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sábado, 15 de agosto de 2026

2 de Abril: Héroes del desembarco

Desembarco en primera persona

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘳𝘨𝘪𝘰 𝘙𝘶𝘣𝘦𝘯 𝘋𝘪𝘢𝘻 𝘤oncripto clase 63 𝘴𝘦𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯 𝘎𝘢𝘵𝘰

Sitio: Malvinas: Historias de coraje





Son las 4:30 am, Nos despiertan, la hora ha llegado. Me perisgno (otra cosa no se me ocurre) solo me encomiendo a dios y trato de controlar los nervios…. Que nadie se de cuenta, Nos aseamos, desayunamos rapido y de nuevo al sollado, terminamos de equiparnos, el personal de cuadros controla todos los equipos de cada uno. Tambien nos pintamos la cara, rapasamos mentalmente toda la instrucción que nos dieron desde que fuimos incorporados en el querido regimiento 25 de colonia sarmiento, esto no era un juego, seriamos protagonista de un desembarco anfibio y tal vez entrariamos en combate, Nos ponemos pasamontañas de lana y estamos listos para salir.
Llega la orden de marchar a la bodega de embarque y ya estamos en marcha. Una vez alli todo es increible, vemos mucho personal de la armada realizando maniobras, preparando los vehiculos anfibios en direccion a la salida del barco (aunque muchos de estos marinos tienen nuestra edad son verdaderos profesionales). El buque ARA Cabo San Antonio parece un gran monstruo con las fauces abiertas.
El teniente coronel Seineldin nos esperaba ya preparado para el desembarco, tenia la cara pintada para el combate, dos granadas colgadas del pecho y una ametralladora automatica. Para mi fue tranquilizador que el desembarcaria con nosotros, con el teniente coronel con nosotros no podiamos perder. Seineldin nos miraba uno a uno controlando que todo estubiera en orden y como si tratara de adivinar nuestros pensamientos.. pero todos estabamos listos para llevar a cabo lo que seria LA GLORIOSA GESTA DE MALVINAS.
Son las 6:00 am. En unos minutos comenzamos a subir al anfibio. Yo quedo del lado derecho cerca de la puerta, al lado del sargento Colque (un gran militar). Ya embarcados tengo puesto un salvavidas que se infla automáticamente tirando de unas tiritas, es igual a los que se utilizan en los aviones de pasajeros. De nuevo recuerdo todos los pasos que tenemos que realizar en caso de tener que desalojar el anfibio en caso de emergencia. La compuerta se cierra, estamos listos para comenzar el desembarco, se escucha el ruido de las orugas del anfibio sobre el piso de metal del barco, el movimiento me pone tenso, solo ruego que salga todo bien. El teniente coronel pide poner música que llevaba en un grabador, la cual era en conmemoración de las invasiones inglesas. La operación se llamaba Rosario, por la virgen. El anfibio se encuentra en movimiento salimos al mar, me doy cuenta por el ruido del vehículo que caemos al agua, los motores comienzan a rugir y, el ruido tapa al de la música... en ese momento comenzamos a rezar, para que el anfibio se mueva, porque si no comenzará a entrar agua y se puede hundir. En ese momento trato de ver por la ventanilla hacia fuera, y solo veo el nivel del mar que casi la cubría por completo, en la parte superior solo se apreciaban algunas estrellas y un cielo muy oscuro. Los motores continúan rugiendo hasta que en un momento toma impulso y sentimos que estamos en movimiento. En unos minutos que pasan muy rápido continuamos por el mar, hasta que de repente se siente un ruido muy fuerte, como si hubiéramos chocado, con algo y el anfibio se mueve bruscamente. Ya habíamos tocado tierra. Ya estamos en las islas. El subteniente Reyes abre las compuertas de la parte superior, se para sobre los asientos se asoma hacia afuera, y comienza a decir —"¡Allí están esos hijos de p..., allá están!". Yo pensé que los ingleses nos estaban esperando, y el anfibio seguía avanzando. De repente suena el timbre que anticipa que tenemos que bajar (ya nos habíamos sacado el salvavidas) y de pronto nos detenemos. La luz verde no indica que la compuerta se abrirá... Cada segundo se convierte en una eternidad. Apenas la compuerta está totalmente abierta, comenzamos a bajar, yo bajo tercero. Salimos lo más rápido que podemos y nos quedamos cuerpo a tierra. Lo primero que noto es que la isla se me mueve, como si estuviera en el barco, trato de regular mi respiración, (pienso estoy muy nervioso, por eso se "me mueve la isla"), dan la orden de continuar y me levanto. Tengo mi fusil FAL cargado y sin seguro. Avanzamos en forma de abanico, trato de mirar a todos lados, todavía es de noche... llegamos al aeropuerto y seguimos caminando apuntando hacia adelante mirando todo. El terreno es plano, con el pasto bajo, vamos pasando por la pista. A los costados de la misma el terreno presenta unas irregularidades formada por piedras. Mientras continuamos avanzando algunos compañeros van quedando ya apostados para cubrir el terreno ganado. Sigo caminando y siento en la vista que las piedras parecen moverse. Nos paramos, quedando rodilla a tierra, miro de reojo para poder distinguir si realmente algo se mueve entre las piedras, o si es sugestivo. Al cabo de poco tiempo seguimos avanzando, recorriendo casi toda la pista y en un momento se escuchan ruidos de los enfrentamientos en Puerto Argentino. Ruido de ametralladoras apagado a veces por los ruidos del cañoneo naval. Seguimos caminando, llegamos hasta el final de la pista, en ese lugar me tengo que quedar apostado, miro para todos lados no quiero dejarme sorprender por algún soldado inglés. Veo que la pista está ocupada con camiones y máquinas viales para no permitir el aterrizaje de los aviones. El grupo continua hasta el faro que se encuentra más adelante. Yo estoy rodilla a tierra con mi fusil mirando para todos lados. Puedo ver en dirección a Puerto Argentino y alcanzo a divisar el destello de los cohetes que tiran los ingleses . El ruido continua, se nota que hay resistencia. Aquí en el aeropuerto todo está muy tranquilo, todo muy quieto, pero a mí la isla se me sigue moviendo, no entiendo que me pasa. De pronto veo que comienza a operar gente en la torre de control, mientras comienzan a correr los vehículos que están obstruyendo la pista. Todo está saliendo a la perfección y sin inconvenientes, mejor a lo esperado. Hasta ahora nosotros no hemos tenido que enfrentarnos con los ingleses. De pronto regresan algunos de los que habían pasado hasta el faro, y me anticipan que encontraron algunos soldados ingleses que se entregaron sin oponer resistencia. Cuando retiran el último vehículo de la pista comienzo a ver en el cielo una luz que se enciende y se apaga... es un avión y aproximándose. Más cerca veo que es un avión Hércules, que pasa por encima de mi cabeza. Yo estoy en la cabecera de la pista, y es algo impresionante ya que nunca había estado tan cerca de un avión. Sigo vigilando, con el fusil listo para disparar. El avión se detiene y se produce el comienzo del desembarco aéreo. El ruido del enfrentamiento en Puerto Argentino ya no se escucha. El día ya está amaneciendo, los aviones siguen llegando, esta todo  sincronizado, cuando unos soldados, todo desarrollándose con normalidad. El nuevo día ya deja ver estas queridas islas. Puedo apreciar el suelo, donde estoy la arena es muy fina y blanca con algunos arbustos. Sigo apostado, ya un poco más tranquilo, y sereno, las islas están recuperadas. Pronto llega el relevo, todo ha salido mejor de lo planeado, dejamos el aeropuerto con la alegría de haber cumplido la misión, ahora continuamos a Puerto Argentino.

lunes, 9 de febrero de 2026

Libro: Desenmascarando a un pobre idiota, Ricky D. Philips


Demacrado, inútil e infeliz: La cara de la derrota ha sido una constante en su vida. 

Ricky D. Philips, charlatán militar británico



Introduzcamos la historia

The First Casualty, escrito por el escribidor británico Ricky D. Phillips y publicado en 2018, aborda, desde una perspectiva alternativa, el desembarco argentino en las Islas Malvinas ocurrido el 2 de abril de 1982, con el que dio inicio formalmente la Guerra de Malvinas. El título del libro hace alusión a la célebre frase “la verdad es la primera baja de la guerra”, y refleja la intención del autor de cuestionar la narrativa oficial tanto del lado argentino como británico. En concreto, el libro propone que la operación de recuperación de las islas por parte de las fuerzas armadas argentinas no fue tan incruenta como se ha sostenido tradicionalmente, y que el combate en torno a la casa del gobernador (Government House) fue más intenso y sangriento de lo que los informes oficiales informaron en su momento. Según Phillips, la resistencia ofrecida por los Royal Marines fue significativa y causó numerosas bajas entre las tropas argentinas.

Uno de los puntos más controvertidos del libro es la afirmación de que las bajas argentinas en esa jornada no se limitaron a tres —como sostiene la versión oficial y está documentado en fuentes militares argentinas y británicas— sino que podrían haber ascendido a decenas o incluso más de cien. El autor sostiene esta cifra con base en entrevistas que dice haber realizado a excombatientes británicos, especialmente Royal Marines que participaron en la defensa de Stanley. Phillips argumenta que esas bajas fueron deliberadamente ocultadas por las autoridades argentinas de entonces, por razones políticas y propagandísticas. No obstante, es importante destacar que no se han presentado hasta el momento documentos oficiales, partes militares o listas de caídos verificables que respalden esa afirmación. Además, investigaciones periodísticas y académicas posteriores no han hallado evidencia creíble que confirme una cifra superior a las tres bajas reconocidas oficialmente: el Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giachino, el Teniente de Fragata  Diego García Quiroga y el Cabo Primero Ernesto Urbina.

Desde su publicación, The First Casualty ha recibido críticas tanto por parte de historiadores británicos como argentinos. Se le ha cuestionado por la falta de rigor metodológico, la escasez de fuentes primarias comprobables y la presencia de errores de tipo técnico, geográfico y cronológico en el relato. También se ha señalado que el libro se basa en gran medida en testimonios no documentados y reconstrucciones hipotéticas sin respaldo documental sólido. A pesar de ello, ha generado atención en redes sociales y foros de discusión por ofrecer una visión distinta del inicio del conflicto. En definitiva, The First Casualty representa un intento de reinterpretar un episodio clave de la Guerra de Malvinas, pero su contenido debe ser evaluado con cautela y completa incredulidad, confrontándolo con las fuentes oficiales, testimonios acreditados y el consenso historiográfico. Como cualquier obra que se propone cuestionar versiones consolidadas, su valor dependerá del estándar de evidencia que logre sostener.

Confirmación de ausencia de evidencia empírica

Arrancamos por el final: Así terminaron 48 horas de solicitudes personales de información a este fabulador británico para que confirme las supuesta información sobre la lista de bajas de 100 casos menciona en su libro, la cual le solicité durante una interacción en la plataforma X. Obviamente está en inglés porque este mamerto no domina el español pero también esta lleno de mutuas agresiones y afirmaciones en doble sentido producto de la testosterona. Cuando el diálogo se pone picante, no tengo problemas en seguir. 
El texto remarcado en rojo dice algo así:

"VOS sos el único que sostiene que esa "lista" existe. Yo nunca referencié nada referido a tal ítem y dudo que alguien lo hubiese hecho o que exista si es que alguna vez existió. Una vez más, vos generás un hecho y luego demandás pruebas del mismo".
Es decir, ese dato que afirma, sugiere, pone sobre y luego saca durante todo el libro no existe. Ya que él comenta en su libro que habrías más de 100 bajas argentinas y que el combate por la Casa del Gobernador fue feroz y duró muchísimas horas, como parte de su trabajo de "historiador" debió por lo menos buscar una lista de bajas que confirmara sus afirmaciones. Como es tan idiota, ni siquiera se le ocurrió mentir en este sentido.





Ricky D. Philips, como ya se ha mencionado, es un propagandista británico que se autopercibe como historiador militar, se hizo famoso por armar una serie de mentiras enfocadas principalmente en la siguiente cuestión: Durante el desembarco del 2 de abril de 1982, ocurrida en el pueblo de Puerto Argentino/Stanley, las tropas argentinas oficialmente tuvieron 1 muerto y 2 heridos de bala. El mitománo británico esgrime que hubo más de 100 bajas/muertos argentinos durante ese día de operaciones. Es el único “autor” que propone ese argumento en todo el planeta, sin ningún respaldo más que comentarios de supuestas entrevistas, sumatorias de conjeturas y cuanta otra falta de rigor científico se haya cruzado. 


Tiempos mejores: el autor autodidacta publica sus primeras mentiras con éxito en Inglaterra.


Podría tranquilamente ser un protagonista más de Trainspotting: Obsérvese la cara que empieza de demacrarse.

Cuando fue inquirido de las pruebas de dichas afirmaciones, nunca presentó pruebas de nada. La única cuestión que me interesaba tratar con semejante opa, obviamente, era ésta en particular. Sus respuestas fueron atacar, difamar, poner palabras que jamás dije, tratarme de racista, fabulero, loco, drogadicto.
En todo el dialogo le solicité esa supuesta lista de bajas siendo ésta mi única cuestión a resolver. Cada vez que pude le solicité “the list” (remarcado en amarillo suave en el texto), la lista de 100 bajas que pobre salame afirmaba que había ocurrido ese glorioso 2 de abril.


Abajo vemos el primer intercambio en X y, más abajo, decidí publicar toda la lista de interacciones para que vean lo cansador que es tratar con paciente psiquiátrico de este nivel.




¿Y qué pasó? Obviamente NUNCA TUVO ESA LISTA (ver más arriba). Fue una obvia mentira de este personaje llamado Ricky D. Phillips, alias "Rickymondo". Un pobre inútil, miembro de la Sociedad Real de Historia (¡imagínense lo que serán los otros integrantes!), que no ha servido para nada en toda vida, lleno de desastres personales, mediocridad y bullineo cuando era chico (confesiones de él mismo).






Todos anticipamos por estas afirmaciones incomprobables que era un charlatán total, un propagandista que sesgaba todas sus afirmaciones hacia la postura británica en cualquier puto tema, desde el más nimio, con un autismo repetitivo y con retraso madurativo que es característico de muchos británicos.


Incluso lo ayudo con una foto y con una "lista enumerada" para llenar... podría haber puesto a los dos otros dos infantes de marina (García Quiroga y Urbina) que fueron heridos junto a Giachino... ni eso sabía este hijo de la Gran Bretaña.




Así que es eso: este sujeto confirma que jamás tuvo una lista de bajas del 2 de Abril, que son sus puras invenciones que “eso evento ocurrió porque yo lo investigué”. No pierdan más tiempo con este imbécil.







Eso es lo que dice la inteligencia artificial Grok respecto a su libro.

Prompt: Qué opinan otros historiadores respecto a la tesis de Philips
Los historiadores y los especialistas en historia militar establecidos no han aceptado en general la tesis central de Ricky D. Phillips en The First Casualtyque los Royal Marines infligieron muchas bajas (estimaciones de 70-100 o más argentinos muertos o heridos) durante la invasión argentina de las Malvinas el 2 de abril de 1982, mucho más allá de la cifra oficial de un solo argentino muerto (el capitán Pedro Giachino) y unas pocas heridas, y que la resistencia fue mucho más intensa y prolongada que la defensa "simbólica" o "de token" que describen las versiones oficiales.Los historiadores académicos y profesionales de historia militar casi nunca citan el libro ni lo discuten en profundidad. No aparece en revistas académicas revisadas por pares, editoriales universitarias ni en las bibliografías estándar sobre la Guerra de Malvinas (por ejemplo, obras de Lawrence Freedman, Martin Middlebrook o los registros oficiales británicos y argentinos). Esta ausencia es llamativa, dada la magnitud de las afirmaciones del libro, que —de ser ciertas— exigirían revisar por completo la narrativa aceptada.Las críticas de quienes sí lo han abordado directamente suelen ser fuertes:
  • Hay blogs y críticas online (como "The First Casualty Dissected") que refutan sistemáticamente las interpretaciones de Phillips, señalando inconsistencias con evidencias físicas, informes oficiales, testimonios de veteranos argentinos (incluyendo figuras como el capitán Hugo Santillán, cuya perspectiva se usa en contra de la versión de Phillips) y la falta de documentación que corrobore decenas de muertes (ausencia de cuerpos, fosas comunes o registros hospitalarios que respalden tantas bajas). Estos análisis argumentan que el libro se apoya demasiado en testimonios selectivos de veteranos británicos, mientras minimiza o malinterpreta fuentes argentinas y la falta de pruebas materiales para las bajas altas.
  • Algunos lo califican de sensacionalista, historia pop nacionalista más que de investigación rigurosa. Critican que Phillips no tiene credenciales académicas formales en historia (no tiene posgrados ni publicaciones en revistas académicas establecidas), que el libro es autopublicado y con elementos de autopromoción, y que tiende a narrativas conspirativas (encubrimientos gubernamentales de ambos lados). Una crítica detallada lo describe como alguien que no califica como historiador académico, y recuerda que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, que el libro supuestamente no ofrece más allá de anécdotas.
La recepción positiva viene principalmente de:
  • Algunos veteranos de los Royal Marines y lectores pro-británicos, que lo elogian por "vindicar" el coraje de la guarnición y por mostrar una resistencia heroica.
  • Reseñas entusiastas en Goodreads, Amazon, etc., que lo llaman bien investigado y revelador.
  • Algunos autores de historia militar no académicos (por ejemplo, elogios del historiador naval Angus Konstam por el estilo narrativo, o menciones junto a otros autores de Malvinas).
Sin embargo, incluso estos provienen más de círculos de entusiastas o veteranos que de historiadores universitarios.Del lado argentino, rechazan casi por completo las cifras altas de bajas, alineándose con sus registros oficiales y testimonios de veteranos que hablan de una toma rápida y con pocas bajas (Giachino como única fatalidad, por fuego amigo o accidente, no por fuego de los Marines). Algunas fuentes argentinas ven el libro como propaganda británica que exagera la resistencia para glorificar a los defensores.En resumen, la tesis de Phillips sigue siendo marginal y muy controvertida. Ha ganado tracción en círculos populares de historia militar, comunidades de veteranos y discusiones online, pero enfrenta escepticismo generalizado o rechazo directo de historiadores profesionales, que se mantienen en el consenso: la defensa inicial fue valiente en algunos puntos, pero breve y con efectos limitados, con mínimas bajas argentinas en total, debido a la superioridad numérica abrumadora y la decisión de rendirse para evitar bajas civiles. El impacto del libro ha sido más cultural y polémico que historiográfico.








Finalmente, y para no dejar absolutamente ninguna duda, este imbécil también considera un mito el ataque al HMS Invincible, lo cual es común en la manada británica, pero le agrega la hijaputez de decir que el testimonio de los pilotos fue preparado, que nunca volaron esa misión, que mintieron sobre la misión porque querían llevarse las medallas, los ascensos y todo lo que incluía ese prestigio. Repito, un pobre imbécil hijo de puta que ni respeto por gente de coraje tuvo en su vida. Su dirección es X es @RDPHistory. No estoy diciendo que lo visiten y lo insulten.  

 

miércoles, 21 de enero de 2026

IMARA: La experiencia de los VAO el 2 de Abril

𝐄xperiencias vividas durante el conflicto del 𝐀tlántico 𝐒ur


𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦  𝘑𝘶𝘢𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘔𝘢𝘳𝘵𝘪𝘯𝘦𝘭𝘭𝘪 – 𝘛𝘕𝘐𝘔 𝘝𝘎𝘔 (𝘙)



Malvinas 1982

𝘿𝙚𝙨𝙚𝙢𝙗𝙖𝙧𝙘𝙤 𝙮 𝙘𝙤𝙣𝙦𝙪𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙘𝙖𝙗𝙚𝙘𝙚𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝙥𝙡𝙖𝙮𝙖
Eran la 04:00 del día 02 de abril de 1982 y se tocó diana. Recuerdo que me desperté y me dirigí al baño para ducharme y colocarme el uniforme de combate nuevo que tenía en la mochila y que había traído especialmente para el día más glorioso de mi carrera militar, iba a entrar en combate para cumplir el juramento que le hiciera a nuestra bandera un 20 de junio de 1974: ¡defenderla hasta perder la vida!
El horario de embarcar en los Vehículos Anfibios a Oruga (VAO) era 05:45 y así lo hicimos, en orden, en silencio (independientemente de las voces de mando que pudieran oírse).
A las 06:00 salieron los 4 primeros VAOs a cargo del CCIM Hugo Jorge Santillán, formando parte de esa primera oleada nuestro Compañero de Promoción TCIM Carlos Ramón Schweizer.
En el VAO Comando, que iba a cargo del Comandante del BIM2 y Comandante de la FT 40.1. CFIM Alfredo Raúl Weinstabl, desembarqué Yo. Los primeros tramos de la travesía hasta la playa de desembarco se hizo con las escotillas del VAO cerradas. Tengan en cuenta aquellos que nunca desembarcaron en un vehículo anfibio que en esas condiciones, la aproximación a la playa es altamente peligrosa. De haber tenido las tropas británicas posibilidades de hacer fuego sobre los mismos, nosotros nos hubiéramos convertido en “tiro al patito” y seguramente muchos hubiéramos quedado en las frías aguas del Atlántico Sur, dado que un vehículo anfibio como el que estábamos navegando, no dispone de blindaje.
Antes de tocar tierra en la playa de desembarco, las escotillas superiores se abrieron y pudimos asomarnos y ver en la inmensidad de la noche (a esa hora todavía no había amanecido) los “hilos de fuego” que deja la munición trazante, señal que en tierra se estaba combatiendo. Lógicamente la sangre en mi interior fluye con mayor rapidez ante la inminencia de tocar tierra y entrar en combate. Miedo: NO, Incertidumbre: TODA.



Por fin tocamos tierra sin tener que lamentar ningún perjuicio en personal ni vehículos.
Rápidamente nos dirigimos hacia el aeropuerto de (hasta ese momento) Port Stanley y sin resistencia enemiga pudimos observar que el mismo tenía la pista de aterrizaje obstruida por vehículos y otros obstáculos, lo que hubiera impedido en esas condiciones el aterrizaje de cualquier aeronave. El Comandante dá la orden de despejarla y en esos momentos llega la información que los vehículos del CCIM Santillán habían sido detenidos por fuego enemigo, habiendo recibido uno de ellos varios impactos de proyectiles de ametralladora y una esquirla había herido levemente a un Conscripto en una mano.
Rápidamente el CFIM Weinstabl, ordena al conductor del VAO Comando dirigirse hacia ese lugar, junto a la Cía. Delta a cargo del TNIM Di Paola. Llegamos hasta donde estaba la vanguardia y desmontamos de los vehículos anfibios. En este momento recuerdo una anécdota vivida junto a Carlos Schweizer: cuando desmontamos de los VAOs, veo a Carlos de pie y acomodando los talones de sus Conscriptos para evitar una común herida de guerra que precisamente es ser herido en los talones por no hacer correctamente cuerpo a tierra. En ese momento le grito “Bizcocho, planchate que nos están tirando”, él se da vuelta riéndose y me hace caso. Aprovecho y le digo, “qué ruido hacen los cañones sin retroceso de Di Filippo (SSIM Jefe de Cañones sin Retroceso del BIM 2) y resulta que me contesta: “son los morteros de los ingleses que nos están tirando”. En ese momento pensé “uno se muere en la guerra sin darse cuenta”. Lo que pensé que eran nuestros cañones, en realidad era fuego enemigo sobre nosotros.
Fundamentalmente con un eficaz disparo de uno de los cañones sin retroceso, hizo que los ingleses cesaran en su acción retirándose al interior de la localidad.



La vanguardia volvió a montar en los vehículos y buscó reforzar la acción de los Comandos Anfibios en Moody Brook. Sin embargo, éstos ya habían cumplido su misión y se encontraban próximos a Port Stanley por el lado opuesto al avance del BIM2, por lo cual el Capitán Santillán continuó su avance para completar su misión de aseguramiento de la península Camber.
Mientras tanto las Compañías del Batallón entraron sin resistencia en la ciudad, ocupando sus zonas de responsabilidad (ZR) y tenían absoluto control sobre la población y los servicios públicos esenciales.
Mientras entrábamos en la zona urbana de Port Stanley, recibimos fuego de francotirador.
Rápidamente nos tiramos cuerpo a tierra y veo una ventana donde la cortina era movida por el viento.
Le pido autorización al Capitán Weinstabl para abrir fuego sobre ese lugar, pero dada la orden inicial de recuperar de manera incruenta las Islas, no me autoriza a disparar.
Pasado el momento y dado que no se repitió el suceso; nos ponemos nuevamente en marcha y llegamos hasta un lugar donde el Comandante nos reúne a los Oficiales de la Vanguardia.
En ese momento percibo que estamos frente a una construcción que parece ser un gimnasio de 2 pisos.
Ante la posibilidad que pudiera haber Royal Marines ocultos, le pido autorización para entrar a registrarlo.
El capitán Weinstabl me autoriza a llevar al TCIM Gazzolo y 2 Suboficiales. Ingresamos y nos encontramos con que para subir al primer piso había dos escaleras laterales, para lo cual le digo a Gazzolo que junto a uno de los Suboficiales utilice el flanco derecho y junto al otro Suboficial, subiríamos por el flanco izquierdo.



Así lo hacemos y con los cuidados del caso ya que estábamos demasiados expuestos, llegamos hasta una habitación donde encontramos a 5 Royal Marines en actitud de haberse rendido ya que habían dejado sus armas (5 ametralladoras Sterling) sobre una mesa con sus cargadores separados de las armas y una agente de policía femenina.
Realizamos el cacheo de rigor a los Soldados Ingleses y no tocamos a la agente femenina.
Comprobado que los militares no tenían más armamento, quedaron en custodia hasta remitirlos al Punto de Reunión de Prisioneros (PRP).
Pero la gran sorpresa se produce cuando abrimos la puerta de un salón más grande y encontramos a los habitantes de nacionalidad Argentina que habían sido encerrados a manera de prisioneros.
Los liberamos y enviamos a los prisioneros al PRP.

lunes, 1 de septiembre de 2025

El almirante Hayward atestigua el desembarco del 2 de Abril en Buenos Aires

El almirante Hayward le dijo al jefe de operaciones navales argentino: “No quiero ninguna despedida”.

‘En ese mismo momento, estaban desembarcando en las Malvinas’

Por el almirante Thomas B. Hayward, Marina de los EE. UU. (retirado) || Naval Institute
Historia naval
Volumen 33, número 4

Cuando comenzó la Guerra de las Malvinas el 2 de abril de 1982 (ver “La táctica de la zona gris de Argentina”, págs. 44-51), el jefe de operaciones navales (CNO), almirante Thomas B. Hayward, se encontró en una posición única: estaba en la capital argentina cuando comenzaron los combates. Aquí, de su historia oral en el Instituto Naval de los EE. UU., se encuentra su relato de primera mano:

El papel de la Marina de los EE. UU. en la Guerra de las Malvinas fue realmente mínimo. Mi papel fue bastante interesante. Estaba en Buenos Aires el día de la invasión de las islas por los argentinos.

Estados Unidos había tenido años de dificultades en materia de política exterior con los líderes de Argentina, pero finalmente decidió que era hora de una visita oficial. Una forma útil de iniciar una mejora, en la mayoría de los casos, era el diálogo entre militares, y la Marina se utiliza muy a menudo como esa herramienta. Así que se organizó un viaje para que yo recorriera Sudamérica en visitas oficiales, incluida una parada en Buenos Aires, con dos o tres días con su jefe de marina.

Un giro interesante al intentar organizar ese programa fue que los argentinos estaban siendo autoritarios con respecto a que mi visita fuera en un momento muy específico. Pero simplemente no encajaba con el programa de otros lugares a los que tenía que ir. Finalmente les dije a los encargados de la programación: “Elimínenlos. No podemos adaptarnos a eso, y si no pueden cambiarlo unos días, entonces eliminémoslos”. Bueno, eso tuvo una repercusión rápida en el sistema, y ​​ajustaron su programa para cumplir con mi disponibilidad.

Así que fui a Chile antes de Argentina y luego volé a Buenos Aires. Durante el día, hice llamadas oficiales al CNO argentino y fui a reunirme con el general Leopoldo Galtieri, el presidente de facto en ese momento. Lo fascinante de eso fue que había hablado con él sobre la tensión por la isla Georgia del Sur. Ya había aumentado mucho. Recuerdo haberle comentado: “Bueno, hagas lo que hagas, no hagas ninguna tontería como enviar tropas a tierra en otro lugar”.

Cuando salimos, nos subimos al auto y nos alejamos, nuestro agregado naval dijo: “Algo está pasando. Nunca había visto a Galtieri tan nervioso. Es un tipo tan sereno y responsable. ¿Notaste cómo movía el pie constantemente?”.

Dije: “No, no lo noté”.

Dijo: “Bueno, algo está pasando”.

Mucho lenguaje corporal allí. Así que le transmitimos eso al embajador más tarde esa tarde. Por la noche hubo una gran recepción formal con trajes de gala blancos y mucho bronce. El CNO argentino y yo brindamos por nuestros países y dijimos cosas maravillosas sobre lo bueno que era que estuviéramos trabajando juntos de nuevo. En ese preciso momento, estaban desembarcando en las Malvinas. Una parte interesante de esto es que estoy seguro de que menos de la mitad de sus oficiales lo sabían. Bueno, yo tampoco lo sabía en ese momento, por supuesto.

La fiesta continuó hasta la una de la madrugada aproximadamente. Mi esposa y yo estábamos durmiendo en la casa del embajador. Alrededor de las cuatro o cinco de la mañana, alguien tocó a la puerta del dormitorio. Era el embajador. Y dijo: “Acabamos de recibir noticias de que los argentinos han desembarcado en las Malvinas”. ¡Madre mía! Así que los dos fuimos a escuchar la última información de inteligencia y tratamos de averiguar qué estaba pasando. Dije: “Bueno, ese es el final de mi viaje. Nos vamos”. Y lo hicimos; nos fuimos a primera hora de la mañana, dos o tres días antes de lo esperado. No había estado allí durante 24 horas.

De alguna manera, me llegó la noticia de que el jefe de operaciones navales argentino quería verme. ¿Podría pasar por su oficina y tratar de explicarme lo que estaba pasando? Acepté tontamente porque pensé que así obtendría algo de información, averiguaría los detalles. Porque no lo sabíamos; solo sabíamos que era un mal negocio. Pero tal vez había una justificación para ello. ¿Quién sabe?

Así que fui a su oficina. No me quedé allí mucho tiempo. Trató de explicar por qué su país tenía que hacer esto. Estaban esperando el apoyo del gobierno de los EE. UU. Me dio sus razones, que me parecieron poco convincentes.

Le dije al almirante que me iba. Después de hacer todo lo posible por disuadirme, dijo: “Te esperaré en el aeropuerto. Quiero darte una despedida oficial”.

Dije: “No quiero ninguna despedida, en absoluto. Lo que has hecho ha violado todo el propósito de este viaje aquí y de la reunión. No quiero bandas ni nada de eso”. Cuando llegué al aeropuerto, él ya estaba allí con media docena de sus oficiales y sus esposas, cargados de ramos de flores, acompañantes y todo. Mi esposa me recuerda cuando yo caminaba entre los acompañantes. Sin honores.

viernes, 4 de abril de 2025

2 de Abril: El primer argentino en desembarcar en las islas

El primer argentino que desembarcó en las islas


𝘌𝘯 1982 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘣𝘰 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘢𝘭 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘊𝘦𝘲𝘶𝘦𝘪𝘳𝘢, 𝘥𝘦 27 𝘢ñ𝘰𝘴, 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘌𝘴𝘤𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘥𝘦 𝘐𝘯𝘧𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳í𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘳𝘪𝘯𝘢,  𝘋𝘦𝘴𝘱𝘶é𝘴 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘻ó 𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘢𝘭 𝘤𝘶𝘢𝘥𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘖𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴




La mayoría los Comandos Anfibios, tropas especiales de la Infantería de Marina, fueron convocados alrededor del 21 de marzo de 1982 a la unidad con base en Mar del Plata y luego destinados a la Operación Rosario de recuperación de las Malvinas. La Agrupación de Comandos Anfibios de la Armada Argentina estaba
ubicada en Mar del Plata y desde allí fueron trasladados a Puerto Belgrano para luego embarcar en la Santísima Trinidad, que llevaba aproximadamente 90 Comandos y Buzos Tácticos de la Armada, los cuales constituirían la fuerza de avanzada de la operación anfibia de recuperación de las Islas.



“Teníamos una orden preparatoria general y sabíamos lo que teníamos que preparar por equipo para la operación. Nos habían informado que íbamos a desembarcar de un buque de superficie y que íbamos a tomar un cuartel y una casa de Gobierno, pero no sabíamos dónde”, recuerda Carlos Cequeira.
Durante la travesía se hizo prueba del armamento y recién cuando navegaban al lugar se enteraron que el destino era las Islas Malvinas.
El 1° de abril a la noche, a las 20:00 hs, llegaron cerca de Malvinas y a las 21:00 hs se fueron ocupando las embarcaciones menores (botes de goma y kayaks) para aproximarse a la playa.
Cequeira, junto al jefe de la sección denominada “Cachiyuyo” para la operación, el Teniente de Corbeta de Infantería de Marina Bernardo Schweizer fueron los primeros en llegar en un kayak a las costas de Malvinas en Puerto Enriqueta.
La misión de “cachiyuyo” era desembarcar adelantado a las unidades de tareas y asegurar la playa para permitir el desembarco seguro del resto de los botes de goma que llevaban a los Comandos y Buzos Tácticos.
Cequeira recuerda que “nos desplazamos en un bote y luego en la primera enredada con los cachiyuyos (algas que crecen en el mas del sur) que abundaban en ese sector de playa, perdimos un poco la paciencia, subimos al kayak y empezamos a remar, para llegar a una pequeña ría, sobre la desembocadura del margen derecho. El Teniente Schweizer iba con un visor nocturno y atrás estaba yo, con el compás, mantenía la dirección de avance; él me dice que se ve una luz en la costa. Me presta el visor, veo que había alguien en la costa, supusimos que estaban los ingleses”. Por tal motivo, decidimos ir a una playa alternativa que teníamos dentro del plan, “la otra playa quedaba a 500 metros de la playa principal, hicimos una exploración, fundamentalmente por escucha de ruidos producidos por la presencia de personas en la nueva playa, y luego nos juntamos en el lugar. Al no tener novedades, el Teniente marcó el avance con una señal a los cinco botes de seguridad, los cuales se aproximaron y se estableció la cabeza de playa”.
Cequeira  señala que aquel 1° de abril “el mar estaba calmo, había una sola línea de rompiente y había una luna que nos encandilaba y cuando llegamos a la playa la luna ya se había puesto. Cuando hicimos la marcha de aproximación estaba oscuro y había muchos obstáculos naturales y artificiales, porque había turba, alambrados y el terreno era muy irregular. La costa era similar a la de Río Grande, en nuestra Tierra del Fuego”, contó que había realizado muchas prácticas en la costa patagónica con climas más inhóspitos
Alrededor de las 23:00 hs llegó a la playa el grueso de los efectivos especiales de la Armada y su marcha de aproximación a los objetivos se inició alrededor de la 01:00 del 2 de abril , “a las 6 de mañana, del 2 de abril, teníamos que tomar el cuartel de los Royal Marines en Moody Brook y la Casa de Gobierno ubicada en la localidad”, por ese motivo se dividieron en dos fracciones.
Una se dirigió al cuartel e iba al mando del capitán Sánchez Sabarots y la otra estaba a cargo del capitán Pedro Edgardo Giachino. 


Cequeira recuerda que empezaron a marchar y llegaron en el horario indicado a los objetivos. “Teníamos una imposición muy particular, si uno mira las historias de las operaciones tipo comando vemos que son cruentas con muchos muertos en las fuerzas propias y en la de los enemigos. En este caso, nos imponían no causar bajas enemigas, con el propósito de llegar bien posicionados para una negociación. No teníamos que matar ni herir a los ingleses y nos condicionaron muchísimo y lo hicimos así, a costa de Heridos y muertos nuestros.
El capitán Giacchino, el Teniente García Quiroga y el cabo Urbina, fueron nuestras primeras bajas”, el 2 de abril de 1982.
Al llegar a los objetivos adoptamos el dispositivo que teníamos planeado, cada uno tenía una responsabilidad. Dentro de la patrulla se constituyen escalones con tareas específicas para cada uno. La misión del escalón de seguridad es evitar que lleguen refuerzos al objetivo, para lo cual en la zona donde había un puente nos instalamos los de seguridad, para evitar que lleguen soldados ingleses a reforzar lo que era el cuartel”.
Cequeira recuerda que “hubo una resistencia muy débil” por parte de los Royal Marines, “había diez hombres defendiendo el cuartel, quienes tiraron, tiraron y tiraron durante diez minutos y en un determinado momento cesó el fuego”.
Ingresamos a lo que era el cuartel y no encontramos a nadie, en ese momento, arriamos la bandera inglesa que estaba en el mástil, y se izó la bandera argentina a las 7.15, en el cuartel de los Royal Marines”. El izamiento de la celeste y blanca estuvo a cargo del comandante de la Agrupación de Comandos Anfibios, capitán Sánchez Sabarots y el suboficial encargado de la Agrupación Guillermo Rodríguez.
“Fue enorme la alegría de ver flamear nuestro pabellón en Malvinas..  Seguidamente, los argentinos escucharon tiroteos que provenían desde la casa del entonces Gobernador de las Islas, a 6 km., donde estaba el capitán Giachino. Rápidamente un grupo de comandos se dirigió a la ciudad para reforzar al grupo del capitán Giachino, pero antes de llegar a la casa del Gobernador, apareció alguien de civil, que era un argentino de la aviación civil, que no había sido capturado la noche del 1° (todos los argentinos en Puerto Argentino, que realizaban distintas tareas, habían sido recluidos por las autoridades británicas) y nos indicó que detrás de la casa del Gobernador, a 400 metros, había unos veinte ingleses, por lo que nos adelantamos listos para entrar en combate y estos no ofrecieron resistencia. Nosotros nos desplazamos con mucha precaución y aplicamos una técnica que se realiza para esos casos, como teníamos la consigna de no producir bajas en el enemigo, avanzamos para achicar las distancias y nos levantamos los doce hombres en forma simultánea con las armas listas para disparar apuntando y cuando empezamos a marchar vemos que con una bandera blanca en una antena de radio se rinden, sin combate”,
Desde allí se lanzaron hacia la Casa del Gobernador, donde escucharon disparos de armas automáticas “fuimos a reforzar al capitán Giachino y vemos que en ese momento llegaban los vehículos anfibios argentinos con el Batallón de IM N°2 que constituía la fuerza principal de la operación anfibia y en ese momento se rindieron los británicos.