo, ¿no? Dejamos que pase, somos tan tibios. Somos tibios. Dejamos que pase.

Entrevistador: ¿Pensás que con el país yendo en la dirección que va, como dije, que en las próximas décadas los británicos blancos van a ser minoría, van a venir millones de personas más y demás... pensás que seguiremos siendo Inglaterra?

Julian Thompson: No. No lo seremos.

Entrevistador: ¿Inglaterra se está muriendo como país?

Julian Thompson: Y... por el momento, sí. Creo que sí. Me da una pena bárbara pensar que este gran país, que era un país bastante bueno, me parece... Después de todo, peleamos por nosotros mismos y les dimos a estos tipos su libertad en primer lugar, a la mayoría de ellos, ¿o no?

Entrevistador: ¿Te da pena pensar que el país está... está qué?

Julian Thompson: Y... cuesta abajo. Me alegro de que no lo voy a ver. Ya voy a estar muerto.


martes, 6 de octubre de 2026

Comandos argentinos y británicos

Comandos argentinos y británicos: Dos trayectorias profesionales válidas

Resumen sacado del libro "Comandos en Malvinas-La otra historia", capítulo "Análisis de las operaciones". Disponible en papel y e-book en Amazon.



Pero esa no es la única diferencia. Si observamos a los jefes de patrulla, vemos que, con algunos años de diferencia, tanto argentinos como británicos rondaban una década de servicio activo. La diferencia principal no estaba necesariamente en la vocación, el valor personal o la capacidad de mando, sino en el tipo de experiencia acumulada durante esos años y en las oportunidades profesionales que cada sistema militar les había ofrecido.

En el caso argentino, muchos oficiales habían desarrollado su carrera pasando por distintos regimientos, cumpliendo funciones de mando, instrucción, vida de cuartel y ejercicios periódicos. Era una formación propia del Ejército Argentino de la época, marcada por una estructura más convencional y por una preparación orientada, en gran medida, al marco doctrinario disponible. Algunos de ellos, además, habían realizado cursos exigentes, como el curso de comandos, y llegaban a Malvinas con una sólida voluntad de combate, sentido de responsabilidad y compromiso con sus hombres.

Del lado británico, especialmente entre los suboficiales del SAS y del SBS, el recorrido profesional solía ser distinto. Muchos de ellos habían pasado por unidades con alta rotación operativa, despliegues reales, entrenamientos internacionales y ejercicios conjuntos con fuerzas especiales de otros países. Esa acumulación de experiencias les daba una ventaja práctica importante, sobre todo en operaciones especiales, patrullas de largo alcance, infiltración, reconocimiento y combate en ambientes diversos.

Podemos verlo a través de dos ejemplos ya mencionados. Por un lado, el capitán Vercesi, jefe de una patrulla de trece hombres de la 1.ª Sección de la Compañía de Comandos 602. Vercesi egresó del Colegio Militar como subteniente en 1971 y, a lo largo de su carrera, pasó por el Regimiento 2 de Paracaidistas, el Regimiento 3, el Regimiento 21 de Montaña y, antes de Malvinas, por la Policía Militar de Córdoba. En ese periodo realizó el curso de comandos, en 1975. Su trayectoria muestra a un oficial formado dentro de la estructura argentina, con experiencia en distintas unidades y con preparación específica, aunque dentro de un sistema que ofrecía menos oportunidades de despliegue operativo real que el británico.

Por otro lado, el sargento Ratcliffe, quien lideró primero dos patrullas de cuatro hombres y luego patrullas de las Secciones 18 y 19. Tras superar la selección para el Regimiento Paracaidista británico en 1970, sirvió dos años en el 1 PARA. Luego de operar en Irlanda del Norte, en 1972 superó la selección del SAS y fue destinado al Escuadrón D. Durante los diez años previos a Malvinas, combatió en la rebelión de Dhofar, en Omán, volvió a servir en Irlanda del Norte y realizó cursos en distintas especialidades. También participó en ciclos de instrucción en escenarios muy diversos: las selvas de Brunéi, los desiertos de Arabia Saudí, Estados Unidos, las sabanas de Kenia y varios países europeos. Además, entrenó junto a unidades de operaciones especiales norteamericanas, griegas, australianas, alemanas, francesas y de otras naciones.

Como ejemplo del SBS puede citarse al sargento Hunt (foto), fallecido en un contacto fratricida con el SAS en el monte Vernet (:D). Hunt ingresó como marine en 1972, sirvió en una sección de reconocimiento de un commando, realizó el curso ML2 con el M&AW y posteriormente pasó al SBS. Para el momento de Malvinas, acumulaba despliegues invernales en Noruega, comisiones en Belice e Irlanda del Norte y ejercicios con numerosas unidades extranjeras.

La comparación, entonces, no debería plantearse como una oposición entre “comandos auténticos” y “comandos de menor valor”. Esa mirada simplifica demasiado y termina siendo injusta. Los hombres de ambos lados eran soldados profesionales, sometidos a exigencias reales, con responsabilidades concretas y expuestos a decisiones de vida o muerte. La diferencia fundamental estuvo en la profundidad y continuidad de la experiencia operativa previa. Las fuerzas especiales británicas llegaban con una práctica internacional y una cultura de operaciones especiales muy consolidada. Los comandos argentinos, en cambio, debieron afrontar la guerra con coraje y profesionalismo, pero dentro de las limitaciones propias de su preparación, sus medios, su doctrina y el contexto estratégico en el que fueron enviados al combate.

Eso no elimina los errores, ni de un lado ni del otro. Los británicos también cometieron fallos, sufrieron confusiones, bajas propias y episodios trágicos, como el fuego fratricida en el que murió Hunt. Los argentinos, por su parte, tuvieron aciertos, actos de iniciativa, sacrificio y conducción efectiva, aunque también debieron enfrentar carencias de preparación específica, coordinación y experiencia operativa acumulada.

En definitiva, la experiencia británica era claramente superior en términos de despliegue, entrenamiento internacional y práctica en operaciones especiales. Pero esa superioridad no convierte automáticamente a unos en profesionales y a otros en improvisados. Más bien muestra dos realidades militares distintas enfrentadas en una misma guerra: una fuerza con larga continuidad operativa en el mundo de las operaciones especiales, y otra compuesta por hombres que, con preparación más limitada y menos experiencia real, asumieron igualmente su misión con seriedad, valentía y sentido del deber.

En la foto de la izquierda, el capitán Vercesi; a la derecha, el sargento Hunt.