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domingo, 4 de octubre de 2026

Malvinas: Nuestros colonizadores y la vida de María Sáez y Matilde Vernet


María Sáez de Vernet

Matilde Vernet: la primera argentina nacida en Malvinas, que fue testigo del asesinato de Lincoln y murió en San Isidro

Hija de Luis Vernet, primer “gobernador” de las islas, se casó con un marino norteamericano y tuvo una vida extraordinaria


Jorge Martínez Carricart || LA NACION



Imagen tomada en 1920, en la quinta Las Acacias, en las barrancas de San Isidro. Matilde "Malvina" Vernet de Cilley junto a sus nietos, Felipe Hughes Cilley y Elena Giménez Cilley


María Sáez de Vernet llegó a Puerto Soledad embarazada. Atravesaba el segundo mes de gestación. Desembarcó el 15 de julio de 1829, después de 26 días de navegación, con tres hijos. La más chica, Sofía, todavía no caminaba. Le asignaron una vivienda relativamente cómoda y destacada en la pequeña colonia. Su habitación tenía dos grandes ventanas orientadas hacia Bahía de la Anunciación, la puerta de entrada a las Islas Malvinas.



Maqueta de la colonia argentina Puerto Soledad en 1831 que está en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur Picasa

Tenía 28 años y era, de cierto modo, la “primera dama” de aquellas islas remotas. Se embarcó en semejante aventura siguiendo a su marido, el empresario Luis Vernet, que había descubierto que las Malvinas eran fuente de inmensas riquezas. Y parecía dispuesto a jugarse la vida en semejante empresa. Primero consiguió que Manuel Dorrego, gobernador de Buenos Aires, le otorgase a través de un decreto “los terrenos que en la Isla Soledad resultaren vacíos (…) y la Isla de los Estados a cambio de que funde allí una colonia en el plazo de tres años”. Y, dos semanas antes de zarpar, el gobernador interino Martín Rodríguez lo nombró “Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos”.


El retrato más conocido de María Sáez de Vernet, autora de Diario de Malvinas en 1829

Durante los primeros seis meses en Puerto Soledad, Mariquita -así la llamaban- llevó un registro detallado de todo lo que sucedía a su alrededor. Se trata de un diario íntimo escrito con ternura, que refleja la curiosidad y el amor con el que su autora descubrió esa tierra lejana e indómita. Todo la fascinaba: la nieve, las aves, el agua cristalina, las tardes de playa...

Escribió todos los días, desde el 15 de julio hasta el 22 de diciembre de 1829, cuando se despidió con un breve texto: “Por tener que aprontar cartas y encomiendas para Montevideo y Bs. Ayres cesa el diario que he llevado desde que desembarqué en esta isla hasta la fecha”, escribió.

Se convirtió, sin proponérselo, en la cronista de la soberanía argentina en Malvinas. Sus anotaciones describen la composición demográfica y la organización cívica del pueblo, dan cuenta de sus recursos y economía. Detalla qué actividades practicaban los isleños en su tiempo ocioso e incluso susurran algunos chismes de una comunidad naciente.

Diario de 1829 en Malvinas o simplemente Diario en Malvinas (1829), los dos nombres con los que se conoce a las memorias de María Sáenz de Vernet, fue exprimido “hasta la última coma” por los historiadores. Se trata de una pieza literaria imprescindible para comprender cómo era la vida en las islas en aquellos años previos a la invasión y ocupación británica.

El manuscrito original está en el Archivo General de la Nación. Le faltan las primeras páginas. La que quedó como portada, en el margen superior derecho tiene, agregada con lápiz, una anotación que dice “llegó 15 de julio de 1829”. Enseguida comienza el texto. Y empieza por el principio, por su desembarco, el primer contacto con la nieve y cómo la trasladaron hasta su primera casa en Puerto Soledad.


El retrato de Luis Vernet en una estampilla argentina

Vivir en Malvinas, en 1829

María tocaba el piano, que trajo consigo desde Buenos Aires, y cantaba. Organizaba tertulias y fiestas para los colonos. Armó una importante biblioteca, con libros en español, alemán e inglés. Los días de mal tiempo pasaba largas horas leyendo junto a la chimenea.

Viajeros y personalidades que recalaron en la naciente colonia, como el capitán Robert Fitz Roy , se refirieron al “refinamiento y nivel cultural de los Vernet”. Otro viajero, Robert Greenhow, sostuvo que María “ejecutaba música de Rossini con mucho gusto”.


Óleo de Luisa Vernet. Puerto Soledad en 1829

En su diario, Mariquita describe a Puerto Soledad como un pequeño poblado compuesto por algunas casas dispersas a orillas de una bahía. Calcula su población en 80 habitantes, entre los que destaca 25 gauchos, cinco indios y un buen número de negros libertos. Además, dice que hay criollos, escoceses, ingleses y alemanes. Habla de una comunidad pacífica, donde todos se ayudan, con una vida social activa: menciona bailes y carreras de caballos. Dice que “los negros bailan todos los domingos”. Y cuenta que los alemanes armaban palenques para atar sus vacas con costillas de ballenas.

De su relato se despende cómo era la economía en las islas. Menciona distintas estancias, sin nombres propios, de donde llegan las vacas. También cuenta que los peones salen a buscar ganado cimarrón o a cazar lobos. Menciona un pescadero, con una gran pileta para salar pescado. Y con gran asombro dice que hay jornadas en las que se capturan 400 peces de una sola vez.

Describe una importante actividad marítima. Enumera entradas y salidas de goletas y bergantines llenos de provisiones y dice que intercambian mercadería (harina, café, té, ropa, pólvora, barriles y herramientas) por cueros y carnes. Refleja, también, la emoción de recibir correo desde Buenos Aires.

La leña, fundamental para supervivencia en Malvinas, fuente principal de calor, viene directamente de Isla de los Estados (en 1823, en la primera expedición que envía al mar del sur, Vernet instaló un aserradero en la bahía Flinders).



Port Louis, en las Islas Malvinas

Policía, juez de paz y celestino

Entre anotaciones, describe algunas funciones que debe asumir su marido dentro de la comunidad. El 23 de agosto escribe: “Buen tiempo. Las familias alemanas dieron un baile a los criollos, uno de estos pasajeros de Bs. Ays. en la Betsy, tomó un arma cargada y por ser ebrio, amenazaba con ella matar a todo el que se le presentaba. Luego que Vernet lo supo mandó prenderlo, y amarrado lo condujeron a una pieza que le sirve de cárcel. Este acontecimiento hizo que terminara trágicamente la tertulia”. El primer reo bajo la comandancia de Vernet fue liberado una semana después, el 1° de septiembre.


Manuscrito. Parte del diario de María Sáez de Vernet, donde cuenta el incidente del domingo 30 de agosto en el baile que dieron los alemanes.

Transcripción

Domingo 23 de Agosto

Buen tiempo. Las familias alemanas dieron un baile a los criollos, uno de estos, pasajero de Buenos Aires en la Betsie, tomó un arma cargada y por ser ebrio, amenazaba con ella matar a todo el que se le presentaba; luego que Vernet lo supo mandó prenderlo, y amarrado le condujeron a una pieza que le sirve de cárcel. Este acontecimiento hizo que terminara trágicamente la tertulia.


El 25 de octubre, Vernet ofició de juez de paz: “A las once de la mañana se celebró el casamiento de Antonio y Marta, se juraron eterna fidelidad ante cuatro testigos y de los padrinos, que fueron la ama y uno de los peones, firmaron la contrata y se convinieron en formalizarlos por la Iglesia o que fueras a Buenos Aires, los padrinos les dieron convite y baile a la noche”, escribió su mujer.

También cuenta cuando llega a su casa un peón suplicando a Vernet que tratase con el padre de Elisa “la muchacha blanca que cuidaba a los niños” para que aceptase que ella se convirtiese en su esposa. Y se sorprende al día siguiente cuando un piloto alemán “que antes dirigía el pescadero” se presenta ante su marido y le dice que también quiere casarse con Elisa. El 28 de octubre, reflexiona: “Día lluvioso. Le han salido dos novios a la ama, pero ella los difiere hasta su vuelta a Buenos Aires”.

¡Viva la patria!

En el medio, el domingo 30 de Agosto, describe una escena fundamental en el reclamo de la Argentina por la soberanía sobre Malvinas. Dice: “Muy buen día de Santa Rosa de Lima, y por lo que determinó Vernet tomar hoy posesión de la isla en nombre del gobierno de Buenos Aires, a las doce se reunieron los habitantes se enarboló la Bandera Nacional a cuyo tiempo se tiraron veintiún cañonazos, repitiéndose sin cesar el ¡Viva la Patria! Puse a cada uno en el sombrero con cinta de dos colores que distinguen nuestra Bandera, se dio a reconocer el Comandante".


El documento original de la proclama de Luis Vernet en el momento de tomar posesión de su cargo en Puerto de la Soledad, 30 de agosto de 1829.

Transcripción

Proclama

El Comandante político y militar nombrado por el Superior Gobierno de Buenos Ayres, en conformidad con el decreto de 10 de Junio que acabo de haceros público, ha elegido este día, aniversario de Santa Rosa de Lima, patrona de la América, y para ejercer de nuevo un acto formal de dominio que tiene la República de Buenos Ayres sobre estas Islas Malvinas, las de Tierra del Fuego y sus adyacentes y demás territorios desde donde acaba el de la comandancia de Patagones, hasta el Cabo de Hornos; y al efecto ha enarbolado en este día el pabellón de la República, saludándolo en la mejor forma que permite el naciente estado de esta población.

El Comandante espera que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía, a fin de que con el incremento de población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger, nazca en su territorio austral una población que haga honor a la República cuyo dominio reconocemos.

¡Viva la Patria!

30 de Agosto 1829.  

 

El nacimiento de Matilde

Curiosamente, María no hace mención a su embarazo en su diario. Sin embargo, desde la prímera línea refiere a un malestar físico que atribuye a la navegación. Cuando desembarca en Puerto Soledad, estaba tan débil que tuvieron que trasladarla en una silla porque sus fuerzas no le permitían caminar hasta las casas. Durante varios días menciona su “flaqueza” y la recuperación gradual: “Cada día adquiero más fuerzas cuya falta es mi única enfermedad”, dice. Pero le echa la culpa al viaje y al mareo, no al embarazo.

Tampoco hay referencia sobre el alumbramiento, ya que deja de escribir su diario 45 días antes. Una novela histórica, María de las Islas, de Estela Sáenz de Méndez, inspirada en las anotaciones de Mariquita e investigaciones posteriores, recrea la escena del parto. Dice que la esposa de Vernet eligió parir en el cuarto más grande, en el fondo de la casa. Que su ama de llaves, Victoria, la hace recostar en la cama y le saca los zapatos. Y que la asiste en el alumbramiento una tal Rosaura, a quien describe como “negra y lustrosa, que dice ser comadrona”.

Luego, en un párrafo, describe la emoción de la madre al recibir a su hija. En distintos artículos periodísticos, en una confusión evitable, el texto muchas veces se le adjudica a la propia Mariquita.

“¡Mi mujercita malvinense! La tengo en mis brazos -dice-. Su boquita ávida como un botón de rosa ya quiere succionar. Me embarga de dulzura. Es un milagro. Beso sus deditos. Perfecta. Mi mujercita isleña. Mi niña valiente que ha nacido en una isla, ahora más nuestra que nunca, como si hubiéramos enarbolado entre las dos una bandera”.

La cuarta hija de Luis Vernet y María Sáez nació el 5 de febrero de 1830. Se trata de la primera argentina nacida en las Islas Malvinas. Distintos historiadores coinciden en que esa tarde hubo fiesta en Puerto Soledad.

A propósito de su nombre, existe una imprecisión que ha perdurado a lo largo del tiempo. En distintos textos se repite como verdad que recibió el nombre “Matilde Isabel Vernet” pero que sus familares la llamaron desde el primer día “Malvina”, como si se tratase de un mero apodo. Sin embargo, en su partida de bautismo, emitida el 13 de noviembre de 1833 por la parroquia San Miguel Arcángel de Buenos Aires, aparece con el nombre “Balvina Isabel Matilde”.

Su tataranieta Ana Aramendi Jurado deduce que su inscripción como “Balbina” responde a un claro error de inscripción de la época o a la inexsistencia formal del antropónimo “Malvina” en el santoral del registro religioso de entonces. Lo concreto es que en todos los documentos oficiales posteriores (en su dispensa matrimonial, en el registro de pensiones de la marina norteamericana y en los censos de 1869 y 1895) figura como Malvina Vernet.


La partida oficial de bautismo de Malvina Vernet, la primera mujer argentina nacida en las Islas Malvinas. Un detalle: en la partida, por error, se la registra como "Balbina"

Transcripción

Dn. Manuel Velarde,
Canónigo Honorario y Cura Rector de la parroquia de
San Miguel Arcángel, en Buenos Aires.

Certifico: Que en el Libro 1.º de Bautismos, al folio 136 vuelto existe la siguiente partida:

En trece de noviembre de mil ochocientos treinta y tres, yo el presente encargado de la Administración de la Parroquia de San Miguel, bauticé solemnemente a Balbina Ysabel Matilde, que nació el cinco de febrero de mil ochocientos treinta, hija legítima de Don Luis Vernet, natural de Alemania, y D.ª María Sáez, natural de la Ciudad de Montevideo. Fueron padrinos Dn. Antonio Leslie y D.ª Francisca Pérez y Sáenz, por Dn. [ilegible], a quienes advertí sus obligaciones.

Doy fe: Buenaventura [Leguizamón — apellido de lectura dudosa], conforme con su original.

De pedimento del Señor Juez de Primera Instancia en lo Civil, Doctor Dn. Carlos [apellido poco legible], expido el presente en Buenos Aires a diez y siete de julio, año de mil ochocientos setenta y cinco.

Manuel Velarde

Buenos Ayres, julio 20/75.

A los autos.

firmado: apellido ilegible


El 7 de noviembre de 1831, luego de capturar tres buques norteamericanos que cazaban lobos en Malvinas de forma ilegal, la familia Vernet abandonó definitivamente las islas. Regresó a Buenos Aires a bordo de una de las goletas secuestradas, la Harriet.


Un retrato de Matilde "Malvina" Vernet Cilley publicado en María de las Islas, la novela histórica de Estela Sáenz de Méndez, en Editorial Sudamericana

El gobierno de los Estados Unidos consideró que la utilización de la goleta Harriet para servir de transporte a la familia Vernet fue un acto imprudente y provocativo. Y el presidente Andrew Jackson lo condenó, directamente, como “un acto de piratería”.

Como represalia, el 31 de diciembre de 1931, la fragata USS Lexington se presentó ante Puerto Soledad con un engaño, bajo bandera francesa. Su tripulación desembarcó, arrestó algunos hombres, destruyó todo lo que había construido Vernet y desalojó a la mayoría de los colonos.


Litografía de Puerto Soledad en 1833, por Conrad Marterns

La familia Cilley Vernet

Acusado de piratería, Luis Vernet ya no regresaría a Puerto Soledad. Se dirigió con su familia a Brasil, pasó una temporada en Rí­o de Janeiro. Hay registros que aseguran que Malvina bailó en una fiesta de disfraces con Tomás Guido, amigo y confidente de San Martí­n.

Después se establecieron en Uruguay, donde Malvina conoció al capitán de la marina estadounidense Greenleaf Cilley, miembro de una familia prominente de Norteamérica. Su abuelo peleó en la guerra de la independencia mientras que su padre, Jonathan Cilley, fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por el estado de Maine y falleció por una herida que sufrió en un duelo con otro congresista. A raíz de su muerte, el Congreso de los Estados Unidos prohibió los duelos.

Matilde y Greenleaf se casaron en Montevideo el 13 de mayo de 1861. Luego, cuando él fue convocado a pelear en la guerra de la Secesión, se radicaron en los Estados Unidos. Un dato curioso: Malvina Vernet fue la única argentina presente en la función en el teatro Ford, en Washington, cuando asesinaron a Abraham Lincoln, el 14 de abril de 1865.


El registro de pensiones de la Marina de los Estados Unidos que muestra a Malvina como viuda de Greenleaf Cilley, veterano de la guerra con México

Tuvieron, en total, seis hijos: tres varones y tres mujeres. La mayor, María Príncipe Cilley, vivió poco más de un año. Sus otras dos hijas, Déborah Malvinas Cilley Vernet y Malvina Justa Cilley Vernet, fueron las primeras en llevar oficialmente los nombres Malvina y Malvinas.


El retrato más conocido de Matilde "Malvina" Vernet Sáez

Cuando regresaron a Buenos Aires, fundaron su hogar en la calle Florida, entre Viamonte y Córdoba. Luego se mudaron a una casona en 25 de Mayo entre Corrientes y Cuyo (hoy Sarmiento), que tení­a salida directa al Paseo de Julio (hoy avenida Alem). Por último, la familia Cilley Vernet se insatló en San Isidro, en una quinta que compró Luis Vernet y llamó “Las Acacias”. El terreno estaba delimitado por Libertador y el Rí­o, que llegaba hasta adonde está hoy el Tren de la Costa, y por las calles Martí­n y Omar y Belgrano.


La quinta La Porteña, en el Casco Histórico de San Isidro, tiene un placa que dice "En este solar vivió y murió Luis Vernet, primer gobernador de las Islas Malvinas"


El solar donde estaba la quinta Las Acacias, la propiedad de Luis Vernet, fue comprado por la familia Perkins Anchorena. Allí, en 1965, el arquitecto Jorge Bustillo construyó el casco de La Porteña, respetando un sector de la casa original de mediados del siglo XIX.

“Malvina” murió el 29 de septiembre de 1924. Su obituario, rescatado por el bibliotecario Sebastián Freigeiro en el Diccionario necrológico sanisidrense, decía: 

“A la avanzada edad de 94 años falleció en la madrugada del día 29 de septiembre, en su residencia de este pueblo, la querida anciana que durante su larga existencia, rodeó su persona de la simpatía entrañable de cuantos con la suya alternaron su vida, conquistada con sus bellísimas cualidades de alma y relevantes dotes de carácter, atrayendo con las cariñosas irradiaciones de la bondad inagotable de su corazón. Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado en nuestra sociedad, no solo por hallarse extensamente ligada a ella con vínculos de parentesco, sino también porque se le miraba como una de nuestras más veneradas figuras. Llegue a sus deudos nuestra condolencia por tan triste pérdida y nuestra plegaria por su eterno descanso”.

Fue sepultada en el Cementerio de la Recoleta junto a su padre, Luis Vernet.


La tumba de Luis Vernet en el cementerio de la Recoleta

Un bisnieto de Malvina

Ricardo “Dicky” Hughes es bisnieto de Malvina Vernet. Tiene una memoria asombrosa que le permite trepar hasta la rama más alta de su árbol genealógico. Cuenta que Malvina Justa Cilley Vernet se casó con Felipe Hughes, su abuelo paterno, quien fuera propietaro de extensos campos en el sur de Santa Fe y cedió tierras para la construcción de una estación de tren y la fundación del pueblo que lleva su nombre, Hughes (en el kilómetro 303 de la ruta 8, donde el Turismo Carretera corría la famosa “Vuelta de Hughes”).

Malvina Justa y Felipe tuvieron un solo hijo: Felipe Juan Hughes Cilley, su padre. “Dicky” tiene una foto de 1920 donde se ve a su bisabuela, “Malvina”, junto a su padre, Felipe Juan Hughes, en la quinta que compró Vernet en San Isidro.En la imagen está también Elena Giménez Cilley, otra nieta de “Malvina”.


Imagen tomada en 1920, en la quinta Las Acacias, en las barrancas de San Isidro. Matilde "Malvina" Vernet de Cilley junto a sus nietos, Felipe Hughes Cilley y Elena Giménez Cilley

El verano último viajó por primera vez a las Islas Malvinas. Fue en busca de sus raíces. Visitó Puerto Argentino, hizo el circuito turístico, pero también manejó hasta Port Louis, como llaman los ingleses a Puerto de la Soledad. Allí, encontró los restos de la casa de Luis Vernet.

“Están los muros de piedra, que tienen entre metro y medio y dos metros de altura. Hoy forman parte de un corral... La casa de Vernet quedó dentro de un campo de 25 mil hectáreas que tiene ovejas y vacas. Me presenté ante el dueño, le conté quién era, le dije que era descendiente de Luis Vernet. También le aclaré que nunca estuve de acuerdo con la guerra, de la forma en que se hizo, pero que no tenía dudas de que las islas son argentinas. El tipo me atendió de buena gana, me subió a su Land Rover y me dedicó media mañana. Estuvimos recorriendo todo el campo”.


La entrada de la estancia que ocupa las tierras donde estaba la casa de Luis Vernet. Tiene 43500 acres (17,603.83 hectáreas) y se dedica a la cría de ovejas, vacas y caballos


"Dicky" Hughes junto a los restos de la casa donde nació su bisabuela, Matilde "Malvina" Vernet



Los muros de la casa donde vivió Luis Vernet hace 200 años todavía se mantienen en pie: hoy forman parte de un corral para animales en Port Louis, como los ingleses han llamado a Puerto Soledad o Puerto de la Soledad.

En 2022, en otro viaje, también en la búsqueda de sus raíces, Dicky Hughes voló a New Hampshire para conocer la tierra de su bisabuelo Greenleaf Cilley, el marido de Matilde “Malvina” Vernet. Se fotografió junto a la estatua de Joseph Cilley, abuelo de Greenleaf, uno de los hérores de la revolución norteamericana.


"Dicky" Hughes en Nothingham Square, en New Hampshire, junto al monumento en memoria del general Joseph Cilley, abuelo del marido de Matilde "Malvina" Vernet, uno de los héroes de la revolución norteamericana. Lo acompañan sus hijas, Sofía y Verónica Hughes.

El apellido Cilley, descendientes de Malvina, está intimamente ligado a la historia del SIC. Ernesto el Tata Cilley y su hermano Luis Cilley Hernández fueron parte del grupo fundador. Débora Cilley de Durrieu -precursora del hockey sobre césped femenino en nuestro país- integró el plantel superior que ganó los campeonatos argentinos de 1948, 1950, 1951 y 1953. Y José Cilley, apertura, aganador de 10 títulos, que también se lució en Los Pumas.
Port Louis, en las Islas Malvinas
Port Louis, en las Islas Malvinas

lunes, 25 de septiembre de 2023

Malvinas colonial: Su participación en la guerra contra Portugal

La batalla de Santa Catarina, 1777

Weapons and Warfare
  





Barco de línea portugués de dos pisos a finales del siglo XVIII.





Las tensiones luso-españolas de larga data sobre el área del Uruguay moderno (en particular, la base portuguesa en Sacramento) llevaron a una importante expedición naval española que atacó la isla de Santa Catarina. El mapa muestra esta expedición, con los barcos, que incluían transportes de tropas, marcados en rojo. Los buques de guerra portugueses fueron apartados y las posiciones portuguesas fueron tomadas rápidamente. El acuerdo posterior dejó a Sacramento como español pero no a Santa Catarina. Los españoles también habían tomado Puerto Egmont, la base británica en las Islas Malvinas, en 1770, pero la presión naval británica llevó a los españoles a restaurar Puerto Egmont.

6-7 DE FEBRERO DE 1777.

Una expedición española de 116 barcos y 19.000 hombres sale de Brasil, encabezada por la flota del Vicealmirante Francisco Javier Everardo Tilly y Paredes, Marqués de Casa Tilly y Caballero de la Orden de Santiago, compuesta por el Poderoso de 74 cañones de la el capitán de bandera Juan de Langara, San Dámaso de Francisco de Borja, Santiago la América de Antonio Asorio y Herreras, San José de José Bauzes y Monarca de Antonio Osorio y Funco; el Septentrion de 64 cañones; las fragatas Santa Ana, Santa Clara, Santa Florentina, Santa Teresa, Santa Margarita, Santa Rosa y Liebre; el Chambequín Andaluz; los bombarderos Santa Casilda y Santa Eulalia; más tres consortes menores. Interceptan un trío de buques mercantes portugueses que se dirigían desde Río de Janeiro hacia Europa, aunque el propósito real de la formación española es tomar represalias a una escala mucho mayor por los recientes enfrentamientos en América del Sur. Unos 8.600 soldados de infantería, 640 dragones y 150 artilleros de 10 regimientos diferentes se encuentran a bordo de 96 transportes al mando del veterano teniente general Pedro de Cevallos, Caballero de las Órdenes de Santiago y San Genaro y ahora también designado virrey para Buenos Aires.

Originalmente dirigido a asaltar el puesto avanzado portugués de Colonia do Sacramento (Uruguay), de Cevallos decide asaltar la isla brasileña de Santa Catarina de pasada, a pesar de las objeciones de su homólogo naval, el almirante de Tilly. Mientras navega hacia el suroeste hacia este destino, la enorme flota española hace a un lado a los cuatro barcos de línea, cuatro fragatas y cuatro auxiliares portugueses de MacDouall, que encuentra anclados en Garupas el 17 de febrero.

20 DE FEBRERO DE 1777.

Santa Catarina. De Cevallos y el almirante de Tilly se materializan fuera de esta base brasileña y se lanzan a la bahía de Canavieiras en el extremo norte de la isla para buscar un lugar de aterrizaje. Las entradas a ambos lados de la isla Ratones están cubiertas por los fuertes Sao José y Santa Cruz, por lo que los atacantes desembarcan en la cercana playa de Sao Francisco la noche del 22 al 23 de febrero, sin oposición.

El objetivo de de Cevallos es tomar el Fuerte Sao José por la retaguardia, mientras simultáneamente lo bombardea desde el mar con su barco de 60 cañones de la línea Septentrion, el Liebre, y dos barcos bomba; pero los 2.900 defensores portugueses no preparados al mando del general Antonio Carlos Furtado de Mendoça abandonan todas sus ciudadelas sin luchar, la mayoría se retira a tierra firme en barco y luego deserta en masa al marchar para reforzar Río Grande. Por lo tanto, ambos fuertes de Santa Catarina caen en manos españolas el 25 de febrero, junto con 195 piezas de artillería, después de lo cual 3.816 soldados y residentes portugueses sobrevivientes se entregan gradualmente antes del 5 de marzo en lugar de enfrentar el hambre en la selva.

28 DE MARZO DE 1777.

Después de instalar una guarnición en la isla de Santa Catarina bajo el mando del coronel de origen irlandés William Vaughan del Regimiento Hibernia, de Ceval los navega hacia el sur con la mayor parte de sus fuerzas, con la intención de desembarcar en Lagoa dos Patos, nuevamente, a pesar de las protestas del almirante de Tilly, y atacar la concentración portuguesa en Río Grande junto con un movimiento hacia el noreste fuera de Uruguay por parte de un ejército español al mando de Vértiz. En cambio, su expedición se encuentra con un clima tan adverso que de Cevallos se ve obligado a tambalearse hacia Maldonado el 18 de abril, sin ver acción. Luego separa sus barcos más pesados ​​​​de la línea el 10 de mayo para navegar en busca del escuadrón portugués de Mac Douall, mientras conserva su barco más ligero para conducir su ejército hacia Sacramento. 9 DE ABRIL DE 1777. Antonio Barreto, recién designado gobernador del “Alto Orinoco”, ” parte de Santo Tomé de Guayana (Venezuela) con 50 soldados a bordo de nueve pequeñas embarcaciones para navegar río arriba. Reúne a 50 soldados adicionales tierra adentro y luego investiga las defensas portuguesas a lo largo del río Negro.

21 DE ABRIL DE 1777.

El buque de línea español de 74 cañones San Agustín del capitán José N. Zapiain y el auxiliar más pequeño Santa Ana (habiendo llegado demasiado tarde de Europa para adelantar a la expedición de Cevallos y de Tilly, además de separarse de sus 74 cañones consorte Serio y la fragata Magdalena) son capturadas cerca de la desembocadura del Río de la Plata por la escuadra portuguesa de Mac Douall.

22 DE MAYO DE 1777.

Sacramento. El mariscal de campo Victorio de Navia Osorio desembarca la vanguardia de las 4.500 tropas de de Cevallos en El Molino (a tres millas de este puesto avanzado portugués) y al día siguiente se le une el comandante en jefe, a pesar de las fuertes lluvias. Esta expedición se refuerza aún más desde Buenos Aires, luego comienza a excavar sus primeras obras de asedio el 30 de mayo, compuestas por una batería de morteros, otra batería de ocho libras para disparar perdigones calientes, más un par de piezas pesadas y otras más livianas para proteger la flancos Los sorprendidos 700 soldados portugueses y 300 marineros bajo el mando del coronel Francisco José de Rocha, que ya estaban medio muertos de hambre debido a un prolongado bloqueo español, demandan rápidamente los términos y se rinden en la tarde del 4 de junio. El botín de los españoles incluye 700 prisioneros, 141 piezas de artillería y 2.300 mosquetes.

De Cevallos pasa los siguientes dos meses demoliendo con explosivos las fortificaciones de Sacramento y las baterías gemelas en la isla adyacente de San Gabriel, antes de finalmente hundir los barcos para cerrar la entrada del puerto. Luego vuelve a embarcar a sus tropas para navegar hacia el este hacia Maldonado el 4 de agosto. Tiene la intención de lanzar otra ofensiva contra Río Grande, pero esto se cancela cuando le llega la noticia el 27 de agosto del restablecimiento de las relaciones entre Madrid y Lisboa en Europa.

9 DE JULIO DE 1777.

De Tilly zarpa de la isla de Santa Catarina con siete barcos de línea y cinco fragatas, rumbo a Río Grande. Sin embargo, el mal tiempo obstaculiza su progreso, obligándolo a pararse en el Río de la Plata el 26 de julio. Mientras se acerca al puerto después del anochecer, su fragata Santa Clara naufraga en el Banco Inglés y se hunde con 120 manos. La muerte de José I de Portugal el 23 de febrero de 1777 ha producido un vuelco en la política de Lisboa, ya que le sucede su reina de origen español, María Victoria, que pone fin a estas disputas mediante un tratado preliminar firmado en San Ildefonso el 1 de octubre. Los portugueses renuncian a todos los reclamos sobre Sacramento y Uruguay, y además acuerdan devolver el barco San Agustín a España. Este último devuelve la isla de Santa Catarina y acepta reconocer a Río Grande como parte del territorio brasileño.

sábado, 12 de febrero de 2022

Gibraltar (y Malvinas) y el colonialismo estratégico británico

Por qué Gran Bretaña está tan apegada a Gibraltar

Una vez más, los buques de guerra británicos pusieron rumbo a Gibraltar. Hace 300 años la roca llegó al Reino Unido, que la defendió en muchas guerras. No se trataba solo de poder.
Berthold Seewald || Die Welt




En 1704, durante la Guerra de Sucesión española, una flota inglesa atacó la fortaleza de Gibraltar. España se alió con Francia.
Fuente: picture-alliance / Mary Evans Pi


La conquista tuvo éxito bajo el mando del príncipe general imperial Georg von Hessen-Darmstadt (1669-1705). En el Tratado de Utrecht de 1713, Gibraltar llegó al Reino Unido.
Fuente: Archivos de la ciudad de Darmstadt


España intentó reconquistar varias veces. En 1727, 20.000 soldados sitiaron la roca durante cuatro meses en vano.


En las batallas franco-británicas entre 1779 y 1783, las tropas españolas y francesas intentaron varias veces conquistar Gibraltar.
Fuente: Johann Martin Will 1727-1806


La batalla naval de Trafalgar el 21 de agosto de 1805 se libró no lejos de Gibraltar. La victoria de Nelson sobre la flota combinada franco-española aseguró la supremacía naval británica durante más de un siglo.
Fuente: Picture Alliance / akg-images


Gran Bretaña también controló el acceso al Mediterráneo con Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial.
Fuente: Picture Alliance / Mary Evans Pi


El porta-helicópteros "HMS Illustrious" fue uno de los tres buques de guerra británicos que pusieron rumbo a Gibraltar en agosto de 2013 para celebrar su 300 aniversario.
Fuente: Getty Images


Cuando Beatrix hizo una de sus últimas apariciones importantes como Reina de los Países Bajos en Utrecht, de todos los lugares, la gente sacudió la cabeza en este país. Porque la ocasión, el 300 aniversario de la Paz de Utrecht en 1713, solo es familiar para los amigos de la música barroca. Después de todo, fue entonces cuando Georg Friedrich Handel compuso su “Utrecht Te deum”.

"Oh Señor, en ti he confiado", dice. Su primera obra importante en inglés le valió inmediatamente al compositor una anualidad de la reina Ana, lo que probablemente tuvo más que ver con el entusiasmo por el arte real. Porque Inglaterra se emborrachó en la época del tratado de paz que puso fin a la Guerra de Sucesión española contra la Francia de Luis XIV. Y el premio fue duro: además de Menorca y el monopolio de la trata de esclavos con las colonias españolas en América, Gibraltar lo ganó.

Así que hay que retroceder tres siglos para comprender la conexión íntima entre Gran Bretaña y la roca de 6,5 kilómetros cuadrados en el extremo suroeste de Europa, que está habitada por solo 28,700 personas y unas pocas docenas de monos. Desde entonces, las flotas británicas se han propuesto en repetidas ocasiones demostrar el derecho de Inglaterra a la propiedad de la isla con todas sus fuerzas. Hasta esta semana, tres barcos de la Royal Navy han puesto rumbo a Gibraltar.
Quemado en la historia británica

Con esto, Londres quiere dejar claro a España una vez más que “no haremos la vista gorda cuando el pueblo de Gibraltar sea amenazado o sometido a presión”, como ha dicho el ministro de Europa, David Lidington. Supuestamente se trata de derechos de pesca y controles más estrictos contra los inmigrantes ilegales. De hecho, la Union Jack sobre Gibraltar ha sido una provocación para España durante 300 años, lo que ha provocado numerosas guerras. Por el contrario, Gran Bretaña ya se siente alarmada por el anuncio de Madrid de que buscará la solidaridad con Argentina sobre la cuestión de las últimas colonias británicas, que a su vez reclama las Islas Malvinas británicas.

De hecho, la salida de los buques de guerra británicos a Gibraltar trae recuerdos de la marcha de la Royal Navy hacia las Islas Malvinas en 1982. En ese momento, Argentina había ocupado las islas del Atlántico Sur, que en su mayoría estaban pobladas por ovejas, que la Primera Ministra Margaret Thatcher se negó a aceptar. Su cálculo de que un conflicto popular en el otro extremo del mundo erosionaría la resistencia a su política de reforma drástica funcionó en ese momento. La UE y España, socio de la OTAN, están asumiendo ahora motivos similares en Londres. Sin embargo, lo mismo podría decirse en Madrid.

Porque la disputa por Gibraltar no se trata solo de los derechos de sus residentes y su lealtad a Gran Bretaña y su estado de bienestar. Se trata, en dimensiones completamente diferentes que en el caso de las Malvinas, sobre la identidad de Inglaterra y la nación "británica". En el siglo XIX, el primer ministro liberal William Gladstone incluyó a Gibraltar, junto con el Estrecho de Suez y el Estrecho de Turquía, en las posiciones esenciales del Imperio. De esto no queda nada excepto la roca, que dice algo sobre su poder simbólico.
El triunfo de la gloriosa revolución
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La guerra que hizo a Gibraltar británico ya está profundamente grabada en la memoria colectiva del Reino Unido. En la Guerra de Sucesión española de 1701 a 1714, Inglaterra encabezó una coalición con Austria y los Países Bajos para limitar las aspiraciones hegemónicas de Francia. El corazón de esta alianza fue Wilhelm III hasta su muerte en 1702. de Orange, en unión personal Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda y gobernador de Holanda. En la Revolución Gloriosa de 1688/89, el Parlamento de Londres lo llamó al trono. La realeza parlamentaria comenzó con él. Y con la victoria el ascenso de Gran Bretaña a potencia mundial.

Curiosamente, fue un general al servicio del emperador Habsburgo quien logró conquistar la antigua fortaleza española de Gibraltar el 4 de agosto de 1704. El príncipe Georg von Hessen-Darmstadt estaba al mando de 1.800 soldados holandeses e ingleses, a quienes la tripulación se rindió con honor después de que los barcos británicos hubieran reducido a escombros las defensas. Se dice que el príncipe utilizó una táctica ingeniosa al cambiar sus ataques a las horas de la siesta en lugar de a la mañana.

Los aliados franceses y españoles inmediatamente intentaron todo para recuperar la isla rocosa. Pero el príncipe George se mantuvo firme, aunque irremediablemente superado en número, el resto fue atendido por la superior flota inglesa. Después de que el gobernador imperial sufriera la muerte de un soldado frente a Barcelona, ​​un gobernador británico tomó el mando en Gibraltar. Y así es hasta el día de hoy. La roca ha sido una colonia de la corona británica desde 1830.
Cuando Estados Unidos se alió con Francia
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Desde entonces, las tropas españolas han intentado varias veces conquistar Gibraltar. En la Guerra Anglo-Española de 1727 a 1729, un ejército de alrededor de 20.000 hombres sitió la fortaleza. Se enfrentaron solo a 3200 soldados británicos. Pero también la flota inglesa, que se aseguró los suministros y bombardeó las posiciones españolas. El asedio tuvo que ser cancelado después de casi cuatro meses.

Entre 1779 y 1783, las tropas españolas y francesas intentaron juntas varias veces, siendo un aliado más las rebeldes colonias inglesas de Norteamérica. Pero a diferencia del Nuevo Mundo, las tropas británicas salieron victoriosas, principalmente porque las grandes flotas lograron romper repetidamente el bloqueo. Sin embargo, los historiadores han planteado la pregunta contrafáctica de qué habría sucedido con la Revolución Americana si la Royal Navy hubiera podido volverse contra ella con todas sus fuerzas.

La tercera batalla por Gibraltar tuvo lugar no lejos de la fortaleza. Fue la batalla de Trafalgar contra la flota unida franco-española de Napoleón I. La victoria de la Armada al mando del almirante Horatio Nelson el 21 de octubre de 1805 se convirtió en su triunfo más famoso y casi en la justificación del - después de la pérdida del norteamericano colonias - "Segundo Imperio Británico", que finalmente abarcó una cuarta parte de la tierra.

El hecho de que Hitler diera la orden de la "Operación Félix" en agosto de 1940, con la que la roca sería conquistada en tres días, pasó a la historia sólo como nota al pie. Dado que el dictador español Franco se negó persistentemente a abrir su país a las tropas alemanas, el proyecto tuvo que ser cancelado. En cambio, la isla rocosa, que mientras tanto se había convertido en una gigantesca fortaleza subterránea, se aseguró de que a los submarinos alemanes se les negara el acceso al mar Mediterráneo y que los convoyes aliados pudieran ingresar a él de manera segura.
"Número modesto de buques de guerra de madera"

Lo que significaba esta posición, Napoleón había aprendido generaciones antes, cuando en 1798 bajo una flota británica Nelson hundió sus barcos frente a Abukir y así asestó el golpe fatal a su expedición egipcia. El historiador alemán Ludwig Dehio inició esta batalla cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, sometió la política británica a un análisis que se ha vuelto clásico con su libro “Balance o Hegemonía” (1948):

“Sólo ahora (con Abukir; d. Ed.) Todo el significado histórico mundial de la penetración de los ingleses en el Mediterráneo durante la Guerra de Sucesión española y su tenaz defensa del Peñón de Gibraltar contra los ataques más violentos desde entonces se convirtió en aparente. Si en algún lugar, la red invisible que un modesto número de barcos de guerra de madera, enviados desde una isla pequeña y relativamente pobre, se había extendido alrededor de la península de Europa rebosante de vida, tenía que rasgarse aquí. Pero la red resistió la prueba. Gracias a Gibraltar, la flota de Nelson penetró en el Mediterráneo ".

Nada queda de la “red invisible” y sus cruces como las calles de Suez o Malaca. Pero la memoria de Gibraltar sigue conectada, razón suficiente para enviar flotas una vez más a defenderlo.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Período colonial: El combate de Puerto Egmont

Combate de Puerto Egmont





El combate de Puerto Egmont (o Puerto de la Cruzada) se produjo el 10 de junio de 1770 cuando una expedición española al mando de Juan Ignacio de Madariaga, intimó a la guarnición británica establecida en la isla Trinidad al norte de la isla Gran Malvina desde 1765 a abandonar el territorio. La negativa británica de salir fue respondida por la fuerza española conformada por unos 1.500 soldados en cuatro buques enviados desde el actual territorio continental argentino.​ El contingente británico no pudo resistir una fuerza tal, por lo que después de disparar sus armas, capitularon en términos, realizaron un inventario de sus tiendas tomadas y se les permitió regresar a su propio país en el buque HMS Favourite.

Tras esta acción militar, el Reino de España efectivizó su control del archipiélago malvinense,​ quedando bajo soberanía española el único establecimiento poblado del archipiélago: Puerto Soledad.

El establecimiento y la posterior rendición de la colonia británica desencadenó la crisis diplomática por las islas Malvinas de 1770, que estuvo a punto de enfrentar a España y Francia con el Reino Unido.​ Las consecuencias de la crisis y su resolución aún son objeto de debate en relación con la disputa de soberanía que existe entre la Argentina y el Reino Unido.

Antecedentes


Localización de Puerto de la Cruzada y Puerto Soledad.

Los españoles eran conscientes de la presencia británica en las Malvinas cuando adquirieron la colonia de Port Louis fundada por Louis Antoine de Bougainville, renombrándola como Puerto Soledad el 31 de enero de 1767. Ese día Bougainville se reunió en Río de la Plata con don Felipe Ruiz Puente, al mando de las fragatas La Esmeralda y La Liebre para tomar posesión de las islas a nombre de España (como parte del Virreinato del Río de la Plata), y evacuar a la población francesa. Ya fuera de las islas, Bougainville redactó varias notas y manuscritos aconsejando las medidas a tomar por España en las islas y detallando datos geográficos, climáticos y topográficos. Él había recibido por parte de España, una indemnización económica.

Bougainville había regresado a Francia en 1764 para iniciar un nuevo viaje a las islas para abastecer a los colonos y se entera del viaje de una escuedra inglesa al mando de John Byron que tenía como objetivo circunnavegar el mundo y reconocer las islas. Mientras que, el duque de Choiseul intentaba anunciar la colonia a los españoles, explicando su ocupación de las islas por la ausencia española ante la inminente expedición inglesa. Durante este tiempo francés, los marineros británicos habían tratado de establecerse secretamente en el Poil de la Croisade en enero de 1766, nombrándolo como Port Egmont. Bougainville escribió:

«En diciembre de 1766, la fragata HMS Japan atracó en Port Louis frente al fuerte. El capitán MacBride desembarcó, profirió amenazas y se marchó el mismo día».



El 28 de noviembre de 1769, el oficial a cargo de la guarnición en la isla Trinidad, capitán Anthony Hunt, observó una goleta española en las cercanías. Él envió al comandante Fernando de Rubalcava un mensaje pidiendo su retirada. Un intercambio de cartas prosiguió donde cada parte afirmó la soberanía de las islas y exigió la retirada del otro, considerado «usurpador». Hunt afirmaba que las Islas Malvinas pertenecían al Reino Unido y e insistía con la retirada española. España siempre protestó los intentos de exploraciones británicas en la zona alegando sus derechos al mar cerrado, que implicaba la prohibición de navegar por aquellas aguas.

Hunt estaba al mando de la fragata HMS Tamar y contestó que las islas «pertenecen a Su Majestad Británica mi amo por derecho de descubrimiento, así como por ocupación». También intimó el desalojo de Puerto Soledad en seis meses: «en nombre de Su Majestad y Sus Órdenes, advirtiéndole que debe dejar estas islas, y para permitirle que pueda trasladarsus efectos, puede permanecer seis meses desde esta fecha, a cuyo término debe partir en consecuencia».Pese al pedido británico, España ya tenía tres títulos sobre la soberanía de las Malvinas: la preferencia acordada por las bulas pontificias, la garantía de integridad de sus dominios pactada en Utrech y la prioridad de la ocupación como consecuencia de haber recibido de Francia de forma pacífica y voluntaria de la colonia de Puerto Luis (o Soledad) y, con él, la totalidad del archipiélago.



La campaña militar

Preparativos


George Farmer.

En 1768 el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, recibió instrucciones de evitar el establecimiento de cualquier colonia británica en territorio del virreinato. En caso de comprobarse la existencia de alguno, debía desalojarse por la fuerza. Las instrucciones provenían de la Real Orden de Carlos III de España del 25 de febrero de 1768. A fines de noviembre de 1769, en el estrecho de San Carlos, se produjo en el encuentro entre una nave española y una británica proveniente de Puerto Egmont. Al poco tiempo los españoles descubrieron la ubicación exacta del asentamiento.​ En diciembre de 1769, partió un escuadrón con tres buques hacia las Malvinas para dar cumplimiento a las órdenes impartidas desde Madrid.

El 20 de febrero de 1770, una fragata española al mando de Fernando de Rubalcava, junto con un chambequín, visitó brevemente Puerto Egmont, intercambió mensajes y amenazas con el oficial británico a cargo del establecimiento, el capitán Hunt, y se dirigió a Buenos Aires. Ambos reclamaban para su propio rey la soberanía de las islas, se acusaban mutuamente de ocupar territorio que no les pertenecía y se ordenaban la evacuación inmediata. El comandante de la Armada Real Española Juan Ignacio de Madariaga dirigió una expedición hacia Puerto Egmont con 1500 soldados y 5 buques de guerra (Escuadra de la Plata). Partió del puerto de Montevideo el 11 de mayo de 1770  con «órdenes precisas» para expulsar a los británicos.​ La flota estaba compuesta por cuatro fragatas: Industria, al mando de Juan Ignacio de Madariaga (26 cañones y 262 soldados y marineros), Santa Bárbara, al mando de Joseph Díaz Veanes (26 cañones y 260 soldados y marineros), Santa Catalina, al mando de Fernando Rucalva (26 cañones y 260 soldados y marineros) y la Santa Rosa (26 cañones y 122 soldados y marineros). A las fragatas se sumaba el jabeque Andaluz, al mando de Domingo Perler (30 cañones y 179 soldados y marineros), y el bergantín San Rafael, al mando de Crispín Francisco Díaz. En total llevaba 1500 soldados (entre ellos fusileros, artilleros​ y 294 hombres de la compañía de Granaderos del Regimiento de Infantería de Mallorca) y un arma de asedio al mando del coronel don Antonio Gutiérrez. También se dispuso una batería de desembarco con 2 cañones de 8 libras, 5 cañones de montaña y 2 obuses.

El combate

El 31 de mayo la escuadra divisó el pequeño grupo de Los Salvajes, en el noroeste del archipiélago de Malvinas. En la madrugada, se levantó un violento temporal que separó a la Industria del resto de la partida. Madariaga esperó hasta el 3 de junio para que se reúna el resto de la flota, pero al comprobar que eso no ocurría, resolvió avanzar solo con la Industria hacia Puerto Egmont.30​

El 4 de junio de 1770 fondeó en la bahía de Puerto Egmont (Puerto de la Cruzada) con la intención de ganar tiempo hasta la llegada del resto de la flota. Se puso en contacto con los británicos y estos lo amenazaron con atacarlo si no abandonaba el lugar. Madariaga ignoró las amenazas y, en cambio, envió un emisario con obsequios al gobernador.nota 1​ El emisario español tenía la misión de inspeccionar las defensas del fuerte. La estrategia le permitió a Madariaga tener el detalle preciso de las defensas británicas. Había 4 cañones de 12 libras más 2 cañones de 6 libras traídos de la fragata Favorite, armada a su vez con 20 cañones.



Madariaga ideó un plan para desembarcar a los hombres y tomar el fuerte por la retaguardia, pero con la llegada del resto de la flota, el 6 de junio, abandonó ese plan en favor de uno más sencillo. Confiando en que la superioridad militar haría desistir a los británicos, sin llegar a un enfrentamiento armado, el 7 de junio intimó al capitán William Maltby y al comandante del fuerte, George Farmer, a evacuar el puerto o, caso contrario, se vería «precisado a obligarle con el cañón».30​ Madariaga fundamentaba su demanda en el derecho internacional vigente, que impedía establecer colonias en esa parte del mundo sin el consentimiento del rey de España.4​ Los británicos rechazaron la intimación de los españoles e insistieron en que las islas les pertenecían al «ser descubiertas por súbditos de la Corona de Inglaterra». Madariaga respondió con la 3° intimación:

Si Vms. me dieren pruebas autenticas de q. executar. brebe, y buenamente este desalojo, pondré pacificamente mis Tropas en tierra, y se tratará á las de Vms. con toda consideracion y atencion q. corresponde a la buena armonía que subsiste entre nuestros Soberanos, y permitiere lleven Vms. consigo quanto tengan en tierra (..)
Juan Ignacio de Madariaga


Los británicos mantuvieron su postura respondiendo que las «estrechissimas ordenes de su corte les impulsava a morir con honra en la acción temiendo morir sin honra en Londres».

Decidido a llevar adelante su misión, y agotados todos los medios pacíficos, Madariaga dio la orden de comenzar el ataque. La batalla, sin embargo, debió proponerse por factores climáticos; un violento temporal de granizo y nieve azoló el teatro de operaciones durante el 8 y 9 de junio. El 10 de junio, por la mañana, Madariaga movilizó a las fragatas Santa Bárbara y Santa Catalina junto al jabeque Andaluz para que ataquen a la fragata británica Favorite. El plan establecía que, una vez hundido el buque británico, Santa Bárbara y Santa Catalina comenzarían su ataque sobre el fuerte. Mientras tanto, las fragatas Santa Rosa e Industria desembarcarían tropas y cañones para atacar el fuerte desde tierra, en palabras de Madariaga: «al abrigo del humo de la cerrazón, y del espanto».

En cuanto los barcos españoles Santa Bárbara, Santa Catalina y Andaluz abrieron fuego sobre la Favorite, la artillería del fuerte respondió con unos pocos y desordenados cañonazos. El asentamiento solo contaba con 4 cañones de 12 libras y 6 más pequeños. La resolución de los oficiales británicos de pelear hasta el final no se mantuvo mucho tiempo. Desde el fuerte ondeó la bandera blanca y un oficial británico le solicitó la capitulación a las fuerzas de tierra al mando del coronel Antonio Gutiérrez. 156 hombres rindieron sus armas el 10 de junio de 1770.​ Los términos de la capitulación establecían que el fuerte y sus armas debían ser entregados al coronel Antonio Gutiérrez. Mientras se realizaba la evacuación, los británicos podían utilizar el alojamiento del fuerte e izar la bandera tanto en la Favorite como en el fuerte, aunque no tenían autorización a realizar actos jurisdiccionales.

Resultado del combate

La única baja del combate fue el jefe de la artillería española, el teniente coronel Vicente de Reyna Vázquez, que resultó herido.

Los militares británicos fueron detenidos durante 20 días y luego se les permitió retornar a Inglaterra a bordo del HMS Favourite de 16 cañones (el HMS Swift de 14 cañones, la otra nave del asentamiento, se había hundido en Puerto Deseado tres meses antes recorriendo las costas patagónicas). Los nuevos ocupantes renombraron el asentamiento como Puerto de la Cruzada y se hicieron cargo de la propiedad, quedando a cargo de un destacamento español.​ Cuando la noticia llegó a Gran Bretaña se produjo una protesta pública.​ El nombre español aún es mantenido de la toponimia del archipiélago en castellano.​ La expulsión también había ocasionado daños materiales en el establecimiento.

Respecto de este combate, los británicos argumentan que como no había una fuerza inglesa para resistir cualquier agresión, el oficial superior, el capitán Hunt, decidió ir a Inglaterra con la noticia, dejando a Farmer al mando del asentamiento.​

Consecuencias



Carta de Julián de Arriaga pidiendo al gobierno español de las islas Malvinas asegurar el no retorno de los británicos a las islas, fechada el 2 de abril de 1771.

El 11 de agosto de 1771 Juan Ignacio de Madariaga llegó a Cádiz para informar a la corte española sobre las acciones en Puerto de la Cruzada y el exitoso desalojo de la guarnición británica. La noticia fue recibida con preocupación por las autoridades españolas. Comprendieron que se encontraban en una disyuntiva: si avalaban la acción de Bucarreli, la guerra sería inevitable en cuanto los británicos tengan conocimiento del incidente. Si, por el contrario, desautorizaban la expedición, sus derechos sobre las islas se verían perjudicados. Cuando el buque británico HMS Favorite llegó a Gran Bretaña con las noticias de lo ocurrido en Puerto Egmont, las noticias crearon una gran conmoción y los preparativos para una posible guerra se intensificaron.

Era evidente que para los ingleses la expulsión sería considerada como un agravio en tiempo de paz. Se alegaba que era una cuestión de honor y no derechos. Madariaga explicó en la corte española que el desalojo no era más que una consecuencia natural de mantener la integridad de sus dominios y una respuesta por el últimatum de Hunt hacia Puerto Soledad.

El gobierno británico se enfureció por lo que consideró un acto «despreciable». El secretario de Estado, Lord Weymouth, se dirigió a la corte de Madrid exigiendo: «la restauración instantánea de los colonos a Port Egmont, y la reparación del insulto a la dignidad de la corona británica, por su expulsión por la fuerza de ese lugar». Para estas demandas la corte española en un principio dio respuestas evasivas, tratando de cambiar el tema en cuestión sobre su derecho de soberanía sobre las islas. España buscaba discutir sobre los hechos y no sobre la soberanía. Lord Weymouth, sin embargo, se negó positivamente a discutir eso, o cualquier otro asunto, hasta que España hubiera restaurado el asentamiento británico como el exigía; mientras que los preparativos para la guerra, que ya habían sido iniciados, fueron procesados con vigor.​

Luego de que Francia se negase a respaldar a Madrid en una posible guerra, el tribunal español alegó la incautación se había hecho sin la autorización de Carlos III y se ofreció a restaurar Puerto Egmont, tal como existía antes de ser desalojado. El Príncipe de Masserano, el embajador español en Londres, declaró, en nombre de su soberano, que no se habían dado órdenes particulares al gobernador de Buenos Aires, a pesar de que el oficial había actuado con arreglo a sus instrucciones generales y juramento como gobernador; que las Leyes de Indias incluyen la expulsión de los extranjeros de los dominios españoles; y que estaba dispuesto a participar en la restauración de Puerto Egmont a los británicos, sin embargo cediendo cualquier parte de la reivindicación de Su Católica Majestad a las Islas Malvinas, siempre que el rey de Inglaterra a cambio repudie la conducta del capitán Hunt de pedir la expulsión de los españoles en Puerto Soledad, que habían dado lugar a las medidas adoptadas por Bucareli. Las declaraciones del embajador fueron aleccionadas por el Ministro español Jerónimo Grimaldi para evitar la posible guerra.

Lord Rochford, encargado británico del departamento del Norte, le escribió a Masserano diciendo que «parece imposible que Bucarelli hubiese tomado sobre si un acto tan violento sin órdenes de la corte», concluyendo que si España quería la paz, «podía desaprobar la conducta de Bucarelli, castigarle y volver a poner los ingleses en el paraje en que estaban».​

Reocupación y retirada británica final


Panorama de Puerto Egmont en 1780, durante la expedición de Callejas con el bergantín S.M. Rosario para incendiar y arrasar las edificaciones.

El acuerdo finalmente se llevó a cabo el 15 de septiembre de 1771, seis meses después del desalojo, con el restablecimiento de la situación que existía antes del combate de Puerto Egmont. En la Declaración Masserano - Rochford, la corona española se comprometía a:​
(...) dar órdenes inmediatas, a fin de que las cosas sean restablecidas en la Gran Malvina en el Puerto denominado Egmont exactamente al mismo estado en que se encontraban antes del 10 de junio de 1770. (...) El compromiso (...) de devolver a S.M. Británica el Puerto y Fuerte de Puerto Egmont no puede ni debe afectar, de ninguna forma, la cuestión del derecho anterior a la soberanía de las Islas Malvinas también llamadas Falkland.​

En abril de 1772 la fragata de 32 cañones HMS Juno del capitán John Stott reocupó el asentamiento británico, acompañado por el HMS Hound y HMS Florida.​ Los británicos recibieron también una declaración donde el rey español Carlos III rechazó la incursión de Puerto Egmont para que se vea salvaguardado su honor.​ Al retomar la posesión del asentamiento, había fuerzas españolas asentadas en el lugar que se retiraron.

Entre tres y cuatro años convivieron en las islas dos poblaciones de dos países.​ Según la historiografía británica, los mismos se retiraron de las islas en virtud de un sistema de reducción de gastos en 1774, aunque mayoritariamente se afirma que fue en cumplimiento del pacto secreto con España. Tras abandonar las Malvinas, los británicos dejaron allí una bandera británica y una placa reclamando la soberanía del archipiélago para su rey.43​ Debido a que no renunciaron explícitamente a la soberanía, los británicos justificaron con este antecedente la ocupación de 1833 de todo el archipiélago malvinense.​ La placa dejada habla de la «isla de Falkland», en singular.​

Be it Known to the all Nations that Falkland's Island with this Fort...
Sepan todas las naciones del mundo que la isla de Falkland con este Fuerte...

Con la creación del virreinato del Río de la Plata, en 1776, todos los gobernantes de Buenos Aires cuidaron que el Reino Unido no se asentase en las islas.​ Los españoles ocuparon Puerto de la Cruzada durante la Guerra anglo-española en 1779.​ En 1775 el capitán Juan Pascual Callejas retiró la placa británica de Puerto Egmont, enviándola a Buenos Aires. Cinco años después, siguiendo instrucciones del virrey Juan José de Vértiz y Salcedo, destruyó por completo las instalaciones.​ La placa conservada en Buenos Aires sería capturada por los británicos durante la primera invasión inglesa al Río de la Plata en 1806 y llevada a Londres.​

España finalmente abandona Puerto Soledad en 1811 tras la Revolución de Mayo, puesto que la Banda Oriental no se adhirió a la junta de Buenos Aires y permaneció bajo control español. Las autoridades de Montevideo deciden retirar el establecimiento en las Malvinas por su baja utilidad y los elevados costos de conservación. Allí se dejó una placa proclamando la soberanía española sobre el archipiélago.​ Las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomarían posesión del archipiélago el 6 de noviembre de 1820.
Wikipedia

jueves, 5 de septiembre de 2019

Historia: Unas islas muy disputadas

Islas en disputa - Las muchas batallas por las Islas Malvinas

Military History Now


La batalla de las Islas Malvinas de 1914.

Una flotilla de buques de guerra, con varios cientos de tropas, es enviada desde Argentina. El objetivo es expulsar a todos y cada uno de los habitantes británicos de las disputadas Islas Malvinas, que se encuentran a 300 millas de la costa este de Sudamérica. Las islas deben ser tomadas, incluso si eso significa guerra.

Si bien esto se parece mucho a los eventos que precipitaron el conflicto de 1982 entre el Reino Unido y la junta militar que gobernaba Argentina en ese momento, en realidad son los movimientos de apertura del poco conocido Falklands Affair de 1770, una crisis internacional que casi llega a su fin. provocó una guerra europea entre Gran Bretaña y España en 1770.

Historia de las Malvinas

Si bien se pensaba que los nativos de la Patagonia habían visitado las Malvinas en siglos anteriores (esto se discute, vea los comentarios a continuación), fue un marino holandés quien fue el primer europeo en explorar el pequeño archipiélago rocoso en 1600. Sebald De Weert fue nombrado el pequeño grupo de Islas para sí mismo - él las llamó los Sebalds.

Noventa años después, el capitán de un barco inglés llamado The Welfare buscaría refugio de las tormentas en el sonido entre las dos islas más grandes de la cadena. Nombró las tranquilas aguas entre las masas de tierra en honor al jefe del Almirantazgo de la época, el vizconde de Falkland. Las propias islas pronto se dieron a conocer a los británicos como las Malvinas.

Ningún europeo habitaría en las Malvinas hasta que un héroe militar de Francia llamado Louis Antoine de Bougainville estableció una colonia allí en 1764. Tras la derrota de su país en América del Norte en la Guerra de la India francesa, Bougainville supervisó el asentamiento de Port Louis en Gran Malvina. El año siguiente, ajeno a la pequeña colonia francesa que ya estaba en su lugar, los británicos construyeron su propia base en la isla Soledad, llamada Port Egmont, y emitieron un reclamo a toda la cadena de islas para el Rey George.


Se construye la crisis

En 1767, los franceses transfirieron el control de Port Louis a España, que le cambió el nombre a Puerto Soledad. Los españoles administraron el asentamiento desde su sede del poder colonial en Buenos Aires. Casi inmediatamente, España reclamó a toda la cadena y ordenó a los británicos que se retiraran. Los británicos recíprocamente exigieron a España que se marchara. Aislados y lejos de las aguas del hogar, los británicos tenían pocos recursos para presionar sus demandas; Los españoles, por su parte, reunieron una fuerza de invasión de 1400 hombres y cinco buques de guerra: Industria, Santa Bárbara, Santa Catalina, Santa Rosa y Andaluz. Un coronel con el nombre de Don Antonio Gutiérrez fue colocado al mando de la fuerza y ​​la expedición se estableció a fines de mayo de 1770. Para el 10 de junio, llegó a las aguas de Port Egmont.

Disparos

El comandante británico, George Farmer, y su pequeña sección de revestimientos habían fortificado la base con una casa de bloques de madera y una batería de ocho libras de 12 libras, pero no fue suficiente cuando los españoles aterrizaron inesperadamente sus soldados en la isla. La guarnición británica intercambió disparos con las tropas españolas que marcharon en el asentamiento. Los españoles devolvieron el fuego. Reconociendo que su pobre guarnición era superada en número, Farmer se rindió a la base. Dentro de tres semanas, la guarnición británica y los colonos civiles fueron cargados en barcos y enviados a casa a Inglaterra.

Miedo a la guerra

Las noticias del ataque incendiaron la opinión pública británica y vieron a Londres muy cerca de declarar la guerra a España. Las hostilidades abiertas podrían muy bien haber seguido, si no fuera por la negativa de Francia a respaldar a España. Después de haber concluido recientemente la larga y costosa Guerra de los Siete Años con Gran Bretaña, la corona francesa estaba ansiosa por evitar más peleas con su enemigo a través del Canal. España se vio obligada a tragarse su orgullo y pedir disculpas a Londres, declarando que el gobernador de Buenos Aires se había mudado a las Malvinas sin órdenes de su país. Para 1772, la Union Jack estaba volando una vez más sobre Port Egmont en la Gran Malvina, pero los españoles mantuvieron el control de la isla oriental.

Gran Bretaña retiró sus fuerzas dos años después. Todo lo que quedaba de la presencia anglosajona era una pequeña placa de metal que declaraba a las Islas Malvinas como propiedad del Reino Unido. España retiró su guarnición de las islas en 1806. Un marcador en su lado del archipiélago anunció el reclamo de España a toda la cadena.

Las islas fueron bastante por décadas, pero esa no sería la última vez que las Malvinas aparecerían en las páginas de la historia.
  • En 1820, un corsario estadounidense llamado David Jewett buscó refugio para reparar su heroína dañada en las Malvinas. Con licencia del gobierno de los recién independientes Estados Unidos de América del Sur, que luego se convertiría en Argentina, Jewett reclamó las islas para sus empleadores en Buenos Aires. Fue un evento que tendría terribles consecuencias 162 años después.
  • En 1828, un comerciante de 36 años de Hamburgo llamado Louis Vernet establecería un puesto de pesca comercial, caza de focas y ganado en el lado este de las Malvinas. El gobierno de Argentina, emocionado ante la perspectiva de colonos no británicos que ocupaban las islas, nombró a Vernet como gobernador. Pero el comerciante siempre astuto también obtuvo la aprobación de Londres para instalarse en las islas remotas. Los británicos estaban igualmente felices de ver que las islas se desarrollaron y asentaron. En 1831, Vernet se apoderó de tres barcos pesqueros estadounidenses por sobrepasar una cuota de sellado que él mismo impuso para las islas. Vernet arrestó a uno de los patrones estadounidenses y lo acompañó a Buenos Aires para ser juzgado. En su ausencia, el buque de guerra Lexington de los Estados Unidos atacó el asentamiento y arrestó a siete administradores por cargos de piratería. Al encontrar solo a colonos empobrecidos y mal alimentados, el comandante de la expedición estadounidense ordenó a sus marineros e infantes de marina que retiraran a los habitantes y los devolvieran a Sudamérica.
  • Después de años de estar vacío, el ejército británico volvió a ocupar las islas en 1840, estableciendo una instalación portuaria para el transporte transoceánico. Se convertiría en un punto de referencia vital para la Royal Navy durante las próximas décadas.
  • La guerra volvería a las aguas cercanas a las Malvinas en 1914, cuando la Flota Asiática Imperial de Kaiser llegó a las islas en diciembre para apoderarse y destruir las instalaciones portuarias británicas allí. Cuando los cruceros alemanes Scharnhorst, Gneisenau, Nurnburg, Dresden y Leipzig, junto con tres embarcaciones de apoyo se acercaron a Port Stanley, los barcos de la Royal Navy tendidos a la espera emboscaron a los asaltantes. Los acorazados Invincible e Inflexible junto con los cruceros Cornwall, Kent y Carnavon y los cruceros ligeros Bristol y Glasgow atacaron a la flota alemana, hundiendo a todos los cruceros enemigos y dos de las naves de apoyo. Cerca de 2.000 alemanes murieron en la batalla, incluido el almirante Maximilian von Spee. Fue un desastre absoluto para el Kaiser. Las bajas británicas fueron sorprendentemente ligeras: no se perdieron barcos, 10 marineros murieron.
  • Durante la década de 1960, Argentina comenzó a presionar su reclamo histórico a las Islas Falkland, a las que llama Las Malvinas. Esperando en vano buscar alguna forma o reparación en las Naciones Unidas, las relaciones entre Buenos Aires y Londres se tornaron tormentosas a lo largo de los años setenta. En 1982, la dictadura militar de Argentina trató de distraer a los ciudadanos del empeoramiento de la situación económica doméstica al tomar las islas. El movimiento llevó a una guerra con Gran Bretaña que costó la vida a casi 1000 personas. Las tensiones persisten entre los dos países sobre las islas.
  • En enero de este año, el primer ministro británico, David Cameron, aseguró a los votantes que su país lucharía para aferrarse a las Islas Malvinas. El presidente argentino ha acusado a Londres de colonialismo.

domingo, 3 de febrero de 2019

Brexit: Europa nombra a Malvinas y Gibraltar como "colonias británicas"

La UE señala a Gibraltar como una “colonia británica” en su propuesta sobre visados

El peñón figura en el listado de “territorios no autónomos pendientes de descolonización” de Naciones Unidas
La Vanguardia



Gibraltar en una imagen de este verano (Jon Nazca / Reuters)


Efe, Bruselas 01/02/2019 15:10 Actualizado a 01/02/2019 20:43

Los países de la Unión Europea (UE) señalaron este viernes al territorio de Gibraltar como “colonia británica” en un documento en el que proponen que los británicos puedan viajar sin visado al espacio Schengen tras el Brexit, si realizan estancias cortas. “Gibraltar es una colonia de la Corona británica. Hay una controversia entre España y el Reino Unido en cuanto a la soberanía de Gibraltar, un territorio para el cual se debe encontrar una solución a la luz de las resoluciones y decisiones relevantes de Naciones Unidas”, apunta una nota a pie de página del documento, que se ha hecho público hoy.

El documento incluye a Gibraltar en la lista de territorios de ultramar británicos junto a otros como las Islas Caimán, las Malvinas o Anguila, si bien cuenta también con el añadido a pie de página para hacer referencia a la disputa entre España y el Reino Unido en cuanto a la soberanía del Peñón.

El documento incluye a Gibraltar en la lista de territorios de ultramar británicos junto a otros como las Islas Caimán, las Malvinas o Anguila

Fuentes diplomáticas apuntaron que Gibraltar figura en el listado de “territorios no autónomos pendientes de descolonización” de Naciones Unidas, por lo que la mención en el pie de página no supone ninguna novedad, y este mismo organismo recomienda que esta disputa se resuelva “mediante negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido”.

La propuesta, que recoge que los ciudadanos británicos puedan viajar sin necesidad de visado en el espacio Schengen durante noventa días en cualquier periodo de 180 jornadas, ha sido adoptada este viernes en una reunión de embajadores de los Veintiocho.

El documento tiene un añadido a pie de página para hacer referencia a la disputa entre España y el Reino Unido

Fuentes comunitarias aclararon, por su parte, que los gibraltareños quedarán cubiertos en las mismas condiciones que los nacionales en Reino Unido por la regulación propuesta hoy por los países respecto a los visados para las estancias cortas en el territorio Schengen.

En virtud de los tratados europeos, las leyes comunitarias se aplican a Gibraltar en su condición de territorio europeo de cuyas relaciones externas es responsable un Estado miembro, por lo que dejarían de aplicarse automáticamente en el Peñón en el momento en el que el Reino Unido ya no forme parte de la UE.

No es la primera vez que Gibraltar es protagonista en las negociaciones de salida del Reino Unido de la Unión Europea, pues ya en noviembre España amenazó con bloquear el acuerdo del Brexit al considerar que no daba garantías jurídicas suficientes de que el Gobierno español tendría la última palabra en cualquier futuro acuerdo con Gibraltar.

Finalmente, España se posicionó a favor del acuerdo tras conseguir un documento en el que los Veintisiete le aclararon por escrito las potenciales interpretaciones del artículo del acuerdo con que no estaban conformes.

El Ejecutivo comunitario presentó la propuesta legislativa sobre los visados el pasado 13 de noviembre.

Si la retirada del Reino Unido se produce sin pacto el próximo 29 de marzo, fecha prevista del Brexit, esta iniciativa entraría en vigor el 30 de marzo.

Sin embargo, si se cierra un acuerdo, el plan se adoptaría tras la conclusión del periodo de transición, que en principio se prolongará desde la fecha en que Londres deje la UE hasta el 31 de diciembre de 2020 y durante el cual se seguirá aplicando la legislación comunitaria en el Reino Unido. EFE