viernes, 24 de julio de 2026
sábado, 18 de abril de 2026
En EE.UU. piden que nos devuelvan las Malvinas
En Estados Unidos ya piden que devuelvan las Malvinas
En el programa @TheFive en el prime-time de @FoxNews conducido por @JesseBWatters , el comentarista @greggutfeld dijo abiertamente que USA debe recuperar las ISLAS MALVINAS en favor de Argentina.
“Yo firmemente creo que deberíamos quitarles las Malvinas a Inglaterra”
“Y devolverlas a Argentina!”
Cambio de época total.
jueves, 26 de febrero de 2026
La protesta de Estanislao López al ataque norteamericano de 1831
Estanislao López y el ataque de Estados Unidos sobre las islas Malvinas en 1831
Estanislao López y el ataque de Estados Unidos sobre las islas Malvinas en 1831
El 10 de junio de 1829, en medio de la crisis política derivada del fusilamiento de Manuel Dorrego (13 de diciembre de 1828), el gobierno de Buenos Aires, que tenía jurisdicción sobre todo el territorio del sur argentino, dispuso la creación de la Comandancia Militar de las Islas Malvinas. Allí vivían colonos dedicados a la pesca y a la cría de ovejas que reconocían la soberanía argentina sobre el archipiélago y comerciaban con los barcos balleneros, especialmente norteamericanos, que explotaban los recursos del Atlántico Sur.
El recorte contiene la protesta de Estanislao López sobre el ataque norteamericano a las Malvinas el 31 de diciembre de 1831.
Transcripción:
SANTA-FÉ.
Marzo 9 de 1832.Ha sido altamente mortificante al Gobernador que subscribre, la lectura del oficio de 14 del pasado (1) de S. E. del Sr. Gobernador delegado de Buenos Ayres, en que se explican todas las circunstancias ocurridas en el escandaloso atentado cometido el 31 de Diciembre en las Islas Malvinas por el comandante de la corbeta de guerra norte americana Lexintong. Este hecho tan contrario al derecho de las naciones, es tanto más desagradable, cuanto que él ha sido perpetrado por un súbdito de un Gobierno tan perfectamente identificado en principios políticos con los que profesa la República Argentina, y cuyas relaciones de amistad y buena inteligencia era de esperarse que nunca hubieran sufrido alteración alguna; pero a una agresión tan directa a los intereses de la República como no morada ó bien despoblada ha venido por desgracia a recaer, ha correspondido el Gobierno de Santa-Fé dirigiéndose al de Buenos Ayres, asegurándole que la impresión desagradable de un hecho tan inusitado y arbitrario ha sido en él tan profunda y dolorosa, como en los pueblos mismos que lo han experimentado; y que de una manera conforme a la dignidad, honor y decoro de pueblos libres, de costumbres cultas y civilizadas, y de Gobiernos que todos son justamente celosos de la República Argentina.
El Exmo. Gobierno es quien al adoptarlas ha de aceptar con resignación cualquiera de las providencias consoladoras que se hicieran en lo futuro.
Fue
esta actividad de balleneros y loberos la que dio lugar al conflicto
que derivaría en la pérdida del control argentino sobre el archipiélago.
El cumplimiento de las condiciones establecidas para su ejercicio legal
fue desconocido por los norteamericanos, por lo que el comandante Luis
Vernet hizo apresar algunos balleneros de esa nacionalidad. Se disparó
enseguida el conflicto diplomático en Buenos Aires abierto por los
reclamos del cónsul Jorge Slacum.
Con
desprecio del derecho argentino sobre el mar austral y sin esperar
respuesta, el cónsul envió a la corbeta de guerra Lexington a Malvinas,
rescató las naves secuestradas, sembró la destrucción en las
instalaciones de Puerto Soledad y capturó a los colonos que fueron
trasladados a Montevideo. Era 31 de diciembre de 1831 y el estatus
jurídico argentino se estaba apenas bosquejando.
Algunas de las provincias argentinas ya constituían la Confederación prevista en el Pacto Federal del 4 de enero, pero recién había finalizado la guerra entre las provincias federales y las que habían respondido al general Paz en el interior. Juan Manuel de Rosas gobernaba en Buenos Aires y Estanislao López alentaba desde Santa Fe a las otras provincias a confederarse, luego de ser derrotadas por Facundo Quiroga el 4 de noviembre en La Ciudadela.
Procuraba
también López sostener la Comisión Representativa que el mismo pacto
creaba (la que era cuestionada por Rosas), y no renunciaba al proyecto
de constituir el país en el corto plazo. El ataque norteamericano
llegaba en medio de este proceso de acomodamiento interno de fuerzas
entre las provincias. En el momento en que llega la noticia a Buenos
Aires el gobernador Rosas estaba enfermo, siendo reemplazado por Juan
Ramón Balcarce en forma interina, entre el 6 de febrero y el 7 de marzo.
Fue Balcarce, justamente, quien el 14 de febrero de 1832 libró un
oficio a los otros gobernadores informándolos sobre lo ocurrido en
Malvinas.
La condena de López al atropello norteamericano
El pasado 2 de abril, en medio de la conmemoración de la recuperación transitoria de Malvinas de 1982, el colega Julio Rodríguez me envió desde Rosario un documento digitalizado que yo desconocía. Se trata de la respuesta de Estanislao López al oficio de Balcarce, fechada el 9 de marzo de 1832 y publicada en la Gaceta Mercantil el jueves 22 del mismo mes y año.
El gobernador de Santa Fe expresa su más enérgica condena y dice: "Este hecho tan contrario al derecho de las naciones, es tanto más desagradable, cuanto que él ha sido perpetrado por un súbdito de un gobierno tan perfectamente identificado en principios políticos con los que profesa la República Argentina, y cuyas relaciones de amistad y buena inteligencia era de esperarse que nunca hubiera sufrido alteración alguna"
La realidad era otra. Aunque los Estados Unidos e Inglaterra habían reconocido la independencia argentina, el país no se afianzaba como Estado y daba ante el mundo una imagen de constante inestabilidad y desgobierno. El mismo año del ataque norteamericano sobre Malvinas las provincias se habían enfrentado divididas en dos bloques, y aunque López reclamó a su término el dictado de una Constitución Nacional no consiguió el acuerdo de Buenos Aires
También era ficticia la idea que López se representaba de los Estados Unidos de América. Si bien a fines de 1823 el entonces presidente James Monroe había expuesto los principios que parecían respaldar los derechos soberanos de los países del continente (la llamada Doctrina Monroe, redactada por el secretario de Estado, John Quincy Adams), al declarar la célebre fórmula "América para los americanos", la realidad era diametralmente otra, pues mostraba las apetencias expansionistas del país, que ya había adquirido Luisiana a los franceses en 1803 y La Florida a los españoles en 1819.
La protesta de López continuaba diciendo: "Espera confiadamente el gobierno de Santa Fe que Excmo. de Buenos Aires, a cuya hábil dirección está confiada la administración de los negocios extranjeros, obrará en el asunto a que da mérito esta contestación, de una manera conforme a los principios que establece el derecho de los pueblos cultos y decoro tan justamente debido a la República Argentina".
Estrictamente hablando, para marzo de 1832, la República Argentina no existía como un Estado Nacional. Se estaba conformando en cambio una Confederación, como un conjunto de estados soberanos unidos por el pacto de 1831 sin una autoridad superior que las gobernara a todas. En todo caso, el ataque norteamericano sobre Malvinas afectaba a la soberanía territorial de Buenos Aires, y como agresión extranjera a uno de los estados confederados podía poner en marcha los mecanismos solidarios de las otras provincias conforme al artículo segundo del tratado.
Cuando López escribía su protesta ya estaban confederadas Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos, firmantes del acuerdo original, y se habían sumado Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza, Corrientes y La Rioja. Pero faltaban Tucumán, San Luis, Salta, Catamarca y San Juan, que lo fueron haciendo en el transcurso del año. A la adhesión de las provincias al Pacto Federal se sumaba la delegación de la representación ante el extranjero que se le confería al gobierno de Buenos Aires.
Importancia del documento
Desde que José Luis Busaniche publicó en 1927 su libro sobre Estanislao López, se conocía la carta que este había escrito al gobierno de Buenos Aires tras la usurpación británica de las islas Malvinas, firmada el 25 de febrero de 1833. Como es sabido fueron dos notas las enviadas por López en respuesta a la comunicación oficial del gobernador de Buenos Aires. Una dirigida al general Balcarce y otra al encargado de negocios de Santa Fe ante el gobierno porteño, Pedro Pablo Vidal.
Ambos escritos merecieron estudios de otros historiadores, como Leo Hillar y Liliana Montenegro. Y más recientemente, Victorio Marzocchi y Francisco Iturraspe actualizaron información sobre el tema e identificaron las protestas que otros gobernadores habían formulado ante el atropello británico. Así supimos que las cartas de López formaban parte de una reacción más amplia que incluía las de los gobiernos de Corrientes, Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta, San Juan y Catamarca, y que se extendía al de Bolivia.
En su carta a Vidal, López señalaba, en consecuencia con su prédica a favor de la organización nacional, que: "(...) este y otros muchos vejámenes varias veces inferidos a la república tienen esencialmente su origen en la inconstitución en que se encuentra el país y la figura poco digna que por ello representa".
Esta tercera carta de López sobre Malvinas que ahora conocemos y que es en realidad la primera de las escritas entre marzo de 1832 y febrero de 1833, completa la secuencia condenatoria de dos alevosas violaciones de la soberanía nacional que están a su vez encadenadas. La invasión inglesa fue instigada por los Estados Unidos, con desprecio de la Doctrina Monroe de 1823, actitud que se reeditaría en 1982 violando nuevamente el principio que la sustentaba: "América para los americanos".
(*) Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos, en el año de su 90° Aniversario (1935-2025).
domingo, 14 de diciembre de 2025
El santuario norteamericano para el Pucará A-517
En tierras de los hermanos Wright: ¿Un santuario para el Pucará A-517?
A veces, no encontrábamos más que callejones sin salida y la mayoría de nuestras referencias, publicaciones de warbirds, fuentes de la industria y colegas spotters parecían haber perdido su rastro. Sin embargo, de vez en cuando, el misterioso y evasivo «Alfa Cinco Uno Siete» insistía en re-aparecer en nuestro «radar de investigación», volviendo a encender y fortalecer nuestro interés por tratar de llegar al que generalmente denominamos «el sexto y más esquivo Pucará británico”…
La historia de este escurridizo ejemplar se remonta a 1977, cuando comenzó a ser construido en el AMC (Área de Material Córdoba), el omnipresente fabricante de aviones mejor conocido por su designación histórica, FMA (Fábrica Militar de Aviones). Tras recibir en fábrica el número de serie 14, inicialmente estuvo destinado a lo que se convirtió en la venta frustrada de tres aviones IA-58A a la Fuerza Aérea de Mauritania.
Una vez que el negocio africano fracasó por falta de fondos del comprador y el avión voló por primera vez a principios de 1978, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) lo puso en servicio con el primer escuadrón de aviones Pucará, activado en la base aérea Reconquista en el norte de la provincia de Santa Fé tres años antes. Se le asignó la matrícula A-517 (segundo uso) y fue ingresado al servicio en septiembre de 1978, justo a tiempo para ser desplegado al sur a General Roca (Provincia de Río Negro) por el conflicto entre Chile y Argentina por una disputa territorial del Canal Beagle en diciembre ese año..
Cinco días en Malvinas…
Sin embargo, la parte más relevante de su breve carrera operativa tendría lugar en abril de 1982, cuando fue seleccionado para su despliegue a Malvinas. Piloteado por el teniente Miguel Giménez (quien caería en combate a bordo del Pucará A-537 el 28 de mayo), el avión aterrizó en la base aérea Malvinas en Puerto Argentino a fines de abril y, tripulado por el teniente Héctor Furios, se desplazó hasta la base aérea Cóndor en Prado del Ganso dos días antes de que se iniciaran las hostilidades bélicas.
Sus 4 años de carrera operativa terminarían repentinamente poco antes de las 07:30 hs. (hora local) del 1 de mayo de 1982, cuando el teniente Giménez intentaba decolar con él para alejarlo del peligro dado que se esperaba un inminentemente bombardeo aéreo británico en la guarnición de Prado del Ganso. Sin embargo, el húmedo e irregular suelo malvinense se interpuso en el camino, la rueda de la nariz se atascó en un pozo y el avión se derrumbó mientras Giménez aceleraba para despegar.
Después que el bombardeo británico se concretara minutos después del accidente (matando a ocho e hiriendo a nueve aviadores argentinos y destruyendo al Pucará A-527, incluidos entre ellos el teniente Giménez), el A-517 fue inspeccionado por sus mecánicos y se determinó que no podría ser repuesto localmente a condición de vuelo por el nivel de daño sufrido. Aún a pesar de ello, se decidió reciclarlo como señuelo para futuros ataques aéreos británicos. El tren delantero se volvió a montar improvisadamente para mover el avión fuera de la pista y colocarlo en una posición donde propondría un objetivo atractivo para los Harriers británicos.
El largo y sinuoso camino a Oxfordshire
Cuatro semanas después de su fatídico incidente en la base aérea Cóndor, el avión cayó en manos británicas cuando la guarnición aérea y militar de Prado del Ganso rindió sus armas al Segundo Batallón del Regimiento Paracaidista del Royal Army el 28 de mayo. El avión pasaría poco más de dos años abandonado a la intemperie y sin ningún cuidado o vigilancia, presumiblemente en el mismo lugar donde los militares argentinos lo dejaron estacionado al estallar la guerra.
Esto lo convirtió en presa fácil del indomable y altamente corrosivo clima de las islas, de isleños resentidos o cazarrecompensas militares que cortaron una escarapela del fuselaje (lado derecho), una bandera del timón (lado izquierdo), una señal de advertencia de asiento eyectable (lado derecho) y el escudo de su unidad (lado izquierdo), dispararon contra él por diversión o robaron cualquier parte o componente que les sirviera de souvenirs. Antes que el fuselaje se convirtiera en un completo montón de escombros, el Ministerio de Defensa británico decidió donarlo a la población de Prado del Ganso en octubre de 1984.
Ni lentos ni perezosos y faltos del menor interés en conservar un símbolo de la «ocupación argentina», los habitantes de la localidad vendieron inmediatamente la aeronave a un «señor Harrison», de la firma Grampian Helicopters International Ltd., quien hizo que los restos se guardaran en dos contenedores de 40 pies y uno de 20 pies y los envió a Puerto Argentino a bordo del buque de carga «Monsunen» a principios de 1985. Así embalado, el A-517 habría llegado por mar al Reino Unido, junto con un UH-1H Huey ex Ejército Argentino, antes del cuarto trimestre de 1987.
Curiosamente, Grampian logró que, aún en sus dudosas condiciones, la aeronave fuera aceptada en el registro de aeronaves civiles británicas después de un proceso de registro increíblemente rápido. Menos de dos meses después de ser comprado, el A-517 obtuvo de la Autoridad de Aviación Civil Británica (BCAA) la matrícula G-BLRP en diciembre de 1984 … ¡mucho antes de que poder zarpar desde el Atlántico Sur!
Rastreando al «Pucará fantasma» hasta el siglo XXI
Una vez que llegó a costas inglesas, el A-517 pareció desvanecerse en la sombría neblina de esa nación. Algunas fuentes dicen que se le observó por primera vez en el Museo de Guerra Aérea de Lashenden en Headcorn (Kent) en septiembre de 1987, aún dentro de sus tres contenedores y a la espera de su restauración a exhibición estática o a condición de vuelo. Dos años más tarde, una empresa con el nombre Dopatm Limited comenzó a anunciarlo en diversos medios periodísticos de aviación invitando al potencial comprador a «poseer un pedazo de historia con este biturbohélice biplaza recuperado de Goose Green después del conflicto de las Malvinas».
Su rastro de papel demuestra que el avión resultó lo suficientemente atractivo para un cliente, quien lo compró y lo transfirió a su nombre en septiembre de 1989. Sin embargo, el avión siguió siendo invisible. Algunos rumores indicaban que había sido abandonado o almacenado en diferentes lugares, tales como Jersey Island o Bicester, a 80 km. de Witney. Nuestras últimas esperanzas de llegar a él se desvanecieron cuando la BCAA canceló su matrícula civil en noviembre de 1995.
Pero ahora sabemos que el avión ha permanecido almacenado en dos contenedores de 40 pies durante poco más de 30 años y que regresó a América a mediados de la década de 1990. Su propietario desde 1989 es Rodney Butterfield, un ingeniero de diseño automotriz de Rhodesia, que consolidó su adquisición en los dos contenedores de 40 pies y los conservó en la firma de restauración de autos de carreras y deportivos que poseía en Witney (Oxfordshire). Pero, después de vender ese negocio para un proyecto inmobiliario en 1990, Butterfield se mudó a Carolina del Norte para comenzar otro negocio de restauración y venta de automóviles y llevó consigo al A-517/G-BLRP, sintiendo que «tal vez sería más fácil y más económico emprender la restauración en EE.UU.», como le dijo a nuestro webmaster en su primer contacto en el año 2008.
En sus intercambios con Fernando Puppio, Butterfield dijo que sus planes eran construir un hangar local para albergar el proyecto para «poder realizar un estudio completo de la condición y evaluar la posibilidad y los costos de la restauración». Lamentablemente, las demandas de su negocio de automóviles le impidieron «progresar tan rápido como esperaba» y el avión permanece guardado hasta nuestros días dentro de sus dos contenedores en las instalaciones del propietario en Forest City, en el centro de Carolina del Norte.
Encuentro con la historia
El avión está parcialmente desmantelado y todavía está cubierto de protector Cosmolene para contener la corrosión. Cuando los inspeccionamos en febrero de este año, los contenedores revelaron la presencia no solo del A-517, sino también de piezas que provienen de varios otros fuselajes, incluida la tapa izquierda del tren delantero y un panel del ala exterior de A-529 (vean el historial de ese avión aquí), el esqueleto de la cubierta de la cabina del A-509 (presumiblemente), al menos cuatro celdas de combustible internas, tres asientos eyectables (solo dos aparentemente completos), dos motores (pero solo una hélice) y un panel de parabrisas adicional.
Butterfield asegura que «el avión está completo con motores e instrumentos originales (y, de hecho, todas las partes duras, excepto las hélices), pero todos están en condiciones desconocidas y actualmente no se pueden usar sin restauración», pero es muy consciente de que restaurarlo a condición de vuelo (incluso bajo matrícula experimental) podría requerir una pequeña fortuna … ¡1,5 millones de dólares y tal vez más!
Desde nuestro punto de vista, llevarlo a condición de exhibición estática también es una posibilidad y podría costar mucho menos. Pero de todos modos requeriría al menos entre 5% y 10% de la cifra de arriba para volver a ensamblarlo, idealmente dentro de un edificio donde podría exponerse al público, y la corrosión se mantendría a raya para siempre.
Durante nuestra inspección a principios de febrero de 2020, tuvimos oportunidad de conversar largo y tendido con Rodney Butterfield. Sus ideas, ideales y frustraciones con esta historia de 40 años se revelarán en una entrevista que publicaremos en un futuro aún incierto…
Por: Carlos Ay – Gaceta Aeronáutica
Mitchell Enríquez, Carlos Brito y Javier «Javo» Ruberto colaboraron con datos, trabajo de campo y/o fotografías para la elaboración de este relato.
Bibliografía: Burden, R. et al: “Falklands The Air War” (British Aviation Research Group, Inglaterra, 1985); Moro, Rubén O.: “La Guerra Inaudita” (Editorial Pleamar, Argentina, 1985).
jueves, 6 de noviembre de 2025
USA nunca se recuperó de la guerra de Malvinas
Estados Unidos nunca se ha recuperado de la guerra de las Malvinas
El conflicto confirmó algunas de las peores suposiciones de América del Sur sobre su vecino del norte.
Un soldado argentino se dirige a ocupar la base de los Royal Marines en Puerto Stanley, Islas Malvinas, el 13 de abril de 1982, días después de que la dictadura militar argentina se apoderara de las Islas Malvinas, iniciando una guerra entre Argentina y el Reino Unido. DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images
Recordada como un triunfo en Gran Bretaña y con resentimiento en Argentina, la Guerra de las Malvinas está prácticamente olvidada en Estados Unidos. Sin embargo, 41 años después, el último gran conflicto interestatal del hemisferio occidental sigue siendo importante no solo para Londres y Buenos Aires, sino también para Washington. Para Estados Unidos, la Guerra de las Malvinas fue un momento decisivo en nuestra relación con Latinoamérica, aunque muchos estadounidenses no lo comprendieran plenamente en aquel momento. Cuarenta y un años después del fin de los combates, a Estados Unidos le conviene, como mínimo, considerar el impacto que nuestro papel en el conflicto tuvo, y sigue teniendo, en nuestra posición en Latinoamérica.
Nadie puede culpar a los habitantes de las Islas Malvinas por preferir el gobierno británico al argentino en 1982. La junta militar que gobernó Argentina a principios de la década de 1980 fue una violenta dictadura de extrema derecha, cuyos líderes y colaboradores aún hoy rinden cuentas en Argentina. Bajo el régimen militar, los disidentes de izquierda fueron intimidados, torturados y simplemente asesinados. El marcado contraste entre lo que era esencialmente un régimen fascista en América Latina y una socialdemocracia europea (aunque una cuya red de seguridad social estaba en proceso de ser desmantelada por el thatcherismo) fue evidente para muchos responsables políticos estadounidenses en la década de 1980. A medida que la administración Reagan colocó a Estados Unidos firmemente del lado británico durante la guerra, hubo un genuino apoyo bipartidista. Fue el entonces senador Joe Biden quien presentó una resolución del Senado apoyando la posición británica. Como explicó Biden : "Los argentinos deben ser desengañados de la noción... de que Estados Unidos es verdaderamente neutral en este asunto".
Lo que no les resultó tan claro a los responsables políticos estadounidenses fue hasta qué punto el apoyo estadounidense a Gran Bretaña durante la Guerra de las Malvinas se percibió como una traición, no solo en Argentina, sino en toda Latinoamérica. Si bien nunca involucró directamente a las tropas estadounidenses, Estados Unidos suministró a Gran Bretaña combustible, inteligencia y municiones cruciales para la campaña de las Malvinas, contribuyendo significativamente a su eventual victoria militar. Sin embargo, la decisión estadounidense de apoyar a Gran Bretaña, aliada de la OTAN, contra Argentina, miembro de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y signataria del Tratado de Río de 1947, representó una ruptura significativa con más de un siglo de política estadounidense que priorizó la unidad hemisférica frente a las potencias extrahemisféricas. Lamentablemente, la estrategia estadounidense ante el conflicto de las Malvinas confirmó algunas de las peores suposiciones que tienen los latinoamericanos sobre Estados Unidos y su papel en la región.
Miembros de la organización de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo sostienen retratos de sus hijos desaparecidos mientras protestan por las desapariciones ocurridas durante la dictadura militar argentina en Buenos Aires en 1982. DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images
Antes de la Guerra de las Malvinas, la dictadura militar argentina fue aliada de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Como lo demuestra la desclasificación de documentos estadounidenses, Estados Unidos fue profundamente cómplice de muchos de los crímenes de la junta argentina, incluyendo torturas y asesinatos selectivos de disidentes de izquierda. La junta argentina fue útil para Estados Unidos no solo para aplastar a la izquierda argentina, sino también para apoyar la lucha anticomunista en América Latina, por ejemplo, enviando asesores militares para apoyar a la insurgencia anticomunista de la Contra en Nicaragua. Bajo la junta, Argentina también mantuvo una estrecha relación con la Sudáfrica del apartheid, otro aliado indeseable de Washington durante la Guerra Fría. Esta alineación con las prioridades de Estados Unidos durante la Guerra Fría llevó a los líderes de la junta a creer que Estados Unidos probablemente se mantendría neutral en caso de un conflicto por las Malvinas.
De hecho, Estados Unidos adoptó un tono neutral al principio, pues no deseaba distanciarse por completo de su aliado anticomunista sudamericano. El gobierno de Reagan, en varios momentos, incluso propuso un cese del fuego en el Atlántico Sur, a menudo junto a Perú , que podría haber evitado la pérdida de vidas y conducido a negociaciones entre Gran Bretaña y Argentina. En conversaciones telefónicas con el presidente estadounidense Ronald Reagan, la primera ministra Margaret Thatcher rechazó bruscamente esas propuestas. Sin embargo, a pesar de la indignación de Thatcher ante los tibios esfuerzos diplomáticos de Reagan, la realidad del conflicto es que Estados Unidos brindó un apoyo material crucial a las fuerzas británicas en su enfrentamiento con los argentinos y pagó un alto precio a su reputación en el sur global por ello.
Izquierda: El presidente estadounidense Ronald Reagan se reúne con la primera ministra británica Margaret Thatcher en la residencia del embajador estadounidense en París para hablar sobre las últimas medidas en la crisis de las Malvinas el 4 de junio de 1982. Bettmann/Getty Images. Derecha: Comandos británicos marchan hacia Puerto Stanley, Islas Malvinas, con el infante de marina Peter Robinson portando la bandera de la Unión Jack, cerrando la marcha en 1982. Pete Holdgate/Crown Copyright/Imperial War Museums/Getty Images.
Como resultado de la alineación de Estados Unidos con Gran Bretaña durante el conflicto de las Malvinas, Argentina esencialmente cambió de bando en la Guerra Fría. Traicionada por sus aliados anticomunistas, Argentina recurrió al sur global en busca de apoyo diplomático. Cuba, en particular, se convirtió en una fuente crucial de apoyo para Argentina. Mientras la guerra se intensificaba, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina realizó la primera visita diplomática oficial a Cuba desde la revolución de 1959, pasando de relaciones inexistentes al "apoyo incondicional" de Castro casi de la noche a la mañana. (Fidel diría más tarde que había apoyado el reclamo argentino sobre las Malvinas desde 1948). El embajador cubano en Argentina incluso expresó su deseo de luchar personalmente en el conflicto. Incluso mientras los cubanos luchaban contra el gobierno sudafricano del apartheid al otro lado del Atlántico Sur, veían a Argentina, ante todo, como un estado latinoamericano compañero que luchaba contra el colonialismo. La solidaridad regional había triunfado sobre la ideología. Es una tremenda ironía: la reaccionaria junta militar anticomunista de Argentina encontró sus aliados más duraderos durante la Guerra de las Malvinas en la Cuba comunista y en el movimiento anticolonial del mundo en desarrollo.
Aunque el giro diplomático de Argentina no mejoró su situación en el campo de batalla, sí reveló que, fuera de Europa Occidental y la anglosfera que apoyó a Gran Bretaña, la Guerra de las Malvinas no se interpretó como una muestra del heroísmo británico al estilo churchilliano, una historia familiar de angloparlantes que se enfrentaron a la agresión fascista. En cambio, para gran parte de América Latina y el resto del sur global, la Guerra de las Malvinas se interpretó como una batalla más en la lucha por la descolonización global. Después de todo, ¿fue el uso de la fuerza por parte de Argentina realmente tan diferente de la toma forzosa de Goa por parte de la India en 1961, que también fue rotundamente condenada por los líderes occidentales, o de la toma del Canal de Suez por parte de Egipto en 1956, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower, sabiamente, priorizó la posición de Estados Unidos en el sur global sobre sus aliados europeos? El apoyo de Estados Unidos a Gran Bretaña durante el conflicto de las Malvinas hizo que Estados Unidos cayera en la misma trampa en la que había caído al apoyar a Francia en Vietnam: priorizar a los aliados europeos a expensas de su propia posición en el sur global.
El presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt y el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas conducen por las calles de Buenos Aires el 7 de diciembre de 1936. Keystone-France/Gamma-Rapho vía Getty Images.
Durante más de 150 años antes de la Guerra de las Malvinas, Estados Unidos se opuso a la intervención europea en los asuntos latinoamericanos. Si bien la Doctrina Monroe se considera ahora imperialista, su invocación original comprometió a Estados Unidos a defender la soberanía latinoamericana frente a las potencias europeas. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt también se esforzó por preservar la unidad hemisférica mediante su política de Buena Vecindad, poniendo fin a las largas ocupaciones en el Caribe y Centroamérica e incluso aceptando la nacionalización de las propiedades petroleras estadounidenses en México, ordenada por el presidente mexicano Lázaro Cárdenas.
La política de Buen Vecino de Roosevelt dio grandes frutos cuando, después de Pearl Harbor, casi todas las naciones latinoamericanas se unieron al esfuerzo bélico aliado, con Brasil y México contribuyendo directamente con tropas de combate en el extranjero. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial condujo directamente a la fundación del sistema interamericano, que culminó en la creación de la OEA y la firma del Tratado de Río de 1947 que establece que "un ataque armado de cualquier Estado contra un Estado americano será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos". El sistema interamericano de posguerra rindió frutos para Estados Unidos de manera más dramática cuando la OEA respaldó a Estados Unidos contra Cuba durante la crisis de los misiles cubanos, posiblemente la mayor amenaza a la seguridad nacional de la historia de Estados Unidos. Algunos estados latinoamericanos, incluida Argentina , incluso contribuyeron con barcos y aeronaves al bloqueo naval liderado por Estados Unidos alrededor de Cuba.
Este fue el sistema interamericano que el apoyo de la administración Reagan a los británicos durante la Guerra de las Malvinas trastocó. Estados Unidos ya había intervenido en Latinoamérica varias veces desde la Segunda Guerra Mundial. La República Dominicana fue invadida en 1965, las democracias fueron derrocadas en Chile en 1973 y Guatemala en 1954, y la inteligencia y las fuerzas especiales estadounidenses ayudaron a las tropas bolivianas a capturar y asesinar al revolucionario argentino Che Guevara en 1967. Pero si Argentina —que mantenía buenas relaciones con la Sudáfrica del apartheid, expulsaba a sus propios izquierdistas de los aviones y colaboraba activamente en los esfuerzos estadounidenses por entrenar y equipar a dictaduras militares de derecha en toda la región— podía ser traicionada por Estados Unidos en favor de una potencia europea, ¿quién estaría a salvo?
Este es el legado subestimado, pero perdurable, de la Guerra de las Malvinas. La década de 1980 vio cómo la legitimidad del sistema interamericano, surgida de la política de Buena Vecindad de Roosevelt, se hundía junto con la Armada Argentina.
Una mujer y un veterano de la Guerra de las Malvinas sostienen una bandera argentina con un dibujo de las Islas Malvinas en el 40.º aniversario del conflicto con Gran Bretaña, el 2 de abril de 2022, en Buenos Aires. Ricardo Ceppi/Getty Images
Hoy, todas las naciones latinoamericanas reconocen las Malvinas como territorio argentino, incluso Chile, que bajo la dictadura de Pinochet había respaldado a Gran Bretaña en medio de su propia disputa territorial con Argentina. Esta postura se reitera
en cada cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños,
incluyendo la más reciente en enero de 2023. Las muestras de
solidaridad latinoamericana con el reclamo argentino sobre las Malvinas
también son algo relativamente habitual, como cuando Perú negó
la visita de un buque de guerra británico en 2012. De forma más
dramática, cuando México se retiró del Tratado de Río en 2002, una de
sus justificaciones
fue señalar la Guerra de las Malvinas, señalando que a pesar del
mecanismo de defensa colectiva del tratado, nadie acudió en ayuda de
Argentina.
La
retirada de México del Tratado de Río fue solo el comienzo. En las
últimas décadas, la influencia estadounidense en Latinoamérica se ha
reducido. Si bien una buena relación con Estados Unidos sigue siendo una
prioridad para la mayoría de los países latinoamericanos, Estados
Unidos ya no es la única opción viable. Argentina, en particular, ha
sido vista acercándose a China
, el último rival extrahemisférico cuya influencia en Latinoamérica
preocupa a Washington. El presidente argentino, Alberto Fernández,
también viajó a Moscú a principios de febrero de 2022, donde se reunió
con el presidente ruso, Vladímir Putin, poco antes de la invasión rusa
de Ucrania. Putin volvió a llamar
recientemente a Fernández, oficialmente para felicitar a Argentina por
su victoria en la Copa Mundial, pero también para demostrar claramente
la falta de aislamiento diplomático de Rusia en el sur global.
La frustración de América Latina ante la falta de consideración de Washington por sus opiniones también ha estallado recientemente, como durante la Cumbre de las Américas de 2022, cuando muchos Estados latinoamericanos, como México, Argentina, Honduras y otros, presionaron públicamente al gobierno de Biden por no incluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua. (Fernández, quien finalmente asistió a la cumbre en Los Ángeles, aprovechó su discurso no solo para condenar la exclusión de varios Estados de la cumbre, sino también para mencionar el caso de las Malvinas). Líderes latinoamericanos como el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva también han criticado públicamente la postura de Estados Unidos respecto a Ucrania. Al igual que Ucrania y Cuba, el estatus de las Islas Malvinas es otro tema donde la política de Washington y la del resto del hemisferio están marcadamente desfasadas. Si bien una acción militar de Argentina contra las Malvinas es impensable hoy en día, el apoyo diplomático latinoamericano a su reclamo no muestra señales de disminuir.
El presidente argentino Alberto Fernández camina junto al presidente estadounidense Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris en la novena Cumbre de las Américas en Los Ángeles el 9 de junio de 2022. JIM WATSON/AFP vía Getty Images
Para Estados Unidos, esto representa una oportunidad. Al diseñar la política de Buena Vecindad, Roosevelt invirtió considerable energía e hizo concesiones significativas para crear un frente unido en todo el hemisferio occidental contra la agresión extrahemisférica. El objetivo estratégico era claro: impedir que cualquier potencia extrahemisférica hostil interviniera en América. Roosevelt demostró que esto tiene mayor éxito cuando Estados Unidos no aplica una política de intervención autoritaria en Latinoamérica, sino que busca buenas relaciones con los gobiernos latinoamericanos, incluso, y especialmente, cuando esto implica concesiones en otras posiciones y prioridades estadounidenses.
Aunque apenas se notó en Estados Unidos, la Guerra de las Malvinas marcó el fin de esa era de unidad hemisférica contra rivales extrahemisféricos. Esto es más que una trivialidad histórica. Hoy, esa es la unidad hemisférica que Estados Unidos debe reconstruir. Las Malvinas podrían ser un lugar donde Estados Unidos demuestre que valora las opiniones y prioridades de Latinoamérica, no solo las nuestras. Estados Unidos podría empezar por reconocer que en 1982 prefirió a sus aliados europeos en lugar de a sus vecinos estadounidenses. Y si bien la soberanía británica sobre las islas no merece ser cuestionada hoy, la postura latinoamericana al respecto merece ser respetada, no ignorada.
Los esfuerzos constructivos de Estados Unidos sobre el estatus de las Islas Malvinas hoy deberían enfocarse en asegurar que tanto los súbditos británicos como los ciudadanos argentinos puedan compartir y coexistir productivamente en las islas. Esto podría incluir apoyar esfuerzos de reconciliación y conmemoración que involucren a los argentinos, expandir la capacidad de los argentinos para vivir y trabajar en las Malvinas, alentar a Gran Bretaña y al gobierno de las Islas Malvinas a permitir vuelos directos desde Argentina a las Malvinas (un punto crítico persistente que también ha afectado la capacidad de las Malvinas para permanecer conectadas con el continente sudamericano), y desarrollar estructuras que permitan a Argentina compartir la riqueza de recursos de las Malvinas. Obtener la aquiescencia británica a tales políticas es algo que Estados Unidos probablemente pueda lograr, y que Rusia y China no pueden.
Las Islas Malvinas claramente no son un lugar de gran importancia para los intereses vitales de Estados Unidos. Sin embargo, para mejorar su posición en América Latina y en el resto del sur global a lo largo del siglo XXI, Estados Unidos tendrá que dar muchos menos sermones sobre sus propias prioridades y prestar mucha más atención a asuntos como las Malvinas. Cuarenta y un años después, la disputa de las Malvinas representa una oportunidad excepcional para resolver la brecha entre Estados Unidos y América Latina y contribuir a la reunificación del hemisferio occidental.
lunes, 23 de junio de 2025
La lista de armas provistas por USA a UK
Lista de armas provistas por USA a UK
Lista de armas y equipos entregados por Estados Unidos a Gran Bretaña por la guerra de Malvinas. Como detalle: los 200 torpedos Mk46 fueron pedidos pero no fueron entregados en su totalidad, los estadounidenses señalaron que el pedido excedía la necesidad militar.

domingo, 18 de mayo de 2025
Satélite: Las imágenes que proveyó USA a Reino Unido de la guerra
Documentos desclasificados: las imágenes tomadas por satélites espías que ayudaron a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas
El gobierno de los Estados Unidos liberó de secreto reservado a una serie de fotografías que el satélite KH-9, en su misión número 1217, tomó de la Argentina continental y de las Islas Malvinas durante la guerra del Atlántico Sur. Las mismas fueron compartidas con las fuerzas británicas y les permitieron diseñar estrategias. Sin embargo, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, de estos archivos fue escasa
Por Mariano Sciaroni || Infobae

El imaginario popular considera a los satélites “espías” como grandes telescopios mirando a la tierra, con posibilidad de transmitir imágenes absolutamente nítidas (cualquiera sea la meteorología existente) de cualquier parte del mundo y en forma instantánea. Esto no es tan así y, menos, lo era para el conflicto de 1982.
En abril de 1982, Estados Unidos poseía en órbita tres satélites de reconocimiento fotográfico, un KH-8 (Proyecto “Gambit-3″) y dos KH-11 (”Kennan” o “Crystal”). El KH-8 terminó su misión el 23 de mayo, siendo reemplazado por un KH-9 (“Hexagon”) lanzado un poco antes, el 11 de ese mes. Tanto el KH-8 como el KH-9 que lo suplantó poseían cámaras de alta resolución, pero el film era lanzado a tierra en paracaídas, luego de varios días de tomada la imagen, desde los 160 kilómetros de la órbita del satélite.
Respecto al KH-8, se trataba de la misión 4352, que había tenido problemas en eyectar la primera de sus dos únicas cápsulas con film hacia la tierra el 20 de marzo de 1982, quedando la misma flotando en el espacio. El 23 de mayo el satélite pudo lanzar su restante cápsula, que contenía imágenes tomadas a alta y baja altitud pero, por causas que jamás se pudieron establecer, las mismas se encontraban degradadas en un 50% respecto las expectativas originales.


El KH-11 puede considerarse como el primero de los satélites modernos, dado que no poseían film sino que las imágenes se almacenaban digitalmente. Poseían, en 1982, una calidad de imagen ligeramente inferior a sus antecesores (por no encontrarse todavía madura la tecnología digital), por lo cual el patrón de uso habitual era mantener dos KH-11 y un KH-8 ó 9 en órbita.
Al inicio de las hostilidades en las islas, los satélites no tenían órbitas compatibles con Malvinas y Argentina, ya que el esfuerzo satelital se centraba en la Unión Soviética y China. Para lograr cobertura sobre el Atlántico Sur, la órbita de uno de ellos, posiblemente la del KH-11 misión N°3, fue modificada tempranamente a expensas de la misma vida útil del satélite, según afirmaciones del mismo Secretario de Defensa de Estados Unidos, Caspar Weinberger. Y, luego, fue lanzado el KH-9.
Para el caso de Malvinas, se estimaba que, cuarenta y cinco minutos después de tomar imágenes en el Atlántico Sur, el KH-11 (que seguía un rumbo Sur-Norte) estaba en condiciones de transmitir directamente a la estación terrenal de Menwith Hill, operada por la National Security Agency (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos en Yorkshire, Gran Bretaña o, llegado el caso, podía coordinar directamente con una constelación de satélites de comunicaciones en órbitas más altas, para lograr un enlace casi instantáneo.
Todos estos satélites tomaron imágenes que fueron compartidas al Reino Unido. Algunas de ellas (las del KH-11), apenas eran realizadas, las otras, con más demora.


El satélite KH-9 y sus imágenes
El KH-9 (misión número 1217) fue lanzado el 11 de mayo de 1982 de la base Vandenberg de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en el estado de California, impulsado por un cohete Titan IIID. Era un satélite enorme, del tamaño y peso de un ómnibus que dedicó gran parte de sus primeros días en el espacio a tomar imágenes de Argentina continental y las Islas Malvinas.
El 15 de junio de 1982, un día después de que las fuerzas argentinas en las islas se rindieran, lanzó a tierra la primera de sus cápsulas con film en las cercanías de Hawaii, siendo la misma recuperada en el aire por un avión especialmente modificado. El rollo tenía una enorme cantidad de imágenes, tomadas en el último mes.
Resulta interesante hacer notar que los casi 65 kilómetros de film que portaba el KH-9 eran eyectados a la tierra por cuatro cápsulas diferentes. El satélite podía tomar una gran cantidad de imágenes, pero tenía solo cuatro oportunidades para entregarlas a tierra.
De allí, luego que las imágenes hubieran sido reveladas por la empresa Kodak, fueron llevadas al National Photograpic Interpretation Center (NPIC), un organismo centralizado de análisis fotográfico ubicado al sudeste de Washington, Estados Unidos, dependiente de la CIA, el servicio de inteligencia de aquel país. En ese lugar, los especialistas en análisis de imágenes interpretaban hasta el más oscuro detalle, ayudados por grandes lentes. Un trabajo para meticulosos.


Muchas de estas imágenes, así como el análisis efectuado por los técnicos estadounidenses, fueron desclasificadas por el gobierno de los Estados Unidos y ahora están accesibles al público (en gran parte, por la insistencia de Harry Stranger, y Dwayne Day, dos especialistas en satélites militares), lo que da un inmejorable panorama y de primera mano sobre lo que pasaba en las islas. Actualmente, están en custodia en los archivos nacionales de aquel país y pueden ser consultadas también a través del USGS (United States Geological Survey).
Estas imágenes poseen una excelente resolución por pixel (el punto más pequeño para el sensor) de 0,6 a 1,2 m pero gran parte de ellas tienen el mismo problema: en Malvinas es muy difícil encontrar un día sin nubes y ellas impiden ver lo que sucede en la superficie. El otro problema, también común a los demás satélites de reconocimiento fotográfico, es que estos solo pueden tomar imágenes en la medida que sobrevuelan su objetivo, o sea, cada cierto tiempo.
Ciertamente, las mejores imágenes de las islas resultan las de los días 31 de mayo y 13 de junio, algunas de las cuales se comparten en esta nota. Esta es la primera vez que se publican en Argentina y posiblemente en el mundo. Hay que tener en cuenta que las imágenes de los satélites KH-11 no fueron desclasificadas aún, en tanto dicho programa militar sigue vigente.

La utilidad de las imágenes
Las imágenes fueron útiles, pero no determinantes. El almirante norteamericano Harry Train (uno de los más importantes estudiosos de la guerra de 1982 en los Estados Unidos) señaló que “no proveen información táctica. Son sistemas estratégicos, pero no tácticos” en tanto la demora en que la información es transmitida a tierra, resulta procesada, analizada y girada a algún comando operativo.
Dicho de otra forma, pueden tomar imágenes de una base, un aeródromo, posiciones militares o infraestructura, pero no sirven para conducir acciones navales (y Malvinas era un teatro aeronaval), amén del problema que representa que el satélite pueda ubicar a una formación naval en movimiento, en tanto implicaría saber no solo donde está, sino donde estará cuando pase el satélite por la zona. Entonces, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, fue escasa.

Principalmente, sirvió para determinar qué buques argentinos estaban en puerto y cuáles navegando, así como la cantidad y tipo de aeronaves en los aeropuertos. También identificó defensas en tierra. Sirvió para las instalaciones fijas. Tuvo un uso estratégico.
Es decir, puede entenderse que este tipo de satélites no hizo una diferencia apreciable durante los combates por Malvinas, aun cuando proporcionó información puntual de enorme relevancia, que sirvió que para los decisores en el más alto nivel tomaran importantes decisiones. Los satélites de guerra electrónica sí jugaron un papel más que importante en la guerra de 1982 para Gran Bretaña. Pero esa es otra historia.





