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sábado, 26 de septiembre de 2026

Malvinas: La actuación de los submarinos argentinos

Submarinos argentinos en el conflicto de las Malvinas

Alexander Mitrofanov || Top War



Submarino S-21 Santa Fe


Al estallar el conflicto armado, la Armada Argentina contaba con cuatro submarinos. Dos de ellos (el S-22 Santiago del Estero y el S-21 Santa Fe) fueron construidos en Estados Unidos en 1944 como el SS-341 Chivo y el SS-339 Catfish, respectivamente, y pertenecían a la clase Balao. Entre 1948 y 1949, el Catfish fue modernizado bajo el programa GUPPY II, y en 1961, el Chivo fue modernizado bajo el programa GUPPY IIA. En 1971, los submarinos fueron transferidos a Argentina. El Santiago del Estero fue dado de baja en 1981, y el Santa Fe corrió la misma suerte entre agosto y septiembre de 1982.



SS-339 Catfish en 1946


El SS-339 Catfish después de su modernización, 1969.


SS-339 Catfish antes y después de la actualización

La flota también incluía dos modernos submarinos Tipo 209. Estos submarinos fueron diseñados en Alemania Occidental por Ingenieurkontor Lübeck (Proyecto IK-68), y sus secciones se construyeron en los astilleros HDW en Kiel. En 1974, tras ser ensamblados en Argentina, los submarinos S-31 Salta y S-32 San Luis se incorporaron a la flota argentina. Cuando se utilizaban con destreza, estos submarinos representaban una seria amenaza. Un buen ejemplo de ello son los submarinos gemelos de la Armada peruana. Por ejemplo, durante los ejercicios interamericanos Unitas-1996, el Pisagua hundió al SSN estadounidense Narwhal seis veces, siendo siempre el primero en atacar a los buques de superficie. Y en 2001, durante los ejercicios estadounidenses-peruanos SIFOREX-2001, un submarino peruano hundió una fragata estadounidense. Desde entonces, cada año uno de los submarinos peruanos ha participado en ejercicios antisubmarinos estadounidenses en el Atlántico, con base en Norfolk.


Submarino argentino Tipo 209

Al estallar las hostilidades, solo el S-32 San Luis estaba operativo, mientras que su gemelo, el S-32 San Luis, se encontraba en reparaciones. Zarpó a mediados de abril, pero debido al excesivo ruido, nunca entró en combate. Para reemplazar a los submarinos de la clase Balao, se estaban construyendo en Alemania Occidental los submarinos S-41 Santa Cruz y S-42 San Juan según el diseño TR 1700. Los submarinistas más experimentados fueron asignados a su puesta en servicio, lo que generó ciertas dificultades para dotar de personal a los submarinos restantes. Se planeaba la construcción de cuatro submarinos más de este tipo en un astillero de Buenos Aires. Este plan, de haberse implementado, habría proporcionado a la junta militar liderada por el general Galtieri un argumento muy convincente: ocho submarinos de última generación.

Especificaciones S-21 Santa Fe S-32 San Luis
Desplazamiento, t:
superficie
sumergido
1870
2340
1248
1440
Longitud máxima, m 93.9 55.9
Máxima eslora, m 8.3 6.3
Calado medio, m 5.2 5.5
Tipo de diseño del casco doble casco casco simple
Profundidad operacional de inmersión, m 150 250 (max. 500)
Resistencia, días ? 50
Número × potencia (tipo) de motores diésel, hp 4 × ? (General Motors 16-278A) 4 × 600 (MTU 12V493AZ80)
Número  × potencia de los motores de propulsión eléctrica, hp 2 × 2400 1 × 4600
Velocidad máxima, nodos:
superficie
bajo snorkel
sumergido
18
9
15 - one hour, 6 - 34 days
10
11
22
Alcance (a velocidad, nodos), millas:
superficie
sumergido económica
10,000 (10)
95 (5)
6000 (8)
400 (4)
Torpedo armamento:
número de tubos de torpedo (proa/popa) × calibre, mm
inventario de torpedo (tipo)
10 (6/4) × 533
24 (Mk 14, Mk 37)
8 × 533
14 (SST-4, Mk 37)

Principales características tácticas y técnicas de los submarinos argentinos

Acciones del submarino "Santa Fe"


A finales de marzo de 1982, las Fuerzas Armadas Argentinas lanzaron la Operación Rosario para apoderarse de las Islas Malvinas y Georgia del Sur. Se crearon tres fuerzas navales para este propósito: una fuerza de cobertura (Fuerza Tarea 20), una fuerza de desembarco para las Malvinas (Fuerza Tarea 40) y una fuerza de desembarco para Georgia del Sur (Fuerza Tarea 60). La Fuerza Tarea 40 incluía un buque de desembarco, dos transportes, dos destructores, dos corbetas y el submarino S-21 Santa Fe. Al submarino se le asignaron dos misiones: primero, desembarcar al grupo táctico Unidad de Tareas 40.1.1, compuesto por 13 buzos de combate de fuerzas especiales navales (Agrupación de Buzos Tácticos - APBT), cerca de Cabo San Felipe (al norte de Puerto Stanley) para capturar el faro de Cabo Pembroke, el aeropuerto de Puerto Stanley (esta misión fue cancelada posteriormente) y para reconocer y marcar la zona de desembarco de las fuerzas principales (la "Zona Amarilla"); el segundo era patrullar la zona asignada.

Debido a su mal estado técnico, el valor de combate del submarino era prácticamente nulo: las baterías desgastadas requerían mucho tiempo para cargarse y limitaban el tiempo que podía permanecer sumergido, algunos de los tubos lanzatorpedos estaban inoperativos y muchos sistemas eran poco fiables. La profundidad máxima de inmersión se redujo a 120 m.

A las 23:00 del 27 de marzo, el Santa Fe, bajo el mando del capitán Horacio Bicain y un destacamento de la ARVT, comandado por el capitán Alfredo Cufré, partió de la base naval de Mar del Plata. A pesar de los fuertes vientos, la travesía transcurrió sin incidentes el 28 de marzo. Al día siguiente, aprovechando la mejora del tiempo, la ARVT realizó un ejercicio de desembarco de personas en botes inflables con un estado del mar de 2 a 3. Posteriormente, el viento aumentó a 40-50 km/h, lo que motivó la orden de retrasar el inicio de la operación 24 horas, hasta las 22:00 del 30 de abril (el desembarco se había previsto inicialmente para el 1 de abril).

El 31 de marzo, el submarino se acercó a la costa noreste de la Isla Soledad Oriental para reconocer las corrientes y determinar la zona de desembarco del ARVN. Los operadores del sonar detectaron el sonido de una hélice, y las observaciones del periscopio revelaron luces en la costa, movimiento de vehículos y la salida de un buque de Port Stanley (este buque era el A 171 Endurance de la Armada Británica, en ruta hacia Georgia del Sur).

El 1 de abril, el comandante del submarino recibió una orden para cambiar la misión de combate, según la cual el APBT debía marcar la zona de desembarco "Sección Roja" al norte de la zona de desembarco previamente planificada. A las 12:30 del 1 de abril, debido a un fallo eléctrico, el submarino quedó sin contacto por radio, y a las 17:30 los comandantes del submarino y del APBT decidieron iniciar el desembarco sin esperar contacto con el mando. Mientras se aproximaban a la costa a las 23:50, la estación de radar falló y no volvió a funcionar hasta la 1:00 a. m. El desembarco tuvo lugar al norte de Punta Celebronya, cerca de la isla Rinión. A las 2:30, el APBT comenzó a abordar tres lanchas neumáticas, que partieron de un costado y llegaron a la costa a las 2:50. A las 3:35, se completó con éxito el reconocimiento y el marcado con luces de señalización de la zona de desembarco de las fuerzas principales en la bahía de York. Poco después, el 2.º Batallón de la Infantería de Marina argentina desembarcó aquí desde el buque de desembarco Cabo San Antonio.


Los combatientes tácticos a bordo del Santa Fe se preparan para el aterrizaje.


Rutas de la fuerza naval argentina para la captura de Georgia del Sur y las Islas Malvinas.


Captura de Puerto Stanley: 1 - Desembarco argentino en las Islas Malvinas; 2 - Reconocimiento del submarino Santa Fe y marcación de la "sección roja" del desembarco entre las 02:30 y las 03:35 del 2 de abril de 1982; 5 - Desembarco de infantes de marina desde Cabo San Antonio a las 06:30 del 2 de abril de 1982.

El Santa Fe se trasladó entonces a la zona de patrulla 080 San Felipe 60, a 100 millas al este de Puerto Stanley, antes de regresar a Mar del Plata el 7 de abril. El viaje a la base no estuvo exento de incidentes: las comunicaciones eran intermitentes, el sistema de refrigeración presentaba fallos constantes, las bombas de achique solo podían funcionar a profundidad de periscopio, el consumo de aceite de los motores principales excedió todos los límites permitidos y la tapa exterior de la escotilla de descarga de basura se atascó abierta.

El personal del Arsenal Naval de Mar del Plata y del Santa Fe trabajó sin descanso durante ocho días para solucionar los problemas y preparar el submarino para su despliegue. Se cargaron a bordo veintitrés torpedos (20 Mk14 y el resto Mk37), combustible, agua dulce y provisiones para 60 días. En ese momento, el arsenal solo disponía de 12 torpedos del tipo requerido, recibidos de Estados Unidos junto con los submarinos, por lo que los torpedos restantes fueron proporcionados por países "amigos" (¿Perú?). Los torpedos Mk37 solo podían dispararse desde los tubos lanzatorpedos de proa.


torpedo Mk14


torpedo Mk37

La misión principal del Santa Fe era entregar 20 infantes de marina (Grupo Golf) armados con misiles antitanque Bantam , cañones sin retroceso y lanzagranadas antitanque para reforzar la guarnición de Georgia del Sur, cuatro toneladas de munición y equipo, y un nuevo comandante para la guarnición argentina de la isla. Posteriormente, el barco patrullaría al norte de la isla. Debido a la incertidumbre en torno al resultado de las negociaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y Argentina, Horacio Bicain recibió la orden de evitar enfrentarse primero al enemigo, lo que redujo considerablemente sus posibilidades de éxito.

El Santa Fe zarpó de Mar del Plata a las 23:30 del 16 de abril, y a pocas millas surgieron nuevos problemas. El sistema de control eléctrico del sistema de propulsión falló, obligando al barco a la deriva durante tres horas para su reparación. Al día siguiente, el pistón del motor diésel n.° 1 falló, requiriendo 24 horas para su puesta en servicio. El 19 de abril, una falla en el engranaje de la bomba de refrigeración provocó el sobrecalentamiento del motor diésel n.° 4. Las reparaciones de emergencia con resinas epoxi duraron 48 horas. Esto provocó un retraso en el desembarco previsto.

El 20 de abril, debido al mal tiempo, el submarino se vio obligado a sumergirse y continuar el viaje sumergido, lo que retrasó aún más el desembarco. Entre el 21 y el 22 de abril, a pesar de una fuerte tormenta, el Santa Fe siguió emergiendo, lo que provocó daños en la barandilla del puente de mando y la superestructura. El submarino volvió a sumergirse. El casco dañado vibraba, interfiriendo con el sistema de sonar y revelando la presencia del submarino.

El 23 de abril emergieron para buscar la fuente del ruido y eliminarla. Para entonces, el retraso había alcanzado las 36 horas. Esa tarde, el buque patrullero antártico HMS Endurance interceptó un radiograma codificado que indicaba la presencia de un submarino enemigo (presumiblemente el Santa Fe) a 100 millas de Georgia del Sur. Esto causó cierta preocupación entre el mando británico, ya que dos buques cisterna británicos se encontraban en la zona transfiriendo combustible de un buque a otro.

La fragata HMS Plymouth fue enviada a la zona para proteger a los buques cisterna y escoltarlos más allá de la zona de 200 millas. El almirante Sandy Woodward señaló en sus memorias, Cien días:

La tensión aumentaba y la operación en Georgia del Sur parecía estancada por el temor a un submarino argentino. Desafortunadamente, el alcance de nuestro avión de patrulla desde la isla Ascensión era insuficiente.

La fragata HMS Brilliant y el submarino nuclear HMS Conqueror fueron enviados para reforzar la fuerza antisubmarina británica que se dirigía hacia la isla.

El Santa Fe recibió información sobre la ubicación de los buques británicos cerca de Georgia del Sur de aviones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Argentina (C-130 Hércules y Boeing 707). Por ejemplo, el Endurance interceptó señales de radio del Boeing dirigidas al submarino, que indicaban que este se dirigía hacia la isla para desplegar fuerzas especiales y tenía órdenes de hundir el Endurance.


HMS Endurance

En la madrugada del 24 de abril, se recibió la noticia de que las fuerzas británicas habían comenzado la liberación de Georgia del Sur. El comandante del Santa Fe recibió órdenes de acelerar la operación. Se decidió dirigirse a Cabo Norte (el extremo occidental de la isla) y luego a la Bahía de Cumberland. El barco emergió durante toda la noche, se sumergió a las 5:00 a. m. y practicó snorkel hasta el anochecer.

A las 11:30 p. m., el Santa Fe llegó a su destino y, deteniéndose a una milla de Punta Rey Eduardo, descargó el grupo Golf y la carga entre las 2:30 a. m. y las 4:30 a. m. utilizando una lancha motora capturada de una estación polar británica. Tras completar la descarga, el comandante del barco decidió buscar refugio en una de las numerosas bahías, realizar reparaciones y luego dirigirse a la zona de patrulla. Pero una hora más tarde, cuando el barco se encontraba a cinco millas de Grytviken (Grytviken es el centro administrativo del territorio británico de ultramar de Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur), sonó una alarma de combate: el radar detectó un objetivo aéreo que se aproximaba.


Georgia del Sur

Se trataba de un helicóptero Wessex pilotado por el teniente comandante Stanley desde el destructor HMS Antrim. El sonar del destructor detectó el ruido del submarino argentino a una distancia aproximada de 50 millas. El helicóptero lanzó dos cargas de profundidad Mk II, con espoletas ajustadas a la profundidad mínima, que detonaron en la popa de estribor. Los daños resultantes impidieron que el submarino se sumergiera. Los submarinistas, a su vez, abrieron fuego contra el Wessex con armas ligeras .


Teniente Comandante Stanley


Wessex TIENE 3 helicópteros


El HMS Antrim frente a la costa de Georgia del Sur


Cargas de profundidad Mk 11


Ataque con cargas de profundidad en el Santa Fe

Los helicópteros Sea Lynx y Wasp de los buques HMS Endurance, HMS Plymouth y HMS Brilliant llegaron poco después, lanzando un torpedo Mk 46 (que pasó por debajo del casco del submarino) y bombardeándolo con misiles AS 12 y fuego de ametralladora. Tres misiles AS 12 impactaron en la estructura de fibra de vidrio de la torre de mando, pero no detonaron, inutilizando el snorkel y otros dispositivos retráctiles e hiriendo gravemente a un miembro de la tripulación. Para evitar más bajas, Bikain ordenó a la tripulación refugiarse dentro del casco de presión y, a las 7:30, se acercó al muelle de King Edward Point usando un periscopio.

Bajo la cobertura de fuego de los infantes de marina argentinos, los submarinistas abandonaron su barco y se refugiaron en tierra. Unas horas más tarde, la guarnición de Georgia del Sur se rindió a los británicos prácticamente sin resistencia; la isla se había llamado San Pedro durante solo 23 días. La única víctima mortal de la operación fue un marinero del Santa Fe, que fue evacuado inmediatamente en helicóptero a Antrim, donde se sometió a una exitosa operación de amputación de pierna.


Un helicóptero Sea Lynx con un torpedo suspendido.


Un helicóptero Wasp con un misil AS 12


Helicóptero Wasp ataca Santa Fe


Fragata HMS Plymouth


Fragata HMS Brilliant

Los argentinos capturados fueron alojados en un edificio cerca del muelle. El comandante del Santa Fe solicitó permiso para que varios miembros de su tripulación regresaran a bordo del submarino para recoger sus pertenencias personales, alimentos y suministros médicos. La solicitud fue concedida, y media docena de suboficiales, escoltados por infantes de marina británicos, abordaron el submarino. Algunos lograron entrar en la letrina y la cocina y abrir las válvulas del sistema de agua para inundar el submarino. Al día siguiente, los británicos decidieron volver a amarrar el barco a unos 400 metros del muelle de la antigua planta procesadora de ballenas en Grytviken, ya que la munición y las baterías a bordo representaban un grave peligro. Además del comandante del submarino, otros seis miembros de la tripulación participaron en el amarre, supervisados ​​por un grupo de infantes de marina británicos. Para entonces, la popa del submarino había comenzado a sumergirse, y se utilizó un soplador rotatorio para vaciar los tanques de lastre y mantener la flotabilidad . La propulsión se proporcionaba mediante motores eléctricos, utilizando la energía eléctrica restante. Durante el reacoplamiento, ocurrió una tragedia: el suboficial Félix Artuso, quien operaba el compresor y las válvulas del sistema de inmersión y ascenso, falleció. El centinela inglés, poco familiarizado con los submarinos, confundió los rápidos movimientos de Artuso —quien debía operar 24 válvulas simultáneamente— con un intento de hundir el submarino. El submarinista no entendía inglés y no respondió a las advertencias. El centinela disparó una ráfaga con su ametralladora Sterling.


Félix Artuso

En estas circunstancias, se canceló el amarre y, pocos días después, el Santa Fe se hundió en su amarre a 20 metros de profundidad, escorado a babor. Solo la barandilla de la superestructura quedó a flote. El submarinista fallecido fue enterrado con honores militares en el cementerio local. Los demás miembros de la tripulación fueron trasladados a bordo del buque cisterna RFA Tidespring a la Isla Ascensión, y desde allí, un avión fletado de KLM voló a Montevideo.


El funeral de F. Artuso en el cementerio de Grytviken.




El Santa Fe semisumergido en el muelle de Grytviken.

Tras el fin de la guerra, el Ministerio de Defensa británico decidió reflotar el Santa Fe, que obstruía el muelle y, además, los torpedos y demás municiones a bordo representaban un grave peligro. Los trabajos comenzaron a finales de junio y fueron llevados a cabo por las tripulaciones del Endurance, el remolcador Typhoon y el buque de salvamento Salvageman. Su tarea consistía en bombear el agua de los compartimentos inundados con bombas portátiles y, posteriormente, vaciar los tanques de lastre con el aire comprimido restante en los cilindros del submarino. La situación se complicó por la práctica ausencia de especialistas en ingeniería submarina; solo dos oficiales del Endurance (un hidrógrafo y un oficial de suministros) habían servido brevemente en un submarino. Tampoco existían planos del submarino. No obstante, tras más de dos semanas de intenso trabajo, el Santa Fe volvió a flotar, aunque con una escora de 25 grados.


El Santa Fe junto al Salvageman después de que el barco fuera izado.

Así describe el comandante del Endurance, N. Barker, la escena que se desplegó ante los marineros británicos:

También descubrimos una considerable colección de armas, incluyendo torpedos, minas, cajas de armas pequeñas, municiones y explosivos. Cuatro torpedos autoguiados estaban amontonados en las literas, como si fueran víctimas de una plaga. Una gran cantidad de torpedos se almacenaban en estantes, en el piso desmontable de la cubierta y en los tubos lanzatorpedos. Uno de los tubos estaba vacío; probablemente intentaban hundir uno de nuestros barcos, ¡y es posible que fuéramos nosotros!
El 15 de julio, un equipo de especialistas llegó de Inglaterra para inspeccionar el Santa Fe, que había sido vaciado. Todos reconocimos un problema grave: las grandes cantidades de TNT, que se secaban rápidamente, se estaban volviendo cada vez más inestables. Gracias a nuestros esfuerzos, el Santa Fe se había convertido en una bomba de relojería flotante.


Los buzos se preparan para inspeccionar el Santa Fe.

Por lo tanto, se decidió remolcar la embarcación a un lugar más seguro y vararla allí con las escotillas y las puertas de los mamparos abiertas. Se creía que esto inundaría gradualmente los compartimentos y haría que el TNT mojado volviera a ser seguro.


El Santa Fe está siendo remolcado a la playa.

Entre 1984 y 1985, tras cuatro meses de trabajo (los buzos realizaron 868 inmersiones), los buques de rescate Goosander y Salvageman de la RMAS, utilizando 10 pontones inflables, reflotaron el submarino el 11 de febrero de 1985 y, tras eliminar las sustancias nocivas (combustible diésel, etc.), intentaron remolcarlo a aguas profundas lejos de la costa el 20 de febrero de 1985 (Operación Okehampton), pero el submarino se hundió a 5 millas al norte de Georgia del Sur a una profundidad de 350 m.


Elevación de Santa Fe


El Santa Fe está siendo remolcado al lugar del hundimiento.

Continuará ...

jueves, 15 de enero de 2026

ARA San Luis: Las andanzas del corsario manco

Viaje al fondo de los mares del Sud (Malvinas ´82)


Foto "La Nacion"

Escrito por  Jorge Fernández Díaz LA NACION Sábado, 22 de Agosto de 2009 - Tomado de http://www.elsnorkel.com

Fuente



A las siete y media de la mañana, Alejandro Maegli estaba a punto de entregar la guardia y meterse en la cama cuando de pronto el sonarista del submarino le dijo una frase que lo dejó helado: "Señor, tengo un rumor hidrofónico".
El teniente de fragata pegó un respingo queriendo creer que el operador se había equivocado.
A veces las ballenas o el krill producen "rumores biológicos" y pueden confundir al más experimentado de los técnicos del sonar. Pero el ruido venía del Noreste y sus características se iban confirmando con el correr de los minutos. Maegli era jefe de comunicaciones y tenía la obligación de despertar al comandante. Lo hizo: "Despiértelos a todos, uno por uno, y colóquelos en sus puestos de combate", le ordenó el capitán.

A Maegli se le puso la piel de gallina. En ese momento sólo podía sospechar lo que iba a ocurrir. Pero no podía saber con certeza que comenzaría la primera batalla submarina del Atlántico Sur, que venían hacia ellos helicópteros ingleses a ras del mar, seguidos de cerca por los buques de la Royal Navy, y que los esperaban veintitrés horas de miedo, suspenso, persecución y explosiones.

Era el 1° de mayo de 1982 y el submarino ARA San Luis tendría su bautismo de fuego en la Guerra de las Malvinas.

Maegli es hoy contralmirante y director del Area Material Naval, y tiene a su cargo la difícil decisión de reparar o sacar de servicio para siempre a esa nave llena de fantasmas que espera en silencio, roja por la pintura antióxido, en una dársena del puerto de Buenos Aires. ¿Cómo resolver con la cabeza un asunto del corazón?


El "San Luis" en Tandanor, Mayo 2009

Alejandro encontró su vocación en Mar del Plata a los cuatro años, durante una visita escolar. Un submarino reposaba en silencio, pero traía consigo ecos de aventuras, y Alejandro se metió luego en la Escuela Naval con el único propósito de surcar bajo el agua los mares del mundo. Hizo una experiencia en un buque barreminas. "Para ser oficial barreminas no hay que ser loco, pero te ayuda bastante", dice el refrán. Y después sirvió en un buque de apoyo. Finalmente, ingresó en la Escuela de Submarinos, que es muy exigente, y aprendió de memoria, uno por uno, los múltiples mecanismos internos de esa nave.

La primera vez que entró en el San Luis todo se le venía encima. Parecía realmente un lugar de confinamiento. El submarino es un cilindro que mide 50 metros desde el timón a la proa, 11 metros desde la quilla hasta el tope de la vela y 5 metros con veinte centímetros de lado a lado: ése es el diámetro de un caño donde deben vivir, trabajar, dormir y recrearse treinta y cinco hombres durante semanas y, a veces, meses de misión submarina. Travesía en la que se habla en voz baja, se come poco "porque la navegación te quita el hambre", y donde luego de la vibrante marcha en superficie y las maniobras de inmersión sobreviene una extraña serenidad espacial.

El submarino había sido comprado a Alemania en los años setenta, había llegado desarmado a la Argentina y había sido montado pieza por pieza en Buenos Aires. Pero para la época de Malvinas presentaba algunos problemas: no podía desarrollar velocidades de inmersión superiores a los 14 nudos y uno de los cuatro motores diesel que permiten cargar las baterías a través de un snorkel no funcionaba. Así y todo, Maegli no estaba tan preocupado por estas limitaciones como por su mujer, que estaba a punto de dar a luz. En marzo de 1982, ese padre primerizo, que apenas tenía 27 años, tuvo que zarpar en misión de adiestramiento y subirse por las paredes del submarino esperando la buena nueva. Estaban haciendo ejercicios con tres corbetas cuando llegó la noticia de que había nacido su hija María Inés. Los festejos a bordo fueron discretos, pero afectuosos.

A mediados de mes llegó otra orden: debían suspender los simulacros y retornar a Mar del Plata. Un amigo se lo encontró en tierra. Partía al día siguiente en el submarino Santa Fe. "Flaco -le dijo a Maegli en un susurro-me voy a Malvinas." Alejandro sospechaba que algo grande se avecinaba, pero no tenía tiempo de meditar demasiado: corrió a ver a su mujer y a conocer a su hija, y los acontecimientos del 2 de abril lo sorprendieron como a casi todos nosotros. Sintió entonces una íntima contradicción: alegría patriótica mezclada con angustia y extrañeza. Hacía pocos meses había confraternizado con los oficiales del submarino inglés HMS Endurance, que había hecho escala en Mar del Plata. El Endurance atacaría luego, con torpedos y el apoyo de helicópteros, al submarino Santa Fe.

Recibieron la orden de alistarse contra reloj y hacerse a la mar el 11 de abril. Salieron de noche, con órdenes secretas. Cuando abrieron el sobre descubrieron, tragando saliva y con los ojos bien abiertos, que debían patrullar el "Area Enriqueta", frente a Puerto Deseado. La luna brillaba en la dársena: navegaron hasta la altura de cabo Corrientes y se sumergieron. Maegli preparó las cartas de navegación y leyó la consigna: "Autorizado uso de armas en defensa". No podían atacar a nadie, porque las negociaciones diplomáticas no se habían agotado. Pero ese despacho lo obligó a procesar psicológicamente el hecho de que por primera vez no se trataba de un entrenamiento: era la guerra.

Pasaron varios días haciendo recorridos y subiendo el snorkel media hora para obtener energía y oxígeno: ésos eran los momentos de mayor vulnerabilidad de la nave. Luego todo fue esperar y madurar la idea del combate. Salvo, claro está, cuando sucedió lo imprevisto: una avería en la computadora de control de tiro. Llevaban a bordo 10 torpedos alemanes y 14 estadounidenses. Pero sin esa computadora, la única alternativa era lanzarlos de manera manual. Trataron de repararla, pero no tenían a bordo los elementos con qué hacerlo, y el 27 de abril recibieron otro mensaje: "Destacarse y ocupar «Area María». Todo contacto es enemigo".

Eso significaba que debían desplazarse a una zona cercana a la isla Soledad y que allí no había buques argentinos. Cualquier "rumor hidrofónico" tenía entonces que ser, forzosamente, una nave inglesa, y la orden era dispararle, sin dudar.

El 1° de mayo Maegli juntó a todo su equipo de informaciones de combate. Se sentaron alrededor de una mesa minúscula y él descubrió que le temblaban las piernas y que no podía levantar la cara. Cuando la levantó vio que sus camaradas estaban en idéntica actitud de pánico. Vadeó como pudo ese pantano y comenzó la reunión de análisis. Luego se colocó los auriculares: el blanco venía hacia ellos y el comandante ordenaba preparar tubos de torpedos y movimientos submarinos para encontrar la mejor posición de tiro. En un momento, el sonarista oyó explosiones y hélices de helicópteros. Se aproximaban tres helicópteros antisubmarinos con los sonares desplegados y largando cargas de profundidad a ciegas. A medida que analizaban los sonidos y señales se daban cuenta de que los Sea King avanzaban abriéndoles camino franco y seguro a varios buques británicos de guerra. Cuando estaban a 9000 yardas, Maegli le dijo a su capitán: "Señor, datos de blanco ajustados". El comandante gritó: "¡Fuego!" Y el torpedo salió disparado con trepidaciones y ruidos escalofriantes. Llevaba consigo un cable de guía a través del cual se podía teledirigir su dirección. Pero a los pocos minutos un oficial informó que el cable se había cortado. El torpedo seguía ahora corriendo, aunque de manera autónoma, y estaba programado para ir ascendiendo con el objeto de asegurar el impacto. El problema es que, al hacerlo, se hacía visible. En cinco minutos absolutamente todos los buques ingleses desaparecieron del sonar, y el torpedo se perdió en la nada.

No era difícil para los helicopteristas ingleses ver el trazado del disparo y calcular la posición del San Luis. A Maegli se le secó la boca. Pasarían de cazadores a presas en segundos; los ingleses, a gran velocidad; los argentinos, en cámara lenta.

El capitán ordenó evasión a toda máquina y el sonarista dijo: "Splash de torpedo en el agua". Les habían disparado y ya se sentían los sonidos de alta frecuencia que el proyectil inglés emitía al acercarse. "Máxima profundidad", ordenó el comandante. Y a continuación mandó lanzar falsos blancos. Se usaban señuelos, pastillas gigantes que en contacto con el agua hacían burbujas y confundían con sus ecos apócrifos. Los llamaban "Alka Seltzer". Después de expulsar los dos señuelos, el sonarista informó de algo que galvanizó a todos: "Torpedo cerca de la popa". Maegli pensó: "Cagamos, nos está persiguiendo, nos va a reventar". El sonarista agregó: "Torpedo en la popa".

Diez segundos y un año después, el operador dijo, con su voz metálica: "Torpedo pasó a la otra banda". Una alegría silenciosa, un cierto alivio recorrió el cilindro: el torpedo inglés había pasado de largo y se perdía en el mar. Se habían salvado por un pelo.

En ese instante mismo comenzó el hostigamiento. Los Sea King se acercaron lanzando sus cargas y sacudiendo el océano. Tiraban todavía sin tener la posición exacta del San Luis, que bajaba y bajaba. Pescaban con bombas a unos quinientos metros del mentón del teniente Maegli. El submarino fue reduciendo su velocidad y se asentó con un golpe en el fondo de arena. Cada veinte minutos los helicópteros llegaban y soltaban sus explosivos, reemplazándose los unos a los otros en la tarea durante horas y horas. Las ondas expansivas no llegaban y entonces el máximo problema era el oxígeno. Sin poder sacar el snorkel, el dióxido de carbono subía y el peligro aumentaba. El comandante ordenó que la tripulación abandonara sus puestos de combate y se metiera en la cama: había que gastar lo menos posible. Meterse en la cama y dormir en un submarino que está en el fondo del mar y al que le siguen disparando debe ser una de las experiencias más inquietantes de la vida. A pesar de ella, Maegli pensó: "El problema no es el miedo sino cómo controlarlo", y se quedó dormido.

Veintitrés horas después del primer "rumor hidrofónico", el sonarista anunció que el área estaba despejada. El San Luis emergió a plano de periscopio, sacó el snorkel y la antena, y recibió la triste información de que habían hundido al Santa Fe en las Georgias. El teniente pensó en su amigo y en los oficiales del Endurance, y luego no pensó más que en hacerse fuerte y seguir haciendo su trabajo. "Ya teníamos callosidades en el alma, ya éramos diferentes", dice hoy, al recordar aquel bautismo de fuego.

Cinco días más tarde, en un teatro de operaciones infestado de naves enemigas, los sensores acústicos volvieron a detectar "ruido hidrofónico". "Posible submarino", dictaminó el operador. Y el comandante ordenó de nuevo que todos ocuparan sus puestos de combate y que el San Luis avanzara hacia el blanco, que tenía un extraño comportamiento zigzagueante. "Blanco alfa muy cerca", dijo el operador. Estaba a unos 1500 metros. Dispararon un torpedo antisubmarino de recorrido corto y escucharon una detonación tremenda. Pero nunca pudieron determinar a qué le habían pegado.

En la madrugada del 11 de mayo, Maegli estaba nuevamente de guardia cuando el sonar detectó una fragata misilística que venía del Este, y al rato otra del Norte. Todos estaban en sus puestos. Y allí, provisionalmente en pausa de combate, les sirvieron un memorable arroz con tomate que los submarinistas comieron con los músculos en tensión, como si fuera lo último que probarían antes de morir. Luego comprendieron que los dos buques británicos convergían sobre el estrecho de San Carlos y el capitán ordenó atacar el blanco más cercano a la costa. "¡Fuego!", volvió a gritar, a una distancia de 5200 yardas. Tardó tres minutos en cortar cable. Pero todos los tripulantes acompañaban mentalmente la corrida del torpedo. Hasta que, de repente, Maegli escuchó un clanc. Un alarmante ruido de chapa. El sonarista informó que los blancos huían a toda máquina. El proyectil había pegado en el casco, pero no había explotado. El proyectil, una vez más, no estaba en buenas condiciones. Los dos buques ingleses venían de hundir con artillería al ARA Islas de los Estado, un barco argentino que transportaba municiones y combustible de avión. Habían muerto más de veinte hombres en ese naufragio.

Cuando el capitán comunicó al Comando de Operaciones Navales las fallas del torpedo y les recordó las dificultades en el sistema de tiro, recibió una directiva terminante: volver a casa. Regresaban a Puerto Belgrano de noche y en silencio: no habían logrado hundir ningún buque y aunque habían provocado, tal como confesaron luego los ingleses, una verdadera psicosis en el mar y habían logrado retardar con su amenaza submarina el desembarco en las islas, llevaban un regusto amargo. "La prevención, el desgaste de energía y el temor que genera un submarino es terrible", me explica el contralmirante Maegli; se nota que aquella amargura no se le ha borrado de la boca.



Atracaron en secreto en la base naval y comenzaron a realistar el San Luis, metiéndolo a dique. El teniente llegó estresado, barbudo y con la misma ropa con que había salido de Mar del Plata a su departamento de casado, y durante una semana no respondió preguntas ni salió de la cocina de dos por dos: sólo se sentía seguro en lugares reducidos.

Nunca el San Luis pudo volver al teatro de operaciones. Trajeron a dos expertos para repararlo, pero tardaron cuarenta días y eso dejó al submarino y a su tripulación fuera de la guerra. El 14 de junio los tapó la tristeza. Maegli siguió prestando servicio en el San Luis, y en 1983 lograron que los técnicos alemanes revisaran los mecanismos, explicaran las razones de los desperfectos en sus torpedos y en el sistema de tiro que habían fabricado, y pudieran hacerse las modificaciones necesarias.

Alejandro siguió una larga carrera de perfeccionamiento profesional. Fue comandante del ARA Salta -gemelo del San Luis-, director de la Escuela de Submarinos y agregado de Defensa en Canadá. Un amigo de Ottawa le regaló un libro donde figuraban las grandes batallas submarinas de la historia. Un historiador británico, especializado en el tema, narraba las dramáticas aventuras de un submarino argentino que había escapado de milagro al acecho de la Royal Navy: el San Luis. Maegli no quiso leerlo así como no quiere visitar el submarino rojo que duerme en un astillero de la Costanera Sur a la espera de ser convertido en un museo o regresar al mar. "Es viejo, pero no es anticuado -lo defiende el director de Material Naval de la Armada argentina-. Si me preguntás qué quiero te respondo algo muy simple: sólo un buen final."

Volvió al astillero para hacerse unas fotografías. Pero lo hizo a regañadientes. Las ánimas vestían de rojo. Costó hacerlo subir al puente del San Luis. Maegli finalmente subió y recordó en un pestañeo el momento exacto en el que se abrió la escotilla y salió a la luz después de 37 días sumergidos en el Atlántico Sur sin ver el océano ni el cielo ni el sol. Maegli asomó su cara agotada de 1982 y respiró profundamente. Lo sorprendió en ese momento el olor puro del mar. El imborrable olor de la vida.


Foto El Snorkel

El personaje
ALEJANDRO MAEGLI

Testigo fundamental de una batalla submarina


Bajo fuego enemigo .. El Submarino “SAN LUIS” se le asigno la misión de destruir las fuerzas navales enemigas, operando en un área de patrulla ubicada al norte de las Islas Malvinas, pero fuera de la Zona de Exclusión establecida por los británicos. El 29 de abril, tras el fracaso de las negociaciones diplomáticas, el SAN LUIS fue autorizado a emplear todo su potencial bélico dentro de la llamada Zona de Exclusión. El Comandante de las Fuerzas Británicas, preocupado por la posible presencia de submarinos argentinos desplegó sus naves en una búsqueda costosa y estresante, sin obtener resultado alguno. El SAN LUIS ante la detección de tres buques enemigos se preparo para efectuar un ataque en forma manual, ya que su computadora de control de armas se había averiado poco tiempo después de la zarpada. El primer lanzamiento culmino con la desazón de su tripulación al perder el torpedo por corte de su cable filoguiado.

Delatada su presencia por este hecho, la pequeña y poderosa nave submarina se vio obligada a evadir con éxito un feroz ataque que se prolongo por mas de 20 horas. El 8 de mayo se obtiene un contacto sonar clasificado como “submarino en inmersión” a la corta distancia de 3000 yardas. Con las mismas limitaciones en su sistema de control tiro, se obtuvieron los datos de blanco y se lanzo un torpedo antisubmarino MK 37, escuchándose una explosión al finalizar la corrida. Nunca se obtuvieron datos suficientes como para confirmar los resultados de este lanzamiento. Durante la noche del 10 de mayo, luego de haber hundido al transporte argentino “ISLAS DE LOS ESTADOS”, la Fragata HMS “ALACRITY” sale a toda maquina del estrecho de San Carlos, buscando el apoyo de otras unidades en aguas abiertas. El SAN LUIS que se encontraba al acecho en la boca del estrecho, tuvo en su sonar a los dos blancos. Luego de ajustar los datos para el lanzamiento, lanzo dos torpedos a una distancia de 5000 yardas en la madrugada del dia 11. Ante el asombro de su tripulación, uno de los torpedos no salió del tubo y el otro presento la misma falla de corte de cable que el anterior. Había perdido una inmejorable oportunidad para vengar al transporte hundido.

Dos días después el SAN LUIS recibe la orden de regresar al continente. Todo el esfuerzo puesto para recuperar la operatividad de su sistema de armas fue en vano, el buque estuvo listo recién para mediados de junio. Ya era tarde. Nuestras naves submarinas tuvieron un destacado desempeño durante un conflicto desigual. Hicieron frente a una de las flotas antisubmarinas mas profesionales y prestigiosas del mundo. De no haber sido por las fallas de sus torpedos otro habría sido el curso de la guerra en el mar. Rendimos nuestro homenaje a aquellos héroes silenciosos que desde las profundidades australes dejaron bien alto el prestigio profesional del arma submarina argentina obteniendo el reconocimiento mundial por su audacia, valor y capacidad profesional.

sábado, 30 de abril de 2022

CFS: Cuando el ARA San Luis pudo afectar el resultado

Cómo un submarino de fabricación alemana pudo haber hundido un portaaviones británico durante la Guerra de las Malvinas

Disparó tres torpedos. Si uno hubiera golpeado, la historia recordaría la guerra de las Malvinas de manera muy diferente.
por Caleb Larson || The National Interest




El submarino Tipo 209, que solo se exporta, fue diseñado en la década de 1970 como una alternativa de submarino pequeño y asequible para países que no podían permitirse, ni tenían la necesidad, de diseños de submarinos estadounidenses o soviéticos grandes y costosos. Aunque el diseño del 209 es bastante pequeño en comparación con otros diseños de submarinos de propulsión nuclear, es bastante capaz y se ha exportado ampliamente a países que carecen de una industria nacional de fabricación de submarinos.

El diseño del Tipo 209 creado por Howaldtswerke-Deutsche Werft de Alemania, utiliza un diseño aerodinámico de casco único impulsado por cuatro motores diésel que cargan las celdas de la batería del submarino cuando salen a la superficie. Sumergido, el Tipo 209 puede alcanzar unos respetables 23 nudos o unas 26 millas por hora. Desde el periscopio, el comandante puede ver toda la longitud del submarino, que tiene un complemento de tripulación relativamente pequeño de solo 36.

El Tipo 209 disfrutó de un éxito considerable como submarino de exportación en el mercado submarino internacional. Se han desarrollado cinco variantes principales para 14 países diferentes, lo que lleva a algunas variaciones entre los cascos optimizados para diferentes requisitos navales. Incluso se construyó un tipo 209 en 2008. Aunque la clase es demasiado pequeña para albergar misiles lanzados verticalmente, sus ocho tubos de torpedos pueden disparar misiles de ataque a la superficie modificados para el lanzamiento de tubos de torpedos.

Clase Chang Bogo

La variante surcoreana del submarino Tipo 209, llamada clase Chang Bogo en honor a un marinero y explorador coreano, es una de las variantes más avanzadas del Tipo 209. Las baterías de plomo-ácido del Tipo 209 principal se cambiaron por baterías de iones de litio de mayor capacidad que amplían el alcance y la resistencia bajo el agua del Chang Bogo.

Además de los torpedos estándar de 21 pulgadas, la clase Chang Bono puede atacar objetivos de superficie con misiles American Harpoon. Estos arpones se disparan desde los tubos de torpedos del submarino dentro de contenedores herméticos que lanzan el misil al aire una vez que se ha hecho contacto con la superficie. Además de Alemania, Corea del Sur es el único otro país que ha puesto a la venta internacionalmente su variante Type 209 construida con licencia, un acuerdo que fue recogido por la Armada de Indonesia a mediados de la década de 2000.

Fuego en ira

Una de las pocas veces que se usó el Tipo 209 con ira fue durante la Guerra de las Malvinas, cuando un Tipo 209 argentino disparó contra un portaaviones británico. Sorprendentemente, el submarino argentino se acercó a 7.000 metros de la flota de superficie británica sin ser detectado y disparó tres torpedos. Sin embargo, debido a giroscopios defectuosos y cables de guía instalados incorrectamente, los torpedos se desviaron violentamente de su curso, perdiendo su objetivo. Si no se hubieran perdido, el curso de la Guerra de las Malvinas podría haber sido muy diferente.

Aunque la clase ha sido suplantada desde entonces por otros diseños alemanes más modernos, como la clase Tipo 214, la clase 209 sigue siendo una plataforma capaz, especialmente para países que no pueden fabricar sus propios submarinos y necesitan una plataforma de capacidad moderada en lo barato. Estos atributos rentables y capaces se reflejan en el éxito de exportación sorprendentemente amplio de la clase, particularmente en América Latina.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Malvinas: El San Luis opera contra el enemigo (2/2)

Uno contra todos (parte II)




La historia secreta de la Argentina submarino ARA San Luis en la Guerra de las Malvinas 
Parte 2
Viene de Parte 1
Por Jorge R. Bóveda 

Como se mencionó al final de la primera parte, el 17 de abril de 1982, ARA San Luis llegó a salvo en su "santuario fijo" o zona de espera, designado con el nombre código de "Enriqueta", ubicado a unas 130 millas al norte de la zona de exclusión establecida por los británicos alrededor de las islas. Dos días más tarde, mientras permanecía en esa estación, se produjo una avería en el ordenador de control de tiro VM8-24. A pesar de los esfuerzos de la tripulación, no hubo manera de reparar el equipo con los recursos disponibles a bordo. 
La tripulación de la nave incluía dos cabos especializada en control de tiro, que también tenía el deber de reparar el sistema en caso de fallo. Esta función fue ocupado previamente por suboficiales experimentados, pero en abril de 1982 fue sólo el personal disponible muy joven, sin el entrenamiento para reparar el sistema y solo para volver a colocar placas de circuito impreso. 
La consecuencia inmediata de esta limitación severa en el uso del sistema de arma fue que a partir de entonces, el disparo de torpedos se haría con cálculos manuales, con el submarino siendo capaz de controlar solamente un torpedo a la vez, en lugar de tres que el sistema permite cuando funciona normalmente. 
Con el ordenador sin funcionar, el submarino operado en modo "emergencia", que sólo servía doctrinariamente para auto-defensa, dada la baja probabilidad de los impactos que generan. 
Paralelamente a los esfuerzos llevados a cabo a bordo para tratar de restaurar el sistema, las autoridades navales en el continente mantenían consultas con el Jefe del Arsenal en el Río de la Plata (CF Edgardo P. Meric), para solicitar asesoría técnica. Pero eso requeriría que el ARA San Luis enviara mensajes largos por la radio que el sistema tenía, por lo que los técnicos sobre el terreno podría diagnosticar el problema. 
La mera posibilidad de que el submarino pudiese revelar su presencia en la zona de operaciones a través de estos mensajes hizo que la idea fuese rechazada de inmediato. 
Dada la imposibilidad de arreglar la computadora, el comandante Azcueta envió un mensaje urgente a COFUERSUB, poniendo el alto mando de la situación y pidiendo instrucciones. 
Contra todos los pronósticos predecibles, se ordenó que el San Luis debe quedarse donde estaba hasta nuevo aviso, porque pensaban [erróneamente] que el enemigo podía ver a su ausencia en el teatro donde se reparaba el buque. 
Al final del conflicto, muchos submarinistas consultados expresaron que el daño podría haber sido reparado en Puerto Madryn, con la simple transferencia del personal técnico a bordo y las piezas necesarias. 
En retrospectiva, esta idea parece haber tenido buenas perspectivas de éxito en ese momento [Abril 19], ya que sólo un pequeño número de submarinos nucleares operaban al oeste de las unidades de las Malvinas y la superficie todavía no habían llegado a la zona de operaciones [llegaron el 22 de abril ], de modo que las capacidades anti-submarinas del enemigo en el área focal de Puerto Madryn era inocuas. 
Mientras que el San Luis continuó su ruta hacia el sur, extendiendo su área de operaciones, los remolcadores Tehuelche y Querandí, bajo el mando del Teniente Navío Araujo (en ese entonces de inmediato aviso ARA Irigoyen) fueron enviados a Puerto Belgrano, con el fin de acompañar a la submarino ARA Santiago del Estero (foto abajo), un IA Guppy que había sido desactivada en 1981, en el tránsito de vuelta a puerto, con la intención deliberada de engañar al enemigo sobre su estado real. 



Para garantizar la operación en su conjunto, se decidió que los remolcadores debían tomar el puerto de Mar del Plata después de las 19h, el 22 de abril, debiendo navegar de nuevo en 72 horas. No hubo necesidad de esperar tanto tiempo. 
A sólo cinco horas más tarde, exactamente a las 00h20, el submarino ARA Santiago del Estero en superficie comenzó a navegar hacia Puerto Belgrano, con sus propios motores, pero incapaz de bucear. 
La operación de transferencia a la principal base naval en la Argentina se llevó a cabo sin problemas y con toda prisa, para aprovechar las condiciones favorables del tiempo. 
El submarino llegó a su destino sano y salvo al día siguiente por la noche, que estaba escondido cuidadosamente entre dos grandes buques mercantes para abastecerse de combustible, convenientemente oculto a la vista por los satélites o aviones. 
El ardid tuvo éxito, a juzgar por las entrevistas dadas por el personal enemigos capturados en las Georgias del Sur, los británicos estaban muy preocupados de saber el paradero del gemelo ARA Santa Fe. 

En la zona de operaciones 
Faltando pocos kilómetros para entrar en la patrulla, un ruido fuerte de golpeteo se escuchó en el "espacio libre de circulación", es decir, el espacio entre la cubierta y la resistencia del casco, que se inundó por completo bajo el agua. El comandante Azcueta decidió entonces emerger rápidamente antes del atardecer, para investigar la fuente del ruido, ya que aumentan la indiscreción de la nave. 
El misterio se reveló muy pronto: una pistola de soldar que algunos trabajadores desprevenidos había olvidado en la preparación rápida de la nave. El movimiento del submarino hacia que la herramienta se batiese continuamente contra el casco, dando la impresión de que se trataba de algo mucho más serio. 
Se detectó también que había liberado una cubierta de acceso a una válvula, que se reparó con prontitud. Todas las operaciones no tardaron más de 15 minutos, a continuación, se volvió a navegación segura. 
Al final del 28 de abril a las 8, el ARA San Luis arribó a su zona de patrulla, nombre en código "María", al norte de la Isla Soledad, muy cerca de la costa. Al día siguiente, como consecuencia directa de la incursión de la británica Grytviken, Georgia del Sur, que levantó las restricciones sobre el uso de armas. 

 

Si el comandante Azcueta tenía alguna duda sobre la existencia o ausencia de actividad enemiga en la zona, esta se disipó alrededor de las 9:40 pm del 1 de mayo, cuando su sonar detectó un ruido inmediatamente clasificado como un "escolta Tipo 21 o 22" "en función de su tasa de presentación de las hélices y el tipo de sonar 184." 
El objetivo operaba con helicópteros y navegó 18 nudos. Azcueta ordenó a las estaciones de batalla y el aumento de la velocidad máxima para acortar la distancia del objetivo: 13.000, 12.000, 11.000, 10.000, izó el periscopio brevemente, pero una espesa niebla le impidió ver algo. 
Cuando el objetivo se encontraba a una distancia inferior a 9.500 metros, Azcueta ordenó la liberación de los primeros SST-4, el primer torpedo lanzado por primera vez por la Armada Argentina en tiempo de guerra, deteniendo la maquina en el último momento para facilitar la orientación manual del torpedo. Eran las 10:15. dos minutos después de la liberación se recibió la señal de "cable cortado" y no hubo evidencia de que el objetivo hubiese sido alcanzado. Casi de inmediato, el submarino comenzó a maniobras evasivas, en previsión de un contraataque enemigo posible, pero nunca sucedió. Al parecer, los británicos nunca supieron de su presencia. 
Para ahorrar combustible y evitar ser detectados por los helicópteros anti-submarinos operaban en esta zona, el San Luis aterrizó en el lecho marino alrededor de 16:25 y se quedó allí en los próximos cinco horas. Casi todos los días se vieron obligados a jugar al gato y al ratón con los buques de superficie y los helicópteros anti-submarinos británicos que se desplazaban por la zona, teniendo que parar varias veces bruscamente para recargar las baterías, ya que los contactos hidrofônicos que se mantenían con el enemigo eran constantes. 

 

Más Problemas 
El 4 de mayo, que opera un nuevo revés golpeó el San Luis, uno de los dos convertidores de 400 Hz, fue inesperadamente disponible.Sin uno de sus convertidores, el submarino fue aún más limitado, no puede operar plenamente su equipo más esencial, como el sonar, transmisores de radar, girar, y el sistema de armas muy.Con más de este tema, entre otros defectos, el equipo tuvo que reparar el mal, con poca información disponible a bordo del submarino, se convirtió en la operación mucho más arriesgada, a pesar de la moral de la tripulación y la voluntad de seguir luchando contra el comandante no a disminuir en nada. 
Ese mismo día, dos super aviones Etendard pertenecientes a la escuadra de Segunda Naval de Caza y se ataque vetorados por un viejo bimotor P-2H NEPTUNE, hasta que un grupo de blancos que navegaban 100 kilómetros al sur de Puerto Argentino, en una misión de "piquete- radar ". 
Alrededor de las 11:05, el avión argentino disparó misiles Exocet AM39 al mismo tiempo para alcanzar al destructor Tipo 42 HMS Sheffield, de 3660 toneladas. 
Al principio, los británicos creyeron que habían sufrido un ataque con torpedos, pero un vuelo de reconocimiento que se hizo diez minutos después del ataque reveló un gran agujero de 3 metros de diámetro por encima de la línea de flotación en el lado de estribor de la nave, que sólo podría haber llegado por un misil aire-superficie. 
No sólo demostró que el grupo de batalla británico era vulnerable a la aviación argentina, que causó pánico en el alto mando militar británico, para mostrar la posibilidad de perder uno de sus dos valiosos portaaviones, que hasta entonces se consideraba impensable. 
El submarino ARA San Luis recibió un informe sobre el HMS Sheffield a 21h14 [Argentina] y se le ordenó ir a toda velocidad a la última posición conocida de la nave enemiga, para confirmar y obtener los objetivos de hundimiento de oportunidad. Inexplicablemente esta orden fue revocada en unas pocas horas que quedan en la zona de San Luis de las operaciones. 

Nuevos objetivos 
Cuatro días más tarde, los sensores acústicos recogieron otro objetivos, esta vez en la zona de popa del submarino, con todas las características de un contacto inteligente y por lo tanto hostil. 
Un miembro de la tripulación informó: "Nos sentimos muy cerca del casco por encima de la popa, aunque no puedo garantizar que no era un torpedo." De todas formas, el capitán ordenó inmediatamente las maniobras evasivas y lanzamiento de señuelos para evitar una amenaza inminente. 
El 8 de mayo, a las 21h42, el objetivo se detectó a una distancia corta y el comandante Azcueta decidió lanzar un torpedo MK.37 a una distancia inferior a 2500 metros. La explosión ocurrió 16 minutos después del lanzamiento, pero no fue posible determinar el resultado. 
Esta acción despertó después de la guerra, las críticas injustificadas de los que fueron responsables de la evaluación de las acciones de combate, sin tener en cuenta la experiencia de mínimo disponible de la "Fuerza de Submarinos" en la clasificación de los objetivos como en la gran mayoría de los casos, los buques modernos de Armada no se aprovecharon para la formación de los submarinos, dejándolos sólo con el entrenamiento para el combate el submarino contra submarinos. 
La tercera oportunidad para atacar llegó en la madrugada del 11 de mayo, cuando se produjo un nuevo contacto hidrofônico de dos blancos de superficie que navegaban cerca de la desembocadura del Estrecho de San Carlos. El destino había puesto de San Luis entre las dos naves enemigas en una gran posición para un ataque con torpedos.En total oscuridad reinó la superficie, evitando la visualización de los barcos a través del periscopio. El comandante Azcueta decidió en primer lugar atacar al objetivo situada más al sur, ya que había menos probabilidad de error en la estimación de la dirección y distancia. 
Alrededor de 1:40 am, a una distancia de 8.000 m, ordenó la liberación del tubo Nº 1, pero con la falla de éste, tuvo que poner en marcha con tubo Nº8, con la distancia del blanco reducida a 5.200 metros. Después de 3 minutos de funcionamiento de los torpedos, a la luz de la señal "cortar el cable" fue recibido en la consola de control de tiro. 
El San Luis a continuación, se ofreció de inmediato para atacar el segundo objetivo, que se encontraba un poco más al norte, pero esta vez el blanco abandonó el lugar a alta velocidad y Azcueta decidió abortar el lanzamiento. 
Poco después de la operación, el comandante envió un mensaje a COFUERSUB darse cuenta de su frustrado ataque y el comportamiento errático de los últimos torpedo. A pesar de tener información de un objetivo excelente y una posición para hacer el tiro, llegó a la conclusión de que "el sistema de armas no era confiable." 
Este mensaje, finalmente convenció al Alto Mando Naval argentino de que el San Luis tenía que volver a casa. 
Para evitar la interferencia con otras unidades que operaban en aguas cercanas a la costa de Argentina, hubo una ruta directa hacia el extremo sureste del área de formación de submarinos frente a Mar del Plata y desde allí, tomamos una ruta costera para la canal de acceso de la Base Naval de Puerto Belgrano. 
En la noche del 19 de mayo, el ARA San Luis regresaba a la base después de 39 días de patrulla y 864 horas de inmersión. Después de unas pocas horas después de desembarcar, su segundo convertidor de 400 Hz, también estaba totalmente fuera de servicio. 

Poder Naval