Arca,
que actualmente recorre el país dando charlas, nació en Corrientes, en
1950. Cursó allí la secundaria y decidió que quería seguir la carrera
militar. Viajó a Buenos Aires, donde se preparó e ingresó a la fuerza en
1969.
A los 33 años participó de la guerra en el Atlántico Sur, donde se
desempeñó como piloto de la Armada Argentina, como integrante de la
Tercera Escuadrilla Aeronaval.
“Mi papá nos hizo volver de Europa para irse a pelear a Malvinas”
En una nota realizada en una oportunidad a un medio correntino, el capitán relataba: “Cuando
se produjo en desembarco en Malvinas yo estaba en Francia. No fui
convocado, pero sí mi compañero que era señalero. A mí no, porque hacía
ocho meses que no volaba”, señaló. Sin embargo, Arca no se amilanó e intentó ir como voluntario.
“Pregunté en la Embajada si estaba convocado y me dijeron que
no, al otro día volví y me volvieron a decir que no, y al tercer día,
cuando le dije al Embajador que iba a ir a Malvinas, me dijo que no
podía. Yo le respondí: No, no me debería ir, pero sí me puedo ir.
Abandoné el curso y me vine de manera voluntaria”, contó.
Y así emprendió el regreso a la Argentina, con su esposa y sus tres
hijos, de 6, 4 y 3 años. Como no tenía lugar donde quedarse, su familia
se instaló en Entre Ríos, de donde es oriunda su cónyuge, y el voló
hacia el sur.
Pelea de perros con los Harrier
Aquel 21 de mayo de 1982 ocurrió el desembarco de las tropas
británicas en el estrecho de San Carlos. En el lado argentino comenzó el
alerta para mandar la oleada de aviones para el ataque y evitar aquella
el desarrollo de aquella operación.
A las 14.25 despegaron seis aviones argentinos, de tres en tres, cada
uno de los grupos con el objetivo de destruir una fragata ubicada en el
estrecho de San Carlos, la misma proporcionaba protección al desembarco
inglés.
La primera sección (foto) en despegar fue la integrada por el Cap.
Phillipi, los Tenientes. Márquez y el Capitán Arca (a bordo del 312).
Debieron partir con un mínimo de combustible para realizar la misión.
En camino al objetivo les ordenan que regresen ya que había 10
Harrier (Aviones de caza y ataque de las fuerzas inglesas) protegiendo
el desembarco, aun así juntaron valor y continuaron para cumplir con su
misión.
Localizan a la fragata HMS Ardent y la atacan, logrando impactar 2 bombas MK-82 Snakeye en su popa y hundirla.
Durante el escape son interceptados por una sección de Harrier. En
este combate se debe eyectar el Cap. Philipi luego de ser alcanzado por
un misil. El Tte. Marquez muere al explotar su avión a causa de los
impactos recibidos.
Arca continuó en combate. Logró burlar con bruscas
maniobras evasivas otro misil, cuando ya exhaustos de combustible, los
Harriers se replegaron al HMS Hermes.
Con el tiempo se conocieron relatos de los pilotos ingleses
que sorprendidos indicaban como Arca los encaraba y les tiraba el avión
encima cuando ya se había quedado sin proyectiles para disparar.
Ahí entró en acción la segunda sección con los otros 3 Skyhawks
rezagados. Con asepsia casi quirúrgica y el campo de batalla despejado,
los pilotos Benito Rótolo, Carlos Lecour y Roberto Sylvester terminaron
de masacrar a la Ardent.
De las 24 bombas de 500 libras lanzadas por los seis aviones, al
menos 5 sellaron definitivamente la suerte la fragata. En el último
ataque, el sector de babor quedó diezmado y las llamas consumían la popa
cuando el capitán Alan West ordenó el abandono. Veintidós de los 170
tripulantes perecieron.
Averiado por los disparos y sin tren de aterrizaje
El Cap. Arca había sido alcanzado en 10 oportunidades por el cañón de 30 mm de un Harrier a pesar de sus maniobras evasivas.
«Así no puede aterrizar. No tiene tren de aterrizaje y se ve
el cielo desde el otro lado del avión por los agujeros de los
proyectiles. Si no se eyecta dejará la pista sin servicio. ¡Eyéctese!», le impusieron. El piloto buscó un área alejada del trajín aéreo y obedeció.
Cayó al mar y en una maniobra de profesionalismo excepcional el piloto de un Bell, el capitán de Ejército Alberto Svendsen,
sin una liga para arrojarle y levantarlo, ubicó el patín de aterrizaje
de su helicóptero debajo del piloto y prácticamente lo pescó en medio de
un oleaje furibundo.
En un mar embravecido, con olas de más de dos metros y casi en estado
de hipotermia, Arca estuvo más de 30 minutos luchando para trepar al
helicóptero (que no tenía equipamiento de rescate). Finalmente en una
maniobra de gran peligrosidad y pericia el piloto metió en el agua el
patín de su helicóptero y allí Arca logró colgarse del mismo y es
llevado a tierra firme.
El relato de Martín Balza sobre el operativo rescate
Ex Jefe del Ejército Argentino y Veterano de Malvinas, en una nota
publicada en diario Perfil, en abril del año pasado, relataba con
precisión lo realizado en el heroico rescate que le valió al piloto
Svendsen (en la foto junto a Arca en un acto posterior) ser condecorado
con la medalla «La Nación Argentina al Valoren Combate».
“Cuando parecía que lograría consumar mi ansiado sueño, un
suboficial me despertó en forma violenta: “¡Mi teniente coronel, un
avión sobrevuela en círculos nuestras posiciones y cada vez lo hace más
bajo! ¡Se nos va a caer encima!”.
«Salté, salí de precario refugio y vi un avión Douglas A-4 Q
(Skyhawk) de nuestra Aviación Naval que, averiado, intentaba aterrizar
en el aeropuerto próximo a nosotros. El piloto, teniente de navío José
Arca, se había eyectado en su paracaídas, pero en perfecto planeo, la
máquina sobrevoló en círculos cada vez más abajo por sobre nuestra zona
de responsabilidad».
«Finalmente se impartió a la artillería antiaérea propia la orden de
derribarla y cayó sin consecuencias en el extremo de la península del
aeropuerto».
«El teniente Arca cayó al mar a unos 1.000 metros de la costa, y fue
rescatado por el capitán Jorge Rodolfo Svendsen, al mando de un
helicóptero UH-1 H del Batallón de Aviación de Ejército».
El rescate fue difícil y arriesgado, y todos estábamos pendientes de él. Así lo relata el capitán Svendsen:
“Al tocar agua nos acercamos, observando que el piloto estaba
consciente. Entonces le ordené al sargento primero Santana, que era mi
copiloto, que controlaba la parte del instrumental, y al cabo primero
San Miguel, que se desempeñaba como artillero de puerta, que cuando me
acercara al piloto en el agua tratara de tomarlo para introducirlo en la
cabina».
“En esta acción, tratando de sacarlo del agua, hubo varios intentos
en vano, durante unos 15 minutos, pues el salvavidas que llevaba puesto
el piloto no le permitía el movimiento de los brazos y el reflujo
producido por el rotor lo alejaba de la aeronave o lo empujaba debajo de
ésta».
“Con mucho acierto y luego de muchos intentos, el piloto me hizo una
seña para que me alejara y poder así sacarse el chaleco salvavidas. Con
los brazos libres pudo, en el siguiente intento, y con la ayuda del cabo
primero San Miguel, parado en el esquí del helicóptero, tomarse con su
brazo de éste, quien lo llevó “colgado” hasta la costa, donde personal
de las posiciones próximas nos ayudó a acostarlo dentro del helicóptero;
rápidamente, lo llevamos al Hospital Militar de las Fuerzas Armadas
para que recibiese la atención médica adecuada”.
La importancia del legado y la esperanza de volver
A sus 71 años José Cesar Arca recorre el país contando su
experiencia, con la misma convicción con la que aquel día de 1982 subió a
su avión: «Yo soy un defensor de la historia, y del valor que
tiene poder contar lo que viví en esa gesta histórica. Algún día ya no
estaremos, y otros transmitirán lo que nosotros (los otros héroes) les
contamos. Eso no puede perderse y la única manera de conservarlo es
seguir con estas actividades», detalló.
Antes del final, la pregunta obligada: ¿Volvería?. «Sí,
porque estoy mucho más preparado que entonces. Pero nuestro deber hoy es
otro. Somos centinelas de las negociaciones para que se recupere lo que
era nuestro. Y los mayores centinelas, quedaron allá enterrados».
Maximiliano, su hijo que hoy tiene 41 años, por esas cosas del
destino reside desde hace años en San Francisco. Aquí se desempeña
profesionalmente y formó su hermosa familia. Cultor del bajo perfil y
muy respetuoso de la envestidura de su papá, prefiere que la historia
sea contada por los verdaderos protagonistas, pero no pierde las
esperanzas que cuando la pandemia lo permita, el Capitán de Navío José
Cesar Arca visite nuevamente la ciudad y nos cuente, en primera persona,
esta parte tan importante de la historia de nuestra querida Argentina.
Nuestro vasto adiestramiento en ataques simulados a buques de nuestra flota durante años, nos permitió realizar el ataque con éxito contra la Ardent. Lo primero que hicimos fue separarnos, uno por izquierda, otro al centro y otro a la derecha. Esto ocasionó que el buque debiera dispersar su poder de fuego sobre tres blancos diferentes ocasionado la perdida de fuego concentrado. Su sistema de control de tiro tendría que elegir a uno de nosotros y tratar de derribarlo, pero los otros dos aviones llegarían seguro a la distancia necesaria. Ahí estaba nuestra oportunidad. No pudieron con ninguno de nosotros tres. Lancé primero mis bombas y una dio de lleno contra el buque. El teniente Arca, segundo en el ataque, lanzó sus bombas y se metió dentro del hongo de fuego producido por mi impacto. También acertó con una bomba. El teniente Márquez, último en la formación, fue espectador del ataque y nos confirmó los impactos. Además, conociendo su capacidad, seguramente su lanzamiento tuvo similares resultados.
‘Escapamos por la misma’, les ordené por radio a mis pilotos. Quise decir ‘por el mismo lugar que ingresamos’. Sin avistar actividad enemiga, iniciamos nuestro escape hacia Río Grande, nuestra base. En ese momento, no sabíamos que dos Sea Harrier ingleses volaban encima nuestro. No podíamos verlos debido al mal tiempo. Solo supe de ellos cuando el teniente Márquez rompió el silencio de radio alertándonos: ‘¡Harrier! ¡Harrier!’. Casi de inmediato, un golpe, un mazazo, golpeó mi avión. Me habían dado.
El avión, fuera de control, comenzó a encabritarse. El bastón de comando no respondió a mis llamados y, en ascenso, el avión se dirigió hacia un techo de nubes que descargaba la lluvia sobre mi parabrisas. Llevé el acelerador hacia atrás y tampoco obtuve respuesta, volaba a casi mil kilómetros por hora. El manual del avión indica que uno debe realizar la maniobra de eyección por debajo de los 350 nudos (648 km por hora). Realizarla por encima de esa velocidad puede ser letal, incluyendo desmembramiento del cuerpo o lesiones en hombros y caderas.
Accioné el freno de picada para intentar reducir la velocidad y tampoco respondió. Me di vuelta para ver qué ocurría detrás mío y, para mi sorpresa, observé al Sea Harrier que me había lanzado el misil acercándose para rematarme con cañones a corta distancia. Llamé a mis dos numerales y les informé que me encontraba bien, sin daños físicos, y que me eyectaba.
Accioné de la manija inferior y una explosión ocupó mis sentidos. Un último pensamiento me abordó: ‘me estoy desnucando como el teniente Peña’. Y luego me desmayé. El Teniente Peña, piloto de A-4Q, falleció en 1972 durante su eyección al engancharse la manguera de oxígeno en el acelerador, desnucándolo.
El capitán Alberto Philippi, lanzado a casi mil kilómetros por hora, impactó contra la masa de aire. Entonces, ocurrió el primer milagro: su cuerpo no se desmembró. El segundo milagro vino en su ayuda a continuación: el asiento eyectable, con su cohete vencido, funcionó en altura. Philippi atravesó la tormenta, emergió por encima de las nubes y continuó su ascenso hacia un sol brillante y un cielo límpido. Rodó por el aire y una sorpresiva explosión controlada lo separó de su asiento. Ambos cayeron al vacío hundiéndose otra vez en la nubosidad.
Descendió sin conocimiento, a casi 200 km por hora. Tercer milagro: el pequeño paracaídas extractor realizó su trabajo inicial obligando a que el paracaídas principal procediese a su apertura. En pocos segundos la vela naranja del paracaídas flotó en el aire depositando al piloto inconsciente sobre el mar. Philippi abrió sus ojos y entre la cortina de agua observó una escena dantesca: delante suyo volaba el A-4Q del teniente José César Arca perseguido por un Sea Harrier que trataba de abatirlo con fuego de cañón”.
Luego de la eyección, mi casco y máscara de oxígeno quedaron desacomodados. Tuve que luchar para sacármelos. En ese momento creí que no tendrían más utilidad y los dejé caer al mar. El paracaídas, de color naranja, funcionó bien: floté en el aire, tuve un buen contacto con el mar y, cuando comenzaba a hundirme, la vela del paracaídas se infló sobre la superficie y me arrastró por encima de las olas. Me liberé del paracaídas y nadé hasta la orilla.
El capitán Philippi iba a volver a Malvinas. “Tenían planes para mí”, dijo en entrevista con LA NACIÓN, descubriendo una fotografía que guarda con recelo desde hace 40 años. Allí a aparece junto a los recordados Gansos Salvajes, nombre que adoptaron los pilotos retirados de la Marina que estaban volando en aerolíneas comerciales y se presentaron como voluntarios para combatir en Malvinas. Ellos, liderados por Philippi, conformaron la escuadrilla Águila, que se aprestaba para combatir a los británicos.
Cuenta Philippi: “La fotografía fue tomada a comienzos de junio en la Base Aeronaval Comandante Espora. En ella estoy recibiendo a ex pilotos de A-4Q que fueron convocados para formar una nueva escuadrilla que reemplazaría, en Río Grande, al Capitán Castro Fox, que continuaba sus operaciones con sus últimos cuatros aviones y sin relevos.
Hubiera sido el Comandante de la nueva escuadrilla de A-4E provistos de un armamento mucho mejor que el que disponíamos en nuestros A-4Q. Sin embargo los planes se desmoronaron al ser interceptados los misiles por los servicios secretos británicos apenas comenzaban su traslado a nuestro país desde Sudáfrica. También se le sumó la presión de los Estados Unidos a Israel para que no nos vendiera esos aviones.
Los pilotos que me acompañarían eran aviadores navales que se habían retirado o volaban como pilotos en líneas aéreas. Sin embargo, ninguno faltó a la convocatoria. Volvieron dejando todo de lado, en calidad de voluntarios. En ese momento una sola cosa importaba, nos llamaba la Patria”.
Fuente: Claudio Meunier - La Nación Imágenes: -Capitán Alberto Philippi (arriba), foto por Pablo Cersosimo. -Skyhawk A-4Q de la Aviación Naval. (Alex Klichowski). -Escuadrilla "Águila", liderada por Philippi (cuarto de izq. a der.) quien estaba decidido volver a seguir combatiendo en Malvinas. Foto: Alberto Philippi.
Los apuntes de la UNS que permitieron hundir un buque inglés en Malvinas
La
sorprendente historia de un libro que permitió a los pilotos de la
Aviación Naval asestar un duro golpe a la marina británica en la guerra
de 1982.
Adrián Luciani || La Nueva Provincia
A medida que pasan los años, cada vez más hechos demuestran no sólo el
valor y el profesionalismo con el que combatieron nuestros pilotos de
la Aviación Naval en Malvinas, sino también doctrinas de combate propias
utilizadas, en inferioridad de medios, para sorprender la abrumadora
cantidad de tecnología disponible en el bando enemigo.
El caso
de la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque, unidad nacida en la Base
Espora a comienzos de los 70`s, que para 1981 había alcanzado el límite
de vida útil en sus jets monoplazas reactores Skyhawk A4Q, es uno de
estos ejemplos.
Ocho aviones se encontraban con posibilidad de vuelo, pero varios
presentaban fisuras a consecuencia de la operación en portaaviones y
requerían el recambio de las alas para seguir volando.
Los
cañones no funcionaban, salían dos o tres disparos y se trababan dejando
al caza indefenso ante un hipotético combate aéreo contra otro caza
enemigo. A esto había que agregarle que los cohetes en los asientos
eyectables estaban vencidos, poniendo en peligro la vida del piloto al
quedar atrapado dentro de la cabina.
Sin embargo, los pilotos conocían cada avión, cada uno de ellos volaba diferente y cada uno tenía un A4Q preferido.
El 21 de mayo de 1982 no fue un día más para los aviadores navales y
mucho menos para los británicos. Ese jornada la Tercera Escuadrilla de
Ataque iba a entrar en la historia al hundir a la fragata clase 21 “HMS
Ardent” en la bahía de San Carlos.
Eso forma parte de una
historia ampliamente difundida. Sin embargo, detrás de la escena, hubo
otra historia desconocida y no menos apasionante:: la de los apuntes de
la UNS que permitieron semejante proeza militar cargada de alto
profesionalismo.
Los hechos, que se remontan al conflicto con Chile, fueron rescatados
del olvido por el escritor bahiense Claudio Meunier y formarán parte de
un nuevo libro.
“Gerardo Agustín Sylvester, matemático
estadístico bahiense y profesor titular del Departamento de Matemática
en la UNS; escribió una obra de estudio y consulta que se llamó
Montecarlo, aplicación en las Empresas y las Fuerzas Armadas, que se
editó en 1970. Copias de esta obra se pueden encontrar en el Conicet o
hasta en Mercado libre.
Durante la guerra las fotocopias de esa
obra estaban en el kiosquito de apuntes del departamento de Matemáticas
de la universidad a disposición de los alumnos y son esas mismas
páginas las que el MI5 del servicio británico de Inteligencia debió
haber rastreado pues en el final del libro se publica un ejercicio de
estadística clave.
Allí se detalla un supuesto ataque a un
buque de guerra con una clase específica de avión en cuanto a sus
características, con uso de determinado armamento, formas de atacarlo y
se precisan también, a través de la estadística, los resultados del
ataque.
“Por ejemplo, mencionaba que dos grupos de tres
aviones cada uno, seis en total con un total de 24 bombas (cuatro cada
uno), lanzadas en reguero (una tras otra separadas por fracciones de
milisegundos) y cruzando el objetivo desde diferentes ángulos, podían
impactar de lleno al buque hundiéndolo u horquillándolo, es decir
haciendo explotar las bombas a sus costados y ocasionándole serias
averías.
“También precisaba que en la acción se iba a perder el 50% del grupo
de atacante. Esa es la estadística a la que habían llegado en el
departamento de Matemática de la UNS el Profesor Sylvester con un núcleo
de docentes muy capacitados que lo acompañaron en este trabajo único”,
señala Meunier.
“El ataque del 21 de mayo de 1982, con la
misión de los Skyhawk de la Aviación Naval Argentina, estuvo basado en
las fotocopias de un libro de la UNS. Es decir que si los británicos
querían saber cómo los iban a atacar sólo tenían que ir al kiosco y
fotocopiarlo”, agrega.
Para llevar a la práctica la teoría del matemático local, la escuadrilla adquirió bombas americanas Mk 82 con cola retardada.
El personal terrestre, clave en el mantenimiento de los Skyhawks a
través de su departamento de armas, conocía el manejo de ellas por el
alto grado de adiestramiento.
De esta forma la escuadrilla
entraba en la historia de la aviación mundial al ser la única en el
mundo preparada para combatir a buques de guerra enemigos con doctrina
propia y armamento especial para este cometido.
No fue ninguna
sorpresa cuando el 21 de mayo seis Skyhawks partieron con sus cuatro
bombas para producir daños en el desembarco ingles. Sin embargo, el
primer vuelo de la mañana retornó con su armamento al desviarse de la
zona de ataque por un problema en el sistema de navegación instalado
días antes, el cual no permitió que los pilotos lograran, bajo la
presión del combate, la preparación correcta.
En el segundo vuelo participaron seis aviones divididos en dos grupos
de tres. El líder del primer grupo era el del capitán de corbeta y
vecino bahiense Alberto Philippi, quien solicitó que le dieran un avión
sin ese equipo de navegación ya que lo haría como siempre había volado.
El segundo grupo tuvo dos aviones con navegador provisto de los
valores correctos, en tanto el restante debía volar a la vista de los
otros dos para no perderse en el retorno.
“La escuadrilla se
preparó para atacar a los buques. No era como el Super Etendard, que
lanzaba el misil fuera del horizonte del enemigo y se volvía. Los
Skyhawks navales debían llegar hasta el blanco volando rasante, bajo
fuego antiaéreo, esquivando misiles, sin poder disparar sus cañones,
elevarse a 50 metros de altura exponiéndose aun más al fuego enemigo y
lanzar las bombas pasando por encima del buque”, refiere Meunier.
“Como los Skyhawks no tenían intervalómetro para lanzar las bombas
unas detrás de otra, emplearon un método criollo local: utilizaron los
lanzadores de sonoboyas que tenían los aviones Grumman Tracker de lucha
antisubmarina. Fue realmente una obra maestra lo que hicieron para
lanzar en reguero esas bombas americanas de 250 kilos con cola
retardada. Estas se frenaban en el aire permitiendo que el avión pudiese
escapar y no ser alcanzado por la onda expansiva”.
Pero esa
historia tuvo un capítulo más, no exento de dramatismo, ya que el hijo
del profesor Gerardo Agustín Sylvester, el teniente de navío Roberto
Gerardo Sylvester, era uno de los seis pilotos que ese 21 de mayo se
preparó para atacar al desembarco británico en San Carlos.
“El padre lo llamó la noche anterior, estaba preocupado, su hijo se
encontraba en esa lotería del 50 por ciento de pérdidas. Es decir, un
ejercicio que él fabricó le toco vivirlo a su hijo, lo que resultó algo
terrible para él”, comenta Meunier.
La mañana del día del
ataque –agregó-- Sylvester se subió a su automóvil Opel K 180 y se fue a
la Base Espora a escuchar en los equipos de radio el ataque a los
buques. Seguramente escuchó al capitán Philippi decir: ‘Soy Mingo, me
eyecto, me dieron, estoy bien’ y también el grito de alerta del teniente
de fragata Marcelo Marquez diciendo ‘Harrier, Harrier’. Segundos más
tarde su voz se apagaba cuando uno de los Sea Harrier piloteado por John
Leeming lo alcanzaba con una salva de cañones esparciendo su Skyhawk en
el firmamento luego de explotar su turbina.
“Luego escuchó al
teniente de navío José César Arca, con su avión averiado, informando que
se trababa en combate con un Harrier para luego eyectarse en Puerto
Argentino. Así. una de las máximas del libro del profesor Sylvester, se
cumplía: la mitad del grupo atacante era derribado. Márquez murió y
Philippi y Arca lograron eyectarse. El primero fue tomado prisionero y
el segundo fue rescatado por un helicóptero del Ejército Argentino.
El matemático vivió momentos muy difíciles, escuchar a su hijo yendo
al combate volando en el segundo grupo. Los tenientes de navío Benito
Rotolo, Sylvester y Carlos Lecour, alertados por las voces de los
primeros tres pilotos que estaban siendo atacados, emplearon lo
practicado una y mil veces: acercarse al blanco volando bajo estricto
silencio de radio.
Uno detrás de otro, en fila india, los tres
Skyhawks se acercaron a una velocidad de casi mil kilometros por hora
llevando un regalo impensado para los británicos, practicar con ellos la
parte final del ejercicio de ataque incluido en el libro, que algunos
poseían en fotocopias.
Al llegar a la bahía de San Carlos,
Rotolo observó a la fragata “Ardent” humeando profusamente, una bomba
del capitán Philippi y una del teniente Arca habían dado de lleno en la
popa ocasionándole incendios de magnitud.
Rotolo la señaló y los tres pilotos fueron tras la castigada fragata
que en horas de la mañana había sido blanco de los Dagger de la Fuerza
Aerea Argentina basados en Río Grande.
Las bombas de Rotolo
explotaron a cada lado del buque, Lecour la alcanzó con una de nuevo en
la popa, destrozándola por completo. Esa fue la estocada, el golpe de
gracia. Sylvester, impresionado por la explosión delante suyo, apuntó
a la “Ardent” y lanza su carga con resultados dantescos para el buque
británico que pocas horas después se hundía producto de las averías.
En la base Espora, Gerardo Agustín Sylvester, respiró profundo y
hondo, volviendo a la vida cuando escuchó la voz de su hijo y sus
compañeros llamándose entre ellos e iniciando el retorno a Río Grande.
Los tres pilotos sobrevivientes formaron parte de la estadística
Montecarlo, lograban retornar a su base y ser el otro 50% que salía con
vida.
“Es decir que se cumplieron los parámetros de
hundimiento, uso de bombas, lanzamiento y pérdidas, fue a mi entender el
ejercicio de estadística mas peligroso que creó este notable matemático
de nuestro medio”, concluyó Meunier.
En los países más adelantados del mundo la experiencia de combate equivale a una maestría. Uno de los pilotos argentinos que participó del hundimiento de la fragata Ardent en 1982, Roberto Sylvester, amén de hablar sobre ese ataque, nos explica porque la experiencia en combate puede ayudar a tener una carrera exitosa en la vida civil.
Capitanes de barcos hundidos por la aviación argentina
No es una foto más, son los 3 capitanes de 3 buques de guerra de la Royal Navy hundidos por aviones argentinos
De Izquierda a Derecha David Hart-Dyke, Capitán del HMS Coventry, Capitán Alan West del HMS Ardent y el Capitán Nick Tobin del HMS Antelope; sus Buques forman parte del fondo del Mar Argentino, llegaron para dar un paseo y regresan en el Queen Elizabeth 2 también de paseo.
Los "barcos fantasmas" de Malvinas reviven hoy las heroicas batallas de los pilotos argentinos contra la flota británica
El sonar de un buque inglés, que en los primeros meses de este año navegó el Atlántico Sur, mostró los restos de tres naufragios de 1982. Cómo fueron los dramáticos combates aéreos que llevaron a las fragatas al fondo del mar. Y el revelador audio de los aviadores mientras bombardeaban: "¡A ver cómo explotó esa puuutaaa!"
El Coventry en llamas, luego del ataque argentino el 25 de mayo de 1982
"¡A ver cómo explotó esa puuuutaaaa!", grita el capitán Mariano Cobra Velasco, mientras lanza su bomba sobre el destructor inglés Coventry.
Son las tres y veinticuatro del 25 de mayo de 1982. La panza del avión A-4B Skyhawk acaba de rozar la antena del buque de guerra en las aguas del Estrecho de San Carlos. Los 454 kilos de explosivos salen rasantes sobre el agua, rebotan, entran por la proa y desgarran las planchas de acero. El humo negro mancha el cielo de Malvinas.
La formación de cazas "Zeus" -Velasco junto al alférez Jorge Bam Bam Barrionuevo– celebra el blanco, haciendo caso omiso al silencio de radio.
La orden del capitán Pablo Cruz Carballo -que comanda "Vulcano" y junto al teniente Carlos Tala Rinke acaban de atacar a la HMS Broadsword- no tarda en llegar:
-Péguense al suelo que están tirando misiles, pegaditos, no demasiado pegados ¿ok? ¿Estan "chicas"? ¡Viva la Patria! ¡Viva la Patria, canejo! ¡Gringos de mieeerrrrrda! ¡Hiiijaaajaaajaaaa!
En el día de la Patria los pilotos argentinos dañan seriamente a la fragata Broadsword y hunden al Coventry. Están exultantes mientras dejan atrás el fuego enemigo.
El destructor tipo 42 tardó sólo 25 minutos en hundirse
El mar se traga al destructor en sólo 25 minutos. Primero, una bomba explota en la sala de computadoras y destruye el comando. Segundos más tarde, la otra entra a la sala del motor delantero, estalla debajo del comedor y el barco comienza a escorarse sin remedio.
El capitán David Hart Dyke, con su cara quemada y en carne viva, logra nadar hasta un bote salvavidas. Años más tarde recordaría: "Mi mundo explotó. En un instante percibí el calor y el crepitar del radar, que se desintegró frente a mi rostro. Cuando me recuperé no podía ver nada a través del humo denso y negro, sólo a la gente gritando en el fuego, pero podía sentir que el compartimento había sido totalmente devastado".
Los diálogos de los pilotos durante los ataque -en los audios rescatados en este video- revelan el tremendo coraje de los aviadores argentinos que volaban a 10 metros del mar, con los parabrisas incrustados de sal, usando mapas escritos con marcador rojo porque no tenían radares y con bombas que muchas veces no explotaban porque debían lanzarlas a muy baja altura -a 60 metros, casi rozando los mástiles de las fragatas misilísticas- y las espoletas de retardo no llegaban a armarse.
-¡Dio perfecto usted, señor! ¡Era una CL 42, eh! (clase de destructor). La vi clarito… , le dice Barrionuevo a Velasco después del ataque al Coventry.
-¡¡Huijaaajaaaaa!!, grita el capitán.
-Pegó en la trompa, las tres habían explotado muy bien, ¿eh? ¡Qué golazo!
-Hiiiijuujuuu ¿pegaron las tres?
-Sí, las tres. Pegaron las tres. Las vi, señor. ¡Y una en la CL 42, eh! La vi clarito, ¿eh?
-¡A ver cómo explotó esa puuutaaaa!,
-¡Esoooo! ¡Vamos, pendejo! ¡Vamos, pendejo! ¡¡Viva la Patria!!, irrumpe Carballo en la comunicación y ordena el vuelo rasante porque los ingleses están lanzando misiles.
El capitán Carballo y el teniente Rinke en la embestida contra la Broadsword -que fue seriamente dañada- en medio de una lluvia de proyectiles. El ataque fue fotografiado desde el buque inglés
Hoy, 35 años después de la guerra, los ecos de esas voces rebotan en la pantalla del sonar del buque inglés HMS Enterprise, que desde 2014 recorrió 150 mil millas marinas y 20 países -en su trabajo de seguridad y operaciones marítimas- hasta arribar al Atlántico Sur.
Las imágenes llegan nítidas y conmueven a los tripulantes. Convertidas en fantasmas, podridas las maderas, corroídos los hierros, descansan en el fondo del mar los restos de tres fragatas británicas.
Muy lejos de la espuma que en la superficie golpea furiosa la costa de la Isla Soledad, la HMS Ardent, el Coventry y la Antelope ya no son aquellos orgullosos buques que cruzaron el océano junto a la flota de Su Majestad para combatir en la guerra de Malvinas. Hoy se han convertido en espectros de sal y algas marinas.
A 90 metros de profundidad, como una gigantesca ballena muerta, distinguen el borroso casco del Coventry, a 18 metros la Antelope, muy cerca la Ardent: son los despojos de los naufragios de los buques de guerra que la aviación argentina atacó entre el 21 y el 25 de mayo de 1982.
Como una gigantesca ballena muerta en el fondo del mar, el destructor Coventry yace a 90 metros de profundidad en el Estrecho de San Carlos
Los marinos ingleses, que llegaron en los primeros meses de este año a las islas para presentarse ante el buque de patrulla HMS Clyde, que debía hacer su reinstalación en Sudáfrica, observan las figuras en el sonar y escriben conmovidos en la cuenta de Twitter:
"La HMS Antelope se encuentra en San Carlos. Steward Stephens murió luchando por ella, y el sargento James Prescott murió intentando salvarla. #Falklands35"
"Una imagen sonar del HMS Ardent, que yace en el lecho marino. Veintidós marineros #RoyalNavy descansan con ella. #Falklands35 #Ellosnoenvejecerán"
"Esta nueva imagen muestra a la HMS Coventry a 90m de profundidad. Hundida el 25 de mayo de 1982. Con ella descansan 19 marineros @RoyalNavy. #Ellosdieronsumañana #Falklands35"
Entonces, la historia de la guerra de Malvinas vuelve con fuerza. Las tres oleadas de ataques aéreos, que el 21 de mayo soportó la Ardent hasta hundirse, se rescatan en la memoria de los marinos más viejos. Todos recuerdan los negros días de la flota en aquel lejano mayo de 1982.
La Ardent estaba haciendo apoyo de bombardeo naval contra la pista de aterrizaje de Pradera del Ganso cuando se vio sometida al ataque más concentrado que ningún otro barco haya soportado durante toda la guerra. La fragata fue "golpeada" 17 veces en 22 minutos por los pilotos argentinos, y uno de cada cuatro de sus tripulantes resultaron muertos o heridos. Perdió, en proporción, más hombres que ninguna otra unidad de combate británica. Los pilotos de los caza A-4B: el capitán Pablo Carballo, el alférez Leonardo Carmona, el primer teniente Carlos Cachón y el teniente Carlos Rinke
A las 11.30 del 21 de mayo despegó de la base aérea de Río Gallegos la escuadrilla "Mula" de los A-4B. El capitán Carballo lideraba, seguido por el teniente Rinke, el primer teniente Carlos Cachón y el alférez Leonardo Carmona.
Carballo voló en silencio de radio a casi 900 km por hora. El cielo y el mar brillaban en un azul intenso que se confundía y desdibujaba la línea del horizonte. Pensó: "Todo es tan azul que si caemos al agua nunca nos van a encontrar". Miró la imagen religiosa de Jesús que tenía dentro de la cabina. Y encomendó su alma a Dios antes de la batalla.
Cachón tuvo que abandonar la misión por problemas con el reabastecimiento en vuelo. Ya sobre la Gran Malvina, el avión de Rinke presentó una falla en un tanque y le ordenaron regresar a la base. Carballo y Carmona siguieron solos. Al acercarse divisaron una fragata clase 21 en la bahía. En vuelo rasante se lanzaron al ataque.
-¡Viva la Patria!, se escuchó en la radio como un grito de guerra.
Hubo un momento de confusión: los británicos no les disparaban. ¿Sería un buque propio? En el ataque del 1° de mayo Carballo había ametrallado y bombardeado al Formosa creyendo que se trataba de un barco inglés. No quería cometer el mismo error. Y no disparó. Pero Carmona ya había descargado su bomba. Un segundo después los ingleses lanzaban sus proyectiles.
La fragata Ardent soportó tres oleadas de ataques antes de hundirse. Fue golpeada 17 veces en 22 minutos por los pilotos argentinos
Frente a la fragata y en la soledad de su cabina, Carballo sintió "una confianza y una euforia especial porque sabía que volaba en la gracia de Dios", según confesaría en un aniversario del combate.
El mar hervía por el fuego enemigo. Habían entrado a la "zona caliente" donde en cada segundo se jugaban la vida. El piloto vio una estela blanca pasar muy cerca de su ala derecha: los británicos habían disparado un misil. En medio las esquirlas y los proyectiles, disparó sus cañones de 20 mm y perforó el casco de la nave.
Sus auriculares le entregaban el sonido de una respiración entrecortada. como la de un moribundo, de alguien que agonizaba. Pero no había tiempo para pensar: elevó su avión y lanzó su bomba. Vio el humo negro cubriendo la proa del barco. Sólo al finalizar la misión supo que esa misteriosa y ahogada respiración era la suya. Juan Bernhardt atacó la Ardent. Murió ocho días después durante una misión en el estrecho de San Carlos. Un misil superficie-aire hizo impacto en su avión que se estrelló en la Isla Soledad
El segundo ataque fue de los Mirage. El capitán Horacio Mir González y el teniente Juan Bernhardt (+29/5/1982) -con el indicativo "Cueca"- lograron que dos bombas MK-83 impactaran sobre popa y una tercera alcanzara la sala de máquinas. La Ardent, herida, puso rumbo a San Carlos.
Una hora después, presagiando el fin del gigante, el cielo se tiñó de gris. Una persistente llovizna azotó a los seis Skyhawk A-4Q de la Armada que volaban hacia Malvinas y se preparaban para el tercer ataque.
Los cazas navales -comandandos por el capitán de corbeta Alberto Philippi, seguido por el teniente de fragata Marcelo Márquez y el teniente de navío César Arca– se elevaron llevando cuatro bombas con cola de retardo y 190 proyectiles de 20mm cada uno. Los seguían, a seis minutos de distancia, los tenientes de navío Benito Rotolo, Roberto Sylvester y Carlos Lecour. Era un ataque masivo.
Alberto Philippi y José César Arca. Ambos, junto con Marcelo Márquez, integraban 1ª sección de la 3a Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque
La voz de la torre de control de Río Grande rompió el silencio en la radio del líder. Advirtió:
-Una PAC (Patrulla Aérea de Combate) de cuatro Sea Harrier protegen a las unidades de superficie. En caso de no hallar el blanco deben dirigirse a San Carlos para atacar los barcos allí apostados.
Sobre las islas, Philippi balanceó las alas de su avión para avisarle a sus compañeros que había llegado la hora de descender en vuelo rasante para evitar los radares. Casi tocando el agua, con un techo de nubes plomo apretadas contra el mar, el piloto evaluó -en un segundo que pareció eterno- si seguir o regresar. Las condiciones climáticas eran pésimas, las fragatas captaban con su radar un blanco a cinco millas y los pilotos argentinos sólo tenían visibilidad a cuatro millas, desde los destructores lanzaban misiles Sea Cat y los aviones Harrier amenazaban con una dura batalla aérea. "Sigo", se dijo. Y muy cerca de Punta Federal ordenó:
-¡Vamos a atacar! ¡Viva la Patria!
El capitán inglés Alan West estaba sobre el puente de mando en la Ardent cuando vio venir a los pilotos argentinos. "¡Cúbranse!", les gritó a sus hombres. Y se lanzó cuerpo a tierra. Cuatro bombas impactaron y destrozaron el comedor, las comunicaciones, el comando.
Philippi se puso en fuga. Arca, que lo seguía de cerca, trató de esquivar las esquirlas de la bomba de su compañero. No pudo. Al atravesar la columna de fuego sintió un tremendo golpe en la cola del avión. Atrás suyo, Márquez también había lanzado sus bombas.
Juntos iniciaron el escape. Quince segundos después Márquez dio la alerta: dos cazas británicos los estaban atacando.
-¡Harrier, Harrier, enemigos a la izquierda!
Fue lo último que dijo. El teniente inglés Clive Morell accionó sus cañones y el avión de Márquez se convirtió en una bola de fuego.
Marcelo Gustavo Márquez murió combatiendo con un Sea Harrier luego de descargar sus bombas sobre la fragata Ardent
Philippi no tuvo tiempo de lamentar la muerte de su compañero. El teniente inglés John Leeming había lanzado un Sidewinder. El misil impactó en la cola. El avión se estremeció y su nariz miró al cielo. El piloto argentino alcanzó a ver al caza británico que se acercaba veloz para derribarlo definitivamente.
Fueron sólo segundos donde la certeza del final y de la muerte lo abrazaron. Con la calma que precede a una gran tormenta, informó desde la radio:
-Fui impactado, estoy cayendo, estoy bien.
Y accionó la palanca para eyectar su asiento. El avión llevaba una velocidad de 900 kilómetros por hora. Al salir despedido, Philippi se desmayó. Cayó en una granja donde pasó la noche. Al día siguiente caminó hasta encontrar las líneas argentinas.
El aviador inglés Morell siguió el combate. Lanzó un misil contra el caza de Arca pero no logró derribarlo. Al girar, para salir de la línea de fuego, el piloto de la Armada se encontró con otro Harrier que estaba disparando sus cañones. Los proyectiles le dieron de lleno. Todas las luces de alarma del tablero se encendieron. Cuando se preparaba para el ataque final -porque sabía que ya no tenía resto-, sorprendido vio que los Sea Harrier abandonaban la lucha: se habían quedado sin combustible.
Un Mirage en plena batalla aérea. Se planearon 505 salidas de combate, de las cuales se cumplieron 445. De esa cifra, 272 misiones llegaron a su objetivo. Se perdieron 70 aviones. Murieron 41 aviadores
Arca tenía seis impactos en el ala izquierda y cuatro en la derecha. No podía regresar al continente. Bajó la velocidad, se alejó de Pradera del Ganso para evitar las baterías antiaéreas argentinas y se propuso salvar su nave: buscó aterrizar en el aeropuerto de Puerto Argentino.
Tres veces desde la torre de control le ordenaron que se eyectara. Se negó. "Baje tren de aterrizaje", le llegó la voz de un oficial de la Fuerza Aérea. Lo hizo. Y entonces recibió la orden final: "La rueda izquierda del avión está trabada, aborte aterrizaje, eyéctese ahora". Tuvo que obedecer.
Accionó la palanca, salió disparado y el avión comenzó a volar como conducido por un piloto enloquecido. Vio que su A-4Q había girado en el aire y se acercaba para impactarlo. Era el final. Rezó mientras caía en espiral. Pidió un milagro. Inexplicablemente, la nave viró cuando estaba a escasos metros. Arca cayó en las heladas aguas de Puerto Groussac. Lo rescataron extenuado y casi congelado media hora después.
El mapa del HMS Enterprise muestra el lugar donde el sonar encontró los restos de los tres buques de la Armada Real
Por la radio, la escuadrilla del teniente Rotolo -que volaba hacia el blanco- escuchó la feroz batalla aérea. Supo que al llegar sobre los buques de la armada inglesa tendría el camino despejado: los aviones enemigos ya no estaban en condiciones de combatir.
Junto a sus compañeros de formación se preparó para descargar sus 2000 libras de explosivos sobre la Ardent. Elevó su cazas a 60 metros, la altura mínima que daba tiempo para que las espoletas de las bombas se pudieran armar una vez lanzadas. "Me pareció que estaba tan alto que lancé las bombas e invertí el avión para bajar, algo que uno hace normalmente a 10.000 pies. Por suerte pude recuperar el caza a ras del agua", relató el capitán de navío luego del ataque.
La bomba de Lecour explotó en las entrañas del buque muy cerca de los depósitos de combustible. Syvester lanzó sus cargas y terminó de dañar la cubierta. Habían sellado la suerte de la fragata inglesa.
La Ardent hundida en las aguas del Estrecho de San Carlos. Una boya marca el lugar del naufragio
La Ardent se convirtió en un infierno. Los marinos británicos intentaron vanamente controlar el fuego. Había que abandonar la nave. El comandante West, con lágrimas en los ojos, fue el último en hacerlo.
La fragata lanzó sus anclas en Grantham Sound. Sin posibilidad de salvarla, los militares ingleses la dejaron arder durante toda la noche. Veintidós hombres murieron en ese ataque. Más de 30 sufrieron heridas de gravedad. Se hundió a las 4.30 de la madrugada del 22 de mayo de 1982.
El lugar del naufragio, donde el sonar descubre su silueta sobre el lecho marino, está preservado bajo la Ley de Protección de Naufragios de las Islas Malvinas. Una boya marca el sitio exacto del siniestro.
En la noche del 23-24 de mayo un militar británico intentó desactivar las bombas argentinas que no habían explotado en la Antelope. Pero una estalló y alcanzó el compartimento de almacenamiento de los misiles
La tercer y última imagen que los tripulantes del HMS Enterprise ven en las pantallas muestra a la HMS Antelope convertida en una estatua de sal recostada en las profundidades marinas.
El ataque argentino que condenó al naufragio a la fragata tipo 21 de la Royal Navy tuvo varios contratiempos. Finalmente, al mediodía del 23 de mayo, comandados por el capitán Carballo, volaron hacia la islas el primer teniente Rinke, el primer teniente Luciano Guadagnini y el Alférez Hugo Gómez.
Los A-4B se dirigieron en vuelo rasante sobre la isla hacia los destructores que estaban en la cabeza de playa del Puerto San Carlos. Los ingleses divisaron a los caza y lanzaron sus misiles. Un Rapier estalló debajo del avión de Carballo que volaba a 10 metros del suelo de Malvinas. Una gigantesca nube de polvo, tierra y rocas envolvió al piloto. La fuerza de la explosión hizo que el caza quedara con su panza mirando al cielo, invertido. "Tengo que eyectarme", pensó Carballo. Pero hizo un último esfuerzo para que la nave no se estrellara. Forzó los comandos, sacó al A-4B de la línea de fuego, y pudo regresar al continente en medio de los misiles que le disparaban desde Pradera del Ganso.
La impresionante imagen de los minutos finales de la Antelope
Rinke venía detrás. No había podido separar su avión con los 20 segundos necesarios para no recibir las esquirlas de la bomba de su líder. Se metió de lleno en la turbulencia de tierra y piedras ocasionada por la explosión. Cuando salió tenía delante de sus ojos una enorme fragata inglesa. Largó su bomba MK-17 y emprendió la huida. El artefacto pegó en la popa del barco, pero no explotó.
El ataque que siguió fue el de Gómez, que dejó caer su bomba de 500 kilos que tampoco estalló.
El primer teniente Luciano Guadagnini murió durante el ataque a la Antelope. Un misil impactó en su avión y la explosión lo desintegró
Guadagnini cerró la embestida, y desprendió su carga sobre la Antelope. Un segundo después, sintió que un misil le había pegado en su ala derecha. El avión, descontrolado, amagó con estrellarse en el agua. El primer teniente logró enderezarlo, pero no pudo salvarse: su caza golpeó con violencia contra una de las antenas del destructor inglés y estalló. Los fragmentos del A-4B cayeron en las aguas del Estrecho.
En un mar calmo, tan lejos de aquella dramática batalla, los marinos ingleses del Enterprise rememoran los detalles del naufragio y homenajean a los tripulantes caídos durante el ataque.
Saben que en la noche del 23 al 24 de mayo, el sargento James Pescott trabajó incansablemente para desactivar las bombas argentinas que habían penetrado la fragata. Pero una explotó y alcanzó el compartimento donde se guardaban los Sea Cat. Como un show de trágicos fuegos artificiales, los misiles iluminaron el negro cielo de Malvinas. La foto de la fragata en medio de las llamas se transformó en una de las más icónicas de la guerra.
La Antelope se partió en dos como una nuez y se hundió en la Bahía Ajax.
LA Antelope se partió en dos como una nuez. Hoy sus restos están marcados por una boya
Desde el Enterprise arrojaran al mar una ofrenda para honrar a sus muertos. Saben que los cascos hundidos de aquellos destructores son también las tumbas de los que combatieron. Por eso, desde 1986, Gran Bretaña instituyó una ley que protege los lugares de naufragio. Cualquier persona que retire o modifique los restos de un siniestro militar será procesada, a los convictos les serán requisados sus equipos de buceo y deberán pagar multas altísimas.
Los barcos fantasmas descansan desde hace 35 años sin que nadie altere su lecho de muerte. Sólo en el otoño de 1982, pocos meses después de la guerra, 39 integrantes de la Marina Real se sumergieron a 91 metros de profundidad para recobrar material sensible y documentos de la fragata Coventry.
La imagen de la Antelope muestra los restos de la fragata que se llevó la vida de 19 hombres
Clive Gale, buceador naval que participó en aquella búsqueda, recordó: "El barco se hundió en sólo 20 minutos y con él se llevó documentos que eran de importancia para la seguridad del Reino Unido. Pero éramos conscientes de que estábamos buceando en el lugar donde 19 hombres encontraron su descanso eterno. Respetamos a los marinos que yacen allí junto a su barco".
Durante la guerra de Malvinas 8 buques de la Armada Real británica fueron hundidos o destruidos, 8 quedaron fuera de combate, 5 casi inactivos y 10 averiados.
Las figuras espectrales de tres de ellos están impresas en la pantalla del sonar del HMS Enterprise. Sus restos restos son tumbas de guerra. Y las hazañas de aquellos pilotos que hace 35 años sorprendieron al mundo resurgen desde el fondo de la Historia.
¿Qué tuvieron ustedes para animarse a tanto?, se le preguntó al capitán Carballo años después de las batallas. Su respuesta: "Un avión viejo y un corazón argentino".
A 30 años de la guerra de Malvinas. Un viejo guerrero descansa en la Matanza. CEHLAM
Una tarde volviendo a mi casa por la Av. Ignacio Arieta, con el transito congestionado y a paso de hombre, gire mi cabeza al llegar casi a Don Bosco y mis ojos vieron lo que parecía increíble; blanco y de presencia todavía desafiante un viejo A4 Q Skyhawk con los colores de la Armada Argentina descansaba en el patio de la escuela de Educaciòn Tècnica Jorge Newbery. Lo primero que se me ocurrió fue anotar su matrícula 3A – 301 para indagar sobre la historia de este avión. Lo que descubrí fue fascinante y creo sin equivocarme que muchos desconocíamos a este “ciudadano” tan ilustre y tan heroico que fue protagonista de una gesta imposible de olvidar.
Este cazabombardero Mc Donnell Douglas A- 4 Q Skyhawk fue incorporado al Comando de Aviación Naval en 1971, fueron compradas 16 unidades de las cuales al comenzar el conflicto del Atlántico sur en 1982 sobrevivían apenas 8 aviones que formaban parte de la Tercera Escuadrilla Aeronaval con asiento en la base de Comandante Espora, Bahía Blanca.
Al comenzar las hostilidades fue embarcado el portaaviones A.R.A 25 de Mayo, buque insignia de la Armada. Esta fuerza tenía como misión la protección de los elementos de asalto que permitieron la realización de la Operación Rosario (recuperación de las Malvinas). Entre el 6 de abril y el 17 de abril la Escuadrilla se adiestró para ejecutar operaciones de ataque a Unidades de Superficie, apoyo aéreo directo y defensa contraérea, todo en condiciones diurnas. Se incorporaron cinco pilotos calificados en A4Q que se encontraban destinados fuera de la unidad. Se adiestraron en operaciones de reaprovisionamiento en vuelo con aviones KC- 130 Hércules, se intensificaron las ejercitaciones de armas para lanzamiento rasante de bombas retardadas en reguero y práctica en tierra de aterrizaje en portaaviones (PTAP) y en maniobras de combate aéreo.
La unidad volvió a embarcar el 28 de abril en el portaaviones, que se incorporó a la Fuerza de Tarea 79.
Nuestro 3 A 301 en plena contienda bélica. Aquí despegando del portaaviones A.R.A 25 de Mayo.
Embarcaron doce pilotos: CC PHILIPPI, CC CASTRO FOX, CC ZUBIZARRETA, TN ROTOLO, TN OLIVEIRA, TN BENITEZ, TN SYLVESTER, TN ARCA, TN LECOUR, TF OLMEDO, TF MARQUEZ, TC MEDICI y los ocho aviones. Esos 8 A4Q era todo lo que tenía la ARMADA en ese tipo y la guerra recién empezaba. Las acciones del Estrecho de San Carlos demostraron el alto rendimiento de la Escuadrilla. El 21 de mayo, las fuerzas británicas desembarcaron en nuestras islas en la bahía de San Carlos. Ese mismo día el COMANDO DE LA AVIACION NAVAL ordenó un ataque, por lo que a 1010 horas despegó la 1ª División para atacar unidades navales en el Estrecho.
1- 3-A-301 CC CASTRO FOX
2- 3-A-307 TC MEDICI F.
3- 3-A-312 TN BENITEZ
4- 3-A-306 CC ZUBIZARRETA
5- 3-A-304 TN OLMEDO
6- 3-A-305 TN OLIVEIRA
El líder y sublíder (3-A-301 y 3-A-306) tenían los aviones equipados con los dos únicos VLF con que contaba la Escuadrilla. Ambos equipos no funcionaron correctamente y motivaron que los aviones recalaran en puntos de las islas no previstos. Luego de 15 minutos de búsqueda de blancos, y aproximándose a su nivel de combustible para el regreso, los 6 aviones regresaron a RIO GRANDE, aterrizando a 1210.La misión fue planificada y ejecutada sin reabastecimiento en vuelo por estar la zona del objetivo dentro del radio de acción de los aviones. Es de destacar que los VLF en los A-4-Q no suministraban ninguna indicación visual (puntero o aguja) sino solamente el rumbo magnético (previo haber introducido la declinación) y la distancia, desde la posición actual al objetivo. Por la tarde, el COMANDO DE LA AVIACION NAVAL ordenó otro ataque a los buques que se encontraban en el Estrecho de SAN CARLOS. Por fallas de los VLF del 3-A-301 y 3-A-306, se estaba procediendo a su reparación, de modo que el Comandante de la Escuadrilla decidió el despegue por secciones de tres aviones, configurados con 4 bombas MK-82 (500 lbs.) cada una.
La primera sección despegó a 1410 hs. compuesta por:
1- 3-A-307 CC PHILIPPI
2- 3-A-314 TF MARQUEZ
3- 3-A-312 TN ARCA
La segunda sección, con los VLF reparados, despegó a 1425, compuesta por:
1- 3-A-306 TN ROTOLO
2- 3-A-305 TN LECOUR
3- 3-A-301 TN SYLVESTER
La primera sección recaló en la boca sur del Estrecho y se recostó sobre la costa Oeste de la Isla SOLEDAD cayendo al Norte.
Avistó, atacó y hundió la Fragata HMS “ARDENT”, luego fueron atacados por dos Harrier, que derribaron al 3-A-307 (CC PHILIPPI) quien se eyectó, al 3-A-314 (TF MARQUEZ) que falleció al explotar su avión. El 3-A-312 (TN ARCA) recibió impactos que averiaron su avión, dirigiéndose a PUERTO ARGENTINO, donde se eyectó y fue rescatado por un helicóptero del EJERCITO. Mientras tanto, la segunda sección que venía 15 minutos detrás de la primera, recaló en vuelo rasante en la Isla de los PAJAROS, cruzó la boca sur del estrecho y sobrevolando la costa Oeste de la Isla SOLEDAD, se dirigió hacia la Bahía de SAN CARLOS .Alertados por la comunicación de eyección del CC PHILIPPI, cerraron formación en columna y, al llegar a la bahía RUIZ PUENTE, avistaron una formación de varios buques de guerra .EL TN ROTOLO asignó como blanco al primero que vio, el cual fue identificado en el informe posterior al vuelo como una Fragata tipo 21, iniciando los tres aviones la aproximación y manteniéndose en columna. El ataque fue realizado en vuelo rasante a una altura de 300 pies y lanzando cada avión 4 bombas MK-82 de 500 lbs. (Equipadas con cola retardante) en reguero sobre el mismo blanco. Las bombas del TN ROTOLO horquillaron el blanco, una de las bombas del TN LECOUR pegó en el agua junto a la borda del buque, muy posiblemente dentro de su ancho vulnerable, desapareciendo la nave dentro de una gran humareda negra y, finalmente, el TN SYLVESTER, que apuntó al medio de la columna de humo, avistó la silueta del buque cayendo con todo timón a babor, atacándolo por su aleta de babor. Obviamente las consecuencias del tercer y último lanzamiento no pudieron ser verificadas. Los tres aviones efectuaron su escape a través del fuego antiaéreo concentrado de los otros buques, cruzaron el Estrecho y se confundieron con el terreno de la Isla GRAN MALVINA. Arribaron a RIO GRANDE a 1630, con bajo nivel de combustible y exhibiendo las averías propias del combate. El 3-A-305 tenía un impacto en el parabrisas, el 3-A-301 agujeros en su tanque suplementario de combustible y en la válvula de dampeo.
El 23 de mayo A 1230, en la cuarta oportunidad que se les asignaba una misión, la división mencionada despegó para atacar blancos navales en Puerto SAN CARLOS.
La división estaba compuesta por:
1- 3-A-301 CC CASTRO FOX
2- 3-A-302 TN BENITEZ
3- 3-A-306 CC ZUBIZARRETA
4- 3-A-305 TN OLIVEIRA
La misión se realizó con reaprovisionamiento en vuelo con un KC-130. Durante el mismo, el 3-A-305 no pudo completar sus tanques auxiliares, por lo que debió regresar a RIO GRANDE. Los tres aviones restantes cruzaron la Isla GRAN MALVINA por el Norte y, apenas llegaron al estrecho, vieron sus blancos. Bajo un intenso fuego antiaéreo proveniente de la costa y los buques, el 3- A-301 lanzó sus 4 bombas MK-82 sobre un buque tipo asalto anfibio (posiblemente HMS “INTREPID”), escapando al frente. El 3-A-302 atacó una Fragata tipo 21 que estaba a popa del anterior, lanzó tres bombas (la cuarta no salió) y escapó por izquierda. El 3-A-306 atacó un tercer buque fondeado en PUERTO CHANCHO, pero ninguna de sus bombas salió, por fallas en el lanzador MER. La Fragata tipo 21, HMS “ANTELOPE”, posiblemente atacada por el TN BENITEZ, terminó con dos bombas alojadas en su interior, que no explotaron. Por la noche, cuando intentaban desactivarlas, estalló una de ellas motivando el posterior hundimiento durante la mañana del día 24.
Luego del ataque, el CC CASTRO FOX, observó que uno de sus tanques auxiliares no había transferido, por lo que su autonomía se vio seriamente disminuida. Decidió eyectar todas las cargas subalares (tanques y MER) y ascendió, haciendo caso omiso a las PAC de Harrier, a fin de reducir el consumo de combustible. Aterrizó en RIO GRANDE después de un regreso solo, prácticamente sin combustible. Los otros dos aviones lograron reunirse luego de completado su escape individual. Al aterrizar, el 3-A-306, a causa de bandejones de hielo en la pista y viento cruzado fuerte, reventó una cubierta y comenzó a desviarse de su corrida saliendo de la pista. Al salirse, se cortó el parante de nariz, por lo que el CC ZUBIZARRETA sabiendo que llevaba una bomba que no había salido y cumpliendo con las normas, se eyectó en una posición de nariz abajo, por lo que salió hacia adelante, impactando en el suelo. Fue trasladado al hospital de RIO GRANDE, donde falleció poco tiempo después. El avión pudo ser recuperado y siguió volando a partir del 11 de junio.
Hoy, nuestro Skyhawk goza de un merecido descanso y aunque averigüé que se quiere lograr encender su potente turbina, quizás por respeto sea mejor dejarlo así, ¿que más tiene que demostrar? Si sus hazañas surcaron en tiempos de guerra los gélidos cielos del sur llenándose de gloria y su recuerdo de temible guerrero jamás vencido sigue conmoviendo a quien se detiene tan solo un instante a contemplar con orgullo su inmensa gloria.
Dr. Leonardo A. Racedo.
Bibliografia:
Caso, Gustavo Adolfo. “La Aviación Argentina en Malvinas”. Suplemento de Revista Paréntesis. Año 1990.
Martini, Hector A. “Historia de la Aviación Naval Argentina. Tomo lll”
“Historia de la Aviación Naval Argentina. Tomo l y ll”