domingo, 8 de febrero de 2026
miércoles, 4 de febrero de 2026
Derechos argentinos: Marino inglés solicitó permiso para anclar en Malvinas en 1813
Un hallazgo histórico clave para la soberanía argentina: en 1813 un inglés solicitó permiso para anclar en las Islas Malvinas
En el material revelado, un capitán inglés pide permiso a Buenos Aires para cazar en el archipiélago, reconociendo la soberanía de las entonces Provincias Unidas.
Yasmin Ali || Canal 26
Malvinas argentinas Foto: Archivo
El reclamo argentino por la soberanía de lasIslas Malvinas es conocido, un conflicto que nos llevó a una guerra en 1982 y aún continúa más vivo que nunca. Al momento en que Reino Unido intenta justificar sus acciones ilegales, lo hace mencionando una supuesta soberanía previa que la misma historia ha demostrado que es falsa. Una carta fechada en 1813 expone una de las mentiras en el relato inglés.
La carta que demuestra la soberanía argentina
El 30 de enero de 1813, el capitán Henry Jones, al mando del bergantín inglés El Rastrero, elevó ante las autoridades de Buenos Aires una solicitud formal para obtener autorización con el fin de realizar caza de lobos marinos en las costas del archipiélago de Malvinas.
El pedido —registrado en documentación oficial de la época— constituye una evidencia temprana y contundente del reconocimiento, por parte de embarcaciones extranjeras, de la autoridad que ejercían las Provincias Unidas del Río de la Plata sobre las islas. Apenas habían transcurrido tres años desde la Revolución de Mayo y el nuevo gobierno patrio ya administraba y regulaba actividades económicas en territorios marítimos bajo su jurisdicción.
Un inglés pidiendo permiso para anclar en Malvinas Foto: X @MalvinasData
La solicitud fue dirigida al Director de la Aduana, Enrique Torres, quien se encargaba de supervisar y otorgar permisos para explotaciones en zonas estratégicas del Atlántico Sur. Este tipo de trámites, habituales en la dinámica administrativa del período, reflejan cómo el Estado naciente comenzaba a consolidar mecanismos formales de control político, fiscal y económico sobre espacios considerados propios.
Este episodio es una de las primeras pruebas documentadas del ejercicio efectivo de soberanía argentina en las Islas Malvinas durante los años iniciales del proceso independentista. En un contexto en el que la caza de lobos marinos representaba una actividad sumamente rentable, el requisito de solicitar permisos reforzaba la noción de un territorio administrado y regulado por Buenos Aires.
Así, el caso del capitán Jones no solo aporta un dato histórico preciso, sino que también se suma al conjunto de evidencias que demuestran la proyección temprana y activa de las Provincias Unidas sobre las Malvinas, mucho antes de la ocupación británica de 1833.
Las Malvinas fueron usurpadas de manera ilegítimas en 1833 Foto: Archivo
Malvinas, una eterna disputa
El archipiélago fue descubierto por los españoles a comienzos del siglo XVI. Los británicos siempre posaron sus ojos sobre ellas por tener una ubicación estratégica y varios recursos naturales; para 1765, instalaron ilícitamente un asentamiento que violaba varios tratados internacionales vigentes en ese momento. Cuando España supo de esto, los expulsaron en 1770 y 1774.
El 30 de junio de 1777, José de Gálvez, Ministro de Indias del Reino de España, envió una Real Orden al Virrey del Río de la Plata, Don Pedro de Cevallos, para “quemar los edificios de toda clase que se hallaren concluidos o empezados, practicando lo mismo con los materiales que se encontrasen acopiados por el propio intento”.
La acción española que cambió a las Malvinas Foto: Wikipedia
El pedido se cumplió el 17 de marzo de 1780 por una expedición bajo el mando de Juan Pascual Callexas, que destruyó el puerto y el fuerte que los británicos habían construido en Puerto de la Cruzada (Egmont) en la Isla Trinidad, un pequeño islote de la Gran Malvina.
Este acto no solo demostraba que España mantenía un control de la totalidad del archipiélago, sino también que fue enviada y ejecutada a quien le correspondía la Gobernación de Malvinas. En este caso, al virrey del Río de la Plata. Otro dato clave que se desprende es que la falta de reacción británica se toma como una clara señal de que sabían que nada debían hacer allí.
De esta forma, Gran Bretaña abandonó Puerto Egmont en 1774 y por 55 años no hubo presencia oficial británica en las islas. Tampoco hubo queja alguna de los ingleses sobre los varios actos de soberanía ejercidos por el naciente gobierno argentino entre 1810 y 1829.
viernes, 23 de enero de 2026
jueves, 1 de enero de 2026
viernes, 12 de diciembre de 2025
domingo, 30 de noviembre de 2025
¿Por qué Gran Bretaña perderá las islas en los próximos 20 años?
¿Por qué Gran Bretaña perderá las Malvinas en los próximos 20 años?

Este hilo explica por qué es probable que Gran Bretaña pierda las Islas Malvinas, probablemente en los próximos 25 años, pero a más tardar en 2065. En teoría, podríamos evitarlo, pero probablemente no tomaremos las medidas necesarias, así que las perderemos.
“I wish to reiterate our legitimate claim and irrenunuciable claim to sovereignty over the Malvinas, South Georgia, South Sandwich Islands and surrounding maritime area that continue to be illegally occupied”
— Ben Obese-Jecty MP (@BenObeseJecty) September 25, 2025
Tucked away at the end of Argentinian President Javier Milei’s speech… pic.twitter.com/g3Wku3zEVY
Fuente
Primero lo primero: es improbable que nos enfrentemos (en un plazo estratégicamente relevante) a la posibilidad de perder las islas militarmente. Puede que seamos débiles militarmente, pero desde la guerra de 1982, hemos reforzado las defensas de las islas, centradas en la base de la RAF Mount Pleasant.

Estas defensas incluyen cuatro cazas Typhoon estacionados permanentemente, además de un avión cisterna de reabastecimiento en vuelo; transporte aéreo estratégico; cabezas de radar remotas; misiles antiaéreos de alcance medio Sky Sabre; una lancha patrullera clase River de la Royal Navy, así como destructores/fragatas que se instalarán en la base periódicamente.




Un batallón de infantería también está estacionado allí. Abajo, el oficial al mando de 2 fusiles habla como compañía de reclutamiento con un oficial de 2 PARA, típicamente ágil. Un batallón puede no parecer mucho, pero los soldados británicos son de élite; superan a la infantería argentina.

Buenos Aires está a décadas de igualar esto, especialmente considerando que cualquier aumento de poderío militar argentino podría contrarrestarse reforzando la presencia británica en las islas y sus alrededores, incluso sin el gasto militar adicional que aparentemente tenemos planeado. Pero ¿y si Argentina se organizara económicamente. ¿Y si comprara de China el tipo de avión de combate de quinta generación con sistema AWACS que aparentemente estaba al alcance de Pakistán? ¿Y si expandiera significativamente su ejército y comprara equipo moderno para él? ¿Y si...



...aprovechara la democratización del ataque de precisión y la vigilancia, posibilitada por misiles y drones de diversos tipos? Si los hutíes pueden conseguir tales misiles, y los ucranianos fabrican tales drones en su país, en teoría, también podrían hacerlo los argentinos.




El estado británico no se está tomando este riesgo lo suficientemente en serio. El uso masivo de misiles y drones degradaría rápidamente la posición en Mount Pleasant y, en última instancia, desbordaría la capacidad de la RAF para disputar el aire, abriendo el camino para que los cazabombarderos de la Fuerza Aérea Argentina comiencen a deambular.


Sin embargo, si Argentina comenzara a desarrollar un arsenal de este tipo, Gran Bretaña podría responder estacionando allí más activos defensivos, así como una defensa puntual contra drones recientemente desarrollada, y distribuyendo activos alrededor de las islas. Finalmente, podría desplegar sistemas capaces de...


...suprimir los fuegos argentinos en tierra firme. Además, un desembarco disputado de marines es una de las cosas más difíciles que un ejército puede intentar. Los argentinos podrían desarrollar toda la tecnología de drones y misiles que quisieran, pero ¿llevar soldados a través de 480 kilómetros de mar abierto?

Esto sería imposible sin superioridad aérea, pero incluso si se lograra, superar el fuego antibuque terrestre del Reino Unido no sería un hecho. Además, es dudoso que Argentina pueda detectar los submarinos nucleares cazadores-asesinos de la Marina Real, que son los mejores del...

...mundo después de los submarinos más avanzados de la Armada estadounidense, en un futuro próximo. Mientras no puedan, enviar una fuerza marítima a las Islas es una tarea difícil (siempre y cuando Gran Bretaña tenga tiempo de desplegar activos allí antes del Día D).
Entonces, ¿cómo podríamos perder las Malvinas?

Probablemente desde 2014, el orden mundial ha pasado de ser unipolar (como lo había sido desde 1991 a más tardar) a multipolar. Las grandes potencias en este sistema son Rusia (con diferencia la más débil de las tres), China y Estados Unidos (los dos últimos aportan sus pares).

Eso significa el regreso de una despiadada competencia por la seguridad entre las grandes potencias. Sudamérica no será inmune a esta competencia. Si no sabe quién es el almirante Alvin Holsey (abajo), debería saberlo. Es el comandante del Comando Sur de EE. UU., responsable de toda Latinoamérica.


El poder de Estados Unidos, por supuesto, se basa en sus enormes recursos naturales, su impresionante tamaño económico, fuerza y profundidad, y su poderoso ejército. Sin embargo, también se basa en su independencia de rivales cercanos. Siempre ha comprendido la importancia de esto.
Por eso proclamó la Doctrina Monroe —que establecía que las potencias extranjeras no podían interferir en el hemisferio occidental— en 1823, mucho antes de tener la capacidad de aplicarla. Y, desde entonces, ha librado guerras, anexado territorios, fomentado golpes de Estado, apoyado revoluciones...

...y dictadores, financiado guerrillas, traficado drogas y bloqueado naciones para asegurar que Latinoamérica se comporte bien. Nada ha cambiado, ni tampoco el deseo de Washington de controlar los recursos naturales cruciales de Sudamérica, como el petróleo, el mineral de hierro, el cobre, el litio, el niobio y el uranio.
Pero hay un problema. China es ahora el principal socio comercial de la mayoría de los países sudamericanos. También está construyendo redes 5G, puertos, corredores logísticos y, lo peor de todo, invertir en todos esos recursos naturales y enviarlos a China, no a Estados Unidos.

Con toda esta inversión, comercio y suministro de equipos, viene la influencia. Si un país es tu mayor socio comercial, te proporciona tu red nacional de telecomunicaciones y construye y opera infraestructura crucial, eso le da cierta ventaja, ¿no?
No hace falta decir que Washington detesta esto y ha decidido competir, tan despiadada y despiadadamente como siempre. Lo más destacado es que Estados Unidos está intentando fomentar un golpe de estado contra el gobierno venezolano en este momento. O quizás se esté preparando para invadirlo.

Está castigando a Brasil con sanciones porque el presidente Lula, de tendencia izquierdista y pro-BRICS/sur global, ha procesado al expresidente derechista y pro-estadounidense Jiar Bolsonaro. Está presionando a México y ayudó a instalar una administración ultrapro-estadounidense en Ecuador y Perú.

Argentina es una pieza importante del rompecabezas. Exporta productos agrícolas, petróleo y gas, y, crucialmente, forma parte del Triángulo del Litio. Argentina también controla las salidas del sistema fluvial Paraná-Paraguay, por donde transita un gran volumen de las exportaciones de la región.

El reciente rescate financiero de 20.000 millones de dólares a Argentina demuestra la importancia del país para Washington. El presidente Javier Milei es un firme partidario de Estados Unidos. Ha buscado conectar a Argentina con la órbita estadounidense mediante la compra de F-16 y la cooperación militar en el río Paraná.

Es evidente que Washington desea mantener un régimen proestadounidense en Argentina; es evidente que seguirá compitiendo por influencia en Sudamérica de forma más amplia. A estas alturas, debería haber empezado a hacerse evidente cómo Gran Bretaña podría perder las Malvinas "diplomáticamente".
Corre el año 2045. La economía argentina ha experimentado un fuerte crecimiento durante más de 15 años, gracias al gas de Tierra del Fuego, el litio y un gobierno que supo no solo gestionar la economía, sino también competir con Estados Unidos y China, asegurándose la inversión de ambos.
Con este crecimiento económico llegó la reforma militar. El país se centró en una amplia y variada fuerza de drones y misiles, complementada con un pequeño número de cazas chinos de quinta generación y un ejército moderno con capacidad expedicionaria. El Reino Unido ha seguido estos acontecimientos con alarma.
Ha tenido que comprar y desplegar más sistemas de defensa A2/AD y de punto, construir pistas austeras en la isla para distribuir sus aviones de combate y desplegar muchos más activos. El equilibrio de poder sigue estando del lado del defensor, pero los gastos para mantener las Malvinas aumentan.
En este punto, Argentina da un gran impulso para iniciar negociaciones sobre la soberanía de las Malvinas. Los países del Sur Global apoyan este esfuerzo "anticolonial". También lo hace China, ahora la mayor economía del mundo y un poderoso actor diplomático. Pekín ve una oportunidad de lograr una victoria fácil contra EE. UU., que naturalmente estará dividido al respecto (como lo estuvo Washington en 1982 hasta que Galtieri jugó un juego diplomático estúpidamente). Alguien más que ve una oportunidad de lograr una victoria es España, que presiona con fuerza para ganar que la UE apoye el caso de Argentina. Madrid espera que el precedente conduzca a la obtención de la soberanía sobre Gibraltar. Públicamente, Washington se mantiene neutral al respecto. En privado, sin embargo, le dice a Buenos Aires que utilizará su relación especial con Londres para argumentar el caso de Argentina. En Londres, le dice a un Primer Ministro con el rostro pálido que EE. UU. no apoyará al Reino Unido; el coste estratégico para Estados Unidos sería simplemente demasiado alto, y que, en opinión de la Administración, ha llegado el momento de transferir la soberanía.
Whitehall (la casa de gobierno británica) no está disgustado con este giro de los acontecimientos. No se ha hecho nada para desarrollar las islas ni explotar sus potenciales recursos naturales. El gasto de mantener estas rocas sin valor es simplemente demasiado alto, opina el Tesoro. Mientras tanto, el Ministerio de Asuntos Exteriores está igualmente complacido. Le disgusta la forma en que estas disputas sobre remanentes imperiales sin valor consumen capital diplomático. Si Gran Bretaña se librara de ellos, podríamos tener una posición moral más sólida y desempeñar un papel más importante en el fomento de la cooperación internacional.
Con el país diplomáticamente aislado, las habituales traiciones dentro del establishment dificultarían la vida. Para 2045, quedarían pocos veteranos de la Guerra de 1982 que pudieran expresar su desaprobación o influir en la opinión pública: incluso los más jóvenes que lucharon en las Malvinas serían octogenarias. Las historias del Yomp, la tragedia del HMS Sheffield, el hundimiento del Belgrano o la heroica carga del coronel H. Jones en Goose Green simplemente se habrán desvanecido de la memoria pública.
Y así es como perdemos las Malvinas.
FIN
@MartinSkold2 @policytensor @arisroussinos @tomough @edwardstrngr @proud_diplomat @iwelsh @timdavies_uk
martes, 23 de septiembre de 2025
Las dudas británicas sobre su derecho sobre las islas
Cuando los ingleses dudaron de sus derechos
Fuente

Fue en el año de la celebración del primer Centenario de la Revolución de Mayo cuando un experto de la Secretaría de Asuntos Extranjeros del Reino Unido produjo un documento que ponía en duda la solidez de los derechos de ese país sobre las Malvinas y las demás islas del Atlántico Sur. Nuestro deber es rastrear todos los antecedentes que permitan reforzar la legitimidad del reclamo de soberanía sobre las islas que la Argentina ha repetido desde 1832.
"El gobierno de Su Majestad no tiene dudas de sus derechos soberanos sobre las..." era la frase ritual que todos los representantes del Reino Unido pronunciaban como réplica a cualquier reclamo argentino sobre las Islas Malvinas.
Sin embargo, no fue siempre así. Hace casi cien años, un estudio histórico del Foreign Office puso en duda los derechos aducidos por los sucesivos gobiernos británicos. Un estudio producido por Gaston de Bernhardt fue el documento básico que el Foreign Office (Secretaría de Asuntos Exteriores) utilizó para definir la política inglesa.
Años más tarde, la opinión de otro experto de la Secretaría de Asuntos Exteriores suscitó una tensa controversia en el Royal Institute of International Affairs. En mi libro Aquel apogeo. Política internacional argentina 1910-1939, hago referencia a estos dos documentos, cuyo valor radica en constituir la opinión de dos especialistas ingleses.
El informe de Gaston de Bernhardt
El primer documento interno del Foreign Office, donde se hace la historia del conflicto y se resumen los principales títulos y argumentos que asisten a Gran Bretaña y a la Argentina, fue producido por Gaston de Bernhardt el 7 de diciembre de 1910.
El informe evoca el descubrimiento de las islas, la ocupación francesa en Puerto Luis en 1764, la ocupación española a partir de 1771, el "acuerdo secreto" entre España y Gran Bretaña y, finalmente, el abandono inglés y la permanencia de los españoles sin que "ninguna objeción parece haber sido hecha por parte de Gran Bretaña en ningún momento a la posesión de la Isla Soledad por los españoles, quienes continuaron en ejercicio pacífico de todos los derechos de la soberanía, no sólo sobre las Islas Falkland (Malvinas), sino sobre todo el grupo", según el informe secreto de Bernhardt.
Gaston de Bernhardt, más que un jurista, era un historiador, pero sus puntos de vista tuvieron la virtud de ser el primer estudio estructurado que durante mucho tiempo sirvió como documento base para la reflexión en el Foreign Office. Este documento fue retirado del Public Record Office luego de la guerra de las Malvinas y ya no está accesible.
Poco tiempo después, en 1911, el Secretario de Estado asistente, Ronald Campbell, retomó el estudio de Bernhardt y señaló los "puntos débiles" de la posición británica. Luego de repasar el traspaso de Gran Bretaña a España, los acuerdos y declaraciones sucesivas, Campbell afirmó que la evacuación británica —a pesar de la indignación que provocó entre los ingleses— fue considerada "un abandono para siempre de nuestros derechos al grupo".
Señala, además, que las islas fueron ocupadas "por las Provincias Unidas de Buenos Aires como sucesoras del título de España, de quien la colonia acababa de ganar la independencia".
El debate sobre los títulos y derechos ya estaba instalado en el Foreign Office, donde otros documentos internos evaluaban las debilidades y fortalezas de los argumentos ingleses. En uno de esos documentos, producido en 1936 por el jurista G. Fitzmaurice, quien luego sería juez de la Corte Internacional de Justicia, se lee de su propia mano:
"Nuestro caso tiene ciertas flaquezas".
Dudas en el Foreign Office
Un documento interno "muy confidencial" de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Reino Unido, del 8 de diciembre de 1927, reconoce:
"Durante más de un siglo, la Argentina ha reclamado que las Islas Falkland (Malvinas) constituyen territorio argentino..."
Más adelante, el documento menciona que "la Argentina también presenta reclamos sobre las Orcadas del Sur y Georgias del Sur".
Hacia 1927, los británicos estaban preocupados por la posibilidad de que el Gobierno argentino planteara el conflicto de soberanía ante la Unión Panamericana, lo cual representaba para ellos una perspectiva inquietante. Se trataba de una posible presentación en la Conferencia Interamericana que tendría lugar en La Habana.
Por otro lado, el embajador británico Howard había confirmado que el Departamento de Estado en Washington estaba al corriente de la cuestión.
La estrategia británica ante la disputa
La preocupación británica no se limitaba a la hipótesis de hostilidades diplomáticas por parte de la Argentina, sino al hecho de que "la historia inicial de la ocupación británica de las Islas Falkland (Malvinas) ha sido en cierto sentido confusa", como expresa un memorándum "muy confidencial" del Foreign Office firmado por C. J. W. Torr.
Sir Malcolm Robertson, quien había sido embajador británico en Buenos Aires, manifestó en repetidas oportunidades una opinión negativa sobre el presidente argentino Marcelo T. de Alvear, a quien consideraba "débil" e incapaz de defender los intereses nacionales. En contraste, tenía esperanzas en Hipólito Yrigoyen, de quien creía que tenía una actitud más amistosa hacia Gran Bretaña.
En un informe de 1928, Robertson escribió:
"Con relación a las Islas Falkland, he considerado siempre, desde la lectura del memorándum Bernhardt de 1910, que nuestro reclamo sobre las islas era, ciertamente, muy débil. Se parte de la base de un hecho de fuerza y nada más."
El embajador británico concluía que la ocupación de las islas era más fuerte que cualquier cantidad de comunicaciones diplomáticas, y que cualquier insistencia en el tema por parte de Argentina podía empujar el conflicto hacia la Corte Internacional de Justicia en La Haya.
Dudas en el Royal Institute of International Affairs
En 1936, cuando el Royal Institute of International Affairs preparaba un estudio sobre América del Sur, consultó al Foreign Office sobre cómo abordar el tema de las Islas Malvinas.
El director del proyecto, Martin Wright, envió un primer borrador que afirmaba:
"Gran Bretaña anexó las Islas Falkland de la Argentina en 1833 y siempre desde entonces estuvieron bajo su dominio, no obstante frecuentes reivindicaciones de la Argentina."
Sin embargo, en reuniones internas del Foreign Office, surgieron fuertes dudas sobre la legitimidad histórica de la ocupación. En una minuta fechada el 14 de octubre de 1936, se lee:
"No es fácil explicar nuestra posición sin mostrarnos a nosotros mismos como bandidos internacionales."
Finalmente, después de largas discusiones, se modificó el texto para reflejar una versión más diplomática y menos comprometida.
El embajador británico Henderson concluyó en 1937 que:
"La legitimidad de la pretensión británica sobre las Islas Falkland (Malvinas) no parecía, en el momento actual, una cuestión insuperable."
La estrategia británica, en consecuencia, era clara: mantener la ocupación y minimizar el debate.
La documentación histórica demuestra que incluso dentro del propio Foreign Office, existían dudas sobre la legitimidad del reclamo británico sobre las Islas Malvinas. Sin embargo, la política británica fue persistente: consolidar la ocupación y evitar cualquier discusión que pudiera debilitar su posición ante la comunidad internacional.
Notas al pie
1 Memorándum de Gaston de Bernhardt del 7 de diciembre de 1910 (F.O. 881/9755). Fuente: Ferrer Vieyra, Enrique. “Notas sobre documentos del Foreign Office referentes al conflicto Malvinas”. En: La política internacional, el derecho y el territorio nacional, Córdoba, El Copista, 1999.
2 Memorándum de R. Campbell, Secretario de Estado Asistente, 1911. (F.O. 371/1288). Fuente: ídem nota anterior.
3 Memorándum de John W. Field del 29 de febrero de 1928 (F.O. 37/12735/13336). Memorándum de A. F. Orchard del 3 de diciembre de 1928 (F.O. 371/12736/136168). Memorándum de G. Fitzmaurice del 6 de febrero de 1936 (F.O. 371/19763). Fuente: FerrerVieyra, Enrique, ídem nota 4.
4 Memorándum “Muy Confidencial” de C. J. W. Torr al gabinete del Secretario de Relaciones Exteriores Británico, Foreign Office, 8 de diciembre de 1927. P.R.O. / F.O. 371/11959. Informe Anual 1927 de Robertson a Chamberlain del 27 de enero de 1928. P.R.O. / F.O. (A 1312/1312/2).
5 Memorándum confidencial suscrito por (Sd) H. H. del 24 de octubre de 1927. P.R.O. / Informe Anual 1927 de Robertson a Chamberlain citado en nota 7.
6 Telegrama secreto Nº 6 Memorándum citado en Nota 7.
7 Nota de sir Malcolm Robertson a The Right Hon. sir R. C. Lindsay del Foreign Office del 3 de noviembre de 1928. P.R.O. / F.O. 371/12737.
8 Informe Anual 1927 citado en nota 7.
9 Informe Anual 1934 de Chilton a sir John Simon del 22 de enero de 1935 (punto 38). P.R.O. / F.O. 371/18636 (A 1989/1989/2).
10 Informe Anual 1936 enviado por el embajador Henderson a sir Anthony Eden el 26 de enero de 1937. P.R.O. / F.O. 371/20508 (A 1665/1665/2).
11 Ídem nota anterior.
12 Nota Confidencial de sir Anthony Eden al embajador Henderson del 28 de agosto de 1936. P.R.O. / F.O. 371/10763 (A 6461/889/2). La nota de referencia contiene además de los párrafos citados las siguientes consideraciones:
“En primer lugar, cien años de posesión, bajo disputa o no, constituye dentro de la ley internacional, título suficiente de soberanía sobre las islas de tal manera que por esta vía se correría mucho menor riesgo en caso de que la legitimidad del título no sea reconocida por la Corte Internacional Permanente de Justicia o por un tribunal internacional. Mientras tanto, el paso de los años, circunstancia a la que se agrega la celebración del centenario de la ocupación inglesa, consolida a su favor la causa del Gobierno de Su Majestad. Al mismo tiempo, existe razón para dudar si, verdaderamente, la Argentina ha mantenido siempre con algún fundamento el reclamo de las islas. Durante los intercambios diplomáticos del año 1833 el caso parecía haber sido fundado sobre la base de erróneos antecedentes de ambas partes. Parecería que los sucesos en el siglo XVIII fueron irrelevantes dado que las islas estaban totalmente desocupadas en 1811, lo cual otorgaba en aquella época fundamento para considerárselas res nullius, o sea, abierta a la posibilidad de ocupación por parte de cualquier estado. Además, a menos que la ocupación del corsario Vernet, a quien el Gobierno argentino trató de investir sin éxito bajo su autoridad, permite nuevamente llegar a la conclusión que las islas eran res nullius al momento de la nueva ocupación inglesa en el año 1832”.
13 Carta de The Royal Institute of International Affairs, Chatham House, del 8 de septiembre de 1936. P.R.O. / F.O. 371/10763.
14 Minutas del 14, 16 y 17 de octubre de 1936 “Reclamo Argentino”. P.R.O. / F.O. 371/10763 (A 8083/889/2).
15 Carta de sir Stephen Gaselee a Martin Wright, del Royal Institute of International Affairs, del 22 de octubre de 1936. P.R.O. / F.O. 371/10763 (A 8083/889/2).
16 Informe Anual 1936 de Henderson a Eden, enviado por nota del 26 de enero de 1937.
P.R.O. / F.O. (A 1665/1665/2).
17 Informe Anual 1934 citado en nota 13.
“Llamadas por los franceses Malouines y por los españoles Malvinas fueron descubiertas por John Davis en el buque “Desiré” el 14 de agosto de 1592. Fueron vistas por Sir Richard Hawkins el 2 de febrero de 1594 y visitadas por varios holandeses... El Capitán Strong a bordo del “Welfare” navegó a través de las islas principales y llamó al pasaje... Falkland Sound en memoria de los conocidos realistas Lucios Cary, Lord Falkland, muerto en la batalla de Newbury en 1643. De allí las islas tomaron luego ese nombre.
Aún como no lo fue antes de 1745”.
“El primer asentamiento en las islas fue establecido en 1761 por Bougainville en nombre del Rey de Francia...” Al año siguiente el Capitán Byron tomó posesión de la Isla Falkland del oeste y dejó una pequeña guarnición en Puerto Egmont en la Isla Sounders…”. Los españoles celosos de las interferencias de otras marinas en las Orcadas del Sur, compraron a los franceses el asentamiento en Puerto Luis, que rebautizaron por Soledad en 1766 y en 1770 por la fuerza, de Puerto Egmont expulsaron a los británicos.
“La acción española llevó a otros países al borde de la guerra. El establecimiento fue restituido, no obstante, a Gran Bretaña en 1771, pero... en 1771 fue abandonado voluntariamente... Las islas aparentemente quedaron sin una ocupación permanente y sin solicitantes hasta que en 1820, Luis Vernet gozando de la protección del Gobierno de la República de Buenos Aires, instaló una colonia en Puerto Luis. “... Finalmente, en 1833, Gran Bretaña que nunca había renunciado a su reclamo de soberanía sobre las islas Falkland, expulsó a los citados argentinos y colonizadores que aún quedaban en Puerto Luis y reasumió la ocupación, que se ha mantenido sin interrupción hasta el presente”.
sábado, 14 de junio de 2025
Día de Máxima Resistencia: ¡Volveremos!
Día de la Máxima Resistencia: el fin de la guerra
Cada 14 de junio rendimos tributo a los héroes argentinos que, en los momentos más críticos, permanecieron de pie defendiendo nuestra Patria hasta el último día, con espíritu indomable.

Malvinas - Luego de 74 días, el 14 de junio de 1982, el Conflicto del Atlántico Sur llegó a su fin, y el pabellón nacional fue arriado de aquel amado suelo. La feroz resistencia no alcanzó para el triunfo final. Superados en cantidad de hombres y armamento, las tropas defendieron hasta el último aliento cada metro de las Islas Malvinas.
Durante la noche del 11 de junio, la presión británica fue en aumento y se produjo un fuerte incremento de intensos duelos de artillería, batiéndose con las consiguientes bajas y destrucción de posiciones. Esto anticipaba con mayor firmeza que se avecinaban los momentos más decisivos.
Uno de los ataques más severos lo sufrió la 4º Sección de la Compañía “Nácar” del Batallón de Infantería de Marina Nº5, en el extremo oeste del monte Tumbledown, que estaba a cargo del entonces Teniente de Corbeta Carlos Daniel Vázquez.
El mismo comenzó con un asalto a bayoneta en las últimas horas del 13 de junio, por parte del 2º Batallón de la Guardia Escocesa y una Compañía del 7º Regimiento Gurkha. En las primeras horas de la madrugada del 14 lanzaron sucesivamente dos asaltos más a bayoneta, con las restantes compañías del 2º Batallón.
Durante esa noche el Jefe de Sección, luego de consumir 54 proyectiles de su mortero de 60 mm disparando sobre su propia posición, solicitó el apoyo de fuego de los morteros de 81mm, de 106,6 mm, de la Batería de Artillería “Bravo” de la Infantería de Marina, y del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 del Ejército Argentino, para que batieran con sus fuegos nuevamente su propia posición, al considerarla ya perdida.
Ejecutados esos fuegos y con una gran cantidad de bajas, la 4º Sección siguió combatiendo con su sector parcialmente ocupado por la infantería británica, hasta las 7:15 hs. Fueron cayendo en manos de los enemigos pozo tras pozo, a lo largo de las más de 8 horas de combate cuerpo a cuerpo.
En este combate murió honorablemente entre muchos otros, defendiendo a un subordinado, el Suboficial Segundo Julio Saturnino Castillo. Caída la 4° Sección, ya nada quedaba entre los ingleses y la ciudad de Puerto Argentino. Los sonidos de la guerra dieron lugar a un silencio infinito, un silencio que en muchos combatientes perduró por años. 
En el sentimiento de los que combatieron se mezclan dolor y orgullo, y es nuestro eterno deber honrar y recordar a nuestros Héroes de Malvinas. Particularmente hoy, a aquellos que defendieron la Patria hasta el último minuto.
martes, 8 de abril de 2025
domingo, 1 de diciembre de 2024
viernes, 23 de agosto de 2024
martes, 16 de julio de 2024
lunes, 8 de abril de 2024
La estrategia diplomática del gobierno argentino
Malvinas: ¿cuáles son las claves de la estrategia diplomática argentina para recuperar la soberanía sobre las islas?
La diplomacia es una profesión clave en el reclamo por la soberanía de este territorio de ultramar y sus aguas circundantes
Por Mariano Roca || Infobae
La cuestión de las islas Malvinas es una causa que forma parte de la historia argentina y un reclamo de soberanía que se mantuvo inalterado a lo largo de los años.
Desde el acto de usurpación por parte de la Corona británica, el 3 de enero de 1833,
hasta nuestros días, la Cancillería ha protestado ante el Reino Unido y
ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por lo que respecta
una clara vulneración de los derechos soberanos.
De hecho, la disposición transitoria primera de la Constitución Nacional ratifica la “legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes”.

Allí
se define la recuperación de esos territorios y el ejercicio pleno de
la soberanía como “objetivo permanente e irrenunciable del pueblo
argentino”.
En el marco del derecho internacional, en la década del 60 se puso en marcha el proceso de descolonización dentro de las Naciones Unidas. En ese contexto, la resolución 1514, del 16 de diciembre de 1965, reconoció la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido
e invitó a ambos países a negociar una solución pacífica a la
controversia. Desde el fin del conflicto del Atlántico Sur, en 1982, el
gobierno británico se ha negado sistemáticamente a regresar a la mesa de
negociaciones, en una clara violación de la resolución de la ONU.

La descolonización y los antecedentes históricos del reclamo argentino
Volvamos, por un momento, al principio: ¿cómo actuó la Argentina desde el momento mismo de la ocupación británica? El 16 de enero de 1833, apenas trece días después de los hechos, tuvo lugar el pedido de explicaciones al encargado de Negocios del Reino Unido por parte de Manuel Vicente Maza, ministro de Gracia y Justicia de la Provincia de Buenos Aires y quien tenía a su cargo el Departamento de Relaciones Exteriores de la Argentina. Allí, el representante de nuestro país protestaba por la ocupación de la isla Soledad y el enarbolamiento del pabellón inglés, actos que “abiertamente comprometen los derechos de la República Argentina”.

José María Ruda, el diplomático que llevó el reclamo argentino a la ONU
En su célebre alegato de 1964, el diplomático argentino José María Ruda recordó que hasta su usurpación, las islas estaban gobernadas por autoridades argentinas y ocupadas por población argentina. “Estas autoridades y pobladores fueron despojados por la violencia, no permitiéndose su permanencia en el territorio”, agregaba el delegado argentino ante el subcomité especial de la ONU encargado del tema.

Ese desalojo por la fuerza de la población argentina, que residía en el territorio en 1833, hace que no resulte aplicable a Malvinas el principio de “libre determinación de los pueblos”, pues no existe en las islas una población sojuzgada ni sometida al colonialismo. Con esa motivación, señaló Ruda, tal principio no podía ser legítimamente utilizado para “transformar una posesión ilegítima en una soberanía plena, bajo el manto de protección que le darían las Naciones Unidas”.
A la luz de estos antecedentes, Argentina rechazó de manera contundente los resultados del referéndum convocado el 10 y 11 de marzo de 2013 por las autoridades ilegítimas del archipiélago, en el que el 99,83% de los isleños manifestaron su voluntad de mantener el estatus de las islas como territorio de ultramar del Reino Unido.

El caso de las islas Chagos, un antecedente favorable para la Argentina
En el plano jurídico, la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el archipiélago de Chagos, emitida el 5 de febrero de 2020, podría jugar a favor de la Argentina. ¿Por qué? En 1965, sus habitantes fueron expulsados del territorio por el Reino Unido, la entonces potencia colonial, que decidió crear una nueva administración colonial y arrendar la mayor de esas islas, Diego García, a EE.UU. para el establecimiento de una base militar en esa zona del océano Índico.

La República de Mauricio alcanzó su independencia del Reino Unido en 1968, pero sin la soberanía sobre Chagos, que se mantuvo bajo control británico. Fue su gobierno el que planteó el recurso ante la Asamblea General de la ONU, que sometió la controversia a la CIJ. A partir de esta opinión consultiva, el gobierno de Mauricio reclamó que el Reino Unido pusiera fin a su ocupación ilegal de Chagos y permitiera el regreso de la población autóctona al territorio del que fueron expulsados hace casi 40 años.
Esta opinión consultiva tiene relevancia para Malvinas por tratarse de una situación similar de desmembramiento territorial y de expulsión de la población local.

La CIJ concluyó que la persistencia de la administración colonial británica sobre el archipiélago constituye un “hecho ilícito” al que se debe poner fin.
Además, entendió que el principio de la libre determinación no era aplicable a este tipo de situaciones coloniales, pues la población original había sido desterrada, tal como sucedió con las islas Malvinas.


