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martes, 30 de diciembre de 2025

Georgias del Sur: Una revisión y reivindicación del Capitán Astiz

Georgias del Sur, 1982: Una revisión histórica-operativa desde la perspectiva argentina

Resumen

El desembarco de fuerzas argentinas en Georgias del Sur en marzo de 1982 marcó el inicio efectivo del conflicto armado entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. A pesar de su importancia estratégica y simbólica, este episodio ha sido opacado por otros eventos más visibles del conflicto, como la batalla de Puerto Argentino o el hundimiento del ARA General Belgrano. El presente artículo analiza en profundidad los hechos ocurridos en la estación ballenera de Puerto Leith, centrándose en la participación del Teniente de Navío Alfredo Astiz y el despliegue británico de fuerzas especiales, ofreciendo una visión desde el terreno argentino y contrastándola con las narrativas oficiales británicas.


Estación Ballenera de Puerto Leith, desactivada en el año 1965, en tareas de desguace por los 39 obreros argentinos.

1. El contexto geopolítico y el antecedente de Davidoff

A comienzos de la década de 1980, las tensiones en torno a la soberanía de las Islas Malvinas y territorios circundantes habían escalado. En ese marco, Constantino Davidoff, empresario argentino con derechos de desmontaje sobre antiguas factorías balleneras en Georgias del Sur, organizó el envío de cuadrillas de trabajadores civiles argentinos para realizar tareas de desguace y recuperación de materiales en Puerto Leith, con autorización del gobierno argentino.


Mapa de la Isla San Pedro o Georgias del Sur. 182 Kilómetros de largo por 32 Kms. de ancho. Su relieve es montañoso, su altura máxima es el Monte "Paget" de 2.992 metros. El clima es sub-antártico. Ubicado al Sud-Este del continente. Desde Buenos Aires está a unos 3.460 Kilómetros, desde Río Gallegos a 2.280 Kms. y desde las Islas Malvinas a 1.485 Kms.

El arribo de estos obreros el 19 de marzo de 1982, a bordo del buque ARA Bahía Buen Suceso, incluyó el izamiento de una bandera argentina en la estación ballenera. Este acto simbólico generó la inmediata protesta del Reino Unido, que lo consideró una violación de la soberanía británica sobre el archipiélago. Desde ese momento, la situación escaló rápidamente hacia una confrontación militar.

2. El desembarco del Grupo Alfa y la llegada de Astiz

En respuesta a la creciente tensión, la Armada Argentina decidió enviar una pequeña unidad militar para brindar protección a los civiles. El 25 de marzo, el Teniente de Navío Alfredo Astiz desembarcó con una dotación de 14 hombres —Grupo Alfa— en Puerto Leith. Su misión era clara: garantizar la seguridad de los obreros argentinos, evitar su desalojo por parte de las fuerzas británicas y mantener la presencia nacional en el territorio.


Teniente Astiz con directivos de la empresa de Constantino Davidoff y el Teniente de Navío (médico), Dr. Julio Carrilaf. Foto tomada por documentalistas franceses, el 2 de Abril de 1982, durante la ceremonia del izado de 2 Banderas Argentinas.

Astiz se convirtió así en el primer oficial argentino en tomar posición en un territorio administrado por el Reino Unido durante el conflicto. Esta acción, aunque sin un enfrentamiento armado inmediato, representaba una afirmación de soberanía por parte del gobierno argentino y fue percibida por los británicos como una agresión inaceptable.


El Grupo "Alfa", formados para la ceremonia del izado de las Banderas Argentinas, en Leith, Isla San Pedro o Georgias del Sur, el 2 de Abril de 1982.

3. La situación en el terreno: aislamiento, vigilancia y preparación

Durante los 32 días de permanencia en Leith, el Grupo Alfa operó en condiciones extremadamente desfavorables. La estación ballenera estaba aislada geográficamente, rodeada de montañas, hielo y mar, sin posibilidad de escape terrestre ni apoyo inmediato desde el continente. El grupo contaba con armamento ligero, radios portátiles y tres botes neumáticos, dos de ellos marca Zodiak y uno capturado previamente, de origen británico.

Las comunicaciones interceptadas por radio VHF indicaban creciente movimiento naval en la región. Astiz ordenó patrullajes diurnos y nocturnos hacia instalaciones abandonadas cercanas como Stromness y Husvik, en busca de rastros de posibles infiltraciones británicas. En efecto, se hallaron huellas y restos recientes que confirmaban la presencia de patrullas enemigas en las cercanías.

La presencia de los 39 obreros civiles limitaba significativamente las opciones defensivas del grupo. Un ataque británico sobre Leith, en presencia de civiles no combatientes, podría haber generado una condena internacional, razón por la cual la estrategia británica consistió en rodear y desgastar la posición argentina mediante acciones indirectas.


Teniente de Navío, Alfredo Astiz, Armada Argentina.

4. La llegada de la Task Force británica y el inicio de la “Operación Paraquet”

A partir del 20 de abril, la Royal Navy intensificó su presencia en Georgias del Sur. Desplegó una flota compuesta por el destructor misilístico HMS Antrim, las fragatas HMS Brilliant y HMS Plymouth, el rompehielos HMS Endurance, el buque logístico RFA Tidespring, y dos submarinos nucleares: HMS Splendid y HMS Conqueror.


Helicóptero "Wessex", en vuelo y el destructor británico HMS "Antrim".

La operación para recuperar el control del archipiélago recibió el nombre en clave de “Operación Paraquet”. El mando operativo en tierra fue asignado al Mayor Guy Sheridan, mientras que el Capitán Gavin Hamilton, oficial de los SAS (Special Air Service), encabezaba las patrullas de reconocimiento avanzadas.


Helicóptero "Wessex"; 4 tripulantes, con capacidad para transportar 5 Comandos.

5. El fracaso en el Glaciar Fortuna: una operación bajo hielo y viento

El 21 de abril, dos helicópteros Wessex despegaron del Antrim para insertar una patrulla SAS de 13 hombres liderada por Hamilton en el Glaciar Fortuna. Las condiciones meteorológicas, con vientos de más de 150 km/h, nevadas intensas y visibilidad nula, obligaron a cancelar el primer intento. En un segundo intento, lograron aterrizar, pero las condiciones extremas impidieron el avance: en cinco horas, sólo lograron recorrer 500 metros.


Embarque en uno de los 3 Helicópteros "Wessex". Patrulla de Comandos SAS, a cargo del Capitán John Hamilton.

Las carpas no pudieron ser montadas, y los soldados —entrenados para operar en ambientes fríos— sufrieron principios de congelamiento e hipotermia. El 22 de abril, Hamilton solicitó la evacuación por radio. Tres helicópteros intentaron rescatar a la patrulla, pero dos de ellos (Wessex 5 XT 464 y XT 473) se estrellaron debido a las ráfagas de viento. El tercero, pilotado por el Capitán Ian Stanley, logró rescatar milagrosamente a los 16 hombres en un solo vuelo.


Glaciar Fortuna, costa lado Este; en contacto con el Mar de Scotia. Zona de aterrizaje de los Comandos SAS, que marchaban hacia la Estación Ballenera de Leith.


Helicóptero "Wessex" HU-5 destruido en el Glaciar Fortuna.

El grupo dejó atrás equipos, trineos, armamento, víveres y explosivos. Esta etapa de la operación fue calificada internamente como un revés táctico significativo. La narrativa oficial británica minimizó este fracaso, pero los hechos documentados muestran lo contrario.


Patrulla de Comandos SAS, sobre el hielo del Glaciar Fortuna, Isla San Pedro o Georgias del Sur, 22 de Abril de 1982. Observar que los Comandos no tienen sus armas y sus mochilas. Aparentemente están en la espera de abordar el helicóptero, que los trasladaría al Destructor "Antrim". El hombre de negro y casco en su cabeza, podría ser un tripulante de helicóptero.


6. La frustrada incursión por mar: la SBS y la Isla Pasto

Simultáneamente, el 23 de abril por la noche, una patrulla del Servicio Especial de Embarcaciones (SBS) intentó desembarcar en las cercanías de Puerto Leith. Cinco botes inflables Gemini fueron lanzados desde el Antrim. Dos quedaron a la deriva por fallos en sus motores; los otros tres sufrieron pinchaduras por bloques de hielo y debieron recalar en la isla Grass, a 1 km de Leith.


Capitán de Corbeta (RN) Ian Stanley, piloto del Helicóptero "Wessex 3".

El desembarco británico en la posición argentina fracasó. Las patrullas SBS y SAS intentaron crear un cerco desde Stromness, Husvik y Bahía Fortuna, pero no lograron penetrar ni atacar directamente la posición de Astiz. Los británicos enfrentaban un terreno hostil, condiciones climáticas adversas y limitaciones de transporte aéreo y naval.


Llegada del Helicóptero "Wessex 3", al Destructor "Antrim", con los sobrevivientes.

7. La rendición en Grytviken y el destino de los prisioneros

El 25 de abril, la presión naval británica se concentró en Grytviken, donde el submarino argentino ARA Santa Fé había desembarcado refuerzos. Tras un enfrentamiento desigual con helicópteros británicos que incluyó misiles y ametralladoras, el Santa Fé fue inutilizado en el muelle y su tripulación se rindió.


Mapa de las posiciones argentinas e inglesas, el día 22 y 23 de Abril de 1982. Flechas amarillas: movimientos de helicópteros Y botes neumáticos transportando Comandos SAS y SBS. Flechas negras: Planeamiento inglés, de la Patrulla de Comandos SAS del Capitán John Hamilton. Para marchar por hielos y montañas, hacia la Estación Ballenera de Puerto Leith. Toda la operación fue cancelada, por la mala meteorología y la pérdida de 2 helicópteros "Wessex 5", más armamento y material de campaña abandonado.

La rendición formal de las fuerzas argentinas en Georgias del Sur fue firmada ese mismo día en Grytviken. Sin embargo, el Teniente Astiz no participó en ese acto ni su firma figura en el acta. La propaganda británica, no obstante, difundió la versión de que Astiz se había rendido sin disparar un solo tiro, contribuyendo a su construcción mediática como figura cobarde.


Comandos SBS. Llegados en botes neumáticos a la "Bahía Strommnes". Otro grupo de Comandos SBS operaron desde la "Bahía de la Fortuna", al Norte de Puerto Leith. No llegó nadie a destino. La operación Leith, fracasó a causa del fuerte temporal.

En total, fueron capturados 190 argentinos: los 39 obreros, el grupo de Astiz, el grupo Lagos, el contingente del ARA Santa Fé y el personal médico. Estos prisioneros fueron trasladados al buque Tidespring, cuyo hangar, al haber perdido sus helicópteros, fue acondicionado como alojamiento improvisado.


Helicóptero "Wessex" HU-5 estrellado en los hielos del Glaciar Fortuna en Georgias del Sur.

Astiz fue separado del resto y, según testimonios, trasladado a otro buque, posiblemente la fragata Antelope, y luego al Reino Unido. No volvió a aparecer con sus compañeros durante el retorno vía Isla Ascensión. La información sobre su paradero en esos días sigue siendo escasa y contradictoria.

8. La construcción de una narrativa: entre propaganda y hechos

A lo largo de las décadas, la versión predominante de los hechos ha sido la británica, ampliamente difundida por medios internacionales y reforzada por ciertas organizaciones humanitarias. Se consolidó una narrativa en la cual Astiz aparece como un oficial que se rindió sin luchar, y en la cual las operaciones especiales británicas se presentan como heroicas, sin resaltar sus fracasos logísticos o su limitada efectividad táctica.


Lámina homenaje de la Aviación Naval inglesa, al desempeño del Helicóptero "Wessex" HAS-3 en Georgias del Sur.

En cambio, desde la perspectiva argentina, los hechos muestran un despliegue defensivo eficaz en condiciones de aislamiento, sin bajas civiles, sin bombardeos a instalaciones ocupadas, y con decisiones tomadas para evitar un baño de sangre innecesario. La ausencia de enfrentamiento directo no puede interpretarse como falta de voluntad combativa, sino como una consecuencia directa de las decisiones británicas de evitar un ataque frontal en Leith.


Buque Tanque RFA "Tidespring" (A-75). Los 2 helicópteros "Wessex 5", destruidos en el Glaciar Fortuna, pertenecían a este buque. Arribó a la Isla Ascensión el 12 de Mayo de 1982, trayendo a bordo a los prisioneros argentinos. El "Historial del Buque", menciona que: "Embarcó 2 helicópteros "Wessex", que los trasladó al Atlántico Sur. 1 de los helicópteros se encontraba en el hangar del Destructor HMS "Glamorgan", que fue destruido por el impacto de un misil MM-38 "Exocet", lanzado desde una plataforma terrestre, en la costa de Malvinas, el 12 de Junio de 1982".

Incluso se registraron disparos de una patrulla avanzada de observación argentina, en dirección sur, en respuesta a movimientos nocturnos. Estos episodios fueron omitidos en los reportes británicos y, por tanto, también en su historiografía.

9. El destino del Capitán Hamilton y el epílogo en Malvinas

El Capitán Gavin Hamilton, que no logró concretar su enfrentamiento previsto con Astiz en Leith, tuvo participación destacada semanas después en operaciones en las Islas Malvinas. Participó en la destrucción de aeronaves argentinas en Isla Borbón y luego en incursiones en Darwin y Monte Kent.


Placa homenaje al Capitán Gavin John Hamilton, muerto en combate, el 10 de Junio de 1982, en proximidades de Puerto Howard o Puerto Mitre por el Capitán Martiniano Duarte de la CC 602, Islas Malvinas.

El 10 de junio de 1982, mientras lideraba una patrulla de observación cerca de Puerto Mitre, fue sorprendido por una patrulla argentina del Grupo de Comandos 601 y murió en combate. Su figura fue posteriormente exaltada como un héroe por el Reino Unido.


Capitán Gavin John Hamilton, Ejército Británico. Oficial de Comandos SAS.

10. Conclusiones

El episodio de Georgias del Sur constituye un ejemplo revelador de cómo la historia puede ser construida, omitida o distorsionada según los intereses de los actores involucrados. Lejos de haber sido una rendición sin resistencia, la operación británica para retomar Leith implicó un alto coste en medios, múltiples fracasos tácticos, y no logró su objetivo inicial de enfrentar ni capturar al grupo de Astiz en combate.

Por su parte, la guarnición argentina cumplió con su misión de proteger civiles, mantuvo su posición sin apoyo logístico, y se retiró sin enfrentamientos directos, debido a la elección británica de evitar el choque armado en una zona con presencia de no combatientes. Las acciones de Astiz, más allá de su controvertida figura pública por otros hechos, deben analizarse en este contexto específico desde una perspectiva operativa, estratégica y objetiva.

La historia de Georgias del Sur en 1982 sigue siendo, en muchos aspectos, una historia pendiente de revisión completa. Para una comprensión cabal del conflicto del Atlántico Sur, es indispensable incluir las voces silenciadas, los informes operativos omitidos y los testimonios directos de quienes estuvieron sobre el terreno.


Helicóptero "Wessex" HAS-3 (XP-142), que rescató a los Comandos SAS sobrevivientes en el Glaciar Fortuna. También localizó al Submarino ARA "Santa Fé" el 25 de Abril de 1982.

viernes, 4 de abril de 2025

2 de Abril: El primer argentino en desembarcar en las islas

El primer argentino que desembarcó en las islas


𝘌𝘯 1982 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘣𝘰 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘢𝘭 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘊𝘦𝘲𝘶𝘦𝘪𝘳𝘢, 𝘥𝘦 27 𝘢ñ𝘰𝘴, 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘌𝘴𝘤𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘥𝘦 𝘐𝘯𝘧𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳í𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘳𝘪𝘯𝘢,  𝘋𝘦𝘴𝘱𝘶é𝘴 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘻ó 𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘢𝘭 𝘤𝘶𝘢𝘥𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘖𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴




La mayoría los Comandos Anfibios, tropas especiales de la Infantería de Marina, fueron convocados alrededor del 21 de marzo de 1982 a la unidad con base en Mar del Plata y luego destinados a la Operación Rosario de recuperación de las Malvinas. La Agrupación de Comandos Anfibios de la Armada Argentina estaba
ubicada en Mar del Plata y desde allí fueron trasladados a Puerto Belgrano para luego embarcar en la Santísima Trinidad, que llevaba aproximadamente 90 Comandos y Buzos Tácticos de la Armada, los cuales constituirían la fuerza de avanzada de la operación anfibia de recuperación de las Islas.



“Teníamos una orden preparatoria general y sabíamos lo que teníamos que preparar por equipo para la operación. Nos habían informado que íbamos a desembarcar de un buque de superficie y que íbamos a tomar un cuartel y una casa de Gobierno, pero no sabíamos dónde”, recuerda Carlos Cequeira.
Durante la travesía se hizo prueba del armamento y recién cuando navegaban al lugar se enteraron que el destino era las Islas Malvinas.
El 1° de abril a la noche, a las 20:00 hs, llegaron cerca de Malvinas y a las 21:00 hs se fueron ocupando las embarcaciones menores (botes de goma y kayaks) para aproximarse a la playa.
Cequeira, junto al jefe de la sección denominada “Cachiyuyo” para la operación, el Teniente de Corbeta de Infantería de Marina Bernardo Schweizer fueron los primeros en llegar en un kayak a las costas de Malvinas en Puerto Enriqueta.
La misión de “cachiyuyo” era desembarcar adelantado a las unidades de tareas y asegurar la playa para permitir el desembarco seguro del resto de los botes de goma que llevaban a los Comandos y Buzos Tácticos.
Cequeira recuerda que “nos desplazamos en un bote y luego en la primera enredada con los cachiyuyos (algas que crecen en el mas del sur) que abundaban en ese sector de playa, perdimos un poco la paciencia, subimos al kayak y empezamos a remar, para llegar a una pequeña ría, sobre la desembocadura del margen derecho. El Teniente Schweizer iba con un visor nocturno y atrás estaba yo, con el compás, mantenía la dirección de avance; él me dice que se ve una luz en la costa. Me presta el visor, veo que había alguien en la costa, supusimos que estaban los ingleses”. Por tal motivo, decidimos ir a una playa alternativa que teníamos dentro del plan, “la otra playa quedaba a 500 metros de la playa principal, hicimos una exploración, fundamentalmente por escucha de ruidos producidos por la presencia de personas en la nueva playa, y luego nos juntamos en el lugar. Al no tener novedades, el Teniente marcó el avance con una señal a los cinco botes de seguridad, los cuales se aproximaron y se estableció la cabeza de playa”.
Cequeira  señala que aquel 1° de abril “el mar estaba calmo, había una sola línea de rompiente y había una luna que nos encandilaba y cuando llegamos a la playa la luna ya se había puesto. Cuando hicimos la marcha de aproximación estaba oscuro y había muchos obstáculos naturales y artificiales, porque había turba, alambrados y el terreno era muy irregular. La costa era similar a la de Río Grande, en nuestra Tierra del Fuego”, contó que había realizado muchas prácticas en la costa patagónica con climas más inhóspitos
Alrededor de las 23:00 hs llegó a la playa el grueso de los efectivos especiales de la Armada y su marcha de aproximación a los objetivos se inició alrededor de la 01:00 del 2 de abril , “a las 6 de mañana, del 2 de abril, teníamos que tomar el cuartel de los Royal Marines en Moody Brook y la Casa de Gobierno ubicada en la localidad”, por ese motivo se dividieron en dos fracciones.
Una se dirigió al cuartel e iba al mando del capitán Sánchez Sabarots y la otra estaba a cargo del capitán Pedro Edgardo Giachino. 


Cequeira recuerda que empezaron a marchar y llegaron en el horario indicado a los objetivos. “Teníamos una imposición muy particular, si uno mira las historias de las operaciones tipo comando vemos que son cruentas con muchos muertos en las fuerzas propias y en la de los enemigos. En este caso, nos imponían no causar bajas enemigas, con el propósito de llegar bien posicionados para una negociación. No teníamos que matar ni herir a los ingleses y nos condicionaron muchísimo y lo hicimos así, a costa de Heridos y muertos nuestros.
El capitán Giacchino, el Teniente García Quiroga y el cabo Urbina, fueron nuestras primeras bajas”, el 2 de abril de 1982.
Al llegar a los objetivos adoptamos el dispositivo que teníamos planeado, cada uno tenía una responsabilidad. Dentro de la patrulla se constituyen escalones con tareas específicas para cada uno. La misión del escalón de seguridad es evitar que lleguen refuerzos al objetivo, para lo cual en la zona donde había un puente nos instalamos los de seguridad, para evitar que lleguen soldados ingleses a reforzar lo que era el cuartel”.
Cequeira recuerda que “hubo una resistencia muy débil” por parte de los Royal Marines, “había diez hombres defendiendo el cuartel, quienes tiraron, tiraron y tiraron durante diez minutos y en un determinado momento cesó el fuego”.
Ingresamos a lo que era el cuartel y no encontramos a nadie, en ese momento, arriamos la bandera inglesa que estaba en el mástil, y se izó la bandera argentina a las 7.15, en el cuartel de los Royal Marines”. El izamiento de la celeste y blanca estuvo a cargo del comandante de la Agrupación de Comandos Anfibios, capitán Sánchez Sabarots y el suboficial encargado de la Agrupación Guillermo Rodríguez.
“Fue enorme la alegría de ver flamear nuestro pabellón en Malvinas..  Seguidamente, los argentinos escucharon tiroteos que provenían desde la casa del entonces Gobernador de las Islas, a 6 km., donde estaba el capitán Giachino. Rápidamente un grupo de comandos se dirigió a la ciudad para reforzar al grupo del capitán Giachino, pero antes de llegar a la casa del Gobernador, apareció alguien de civil, que era un argentino de la aviación civil, que no había sido capturado la noche del 1° (todos los argentinos en Puerto Argentino, que realizaban distintas tareas, habían sido recluidos por las autoridades británicas) y nos indicó que detrás de la casa del Gobernador, a 400 metros, había unos veinte ingleses, por lo que nos adelantamos listos para entrar en combate y estos no ofrecieron resistencia. Nosotros nos desplazamos con mucha precaución y aplicamos una técnica que se realiza para esos casos, como teníamos la consigna de no producir bajas en el enemigo, avanzamos para achicar las distancias y nos levantamos los doce hombres en forma simultánea con las armas listas para disparar apuntando y cuando empezamos a marchar vemos que con una bandera blanca en una antena de radio se rinden, sin combate”,
Desde allí se lanzaron hacia la Casa del Gobernador, donde escucharon disparos de armas automáticas “fuimos a reforzar al capitán Giachino y vemos que en ese momento llegaban los vehículos anfibios argentinos con el Batallón de IM N°2 que constituía la fuerza principal de la operación anfibia y en ese momento se rindieron los británicos.

miércoles, 25 de diciembre de 2024

"Si comandos argentinos toman Mount Pleasant, perdemos las Malvinas"

 ¿Y si los comandos argentinos destruyeran los Typhoons ingleses en las Malvinas?





Londres perderá las Malvinas si Argentina toma base aérea, dice general inglés

Fernando "Nunão" De Martini || Forca Aerea

El Reino Unido perderá las Malvinas si Argentina se apodera de la base aérea de las islas, que se han vuelto vulnerables debido a los recortes presupuestarios de defensa, dijo al periódico The Times el comandante de las fuerzas terrestres británicas durante la guerra de 1982.



En medio de la creciente tensión entre los dos países por la soberanía del archipiélago del sur, el general de división Julian Thompson dijo al periódico británico que, a diferencia de hace 30 años, el Reino Unido no puede defender las islas porque actualmente carece de un portaaviones.



“Los argentinos tienen una brigada de infantería de marina. Tienen una brigada de paracaidistas y unas buenas fuerzas especiales”, declaró el militar en una entrevista al Times. "Todo lo que tienen que hacer es llevar a esta gente a las islas durante el tiempo que sea necesario para destruir los aviones Typhoon (de la Royal Air Force) y ese será el final", añadió.



Según el general de brigada, si las fuerzas argentinas destruyen o toman la única base militar de las islas, Mount Pleasant, a unos 50 kilómetros de la capital, la única solución sería enviar una fuerza naval, como decidió hacer la entonces primera industria. .Ministra Margaret Thatcher durante 30 años.



Sólo que en esta ocasión no habría ningún portaaviones, ya que el último, el HMS Ark Royal, fue retirado del servicio en diciembre de 2010, a la espera de la construcción de dos nuevos que estarán listos en 2020. “Necesitáis llevar vuestro propio apoyo aéreo y no puedes hacerlo sin un portaaviones. Fin de la historia”, dijo Thompson en la entrevista.



La advertencia del general de brigada se produce en medio de una nueva escalada verbal entre Argentina y Reino Unido por las Malvinas, a menos de un mes de cumplirse 30 años del inicio del conflicto que en 74 días desde el 2 de abril de 1982 dejó 649 argentinos y 255 británicos asesinados. .



Londres, que controla las islas desde 1833, convocó la semana pasada al máximo representante diplomático de Argentina en la capital británica para pedirle que explicara los crecientes intentos de bloquear las exportaciones británicas y la decisión de negar el acceso a dos cruceros en el puerto argentino de Ushuaia ( sur).

Argentina, que insiste en resolver la disputa de soberanía por la vía diplomática, también denunció recientemente la “militarización” del Atlántico Sur por parte del Reino Unido tras el anuncio del inminente envío de un destructor moderno a la región y la movilización del Príncipe Guillermo para una misión como piloto de helicóptero de búsqueda y rescate.




jueves, 21 de noviembre de 2024

Jacinto Batista: "Teníamos órdenes de no matar"

'Teníamos órdenes de no matar'

Poder Naval

¿Cómo fue la retoma de las Malvinas desde la perspectiva de un militar argentino?

 

Jacinto Batista es el símbolo de la reconquista de las Islas Malvinas por parte de los argentinos el 2 de abril de 1982. Jacinto contó su historia al periodista Guido Braslavsky, del diario Clarín, el 1 de abril de 2002.

Llevaba un gorro de lana.
El rostro estaba ennegrecido por pintura de combate. El arma la llevaba cerca del cuerpo en la mano derecha y con el otro brazo indicaba a los prisioneros ingleses que permanecieran en fila con las manos en alto. Jacinto Eliseo Batista es el protagonista de esta foto de arriba que viajó por el mundo, convirtiéndose en símbolo de la toma de Puerto Argentino, el 2 de abril de 1982.

Veinte años después (
el artículo fue elaborado en marzo de 2002 ), acercándose a su cumpleaños 52 y a menos de dos meses de retirarse después de 35 años en la Armada, el Suboficial Batista enciende su cuarto cigarrillo en una mañana húmeda de Punta Alta y afirma: “No tengo nostalgia por las Malvinas. Fue una etapa en mi vida y en mi carrera. Recibí una orden y la seguí. Para eso me paga el Estado”.

Probablemente no todos los miembros del Grupo de Comando Anfibio que rindió a los británicos se comportan de la misma manera que este nacido en Colón, que dice no tener ningún interés en regresar a las Malvinas como huésped o turista. Sin embargo, afirma que “si el Estado me dice que los recupere nuevamente ahí estaré” . Porque, como todos los soldados de élite, Batista está hecho de una madera especial. Los comandos anfibios son al mismo tiempo buzos, paracaidistas, comandos y especialistas en reconocimiento en tierra y agua. Aprenden a soportarlo todo. Son soldados entrenados para la guerra, exactamente lo contrario de muchos jóvenes que no eligieron las Malvinas como destino, ni viven en una guerra y mueren en ella.

Quizás por eso Batista nunca tuvo miedo.
Ni siquiera al principio cuando se embarcaron en Puerto Belgrano a bordo de la fragata “Santísima Trinidad”, con rumbo desconocido, aún con la sospecha de todos de que se estaba realizando un verdadero operativo en las Malvinas.

“Tan pronto estuvimos en alta mar nos dieron la orientación necesaria para llevar a cabo la misión. Desembarcamos el 1 de abril, poco después de las 21:00. Yo era el guía del barco y, desde la línea de playa, el explorador.   Sólo teníamos un equipo de visión nocturna y yo era quien lo llevaba, que iba delante unos 200m”.

“Estábamos seguros de que los ingleses no nos esperaban. Caminamos toda la noche. Los objetivos eran el cuartel de los Royal Marines y la casa del gobernador. Teníamos órdenes de no matar, porque el plan posiblemente era tomar las islas y negociar la retirada.

“Nos separamos en dos grupos. Fui al cuartel, pero no encontré nada porque los marines estaban afuera custodiando los objetivos. Allí izamos por primera vez la bandera argentina. El grupo que acudió a la casa del gobernador, en cambio, encontró resistencia y se escucharon disparos constantes. “Era casi de día y la resistencia persistía. El primer inglés que conocí fue un francotirador con un rifle Mauser. Lo desarmé. Cuando nos reunimos en la casa, la situación estaba casi bajo control.

La única baja en esta acción –la primera muerte de la guerra– fue el capitán Pedro Giachino. “Cuando llegué estaba herido. Había entrado en la casa y, al salir, fue atropellado por un soldado que estaba detrás de una línea de árboles cercana. Le pregunté: “Qué te pasó, Pedro”, y le toqué la cabeza. Estaba consciente, pero muy pálido, había perdido mucha sangre y agonizaba.

Batista no recuerda en qué momento de aquella jornada frenética el fotógrafo Rafael Wollman se fotografió con los prisioneros ingleses.
Sabe, sin embargo, que esta imagen es un retrato implacable del orgullo herido del viejo león imperial. “El 14 de junio debieron buscarme para tomarme una foto con los brazos en alto”, imagina con una sonrisa.

Pero el cable no estaba en Puerto Argentino el día de la caída: “El 2 de abril regresamos al continente”. Batista nunca regresó a las islas, pero esto casi sucede cuando se planeó una misión de infiltración durante el desembarco británico, pero el Hércules que las llevaría sufrió una avería en la pista.

“Los británicos no eran mejores que nosotros. Tenían más medios y más apoyo. De americanos y chilenos. Pero si Argentina hubiera tenido la firme convicción de luchar…”, dice Batista, dejando la frase en el medio, como una pregunta.

FUENTE: Clarín

TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN: Poder Naval


martes, 30 de agosto de 2022

Jesús Pereyra, el comando anfibio que fue a San Carlos

Un santafesino en el Beagle, Malvinas, y el Golfo Pérsico

Por Javier Alfonso || La Opinión

 
Jesús Alberto Pereyra (62), es un santafesino nacido en la localidad de Clarke (Dpto. San Lorenzo), y que lo une a nuestra ciudad el vínculo familiar, ya que es primo hermano del rafaelino Domingo Barberis.
La particularidad de Pereyra es que pertenece a un puñado de hombres que quedó grabado para siempre en la historia argentina, ya que Jesús es un soldado profesional de la Armada Argentina, que como comando anfibio (buzo), fue uno de los primeros en desembarcar y tocar tierra en la recuperación de nuestras Islas Malvinas, en la fría mañana del 2 de Abril de 1982. En aquel momento Jesús contaba con 30 años.
Y la historia no termina allí, ya que Pereyra también pertenece al selecto grupo de soldados profesionales que el Gobierno Argentino envió en 1990-1991 a participar de la Guerra del Golfo (defensa de Kuwait y primera guerra contra el gobierno del iraquí Saddam Hussein), cuando la Argentina prestó tareas de apoyo a las fuerzas de la OTAN.
Pereyra participó del desfile del 9 de Julio que tuvo lugar en Rafaela, en el grupo de veteranos de Malvinas, siendo la primera vez que participa en un acto de estas características en la provincia de Santa Fe.
Retirado en 2003 de la Marina, hoy Pereyra vive en Pehuén-Có (Pcia. de Buenos Aires) como docente en la Marina mercante. El día de la fecha patria, Jesús honró con su visita la Redacción de LA OPINION.

LOS INICIOS Y EL BEAGLE
Sobre sus inicios, contó que la elección de su carrera fue casi accidental, ya que estando de joven en Rosario, a los 17 años, se anotó en una oficina que incorporaba jóvenes para la Armada. "Ni bien llegué a la primera Plaza de Armas de la Marina me di cuenta de que eso era lo que yo quería para mi vida. Lo tomé con mucha vocación y seriedad. Curso que había me anotaba", comentó.
Así, recaló en una unidad de tropas especiales, que es la Agrupación de Comandos Anfibios de la Infantería de Marina, cumpliendo tareas de frontera, en la montaña, en la selva, saltando en paracaídas, como buzo, "todos los medios de aproximación conocidos para alcanzar objetivos especiales", señaló; aprendiendo no sólo en la Armada sino también en el Ejército. En tiempos de la guerra de Malvinas su base estaba en Mar del Plata.
Pereyra narró que también estuvo en el conflicto del canal del Beagle con Chile en 1978.
"Estaba en la selva, me subieron a un avión y bajé en Ushuaia", dijo. En ese conflicto con Chile, comentó que tuvo que participar en "tareas previas al inicio del combate", afirmando que se estuvo a un paso de iniciar esa guerra. "Ya tenía mi misión asignada, que era volar una destilería que tenían los chilenos en Cuyen (Puerto Montt). Estuvimos ahí, y horas antes nos llegó el informe por radio de cancelar la misión", afirmó.

MALVINAS
"Me enteré que iba a Malvinas el día antes de desembarcar en Malvinas, cuando ya estábamos en el barco", aseguró contundentemente. "Fue totalmente secreto, hasta para nosotros", añadió. Dijo que se dio cuenta de que iba a un combate por los aprestos: armamento nuevo, equipos y muchas municiones que llevaban. "La orden es que debía ser incruenta, sin herir ni matar a nadie", apuntó.
El marino dijo que la operación iba a ser el 1 de abril, pero que por las condiciones climáticas y el mar "picado" debió suspenderse. Al día siguiente se produjo el desembarco; "allí perdimos un helicóptero y botes. También los tambores de nafta, por eso fuimos en los botes neumáticos sólo con nafta para la ida. El buque nos desembarcó no muy lejos, a unos 5 km. de la costa", señaló.
"Los ingleses -continuó- ya nos esperaban. Se habían enterado por Radio Colonia de Uruguay, y a las 22 empezamos las tareas", dijo Jesús. Gráficamente, debió bajar en medio de la oscuridad, en un mar helado y picado a 5 kilómetros de la costa más cercana, solamente con nafta para la ida. "También estaba lleno de algas, que eran como enredaderas y nos trababan las hélices de los motores", agregó. "Yo iba a la vanguardia, teníamos un kayak y un bote neumático y así desembarcamos en una playita de 60 metros, que para el propósito servía", dijo.
Al desembarco hubo combates, y no fueron gratuitos. "Tuvimos la baja del capitán Pedro Giachino que era el jefe de mi grupo, el primer argentino caído en combate", afirmó Pereyra con cierta tristeza, comentando que luego de eso volvieron a Río Gallegos y luego a su base a Mar del Plata.
No por mucho tiempo. "El 4 de abril me fueron a buscar a mi casa para decirme que tenía que volver a Malvinas, y el 7 de abril ya estaba allá. Mi primera tarea fue censar quienes vivían en el campo, quitarles armas y comunicaciones, y tomamos como prisioneros a algunos soldados ingleses infiltrados del SAS".
"Cuando los ingleses desembarcaron en San Carlos -prosiguió- la cosa se puso más difícil. Ahí mi tarea era infiltrarme, tomar información y pasarla. Luego de 7 días, el helicóptero nunca vino a buscarnos y debimos empezar una marcha a pie de retorno de 90 km hacia Puerto Argentino", señaló.
Y puntualizó que "llegando a 7 km de Puerto Argentino, ya había tropas inglesas y yo no lo sabía, así que ingresé y nos emboscaron. Caí herido con un compañero, y prisionero" detallando que recibió heridas de bala graves en el pie y esquirlas en la espalda.
Eso fue el 31 de mayo y quedó prisionero hasta el 24 de junio de 1982. "Nos recibieron -prosiguió- agentes ingleses de inteligencia que nos trataron muy mal y nos golpearon, pero más que nada era un amedrentamiento psicológico. Luego el trato fue más honorable", aseguró. Incluso fueron los mismos ingleses quienes lo operaron de sus heridas, con una "atención hospitalaria excepcional, y una segunda operación en el buque Canberra. Tenía un pie muy mal, casi para amputarlo, pero sin embargo sus médicos me lo salvaron", dijo.
Finalmente, el 24 de junio el buque Canberra lo bajó en Puerto Madryn y de allí volvió a Mar del Plata, comentando que las fuerzas argentinas ya lo habían dado por muerto. "Desaparecido en combate" estaba Pereyra técnicamente. Luego de finalizada la guerra, Jesús permaneció en la Marina hasta el 2003 cuando se retiró.

GOLFO PERSICO
Pasados los años, Pereyra se especializó en «Guerra química, biológica y nuclear» y siendo instructor en una escuela, ocurre la invasión de Irak a Kuwait y la intervención de EE.UU. y la OTAN. El gobierno argentino decidió intervenir enviando dos barcos y Pereyra recibió la orden de incorporarse a la dotación de uno de ellos, como especialista en protección contra guerra química. Allí permaneció 7 meses -en Emiratos Arabes- desde 1990 al '91.
Pasado el tiempo, en 2003, se retiró luego de un frondoso servicio. Cuando fue a Malvinas estaba casado y tenía un hijo de tres años; y al día de hoy varios nietos.

viernes, 8 de abril de 2022

2 de Abril: Horacio Nuñez (APCA), una de las caras más conocidas del desembarco

Un comando cuenta cómo fueron los combates del 2 de abril en Malvinas: “Volvería a jugarme la vida por la patria”

Horacio Nuñez era Cabo 1° de la Armada y fue uno de los 84 comandos anfibios de la infantería de Marina que desembarcaron el 1 de abril por la noche y reconquistaron las islas la mañana siguiente. La llegada en los botes. El ataque al cuartel de los Royals Marines. La bandera en las islas. La lucha en la casa del gobernador y la muerte del Capitán Giachino. Y la foto sonriendo después de la tarea cumplida
Horacio Nuñez en su casa natal de Ituzaingó, en Corrientes, con la foto que lo hizo conocido en 1982 después de reconquistar las islas Malvinas (Nicolás Stulberg)

El 1 de abril de 1982, exactamente a las 21:18, 84 comandos anfibios y buzos tácticos de la Armada se zambulleron en dos kayaks y botes de goma desde el buque ARA Santísima Trinidad, que había detenido sus motores, hacia la oscuridad de la bahía Enriqueta. Iban camuflados y bien pertrechados: cada uno llevaba las granadas que podía acarrear y 1500 municiones para su fusil. Iban al mando del capitán de corbeta Guillermo Sánchez Sabarots y su segundo, el capitán de fragata Pedro Giachino. Intentaron el desembarco en un pequeño arroyo llamado Mullet Creek, pero los cachiyuyos -una suerte de algas- se enredaban en los botes. Lo hicieron en la zona de Lake Point, a la que bautizaron “Playa Verde”. El primero en pisar suelo malvinense fue el capitán de fragata Carlos Cerqueira. Se aseguró la zona y se colocó una señal infrarroja. Entre el grupo que arribó en los 20 botes restantes se encontraba Horacio Nuñez. Tenía 24 años, era Cabo 1°, llevaba seis dentro de la Armada y participaba del curso de comando anfibio cuando fue convocado, sin saberlo, a la Operación Virgen del Rosario.

Cuarenta años después, Nuñez está en Ituzaingó, Corrientes, donde nació. Tiene, en su brazo izquierdo, un enorme tatuaje: las islas pintadas de celeste y blanco y un ancla cruzándolas. Este verano peleó otra guerra, esta vez contra el fuego. Pero su paso breve y decisivo por Malvinas será eterno. La tensión, para él, llegó desde el primer momento que bajó del bote, munido de su FAL, con cuatro granadas de mano y dos antitanque en el arnés y munición a granel en la mochila: “Habíamos atravesado una tormenta y yo me mareaba. Además la turba es acolchada. Así que cuando bajé a la isla era como que iba caminando en el aire, aunque la mochila era bastante pesada. ¡Pero no sabía si era la turba o si era yo!”.

Vehículos anfibios en Puerto Argentino tras el desembarco del 2 de abril de 1982

Nuñez habla bajo, es sincero hasta para admitir sus propias debilidades, no hay estridencias en él. Ni tiene falsa modestia ni vende un Rambo. A veces tensa los músculos cuando un recuerdo fuerte lo atraviesa. Tiene los mismos ojos achinados que en la famosa fotografía que ilustró la recuperación de las islas. Sólo una barba candado y el pelo raleado delatan que ya son cuatro las décadas que transcurrieron. Y su propia historia: está casado con Ana María. tiene un hijo, Nahuel Horacio y cinco nietos: Mayte, Ian, Nahomi, Máximo y Lucille. Se retiró de la Infantería de Marina hace 11 años y vive en Bahía Blanca.

El 28 de marzo embarcó en el destructor Santísima Trinidad en Mar del Plata. A pesar que la reconquista de las islas lo tomó por sorpresa, según dice, habían entrenado duro en Sierra de los Padres poco antes, lo que luego descubrió como un indicio. “Hicimos una semana de instrucción con navegación nocturna, supervivencia. Para nosotros era algo normal. Pero si van al terreno, van a ver que esa zona, cerca de Balcarce, es muy parecida a Malvinas, excepto que hay árboles. Y el clima, por supuesto. Pero las piedras, cómo caminar de noche y esas cosas, nos ayudaron…”, cuenta.

Ya en plena navegación, los comandos anfibios y los buzos tácticos pensaban que iban a Tierra del Fuego “por el despliegue, y porque en el 78 estuvimos muy cerca de la guerra con Chile por el Beagle, pensamos que era por ahí la cosa. Nunca imaginamos Malvinas. Pero cuando recibimos la orden que íbamos a recuperar las islas, hubo una algarabía total en toda la tripulación”.

Cómo tomaron el cuartel inglés de Moody Brook (Video: Matías Arbotto)

El paso del tiempo va aguando la memoria. Nuñez no recuerda la fecha exacta en que se enteró del verdadero destino. “El 30 habrá sido… Se que se modificó el día porque los ingleses se habían enterado del desembarco y nos estaban esperando. Digo esto porque el coronel Seineldín tenía como objetivo la casa del gobernador, pero en su sección la mayoría eran conscriptos. Entonces cambiaron. A él le ordenaron que tome el aeropuerto y al capitán Giachino la casa del gobernador. Nos dividimos en tres grupos: el otro, en el que estaba yo, tenía como objetivo a Moody Brook”.

En efecto, el 30 de marzo la inteligencia británica alertó al gobernador de las islas, Rex Hunt, la inminencia del ataque. Los Royals Marines, cuyo cuartel general estaba en Moody Brook -a unos 4.5 km de Puerto Argentino-, se prepararon para defender las islas. Ya el 1 de abril, el faro fue apagado y las radiobalizas del aeropuerto local dejaron de funcionar. Por la noche, la oscuridad total recibió a Nuñez y los comandos anfibios. Apenas la mortecina luz de luna dejaba adivinas las siluetas. Eso, y los visores infrarrojos que usaban los destacados en la vanguardia. “Ser un comando significa formar parte de las fuerzas especiales, se necesita mucho carácter, mucha instrucción, mucho estado físico. Nosotros, dentro de nuestras habilidades, tratamos de desarrollar el oído, el olfato y el tacto, porque en la oscuridad nos desplazamos. Nos ayuda al tocar algo que no vemos. A oír voces y movimientos. Y a oler. Cuando uno está en territorio enemigo, éste puede estar oculto, pero come, y la comida se huele. El que está acostumbrado a estar en el campo, olfatea la comida. Y entonces, algo hay ahí…”, dice, y entrecierra los ojos.

Infantes de Marina luego del desembarco en Malvinas el 2 de abril de 1982

En Lake Point se dividieron. El capitán Giachino y sus hombres marcharon a tomar la casa del gobernador. El capitán de corbeta Sánchez Sabarots y los suyos -entre ellos Nuñez- partieron rumbo a Moody Brook, donde pensaban que estaría la mayor resistencia. Empezaron a caminar cerca de las 23 hs. Lo hicieron “en sigilosa”, como dice el veterano comando. Casi sin hablar ni hacer ruido, llegaron al cuartel británico después de caminar unas cuatro horas. Allí, el diablo casi mete la cola. Y el diablo pudo ser Nuñez. “Estábamos en posición para pasar al asalto en sí, hacíamos las últimas coordinaciones, y mi reloj empezó a sonar. Yo todos los días ponía el despertador a las 5.30 de la mañana, era automático. Pero no sonó mucho tampoco. Pero ese pip pip que hizo, parecía que se había escuchado… no sé. Lo oí, y menos mal que no tenía los guantes colocados, así que lo pude apagar rápido. Si llego a tener los guantes, ¿cómo hacía?”. Ahora sonríe Nuñez. Y cuenta que el reloj, un Casio, todavía funciona y lo tiene en Bahía Blanca.

La hora “H”, cuando todas las unidades atacarían en forma coordinada, se había establecido para las 6:00. En Moody Brook, la acción fue rápida. “Ya teníamos los distintos grupos para tomarlo y fuimos haciendo un movimiento de pinzas, así (ilustra con las manos)... Había tres o cuatro soldados ingleses y cuando vieron que los rodeamos, hicieron un par de tiros como para amedrentarnos y escaparon. Se fueron porque no había forma de detenernos, nosotros éramos muchos”. A continuación, el capitán de corbeta Sánchez Sabarots y el suboficial mayor Guillermo Rodríguez izaron por primera vez la bandera argentina en el cuartel de Moody Brook.

El primer izamiento de la bandera argentina después de la recuperación fue el 2 de abril en el cuartel de Moody Brook, y lo hicieron el el capitán de corbeta Guillermo Sánchez Sabarots y el suboficial mayor Guillermo Rodríguez

Donde sí se combatía duro era alrededor de la casa del gobernador, en el extremo este de Puerto Argentino. Desde Moody Brook, a 40 minutos a pie de allí, Nuñez y sus compañeros percibían lo que sucedía a la distancia. “Escuchábamos los disparos y veíamos la munición trazante. Veíamos cómo se estaba luchando. Cómo se defendía la casa. Y bueno… La misión nuestra era la recuperación de Moody Brook. Y el capitán Giachino tomar la casa… pero se le hizo pesado. No se entregaban, así que fuimos en apoyo del capitán Giachino”, recuerda.

En el camino tomaron tres prisioneros. Los llevaron a donde estaba el comandante de la agrupación, que se hizo cargo. Ellos siguieron la marcha hacia el pueblo. “Llegamos a la casa del gobernador con Batista (Jacinto Eliseo Batistal). Él era Cabo Principal y yo Cabo 1º, así que me dijo ‘vos andá por el frente que yo me voy por atrás’. Ahí nos dividimos. Atrás, él tomó prisionero a un grupo de soldados ingleses, que es la famosa foto donde salen con las manos levantadas. Yo me fui por el frente, donde encontré unos soldados ingleses”.

El combate de la casa del Gobernador

En ese momento, por primera vez en su vida, Horacio Nuñez vio a la muerte frente a él. En la punta del cañón de un fusil inglés. “A nosotros nos enseñan a tener respeto y a superar el miedo. Una vez que se logra eso, parece que uno no le teme a nada, pero no es así. Uno tiene miedo, pero sabe dominarlo. Yo siempre respete lo que fuera: a saltar en paracaídas, a meterse al agua. Es decir, no porque sepa nadar me voy a mandar al agua como sea. A todo hay que respetar”, señala con simpleza y sabiduría. Lo que vivió, define, fue “un momento tenso”. “Venía agazapado detrás de una ligustrina, llegué a unos 30 metros, o quizás menos, a 20 metros de la casa y en el jardín vi a un soldado apuntando hacia mi derecha. Me escondí, saqué el seguro del fusil y cuando me paré, le apunté. Cuando lo hice, me mostró la mano así (muestra la palma). Pero él no me estaba apuntando a mí. Me miraba, pero el fusil iba para otro lado. Le hice una seña con el fusil para que se pare y él miró hacia el costado. Yo hice lo mismo y vi que había dos ingleses que si me apuntaban, no recuerdo si con una ametralladora o un fusil. Cuando los vi, me volví hacia ellos, les apunté y bueno, levantaron las manos. Les hice señas, se pararon. De atrás de otras plantas aparecieron otros más, y se fueron rindiendo. Los llevé a la calle frente a la casa del gobernador y los hice tirar cuerpo a tierra por mi seguridad. Yo estaba solo, mis compañeros no habían llegado todavía”.

Esa mañana le deparaba un duro golpe todavía. El único muerto argentino de la Operación Virgen del Rosario fue el Capitán Pedro Giachino. “Mi ídolo”, dice Nuñez. También cuenta que al inicio de la batalla, cuando llegó desde Moody Brook, vio su cuerpo tirado, sin saber que era él. “No fui a socorrerlo primero porque no sabía quién era. Segundo, no sabía si estaba muerto, vivo… lo vi tirado, acostado. E imaginé que si alguien estaba ahí era porque estaba custodiado bajo el fuego de los ingleses. Seguí haciendo lo que debía, ir al frente de la casa del gobernador. Pero sí supe cuando lo llevaron, cuando me llegó la información que era el Capitán Giachino al que estaban levantando… Me dio una bronca, quería patearle la cabeza a los ingleses que tenía ahí abajo, pero bueno, teníamos orden de no tocarlos…”. Y se siente en el aire que la bronca perdura.

Junto a Giachino, a dos metros de él, cayó herido el teniente de fragata Diego García Quiroga, que recibió tres disparos de diferentes fusiles: uno en el brazo, otro en el cuerpo y al tercero se incrustó en un cortaplumas suizo que colgaba de su cinturón. Fue el primer efectivo que atendieron en el hospital de Comodoro Rivadavia. El cabo 1º Ernesto Urbina, que como enfermero corrió a auxiliarlos, fue el segundo herido del combate.

La muerte del Capitán Pedro Giachino

Para Nuñez, Giachino era “el jefe, el cabeza. Siempre estaba al frente de todo, era un referente para nosotros. Si había que hacer algo, él no tenía problema. Él se tenía que sacrificar, lo hacía primero. Daba una orden, él era el ejemplo. Y el ejemplo a seguir. Por la forma, por su carácter, por la buena persona que era”. Y se queda en silencio, mirando al vacío. O a 40 años atrás.

Después que los Royals Marines se rindieron, vino la calma. Y ahí llegó el click, la foto, la imagen de Nuñez sonriendo, con cuatro granadas colgando de su cuello y la cara camuflada con pomada negra. Una imagen a la que intentó escapar: “Vi venir al fotógrafo adonde estaba yo. Lo entré a esquivar para no salir. En un momento dado hablo con un compañero y le digo ‘fijate, este muchacho me viene siguiendo’. Lo tenía atrás mío. Y me dice, ‘¿quién, mostrame?’ Me dí vuelta para señalarlo y lo vi apuntándome con la cámara, por eso mi sonrisa… Estaba distendido, después de haber pasado esos momentos de adrenalina a full. Estaba más relajado. Para mi fue muy importante esa foto: mi señora, que en ese momento era mi novia, se enteró que estuve en Malvinas porque la vio. Y los periodistas vinieron a Corrientes para hacerle una entrevista a mi mamá”.

Horacio Nuñez tal como lo publicó la revista Gente en 1982. En la página opuesta, Rex Hunt, el entonces gobernador inglés de Malvinas que fue depuesto por la acción de los comandos de la Armada

Después de la recuperación, los comandos anfibios regresaron al continente. Nuñez no volvió nunca más a Malvinas. “A los ingleses les quitamos el armamento, los tomamos prisioneros, los llevamos a un lugar descampado. Ellos podían hablar, fumar, comer, no estaban esposados. Estaban libres, digamos. Al jefe se les preguntó quiénes estaban en el pueblo y quiénes en Moody Brook. A estos se les autorizó a buscar sus pertenencias, sus documentos. Cuando estuvieron todos se los embarcó en un avión rumbo a Montevideo. Y a nosotros nos llevaron al continente. Ya en ese momento el Ejército se había hecho cargo de la conducción de la ciudad”.

Nuñez no tiene encono con los ingleses que combatió. “Para mí el inglés no es un enemigo. Ellos deben pensar, al igual que nosotros, que las islas Malvinas les corresponden. Y como nosotros, lucharon. Las recuperamos y lamentablemente después las perdimos. El soldado pelea por su patria. Pero nosotros, los argentinos, nunca invadimos ningún país. Siempre nos defendimos. Desde la época de San Martín que nos liberó. Pero al soldado inglés no le tengo bronca ni rencor”.

El entonces Cabo Principal y comando Jacinto Batista lleva a un grupo Royal Marines detenidos en la mañana del 2 de abril. Encabeza la hilera Lou Armour

Los comandos de Infantería de Marina regresaron a Mar del Plata. Un grupo regresó más tarde a las islas: entre ellos los del Batallón de Infantería de Marina 5, algunos de artillería de campaña e ingenieros anfibios que colocaban minas. El resto de la guerra, Nuñez estuvo en Río Gallegos. “Permanecí allí junto a un grupo de comandos. Ahí nos enteramos de lo que sucedía en las islas. No fue fácil. Sabíamos que estábamos perdiendo, sabíamos que el Ejército no podía. Dos veces estuvimos en el aeropuerto para embarcar y volver. Primero para hacer un contraataque. Suspendieron el vuelo porque íbamos en un Fokker y ya no se podía aterrizar los aviones nuestros porque el espacio aéreo ya estaba dominado por los ingleses”. El 14 de junio, día del cese de fuego, lo encontró lejos Puerto Argentino.

Después de la guerra tampoco volvió a las islas. Dice que “hasta que no esté flamenando la bandera argentina, no voy a regresar. Excepto que vayamos a recuperarlas. Sin dudas, volvería a poner en juego mi vida por la patria”.

El tatuaje de Horacio Nuñez: las Malvinas y la Armada Argentina en la piel y el corazón (Nicolás Stulberg)

A su regreso, dice “tuve suerte de tener a mi familia cerca. Después de la guerra, si uno no se apoyaba en la familia, se sabe lo que pasó. Tuve compañeros internados por brotes psicóticos, algunos se hicieron alcohólicos, otros empezaron con la droga… Encontraron un vacío, porque a nosotros la sociedad nos dio la espalda. Eso se supera con la familia, la gente que está atrás de uno, que no te da tiempo a deprimirte, que te da responsabilidades que cumplir. Eso te mantiene vivo. Pero no se supera la guerra. Lo que podemos hacer es contarla. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién? Fuimos los protagonistas, los que la vivimos. A veces me invitan a dar charlas en escuelas, o como en Merlo, a un grupo de motoqueros. Y es una satisfacción que la gente se entere que somos soldados y estamos para defender la patria. No tenemos otra misión”.

Lo que no puede hacer, a veces, es evitar llorar por Malvinas. “Si, lloro, las siento. Yo creo que algún día, de alguna forma, las Malvinas van a volver a ser argentinas. Seguramente no a través de la guerra. La historia lo dirá: son argentinas y a eso no hay forma de negarlo”.