miércoles, 15 de abril de 2015

Encuentra una carta enviada a Malvinas en 1982 en un museo

La carta que escribió en el ‘82 a Malvinas apareció en un museo
Una tarea escolar que se transformó en pieza de colección. Néstor Valiente la hizo a pedido de la maestra y la envió por correo. Un fotógrafo la encontró exhibida en las Islas.

María Belén Etchenique - Clarín


Por las calles de Luján. Néstor trabaja como repartidor de agua envasada en su ciudad natal. Lucía Merle

Una caligrafía redonda e infantil formó hace 33 años un mensaje. Era 1982. Había una escuela, un aula, un grupo de alumnos de segundo grado y, entre ellos, un chico de pelo negro y ojos de búho. Vestía un guardapolvo blanco, una camisa abotonada hasta el cuello y un pantalón de casimir. Sentado en una silla de madera, escribía: “Para el soldado de mi patria. El amor de tus hermanitos te acompaña. ¡Viva la patria! Néstor Daniel Valiente”. Tres oraciones y una firma que hoy se exhiben junto a cigarrillos, chocolates, cajas de fósforos y jabones en el Falkland Islands Museum and National Trust, en las Islas Malvinas.

Eran tiempos de guerra y enviarles cartas a los soldados argentinos que combatían en el Atlántico Sur se había transformado en una actividad habitual en las escuelas. La Primaria N° 10, en Luján, a 68 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, siguió el fervor patriótico del momento. Y Néstor, el más aplicado de la clase, cumplió con la tarea encomendada. “Era muy chico, pero recuerdo que la maestra hablaba de darles ánimo a los soldados, a ‘nuestros hermanitos’, como dice la carta. Aún escucho sus palabras y veo su mirada fija en mí”, reconstruye Néstor a Clarín.

Aquel nene de siete años que se sentaba en la primera fila de pupitres se convirtió en un adulto alto, macizo, de rasgos duros y nariz angulosa. Sigue en Luján, ya no en el barrio Parque Lasa de su infancia sino en la zona céntrica, a dos cuadras de la Basílica. En una casa de dos pisos y un patio al fondo, convive con su esposa, Laura, y sus hijos Benjamín, de 15 años, y Simón, de 11.

La carta que escribió hace más de tres décadas y envió con inocencia a través del buzón en plena guerra reapareció en su vida hace 15 días. Se le presentó amarilla, rodeada de otros objetos y como parte de una imagen. “El fotógrafo César Daneri viajó a las Islas Malvinas para hacer un libro. En un museo encontró mi mensaje y empezó a buscarme. Me ubicó a través del padrón. Natalia Salonia, una colaboradora de él, me contactó. Al principio le dije que no era yo, pero al ver el texto reconocí mi letra, mi firma, mi ve corta mayúscula, y los recuerdos volvieron como flashes”, rememora.


En una ruta en las afueras de Luján, una de las tantas que Néstor Valiente transita mientras realiza su trabajo de repartidor de agua envasada, el pasado se le puso enfrente. “Quedé shockeado. Fue una noticia inesperada. Llamé a mi mujer, a mis padres y lo comenté con mis compañeros. Algunos se emocionaron. También lo hablé con mis hijos, se sorprendieron con las palabras ‘carta’ y ‘guerra’”, cuenta. Esa noche no pudo dormir, desvelado por la duda: “¿Formaría parte de las pertenencias de un soldado argentino o estaría archivada dentro de un cajón?”, se repetía en la oscuridad.

El Falkland Islands Museum and National Trust, también conocido como Britannia House, es un museo pequeño y antiguo ubicado en Puerto Argentino, la capital de las Malvinas a la que los ingleses llamaron Puerto Stanley. Ahí, entre espacios que difunden la identidad kelper, hay una sala dedicada al conflicto armado de 1982. Dispuestos en vitrinas o amurados a las paredes se pueden ver titulares de los diarios británicos, medallas de honor, aparatos de comunicación, maquetas de barcos y aviones utilizados durante la guerra, el armamento de los soldados británicos, fotografías de la rendición y una reproducción de una trinchera argentina, entre muchísimos elementos recolectados.

"Me gustaría viajar a las Islas Malvinas para ver la carta. Quiero saber el lugar exacto en el que la encontraron y si hay información sobre quién la tenía”, se ilusiona Néstor. Cree que esas respuestas llenarán los huecos de sentido que el hallazgo del mensaje provocó en su mente. Sin embargo, a pesar de la confusión, tiene una certeza. “La guerra fue absurda. Muchos chicos fueron enviados a perder la vida. Mi hijo Benjamín tiene unos años menos que aquellos soldados. Fue una locura sin sentido que sólo trajo muerte y tristeza".

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