Durante
la jornada, estudiantes integrantes de distintos Centros de Estudiantes
participaron de una recorrida por el Museo de Malvinas y de un espacio
de intercambio con veteranos, donde pudieron conocer en profundidad sus
vivencias, reflexiones y aprendizajes vinculados a la causa Malvinas.
Posteriormente,
se impulsó la formación de estudiantes promotores de la Causa Malvinas,
brindándoles herramientas pedagógicas y acompañamiento para que puedan
replicar lo aprendido en sus instituciones educativas.
El
programa prevé, además, la realización de la jornada escolar
“Malvinizar desde las aulas”, donde los propios estudiantes, junto a
docentes y equipos directivos, coordinan actividades como exposiciones,
conversatorios, muestras y propuestas artísticas, deportivas y
culturales, promoviendo la reflexión sobre la soberanía, la memoria y la
identidad nacional.
Desde el Municipio se continúa impulsando
este tipo de iniciativas que buscan sostener la Causa Malvinas en el
tiempo, acercándola a las nuevas generaciones y promoviendo una
construcción colectiva de la memoria, se dijo desde el área de Prensa de
la comuna local.
En redes
En
Punta Alta, el programa de "Malvinización" es impulsado fuertemente por
el Centro de Veteranos de Guerra y Familiares de Caídos, enfocado en
mantener viva la memoria, testimoniar "Historias Vivas" en redes
sociales y reconocer a enfermeras civiles del Hospital Naval Puerto
Belgrano. Realizan actos, vigilias y actividades comunitarias.
El centro es un punto central de actividades, difusión de testimonios de veteranos, y conexión con familiares de caídos.
Recientemente
se realizó un nuevo homenaje a la Asociación de Enfermeras Civiles por
Malvinas 1982 por su labor crucial en el Hospital Naval Puerto Belgrano.
Entre
sus actividades para conservar la Memoria Viva, se llevan adelante las
vigilias tradicionales esperando el 2 de Abril, izado de pabellón y
marcha de Malvinas, y la competencia pedestre.
En redes se pueden
encontrar material de importancia en Facebook con el nombre del centro,
instagram, youtube cvgmde puntaalta, o bien se pueden visitar las
instalaciones y el museo, ubicados en Villanueva 375 (esquina Paso).
La institución fundada el 30 de junio de 1999, tiene como premisa brindar contención y asistencia.
El Archivo Histórico Municipal, por su parte, documenta la experiencia civil de Punta Alta durante los 74 días del conflicto.
Vigilia
A medida que se acerca el día de conmemoración, se renueva la memoria y el reconocimiento, se expresa desde el Centro.
"El 2 de abril es una fecha muy significativa para nuestro país".
"En
este día se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra
de Malvinas, recordando a quienes participaron del conflicto de 1982 y a
quienes dieron su vida por la Patria".
"Por eso, los invitamos a
acompañarnos en la vigilia del 2 de abril, un espacio de memoria y
encuentro para honrar a nuestros Veteranos de Guerra y recordar a
quienes dieron sus vidas en las islas del Atlántico Sur".
Reflexión
En su página de Facebook, los integrantes de la institución compartieron:
“Hay que estar ahí para vivirlo.
Cada tripulante lo vivió de una manera distinta.
Cada protagonista tiene su recuerdo.
Cada historia, su propio punto de vista.
No hay una sola mirada.
Hay muchas experiencias que merecen ser escuchadas.
Por eso, es tan importante registrar cada testimonio.
Porque la memoria se construye con todas las voces.
Mientras haya quien recuerde y quien escuche, la historia seguirá viva".
18 competencia pedestre – 44 aniversario
La media maratón “Gesta de Malvinas” será el próximo 5 de abril, a las 9.
Distancias: 5K VGM, 10,5K, 21K, marcha aeróbica familiar (4 km – no competitiva y sin costo).
Habrá remeras especiales para los primeros 250 anotados.
La inscripción se recibe en Villanueva 375 y mediante www.bahiacorre.com.ar
Los valores fueron fijados en $30.000 con remera + pulsera de fiscalización y $10.000 sin remera.
Consultas: 2901-509146 (Héctor Santillán VGM).
"Correr,
acompañar y mantener viva la memoria, en honor a los héroes". Ese es el
propósito de este encuentro que se lleva adelante todos los años.
La conmovedora historia de la madre de un soldado caído en Malvinas: cómo fue el día que visitó su tumba en Darwin
Nélida murió dos días antes de finalizar el 2024. Antes, pudo identificar el cuerpo de Horacio Echave y visitar las islas. El relato de la despedida del soldado que viajó a las islas desde Mercedes. El abrazo final y la angustia por la falta de información
Por Adrián Pignatelli || Infobae
Nélida
Montoya, mamá del soldado Echave, cerrado un capítulo frente a la tumba
de su hijo, cuyos restos fueron identificados en 2017 (Familia Echave)
A los Echave, Malvinas los golpeó de la peor forma.
Las hermanas de Horacio recuerdan perfectamente aquella noche cuando a
punto de cenar asado al horno con papas paró un jeep del ejército en la
puerta de la casa y dos militares les comunicaron que Horacio estaba desaparecido.
Quedaron grabados los gritos de desesperación de Nélida, que no
entendía lo que pasaba y no concebía cómo no podían darle precisiones de
lo que había pasado en Malvinas con su Horacito, su hijo mayor, que
ella no pretendía ningún reconocimiento ni medalla, que solo lo quería
de vuelta con ella.
El ritual se repetía cada vez que Horacio debía regresar al regimiento de infantería 6,
donde hacía el servicio militar. Los padres y hermanos lo acompañaban
caminando hasta la parada del ómnibus, y lo que recuerda su hermana
Analía, que entonces tenía siete años, es que siempre iba sonriente y
que antes de subir al micro, se daba un abrazo fuerte con su papá Horacio Dámaso.
(Comisión de familiares de caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur)
Siempre
de buen humor y de tener muchos amigos, era bromista con sus hermanas
Liliana, Marcela, Susana, Analía y Vanesa (la siguiente María Julieta
nació en 1981 y falleció a los tres días) y le gustaba disfrazarse para
hacerlas asustar. Ya más grande, cuando ellas iban a bailar, las
acompañaba de regreso a casa y luego se volvía al boliche. Para su madre
Nélida, era un chico dulce, cariñoso, que bailaba a las maravillas el
rock, que le gustaba ir a pescar y “todas esas cosas” y que soñaba con convertirse en maquinista.
Había
nacido en Bolívar el 22 de junio de 1962 y desde muy chico la familia
se radicó en Lobos por el trabajo del papá. Hizo la primaria en la N° 1
Pilar Beltrán, la más antigua de esa localidad. El primer año de
secundaria en el Nacional de esa ciudad, un par de años en la técnica
industrial y luego, como el estudio no era lo suyo, abandonó para
trabajar con un vecino en la colocación de antenas. En Lobos todos lo conocían como “el topo”, por sus orejas.
Cuando
entró al servicio militar, bromeaba que se engancharía en el ejército.
Cuando la familia supo que el regimiento sería movilizado a las islas,
tomaron el tren a Mercedes, porque aprovechaban el viaje gratis ya que
el papá era ferroviario. Ese soleado lunes 12 de abril de 1982 llegaron
casi corriendo junto a otras familias porque el tren se había atrasado, y vieron a Horacio colgado de la reja, esperándolos para despedirse.
Rodeado de sus hermanas: Liliana, Marcela, Susana y Analía (Analía Echave)
El último abrazo, interminable, fue con su papá.
Ambos lloraban, y la mamá amagó a retarlos, que no iba a pasar nada,
que así como iban volverían, quiso tranquilizar, aunque la procesión iba
por dentro.
Era apuntador de FAL de la compañía B. Estaba en la tercera sección al mando del subteniente Esteban Vilgré Lamadrid.
Escribió cuatro cartas desde las islas y cada vez que llegaba una, la
madre se aliviaba, porque sabía que estaba bien, a pesar de su angustia
al saber que sólo comían una vez al día. Cuando la mamá supo que estaba
por el monte Dos Hermanas, se tranquilizó, porque pensó que la guerra se concentraría en Puerto Argentino. El les escribía que estaba defendiendo a la Patria, que se quedasen tranquilos.
En
una oportunidad, Echave le pidió al corresponsal Rotondo que junto a su
compañero Benítez les tomasen una fotografía así sus familias se
quedarían tranquilas.
Echave
y Benítez fotografiados en Puerto Argentino. Los soldados pensaron que,
cuando se publicara, sus familias se tranquilizarían (Eduardo Rotondo)
En las primeras horas del 14 de junio, el último día de la guerra,
fue cuando se produjeron la mayoría de las bajas del regimiento donde
estaba Horacio, quien cayó junto a Horacio Balvidares por el fuego de la
artillería inglesa, cuando ya estaban replegados sobre Puerto
Argentino.
Nélida Esther Montoya, su mamá, nació el 6 de junio de 1943 en Hale, un pueblo del partido de Bolívar. De joven trabajaba en el campo. A su esposo Horacio Dámaso Echave lo conoció porque era ferroviario y alternaba destinos de trabajo en el interior bonaerense.
En Bolívar nació Horacio y al año y medio les gustó Lobos, se quedaron a vivir allí y formaron una familia.
Nélida en la inauguración de una plaza en Bolívar, con el nombre de su hijo
Apenas terminó la guerra Nélida -que escuchaba todo el día Radio Colonia en busca de noticias-
trató de indagar y de saber qué había pasado con su hijo. Los Echave
iban a la ruta por donde llegaban los camiones del Ejército con los
soldados, preguntaban por Horacio. Al principio tenían la esperanza de que se hubiera bajado antes y que tal vez fuera camino a casa.
Fue
un duro impacto cuando semanas después de finalizada la guerra, un par
de militares fueron a su casa, a la hora de la cena -un asado al horno
con papas terminó quemado porque nadie le prestó atención- a comunicarle
que su hijo estaba desaparecido. Solo recibieron gritos de
desesperación y de muchos por qué sin respuesta. A su lado, su marido
permanecía inmutable, mientras medio pueblo de Lobos se había agolpado
en la puerta de la casa.
Allí sus hijos se enteraron de que su mamá estaba embarazada de Juan Pablo,
noticia que había ocultado por vergüenza. “Esperemos que a tu mamá esta
noticia no le afecte el embarazo”, comentaban los vecinos. Cuando su
hija Andrea le preguntó si estaba encinta, respondió que sí y luego se
largó a llorar.
Fue
Nélida que decidió donar la placa que por años señaló la tumba de su
hijo como "soldado argentino solo conocido por Dios", al pueblo de
Lobos, como un agradecimiento a los vecinos por tantos años de ayuda y
contención
Juan Pablo nació en octubre. Ella pensaba que si tenía otro varón fuera a tener que hacer el servicio militar, y eso la aterraba.
Horacio nunca supo que iba a tener un hermano. La familia había conocido ya el dolor: en 1981 había fallecido María Julieta, una hija de tres días y recuerdan que Horacio pidió permiso en el cuartel, ya que estaba haciendo el servicio militar, para estar con su familia.
Nélida se involucró y
participó activamente de la inauguración de lo que los hijos aseguran
es la primera y única biblioteca manejada por veteranos de Malvinas, que
se levantó hace 25 años en el predio del ferrocarril en Lobos.
Al padre de Horacio, Malvinas le dolía mucho, no hablaba del tema. Y
el día en que una comisión integrada por representantes del Equipo
Argentino de Antropología Forense, la Cruz Roja, el escribano general de
la Nación y no recuerdan qué otros funcionarios más fueron el 15 de
diciembre de 2017 a notificar la identificación de su hijo, estaba en
cama y no quiso levantarse. “¿Encontraron a Horacito? ¿Está muerto?” atinó a preguntar. Falleció a consecuencia de un Epoc el 1 de julio de 2018. Nunca quiso viajar a las islas, decía que se encontraría con su hijo en el cielo.
Cuando se identificaron los restos, fue cuando la familia admitió que “no lo esperaría más”. Su mamá dijo que ya no era un soldado sólo conocido por Dios, “sino por nosotros también”.
"Madres de Malvinas", un título que bien define a Nélida y a tantas mujeres durante los últimos cuarenta años
Para
Nélida, la identificación fue una pequeña victoria, porque había sido
una de las primeras mamás en insistir en que se hicieran los análisis de
ADN. Siempre le pedía a su hija Analía que estuviese con ella en las tantísimas notas periodísticas que brindó, porque su misión siempre fue la de encontrar a su hijo.
En esas entrevistas, los hijos descubrieron a “una mamá nueva”, desprovista de esa rígida coraza que nunca se quitaba. En la vida cotidiana era una persona cerrada en sí misma,
que no manifestaba sus sentimientos y que si la habían visto llorar
tres veces, era mucho. Intuían que lo hacía cuando estaba sola. En la
familia entendieron que todo lo hacía por Horacio. Caso contrario de su
marido, más emocional y sentimetal.
En
marzo de 2018 su hija Analía la acompañó en el viaje de familiares de
caídos al cementerio de Darwin. Para ella Malvinas le había quitado su
hijo, pero también sabía que era el último lugar que había pisado.
Ella ya había ido tres veces antes, y como ignoraba en qué tumba estaba enterrado su hijo, besaba todas las cruces. Siempre llevaba flores y rosarios.
Su último viaje a Darwin fue distinto porque pudo visitar la tumba con el nombre. Fue un esfuerzo muy grande,
ya estaba muy cansada, usaba bastón para movilizarse y por nada del
mundo quiso llegar al cementerio en silla de ruedas, tal como se lo
ofrecieron. Que ella llegaría caminando, que si su hijo se había
sacrificado, ella también lo haría. Ayudada por una asistente de la Cruz
Roja traspuso la puerta del cementerio. Confesó su temor de no
encontrar la sepultura.
Estuvo dos horas sentada frente a la sepultura y lo más doloroso fue la despedida, porque no quería dejar solo a Horacio.
Cuando
fue el último viaje el 5 de diciembre pasado, sus hijas no le
comentaron nada, ya que estaba internada en la ciudad de La Plata.
Cuando se enteró, días después, lloró mucho. La consolaron diciéndole
que debía recuperarse, así podría ir en el viaje programado para marzo
de este año.
Cuando la enfermedad comenzó a hacerse sentir, sus hijas Analía y Vanesa la representaban en actos.
A Analía le quedó grabado la emoción que sintieron en el homenaje
celebrado en la Escuela N° 1 Pilar Beltrán cuando recibieron diplomas
los que habían egresado de la primaria hace 50 años, que era la
promoción de su hermano Horacio.
Cuando le tocaron nombrarlo, estalló una cerrada ovación, gritos de “héroe” y de vivas a la Patria,
y sus viejos compañeros las sorprendieron entregándole un diploma,
firmado por todos, “en reconocimiento al héroe de Malvinas Horacio
Echave”.
El
4 de julio del año pasado, la placa de “Soldado sólo conocido por Dios”
que cubría su tumba sin nombre en Darwin, identificada como B.1.4, se
colocó en la Plaza 1810 de Lobos, y Nélida pudo estar presente. En junio del 2019 en el barrio 181 de la ciudad de Bolívar, donde Horacio nació, se inauguró una plaza con su nombre.
Sostenía que la muerte de su hijo le había provocado una herida que se cerraría con su propia muerte. En
los días finales, con su cama ortopédica acondicionada en la cocina
porque no entraba en la habitación, se preocupó de que hubiera una vela encendida en un altarcito que ella había armado con las fotos de su hijo y de su marido.
El domingo 29 de diciembre, en su agonía, llamó mucho a su hijo.
Dos minutos antes de la medianoche, falleció rodeada de toda su
familia. Tenía 81 años, y 35 batalló para lograr el reconocimiento de
aquellos soldados que eran conocidos solo por Dios, pero que ahora eran
conocidos por todos.
Fuentes: Analía, Andrea Susana, Vanesa y Juan Pablo Echave
Los primeros defensores de las Malvinas son honrados mientras se inaugura un monumento a la unidad de los Royal Marines
Fuente: Marina Real
El
último evento conmemorativo del 40º aniversario del conflicto de las
Malvinas rindió homenaje a los primeros hombres que entraron en acción
en 1982.
Los
70 Royal Marines y marineros del Partido Naval 8901, la primera línea
de defensa de las islas, libraron una batalla desigual con fuerzas
abrumadoras argentinas durante las primeras horas de la invasión en
1982.
El
gobernador de las islas les ordenó a regañadientes que depusieran las
armas antes de ser hechos prisioneros. Repatriados unos días después,
los hombres regresaron a las islas dos meses después para izar la
bandera de las Malvinas frente a la Casa de Gobierno –la sede del poder
británico– cuando las fuerzas argentinas se rindieron.
Cuatro
décadas más tarde, comandos veteranos estaban nuevamente en Stanley,
uniéndose a la guarnición actual y al personal de las Fuerzas de Defensa
de las Islas Malvinas que marchaban por las calles de la capital hacia
el imponente monumento a los caídos en el paseo marítimo.
Conmemora
el choque naval de 1914 frente a las islas, y los líderes de las
Malvinas decidieron que el Día de la Batalla de 2022 era la ocasión
perfecta para honrar simultáneamente a NP8901.
En
1982, Bill Muir, un sargento mayor que había comenzado su período de
servicio de un año pocos días antes de la invasión, fue invitado a
descubrir el pedestal conmemorativo en los terrenos de la Casa de
Gobierno que lo elogia a él y a sus camaradas por ofrecer una “valiente
vida”. y una defensa valiente” a pesar de estar “superados en número,
armas y maniobras”.
Contuvo
las lágrimas mientras realizaba los honores, lleno de orgullo y
aprecio, sobre todo porque este es el primer reconocimiento oficial que
recibe el Partido Naval.
“Sé
que el pueblo de las Malvinas continúa agradeciéndonos”, dijo. “Pero
después de la guerra, somos nosotros quienes realmente les agradecemos”.
Tienes un lugar en nuestros corazones y te has ganado un lugar de especial honor en la historia de las Malvinas.
MLA Leona Roberts
La
concejala de Stanley, MLA Leona Roberts, que vivió la guerra cuando era
niña, dijo a los veteranos del Partido Naval que era difícil para los
isleños expresar su gratitud hacia los hombres.
“Tienes
un lugar en nuestros corazones”, dijo. “Y usted se ha ganado un lugar
de honor especial en la historia de las Malvinas”.
La
ceremonia (y las conmemoraciones del Día de la Batalla en el monumento)
se desarrollaron en un clima glorioso, con los tres servicios
representados y el Cuerpo de Tambores de los Royal Marines añadiendo
pompa y ritmo a la ocasión.
El
Día de la Batalla rinde homenaje a los marineros de la Royal Navy que
persiguieron y casi aniquilaron al escuadrón del almirante alemán Graf
von Spee, que hasta entonces había demostrado ser una espina clavada en
el costado de Gran Bretaña.
Había
derrotado a una fuerza inferior de la Royal Navy frente a Coronel en el
Pacífico en noviembre de 1914, lo que llevó al Almirantazgo a enviar
dos cruceros de batalla, más rápidos y más poderosos que cualquier cosa
que von Spee ordenara, para destruir al grupo alemán.
Lo
lograron. Cuatro de los cinco buques de guerra alemanes del escuadrón
de von Spee, incluido el buque insignia con el almirante a bordo, fueron
hundidos con la pérdida de casi 1.900 almas, mientras que la Royal Navy
sufrió sólo diez muertos.
Los alumnos de una escuela secundaria restauran un avión que estuvo presente en la guerra de Malvinas
Son
chicos de un colegio técnico de Quilmes que trabajan en la recuperación
del Aero Commander 500. La aeronave no entró en combate. Igual, para
los jóvenes es un símbolo del conflicto bélico de 1982
El Aero Commander, en el hangar de trabajo de la escuela. Cumplió tareas secundarias durante el conflicto del Atlántico Sur.
El 20 de febrero de 2018, un avión Aero Commander 500 U T 133 se accidentó en el aeropuerto de Mar del Plata.
La máquina debió aterrizar de panza por una falla mecánica en su tren
de aterrizaje, que no había alcanzado a desplegarse totalmente. Raleado
por la Fuerza Aérea, lo terminó donando a la Escuela de Educación
Secundaria N° 7 “Taller Regional Quilmes”, que funciona desde marzo de
1957 en el Área de Material Quilmes, dependiente de la Fuerza Aérea
Argentina, a escasas dos cuadras del Río de la Plata. Nació como Escuela
de Aprendices Operarios y la Fuerza Aérea se ocupa de proveerle la
infraestructura y el equipamiento.
Sus
1100 alumnos cursan siete años, tres básicos y los cuatro restantes
pueden optar en dos especialidades: Técnico Aeronáutico, que apunta a la
electromecánica o Técnico Aviónico, relacionado a la electrónica del
avión. En su último año, el séptimo, deben cumplir en grupos con el
desarrollo de un proyecto propuesto e ideado por ellos mismos. Se llaman
prácticas profesionalizantes, que deben complementarse con tareas externas, una suerte de pasantías en empresas.
Este año se presentaron seis proyectos relacionados a la aeronáutica.
Todos deben tener un valor social. Hay un grupo de 14 alumnos que
encararon uno que sobresalió por sus características especiales: restaurar
el Aero Commander 500, que en la guerra de Malvinas fue una de las
tantas máquinas que la Fuerza Aérea desplegó para la realización de
tareas secundarias en el continente y que se había accidentado en Mar
del Plata.
El grupo de alumnos encargados de este proyecto, que busca mantener viva la llama de Malvinas.
Este
avión es un bimotor a pistón, que fue adquirido por nuestro país junto a
otros similares en 1968. Tienen capacidad para dos pilotos y seis
pasajeros y fueron usados para transporte de personal y enlace de
unidades y comandos.
La idea de los alumnos es
dejarlo como material didáctico para la escuela. Para ellos, que
actualmente tienen 18 años, el avión tiene una significación especial al
conocer que, de alguna manera, participó del conflicto del Atlántico
Sur. “Todos sentimos orgullo de poder trabajar en una aeronave que se utilizó durante la gesta de Malvinas.
Si bien no entró en combate ni pisó suelo malvinense demuestra el
compromiso de Fuerza aérea al destinar hasta el último avión y sus
recursos humanos”, destacó a InfobaeLucas Ibarrola, el líder del grupo y quien propuso que esta restauración fuera el proyecto grupal exigido por la escuela.
La
cabina del avión. Muchos de los repuestos fueron donados por la Fuerza
Aérea y también se contó con el esfuerzo de la cooperadora escolar.
Cada proyecto cuenta con dos profesores tutores. Este equipo es acompañado por Luis Frontini y Leonardo Calienni.
En un primer momento los docentes mostraron sus reparos con esta idea.
Pensaban que los alumnos no llegarían muy lejos, habían decidido encarar
un proceso que llevaría mucho tiempo, sin contar con los precios
elevados de los repuestos que se precisarían.
Los alumnos no se desanimaron a pesar del panorama: la panza del avión estaba severamente dañada y no tenía el piso, motor, tanques de combustible ni sistema hidráulico, y con fallas en su estructura de largueros y cuadernas.
El
grupo en plena acción. Los alumnos deben cumplir con una determinada
carga horaria, que hace rato que excedieron, por la pasión que ponen en
el trabajo.
En marzo de este año
pusieron manos a la obra. La primera tarea fue realizar un relevamiento
de las piezas que tenían y las que faltaban. Algunas costaron trabajo
conseguirlas, muchas hace tiempo que no se producen y alcanzaron el
status de ser exhibidas en museos. Fue importante el apoyo brindado por la cooperadora de la escuela, que además mantiene las aulas, el taller y el comedor.
Los
alumnos comprobaron que los milagros existen: una empresa donó el
lubricante y otra 100 litros de combustible, que debe tener un bajo
contenido de plomo.
Las primeras semanas fueron de pleno aprendizaje. Lucas
contó que cuando armaban el motor lo primero que hicieron fue colocar
el filtro de aire, al que debieron quitar y volver a colocar una decena
de veces para facilitar la conexión de otros cables y mangueras. Hasta que aprendieron.
Hubo
una discusión en el grupo y fue en torno al color que debe lucir la
máquina. Luego de hablar con autoridades de Fuerza Aérea y con
profesores se decidió actualizar su aspecto exterior. Ya lo tienen
definido pero no quieren adelantar detalles hasta que se presente
oficialmente en sociedad.
De todas maneras, acordaron mantener algunos detalles para que no pierda su legado. Se conservará la bandera argentina y el logo de los cien años de la Fuerza Aérea en la cola, y en las alas tendrá su matrícula y la escarapela argentina.
El proyecto forma parte de la currícula del último año. El avión quedará en la escuela como material didáctico.
Cuando los alumnos decidieron repintarlo, apareció la donación de pintura y un curso gratuito sobre cómo aplicarla.
“Para la escuela es un proyecto importante”, destacó Jorge Pablo Juárez, que hace ocho años es director de la Escuela. “Enfrenta a los alumnos a diversos desafíos, se ponen en juego sus capacidades.”
Las autoridades se sorprenden del nivel de organización del grupo, una cuestión que se evalúa de cerca.
La Fuerza Aérea les donó el motor y repuestos
y la idea es ponerlo en condiciones de hacerlo volar. Claro que eso no
está en poder de los alumnos que, al no estar recibidos, no pueden
firmar las certificaciones correspondientes. Van a necesitar de la
colaboración de un inspector de Aero Commander.
El
equipo debe respetar una serie de requisitos, entre ellos, cumplir con
200 horas anuales dedicados al proyecto. Sin embargo, esta exigencia
hace rato que la cumplieron, porque suelen quedarse a trabajar después
de hora y en días en los que no les corresponde hacerlo. Los alumnos
entran a las 7 y media, muchos deben tomar más de un medio de transporte
para llegar y están todo el día, hasta las cinco y media de la tarde.
“El grupo empuja”, señaló Calienni.
Por supuesto hay discusiones, en los que los docentes esperan ver cómo
se dirimen. Y en cuestiones serias, como las atinentes a la seguridad,
los profesores tienen la última palabra.
Deben
completar, diariamente, una carpeta de campo, en donde se describe las
tareas realizadas por cada uno de sus integrantes. Más allá que al final
del proyecto, deberán presentar una carpeta formal, es en el día a día
ver el compromiso de cada uno de los chicos.
El grupo está conformado por Lucas Ibarrola; Agustín Bardin; Ignacio Delgado; Lautaro Puig; Federico Franco; Mateo Viana; Joaquín Flores; Tomas Guglielmucci; Tomás Castez; Tomás Calero; Alejo Enrique; Matías Martínez; Nicolás Mato y Gerónimo Bergantino.
Los
alumnos se distribuyeron en cuatro grupos: uno se dedica a los motores,
otro a los sistemas, un tercero a la estructura y un cuarto mixto ayuda
en los otros tres.
Deben enfrentarse a
desafíos, en los que se mezclan la mecánica, la electrónica, pero
también la administración y cuestiones de contabilidad, tal como si
manejasen una pequeña empresa. “La idea es formarlos para insertarlos en el mercado laboral”, remarcaron desde la escuela.
Están
en todos los detalles. En su overall de trabajo, todo el equipo luce un
parche del Aero Commander, diseñado por ellos. Como el original no los
conformó, lo actualizaron. “Siempre manteniendo los colores patrios”, aclaró Lucas.
Todo
está listo para que el mes que viene la máquina sea oficialmente
presentada en sociedad. Dos pilotos veteranos de Malvinas lo harán
carretear.
Hace unos días los chicos tuvieron una gran alegría, al lograr poner en marcha uno de los motores. Lucas,
que sueña en convertirse en piloto de combate, adelantó que el 11 de
noviembre será especial. Esa fecha se conmemora el día de la Educación
Técnica y habrá una jornada a puertas abiertas para toda la comunidad.
Comprometieron a Héctor “Pipi” Sánchez y Luis “Tucu” Cervera,
dos pilotos de A4b veteranos de Malvinas, a hacerlo carretear cuando
será presentado oficialmente en sociedad con sus nuevos colores. Para
que esté en condiciones de volar, se deberá esperar la habilitación
final de la ANAC.
Todo cierra. Para el profesor Calienni,
técnico aeronáutico y mecánico de mantenimiento, con una vasta
experiencia que lo respalda, confesó que liderar a estos grupos “me
mantiene joven”. Para los 14 alumnos, como para el resto de sus
compañeros, embarcados en otros proyectos también importantes, este
trabajo es el cierre de su carrera. El avión, una vez restaurado, quedará para la escuela, para que los que vienen detrás puedan usarlo para aprender. “No todo está perdido”, señaló el director. Claro que no.
Las fotografías fueron provistas por el grupo de alumnos encargados de la restauración del avión.
El Gobierno de Tierra del Fuego homenajeó al Suboficial Segundo (RE) VGM Arnoldo Funes Maravilla tras su fallecimiento
Se declaró un día de duelo provincial en Tierra del Fuego. Oriundo de Mendoza, falleció ayer en Ushuaia a los 74 años. Gaceta Marinera
Ushuaia – El Gobierno de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur decretó un día de duelo provincial por el fallecimiento del Suboficial Segundo (RE) VGM Arnoldo Funes Maravilla, quien había sido enfermero en el submarino ARA “Santa Fe” durante la Guerra de Malvinas.
Asimismo, se estableció el izado a media asta del Pabellón Nacional y del Pabellón Provincial, de acuerdo a lo establecido en la Ley Provincial N° 1274, en todos los edificios públicos de Tierra del Fuego.
Durante el Conflicto del Atlántico Sur, el submarino ARA “Santa Fe” fue atacado el 25 de abril en cercanías de Caleta Vago (Islas Georgias del Sur) por helicópteros británicos; uno de los misiles impactó en la vela de la unidad argentina e hirió al Cabo Segundo Alberto Macías. El Suboficial Segundo enfermero Funes Maravilla fue el primero en asistirlo.
Sus compañeros del ARA “Santa Fe” recuerdan hasta la fecha esta heroica entrega y agradecen el homenaje por parte de la provincia. El reconocimiento a Funes Maravilla honrará su memoria y será reconocido por toda la comunidad como “Héroe de Malvinas”.
Anthony Cary, el hombre homenajeado por la denominación británica de las islas
Anthony Cary, 5º vizconde PC (Privy Council o consejero privado) de Falkland (16 de febrero de 1656 - 24 de mayo de 1694; el apellido se deletrea Carey en algunas fuentes) fue un inglés nacido en Inglaterra, noble escocés y político inglés.
Nació en el castillo de Farley, Somerset, hijo de Henry Cary, cuarto vizconde de Faklands, a cuya nobleza tuvo éxito cuando era niño en 1663.
Se casó con Fiona Catherine Cary y tuvo una hija: Mila Inge Cary (m. 21 de octubre de 1683)
Como compañero escocés tenía derecho a ser miembro del Parlamento de Inglaterra. Por lo tanto, se desempeñó como diputado Tory para Oxfordshire durante 1685–1689, Great Marlow de 1689 a 1690 y Great Bedwyn desde 1690 hasta su muerte.
Juró el Consejo Privado de Inglaterra en 1692 y sirvió como Primer Señor del Almirantazgo de 1693 a 1694. Anteriormente ocupó cargos en este último departamento como Tesorero de la Armada de 1681 a 1689, bajo Carlos II y James II, y como Comisionado del Almirantazgo de 1690 a 1693. Samuel Pepys tenía una opinión bastante baja de sus habilidades, mientras admitía que padecía problemas crónicos de salud.
En marzo de 1694 fue enviado a la Torre de Londres por cargos de peculado y murió de viruela en mayo, a los 38 años, sin descendencia masculina. Fue enterrado en la Abadía de Westminster.
Las Islas Malvinas son denominadas Faklands en el Reino Unido en su honor. Los vizcondes de Malvinas a su vez toman su título de la residencia de los monarcas escoceses Falkland Palace, en Falklands, Fife, Escocia.
La pandemia del coronavirus afecta de diversas maneras el reclamo de soberanía argentina en las islas Malvinas. Por la cuarentena por primera vez no se hizo la clásica vigilia de los combatientes, aunque hoy es un día para dedicarlo especialmente a los 649 caídos en el conflicto iniciado hace 38 años, el 2 de abril de 1982.
Guillermo de la Fuente, presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Bahía Blanca dijo que “por el coronavirus, este 2 de abril es diferente, pero con situaciones similares a las que vivimos en las islas, un enemigo, la vida dependiendo solo del resguardo”.
Aunque este año no haya vigilia ni festival, de la Fuente destacó la necesidad de “mantener el recuerdo de los camaradas caídos, que nos obliga a la responsabilidad, todo lo demás es circunstancial”
Y concluyó “como le decía a un amigo el otro día…. por lo menos ahora no caen bombas”
Malvinas: honores para la madre de un soldado argentino que por primera vez visitó la tumba de su hijo
Elma Pelozo, madre de Gabino Ruiz Díaz, nunca había podido honrar a su hijo recientemente identificado. En silla de ruedas, con sus piernas amputadas por la diabetes, dejó el paraje en Corrientes para volar hasta Darwin. El veterano Julio Aro y una enorme cadena solidaria hicieron posible este viaje. Infobae fue testigo de un día histórico, donde los soldados británicos lloraron junto a la madre del caído
Por Gaby Cociffi || Infobae
Directora Editorial de Infobae | gcociffi@infobae.com
Elma Pelozo en el cementerio de Darwin. El veterano Julio Aro la acompaña llevando su silla de ruedas. El comandante de las Fuerzas Británicas en las Islas del Atlántico Sur mantiene una respetuosa distancia luego de darle la bienvenida. El teniente de aviación y sacerdote, Adrien Klos, se emociona de rodillas frente a la madre del caído argentino
De rodillas frente a la madre del soldado argentino, el teniente de aviación de las Fuerzas Británicas en el Atlántico Sur deja que las lágrimas se deslicen despacio por su cara. Ella le habla en español, él solo responde en inglés, pero ninguno necesita comprender las palabras para sentir que están unidos en este silencio profundo que envuelve al cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas.
-Los bendigo a todos para que Jesús los lleve de regreso a sus hogares y a sus familias. Mi hijito no volvió, pero deseo que ustedes vuelvan sanos a sus seres amados - dice la madre.
-Amén - responde el militar conmovido.
-Les ha tocado la difícil tarea de obedecer y de dar todo por su Patria como nuestros hijos también lo hicieron. Hoy ustedes están acá y nosotros allá, pero al final del camino estaremos todos juntos cuando el Señor nos llame a su lado.
-Amén.
-Ya lo dijo Jesús: Yo soy la verdad, el camino y la vida y sin mí nadie llega al Padre. Entonces, vamos a seguir todos juntos esas pisadas para llegar al lugar que Dios nos prometió.
-Amén.
-Cuando vi a los soldaditos con su uniforme me imaginé a mi hijo escondido entre ellos. Fue como volver a verlo. Me ilusioné y pensé que él le preguntaba a su jefe si podía salir de la fila para venir a abrazarme. Y el oficial le daba el permiso y nos abrazábamos...Todos estos soldaditos son también mis hijos.
La madre besa al militar inglés. El hombre, que mide más de un metro noventa, parece pequeño mientras llora. Ya nadie habla. Ahora sólo se escucha el viento.
Honor para un soldado argentino
“Recordemos ante Dios a los que han muerto por su país en conflicto, a los caídos en batalla, aquellos que conocimos y cuyo recuerdo atesoramos. Ellos no envejecerán a medida que los que nos quedan envejecen. La edad no los alcanzará ni los años condenarán. En la puesta del sol y en la mañana, los recordaremos”.
En su uniforme de combate de la Compañía de Rifles A, el militar y sacerdote Adrien Klos es el encargado de oficiar la conmovedora ceremonia frente a la cruz mayor del camposanto argentino. Lo acompañan 10 guardias de honor, un trompetista que ejecuta The Last Post, un marine que traduce la palabra de Dios al castellano, el brigadier mayor de las fuerzas inglesas en las Islas del Atlántico Sur, Nick Sawyer, y el vicegobernador Alex Mitham.
Los militares británicos honran a Elma Pelozo, madre del soldado Gabino Ruiz Díaz, quien por primera vez llegó -con sus 80 años y en su silla de ruedas, porque tuvieron que amputarle las piernas por su diabetes- hasta la tumba identificada de su “Cambacito”, como lo llamaban en su Colonia Pando natal, un paraje a 140 kilómetros de Corrientes capital.
“Me llevo en mi corazón el haber encontrado a mi hijo. Lloré, recé, pude dejarle una flor de tela y un rosario. Me sentí más cerca de él, aunque es duro saber que ahí está su cuerpito, un cuerpito que salió de mí…”, dice emocionada.
El camino para que la madre de Gabino pueda rezar por primera vez en 38 años frente a la cruz de su hijo muerto en la batalla de Goose Green, el 28 de mayo de 1982, fue largo y difícil. La voluntad de un veterano por cumplir el sueño de Elma y una enorme cadena solidaria la trajeron hoy, finalmente, hasta las islas.
“Aquí hay heridas, hay dolor, pero también hoy hay alegría y hay paz porque cumplí con la promesa de buscar y encontrar a mi Negrito”, se conmueve rodeada por las 237 cruces de Darwin.
Las tumbas sin nombre
El viaje de esta madre quizás comenzó muchos años antes, cuando ninguno de los protagonistas podía imaginarlo. Fue cuando el soldado Julio Aro llegó a Malvinas con el Regimiento 6 de Mercedes en 1982. Allí, con solo 19 años tuvo que enterrar a sus compañeros cuando las esquirlas de una bomba alcanzaron sus cuerpos en la trinchera que compartían.
En 2008 regresó por primera vez a las islas. “Fui a buscar al chico que había dejado allí cuando terminó la guerra. Y cuando visité el cementerio de Darwin no encontré a muchos de mis compañeros. Sus nombres no estaban en las cruces. Las placas decían Soldado argentino solo conocido por Dios... Y eso me partió la cabeza”.
Al regresar, le contó a su madre el dolor que sentía. Ella le respondió: “Yo te hubiera buscado hasta el último día de mi vida”. Esas palabras se le hicieron carne.
Lucy y Liliana, quienes cuidan a Elma en Colonia Pando, el veterano Celso Farías y Julio Aro frente a la cruz de Gabino, muerto el 28 de mayo de 1982 en Pradera del Ganso
Los meses pasaron. Aro, junto a los veteranos José Raschia y José Luis Capurro, creó la Fundación No Me Olvides de Mar del Plata para acompañar a los veteranos y a sus familias en los traumas de la guerra. Cuando ya concluía el año fueron invitados a Londres para reunirse con excombatientes ingleses de gran experiencia en estrés post traumático.
El destino hizo que se cruzara con el coronel Geoffrey Cardozo, que oficiaba de traductor ya que habla perfecto español. En sus largas conversaciones, Aro le contó sobre esas tumbas que lo desvelaban. El día que partían, el militar inglés les entregó un sobre de papel madera: “Ustedes van a saber qué hacer con esto”.
Los veteranos, sorprendidos, encontraron documentos, planos, fotos, listas de soldados ¿Qué eran esos documentos? En 1982 el Reino Unido le había encomendado a Cardozo la difícil tarea de recoger los cuerpos de los campos de batalla y darles honorífica sepultura en el cementerio. Y ahora él les entregaba cada dato que había anotado y la forma en que los soldados habían sido encontrados y enterrados para que ellos pudieran comenzar la búsqueda.
Una tarde, revisando los documentos, encontraron un dato que les llamó la atención: en las listas como “identificación militar” figuraba un número de documento argentino. El soldado no estaba identificado y su cuerpo había sido hallado en Pradera del Ganso. El DNI los llevó hasta un nombre: Gabino Ruíz Díaz. Y el nombre hasta una provincia: Corrientes. “Ahí entendimos que la identificación era posible, que debajo de cada cruz había un cuerpo, y que nuestros compañeros podían recuperar los nombres que habían perdido el día que murieron en combate”, recuerda Julio Aro.
Les llevó semanas averiguar quién cobraba la pensión del soldado. No existían listas de deudos de Malvinas en ningún organismo oficial. Finalmente llegaron a la madre del caído: Elma Pelozo, de Colonia Pando.
Aro no dudó: se subió a un auto y fue a verla. Recorrió con el corazón en la boca los kilómetros de tierra, pozos y zanjas de un abandonado camino que llevaba hasta la casa en el paraje correntino. Elma, desde ese primer día, lo recibió como a un hijo.
Hubo horas de charla, mate, tortas fritas y lágrimas. La mujer le mostró la carta que su hijo le había enviado desde las islas. La apretada letra de Gabino, en esa amarillenta hoja, le decía: “Si Dios me levanta en este lugar, mami, si ya no regreso, no llore por mí porque estoy luchando por la patria”.
“Cambacito sabía que no iba a volver”, reflexionó la mujer.
Elma Pelozo con la única foto de su hijo, en Colonia Pando
Luego le mostró la foto de su hijo, la única que se sacó en toda su vida. Se lo veía orgulloso en su uniforme del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes, Corrientes. Y le contó que en 1997 había volado por primera vez a las islas para visitar el cementerio de Darwin en un viaje organizado por la Cruz Roja.
“Llevé una placa, pero caminé entre las cruces y no encontré a mi Cambacito. ¿Dónde tengo que poner este recordatorio?, me pregunté. Esperé sentir una señal y elegí una tumba al azar, porque ahí lo sentí cerca”.
Gabino Ruiz Díaz era un soldado no identificado, pero Julio sabía que ese número de documento le estaba señalando la cruz del caído. Entonces, con delicadeza le preguntó: “¿Querrías saber dónde está Gabino?”. Y esta madre le respondió lo mismo que su madre le había dicho un año antes: “Sí, yo querría buscarlo hasta el fin de mis días”.
Así, Elma Pelozo se convirtió en la primera madre que inició la causa de la identificación de los soldados de Malvinas. Julio Aro fue el impulsor -con el apoyo de esta periodista de Infobae, y la colaboración de Geoffrey Cardozo, el músico inglés Roger Waters y el Equipo Argentino de Antropología Forense- de un trabajo que concluyó en el Plan Proyecto Humanitario que desde 2017 permitió identificar 115 caídos de los 125 enterrados como Soldado Argentino Solo Conocido por Dios en el cementerio argentino.
Los años pasaron, la diabetes de Elma avanzó, tuvieron que amputarle las piernas y cuando los familiares de los soldados identificados viajaron a las islas en 2018 y 2019 -en dos viajes históricos solventado por Eduardo Eurnekian y Aeropuertos Argentina 2000- ella no pudo hacerlo por problemas de salud.
Julio Aro entonces le prometió que él movería cielo y tierra para llevarla hasta la cruz de Cambacito. Y así lo hizo.
Cadena solidaria para una madre
¿Cómo organizar el viaje de Elma hasta las islas? ¿En qué avión llevarla? ¿Se necesitaría un vuelo sanitario? ¿Cómo conseguir los fondos? Cientos eran las preguntas que se agolpaban en las cabezas de Aro y del veterano Celso Farías -su compañero durante la guerra y miembro de la Fundación No Me Olvides- cuando comenzaron a planear cada paso para concretar la promesa.
Elma había viajado por primera y única vez a las islas en 1997. La tumba de su hijo no estaba identificada y eligió una al azar. "Allí lo sentí", confesó. En este viaje supo que era la cruz que estaba al lado de donde su hijo descansa en Darwin
Una síntesis apretada de meses de idas y vueltas, estrés, trabajo, viajes, llamados telefónicos y cientos de reuniones para conseguir lo que parecía imposible, se podría resumir asÍ: la ayuda fundamental del embajador inglés Mark Kent; las videos conferencias con miembros del gobierno de las islas que se pusieron a disposición para honrar a la madre del caído; los trámites organizados por Harriet Beach, secretaria política de la embajada inglesa, y la ayuda de Robin Smith, agregado militar; la respuesta positiva al pedido de Aro del Jefe del Ejército General de Brigada Agustín Humberto Cejas de enviar un helicóptero para que la madre pueda ir desde Colonia Pando a Corrientes y así iniciar el primer tramo del viaje; el compromiso de Miguel Livi, dueño de la compañía Royal Class, que ofreció el avión solo por el costo operativo; los consejos sobre la mejor ruta para el vuelo de Roberto Curilovic, director de desarrollo de negocios de AA2000, veterano de la aviación naval y quien organizó los viajes anteriores de los familiares; la ayuda de la Fundación Banco Macro, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Banco Ciudad y Ripsa Centro de cobros; la idea de la Cámara de cerveceros de Mar del Plata de crear la cerveza “No me Olvides” y donar todo lo recaudado para el viaje; el show a beneficio de Miraketres; el apoyo de Smata Mar del Plata y el Hotel Sasso; el compromiso de decenas de famosos con la campaña -desde Facundo Arana a Christian Sancho- junto a los cientos de particulares y familiares de caídos que colaboraron para que la madre pudiera finalmente orar frente a la tumba de su hijo en Darwin.
“El viaje de Elma fue muy importante. Qué bien que lo hemos logrado. Con el apoyo de muchas personas en Argentina y en las Islas. Mucho esfuerzo para lograr un hecho humanitario. Para que Elma tenga paz. Sigamos trabajando por lo humanitario”, sintetizó el embajador Kent en sus redes sociales cuando el sueño ya se había cumplido.
Flores de papel y un rosario
El miércoles 4 de marzo, fecha indicada para comenzar la travesía hacia las islas, Elma nos esperaba con tortas fritas recién hechas en su casita de Colonia Pando.
Allí, donde Gabino creció cosechando tabaco y sandías, recordó frente a Infobae el día que lo vio partir hacia la guerra: “La última vez que lo vi fue el 10 de marzo del ’82. Se vino para la casa arriba de su tordillo negro para despedirse de los siete hermanos, hablar con su padre y darme un beso lleno de amor”.
Elma Pelozo frente al helicóptero del Ejército Argentino. Los oficiales de la Sección de Aviación 3 -el comandante Alexis Dubowik y su tripulación, el Mayor Luis Daniel Márquez, Subteniente Julián Ramírez y Cabo Primero Mauricio Senol- fueron los encargados de llevar a la madre desde Colonia Pando a Corrientes capital
Con el primer mate, siguió su relato, agregando detalles que conmueven: “Llegó cuando ya caía la tardecita y me dijo: ‘Mañana me voy al Regimiento en un camión que lleva fruta’. Me acuerdo que tenía ese pulóver azul con botones de madera que le quedaba tan lindo… A la hora de la cena se sentó en la cabecera de la mesa, y todos nos sentamos rodeándolo para despedirlo. Fue como un cumpleaños. Comimos estofado de pollo y yo le herví unos fideos”.
Entre recuerdos estaba Elma cuando el motor del helicóptero de la Sección de Aviación 3, rompió la paz del campo. El comandante Alexis Dubowik y su tripulación - Mayor Luis Daniel Márquez, Subteniente Julián Ramírez y Cabo Primero Mauricio Senol- habían aterrizado el Bell para llevarla hasta el aeropuerto de Corrientes donde la esperaba el avión de Royal Class para seguir la ruta a Mar del Plata, la primera escala antes de volar a Malvinas a la mañana siguiente.
Elma se había vestido como para una misa de domingo. Coqueta, eligió su suéter rojo, el saco bordó, la falda larga. Llevó en una bolsita un pequeño florero con flores azules de tela (a las islas no se pueden llevar naturales) que le dio su hija Antonia para dejar en la tumba de Gabino, y un rosario de madera para colgar en la cruz.
El avión de Royal Class listo para volar a las Malvinas. Elma y Julio Aro junto al comandante César Miranda y el copiloto Juan Poggi. Ambos aviadores llevaron una ofrenda para Gabino
El grupo elegido para viajar a las islas se acomodó en el helicóptero: Julio Aro, Celso Farías, Miguel Monforte -de la Fundación no me Olvides-, Liliana y Lucy -quienes cuidan a la madre en el campo-, y esta periodista de Infobae. En esta primera escala también se sumó Tania Aro, hija del veterano y quien acompaña a su padre en todos los trabajos por los caídos, veteranos y familiares de Malvinas.
Aterrizaje en Corrientes, recibimiento del Mayor Márquez, jefe de la Sección 3 (“Es lo menos que podemos hacer por la mamá de un soldado del Ejército que cumplió con su Juramento de ’si fuera necesario hasta perder la vida’"), una boina de los aviadores para Elma de recuerdo y el traslado hasta el avión LV CBK para cumplir con el plan.
La madre pasó la noche en Mar del Plata. Durante la cena detalló cómo fue el día en que los antropólogos del EAAF le dijeron que Cambacito había sido identificado: “Me trajeron un reloj y un pañuelito que habían encontrado junto a su cuerpito. El reloj se lo había regalado su papá. Yo creía que lo había perdido antes de la guerra. No estaba húmedo ni manchado. Y al verlo tan nuevito pensé que no podía haber estado tantos años enterrado, pero es el reloj de la joyería La Perla que su papá le compró. ¿Y el pañuelito? Debía ser de alguna novia, en ese entonces las chicas les daban uno a sus novios con su perfume para que las recordaran. Pero hoy tiene el olor del cuerpito de mi hijo”.
El vuelo a Malvinas
Son las seis de la mañana. La neblina no permite ver el mar desde la costa. “Arriba de las nubes el cielo está limpio”, tranquiliza un operario del aeropuerto de Mar del Plata. Las comunicaciones con las islas son constantes: hasta el día anterior los vientos eran tan fuertes que hicieron peligrar el viaje. “Yo oré toda la semana hasta llegar al día de hoy. Gabino nos ayudó con Dios. Todo va a estar bien, porque este es el día mas lindo de los últimos tiempos”, lanza Elma con una sonrisa antes de subir al avión de Royal Class. El piloto Aldo César Miranda y el copiloto Juan Poggi se acomodan en la cabina de la nave para 7 pasajeros. Se encienden los motores.
En dos horas y quince minutos el avión aterrizó en Mount Pleasant. Elma junto a Julio Aro, Celso Farías, Miguel Monforte -de la Fundación No Me Olvides-, y Liliana y Lucy, quienes cuidan a Elma en Corrientes
“El tiempo de vuelo será de dos horas y quince minutos y la temperatura en destino es de 9 grados”, anuncia el comandante. Cuando el sol pega fuerte en la ventanilla, Elma Pelozo dice: “Siento paz, estoy yendo a visitar a mi hijo”.
“Para mí no es un viaje más, es el viaje que le habíamos prometido al Negrito en el momento que supimos donde estaba su cuerpo -se emociona Julio Aro-. Fue Gabino quien nos abrió las puertas de este increíble proyecto humanitario de la identificación de nuestros compañeros. A lo largo de mi vida, y sobre todo después del regreso a las islas en 2008, intento formar una palabra de tres letras: PAZ. Con el transcurso del tiempo y de los proyectos, de haber armado la fundación, empezamos a conseguir la P, con la identificación de estos 115 compañeros teníamos la A y la Z , pero a esta última letra le faltaba una patita. Y es Elma la que nos ayudó a dibujar la Z completa. Hoy me siento en paz, con el deber cumplido, con la misión cumplida, con la promesa cumplida”.
De pronto, entre las nubes, las Malvinas se recortan en un mar intensamente azul. Es imposible no emocionarse. Como una caricia, el avión toca la pista de Mount Pleasant. La puerta se abre y el viento golpea fuerte. Una leve llovizna amenaza con una mañana gris.
Vestido con su uniforme de gala el brigadier Nick Sawyer, Comandante de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur, recibe a Elma Pelozo
Dos funcionarios del aeropuerto nos esperan al pie de la escalerilla junto a Alex Mitham, vicegobernador de las islas. “Yo seré su guía y su chofer hasta Darwin. Les pido disculpas porque el camino es de ripio y puede no ser cómodo porque la camioneta salta un poco. Por favor háganme saber si la madre del soldado necesita algo”, dice amable.
Han organizado que dos empleados chilenos, Marcelo Díaz y Dayana Salas, oficien de traductores. “He pedido que cierren el cementerio para ustedes así la señora puede vivir tranquila y en la intimidad este momento”, continúa Mitham mientras maneja con el volante a la derecha como en el Reino Unido.
El viaje se hace en silencio. Son cuarenta minutos donde solo se ve una verde pradera y algunas ovejas. Mientras el bus avanza, el cielo se abre y el sol comienza a brillar con fuerza. “Es increíble, es el mejor día del año. El tiempo se arregló para ustedes”, asegura Díaz. “Ese fue mi hijo que está con Dios y nos ayudó”, asegura Elma.
Un pequeño cartel dice “Argentine Cemetery” y dos soldados, que aguardan firmes en la primera tranquera que lleva al camposanto, hacen la venia cuando la camioneta pasa por el camino.
La cruz mayor de Darwin se recorta en el cielo. “Gabino, ya llegamos”, dice Elma.
Honor y lágrimas para un soldado argentino
Vestido con su uniforme de gala el brigadier Nick Sawyer, Comandante de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur, recibe a Elma Pelozo. La madre le toma las dos manos. El militar que fue miembro de la Artillería Real en los Balcanes, Irak, Afganistán, Chipre y Congo, fue condecorado en Kosovo, recibió la Medalla de la Orden al Mérito en Estonia y fue agregado de Defensa en las crisis de Crimea y Ucrania, está visiblemente conmovido frente a la madre argentina. “Es un honor recibirla”, murmura.
La comitiva está integrada, además, por la secretaria del comando Clare Pilkington, el ayudante de campo Lindsay-Bayley, la oficial de enlace Ailsa Crichton y el padre y teniente de aviación Adrien Klos.
Han dispuesto una carpa de campaña con té, café, galletitas y refrigerios para el grupo. Anuncian que hay una pequeña ceremonia preparada para Elma y su hijo. Frente a la gran cruz está la guardia de honor esperando a la madre del caído argentino.
“Quiero ir primero hasta su cruz”, pide Elma. Julio Aro empuja la silla de ruedas hasta la parcela donde descansa Gabino Ruiz Díaz. No hay sorpresa cuando ella descubre que la tumba de su hijo está al lado de la que eligió en 1997: “Yo lo sentí cerca aquella vez y así lo siento hoy”.
”Yo he derramado una lágrima cada día desde que él no está. Cuando le hablo a la foto de mi hijo, cuando llegan los cumpleaños y Cambacito falta. Por eso hoy no voy a llorarlas todas juntas. Las lágrimas han salido durante muchos años”, dijo frente a la cruz
Como en un monólogo dictado por el corazón, la madre del héroe correntino habla mientras acaricia la cruz:
”Yo he derramado una lágrima cada día desde que él no está. Cuando le hablo a la foto de mi hijo, cuando llegan los cumpleaños y Cambacito falta. Por eso hoy no voy a llorarlas todas juntas. Las lágrimas han salido durante muchos años”.
“Cambacito me dijo lo que iba a pasar, me preparó para este momento, sabía que no iba a volver de la guerra. Y me pidió que no lo llorara, que había jurado por Dios y por la Patria dar la vida por esta tierra”.
“Él está todos los días conmigo, en mi vida y en mi corazón. ¿Saben? Era un chico bueno, lindo, educado y trabajador. Una madre no se olvida, las heridas están siempre, no se cicatrizan. Soy una mamá orgullosa de mi hijo por lo que era y por lo que sigue siendo”.
Rompiendo el rígido protocolo militar, los militares ingleses se fotografiaron con Elma antes de la despedida
El padre Klos se acerca y le dice: “Su hijo está con Dios, está en la Gloria y descansa en Paz”. Elma le besa las manos.
Ahora todos en una pequeña procesión caminamos hacia la gran cruz. Se escucha la voz de mando del suboficial Henderson. Los guardias de honor levantan sus armas, golpean sus talones, se ponen en posición firme. Comienza la ceremonia.
“Agita tu poder, Oh Dios, y ven entre nosotros. Cura nuestras heridas, calma nuestros miedos y danos paz”, reza el sacerdote. El cabo Cousins lee en español la palabra de Dios. Elma Pelozo, ora frente al cenotafio.
“Agradezco tanto sus palabras. Ustedes me honran y soy solo una madre. Ahora tengo la tranquilidad de saber que su cuerpito esta ahí, pero faltan otros hermanitos para identificar así que hay que seguir”, dice con humildad.
Las largas notas de la trompeta, como un lamento, traen el recuerdo de los muertos en la guerra. Entonces, aparecen las lágrimas.