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jueves, 29 de enero de 2026

Pradera del Ganso junto a Waterloo: Las 20 mayores batallas que peleó el Reino Unido

 

Las 20 batallas más grandes de la historia británica

History News Network

El
Telegraph informa que el Museo del Ejército Nacional Británico ha publicado su lista de las mayores batallas de la historia británica. El público votará, ya sea en línea o en el museo, cuál es la más importante.

Las batallas, en orden cronológico:

Batalla de Blenheim , 13 de agosto de 1704, en Blenheim, Baviera (Guerra de Sucesión Española)

Batalla de Culloden , 16 de abril de 1746, en Drumossie Moor, Escocia (rebelión jacobita)

Batalla de Plassey , 23 de junio de 1757, en Plassey , Bengala Occidental, India (Guerra de los Siete Años)

Batalla de Quebec , 13 de junio de 1759, en las afueras de la ciudad de Quebec, Canadá (Guerra de los Siete Años)

Batalla de Lexington , 19 de abril de 1775, en Lexington, Massachusetts (Revolución estadounidense)

Batalla de Salamanca , 22 de julio de 1812, en Salamanca, España (Guerra Peninsular/Guerras Napoleónicas)

Batalla de Waterloo , 18 de junio de 1815, en Waterloo, Bélgica (Guerras Napoleónicas)

Batalla de Aliwal , 28 de enero de 1846, en Aliwai , Punjab, India (Primera Guerra Sikh)

Batalla de Balaklava , 25 de octubre de 1854, en Balaklava , Ucrania (Guerra de Crimea)

Batalla de Rorke 's Drift , 22 y 23 de enero, en Rorke's Drift, Sudáfrica (Guerra Zulú)

Campaña de Galípoli , del 25 de abril de 1915 al 9 de enero de 1916, en lade Galípoli, en Turquía (Primera Guerra Mundial)

Batalla del Somme , del 1 de julio al 18 de noviembre de 1916, en el río Somme, Francia (Primera Guerra Mundial)

Batalla de Megido , del 19 de septiembre al 31 de octubre de 1918, en Israel/Palestina, Jordania y Siria (Primera Guerra Mundial)

Batalla de El Alamein , del 23 de octubre al 4 de noviembre de 1942, cerca de El Alamein, Egipto (Segunda Guerra Mundial)

Campaña de Normandía , del 6 de junio al 25 de agosto de 1944, en Normandía, Francia (Segunda Guerra Mundial)

Campaña de Imphal / Kohima , del 8 de marzo al 3 de julio de 1944, en los alrededores deManipuryNagaland, India (Segunda Guerra Mundial)

Batalla del río Imjin , del 22 al 25 de abril de 1951, en el río Imjin , Corea (Guerra de Corea)

Batalla de Goose Green , 28 y 29 de mayo de 1982, en Isla Soledad (Guerra de las Malvinas)

Batalla de Musa Qala , del 17 de julio al 12 de septiembre de 2006, provincia de Helmand, Afganistán (Guerra de Afganistán)



miércoles, 2 de abril de 2025

La gesta de Malvinas para nunca más ignorar nuestra historia

 

Gesta de Malvinas: ¿Cinismo o ignorancia?

No pasa una semana sin que uno tenga que asombrarse de la liviandad con que funcionarios y políticos argentinos, de toda laya, afiliación y jerarquía, actuan en temas referidos a nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas. ¿Cinismo o ignorancia? Siendo benévolos y pensando en la segunda variante ¿será que se cumple aquella máxima de que uno no puede amar lo que no conoce? ¿Y que dichos funcionarios y políticos necesitan un breve curso sobre lo que fue nuestra noble y justa guerra del 82? ¿Algo así, quizá, los pueda conmover y empuje a reconsiderar?

LA RECUPERACION

La recuperación de las Islas Malvinas se llevó a cabo de manera incruenta para las tropas británicas en el llamado Operativo Rosario, aunque la misma le costó la vida al capitán Pedro Giachino, el primer héroe de la Gesta, quien a pesar de estar mortalmente herido hizo rendir al gobernador Rex Hunt.

A todas luces la Junta Militar había caído en la trampa, tendida por Gran Bretaña con ayuda del Pentágono, de que podía hacer una suerte de “toco y me voy” para después sentarse a negociar. Lejos de eso, la intención de la primera ministra Margaret Thatcher era provocar a la Argentina para tener un “casus belli” que sirviera de justificación a una nueva invasión británica y al establecimiento de la Fortaleza Falklands en el archipiélago.

Hay que recordar que en 1982 la OTAN ya no tenía ninguna base militar en el Atlántico Sur, que pudiera servir de contrapeso a la creciente presencia de la flota soviética en esas aguas, y necesitaba asegurarse a futuro la explotación de petróleo en la zona, el control del cruce interoceánico y sobre todo la proyección a la Antártida, último gran reservorio de minerales y agua dulce del planeta.

La Junta Militar nunca había pensado en ir a una guerra contra la OTAN pero, como intento de disuasión, ante la zarpada de una poderosa flota británica, comenzó a enviar tropas a las islas -con armamento incompleto- a la espera de que las Naciones Unidas pararan el conflicto bélico. Durante todo el mes de abril se montó un impresionante puente aéreo entre el continente y el archipiélago, que se ha llegado a comparar por su magnitud con el puente aéreo de los Aliados a Berlín, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

EL 1° DE MAYO

Tras establecer un cerco en torno a las islas, la aviación británica atacó la Base Aérea Malvinas, bombardeándola con bombas de mil libras y bombas de fragmentación tipo Beluga en la madrugada del 1° de mayo, con aviones Vulcan y Sea Harrier. La eficaz respuesta de la artillería antiaérea consiguió derribar varias de esas máquinas, evitando así que quedara fuera de servicio el aeropuerto. De hecho, a pesar de que la pista fue el blanco principal de los británicos, que durante todo el conflicto estuvieron bombardeándola hasta tres y cuatro veces por día, nunca lograron su objetivo. Siguió operativa hasta el último día del conflicto, permitiendo que aterrizaran en ella los aviones Hércules de la Fuerza Aérea y los Fokker de la Armada, trayendo abastecimiento y armamento y evacuando heridos.

Ese día 1° de mayo la Fuerza Aérea atacó a las fragatas británicas, causándoles daños y también se enfrascó en las llamadas “peleas de perro” con los aviones Harrier británicos, muy superiores en tecnología y armamento, ya que los Estados Unidos los habían provisto con los misiles Sidewinder L, de última generación. A propósito, el entonces Secretario de Marina de los Estados Unidos, John Lehman declaró que sin esos misiles el Reino Unido habría perdido la guerra.

La Argentina contaba con cinco aviones ultramodernos, los Super Etendard, con sus respectivos misiles Exocet, pero la mayoría de los aviones de la Fuerza Aérea eran de la década del 50, los Skyhawk A4. Sin embargo, sus pilotos, conocidos como los Halcones, suplieron esos 30 años de diferencia en tecnología con pericia, coraje y mística religiosa, diezmando a la flota del Reino Unido. Sorprendido, el jefe de la Task Force, almirante Sandy Woodward, anotaba en su diario (que luego fue editado como libro bajo el título ‘Los cien días’): “Si me preguntan quienes están ganando la guerra, nosotros ciertamente no somos”. Y en otro pasaje comenta que le quedan solamente tres buques operativos (había zarpado de Gran Bretaña con más de cien unidades, entre buques de guerra y logísticos).

Finalmente, el día 13 de junio, después de enumerar todas las bajas que los Halcones le habían causado a la flota, escribe: “Si los argentinos pudieran soplarnos, nos caemos”. Y justamente el 13 de junio el general Menéndez, jefe de la Guarnición Malvinas y gobernador militar, decide rendirse, tras mostrar durante todo el conflicto una asombrosa pasividad. Lo hace cuando a los británicos ya se les estaban acabando los pertrechos, por cuanto un avión Super Etendard de la Armada Argentina les había hundido el portacontenedores militar Atlantic Conveyor.

Después de la guerra se publicó un “paper” de la Inteligencia británica donde se habla del “factor Genta” en la guerra de Malvinas. Allí se explica que los cadetes de la Escuela de Aviación Militar habían sido formados en las enseñanzas de este filósofo nacionalista católico, asesinado por la guerrilla marxista en 1974, que los había imbuido de la mística que les permitió tener un desempeño tan eficaz en el conflicto.

HUNDIMIENTO DEL BELGRANO

La embajadora de los EE.UU. en la ONU, Jeanne Kirkpatrick, estaba haciendo denodados esfuerzos en conjunto con el presidente del Perú y el Secretario General de la entidad, para detener la guerra, y prácticamente se estaba por acordar un cese de fuego, pero a fin de frustrarlo y continuar con la guerra, Margaret Thatcher ordenó hundir el crucero General Belgrano, que estaba navegando de regreso al continente. Ya no habría marcha atrás.

Tras el hundimiento del Belgrano, la Armada retiró a la flota de mar del teatro de operaciones, a tal punto que el único de sus navíos que en Malvinas entró en combate, fue el pequeño aviso Sobral, que audazmente ingresó en aguas dominadas por los británicos para tratar de rescatar a dos pilotos derribados de la Fuerza Aérea.

Atacado por helicópteros artillados, presentó combate a pesar de la inferioridad de su armamento y sufrió numerosas bajas comenzando por su comandante, el capitán Gómez Roca, pero no se entregó y logró arribar al continente (en las Georgias había llegado a entrar en combate la corbeta Guerrico). De esta manera quienes salvaron el honor de la Armada en Malvinas fueron los aviadores navales, algunas fracciones de la Infantería de Marina, el submarino San Luis y las tripulaciones de ciertos buques mercantes.

Dos días después del hundimiento del Belgrano llegó el contragolpe de la Aviación Naval. Aviones Super Etendard atacaron y hundieron al Sheffield, el buque más moderno y sofisticado de la flota británica.

De ahí en adelante se sucedieron ataques de aviones de la Fuerza Aérea que salían del continente y que debían volar a ras del agua, para no ser captados demasiado temprano por los radares del enemigo, luego atravesar el erizo de fuego defensivo de las fragatas, descargar las bombas en el puente de las mismas y hacer el escape con una cantidad mínima de combustible, perseguidos además por los Harrier con su armamento tan superior.

DESEMBARCO BRITANICO

Recién el 21 de mayo los británicos se animaron a desembarcar y lo hicieron en San Carlos, lugar que oficiales de Inteligencia argentinos habían identificado como probable. Sin embargo, el general Menéndez solo había mandado 60 hombres a la zona. Encabezados por el teniente primero Carlos Daniel Esteban, estos soldados enfrentaron el desembarco de unos 2500 británicos y derribaron tres helicópteros antes de replegarse hacia Puerto Argentino.

Alertados por el teniente de navío Owen Crippa, que en la mañana del 21 de mayo atacó con su avión de entrenamiento AerMacchi a toda la flota británica en el estrecho de San Carlos, averiando a la fragata Argonaut, desde el continente comenzaron a llegar oleadas de cazabombarderos de La Fuerza Aérea y la Aviación Naval que sometieron a un feroz castigo a la flota británica, hundiendo varios buques y averiando a otros.

Desde San Carlos, los británicos emprendieron la marcha hacia la localidad de Darwin-Pradera del Ganso, donde funcionaba la Base Cóndor de la Fuerza Aérea y estaba desplegado el Regimiento 12 de Infantería y fracciones de los Regimientos 8 y 25, está última al mando del teniente Roberto Estévez.

A todo esto, los Halcones seguían asediando a la flota británica, causándole ingentes daños. Así, por ejemplo, el 25 de mayo el primer teniente Mariano Velasco hundió al destructor Coventry y los pilotos Pablo Carballo y Carlos Rinke pusieron fuera de combate a la fragata Broadsword. El general Menéndez, en cambio, persistía en su actitud pasiva. Había enterrado a unos 8.000 soldados alrededor de Puerto Argentino, en pozos de zorro inundados y con insuficiente alimentación, ya que había prohibido que se carnearan las centenares de miles de ovejas que había en las islas. Tampoco había cambiado de dirección la cuña defensiva que apuntaba hacia el mar, cuando los británicos avanzaban por tierra. Solamente salían a buscar al enemigo las compañías de comandos. Fueron las únicas unidades que tomaron prisioneros, y que capturaron una enseña británica. Además fueron las fracciones que proporcionalmente más bajas tuvieron.

El dia 27 de mayo los británicos comenzaron a atacar las posiciones argentinas en Darwin-Pradera del Ganso. Se habían jactado que a las 5 de la tarde ya estarían tomando el té de la victoria, pero los combates finalizaron recién el 29. En los mismos se destacó la Sección del teniente Roberto Estévez, que contraatacó y detuvo a las fuerzas británicas – superiores en número – durante cinco horas. Aún herido, Estévez siguió comandando, combatiendo y cuidando a sus soldados conscriptos hasta que cayó muerto. También se distinguió en las acciones el subteniente Juan José Gómez Centurión, quien abatió a un teniente de paracaidistas y rescató, internándose detrás de las líneas enemigas, a un suboficial herido.

Uno de los hombres de Estévez, el conscripto Oscar Ledesma, de 18 años, abatió en un mano a mano al jefe de los paracaidistas británicos, el teniente coronel Herbert Jones. Su accionar, como el de muchos otros soldados conscriptos, echa por tierra el mito de los “chicos de la guerra”, mote infamante endilgado a nuestros soldados a fin de sugerir que no eran aptos para el combate y solamente dignos de lástima.

Asimismo se destacó en el combate el subteniente Claudio Braghini, que amén de haber derribado aviones Harrier, utilizó los cañones bitubo de su batería antiaérea para arrasar a la infantería enemiga.

El teniente coronel Italo Piaggi rindió la guarnición el 29 de mayo, pero los británicos nunca más volvieron a atacar a la luz del día, como lo habían hecho en esta oportunidad, por la cantidad de bajas que sufrieron.

Al tiempo que continuaba la batalla aeronaval, los británicos marchaban por tierra hacia Puerto Argentino, pero el 8 de junio intentaron realizar un desembarco de tropas en Bahía Agradable. Una escuadrilla de la Fuerza Aérea comandada por Carlos Cachón atacó al enemigo en el momento justo del desembarco, causando estragos entre los buques y los soldados, a tal punto que los propios ingleses calificaron ese 8 de junio como “El día más negro de la flota británica”. El general Menéndez, que aún disponía de 12 helicópteros en condiciones de transportar tropa, no hizo nada para rematar el desembarco, a pesar de la corta distancia entre Puerto Argentino y Bahía Agradable.

A partir del 9 de junio se intensificaron los combates en los montes aledaños a Puerto Argentino. En el monte Dos Hermanas se destacó por su valentía y eficacia la fracción encabezada por el subteniente Marcelo Llambías, y en el monte Harriet, el teniente primero Jorge Echeverría, un oficial de Inteligencia sin mando de tropa, organizo la resistencia e incluso realizó un contraataque, antes de caer herido por cinco impactos.

La superioridad numérica del enemigo hizo imposible retener esos montes, aunque en las cercanías había varios regimientos argentinos –el 3, el 25, el 6 – que prácticamente nunca entraron en combate (salvo algunas de sus fracciones pequeñas). El general Menéndez, haciendo gala de su sempiterna pasividad no los movilizó.

La batalla clave se produjo en la noche del 11 al 12 de junio por el control del Monte Longdon, defendido por el Regimiento de Infantería 7 y pequeñas fracciones de otras unidades. El encarnizado combate duró once horas, destacándose el contraataque realizado por la Sección del teniente Raúl Castañeda, que estuvo a punto de desalojar a los británicos. Pero al no recibir apoyo por parte de otros efectivos, el Monte Longdon quedó en manos enemigas.

A partir de ahí fue central el accionar de la artillería argentina para contener el avance británico. Como ejemplo cabe citar que la Batería A del Grupo de Artillería 3, comandada por el teniente primero Luis Caballero, disparó sus cañones Oto Melara de 105 mm durante 60 horas seguidas, hasta agotar munición.

El 13 de junio una escuadrilla de la Fuerza Aérea, encabezada por el capitán Carlos Varela atacó audazmente el puesto comando británico en tierra, causando numerosas bajas y obligando al máximo jefe enemigo, general Jeremy Moore, a tirarse en una zanja para salvar su vida.

Esa misma noche se produjo el contraataque en Wireless Ridge del teniente primero Víctor Hugo Rodríguez, al mando de dos Secciones del Regimiento 3. Y en el monte Tumbledown resistió durante diez horas el embate de fuerzas inglesas superiores en número en una relación de uno a diez, la Cuarta Sección de la Compañía Nácar del Batallón de Infantería de Marina 5, al mando del teniente de corbeta Carlos Daniel Vázquez. El grueso de esa unidad nunca fue empeñado en combate de infantería por su jefe, el capitán Carlos Robacio. Sólo lo hicieron pequeñas fracciones como la de Vázquez y del guardiamarina Alejandro Koch en el Monte Sapper.

El 14 de junio a la mañana el general Menéndez se rendía, sin haber dado nunca una orden de ataque o contraataque. El cese de fuego tuvo lugar a las 10 de la mañana. La guerra había terminado, a pesar de que la Fuerza Aérea quería seguir combatiendo.

Los 632 soldados argentinos caídos en el conflicto son los centinelas garantes de que el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas nunca será abandonado por la Nación. ¿Entenderán finalmente los funcionarios y políticos argentinos que la sangre derramada no se negocia?

domingo, 9 de marzo de 2025

Historia alternativa: ¿Y si un general agresivo hubiese comandado las tropas?

¿Y si en vez de Menéndez hubiese habido un general israelí?





 

Uno puede darse el lujo que el tiempo brinda de imaginar estar en el cuartel general de las fuerzas argentinas en las Islas Malvinas en 1982, durante la fase crítica del conflicto. Ese mismo escenario, podría ser abordado con una mentalidad aguerrida y táctica, inspirada en la experiencia y las estrategias empleadas por los generales israelíes que no hace falta demostrar que agresividad, mentalidad ofensiva y creatividad han demostrado en cada conflicto que se han visto envuelto. Uno podría especular un enfoque hipotético, considerando tanto las acciones previas como las respuestas inmediatas a loa ataques británicos que inician el 11 de junio.

Contexto previo al 11 de Junio

En los días previos al 11 de junio, el desembarco británico en San Carlos ya había desencadenado una serie de evaluaciones y movimientos estratégicos. La confirmación de que los británicos habían establecido una cabeza de playa en San Carlos significaba que su avance hacia Puerto Argentino era inminente. Se desplegaron unidades de reconocimiento y saboteadores para anticipar los movimientos británicos y retrasar su avance tanto como fuera posible. Estos grupos tenían la misión de hostigar continuamente al enemigo, colocando trampas y emboscadas en puntos críticos del terreno.

El ataque a Goose Green por parte del 2º Batallón de Paracaidistas británicos había servido como una lección valiosa. Las tácticas y la capacidad de despliegue rápido de los británicos fueron analizadas minuciosamente. Se identificaron las Puerto Argentino y debilidades de su enfoque, y este conocimiento se aplicó para reforzar las defensas alrededor de Puerto Argentino. Se construyeron búnkeres y trincheras reforzadas, y se establecieron campos de minas en las rutas de avance más probables.

  1. Desembarco en San Carlos:

    • Una vez que se confirmó el desembarco británico en San Carlos, la primera acción sería evaluar las rutas de avance británicas hacia Puerto Argentino. Utilizaría la inteligencia para anticipar sus movimientos y desplegar unidades de reconocimiento y saboteadores para retrasar su avance.
  2. Ataque a Goose Green:

    • El ataque a Goose Green por parte del 2 Para (2º Batallón de Paracaidistas británicos) debería haber servido como un aprendizaje clave. Identificaría las tácticas británicas, especialmente su capacidad de despliegue rápido y su eficiencia en el combate cuerpo a cuerpo.
  3. Fortificación y Preparación:

    • Fortificaría las posiciones defensivas alrededor de Puerto Argentino, especialmente en los cerros que rodean la capital. Construiría búnkeres y trincheras reforzadas, y establecería campos de minas en rutas de avance probables.
    • Entrenaría a las tropas argentinas en tácticas defensivas y de guerrilla, maximizando el conocimiento del terreno local.

 

Estrategia inmediata ante el ataque del 11 de Junio

El 11 de junio, al recibir la noticia del ataque en Monte Harriet por el 42 Commando, la respuesta hubiese sido inmediata y decidida. Se ordenaba un contraataque rápido utilizando unidades móviles y bien entrenadas. Estas tropas realizaron ataques de golpe y retiradas, diseñados para desgastar al enemigo sin comprometer demasiado a las propias fuerzas. El conocimiento superior del terreno permitió desplegar francotiradores y equipos de mortero en posiciones elevadas, desde donde podían hostigar continuamente a las fuerzas británicas.

Las órdenes debían ser claras: utilizar la cobertura natural del terreno para lanzar emboscadas y atacar las líneas de suministro británicas. Además, se coordinó el envío de refuerzos desde otras posiciones defensivas, asegurando que las unidades no quedaran aisladas y pudieran recibir apoyo mutuo. Se estableció una línea de comunicación efectiva entre las diferentes unidades para garantizar una respuesta coordinada y eficiente.

Se utilizaría la artillería de manera estratégica, realizando ataques de saturación en las zonas de concentración británicas. Estos ataques no solo causarían bajas significativas, sino que también ralentizaron el avance enemigo y afectaron su moral. Paralelamente, se emplearían tácticas de guerra no convencional, como incursiones nocturnas y sabotajes en las líneas de suministro y comunicación británicas. Los comandos argentinos se infiltraron detrás de las líneas enemigas, causando caos y confusión.

 

  1. Respuesta rápida y movilidad:

    • Al recibir la noticia del ataque en Monte Harriet por el 42 Commando, ordenaría una respuesta rápida. Utilizaría unidades móviles y bien entrenadas para realizar contraataques rápidos, empleando la táctica de golpear y retroceder para desgastar al enemigo.
  2. Uso del terreno:

    • Aprovecharía el conocimiento superior del terreno. Desplegaría francotiradores y equipos de mortero en posiciones elevadas para hostigar constantemente a las fuerzas británicas.
    • Utilizaría la cobertura natural del terreno para lanzar emboscadas y atacar las líneas de suministro británicas.
  3. Refuerzos y coordinación:

    • Coordinaría refuerzos desde otras posiciones defensivas, asegurando que las unidades no quedaran aisladas y pudieran recibir apoyo mutuo.
    • Establecería una línea de comunicación clara y efectiva entre las diferentes unidades para una respuesta coordinada.
  4. Ataques de saturación:

    • Utilizaría artillería de manera estratégica para realizar ataques de saturación en las zonas de concentración británicas. Esto no solo causaría bajas, sino que también ralentizaría su avance y dañaría su moral.
  5. Operaciones no convencionales:

    • Emplearía tácticas de guerra no convencional, como incursiones nocturnas y sabotajes en las líneas de suministro y comunicación británicas.
    • Utilizaría comandos para infiltrarse detrás de las líneas enemigas, causando caos y confusión.

Adaptación continua

A lo largo de esta fase crítica del conflicto, la evaluación continua del campo de batalla permitió ajustar tácticas y estrategias según el desarrollo de la situación. La flexibilidad y la adaptabilidad fueron esenciales para enfrentar las tácticas británicas. Se trabajó incansablemente para mantener alta la moral de las tropas argentinas, asegurando un liderazgo visible y apoyando a los soldados en el frente. La motivación y el espíritu de lucha fueron elementos cruciales para resistir el asalto británico.

Además, se aseguraron suministros constantes de municiones, alimentos y equipos médicos, utilizando rutas alternativas y métodos de transporte para evitar la intercepción británica. Enfrentar el ataque británico del 11 de junio en las Malvinas requirió una combinación de tácticas defensivas bien preparadas, respuesta rápida y adaptativa, y el uso efectivo del terreno y los recursos disponibles. Inspirado en las estrategias israelíes, el enfoque se centró en maximizar la ventaja local, realizar ataques precisos y coordinados, y mantener la moral y el espíritu de lucha de las tropas argentinas en un momento crítico del conflicto.
  1. Evaluación continua del campo de batalla:

    • Mantendría una evaluación continua del campo de batalla, ajustando tácticas según el desarrollo de la situación. La flexibilidad sería clave para adaptarse a las tácticas británicas.
  2. Mantenimiento de la moral:

    • Trabajaría para mantener alta la moral de las tropas argentinas, asegurando un liderazgo visible y apoyando a los soldados en el frente. La motivación y el espíritu de lucha serían esenciales para resistir el asalto británico.
  3. Apoyo logístico:

    • Aseguraría un suministro constante de municiones, alimentos y equipos médicos, utilizando rutas alternativas y métodos de transporte para evitar la intercepción británica.

Conclusión

Enfrentar el ataque británico del 11 de junio en las Malvinas requeriría una combinación de tácticas defensivas bien preparadas, respuesta rápida y adaptativa, y el uso efectivo del terreno y los recursos disponibles. Inspirado en las estrategias israelíes, el enfoque se centraría en maximizar la ventaja local, realizar ataques precisos y coordinados, y mantener la moral y el espíritu de lucha de las tropas argentinas en un momento crítico del conflicto. Lamentablemente, el desempeño de Menéndez fue más parecido a un general chileno que a uno israelí. No hay absolutamente nada destacable de su mando, con la vergüenza de rendir la plaza engominado y perfumado. Espero su legado sea tenido en cuenta para que futuras generaciones de oficiales sepan que ese tipo de conductas merecen una corte marcial y pelotón de fusilamiento. Si les parece cruel, el sector privado ofrece otras alternativas laborales.

lunes, 11 de diciembre de 2023

La Sterling en Goose Green

Subfusil L2A3 Sterling

Estrella de la Batalla Sangrienta por Goose Green

El L2A3 Sterling es eminentemente controlable incluso con una técnica rudimentaria.
Es una herramienta de combate cuerpo a cuerpo superlativa y permaneció en servicio británico desde 1953 hasta 1988.

En 1982, las fuerzas británicas y argentinas se enfrentaron en uno de los terrenos más desolados del mundo. Los británicos se habían cansado de vigilar el mundo y los argentinos olieron la oportunidad. En abril, las fuerzas anfibias argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas seguidas al día siguiente por una conquista similar de Georgia del Sur, otra dependencia británica cercana. Sin embargo, los argentinos subestimaron la implacable determinación de la Dama de Hierro.

El escenario

La primera ministra británica, Margaret Thatcher, no tenía nada de eso, por lo que envió un grupo de trabajo naval para oponerse a la ocupación. Sin embargo, la proyección de poder global es una empresa tediosa, costosa y que requiere mucho tiempo. A fines de mayo, las fuerzas británicas habían desembarcado y estaban dispuestas frente a las argentinas.

Los argentinos habían aprovechado bien este tiempo. Sus posiciones defensivas estaban ubicadas en profundidad y fortificadas con campos de fuego entrelazados. El escenario estaba listo para un potencial baño de sangre de proporciones napoleónicas.

Quinientos hombres del 2 Para británico apoyados por los disparos navales del HMS Arrow y la 8 Commando Battery de la Royal Artillery se enfrentaron al 12º Regimiento de Infantería argentino. Un asalto a balón parado contra fortificaciones fijas es la fórmula química del caos. Además, el Servicio Mundial de la BBC había revelado el ataque antes de que comenzara. A pesar de las abrumadoras probabilidades, el comandante de 2 Para, LTC Herbert "H" Jones, dio la orden.

El terreno estaba ondulado y desprovisto de árboles. La hierba escasa y las turberas copiosas hicieron que la marcha fuera lenta, sin cobertura y con poco camuflaje. El viento cortante, la llovizna helada y la espesa niebla agregaron una generosa capa de miseria por encima de todo.

La Fuerza de Tarea Argentina Mercedes constaba de 1.083 hombres bajo el mando del LTC Italo Piaggi. Su orden de batalla incluía cañones antiaéreos de disparo rápido, tres obuses de carga de 105 mm y apoyo aéreo de guardia en forma de aviones de ataque a tierra Pucara desde el cercano aeródromo de Stanley.

Ambos bandos perdieron aviones y sufrieron bajas en el frenético combate que siguió. Con el abrumador peso del fuego argentino amenazando con aplastar el ataque británico, LTC Jones preparó su ametralladora Sterling. Lo que siguió fue el valor del campo de batalla de la vieja escuela.

La línea de la cordillera estaba atravesada por 11 trincheras sucias con defensores argentinos y armas automáticas pesadas atrincheradas. Cuando el ataque fracasó, el LTC Jones pasó a la cabeza de su batallón y dirigió el asalto él mismo. Sin tener en cuenta el fuego asesino proveniente de múltiples fuentes, Jones cargó contra las posiciones enemigas, sin ayuda de nadie, atacando a los defensores argentinos con su L2A3 SMG.

El British Sterling SMG sirvió como anfitrión de los BlasTech E-11 Blasters (izquierda) utilizados en la película Star Wars.

El arma

El L2A3 Sterling SMG fue un desarrollo evolutivo de la pistola Sten de la era de la Segunda Guerra Mundial. Sten es un acrónimo que refleja las iniciales de los diseñadores del arma, Reginald Shepherd y Harold Turpin, junto con la fábrica de Enfield donde se desarrolló el arma. Crudo, resistente y barato, el Sten ayudó a rearmar al ejército inglés que quedó desprovisto de armas después de la evacuación de Dunkerque.

Los tommies británicos se referían con frecuencia a la Sten como la pistola "Hedor" y era un arma de desesperación pura y simple. Las versiones más básicas constaban de solo 47 partes y costaban $ 10 cada una en 1942 ($ 155 hoy). El diseño de perno abierto de 9 mm era lo suficientemente sólido, pero los cargadores de alimentación simple de doble columna funcionaron mal.

Una vez que los británicos recuperaron el aliento, lanzaron un programa para mejorar la confiabilidad y la ergonomía del Sten. George William Patchett, el diseñador jefe de armas de fuego de Sterling Armaments Company, diseñó posteriormente el prototipo de Patchett en 1944. El ejército británico ordenó 120 copias para las pruebas.

Estos primeros Sterling entraron en acción con los Paras en la defensa de Arnhem durante la Operación Market Garden en septiembre de 1944. También sirvieron con las unidades Commando que operaban en la Europa ocupada. El coronel Robert Dawson del Comando No. 4 llevó un Sterling durante la Operación Infatuate en noviembre de ese año.

La revista Sterling luce un seguidor de rodamientos de rodillos y es simplemente excelente.

Detalles

El Sterling es un SMG de 9 mm de fuego selectivo de cerrojo abierto de acero prensado de diseño superlativo. El cerrojo presenta cortes en espiral para despejar la suciedad del campo de batalla de la acción y el cargador lateral permite un perfil bajo cuando se dispara desde el suelo. Los Sterling también están diseñados para alimentarse de las revistas Sten según sea necesario. El cargador de 34 rondas de doble columna y doble alimentación del Sterling es probablemente el mejor cargador SMG jamás inventado.

El cargador Sterling luce una curva suave para adaptarse a la geometría de la ronda Parabellum de 9 mm y se desmonta fácilmente. También cuenta con un seguidor de rodamientos de rodillos que garantiza un flujo suave e ininterrumpido de municiones en la acción. El resultado final es una herramienta para espacios reducidos excepcionalmente fiable y precisa.

El Sterling de 6 libras. El peso y la velocidad de disparo tranquila de 550 rpm hacen que el arma sea excepcionalmente controlable. Las ráfagas de dos y tres rondas son indoloras con un dedo en el gatillo disciplinado. El L2A3 representa el apogeo del diseño del subfusil de cerrojo abierto de 9 mm y sigue siendo uno de mis favoritos.

El resto de la historia

“H” Jones fue duramente golpeado durante su carga cuesta arriba hacia las posiciones argentinas atrincheradas. Luego se lo vio caer de nuevo a la base de la colina. Jones inmediatamente se puso de pie y reanudó el ataque.

Flanqueando una trinchera enemiga, Jones fue atacado fulminantemente y fue alcanzado nuevamente mientras atacaba a las tropas argentinas a quemarropa con su Sterling. Cayó agonizante a escasos metros de su objetivo. El ejemplo personal de Jones inspiró al resto de su batallón a emprender el ataque y desmoralizó por completo a los defensores argentinos.

Como resultado de la valentía desinteresada de Jones, los Paras posteriormente se apoderaron de todo el sistema de trincheras. También tomaron las comunidades británicas cercanas de Darwin y Goose Green. Los Paras aseguraron a casi 1.200 prisioneros y prepararon el escenario para la última conquista británica de las Malvinas.

El gobierno militar de Argentina cayó y fue reemplazado por una democracia floreciente. El gobierno conservador de Margaret Thatcher fue reelegido al año siguiente de forma aplastante. LTC Jones recibió póstumamente la Victoria Cross, el premio militar más alto de Inglaterra por su valentía. LTC Jones demostró al mundo que la voluntad de hierro de hombres como Nelson, Wellington y Kitchener aún vivía en los modernos guerreros británicos.


viernes, 13 de octubre de 2023

La defensa aérea de la BAM Condor en Goose Green

AA en la BAM Cóndor

 





La Fuerza de Tareas Mercedes y para la BAM Condor: contaba para la defensa antiaérea con 6 cañones Rheinmetall de 20 mm que complementaban con un radar Elta de 20 Km de alcance (De la FAA). Se le sumaban dos cañones AA Oerlikon de 35 mm con director de tiro Skyguard del GADA 601 del EA.
La distribución es posterior al 02/05/82.
Imagen:
ACTAS DEL III CONGRESO INTERNACIONAL DE HISTORIA AERONÁUTICA MILITAR ARGENTINA
Página N 382
Dirección de Estudios Históricos Fuera Aérea Argentina.





martes, 13 de septiembre de 2022

Paul Haley, fotógrafo de guerra

El fotógrafo inglés que tomó 2600 imágenes en Malvinas y odia la guerra: “Mirar a través de la cámara me protegía”

Paul Haley cubrió el conflicto del Atlántico Sur en los campos de batalla. Habló con Infobae, contó su experiencia en las islas y la historia de una icónica imagen en el momento del cese de fuego. Sus imágenes serán parte central de la exhibición del Museo Imperial de Guerra británico por los 40 años de la contienda bélica
Por Hugo Martin || Infobae


Paul Haley en el Monte Tumbledown de Malvinas, pocos minutos después del cese de fuego. Llegó el 1º de junio de 1982 junto a la 5ta. Brigada de Infantería y permaneció hasta dos semanas después del 14 de junio (Foto: Sgt Ron Hudson/IWM)

Se había preparado buena parte de su vida para cubrir una guerra, pero a Paul Haley, fotógrafo británico, miembro senior del staff de Soldier Magazine, casi no lo mandan a Malvinas en 1982. “Allí éramos cuatro fotógrafos, cuatro periodistas y un editor. Cuando sucedió la invasión quería ir, pero me dijeron ‘no’. Sólo autorizaron a embarcar a dos fotógrafos, que se encargarían de hacer un pool y distribuir el material. Así que al principio me lo pasé yendo a los puertos a tomar fotografías de barcos alistándose para partir. Pero yo me había entrenado, hacíamos ejercicios todo el año, incluso dos o tres veces en Irlanda del Norte. También había estado en Chipre, cuando los turcos llegaron allí en el 74 y bombardearon la isla…”, cuenta hoy, a los 71 años, ya retirado, casado con Mandy y recién salido de una operación de colon. Por supuesto, Haley, en forma respetuosa, amable pero firme, hablará de “invasión”, “liberación” y dirá “Falklands” cuando se refiera a las Islas Malvinas. Aquí en Argentina, desde luego, sostenemos exactamente lo contrario. Pero es interesante indagar en su mirada de los hechos, su posición de testigo privilegiado. Hoy, en sus redes sociales casi no existe la guerra que se libró hace casi 40 años (se cumplirán este 2 de abril), sino paisajes, gatitos y flores, muchas flores. Reflejar la naturaleza es su hobby.

Haley nació el 31 de agosto de 1950. Y se acercó a la fotografía desde muy pequeño. Según él, casi de recién nacido. “Empecé a ser fotógrafo cuando tenía un año… La historia es así: yo no caminaba, y el día de mi cumpleaños, mi madre me colocó para tomarme una foto y me paré, empecé a caminar hacia ella y me llamó la atención la cámara. Así fue… Mi padre era un fotógrafo amateur, y a los 8 años ya hacía copias en su cuarto oscuro. A los 15 años trabajaba los sábados haciendo bodas. Creo que en esa época, con la fotografía social se ganaba más que ahora..”, cuenta.

Un helicóptero Sea King HC4 del Escuadrón Naval Aéreo despega con comandos de la Compañía J de los Royal Marines desde San Carlos a Darwin el 28 de mayo de 1982. En la noche lanzaron el ataque contra las unidades argentinas en Darwin y Goose Green. (Foto: Paul Haley, Soldier Magazine, © IWM FKD 264)

En 1971 consiguió trabajo como fotógrafo civil para el Ministerio de Defensa británico, tomando imágenes de equipos para la Escuela Real de Artillería en Larkhill. Allí estuvo tres años, y en 1974 fue contratado por Soldier Magazine, una publicación especializada en las fuerzas armadas. “Me dijeron que parte de mi trabajo consistía en estar preparado las 24 horas para ser enviado a cualquier sitio del planeta, lo que encontré muy cool. Empecé haciendo tomas desde helicópteros, era un buen trabajo”. Pero llegar a tomar 2600 fotos de Malvinas, dijimos, no fue sencillo para él.

Finalmente, una cobertura con los preparativos de la 5ta. Brigada de Infantería a bordo del barco Queen Elizabeth II en el puerto de Southampton y una charla con el jefe de esa división, el Brigadier Tony Wilson, le abrió una puerta. Eran épocas sin internet ni digitalización: todo era llevar los rollos al laboratorio y esperar el revelado. Cuando regresó a la redacción con el material ya atardecía y le dijeron “tenés un lugar a bordo, apurate porque mañana a las 10.30 te tenés que presentar”. Así que cargó su equipo (tres cuerpos de cámara Contax -dos RTS y una Contax 137MD- y cinco lentes marca Carl Ziess de 18, 25, 50, 85 y 200mm)( y se trepó al mismo buque que la 5ta. Brigada a la que, pensó, acompañaría en toda la campaña.

Prisioneros argentinos capturados en Goose Green caminan bajo vigilancia. En el combate del 28 de mayo participaron alrededor de 600 hombres del 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas (Foto: Paul Haley, Soldier Magazine, © IWM FKD 363)

Con el Queen Elizabeth II navegó primero hasta la isla Ascensión, en medio del océano Atlántico, donde imaginó que quizás podría terminar su viaje. Pero Wilson lo tranquilizó: “Me dijo que era parte de ellos”. Luego bajaron hasta las islas Georgias y de ahí, a bordo del SS Canberra, llegó al estrecho de San Carlos, donde desembarcó en la Isla Soledad el 1º de junio de 1982.

Estar en medio de una guerra, y entre soldados profesionales, no podría no ser el mejor lugar para un civil. Pero Haley le cuenta a Infobae que su experiencia con Soldier Magazine fue decisiva para que no se originaran problemas: “Trabajaba junto a ellos desde 1971, así que sabía cómo se movían. Entendía su sentido del humor y los lazos que establecían con las unidades de su regimiento. Y también, su rivalidad con otras unidades. Cada vez que iba adonde no me conocían, había un período de tiempo en el que me miraban de costado, pero los soldados pronto captaban cuando alguien era profesional. Honestamente, no tuve ningún problema con ninguna de las unidades que fotografié durante la guerra”.

Una víctima de la Guardia Escocesa es trasladada en camilla a un helicóptero Gazelle para su evacuación en Goat Ridge. El 2.º Batallón de la Guardia Escocesa llevó a cabo el asalto a Tumbledown entre el 13 y 14 de junio (Foto: Paul Haley, Soldier Magazine, © IWM FKD 165)

Al arribar a Malvinas, el confort no fue su compañero precisamente. “Una vez en tierra me quedé donde pude. Dormí en una trinchera de gurkhas en San Carlos la primera noche y luego en el piso de una casa en Darwin por un par de noches más. También estuve en otras trincheras y en una casa rodante en Bluff Cove. En un momento regresé a un barco, el Fearless y me quedé a pasar la noche porque tenía que conseguir más rollos de película. Luego volé de regreso y pasé una noche muy, muy fría en las rocas de Goat Ridge antes de la batalla de Tumbledown. En Stanley, la primera noche paré en una casa vacía y luego viví con una familia que tuvo la amabilidad de dejarme dormir en su altillo durante dos semanas antes de regresar a casa. Y siempre llevé conmigo una bolsa de dormir del ejército que me dieron en las tiendas del Queen Elizabeth II”, recuerda.

A pesar de que había viajado con la 5ta. Brigada de Infantería, en las islas, Haley se movió con relativa libertad. Luego de los 74 días del conflicto, el final de la contienda lo encontró junto al Regimiento de Guardias Escoceses. “Moverse era muy difícil. Elegir dónde ir también, porque cuando estás en tierra solo ves lo que sucede alrededor, no tenía forma de ver el panorama general. Iba a preguntarle a los oficiales qué sucedería a continuación para la unidad que comandaban y trataba de subirme a un helicóptero o caminar hacia donde suponía que podría haber una batalla al día siguiente. Llegué para cubrir a la 5ta. Brigada, con la que había viajado en QE2. Pero aterricé en San Carlos, luego fui a Darwin, Goose Green, Fitzroy, Bluff Cove, Goat Ridge, Tumbledown y llegué cerca de Stanley en la tarde del 13 de junio”.

Una foto icónica: hombres del 7º Pelotón, Compañía G del 2do. Batallón de Guardias Escoceses celebran la noticia del final de la guerra el 14 de junio en Monte Tumbledown (Foto: Paul Haley, Soldier Magazine, © IWM FKD 314)

Fotografiar las acciones de guerra en sí mismas, las batallas, no fue posible para Haley. Los ataques ingleses a las posiciones argentinas se desarrollaban de noche, para aprovechar la superioridad de armamentos y la logística. Así, explica, “incluso si hubiera estado en el lugar correcto en el momento correcto, al ser de noche no habría podido tomar ninguna fotografía. En 1982 no existían las cámaras digitales con las altas posibilidades de captura ISO que tenemos ahora. Y no aterricé hasta el 1º de junio, así que no estuve para las batallas de Darwin y Goose Green, pero pude fotografiar sus secuelas. En la batalla de Tumbledown, por ejemplo, pude fotografiar a los Guardias Escoceses cuando el ataque comenzó, pero luego traté de dormir un rato antes de avanzar hacia allí justo antes del alba y tomar fotos con la luz del amanecer”.

-¿Estuvo en riesgo en alguna oportunidad? ¿Sintió miedo?

-Una tarde estaba con los Guardias Escoceses en Goat Ridge cuando fuimos bombardeados. Y cuando comenzó el ataque, el bombardeo empezó nuevamente hacia nuestra posición. Fue bastante aterrador, pero dejame decirte que de pronto te acostumbras y continuas con lo que estás haciendo. Cuando tomaba fotografías en Malvinas, sentía que al mirar a través de la cámara, de alguna manera estaba protegido de todo el peligro. Hace 40 años, en una entrevista que me hicieron cuando retorné cuando volví a casa, dije ‘Me escondía detrás de mis cámaras’. Suena tonto ahora, pero así es exactamente como me sentía. Pero claro, avanzar al amanecer en la cima de Tumbledown, por ejemplo, era preocupante porque todavía había disparos esporádicos, pero también estaba emocionado de hacer mi trabajo y buscar imágenes de interés periodístico.

Una estampita de la Virgen María y el Niño Jesús en un fusil argentino, arrojado a una pila de armamento entregado por nuestros soldados luego del cese de fuego el 14 de junio de 1982 (Foto: Paul Haley, Soldier Magazine, IWM)

Allí, sobre ese monte, Haley tomó una de sus fotografías más emblemáticas. Son soldados con sus rostros marcados por el combate, pero sonrientes. El veterano fotógrafo cuenta cómo hizo esa imagen exactamente: “Había miembros de la Guardia Escocesa encima de Tumbledown. Los estaba fotografiando mientras despejaban el área cuando se escuchó una llamada en la radio: ‘Controle el fuego, controle el fuego, hay banderas blancas ondeando’. Rápidamente me di cuenta de que era un momento muy importante y quería tomar una fotografía grupal de esta compañía de hombres que acababan de perder a sus camaradas pero estaban felices porque la lucha había terminado. Empecé a tratar de ponerlos en algún tipo de orden, gritándoles que se sentaran o se quedaran quietos. ¡No fue fácil con guardias de 1,80 metro de altura y yo solo un civil de 1,72! También pude ver detrás de ellos que había una nube de nieve cayendo y dirigiéndose hacia nosotros. Rápidamente tomé dos fotogramas en blanco y negro y dos fotogramas de transparencias en color antes de que nos envolviera la nieve y casi no pudiéramos ver nada. Sinceramente, estoy muy orgulloso de la foto, trabajé duro para conseguirla. Pero estoy aún más orgulloso de que los Guardias Escoceses me hayan hecho miembro honorario de la Asociación Tumbledown, nos reunimos todos los años a beber y comer curry”.

Luego de las batallas de Goose Green y Darwin, de Tumbledown y tras la firma del cese de fuego el 14 de junio en el aeropuerto de Stanley, Haley fotografió a soldados argentinos prisioneros. “Mis sentimientos hacia ellos era que sólo estaban haciendo su trabajo. No tenía ninguna animosidad. Simplemente sentí lástima, pero a la vez alivio de que todavía estuvieran vivos. La guerra fue una cosa terrible para ambos lados”.

Prisioneros argentinos, la mayoría con sus mantas, esperan para entregar sus armas y otros equipos en Puerto Stanley después del final de la guerra. (Paul Haley, Soldier Magazine, © IWM FKD 303)

Después de Malvinas, viajó por todo el mundo para el Ministerio de Defensa. Ya jubilado de su profesión, regresó a las islas en 2016 y 2018. Para él, “los isleños son gente maravillosa. Hay que recordar que muchos de ellos estaban aterrorizados cuando fueron invadidos. Ciento cincuenta fueron encerrados en un salón comunitario en Goose Green. Muchos fueron separados de sus familias y enviados a la Isla Gran Malvina en contra de su voluntad. Fue muy difícil para ellos porque no tenían idea de lo que estaba pasando y lo que les sucedería a ellos. Ahora solo quieren continuar con sus vidas en el lugar que aman”.

En 1987 decidió que era hora de una vida más tranquila y volvió al comienzo de su historia: puso un estudio de fotografías de eventos sociales. Pero haber sentido el olor de la adrenalina, del humo de las armas y mirar la muerte a través de una lente dejó una huella que los 40 años que lo distancian de las batallas no borraron: “Como fotógrafo de guerra, había fotografiado algunos otros conflictos y escaramuzas, así que Malvinas no cambió mi visión de la guerra, pero sí fortaleció aún más mis creencias. Odio la guerra y los conflictos armados. Creo que los políticos deberían tener que pelear contra sus enemigos en un ring de boxeo si quieren ir a la guerra”.

Paul Haley en el Memorial de los Guardias Escoses en 2016, su primera visita a Malvinas después de la guerra

En las islas y durante el largo viaje hacia ellas (las Malvinas están a 12.382 kilómetros de Londres), Haley registró miles de fotografías. Pero no tiene una favorita: “Es difícil. Es como preguntarle a un padre de cuatro hijos cuál es su preferido. Tomé alrededor de 2600 cuadros en total y puse alrededor de 400 en un libro, así que esos 400 fueron mis favoritos, supongo. Quería quitar muchas para que las imágenes impresas pudieran ser más grandes en las páginas, pero no pude eliminar más, así que las dejé.Los rostros de las personas son importantes para las personas mismas, pero algunas imágenes se vuelven significativas para las personas que estuvieron allí en la guerra, pero no necesariamente en esa imagen. La foto del grupo de Guardias Escoceses en Tumbledown es así. No importa si no estás en la imagen, todavía te representa si jugaste un papel en esa guerra”.

Hoy, el Museo Imperial de Guerra británico (IWM según su sigla en inglés), prepara una muestra con las mejores imágenes que tomó Haley. La curadora de la exhibición es Hilary Roberts. Ella le explicó a Infobae que esa institución es “el principal museo del mundo de la guerra y los conflictos modernos, y fue creado durante la Primera Guerra Mundial. Hoy, el IWM es un grupo de cinco museos ubicados en todo el Reino Unido, que cuentan la historia desde varias perspectivas acerca de cómo los conflictos modernos han impactado la vida de las personas en todo el mundo desde 1914 hasta la actualidad. Nuestras colecciones revelan historias de personas, lugares, tecnología e ideas que reflejan a la guerra como una fuerza tanto destructiva como creativa. Desafiamos a las personas a mirar los conflictos desde diferentes perspectivas”.

Haley frente a la gigantografía de una foto tomada por él de un prisionero argentino luego de la batalla de Goose Green (Facebook Paul Haley)

Para Roberts, “Aunque fue breve, el conflicto de 1982 tuvo consecuencias amplias y duraderas: políticas, diplomáticas, económicas, sociales, culturales y militares. Estas consecuencias afectaron tanto a Gran Bretaña y Argentina como a sus aliados internacionales. Para ambos países, el conflicto fue un punto de inflexión en la historia. Las exhibiciones tienen como objetivo conmemorar el aniversario creando conciencia sobre el conflicto en 1982, reflexionando sobre su impacto y legado continuo”.

Los museos atraen a más de 2,5 millones de visitantes cada año y su audiencia se acrecienta con su sitio web (www.iwm.org.uk) y sus redes sociales. Para el 40º aniversario de la guerra, Roberts cuenta que “el IWM de Londres está refrescando y renovando su exhibición permanente de objetos, fotografías y arte dedicado al conflicto de las Malvinas. Los objetos en exhibición incluyen una mesa de operaciones, un cañón antiaéreo y un misil Exocet, todos utilizados por las fuerzas argentinas en las Malvinas, así como un ejemplo de un jet Harrier de la Royal Air Force. Y el nuevo material en exhibición incluirá fotografías del fotógrafo de prensa civil Paul Haley. Algunas de sus tomas se consideran icónicas, pero muchas no se han visto antes en público”. Para ella, las imágenes de Haley “reflejan una experiencia personal y muy humana del conflicto, algo que espero se comunique en la muestra. Fotografió eventos y personas a medida que se encontraba con ellos. Entonces, sus fotografías no solo muestran a las fuerzas británicas, sino también a los soldados argentinos y a los habitantes de las Islas Malvinas”. Precisamente, también se exhibirán imágenes tomadas por soldados argentinos. “Son en su mayoría instantáneas de aficionados, tomadas como recuerdos, que han sido donadas a IWM en los años transcurridos desde el conflicto”, asegura la curadora de la exhibición.

La fachada del Museo Imperial de Guerra británico, que a partir del 2 de abril tendrá una muestra fotográfica de Paul Haley sobre Malvinas. Su curadora es Hilary Roberts (Photo by Tolga AKMEN / AFP)

También las fotos de Haley se verán en el IWM North, ubicado en la ciudad de Manchester, que tiene como highlight una pantalla de de 360 grados de 8,20 metros de altura que utiliza sonido envolvente. Allí -además de exhibiciones de objetos y arte- se proyectarán las fotografías digitalizadas de Haley, muchas de las cuales no se han visto antes.

En Duxford, cerca de Cambridge, existe otro IWM, el más grande de Europa en cuanto a aviación de guerra. Allí se pueden ver aeronaves argentinas y británicas que combatieron en Malvinas. También existe un IWM en Belfast, a bordo de un buque de guerra de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, y el llamado “Churchill War Rooms”, que antes fue el cuartel secreto de Winston Churchill y su gobierno y está ubicado bajo el edificio del Tesoro en Whitehall.

Las muestras darán comienzo el 2 de abril -tomarán como inicio de los eventos por los 40 años del conflicto una fecha que para los argentinos es gloriosa- y en ellas se podrán ver reflejada la mirada que un inglés tuvo, de primera mano, sobre la guerra de Malvinas.