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domingo, 9 de agosto de 2026

Hundimiento de la Ardent: La historia del Capitán Arca

 

La increíble historia del Capitán Arca y su vínculo con San Francisco


Arca, que actualmente recorre el país dando charlas, nació en Corrientes, en 1950. Cursó allí la secundaria y decidió que quería seguir la carrera militar. Viajó a Buenos Aires, donde se preparó e ingresó a la fuerza en 1969.

A los 33 años participó de la guerra en el Atlántico Sur, donde se desempeñó como piloto de la Armada Argentina, como integrante de la Tercera Escuadrilla Aeronaval.




“Mi papá nos hizo volver de Europa para irse a pelear a Malvinas”

En una nota realizada en una oportunidad a un medio correntino, el capitán relataba: “Cuando se produjo en desembarco en Malvinas yo estaba en Francia. No fui convocado, pero sí mi compañero que era señalero. A mí no, porque hacía ocho meses que no volaba”, señaló. Sin embargo, Arca no se amilanó e intentó ir como voluntario.

“Pregunté en la Embajada si estaba convocado y me dijeron que no, al otro día volví y me volvieron a decir que no, y al tercer día, cuando le dije al Embajador que iba a ir a Malvinas, me dijo que no podía. Yo le respondí: No, no me debería ir, pero sí me puedo ir. Abandoné el curso y me vine de manera voluntaria”, contó.

Y así emprendió el regreso a la Argentina, con su esposa y sus tres hijos, de 6, 4 y 3 años. Como no tenía lugar donde quedarse, su familia se instaló en Entre Ríos, de donde es oriunda su cónyuge, y el voló hacia el sur.

Pelea de perros con los Harrier

Aquel 21 de mayo de 1982 ocurrió el desembarco de las tropas británicas en el estrecho de San Carlos. En el lado argentino comenzó el alerta para mandar la oleada de aviones para el ataque y evitar aquella el desarrollo de aquella operación.

A las 14.25 despegaron seis aviones argentinos, de tres en tres, cada uno de los grupos con el objetivo de destruir una fragata ubicada en el estrecho de San Carlos, la misma proporcionaba protección al desembarco inglés.

La primera sección (foto) en despegar fue la integrada por el Cap. Phillipi, los Tenientes. Márquez y el Capitán Arca (a bordo del 312). Debieron partir con un mínimo de combustible para realizar la misión.




En camino al objetivo les ordenan que regresen ya que había 10 Harrier (Aviones de caza y ataque de las fuerzas inglesas) protegiendo el desembarco, aun así juntaron valor y continuaron para cumplir con su misión.

Localizan a la fragata HMS Ardent y la atacan, logrando impactar 2 bombas MK-82 Snakeye en su popa y hundirla.

Durante el escape son interceptados por una sección de Harrier. En este combate se debe eyectar el Cap. Philipi luego de ser alcanzado por un misil. El Tte. Marquez muere al explotar su avión a causa de los impactos recibidos.

Arca continuó en combate. Logró burlar con bruscas maniobras evasivas otro misil, cuando ya exhaustos de combustible, los Harriers se replegaron al HMS Hermes.



Con el tiempo se conocieron relatos de los pilotos ingleses que sorprendidos indicaban como Arca los encaraba y les tiraba el avión encima cuando ya se había quedado sin proyectiles para disparar.

Ahí entró en acción la segunda sección con los otros 3 Skyhawks rezagados. Con asepsia casi quirúrgica y el campo de batalla despejado, los pilotos Benito Rótolo, Carlos Lecour y Roberto Sylvester terminaron de masacrar a la Ardent.

De las 24 bombas de 500 libras lanzadas por los seis aviones, al menos 5 sellaron definitivamente la suerte la fragata. En el último ataque, el sector de babor quedó diezmado y las llamas consumían la popa cuando el capitán Alan West ordenó el abandono. Veintidós de los 170 tripulantes perecieron.

Averiado por los disparos y sin tren de aterrizaje

El Cap. Arca había sido alcanzado en 10 oportunidades por el cañón de 30 mm de un Harrier a pesar de sus maniobras evasivas.

«Así no puede aterrizar. No tiene tren de aterrizaje y se ve el cielo desde el otro lado del avión por los agujeros de los proyectiles. Si no se eyecta dejará la pista sin servicio. ¡Eyéctese!», le impusieron. El piloto buscó un área alejada del trajín aéreo y obedeció.

Cayó al mar y en una maniobra de profesionalismo excepcional el piloto de un Bell, el capitán de Ejército Alberto Svendsen, sin una liga para arrojarle y levantarlo, ubicó el patín de aterrizaje de su helicóptero debajo del piloto y prácticamente lo pescó en medio de un oleaje furibundo.

En un mar embravecido, con olas de más de dos metros y casi en estado de hipotermia, Arca estuvo más de 30 minutos luchando para trepar al helicóptero (que no tenía equipamiento de rescate). Finalmente en una maniobra de gran peligrosidad y pericia el piloto metió en el agua el patín de su helicóptero y allí Arca logró colgarse del mismo y es llevado a tierra firme.



El relato de Martín Balza sobre el operativo rescate

Ex Jefe del Ejército Argentino y Veterano de Malvinas, en una nota publicada en diario Perfil, en abril del año pasado, relataba con precisión lo realizado en el heroico rescate que le valió al piloto Svendsen (en la foto junto a Arca en un acto posterior) ser condecorado con la medalla «La Nación Argentina al Valoren Combate».

“Cuando parecía que lograría consumar mi ansiado sueño, un suboficial me despertó en forma violenta: “¡Mi teniente coronel, un avión sobrevuela en círculos nuestras posiciones y cada vez lo hace más bajo! ¡Se nos va a caer encima!”.

«Salté, salí de precario refugio y vi un avión Douglas A-4 Q (Skyhawk) de nuestra Aviación Naval que, averiado, intentaba aterrizar en el aeropuerto próximo a nosotros. El piloto, teniente de navío José Arca, se había eyectado en su paracaídas, pero en perfecto planeo, la máquina sobrevoló en círculos cada vez más abajo por sobre nuestra zona de responsabilidad».

«Finalmente se impartió a la artillería antiaérea propia la orden de derribarla y cayó sin consecuencias en el extremo de la península del aeropuerto».

«El teniente Arca cayó al mar a unos 1.000 metros de la costa, y fue rescatado por el capitán Jorge Rodolfo Svendsen, al mando de un helicóptero UH-1 H del Batallón de Aviación de Ejército».


El rescate fue difícil y arriesgado, y todos estábamos pendientes de él. Así lo relata el capitán Svendsen:

“Al tocar agua nos acercamos, observando que el piloto estaba consciente. Entonces le ordené al sargento primero Santana, que era mi copiloto, que controlaba la parte del instrumental, y al cabo primero San Miguel, que se desempeñaba como artillero de puerta, que cuando me acercara al piloto en el agua tratara de tomarlo para introducirlo en la cabina».

“En esta acción, tratando de sacarlo del agua, hubo varios intentos en vano, durante unos 15 minutos, pues el salvavidas que llevaba puesto el piloto no le permitía el movimiento de los brazos y el reflujo producido por el rotor lo alejaba de la aeronave o lo empujaba debajo de ésta».

“Con mucho acierto y luego de muchos intentos, el piloto me hizo una seña para que me alejara y poder así sacarse el chaleco salvavidas. Con los brazos libres pudo, en el siguiente intento, y con la ayuda del cabo primero San Miguel, parado en el esquí del helicóptero, tomarse con su brazo de éste, quien lo llevó “colgado” hasta la costa, donde personal de las posiciones próximas nos ayudó a acostarlo dentro del helicóptero; rápidamente, lo llevamos al Hospital Militar de las Fuerzas Armadas para que recibiese la atención médica adecuada”.



La importancia del legado y la esperanza de volver

A sus 71 años José Cesar Arca recorre el país contando su experiencia, con la misma convicción con la que aquel día de 1982 subió a su avión: «Yo soy un defensor de la historia, y del valor que tiene poder contar lo que viví en esa gesta histórica. Algún día ya no estaremos, y otros transmitirán lo que nosotros (los otros héroes) les contamos. Eso no puede perderse y la única manera de conservarlo es seguir con estas actividades», detalló.

Antes del final, la pregunta obligada: ¿Volvería?. «Sí, porque estoy mucho más preparado que entonces. Pero nuestro deber hoy es otro. Somos centinelas de las negociaciones para que se recupere lo que era nuestro. Y los mayores centinelas, quedaron allá enterrados».


Maximiliano, su hijo que hoy tiene 41 años, por esas cosas del destino reside desde hace años en San Francisco. Aquí se desempeña profesionalmente y formó su hermosa familia. Cultor del bajo perfil y muy respetuoso de la envestidura de su papá, prefiere que la historia sea contada por los verdaderos protagonistas, pero no pierde las esperanzas que cuando la pandemia lo permita, el Capitán de Navío José Cesar Arca visite nuevamente la ciudad y nos cuente, en primera persona, esta parte tan importante de la historia de nuestra querida Argentina.



lunes, 27 de octubre de 2025

GC-83 Río Iguazú: El guardacostas que no se rindió

GC-83 Río Iguazú: El guardacostas que no se rindió






El viento helado del Atlántico Sur cortaba como cuchillas la piel de aquellos valientes marinos que, a bordo del guardacostas Río Iguazú, surcaban las aguas turbulentas de Malvinas. No eran un buque de guerra. No tenían blindaje. No contaban con la potencia de fuego de un destructor ni la velocidad de una fragata. Eran hombres de la Prefectura Naval Argentina, servidores del mar, embarcados en una misión que, sin saberlo, los convertiría en leyenda.

Desde su llegada a Puerto Argentino, el 13 de abril de 1982, el GC-83 Río Iguazú había sorteado la amenaza invisible de los submarinos nucleares británicos. Un barco pequeño, ágil, diseñado para el patrullaje costero, pero que en aquellas aguas inhóspitas se erguía desafiante, dispuesto a cumplir su deber. El 22 de mayo, con la guerra ya desatada y la sangre de los primeros combates aún fresca sobre la turba malvinense, recibió una misión crucial: trasladar dos obuses Otto Melara de 105 mm desde Puerto Argentino hasta Darwin. Aquellas piezas de artillería serían fundamentales para la defensa de los hombres que, días después, se batirían con honor en Goose Green.

Bajo el mando del subprefecto Eduardo Adolfo Olmedo, el guardacostas zarpó en la madrugada de aquel día fatídico. Quince hombres a bordo, quince almas entregadas a la patria, sabían que navegaban en territorio enemigo. La guerra no les daba tregua, y menos aún lo harían sus adversarios. A las 08:20, la radio del Río Iguazú escupió el mensaje que erizó la piel de todos a bordo: ¡Alerta roja!

El ataque fue fulminante. Dos aviones Sea Harrier británicos descendieron desde el cielo gris, surcando el aire con un estruendo feroz. Desde la cubierta, los prefectos apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando una lluvia de fuego cayó sobre el buque. El impacto de los cañones de 30 mm perforó el casco, destrozó equipos de navegación y sembró el caos en la cubierta. En la sala de máquinas, el cabo segundo José Raúl Ibáñez luchaba contra la inundación que amenazaba con sentenciar al barco a una muerte prematura. Pero la gravedad de los daños era inapelable: el agua subía sin remedio.

En cubierta, la resistencia desesperada tenía nombre y apellido. Julio Omar Benítez, el más joven de la tripulación, operaba una de las dos ametralladoras calibre 12,7 mm, única defensa contra el enemigo que descendía sobre ellos como un halcón sobre su presa. Pero el destino fue cruel: una ráfaga enemiga lo abatió en su puesto, su cuerpo quedó inerte junto al arma que había empuñado con valentía. A su lado, el ayudante Juan José Baccaro y el cabo segundo Bengochea yacían heridos, la sangre empapando la madera de la cubierta.

El Río Iguazú agonizaba, pero aún respiraba. Olmedo, con un temple de acero, ordenó poner proa hacia un islote cercano. Zigzagueaban entre la muerte y la esperanza, evitando a toda costa el golpe final. Fue entonces cuando Ibáñez, con el corazón en llamas y la rabia ardiendo en su pecho, tomó una decisión que cambiaría el curso de aquella jornada. Abandonó su puesto, subió a cubierta y se lanzó hacia la ametralladora que había quedado vacante. Con un rápido movimiento, retiró el cuerpo sin vida de su camarada, tomó el arma y fijó la vista en el cielo.

El Harrier se cernía sobre ellos, dispuesto a dar el golpe final. Ibáñez contuvo la respiración. Apretó el gatillo. La metralla salió disparada en una línea de fuego y plomo que abrazó al caza enemigo. Por un instante eterno, el avión pareció flotar en el aire, envuelto en humo negro. Luego, la gravedad lo reclamó y la bestia de acero se precipitó al mar, tragada por las aguas heladas. Su compañero, aterrorizado, dio media vuelta y desapareció en el horizonte.

La batalla había terminado. El pequeño guardacostas había derribado a un gigante.

Gravemente averiado, el Río Iguazú fue encallado en la costa, donde quedó como testigo silencioso del coraje de sus hombres. La tripulación sobreviviente fue rescatada y trasladada a Puerto Darwin, donde, el 24 de mayo, con honores y respeto, Julio Omar Benítez fue sepultado. Su sacrificio no fue en vano. Los obuses que el Río Iguazú transportaba fueron recuperados y llevados por aire a Darwin, donde serían utilizados en la encarnizada batalla que estaba por venir.

Así terminó su viaje el guardacostas que se atrevió a desafiar lo imposible. No era un buque de guerra. No era una fragata acorazada. Pero era argentino. Y eso fue suficiente para escribir su nombre en la historia.


jueves, 25 de septiembre de 2025

Arrarás, víctima del éxito en Bahía Agradable



EL TENIENTE JUAN JOSÉ ARRARAS, integrante del Grupo 5 "Los Halcones" de la Fuerza Aérea Argentina, fotografiado junto a su Douglas A-4B Skyhawk.
Falleció en combate aéreo el 8 de Junio de 1982 al mando de su avion Douglas A-4B Skyhawk matrícula C-226 durante la Batalla de Bahía Agradable (conocida en inglés como el Desastre de Bluff Cove) después de que siendo integrante de la Patrulla Mazo atacaran y hundieran al lanchón de desembarco "Foxtrot Four" del buque de asalto anfibio HMS Fearless. Tenía 25 años de edad al momento de su fallecimiento y fue ascendido en forma póstuma a Primer Teniente y condecorado tardíamente con la Medalla al Valor en Combate el 11 de Abril de 2002.

martes, 11 de febrero de 2025

El derribo de Tom Lucero en San Carlos

Relato de Nicolás Kasanzew acerca del derribo del Teniente Lucero, el 25 de Mayo de 1982

El derribo del Teniente Lucero en el combate de San Carlos.
El 25 de Mayo del 82, tras ser blanco de un misil Rapier y haberse eyectado, Ricardo “Tom” Lucero cae al mar. La foto fue tomada desde la nave inglesa Fearless, la misma que él había atacado y que lo rescató de las aguas.
El sobrenombre se lo debía a sus cualidades de bondad y sencillez, en analogía con el famoso personaje de la novela de Harriet Beecher Stowe "La Cabaña del Tío Tom".
En la posguerra, imposibilitado de mantener a su familia con el magro retiro de Capitán de la Fuerza Aérea, debió dedicarse a la fumigación aérea, tarea que lo llevó a un accidente fatal.
Como a tantos otros de nuestros héroes, no supimos cuidarlo.
La foto fue tomada por Roy Gillingham a bordo del buque de asalto anfibio HMS Fearless.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Malvinas: El fin del Tte Primero Casco

Guerra de Malvinas: 36 años de la desaparición del teniente Casco

Guilherme Poggio || Poder Aereo




En la Guerra de las Malvinas, que en 2018 cumple 36 años, el Poder Aéreo Argentino provocó grandes pérdidas a la Marina Real Británica. Pero el costo también fue alto para los argentinos, que perdieron decenas de aviones y pilotos en las gélidas aguas del Atlántico Sur.


En la foto de arriba, el A-4C Skyhawk del Grupo 4 armado con una bomba británica MK-17 en el hangar central siendo repostado por un KC-130 en su camino al combate. Esta foto probablemente fue tomada el 9 de mayo de 1982.

El vuelo final del teniente 1° Jorge Casco


El 9 de mayo de 1982, una escuadrilla de cuatro Skyhawk A-4C de la Fuerza Aérea Argentina despegó por la tarde desde la Base Aérea de San Julián rumbo a Malvinas/Falklands.

El tiempo estaba nublado y dos aviones de la escuadra tuvieron que regresar por fallos técnicos. Pero los otros dos, pilotados por los primeros tenientes Jorge Casco y Jorge Farías, continuaron la misión, siguiendo el plan de navegación a baja altura sobre el mar a pesar de las marginales condiciones atmosféricas.

La decisión de cumplir con su deber a toda costa acabó exigiendo el mayor coste de todos, el de sus propias vidas: los dos aviones, que volaban en condiciones precarias de visibilidad, se estrellaron contra los acantilados de las Islas Sebaldes.

En los artículos siguientes, recuerde las historias y lecciones más relevantes de la Guerra de las Malvinas.


 

sábado, 22 de junio de 2024

Combate aéreo: El derribo del Scout por parte de Giménez

Guerra de Malvinas

NOMBRE                                  VICTORIAS         UNIDAD

Giménez, Miguel Angel                     1             Grupo No.3 de Ataque


Air-to-Air Victories

Fecha Unidad Aeronave Piloto Víctima e/a Piloto País
28May1982 Grupo No.3 de Ataque,
II Brigada Aerea
FMA IA-58A Pucará
( A-537)
M.A.Giménez AH.1 XT629/DR   B flight 3 CBAS



FMA IA-58A Pucará, A-537, Grupo No.3 de Ataque, II Brigada Aérea.

El 28 de Mayo de 1982 esta aeronave pilotada por Miguel Ángel Giménez atacó a dos helicópteros británicos Westland Scout AH.1 y derribó una aeronave (AH.1 XT629/DR). Poco después su avión se metería en una neblina y se estrellaría contra una roca de la Blue Mountain.


Fuentes & Literatura
  1. Anderson, Duncan: Válka o Falklandy 1982, edice Velké bitvy historie, No. 16, Amercom SA, 2010. [Osprey Essential Histories 15]
  2. Burden, Rodney A. - Draper, Michael I. - Rough, Douglas A. - Smith, Colin R. - Wilton, David L.: Falklands: The Air War, Arms and Armour Press, London.
  3. Cicalesi, Juan Carlos - Rivas, Santiago: Los Mirage IIIE/DA en Argentina, Mirage, La Primera Generación, Fuerza Aerea Especial, No. 014.
  4. Cicalesi, Juan Carlos - Rivas, Santiago: Mirage 5 Mara en la Fuerza Aérea Argentina, Mirage, La Primera Generación, Fuerza Aerea Especial, No. 014.
  5. Franks, Norman L.R.: Aircraft Versus Aircraft: The Illustrated Story of Fighter Pilot Combat Since 1914, MacMillan Publishing Company, 1986. ISBN 0-517-69497-2
  6. Franks, Norman: Aircraft versus Aircraft, Mcmillan 1986.
  7. Grupo 4 de Caza, Skyhawk A-4C, Malvinas La Guerra Aerea, No. 11.
  8. Grupo 5 de Caza, Skyhawk A-4B, Malvinas La Guerra Aerea, No. 12.
  9. Hrbek, Jaroslav: Válka o Falklandy 1982, Nakladatelství Lidové noviny, Praha 1999.
  10. Huertas, Salvador Mafé - Briasco, Jesús Romero: Argentine Air Forces in the Falklands Conflict, Warbirds Illustrated No. 45, Arms and Armour Press, 1987.
  11. Kolarski, Richard & Kuník, František - Letectvo v britsko-argentinském konfliktu, part one, in Letectví + kosmonautika, No. 2, 1986.
  12. Kolarski, Richard & Kuník, František - Letectvo v britsko-argentinském konfliktu, part two, in Letectví + kosmonautika, No. 3, 1986.
  13. Kolarski, Richard & Kuník, František - Letectvo v britsko-argentinském konfliktu, part three, in Letectví + kosmonautika, No. 4, 1986.
  14. Máče, Jan: Pucary nad Malvínami, in Modelář, No. 8, 2021.
  15. Морозов, Владислав: Корабли под бомбами, ВВС Аргентины против Королевского флота Великобритании, in Авиация и Космонавтика, No. 9, 2016.
  16. Морозов, Владислав: Корабли под бомбами, ВВС Аргентины против Королевского флота Великобритании, in Авиация и Космонавтика, No. 10, 2016.
  17. Padin, Jorge F. Nunez: IAI Dagger, Parte 1 (1978-1982), Serie Fuerza Aérea Argentina #9, 2005.
  18. Panchartek, Radek: Sea Harrier FRS.1 versus Mirage IIIEA, 3. část, Letecká válka začíná, in Naše vojsko, No. 2, 2007.
  19. Panchartek, Radek: Sea Harrier FRS.1 versus Mirage IIIEA, 4. část, Nešťasná „friedly fire“, in Naše vojsko, No. 3, 2007.
  20. Pospíšil, Martin: Příběh Nesheru, Argentinské pokračování - letouny Dagger a Funger, in Revi Publications, No. 73, 2008.
  21. Price, Alfred - Ethell, Jeffry: Air War South Atlantic, Sidgwick &Jackson 1984.
  22. Rivas, Santiago: Purará - Fortress of the Pampas, in Combat Aircraft Monthly, Vol. 13, No. 4 April 2012.
  23. Rivas, Santiago - Cicalesi, Juan Carlos: Los Mirage IIIB/C/R en Argentina, Mirage, La Primera Generación, Fuerza Aerea Especial, No. 014.
  24. Rivas, Santiago - Cicalesi, Juan Carlos: Los IAI M5 Dagger/Finger en la FAA, Mirage, La Primera Generación, Fuerza Aerea Especial, No. 014.
  25. Rivas, Santiago - Cicalesi, Juan Carlos: Combate en Malvinas, Mirage, La Primera Generación, Fuerza Aerea Especial, No. 014.
  26. Scutts, Jerry: Fighter Operations, Patrick Stephens, Sparkford, UK, 1992.
  27. Shores, Christopher: Air Aces, Presidio Press, Novato, CA, 1983.
  28. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, A-4B/Q Skyhawk/Halcón, 1. část, in Letectví + kosmonautika, No. 23, 2002.
  29. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, A-4B/P Skyhawk/Halcón, 2. část, in Letectví + kosmonautika, No. 24, 2002.
  30. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, English Electric / BAC Canberra B.Mk.62/T.Mk.64, 3. část, in Letectví + kosmonautika, No. 25-26, 2002.
  31. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, AI-58 Purará, 4. část, in Letectví + kosmonautika, No. 1, 2003.
  32. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, Dassault Super Etendard, 5. část, in Letectví + kosmonautika, No. 2, 2003.
  33. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, Dassault Mirage IIEA, IAI Mirage 5 Dagger, 6. část, in Letectví + kosmonautika, No. 3, 2003.
  34. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, McDonnell Douglas A-4C Skyhawk/Halcón, 7. část, in Letectví + kosmonautika, No. 4, 2003.
  35. Stolár, Michal J.: Lietadlá v konflikte o Falklandy, MB.339AA, T-34C.1 a SP-2H, 8. část, in Letectví + kosmonautika, No. 5, 2003.
  36. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 1. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.34, 1995.
  37. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 2. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.35, 1995.
  38. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 3. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.37, 1995.
  39. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 4. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.38, 1995.
  40. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 5. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.39, 1995.
  41. Šmýra František - Polák, Tomáš: Nad řvoucími čtyřicítkami, Válka v jižním Atlantiku v roce 1982, 6. část, in Aero Plastic Kits Revue, No.40, 1995.
  42. ACIG: Central & South American Air-to-Air Victories, http://www.acig.org/artman/publish/article_166.shtml, http://s188567700.online.de/CMS/index.php?option=com_content&task=view&id=41&Itemid=47.
  43. Argentine Aircraft Lost 3rd April - 15th June 1982, http://www.naval-history.net/F64argaircraftlost.htm
  44. Corum, James S.: Argentine Airpower in the Falklands War, An Operational View, http://www.airpower.au.af.mil/airchronicles/apj/apj02/fal02/corum.html
  45. Gleize, Jean-Paul: Aces, http://www.igleize.fr/aces/homeaces.htm
  46. Magnus, Allan: Air Aces Home Page, http://users.accesscomm.ca/magnusfamily/airaces1.htm.
  47. Smith, Gordon: Battle Atlas of the Falklands War 1982 - by Land, Sea and Air, http://www.naval-history.net/NAVAL1982FALKLANDS.htm
  48. The Falkland Islands Conflict 1982, http://www.falklandswar.org.uk/
  49. The Falklands War 1982 Index, http://www.britains-smallwars.com/Falklands/index.html
  50. The Pucara in action, http://www.choiquehobbies.com.ar/revista/notas/pucara2/Pucarae2.htm

 

martes, 19 de diciembre de 2023

Gimenez derriba un Scout en Darwin

Cazando Helicópteros Británicos





En el lateral de Goose Green, los aviadores iniciaron la corrida de tiro disparando sus cañones (con la intención de emplear posteriormente sus coheteras a la altura de la escuela ) y, en ese preciso instante, detectaron la presencia de dos helicópteros británicos que volaban con rumbo convergente hacia ellos.
Se trataba de dos Westland Scout AH.1 del Escuadrón Aéreo de la Brigada Comando 3 (3 CBAS) de la Real Infantería de Marina que se desplazaban entre la retaguardia en Camilla Creek House y la primera línea de combate con la intención distribuir pertrechos y rescatar al teniente coronel Jones y otros paracaidistas británicos abatidos en combate por tropas argentinas.
Tras confirmar con el director de tiro que los helicópteros no eran Bell 212 de la FAA y debían derribarlos, Giménez decidió atacarlos asignando los blancos mientras los Scouts iniciaban desesperadas maniobras evasivas para escapar a los disparos con cañones, ametralladoras y cohetes que les lanzaban ambos pilotos argentinos.
Giménez se encargó de un ejemplar que escapó con rumbo este/noreste y, después de dos intentos, con sus coheteras logró derribar en vuelo al XT629/DR, ocupado por el teniente Richard Nunn (piloto, fallecido) y el sargento A. R. “Bill” Belcher (artillero, herido grave).

jueves, 29 de junio de 2023

Los héroes que dejó el cobarde de Ward



"IFF encendido, estamos en emergencia".
Un nombre de un camarada.
Cabo Principal Miguel Ángel Cardone-

El Aeródromo de la Ciudad de Villa Cañás en la provincia de Santa Fe, fue denominado en su honor "Suboficial Auxiliar Miguel Ángel Cardone", pero quien fue este compañero.

El Cabo Principal Miguel Ángel Cardone integró la tripulación del C-130 Hércules TC-63 indicativo "Tiza" de la Fuerza Aérea Argentina derribado el 1 de junio de 1982. El avión despegó desde Comodoro Rivadavia a las 8 h 53 min (UTC-3) piloteado por el Capitán Héctor Martel. Su misión era encontrar barcos militares británicos para ayudar a los aviones de ataque. Era una tarea extremadamente peligrosa y de mucha valentía, ya que el avión no contaba con ninguna defensa.

Cuando el Hércules emergió sobre el horizonte radar a unas 20 millas al norte del estrecho de San Carlos, fue detectado por la fragata HMS Minerva. Esta vectoreó una pareja de aviones Sea Harrier del Escuadrón Aéreo Naval 801.
El teniente comandante Nigel Ward derribó al C-130 con un misil Sidewinder y lo remato cobardemente, lo ametralló con sus cañones de 30 mm.

No hubo sobrevivientes.

sábado, 1 de abril de 2023

Soldado británico devuelve restos del Dagger de Volponi

Un soldado británico devuelve a la Argentina restos de un avión derribado en la Guerra de Malvinas

La aeronave era piloteada por el teniente Héctor Volpini. Un sargento inglés conservó las piezas y las donó a un museo cordobés.



Casi 40 años después de caer en la Guerra de Malvinas, la cabina del avión Dagger de la Fuerza Aérea Argentina que piloteó el teniente Héctor Ricardo Volponi -muerto en combate el 23 de mayo de 1982- iniciará su regreso a la Argentina por la gestión de un soldado británico que recuperó los restos de la aeronave durante una misión en 1988 y ahora formalizó su donación.
Las piezas recuperadas viajarán en correo diplomático la próxima semana desde Londres, según confirmó a Télam el embajador argentino en el Reino Unido, Javier Figueroa, encargado de recibir la donación del soldado David Richardson para que tengan como destino final el Museo Nacional de Malvinas de Oliva, en la provincia de Córdoba.
"Es un gesto que acerca y no divide, a diferencia de otros trofeos de guerra que están en el mercado. Inclusive algunos que son objeto de una acción judicial, como es el caso del director del Museo de Malvinas y veterano de guerra, Edgardo Esteban, cuyas fotos y documentos fueron puestas a la venta en Londres. Richardson está haciendo totalmente lo contrario al acercar los restos y devolverlos", explicó.



El embajador contó que le extendió una invitación al soldado británico para agradecerle y acordaron reunirse cuando visite Londres, ya que el militar vive fuera de la ciudad.
El avión de Volponi, un Mirage V-Dagger.3, fue derribado sin eyección en la Bahía Horseshoe por un Harrier Sidewinder AIM-9L, comandada por el teniente británico Martin Hale.
La aeronave cayó en el oeste de Bahía Elefante, unos tres kilómetros al norte del establecimiento ubicado en la isla Borbón.



En 1998, durante una misión a Malvinas, Richardson, un oficial del Ejército británico con el rango de cabo del Batallón de Infantería Ligera (Light Infantry, en inglés) identificó los restos del avión argentino y decidió recuperarlos y preservarlos con la intención de devolverlos nuevamente a la Argentina.
"En 1998, la unidad de mi Batallón, conocido como 1er Batallón de Infantería Ligera, fue destinada a las Malvinas/Falkland", relató en diálogo con Télam el soldado británico, quien siempre se refirió a las islas como Malvinas/Falkland o viceversa.
*El teniente Héctor Ricardo Volponi murió tras ser derribado durante un combate.*
Richardson continuó su relato: "Mientras estaba allí, realicé una patrulla que comenzó en la Bahía Fox y se detuvo en varios lugares, culminando en la Isla Pebble. Este lugar era de particular interés para mí porque, siendo un niño de 12 años, seguí de cerca la guerra del 82 y había leído mucho sobre la batalla".



"Cuando mi tropa llegó a la Isla Pebble le pregunté a un isleño si había algo que pudiera llevar a ver a mis soldados mientras estábamos allí", prosiguió. Y recordó que el hombre le "señaló en el mapa un par de lugares donde se estrellaron aviones argentinos que habían sido derribados por Harriers en la isla, así como un monumento a un barco británico perdido por las fuerzas enemigas".
"Llevé a mi tropa y localicé esos lugares", dijo el soldado británico quien, mientras buscaba en uno de esos emplazamientos, encontró dos partes de los restos que, al juntarlos, le permitió identificar el número de serie del avión que estaba inscripto en la parte inferior de la cabina, todavía con su pintura de camuflaje original.
"Así que, con el paso de los años, el desarrollo de Internet y el perfeccionamiento de las computadoras, comencé mi investigación", manifestó y sostuvo que pensó que "sería una buena idea investigar el avión y tratar de averiguar lo que pudiera sobre el vuelo de esta aeronave en particular".
Recordó que no tardó mucho en encontrar detalles sobre el tipo de avión, quién lo piloteaba y quién fue el piloto del Harrier británico que lo derribó.
"Durante muchos años cuidé las piezas y con frecuencia me preguntaba si algún día podría llevarlas a la Argentina", indicó y expresó que "en septiembre de 2021 busqué en Internet y logré encontrar y enviar un mensaje a Gabriel Fioni, que formaba parte del Museo Malvinas en Oliva".



Richardson dijo que se alegró al saber que Fioni tenía contacto con la familia del teniente Volponi y que le asegurara que si las piezas eran donadas al Museo serían expuestas correctamente y se contaría la historia de la valentía de su piloto.
"Envié los restos a Londres y su viaje de vuelta a Argentina ha comenzado", expresó el soldado, que se retiró del Ejército británico en 2003 con el rango de sargento.
"Me complace devolver a su país las piezas del avión del teniente Volponi que recuperé durante mi visita a las islas Malvinas/Falkland en 1998. Espero que mi donación al Museo de las Malvinas en Oliva llegue a salvo y se exhiba correctamente para mostrar el valor de sus aviadores durante el conflicto del '82. He leído y visto muchos documentales sobre el conflicto y lo que queda muy claro desde el principio es la valentía de los pilotos de su país", escribió el soldado británico en una carta dirigida al embajador Figueroa.
En la misiva, Richardson destacó, además, el trabajo de Fioni, titular de la Fundación Museo Malvinas de Oliva, con quien se comunicó para informarle sobre la donación, y el de los hermanos Robert y Nick Tozer, este último por ser miembro fundador del South Atlantic Council de Londres y porque participa en investigaciones académicas en el Reino Unido, Buenos Aires y las Islas Malvinas para el Instituto Di Tella.
Fioni, también en diálogo con Télam, confirmó que el soldado británico conservó muy bien los restos del avión y dijo que lo contactó a través de la red social Facebook, ya que quería realizar la entrega.
Según Fioni, Richardson estaba muy preocupado sobre todo por la forma en que se iban a preservar y custodiar los restos del avión en el Museo.
"Me comentó que estaba de acuerdo con el procedimiento que realizaríamos y me aseguró que él respetaba mucho a los soldados argentinos por su valentía y amor por su patria", resaltó.
Un gesto que acerca y no divide

viernes, 7 de octubre de 2022

Arte: Dibujos del ataque a la Bahía Agradable

El ataque a Bahía Agradable



El ataque al Foxtrot 4. El avión que lo destruyó era del Ten Danilo Bolzan. Quien luego fue derribado por los Sea Harrier.
Excelentes dibujos de Alberto Nassivera



martes, 30 de noviembre de 2021

Philippi, Blake, la Ardent y un encuentro que fue el inicio de una hermosa amistad

Los tres axiomas de un admirador del Barón Rojo


Al desatarse la guerra, el capitán de corbeta Alberto Philippi era el segundo jefe de la Base Aeronaval Río Grande. Pero un aviador que había bautizado a su hijo Manfred, en honor al Barón Rojo, - von Richthofen, - no se iba a quedar detrás de un escritorio. Al igual que el legendario as de la aviación alemana (1892-1918) estaba dispuesto a morir en combate. Y más allá del apellido italiano y del argentinísimo sobrenombre "Mingo", este hijo de inmigrantes alemanes y nieto de un combatiente de la Primera Guerra Mundial ostentaba las clásicas características teutonas que tanto le sirvieron en el conflicto de Malvinas: disciplinado, ordenado, estricto, eficaz. Pero aún más clave fue su religiosidad sin fisuras.
Incorporado voluntariamente al Escuadrón de Skyhawk A4Q, aquel 21 de mayo despegó rumbo al Estrecho de San Carlos con los tenientes Arca y Márquez de numerales. Un rato después los seguirían Sylvester, Rótolo y Lecour.
Ya en Malvinas el terceto comenzó a descender sobre la Isla de los Pájaros. Las condiciones meteorológicas eran totalmente adversas: lluvia, techos bajos y visibilidad de apenas una milla. Lo cual significaba que una fragata podía lanzarle sus misiles mucho antes de que los pilotos la vieran. Lejos de desistir, Philippi ordenó conectar el master de armamento. Pasaron por el Cabo Belgrano, que lucía negro y amenazador, y antes de llegar a San Carlos divisaron los mástiles de una fragata detrás de una roca. Y la fragata los divisó a ellos, precipitándose a navegar a toda potencia hacia el centro del estrecho.



Mingo echó una última mirada al tablero. De las 5300 libras de combustible que cargaba el avión, necesitaba 5000 para ir y volver. Sólo le quedaban 300 libras para atacar y escapar. Iba al límite absoluto del JP1 y no se había previsto reabastecimiento en vuelo.
Philippi ordenó dispersarse a sus numerales, para atacar desde distintos ángulos y al mismo tiempo complicarle a los brits la selección del blanco. El jefe de la escuadrilla fue el primero en impactar, tras lo cual escuchó la voz de Arca: «¡Muy bien, señor!”. Le había dado a la Ardent en la popa. Los aviadores navales arrojaron sus doce bombas MK82 en reguero y comenzaron el escape.
Sin embargo, al ser atacada, la fragata había emitido todas las alarmas posibles y los dos aviones de su escolta, que la sobrevolaban a 10 mil pies de altura – y que habían fallado en su misión de prevenir el ataque - se lanzaron en picada sobre los argentinos. “¡Harrier,Harrier!” se escuchó la voz de Márquez.
-¿Cómo estabas en ese momento?
-Con la adrenalina y el oxígeno al cien por ciento.
Philippi ordena eyectar las cargas externas que los demoran: tanques auxiliares y lanzadores de bombas. “Después de eso, el A4 se convierte en una mariposa”, me dice.
Pero el Sidewinder L se muestra como implacable cazamariposas. Haciendo maniobras evasivas, Philippi observa que uno de los Harrier le dispara precisamente ese misil. El proyectil lo sigue por espacio de algunos segundos y explota debajo del avión volándole la cola. El A4Q tiembla y se encabrita. El piloto se da vuelta y ve que el Harrier se está acomodando para rematarlo con sus cañones. “Me dieron, me eyecto, estoy bien”, avisa lacónicamente por radio a sus camaradas.
El manual del Skyhawk dice que hay que eyectarse a 150 nudos por hora, con las alas estabilizadas. “Hacerlo a 350 nudos te puede arrancar un brazo, o la cabeza”, me explica. Sin embargo, no quedaba otra, y Philippi tiró de la manija entre sus piernas. De los ocho aviones en servicio del Escuadrón, seis tenían el cohete eyector vencido. Por suerte, este funcionó igual.
Estrellarse contra el aire a esa velocidad le provocó un desmayo. Cuando recuperó el conocimiento, estaba cayendo en paracaídas, inclinado hacia delante, viendo bajo sus pies el estrecho de San Carlos y alrededor suyo el combate entre aviones argentinos y británicos. Su primer pensamiento fue dar gracias a Dios.
El golpe contra el agua fue durísimo. Afortunadamente, el paracaídas se recostó sobre las olas y lo arrastró hacia la costa. Cerca de ella se desembarazó de la tela y comenzó a nadar, pero debió luchar denodadamente contras las “kelps”; algas o cachiyuyos, que dieron nombre a los pobladores anglos de Malvinas (ver foto debajo sobre los kelps en el estrecho de San Carlos).



Llegó tan agotado, que tuvo que salir del agua gateando, no podía pararse. Muy cerca se encontraba escorado el mercante Río Carcarañá, que los ingleses atacaron el 16 de mayo, abandonado por su tripulación. Tirado exhausto en la arena veía pasar aviones de combate. El de Márquez había explotado en el aire, mientras que el de Arca, averiado, se dirigía hacia Puerto Argentino. A todo esto, Sylvester, Rótolo y Lecour habían rematado a la Ardent. Cuando recuperó el aliento, con su cuchillo de caza Puma White Hunter (ver foto debajo) cavó un pozo de zorro para pasar la noche. Cada tanto, el frío lo obligaba a levantarse y se calentaba haciendo más profundo su refugio.



Alrededor de las dos de la mañana activó su señal de radio de emergencia, para que pudieran rescatarlo los efectivos propios. Pero al ser detectada por los ingleses, estos abrieron fuego contra el Río Carcarañá. Y los tiros cortos caían cerca de Philippi, quien decidió ponerse en marcha. Iba de cerro en cerro activando la señal. Desde uno de ellos vio al buque mercante despidiendo humo negro; lo habían convertido en un colador. Pasó la noche siguiente en un galpón de esquila. Con el revolver de supervivencia Smith & Wesson calibre 38 (ver foto debajo) mató una oveja y la asó en un fuego que prendió con su pistola de señales.



Al tercer día, el 24 de mayo, avistó tres vehículos y les hizo señales apelando al espejo de supervivencia. Le pareció ver un jeep Mercedes Benz y dos Unimog del Ejército, pero al acercarse comprobó que se trataba de un Land Rover y dos tractores: eran kelpers. “Esto viene mal”, pensó, y reemplazó las balas luminosas de su revolver por balas de plomo. Se tranquilizó empero al ver que el principal del grupo le tendía la mano sonriente.
-Soy un piloto argentino derribado el día 21 y quiero volver con mi gente. Si nos ponemos de acuerdo, bien, y si no, sigan su camino, y yo seguiré el mío.
-Lo vamos a ayudar. Usted es una persona de suerte. En esta zona, totalmente deshabitada, nosotros pasamos sólo un día cada seis semanas, para hacer rotación de ganado. Y hoy nos tocaba.



Quien así le respondió resultó ser Tony Blake, administrador de la estancia North Arm, de cien mil hectáreas de extensión. A partir de ese momento Philippi fue tratado a cuerpo de rey. Lo instalaron en el dormitorio del dueño, se bañó con jabón perfumado, fumó cigarrillos Rothmans, tomó whisky del mejor y degustó los exquisitos scones preparados por la esposa de Tony. “Me trataron igual que si fuera un piloto británico”, se admira.
Más aún, Philippi encontró en Blake un alma gemela; tenían las mismas pasiones: la caza de puma, ciervo y jabalí, la pesca de trucha con mosca, el golf, ambos eran fanáticos radioaficionados y fotógrafos, y hasta poseían idéntica cámara, la Canon A1.
A la mañana siguiente, Blake lo llevó a conocer la estancia y a sus empleados. Uno de ellos, conocido por su furibundo odio a los argentinos, al ver Philippi, se llevó la mano a la cintura debajo del abrigo. Blake se quedó helado, pensó que sacaría un arma para matar al piloto.
El capataz, en cambio, extrajo una petaca de brandy y propuso brindar por dos razones:
“Porque usted se salvó, y por su día nacional, que se celebra hoy».
Cuando al rato arribó el helicóptero de rescate argentino, despidiéndose, todos lloraban.
-Mingo, ustedes estuvieron menos de 24 horas juntos, ¿cómo es que se pudo generar un afecto tan entrañable?
-No tiene explicación.
Tony Blake le mandó un autito Matchbox al hijo de Philippi, Manfred, de tres años. Y la esposa del kelper, la receta de los scones a Graciela Philippi.
La mujer del piloto, desde su casa aledaña a la Base, había visto despegar seis aviones y regresar sólo tres. Sin embargo, al darle la noticia de que su marido estaba desaparecido, el jefe del Escuadrón le dijo: «Arca vio un paracaídas. Si era el de Mingo, conociéndolo, te aseguro que va a aparecer”. Efectivamente, siete días después Graciela lo tenía entre sus brazos.
Tony Blake visitó a Philippi en la Argentina, y hasta llevó una ofrenda floral al cenotafio de Puerto Belgrano, demostrando un gran sentimiento por nuestros caídos.
Philippi, en cambio, a pesar de la insistencia en invitarlo de su amigo kelper, sostiene que iría a Malvinas de una sola manera: “Por la puerta grande, en un avión de la Armada”.
-¿Mingo, qué es lo que te permitió sobrellevar tamaña odisea, a los 43 años, con todo en contra, si ni siquiera saliste con el avión del comandante, que tenía navegador?
-El buen adiestramiento, desde ya. Pero sobre todo los tres axiomas que me acompañaron siempre. Son tres párrafos de la Biblia: "Ayúdate y Dios te ayudará", "Ni una hoja cae si no es la voluntad del Señor" y "Dios es mi pastor, nada me faltará. Aunque ande en el valle de sombras de muerte, no temeré mal alguno, Tú estarás conmigo…". Esas palabras retumbaban en mi cabeza.
-¿En esos momentos difíciles?
-En todos los momentos, la vida entera, hasta el día de hoy. Y Dios siempre apartó el daño que aparecía por delante, siempre me despejó el camino.
Conocí a Philippi cuando lo evacuaron a Puerto Argentino. Obviamente quise entrevistarlo, pero se negó. Años después lo crucé en Bahía Blanca y dijo que me debía esa nota. Hoy ya no me la debe…

(c) Nicolás Kasanzew