lunes, 25 de mayo de 2026

Bajas británicas: 1090 es el número que maneja el alto mando argentino

El alto mando argentino estimó en 1090 a los muertos británicos en la guerra de Malvinas

El brigadier Crespo siempre descartó la cifra oficial inglesa de 255. La versión argentina se corrobora con testimonios de pilotos que atacaron a la flota y de prisioneros que vieron fosas comunes.
Agenda Malvinas



Para las FF.AA argentinas, el secreto de guerra de los británicos hasta el 2072, es un cortina de humo para ocultar el verdadero "desastre" naval sufrido en Malvinas.

La onda expansiva generada por el Museo de Malvinas de Bariloche, que elevó las bajas británicas durante la guerra de 1982 a 1.200 caídos, ha encontrado su sustento en los archivos y las memorias de la cúpula militar argentina de la época.

A una semana del estallido de la controversia, la prensa argentina entre ellos, el diario La Capital de La Plata; recoge los testimonios ya conocidos de oficiales de alto rango que argumentaron luego de 1982, que el secreto de guerra hasta el 2072 no es más que la cortina de humo para ocultar el verdadero "desastre" naval sufrido en el Atlántico Sur.



La ventana al pasado abierta por el museo patagónico ha permitido que testimonios nada recientes de actores clave de la Fuerza Aérea y del Ejército, retomen la tesis de que la cifra oficial de 255 muertos es una burda manipulación.

El argumento cuantitativo: 1.090 muertos y las fosas comunes

El principal exponente de la contranarrativa había sido el ya fallecido Brigadier (RE) Ernesto Crespo, quien, durante el conflicto, fuera jefe de la Fuerza Aérea Sur. Crespo afirmaba que las víctimas fatales británicas estimadas por el alto mando argentino ascendían a “1090 y no los 255 reconocidos”. El objetivo, según el Brigadier, era “ocultar el desastre sufrido en una guerra que parecía ganada desde la partida”.



La versión argentina sobre el alto número de bajas se corrobora con testimonios directos del campo de batalla. El Comodoro Arnaldo Favre, ex alférez que combatió en Darwin, declaró haber sido testigo presencial del apuro británico por sepultar a sus caídos tras el combate terrestre más duro de la guerra:

Comodoro Favre:

“Yo vi ocho fosas comunes, donde fueron enterrados los soldados británicos. Eran fosas de gran tamaño, en la que podían entrar diez cuerpos, por lo menos”.
Según Favre, durante los tres días posteriores a la rendición en Pradera del Ganso, los prisioneros argentinos fueron retenidos sin poder salir de los galpones del aeropuerto de Darwin, “tiempo durante el cual ellos enterraron a sus muertos”, lo que impediría una constatación precisa de las bajas terrestres.

El Secreto Naval: ¿Ataque al Hermes disfrazado de Sheffield?


La mayor sospecha argentina se centra en el ocultamiento de daños a los dos portaaviones, el HMS Hermes y el HMS Invincible, centros vitales de la Task Force británica.



El 4 de mayo de 1982, dos horas después del lanzamiento de los misiles Exocet por parte de la Aviación Naval, Gran Bretaña reconoció inusualmente rápido el hundimiento del Destructor HMS Sheffield. La Fuerza Aérea Argentina sostiene que este reconocimiento acelerado fue una maniobra de distracción.

La duda se fundamenta en detalles técnicos y meteorológicos. La tripulación argentina que lanzó los misiles avistó una “gran silueta” en el radar. Al respecto, militares argentinos deducen que el Exocet no impactó al destructor, sino al portaaviones Hermes. Esta tesis se refuerza por una foto que los británicos dejaron trascender del supuesto ataque, mostrando un mar en “calma chicha” o “planchado”, cuando los registros argentinos y testimonios de la guerra señalan que el mar el 4 de mayo era “de grandes olas, tormentoso”, en contraste con la calma del 1 de mayo.

“La deducción de los militares argentinos es que el Exocet ‘tocó’ al portaaviones Hermes, esa era la gran silueta que vieron los pilotos navales.”

El enigma del Invincible y el último Exocet

El segundo misterio naval es el ataque al portaaviones HMS Invincible, el 30 de mayo. El Comodoro Rubén Moro, en su libro “La Guerra Inaudita”, relata la compleja misión planificada para burlar la defensa británica, donde cuatro aviones Skyhawk escoltaron al último misil Exocet.



Los pilotos de la Fuerza Aérea, tras colocar bombas en la cubierta y ver la columna de humo, “afirman que vieron que el Exocet se había introducido en los compartimentos centrales”. La respuesta oficial británica fue que los pilotos confundieron el blanco con el buque logístico Atlantic Conveyor, ya hundido el 25 de mayo.

Sin embargo, el Vicealmirante Benito Rotolo, piloto naval, recoge otro indicio incriminatorio: un pesquero argentino detenido tras la guerra fue enviado al área donde el Invincible se habría estado reparando. Los hombres del pesquero “vieron cuando el otro portaaviones, el Hermes, se apareaba al Invincible para hacer reparaciones”.

Brigadier Crespo:

“Por lo que sí sé que se le pegó al Hermes. Uno y otro estaban ‘tocados’. Pero el Hermes estaba en peores condiciones.”
La desconfianza se solidifica con la actitud del Almirante Sandy Woodward, jefe de la Task Force, quien omitió cualquier mención al Invincible en sus partes semanales luego del ataque sufrido. Pese a que el libro de bitácora del navío diga “atacado por Super Etendard, no damage (sin daños)”, el Invincible regresó al puerto inglés tres meses después de la guerra y entró de noche, un hecho inexplicable para un buque que afirmaba estar en perfectas condiciones de combate.



El debate del Museo de Bariloche ha logrado su cometido: utilizar el secreto de guerra británico, que vence recién en 2072, como la prueba irrefutable de que la verdad sobre las bajas y el daño real a la flota pirata en 1982 sigue siendo un campo de batalla abierto en la prensa y la diplomacia.

martes, 19 de mayo de 2026

Espectacular maqueta de IA-58 Pucará



Maqueta de IA-58 Pucará




Espectacular IA-58 Pucara de la Fuerza Aérea Argentina del modelista Arkady 72, en escala 1/48, kit de Kinetic, accesorios Eduard y de Black Dog






domingo, 17 de mayo de 2026

Héroes esperando el sueño eterno en Darwin

Sueño eterno de los héroes





En ese suelo frío, dos soldados argentinos esperan entierro. Lucharon y murieron con gallardía y coraje, haciendo su último aliento el 14 de junio de 1982.
Fueron entre las últimas víctimas de la guerra, cuando el cese de las hostilidades en las islas fue inminente.
Los recordamos a ellos y a sus familias, así como a los soldados británicos que permanecieron como eternos centinelas en ese rincón lejano del Atlántico Sur.


miércoles, 13 de mayo de 2026

La colaboración brasileña al tráfico de armas hacia Argentina

Brasil apoyó el tráfico de armas a Argentina durante la Guerra de las Malvinas


Alexandre Galante || Forcas Terrestres

Según un informe publicado este domingo por el diario "O Globo", que recopiló documentos oficiales secretos, el gobierno brasileño brindó apoyo logístico a Argentina para el suministro de armamento soviético durante la Guerra de las Malvinas en 1982.

A pesar de mantenerse oficialmente neutral en el conflicto entre Argentina y el Reino Unido, Brasil permitió que el aeropuerto de Recife hiciera escala a aviones que transportaban misiles y minas desde Libia.

Esta iniciativa surgió con el apoyo de la Unión Soviética (URSS) y Cuba al régimen militar argentino durante la Guerra de las Malvinas, en plena Guerra Fría, debido a que el Reino Unido era uno de sus principales enemigos, junto con Estados Unidos.

Así, según un documento secreto de la Marina brasileña, un avión cubano, con apoyo de la URSS, se dirigía a Buenos Aires con armas cuando fue interceptado por las autoridades brasileñas. La aeronave volaba clandestinamente y ambos países no mantenían relaciones diplomáticas.

Sin embargo, el régimen militar permitió que el viaje continuara tras seis horas de negociación con el país vecino. A partir de entonces, los vuelos de Aerolíneas Argentinas que transportaban armas entre Libia y Buenos Aires, con escala en Recife, alcanzaron una frecuencia de dos vuelos diarios.

Durante este período, un documento del Consejo de Seguridad Nacional de Brasil registró que Argentina fortaleció gradualmente sus contactos con Brasilia, solicitando ayuda para la compra de aeronaves, bombas incendiarias, munición para fusil, sistemas de radar y queroseno para aviación. Las respuestas brasileñas fueron casi siempre favorables. Pero cuando la respuesta era negativa, los argentinos recurrían al apoyo de Perú, que, según el diario O Globo, suministraba aviones de combate y misiles adquiridos en el mercado negro.

El suministro de armas también provenía de Israel y seguía dos rutas: una con escalas en las Islas Canarias (España) y Río de Janeiro, y la otra a través de Caracas y Lima.

El periódico también publicó un documento de la embajada británica que criticaba a Brasil por permitir que sus aeropuertos recibieran vuelos procedentes de Argentina que transportaban armas. Brasilia respondió a Londres que sus revisiones de los vuelos de Aerolíneas Argentinas "no encontraron nada de carácter militar".

Fuente: EFE/O Globo vía UOL

sábado, 9 de mayo de 2026

Operación encubierta: El desembarco secreto de 1966 en playa Vaca



Desembarco secreto en Bahía Vaca


La Operación Playa Vaca se gestó en las sombras de un tiempo turbulento, un capítulo épico en la historia de la Armada Argentina, donde se conjugaron la determinación y el sigilo para enfrentar un desafío latente desde hacía más de un siglo. Corría el año 1966, y la Argentina, gobernada por una junta militar tras derrocar al presidente Arturo Illia, veía cómo su paciencia ante los reclamos diplomáticos por la soberanía de las Islas Malvinas se agotaba. La sombra de una incursión británica, que se había extendido sobre las islas desde 1833, pesaba sobre las mentes de los estrategas navales.




El incidente del Vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas, secuestrado por un grupo de extremistas que lo desvió hacia el archipiélago, había agitado las aguas ya turbulentas. Era un recordatorio claro de que la situación en las Malvinas podría escalar sin aviso, y que la Argentina necesitaba estar preparada para un escenario de confrontación. Así, en los despachos oscuros de Buenos Aires, se trazó un plan que involucraría uno de los submarinos más veteranos de la flota, el ARA "Santiago del Estero", un ex-USS Lamprey de la Segunda Guerra Mundial, reconvertido en el custodio de una misión secreta.


El Vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas secuestrado por extremistas argentinos el 28 de septiembre de 1966 y desviado a Malvinas, donde bien mansitos se entregaron a las autoridades coloniales británicas.


El 28 de octubre de 1966, con sus motores diésel rugiendo bajo las olas, el ARA "Santiago del Estero" navegó en silencio por las gélidas aguas del Atlántico Sur. Bajo el mando del Capitán de Fragata Horacio González Llanos y del Capitán de Corbeta Juan José Lombardo, el submarino se acercó sigilosamente a la costa de la Isla Soledad, a tan solo 40 kilómetros de Puerto Stanley, la capital de la colonia británica. A bordo, doce hombres de la Armada, entre ellos el Teniente de Corbeta Oscar Héctor García Rabini, esperaban con tensión el momento de la acción.


Diagrama de la navegación realizada por el submarino S-12 ARA "Santiago del Estero" de la Armada Argentina durante la Operación "Playa Vaca" a finales de octubre de 1966.




Bahía Vaca, Isla Soledad (República Argentina)

El plan era claro: debían desembarcar en una playa remota, a pocos kilómetros al norte de la posición británica, para recolectar información vital para futuros desembarcos. La playa debía ser estudiada a fondo: su gradiente, los posibles obstáculos bajo el agua, las rutas de aproximación, todo debía ser cartografiado sin dejar rastro. En la penumbra de la noche, los hombres armaron sus kayaks sobre la cubierta del submarino apenas emergido, y el silencio se rompió solo por el suave golpeteo de las olas.


Dotación y plana mayor del submarino S-12 ARA "Santiago del Estero" de la Armada Argentina.

Llegada a la Base Naval Mar del Plata del S-12 ARA "Santiago del Estero" (SS-372 USS "Lamprey") desde Estados Unidos, año 1960 (Foto de Enrique Mario Palacio)


Los dos submarinos Clase "Balao", S-11 ARA "Santa Fe" y S-12 ARA "Santiago del Estero", que sirvieron en la Armada Argentina entre 1960 y 1971, no deben confundirse con los submarinos de la misma clase modernizados al estándar GUPPY IA, S-21 y S-22, que los reemplazaron a partir de 1971 y llevaban los mismos nombres. En esta imagen, se puede ver a los veteranos S-11 y S-12 al final de su vida útil en la Base Naval Mar del Plata, mientras que el nuevo S-22 ARA "Santiago del Estero", su reemplazo, se encuentra al fondo, preparado para asumir las tareas que sus predecesores dejaron atrás. El S-12 ARA "Santiago del Estero" se retira después de una década de servicio, habiendo sido protagonista de importantes misiones como la Operación "Playa Vaca", que quedó inscrita en la historia de la Armada Argentina.



El S-12 ARA "Santiago del Estero" de la Armada Argentina amarrado en el muelle de su apostadero en la Base Naval Mar del Plata.

La primera incursión fue un éxito. Los hombres desembarcaron y exploraron la costa, mapeando cada detalle. Sin embargo, la segunda noche trajo un giro inesperado. En la penumbra, García Rabini divisó a un kelper, un colono de las islas, observándolos desde la cima de un risco. Sabían que ser descubiertos podría desatar una crisis diplomática sin precedentes. Rápidamente, capturaron al isleño y lo maniataron mientras debatían qué hacer con él. Matarlo no era una opción; la misión era de inteligencia, no de combate. Pero tampoco podían arriesgarse a que el hombre alertara a las autoridades británicas.



Entonces, surgió una idea tan audaz como insólita: algunos tripulantes regresaron al submarino para buscar una botella de whisky del camarote del capitán. Regresaron al risco y obligaron al kelper a beber hasta dejarlo semiinconsciente, abandonándolo en el mismo lugar donde lo encontraron. Con la misión abortada para evitar mayores complicaciones, el grupo regresó al submarino, llevando consigo la valiosa información que habían recopilado.


El Vicealmirante Juan José Lombardo, nacido el 19 de marzo de 1927 en Salto, provincia de Buenos Aires, fue un protagonista clave en la historia de la Armada Argentina. Siendo Teniente de Corbeta, ocupaba el puesto de Segundo Oficial al mando del submarino S-12 ARA "Santiago del Estero" durante la exitosa Operación "Playa Vaca" en las Islas Malvinas, el 28 de octubre de 1966, una misión que quedó marcada como un hito en las operaciones de inteligencia argentina en el Atlántico Sur. El 15 de diciembre de 1981, ya con el rango de Vicealmirante, fue convocado por el entonces Jefe de Estado Mayor de la Armada, Almirante Jorge Isaac Anaya, a su despacho para recibir una misión que cambiaría el curso de la historia argentina: Malvinas.

La travesía de regreso a Mar del Plata fue tan sigilosa como su ida. A su llegada, se les ordenó un silencio absoluto sobre los eventos ocurridos. Ninguno de los participantes, ni siquiera a sus familias, debía contar lo que había sucedido en esas aguas gélidas del Atlántico Sur. La misión, a pesar de sus imprevistos, había sido un éxito. Los datos recabados quedaron en manos del Estado Mayor de la Armada, una herramienta estratégica que podría haberse convertido en clave si las negociaciones diplomáticas hubieran fracasado.


Los dos submarinos Clase "Balao", S-11 ARA "Santa Fe" y S-12 ARA "Santiago del Estero", que prestaron servicio en la Armada Argentina entre 1960 y 1971, no deben confundirse con los submarinos de la misma clase, modernizados al estándar GUPPY IA, S-21 y S-22, que los reemplazaron a partir de 1971 y portaban los mismos nombres. En esta imagen, se observa a uno de los primeros en plena navegación tras su llegada a Argentina, ya sin la pieza de artillería de proa que había sido desmontada como parte de su proceso de adaptación y modernización para las nuevas misiones en el Atlántico Sur.

Años después, el Capitán de Fragata García Rabini recordaría aquellos días con un orgullo sereno, consciente de la importancia de su misión. Aunque el informe de la Operación Playa Vaca no se utilizó directamente en la recuperación de las islas en 1982, quedó como testimonio del compromiso y la audacia de aquellos marinos, que desafiaron a la historia para mantener viva la llama de la soberanía argentina.

 

La historia de la Operación Playa Vaca permanece, entremezclada con la leyenda y la realidad, un episodio oculto en la vasta lucha por las Malvinas, donde un puñado de hombres se enfrentó al mar, a la oscuridad y a las sombras de una guerra que, aunque aún no había comenzado, resonaba con la fuerza de lo inevitable. Es un recordatorio de que la lucha por la soberanía no solo se libra en los campos de batalla, sino también en los silencios, las olas y el susurro del viento en una playa solitaria del Atlántico Sur.


El Capitán de Fragata retirado Oscar Héctor García Rabini, hoy con 83 años, es el marino argentino que, en 1966 y con el grado de Teniente de Corbeta, lideró una de las misiones más audaces de la Armada Argentina. Al frente de una incursión de Fuerzas Especiales, desembarcó en las costas de la Isla Soledad el 28 de octubre de aquel año, durante la secreta Operación "Playa Vaca". Desde las profundidades del océano, el submarino S-12 ARA "Santiago del Estero" los lanzó en una misión envuelta en el silencio y la penumbra, con el objetivo de recabar información vital para la defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.


Plata Vaca, extremo Sur, imagen tomada desde el ARA "Santiago del Estero" por Miguel Salvatierra el 28/10/1966


El submarino Clase "Balao" ex-US Navy SS-372 USS "Lamprey", que había servido a la Marina de los Estados Unidos desde 1944 hasta 1960, fue transferido ese año a la Armada Argentina, donde tomó el nombre de S-12 ARA "Santiago del Estero". En la imagen, se le ve zarpando de la Base Naval Mar del Plata, sede de la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina, donde operó hasta su reemplazo en 1971 por el S-22 ARA "Santiago del Estero", un submarino de la misma clase pero actualizado al estándar GUPPY IA. La llegada de esta nueva unidad marcó el fin de una era para el veterano submarino, que había sido parte de operaciones tan destacadas como la Operación "Playa Vaca", demostrando el compromiso de la Armada en la defensa de la soberanía nacional.


La fragata antisubmarina P-36 ARA "Piedrabuena" en la mira a través del periscopio del submarino ARA "Santiago del Estero" en unas maniobras de combate.


Traspasando carga entre el submarino ARA "Santiago del Estero" y el destructor D-10 ARA "San Luis"

El S-12 ARA "Santiago del Estero" navegando en superficie rumbo a su objetivo. Puesto a que era un Clase "Balao" que no había recibido la modificación GUPPY IA, carecía de snorkel y baterías de alta resistencia, y por lo tanto era un submarino que aún debía operar como los de la Segunda Guerra Mundial, mayoritariamente en superficie, por lo menos en horas de la noche y zonas fuera de peligro