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miércoles, 24 de abril de 2019

Relato de dos pilotos de Hercules sobre sus heroicas misiones

"El fragor de la guerra nos llevó a realizar misiones casi imposibles": los arriesgados vuelos de los Hércules en Malvinas contados por dos de sus protagonistas

Cristóbal Villegas y Roberto Cerruti fueron tripulantes de los aviones de la Fuerza Aérea que realizaron las operaciones secretas, recientemente desclasificadas, por las que hoy serán condecorados en el Congreso. El vuelo a ras del mar, las caídas en picada para no ser detectados por los radares enemigos, las bombas sobre la flota y el recuerdo para sus compañeros caídos

Por Adrián Pignatelli | Infobae



Adaptaron un Hércules para que pudiera arrojar bombas, navegaban en soledad para interferir en las líneas de abastecimiento de la flota inglesa, realizaban arriesgadas maniobras para localizar blancos enemigos y hasta planearon bombardear al Queen Elizabeth y al averiado portaaviones Invencible.

Así lo cuentan.

"A mí me tocó volar la noche del 7 de junio, en que se producía un desembarco inglés y, sin querer, caímos en pleno desembarco. Nos evadimos y cuando llegamos al continente dimos la posición. Y al otro día fue uno de los desastres más grandes que tuvo la flota inglesa", recuerda el comodoro retirado Cristóbal Villegas.

El aviador participó como copiloto en las misiones que le habían asignado al Escuadrón Hércules en Malvinas: la detección de blancos navales.

Villegas relata como un hecho normal que "volábamos al ras del agua y, en puntos determinados, se subía abruptamente y cuando la nave alcanzaba su máxima altura se encendía el radar para tratar de ubicar a la flota o a un blanco esporádico. Hecho eso, se pasaba la información, se apagaba el radar y caíamos casi en picada para repetir el procedimiento en otro punto asignado. Nuestra única defensa era volar bajo", explica.

Gracias a su gran autonomía de vuelo, la maniobra de subir y bajar simulando una "w" –que los pilotos la llamaban "diente de perro"- la repetían durante tres o cuatro horas, porque en cada uno de los ascensos y descensos se hacían maniobras de evasión para evitar ser detectados.


Un Hércules volando sobre Malvinas

El piloto aclara que "en el argot de los aviadores, a estas misiones todos le decíamos 'Loco', que fue lo que plasmó a todas las otras misiones que se hicieron, porque el nombre impactó".

Volaban con el riesgo al límite. "Recuerdo haber volado en un día en la desembocadura del estrecho de San Carlos y vimos hasta siete aviones caza enemigos, pero que no nos detectaron. El factor suerte también juega en estos casos", afirma Villegas.

Interdicción aérea

Cuando el alto mando dispuso interferir el apoyo logístico de la flota inglesa, concluyó que el Hércules era la aeronave adecuada para esta operación. Y apareció el ingenio argentino.

El comodoro Roberto Cerruti, navegador de esos vuelos, así explica cómo modificaron al Hércules TC 68: "Se sacaron los tanques de combustibles que posee debajo de los planos, reemplazándolos por dos portabombas, que llevaba cada uno seis bombas de 250 kilos. En el mismo sentido, esos tanques de combustibles más otros adicionales, se incorporaron a la bodega del avión, con lo que se duplicaba la autonomía de la aeronave. Y en la cabina se colocó el sistema y la mira de tiro".

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"Jerarquía, experiencia y responsabilidad", enumera Cerruti los atributos de la tripulación de los vuelos de interdicción aérea. Además, todos fueron voluntarios.


La tripulación del TC 68 luego de su primera misión del 2 de abril cuando aterrizaron en Comodoro Rivadavia

El relato de Cerruti es casi una película. "El primer día, 28 de mayo, detectamos tres buques cargueros. Al día siguiente, detectamos otros dos y cuando estábamos por regresar, al norte de las islas Georgias del Sur, vimos un buque que, llamativamente, estaba detenido. Lo identificamos como el British Way, uno de los que abastecían a la flota. Luego de un pasaje de reconocimiento, en un segundo pasaje le arrojamos las bombas. Un par de ellas lo averiaron, y emprendimos el regreso".

En ese momento no lo supieron, pero estaban haciendo historia: un Hércules había bombardeado, por primera vez, a un buque.

Una amistad que nació de un ataque

Fue a partir de ese ataque es que los ingleses dispusieron ubicar a sus naves logísticas más hacia el este con el fin de salir del radio de acción de los aviones argentinos.

"En el vuelo del 1 de junio –continua el relato Cerruti-detectamos uno, avanzamos rasante porque una intensa niebla marina nos impedía la visión, a tal punto que estando a una milla no lo veíamos y realizamos un viraje brusco a la derecha para no impactar contra el buque".


El Hércules mientras realiza un ejercicio lanzando bombas

En el momento del viraje, el que no salió de su asombro fue el teniente de navío John Osmond, de guardia en la popa del buque, que vio pasar al Hércules a escasos quince o veinte metros para luego alejarse debido a la niebla. Osmond grabó en su memoria la matrícula del avión.

Pasados 20 años, el inglés comenzó a indagar sobre quiénes integraban la tripulación y así contactó a Cerruti. Cuando vino a Buenos Aires a visitarlo, lo primero que le dijo fue "Yo cumplía con mi deber", a lo que el argentino respondió "Yo también cumplía con mi deber".

En 1982 aún hubo tiempo para planear algo mucho más arriesgado. Se pensó atacar al Queen Elizabeth, que venía de Gran Bretaña con tropas y abastecimiento para las islas. Y también incursionar en el puerto de la isla de Grytviken, donde se estaría reparando al portaaviones Invencible. Pero ambos proyectos quedaron sólo en el papel.

El recuerdo de Martel

El único Hércules derribado durante el conflicto fue el TC 63, piloteado por el capitán Rubén Martel, en inmediaciones de la isla Borbón, el 1 de junio, mientras cumplía una de las misiones de detección de blancos navales.

Cerruti cuenta que "Martel era amigo mío; un año más antiguo que yo. Unos días antes me llamó para preguntarme si me había presentado para estas misiones. "Tené cuidado", recuerdo que me dijo. Su copiloto era el capitán Krause, compañero de promoción, el navegador era el vicecomodoro Meisner, que había sido mi instructor; uno de los suboficiales era mi ayudante en mi unidad y con los otros suboficiales habíamos volado antes de la guerra unos cuantos años. Si me preguntan qué es lo que sentí, fue una gran tristeza pero al mismo tiempo una gran determinación de continuar operando".


El Hércules TC63

En el mismo sentido se expresa Villegas: "En un conflicto se comparte el almuerzo o cena y al otro día, en la misma mesa, está faltando el que no volvió. Porque los de Hércules estábamos con las tripulaciones de los A4C, Mirage, Lear Jet. Como a veces estábamos en Río Grande, Comodoro Rivadavia o Río Gallegos, nos enterábamos que no había vuelto un compañero, un amigo, un conocido. Esto no influía –como alguien pudiera pensar- para que uno pensara que no salía más a volar. Sabíamos cuándo partíamos; no sabíamos cuándo volvíamos".


El derribo del Hércules TC63

En 1983 un grupo de isleños localizaron, en la isla Borbón, restos del tren de aterrizaje del TC 63. Ezequiel, el hijo del capitán Martel, tuvo la posibilidad de visitar el lugar donde permanecen los restos de la máquina.

"El fragor de la lucha nos ha llevado a realizar misiones que son casi imposibles de llevar a cabo. Creo que todos los integrantes del Escuadrón Hércules cumplimos de la mejor manera posible", destacaron Villegas y Cerruti.

lunes, 22 de abril de 2019

Madre recibe 37 años después una carta de su hijo muerto en acción

Su hijo murió en Malvinas: 37 años después recibió la única carta que le había escrito en la guerra

Jorge Ludueña tenía 18 años cuando murió por ingerir comida en mal estado en las islas. Escribió una carta que nunca llegó a mandar y la guardó un oficial de la Armada. Casi cuatro décadas más tarde la familia del soldado recibió el mensaje


Por Fernando Soriano |  Infobae



Jorge Ludueña en 1982, y su mamá, Manuela Roldán, al recibir la carta

Durante muchos años Manuela no creyó del todo lo que vino a decirle a la puerta de su casa un comisario de su pueblo cordobés, Las Varillas, aquella tarde del 20 de mayo de 1982. Ella no aceptó por completo que su hijo Jorge Ludueña hubiera muerto en la guerra de Malvinas y fue así durante muchos años. Incluso después de visitar su tumba en las islas dos años más tarde, la mamá del soldado aún lo buscaba cada vez que viajaba a Córdoba capital. Pensaba que quizás el chico, de 18 años, andaba perdido por la gran ciudad.

Con el tiempo, Manuela Roldán (77 años) aceptó que su hijo ya no volvería a casa y que se había convertido, trístemente, en un héroe célebre por ser el único soldadito caído de su pueblo.

Durante las 36 conmemoraciones que sucedieron al fin de la guerra, cada 2 de abril la daga eterna que lleva clavada en el corazón desde aquella visita del comisario de Las Varillas gira y agiganta la herida.

Pero algo misterioso pasó este último aniversario que cambió la rutina de los recuerdos y los sentimientos. Manuela se reencontró con una parte de Jorge: los hijos de un oficial de la Armada que la había buscado durante muchos años siguieron el propósito de su padre y finalmente la encontraron.

Unos días atrás viajaron desde Santo Tomé, Santa Fe, hasta Córdoba y le golpearon la puerta de su casa en Las Varillas. Como el comisario, pero esta vez para traerle algo de su hijo, una especie de recomposición emocional: en las manos de Héctor Wilfredo Gaete había un sobre destinado a "Manuela Ludueña". Adentro, una carta de puño y letra Jorge, escrita 37 años atrás mientras estaba atrincherado en Malvinas, con pulso tembloroso por el frío y el hambre, en la que les dice que está bien, que todo pasará y que volverá al pueblo pronto. Casi cuatro décadas más tarde, Manuela recibió el mensaje.

"Queridos Padres: les escribo estas líneas, para decirles que estoy bien y espero que sepan dónde estoy y que no se hagan problemas porque no va pasar nada, rogándole a Dios. Estas líneas son para contarles que aquí hace mucho frío y que la comida es escasa y espero que esto termine pronto así estás más tranquila. Te cuento que el mes pasado nos pagaron el sueldo y cada uno sacó 20 millones y que pagan todos los fines de mes. Pero mándame el pulóver y un par de medias porque vamos a salir de licencia, todos los fin de semana si salimos de esta", dice el primer párrafo de la carta, dedicado a sus padres.

Manuela se reencontró con la caligrafía de su hijo, con una parte de él que la había esperado. "Es como vivir todo de nuevo, y tener la carta es una parte de él conmigo, son momentos donde pasaron muchas cosas muy fuertes. Cuando me avisaron que me iban a traer una carta suya me puse ansiosa, pensaba qué dirá, le hablaría a su papá, que ya no lo tiene, a sus abuelos, me sentí con mucho dolor, mucha tristeza, todavía no me lo pude sacar de la cabeza. Es como revivir el día que me avisaron que falleció", dice la mamá de Jorge a Infobae.

 
La carta que Jorge Ludueña le escribió a su familia y nunca llegó a enviar

La mujer se emociona al recordar aquel 20 de mayo de 1982. "Fue el día más triste de mi vida, quería pegarle al comisario", cuenta, y reconoce que se le cayó un universo de realidad encima con aquella noticia. "Yo no le daba magnitud a la guerra, pensé que iba a volver, no entendía bien qué pasaba, le creía a lo que decía la tele y los diarios, que estaba todo bien", admite.

Pero no estaba todo bien. Jorge, que al terminar la secundiaria decidió ponerse a trabajar en un taller hasta que lo interrumpieron para hacer el servicio militar en febrero de 1982, fue enviado a hacer la colimba a Comodoro Rivadavia. Cuando estalló la guerra, sin prácticamente instrucción, fue enviado a combatir a las islas contra el ejército británico.

Allí pasó hambre y frío, una historia patética que conocemos todos. "La comida es escasa", le dice a sus padres en la carta y también se lo cuenta a su hermana Estela, en otra parte del texto. Jorge no murió en combate. Perdió la vida por alimentarse con comida en mal estado. El, que a los 15 había sufrido hepatitis, no aguantó y murió.

La carta quedó entre sus pertenencias y fue guardada por el suboficial principal de la Armada Miguel Ángel Gaete. El hombre custodió la carta con la esperanza de que un día podría dársela a sus destinatarios. Pero nunca los encontró. "Siempre quiso entregársela pero no quería hacerlo por correo porque temía que no llegara", le contó su hijo Héctor, encargado de finalmente llevarla a Las Varillas, a Manuela.


Los hermanos Gaete junto a Manuela y Mara, madre y sobrina de Jorge, en Las Varillas

La facilidad que ofrecen las redes sociales y el contacto de un sobrino comisario de Manuela con los ex combatientes dinamizó el encuentro, cuatro años después de que Miguel Angel Gaete muriera. Los hijos del oficial leyeron la carta, un poco incómodos por la indiscreción, con la finalidad de encontrar allí nombres clave que ayudaran a localizar a la familia. Y así fue: Manuela, Estela y Marita todavía viven. Beto, el papá de Marita, la ahijada de Jorge también murió, igual que los abuelos del soldadito de Las Varillas.

Héctor Gaete publicó esos nombres en Facebook y el posteo llegó al primo de Marita, quien les avisó. Otra vez un comisario traía una noticia a la familia, pero esta vez una no tan trágica. "¿Querrá la tía leer una carta de Jorge?", le preguntó el primo policía a Mara. Y así se armó el contacto.

"No sabía si la carta era cierto, cuando dicen que nombra a la familia pensamos 'es cierto'. Siento mucha tristeza y un poco de alegría porque tengo algo que él tocó, que tuvo en sus manos", reflexiona Manuela y piensa en Gaete. "El estaba con mi hijo pero no sé, nadie sabe si era médico o un jefe. Los hijos dicen que estaba con mi hijo, pero no se sabe bien.

Una de las cuestiones que angustia a Manuela es que no sabe cuánto tiempo sufrió su hijo, porque la carta no está fechada. "Es mucha emoción, la carta está tan bien escrita, redactada, ver esa carta me hace pensar dónde estaría escribiendo él para mí, para su papá, que murió a los 10 años de la guerra, para sus tíos y para su sobrinita", dice.

 
Jorge Ludueña murió en Malvinas el 20 de mayo de 1982 tras ingerir comida en mal estado

En un fragmento de la carta, Jorge le pide a su hermana que cuide de "Marita", que hoy tiene 40 años y se emociona cuando piensa en su tío. "Yo tenía 3 años, él me llevaba en brazos para dos lados, pero no tengo recuerdos, sólo lo que me contaron. Esta carta es una manera de reencontrarme con él", comenta a Infobae, con esfuerzo para no llorar, pero no lo consigue.

"Querida hermana te escribo estas líneas para decirte que estoy bien y que no te asustes por lo que está pasando, espero se arregle pronto así están más tranquilos. Estela mándame una carta por lo menos, que escriba la mami que hace mucho que no escribe. Cada vez que hay cartas espero una de ustedes, y cuando no me mandan me pongo triste. Estela como andas con el Beto, se llevan bien o andan a las patadas y la Marita como esta grande, picuda no me extraña. Vos sabes como la extraño a la Marita hay soldados que extrañan a sus hermanitos y yo le dije que tengo una sobrina. Bueno estela sin más nada que contarte saludos al Beto y besos a la Marita y a vos chau hermana", escribe Jorge en el segundo párrafo.

"Me hace llorar de alegría, no se puede creer que a pesar de la distancia y lo que vivía se acordaba de todos. Yo era su única sobrina, la primera, y vivía con ellos ahí, en la casa, porque mi mamá vivía con ellos. Mi abuela me crió. Cuando pasó lo de mi tío ella estuvo mucho tiempo mal y me crió y yo de alguna manera ocupé el espacio de Jorge", relata Mara.

"El era el padrino de Marita. Llora igual que yo ella, siempre lloró por su tío. Y en los homenajes ella venía atrás mío. Era su padrino, y él la tenía siempre en brazos, la sacaba en bicicleta", cuenta su mamá.

 
El sobre de la carta, con el remitente “Ludueña Jorge”

Algo angustia a Mara y a Manuela. Es la necesidad de Jorge de recibir una carta de ellos durante esos días de frío, desolación, combate y hambre que pasó en Malvinas.

La mamá del soldadito de Las Varillas dice a Infobae que ella viajó hasta Comodoro Rivadavia para darle ropa y chocolates y que no la dejaron llegar al cuartel. Que nunca más volvió a ver su hijo desde el abrazo que se dieron en febrero de 1982. Y que no le escribió una carta porque pensó que su hijo volvería pronto. "No le di magnitud", repite.

"Para mí la carta no la escribió enfermo. La escribió al poco tiempo de llegar. Creo que todavía estaba bien", supone Mara, que no puede dejar de pensar en los últimos días con vida de su tío, mientras agonizaba por una enfermedad que no saben cuál fue.

 
El sobre que durante 37 años esperó llegar a destino

"Me sorpendió que él esperaba noticias de la familia, y él pobre se quedó esperando y nunca recibió nada. Mi abuela no vio la dimensión de lo que era. Ella pensó que volvería. Digo qué lástima porque todo el mundo algo recibió. Es muy triste morir sin noticias de nadie", se emociona Mara y encuentra rápidamente un consuelo: "Esta carta tenía que llegar y llegó, por suerte mi abuela está viva, lúcida y puede disfrutar de este momento".

La voz de Manuela se quiebra cuando evoca a su hijo. Dice que lee la carta todos los días. "Siempre la leo y la voy a hacer un cuadrito para tenerla siempre a la vista", proyecta con ternura.

Una parte de la carta de su hijo conmueve a la madre más que ninguna. "Me gusta donde habla de Marita y dice 'papi, mami quédense tranquilos'", revela. Manuela hace silencio, como si buscara sacarse la daga clavada eternamente en su corazón, y luego suelta un pensamiento, que es como un deseo, o una conexión umbilical: "Leo la carta y lo veo a Jorgito. Y me hago una idea de que está bien".

sábado, 20 de abril de 2019

Inteligencia satelital: La colaboración soviética en la ubicación de los buques capitales británicos

Malvinas, documentos desclasificados: los partes de inteligencia del "amigo invisible" soviético y los satélites que "espiaron" a la flota británica

Los informes confidenciales que la Unión Soviética le entregó a la Junta Militar de la dictadura durante el conflicto armado de 1982 se convirtieron en el secreto mejor guardado de la guerra. Nadie debía saber que los soviéticos pasaban información clasificada. La intervención de la CIA, los espías rusos y cómo los satélites rusos detectaban a los barcos de la Royal Navy para que fueran atacados por los pilotos argentinos
Por Mariano Sciaroni | Infobae




El documento secreto de 1982: “Reacción soviética a la crisis de las islas Falklands”

No se puede definir mejor a la relación que mantuvo la Argentina con la Unión Soviética durante el Proceso, como lo hizo Tato Bores. El genial humorista señaló que la Junta Militar era "anticomunista prosoviética". Ningún analista internacional fue tan preciso.

La dictadura que se inició en el año 1976 tenía una matriz ideológica de derecha, pero necesitaba de los países del Este como mercados alternativos para colocar la producción agrícola-ganadera del país, tanto que hasta motivó parcialmente la negativa del gobierno militar a plegarse al embargo cerealero que Estados Unidos realizó sobre la Unión Soviética con motivo de su intervención en Afganistán.

Con estas contradicciones, el flujo comercial entre ambos países crecía, Argentina recibía a artistas e intelectuales del bloque del Este, las selecciones de fútbol de ambos países se visitaban, se permitía que existiera el Partido Comunista Argentino y que la agencia noticiosa TASS siguiera teniendo una corresponsalía.

Pero, por otra parte, la Armada Argentina le disparaba a pesqueros soviéticos (en unos lamentables sucesos ocurridos en el Mar Argentino en 1977), el país se sumaba al boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú y condenaba ampliamente la invasión de Afganistán.

Se trataba, realmente, de una relación agridulce entre ambos países.

Los soviéticos ofrecieron armamentos, barcos, aviones y misiles, entre otras cosas, además de información de inteligencia. Las armas nunca llegaron, pero sí los informes de los espías

El primer contacto con diplomáticos de la Unión Soviética en lo que hace a la cuestión Malvinas ocurrió el mismo 2 de abril, día de la recuperación, cuando el embajador Serguei Striganov fue citado por el Canciller argentino Nicanor Costa Méndez. Ese día también hubo una reunión en Moscú entre el embajador argentino y altas autoridades soviéticas.

En ese momento se intentaba explicar a las autoridades del bloque oriental los motivos de la recuperación y, principalmente, obtener un veto de la Unión Soviética en Naciones Unidas de cualquier resolución que intentara privilegiar los intereses británicos. Claramente, lo último no se logró por una excesiva cautela soviética en un problema que veía ajeno a su área de interés.

Sin embargo, esas reuniones fueron también el punto de partida para contactos en altas esferas. A partir de ese momento, y en plena guerra fría, Argentina y la Unión Soviética compartieron algo especial: un enemigo.

Poco después comenzaron a llegar variadas ofertas soviéticas, tanto de armamentos (barcos, aviones y misiles, entre otras cosas) como de información de inteligencia.

La Junta consideró que si los soviéticos terminaban interviniendo directamente en el conflicto de Malvinas, también lo haría Estados Unidos a favor de Gran Bretaña. Y que eso posiblemente podría escalar hacia la Tercera Guerra Mundial

La Cancillería argentina realizó un interesante análisis de la "alternativa soviética" durante ese mes de abril. Allí se indicó que "no resulta aconsejable, como estrategia principal", debido a los riesgos inherentes a la propuesta (se decía, perder la identidad nacional y posible falta de efectividad de cualquier apoyo de aquel país). Sin embargo, se indicaba que "no debía ser descartada ni desalentada", en tanto servía como contrapeso a las presiones de Estados Unidos y Gran Bretaña en el tema Malvinas.

La lectura que hacía Estados Unidos del acercamiento argentino a la Unión Soviética, tanto por lo que se conocía a través de los medios de prensa como por lo que obtenía de sus canales de inteligencia, era que hacía peligrar la seguridad hemisférica.

El 14 de abril, el presidente norteamericano Ronald Reagan ya había expresado: "Me gustaría que ellos (los soviéticos) dejen de entrometerse en el conflicto Malvinas".

Al día siguiente, se reunía Lawrence Eagleburger, Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos y número tres de la Secretaría de Estado, con el embajador británico Nicholas Henderson. El estadounidense le señaló los temores de su país de una participación soviética más activa en el tema Malvinas. Es más, indicó que "temían que los soviéticos participaran de actividades militares", algo que conmocionó al interlocutor inglés.

La situación en Argentina cambió el 1° de mayo de 1982, cuando los británicos dejaron en claro que combatirían por las islas, por lo cual se analizaron nuevamente los ofrecimientos de la Unión Soviética.


La Junta Militar: el almirante Jorge Isaac Anaya, el general Leopoldo Fortunato Galtieri y el brigadier Basilio Lami Dozo

A mediados de mayo el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Basilio Lami Dozo, le dijo a un interlocutor norteamericano que "los soviéticos ofrecían equipos militares y asistencia a precios moderados, pero el dinero es sólo parte del precio y la Argentina jamás pagará ese precio".

El "precio" al que se refería Lami Dozo tenía que ver con la demanda final soviética para proveer armas, la cual había sido realizada al presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri a principios de mayo por el embajador Striganov.

La misma consistía en:
  1. La inmediata retirada de los asesores argentinos de América Central.
  2. La abstención de vetar contra la Unión Soviética en Naciones Unidas, cuando se trataran temas como la ocupación de Afganistán.
  3. Se daría autorización a los soviéticos para construir pesquerías en Ushuaia.
  4. Argentina cesaría de apoyar a la junta militar de derecha del General Torello en Bolivia.
El almirante Jorge Anaya, Jefe de la Armada, pensaba en términos similares. En abril había expresado que "nunca, repito, nunca volvería hacia la Unión Soviética. Traicionaría todos los sentimientos que mantuve durante toda mi vida".

Así, la Junta no pudo más que reiterar la "imposibilidad política de recurrir a la asistencia militar soviética", agregando la percepción que si los soviéticos terminaban interviniendo directamente, también lo haría Estados Unidos a favor de Gran Bretaña. Y que ello posiblemente escalara hacia la Tercera Guerra Mundial.

Más allá de todo, los equipos militares nunca llegaron. Como escribió el reconocido periodista moscovita Sergei Brilev: "Nunca llegaron armas soviéticas a Argentina, eso es un mito".

Pero sí se aceptó, muy disimuladamente, cierta información de inteligencia.

El "amigo invisible" y el "ojo mágico"

El problema argentino no era menor, ya que se carecía de medios efectivos para hacer un seguimiento en alta mar de la flota británica, algo que resultaba vital para proceder correctamente tanto en el campo militar como en el diplomático.

Tanto es así que dos brigadieres de la Fuerza Aérea Argentina habían concurrido a Washington, el 12 y 13 de abril, para pedirles a los mismos norteamericanos que suministraran esa información. El argumento fue que sabían que estaban ayudando a los británicos y, en tanto resultaban neutrales, según afirmaban, debían de alguna forma compensar a la Argentina. Además dijeron que si no aceptaban -lo cual fue claramente de ese modo-, recurrirían a la oferta soviética. Y así fue.

Documentos muestran cómo se detectó a lo largo de todo el conflicto a los principales buques británicos, y cómo algunas de las misiones de la guerra -incluso el ataque al portaaviones Invencible- se apoyaron en datos que la Unión Soviética suministró

Poco después, se le suministró al Agregado Militar de la Embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en Buenos Aires, coronel de tanques Valentín Livtonchicov, una de las escasas líneas de teléfono de la embajada para que pudiera establecer su vínculo con altas autoridades de la Fuerza Aérea.

La información empezó a fluir.

Desde un Centro de Control en Moscú la información llegaba al télex de la embajada soviética en Buenos Aires y, en sobres cerrados y previas coordinaciones dignas de películas de espías, disimuladamente se les enviaba a oficiales de la aeronáutica.

No se entregaban imágenes (por razones técnicas, según los soviéticos), sino datos de objetivos de interés militar en cifras coordenadas.

Las carpetas de la Dirección de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea Argentina muestran hoy cómo se detectó a lo largo de todo el conflicto a los principales buques británicos, y cómo algunas de las misiones de la guerra -incluso el ataque al portaaviones británico HMS Invencible- se apoyaron en datos que la Unión Soviética suministró.


30 de mayo de 1982 por la mañana. Posición real del PAL Invencible, posición del buque según el “Amigo Invisible” y posición de diversos buques pesqueros de la URSS y polacos (PL) en la zona de operaciones. Esos pesqueros también efectuaban tareas de inteligencia

Pero no fueron todas las misiones: el Jefe de Inteligencia del Comando de la Aviación Naval (COAN) durante el conflicto, rebatió enérgicamente un artículo periodístico que indicaba que la información satelital soviética permitió ciertos hundimientos de buques británicos: "No hubo participación extranjera en la obtención de las posiciones de los buques Sheffield, Coventry y Atlantic Conveyor", los cuales terminaron hundidos.

Para la Fuerza Aérea esta información la daba el "Amigo Invisible", mientras que en ciertos documentos navales se la cita como proporcionada por el "Ojo Mágico". Solo un círculo muy pequeño conocía esta colaboración y jamás se dejaba constancia sobre su origen.

Más críptico aún, a los iniciados se les decía únicamente que la información provenía de "fuentes confiables". Y punto.

Los satélites que "espiaban" a la flota británica

La información recibida era recolectada por diversos medios que se encontraban muy disimulados en el Atlántico Sur, sea debajo del mar (submarinos), sobre el mismo (pesqueros), en el aire (aviones de reconocimiento de largo alcance) y, principalmente, en el espacio.

La Unión Soviética realizó, durante 1982, 101 lanzamientos al espacio de satélites, algunos de los cuales fueron destinados a seguir el conflicto del Atlántico Sur.

El mismo 2 de abril pusieron en órbita al satélite Kosmos-1347 y el día 15 el Kosmos-1350, ambos de la serie Yantar de satélites de reconocimiento, lo que llevó a la Casa Blanca a considerar que el "grado de cubrimiento fotográfico del área por los soviéticos era inusual".

El 21 de abril fue puesto en una órbita adecuada para observar el Atlántico Sur el Kosmos-1352 y, más tarde, el 23 de abril el Kosmos-1353, ambos de la serie Zenit, con cámaras de alta resolución. Poseían una vida útil máxima de 14 días en el espacio, por tanto los últimos reemplazaban a los primeros.

También debe mencionarse al Kosmos-1368, lanzado el 21 de mayo de 1982 y que pasó a 240 km de altura sobre Malvinas todos los días a las 11:00 horas hasta el 3 de junio, cuando se terminó su misión.


Representación artística de un satélite radar soviético, realizada en 1982 (Ronald Wittmann, colección museo Smithsoniano)

Pero la inmensa mayoría de los satélites soviéticos de reconocimiento espacial por imágenes de ese momento implicaban el uso de cámaras fotográficas con film, el cual era lanzado una vez que el satélite pasaba por territorio continental soviético. La demora en el procesamiento de los datos, entonces, hacía que no fueran especialmente aptos para seguir los dinámicos movimientos de un teatro aeronaval, amén de que no eran ayudados por la siempre nubosa meteorología malvinense.

Sin embargo, la mejor información la proveyó el sistema conocido como MKRTs (Leyenda), operativo desde el año 1975. Esta constelación de satélites incluía dos subsistemas, los dos pasando información a un centro de control en Moscú (o a buques en el mar).

Los satélites proveyeron la ubicación de los buques ingleses. Con lo que sabemos hoy, la información no fue muchas veces certera. Pero allí estaba. Entregada a los argentinos. Y también robada para los británicos

El primer subsistema incluía una red de satélites denominado US-P, que interceptaba señales de radio (de cualquier tipo) que pudiera emitir un buque enemigo (US significa "Upravlayemyi Sputnik" o satélite controlado, mientras que la P es por ser el sistema pasivo de recepción de señales). Es decir, eran satélites de inteligencia electrónica.

El segundo subsistema estaba denominado US-A, siendo la A por activo, utilizando un radar para localizar buques en el mar. Estos últimos estaban alimentados por un pequeño reactor nuclear.

De esta constelación y durante el conflicto fueron puestos con órbitas adecuadas a Malvinas el Kosmos-1355, de inteligencia electrónica (US-P), que fue lanzado el 29 de abril de 1982, y los Kosmos 1365 (14 de mayo) y 1372 (1° de junio), de reconocimiento radar (US-A).


Informe 582, información suministrada por los soviéticos a las fuerzas argentinas. PAL HOTEL y PAL INDIA son los nombres dados a los portaaviones ligeros HMS Hermes y HMS Invencible

El sistema se encontraba operativo en 1982 y, en uno de los escasos reconocimientos de su existencia por parte de los soviéticos, fuentes oficiales indicaron que "la alta efectividad del sistema fue demostrada durante el conflicto Anglo-Argentino por las Islas Malvinas en 1982. El sistema permitió una completa evaluación de la situación en el mar, y por la información recibida desde el sistema, el Estado Mayor (de la Armada) pudo determinar el momento exacto en el cual comenzó el desembarco británico".

Estos satélites son los que proveían mayormente las cifras coordenadas con la ubicación de los buques ingleses. Con lo que sabemos hoy, la información no fue muchas veces certera. Pero allí estaba. Entregada a los argentinos. Y también robada para los británicos.

La ayuda de Noruega al Reino Unido

En Fauske, Noruega, cerca del círculo polar ártico, desde 1965 funciona la estación interceptora de señales "Cod Hook" (Anzuelo de Bacalao). La ventaja de la estación reside en que se encuentra situada en un lugar que, a través de enormes antenas, permite captar las emisiones de los satélites que desde el espacio envían señales al Centro Control Moscú.



Dichas emisiones, en la medida de lo posible y durante la guerra fría, eran descifradas y/o enviadas directamente a la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de los Estados Unidos o a la estación de Chicksands en el Reino Unido, debiendo agregarse que el esfuerzo de los noruegos en recursos y personal para espiar electrónicamente a los soviéticos era subsidiado en gran parte por los Estados Unidos.

La estación interceptora de Noruega en el círculo polar ártico captaba las emisiones de los satélites soviéticos e informaba a los británicos sobre la posición de los buques de guerra argentinos

Los datos interceptados por dicha estación durante el conflicto habrían sido vitales para el Reino Unido, indicando un oficial de inteligencia: "Cuando la guerra empezó, nosotros no teníamos ningún tipo de información de inteligencia sobre el área. Es aquí cuando tuvimos ayuda de los noruegos, que nos dieron un flujo de información sobre la posición de los buques de guerra argentinos. La información venía a nosotros todo el tiempo y directamente a nuestro cuartel general en Northwood. La información era continuamente actualizada…".

Esto es, los británicos utilizaban los datos satelitales que recogían los soviéticos y luego estos pasaban a las fuerzas argentinas.

Dichas actividades se repitieron durante la Guerra del Golfo (1991), cuando la interceptación de satélites soviéticos permitió localizar el paradero de un piloto de la coalición que debió eyectarse sobre territorio iraquí y que no lograba ser ubicado por los satélites norteamericanos sobre la zona.

Por tanto, puede entenderse que los soviéticos ayudaron también a sus enemigos, aun involuntaria e inadvertidamente.

Para equilibrar un poco, científicos argentinos hicieron buen uso de un satélite norteamericano que pasaba por el Atlántico Sur. Pero esa es otra historia.

La CIA, el Parlamento inglés y las tres negativas soviéticas

La colaboración de inteligencia de la Unión Soviética con Argentina pasó mayormente desapercibida en los círculos de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses, si bien quedaba claro que aquel país estaba recolectando una cantidad de información de utilidad militar.

En efecto, para el 26 de mayo de 1982, los analistas de la CIA indicaban que "no había evidencia de que una cantidad sustancial (de inteligencia) esté siendo pasada a los argentinos", aun cuando se sugería que sería lógico que los soviéticos pasen "información con desinformación (por ejemplo, que tanqueros estadounidenses reabastecen a los bombarderos Vulcan)".


El portaaviones británico HMS Invencible fotografiado por un avión TU-95RTs de la Aviación Naval de la Unión Soviética cuando se encontraba regresando de Malvinas

Del otro lado del Océano Atlántico Norte, el 8 de junio de 1982, interrogado en el Parlamento británico, un alto funcionario del Ministerio de Defensa de aquel país Mr. Peter Blaker, señalaba que "no había evidencia que la Unión Soviética esté pasando información derivada de satélites a la Argentina".

Hay que agregar que el embajador británico en Moscú inquirió directamente a los soviéticos si estaban pasando información de inteligencia a Argentina y, como era de esperarse, estos negaron cualquier contacto.

No contentos con ello, días después insistieron en la pregunta: el Secretario de Relaciones Exteriores soviético respondió "enfáticamente" que no se estaba suministrando inteligencia a Buenos Aires.

El 6 de mayo, dos fuentes oficiales de la Unión Soviética fueron nuevamente contactadas por el ya impertinente personal diplomático británico, para establecer si se estaba suministrando información o armas a la Argentina. Y, por tercera vez, los soviéticos negaron cualquier colaboración en dicho sentido.

El "amigo invisible" fue uno de los secretos mejor guardado del conflicto. Que, aún hoy, es solo comentado entre susurros.

jueves, 18 de abril de 2019

23 minutos en Malvinas

martes, 16 de abril de 2019

Los manuscritos que prometían entregar Malvinas como Hong Kong


Documento exclusivo: las tres carillas escritas a mano que podrían haber cambiado la historia que llevó a la guerra de Malvinas 

El encuentro secreto en Suiza entre los enviados de la Argentina y el Reino Unido un año y medio antes del conflicto armado. El documento confidencial que propuso que la soberanía fuera "transferida a la Argentina", con un acuerdo "al estilo Hong Kong". La reacción de los isleños y el final con escándalo


Por Juan Bautista "Tata" Yofre |  Infobae

Miré el escrito con especial atención al observar el escudo del Reino Unido de la Gran Bretaña en cada una de sus páginas. El documento consta de tres carillas escritas a mano, no tiene fecha, carece de firma y habla sobre las islas Malvinas.

 
La primera página del documento que se elaboró en una reunión secreta en Suiza en septiembre de 1980 entre el enviado del Reino Unido y el representante de la Argentina

Está enmarcado porque para su dueño era un blasón que ennoblecía su gestión, aunque nunca lo mostro públicamente, y además, presumo, deseaba conservarlo en perfecto estado para las futuras generaciones. Como gesto especial se me permitió fotografiarlo y adelanté que habría de contar la historia del contenido del documento del que varios se han referido pero ninguno lo mostró.

Los antecedentes del documento resaltan que en mayo de 1979 llegó al poder en Londres la dirigente conservadora Margaret Thatcher y se encontró con que el gobierno laborista había congelado las relaciones con la Argentina a principios de 1976, durante los meses finales del gobierno de María Estela "Isabel" Martínez de Perón.

Con la llegada de Thatcher al gobierno, lord Peter Carrington asumió como secretario del Foreign Office. A su vez, como subsecretario de Asuntos Latinoamericanos fue designado Nicholas Ridley, un personaje aséptico y fiel creyente de la política económica de la primera ministra.

En la Argentina gobernaba de facto Jorge Rafael Videla, su concuñado el brigadier (RE) Carlos Washington Pastor era el canciller y el subsecretario de Relaciones Exteriores era el comodoro Carlos Cavándoli.

 
Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, recibió un memorándum del Foreign Office que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos con la Argentina a fin de explorar soluciones políticas y económicas

En junio de 1979 Ridley viajó a Buenos Aires y el 12 se entrevistó con el subsecretario Cavándoli. En julio visitó Puerto Stanley donde el funcionario inglés observó el estado de irrealidad que vivían los isleños.

Allí discutió con los kelpers (isleños considerados por Londres de segunda categoría en esos años) sobre las ventajas de cooperación con la Argentina, aunque aclaró que ninguna solución será posible sin un visto bueno de ellos.

Observó: "Plantean [los isleños] una amenaza completamente desproporcionada en relación con su tamaño".

Al retornar de las islas volvió a conversar con Cavándoli, acordando reponer a los embajadores que habían sido retirados en 1976.

En octubre de 1979, lord Carrington presentó a Margaret Thatcher y al Comité de Defensa un memorándum que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos a fin de explorar soluciones políticas y económicas "sin compromisos y sin apurar el asunto".

También advirtió que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo.

El informe que Carrington expuso fue tomado en el Informe Franks (realizado después de la guerra de 1982) contiene tres opciones:
  • La fortaleza Falklands.
  • Negociaciones sin concesión de soberanía.
  • Sustanciales negociaciones respecto a la soberanía.

Tras algunos cabildeos diplomáticos, Cavándoli y Ridley volvieron a encontrarse en Nueva York entre los días 28 y 30 de abril de 1980 y en esas horas el funcionario inglés solicitó hablar en la intimidad con el aeronáutico argentino.

Cavándoli solo fue acompañado por el jefe de gabinete del canciller Pastor, comodoro Carlos Felipe Bloomer Reeve. En la ocasión Ridley les hablo de la necesidad de una solución en el diferendo de las Malvinas y que convenir la cuestión de soberanía era imprescindible. Que cualquier solución debía coincidir con la voluntad de los "kelpers" y Cavándoli hablo de los intereses de los mismos.

 
Lord Peter Carrington le advirtió a Thatcher que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo

Ridley se explayó en otros lineamientos que deberían tenerse en cuenta en el futuro aunque afirmo en la reunión que debían ser acordados por Londres ya que todavía no eran oficiales. Pidió extremo secreto y "buena fe" en las conversaciones. Antes de despedirse les previno a los argentinos que debía discutir muy fuerte con el lobby que la Compañía de la Isla Malvinas (Falkland Island Company) y los sectores que apoyaban a los "kelpers" en el Parlamento.

El 30 de julio el Palacio San Martín recibió una propuesta de una reunión confidencial a realizarse en el próximo septiembre ya que Ridley ya tenía los lineamientos de su gobierno para negociar.

Entre los días 10 y 11 de septiembre de 1980, Ridley, el embajador Harding, Cavándoli y Bloomer Reeve se volvieron a encontrar en extremo secreto en un hotel en Coppet, cerca de Ginebra, Suiza. Antes de comenzar a hablar Nicholas Ridley afirmó que todas las decisiones que se acordaran en esa cumbre iban a ser aceptadas "ad referéndum" de los miembros del gabinete y la señora Thatcher.

El contenido del documento.

La traducción oficial que acompaña a las tres carillas ológrafas comienza diciendo que "la soberanía titular sobre las Islas Falkland (Islas Malvinas) y su zona marítima sería transferida a la Argentina, con efecto a partir de la firma del Acuerdo".

El 2º punto de la propuesta británica establecía "una continua administración Británica de las Islas y su zona marítima, con miras a garantizar a los Isleños y sus descendientes el ininterrumpido goce de su forma de vida conforme a las instituciones, leyes y costumbres Inglesas sería asegurada simultáneamente mediante un arrendamiento al Reino Unido por un período de 99 años. Los términos de dicho arriendo estarían sujetos a revisión periódica, mediante acuerdo de las dos partes".

 
Las últimas dos carillas del documento que se hizo durante la reunión secreta en Gienbra en las que pariticparon Ridley, el embajador Harding, Cavándoli y Bloomer Reeve

"3º. Las banderas Británica y Argentina flamearían lado a lado en los edificios públicos de las Islas."

"4º. El Gobierno Británico sería representado por su Gobernador quien, conjuntamente con un Consejo elegido localmente, serían responsables de la Administración de las Islas y sus habitantes".

"5º. El Gobierno Argentino estaría representado por un Comisionado General".

El documento cerraba con un 6º punto que proponía: "Habría un Consejo Conjunto a los efectos de coordinar la cooperación relativa al desarrollo económico de las Islas y su zona marítima".

Como se observa la Argentina aceptaba la fórmula del "lease back" o retro arriendo: Inglaterra aceptaba la soberanía de la Argentina y en un tiempo determinado transferiría la administración y la explotación de los recursos.

La transferencia sólo se haría en un plazo similar al que Gran Bretaña había establecido para Hong Kong y que fue firmado por 99 años. El "lease back" era una fórmula que el Reino Unido había presentado en encuentros reservados después de 1965, cuando las Naciones Unidas admitió la Resolución 2065 y consideró que ambas naciones debían negociar la cuestión de soberanía en las islas Malvinas.

Tras el encuentro secreto el 25 de septiembre ambos cancilleres recibieron los informes sobre lo acordado.

 
Nicholas Ridley le presentó a la Argentina los lineamientos del gobierno británico para negociar: pidió extrema confidencialidad

Carlos Pastor opinó privadamente que "es esencial acelerar las negociaciones sobre las Islas Malvinas a fin de alcanzar cuanto antes un acuerdo que ponga término definitivamente a la disputa."

Lord Carrington aceptó el consejo pero advirtió que todavía no había informado al gabinete "para obtener la conformidad de seguir adelante con la negociación" y que, además, deseaba aclarar "una vez más que para el gobierno británico era indispensable conseguir la aprobación de los isleños sobre lo que se acordaría".

La aceptación de los isleños (hasta ese momento ciudadanos de segunda que no contaban con pasaporte británico) "podía crear dificultades y desde ya él quería señalarlo con toda honestidad".

La negativa kelper que ayudó a hundir el acuerdo de Ginebra

Los 1813 habitantes de las Islas Malvinas se agitaron ante Nicholas Ridley entre el 22 y 29 de noviembre. Con la presencia de unas 300 personas reunidas en el Town Hall, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos habló de cuatro alternativas:

1) La fórmula de arrendamiento.
2) Aceptar todas las demandas argentinas y transferir la soberanía.
3) Congelar por 25 años la cuestión de soberanía.
4) Rechazar de plano cualquier cuestión de soberanía.

Nicholas Ridley admitió que la primera opción era la preferida de Margaret Thatcher.

En su áspero diálogo con los isleños, el funcionario deslizó una advertencia: que no se podía descartar que "la Argentina, cansada, pudiera intentar una solución militar". Les dice, además que Gran Bretaña no podrá asumir la defensa de las islas.

Los "kelpers" al escuchar hablar de "leasing" reaccionaron violentamente y Ridley fue despedido con carteles insultantes en Puerto Stanley. A su vez, los isleños y los sectores más conservadores hicieron oír sus opiniones de rechazo en la prensa y el Parlamento.

 
Ridley se presentó a informar ante la Cámara de los Comunes. Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. Lo ridiculizaron

En ese clima, el 2 de diciembre Ridley se presentó a informar ante la Cámara de los Comunes.

Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. Lo ridiculizaron. El vizconde Cranborne llegó a decir que induciría a los isleños a pensar que "no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria". Los observadores no dejaron de tener en cuenta que el gobierno británico tenía una fisura, ya que había importantes sectores que consideraban que la cuestión de soberanía, al fin de cuentas, debía tratarse. Ante la presión del "lobby" de las islas, el gobierno británico dos semanas más tarde intentó iniciar un proceso licitatorio para explorar petróleo "off shore" en el Atlántico Sur, lo que generó un nuevo intercambio de protestas diplomáticas.

Ya en junio de 1980, José Alfredo Martínez de Hoz había sostenido en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca, en el área de Malvinas, al mismo tiempo que se analiza la cuestión de soberanía.

El ministro de Economía entendía su proyecto como un ensayo de aproximación, pero los mandos de las FFAA insistían con la soberanía, antes de cualquier proyecto común. En sus comentarios íntimos, Martínez de Hoz solía decir que una forma de solucionar el largo diferendo era realizar "tareas mancomunadas con los británicos".

Nicholas Ridley entendió que "no es posible explorar las fuentes de pesca o petróleo a raíz de la fuerte disputa con Argentina" (cable de la agencia Reuter del 2 de diciembre de 1980). La ecuación en esa época era muy simple: "Entre el 50% de algo o nada, prefiero el 50%. Pero los militares, cuando se sentaban a negociar, antes que nada preguntaban por la soberanía y ahí los ingleses se iban" (diálogo del autor con el ex Ministro Martínez de Hoz).

 
Ya en junio de 1980, José Alfredo Martínez de Hoz había sostenido en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca (NA)

Esa visita a la capital del Reino Unido fue casi presidencial. Estuvo con los más importantes funcionarios del gobierno. Desde Margaret Thatcher, lord Carrington, el presidente del Banco de Inglaterra y el secretario de Agricultura. Con Thatcher no habló de Malvinas para no despertar los celos del canciller Carlos Washington Pastor.

También estuvo con el secretario del Foreign Office y el subsecretario Nicholas Ridley. Hubo una suerte de ping pong entre los dos, sobre diferentes alternativas.

El "lease back" fue la más analizada. Durante la conversación, uno de los funcionarios presentes dijo que la Argentina y el Reino Unido sólo estaban separados por el "3 F": "Falklands, Football and Foot and mouth". Es decir, las Malvinas, el fútbol y la aftosa.

El final

Lo cierto fue que entre los "kelpers" ("pastores" como los denominó el presidente Ronald Reagan en 1982), las andanzas del lobby malvinero en los diarios y el Parlamento y la absoluta indeterminación de Margaret Thatcher y su gabinete, lo acordado en Suiza se convirtió en un gran fracaso.

Le faltó a la Primera Ministro el carácter que mostró más tarde para enfrentar las huelgas mineras de 1984 y 1985. El gobierno británico retrocedió y tras varias comunicaciones diplomáticas Cavándoli y Ridley volvieron a encontrarse el 23 de febrero de 1981 en Nueva York. La cita se realizó en la residencia del embajador británico en las Naciones Unidas y en esa ocasión el oficial aeronáutico realizaba su última gestión, porque en marzo de 1981 Jorge Rafael Videla dejaba el cargo y Carlos Washington Pastor abandonaba el Palacio San Martín.

 
Jorge Rafael Videla, Leopoldo Fortunato Galtieri y Roberto Viola

Estaba por comenzar el período de ocho meses presidido por Roberto Viola, que luego sería depuesto por el general Leopoldo Galtieri y el almirante Jorge Anaya.

Antes de partir Cavándoli dejó caer algunas advertencias a su par ingles. La primera, que su país (la Argentina) había llegado "al límite de su paciencia" y que no se aceptaría la propuesta británica de "congelamiento por diez años" de negociaciones.

Un año más tarde todo estallaba por los aires y el 2 de abril de 1982 la Argentina recuperó militarmente el archipiélago malvinense con el resultado ya conocido.

Ninguno de los que participaron en los encuentros puede atestiguar ni enriquecer el relato sobre cómo se concertaron las tres carillas que hubieran cambiado la historia. En una pared aún queda enmarcado el documento, un mudo testigo de la nada que aún sigue esperando la Argentina.

domingo, 14 de abril de 2019

Españoles nerviosos por el Brexit en Malvinas

Armadores españoles inquietos por la cercanía del «brexit» y las flotas de pesca en Malvinas



 
A menos de una semana de la desconexión del Reino Unido, la inquietud cunde en las flotas que operan en la zona del banco Gran Sol y, sobre todo, las que faenan en el área de las islas Malvinas. «Cuanto más nos vamos acercando al precipicio están surgiendo más incertidumbres y tensión», explica Javier Touza, presidente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi).



Touza habla por una agrupación con muchos segmentos de flota afectados. Por un lado, están los de bandera británica pero de capital y personal gallego que pescan en aguas inglesas, que suman unos 89. A esos hay que añadir 33 barcos franceses e irlandeses que descargan habitualmente en el puerto de Vigo.

En los sumandos también hay que incorporar los 19 grandes arrastreros con bandera de las islas Malvinas que operan en el Atlántico sur y los 24 arrastreros que faenan en el área de este archipiélago bajo soberanía británica y, por tanto, afectado por el divorcio de Gran Bretaña con la UE.

«¿Qué va a pasar? No tenemos ni idea», admite Touza, que no pierde de vista esa espada de Damocles que pende sobre sus cabezas hasta el día 12. «Si antes de ese día no se adopta ninguna decisión, se produce por defecto la salida del Reino Unido de la UE» y tras esa estela debe salir la flota de los caladeros británicos.

«Nosotros hemos luchado desde el minuto uno por un acuerdo de retirada, que no significa más que cumplir una serie de pautas en el período de transición para enseguida ponernos a trabajar en la futura relación entre el Reino Unido y la UE», explica el presidente de Arvi.

Una negociación en la que, según los armadores vigueses, Galicia tiene mucho que decir: «Nosotros como gallegos y como principales baluartes de la pesca, queremos tener un protagonismo claro a la hora de fundar la relación de buena vecindad inteligente para regular las materias pesqueras entre el Reino Unido y la UE».

Mantener la relación pesquera

Porque en Vigo aún confían en que haya acuerdo. Un deseo todavía más ferviente para el área de las Malvinas, cuyo Gobierno se ha mostrado abiertamente proclive a negociar un acuerdo con la UE. Y aunque, como apunta Touza, eso son «decisiones de altas esferas políticas», sí tiene constancia del interés del Gobierno de las Malvinas por seguir manteniendo la relación pesquera con Europa.

Nada extraño, por otra parte, dado que el PIB del país depende de las exportaciones cárnicas y pesqueras a la UE y es, como Galicia, «partidario del statu quo». Es decir, que se continúe permitiendo el acceso a través de licencias privadas y que este acceso tenga su reciprocidad con la apertura del mercado comunitario a los productos de las Malvinas libres de aranceles como hasta ahora en base a la consideración de territorio europeo que tiene en tanto no se produzca la desconexión británica.

Que los armadores quieren seguir allí lo demuestra que, lejos de congelarse las inversiones dada la inseguridad jurídica, las empresas han continuado apostando por las Malvinas. «Acaban de entregarse dos barcos nuevos emblemáticos para la flota que opera en las Malvinas y construidos en Nodosa en los astilleros de Marín», recuerda Touza.

Por tanto, «se está haciendo una apuesta clara por ese caladero, por ese país y por la estabilidad jurídica que siempre nos ha mostrado el Gobierno británico, con una gestión pesquera envidiable y con estrecha relación con sus socios extranjeros».

Touza apunta que esas empresas contribuyen considerablemente a las arcas públicas por recaudación de impuestos, generación de valor en unas islas en las que hay más ovejas que habitantes, y en la que la flota gallega de Vigo y Marín se encuentra «en situación de claro privilegio» que de ningún modo querríamos que se truncase. (MARCOS GAGO -LA VOZ DE GALICIA)

viernes, 12 de abril de 2019

La rata cobarde de Balza

Martín Balza y la cobardía


Por Nicolás Kasanzew  | Tribuna de Periodistas



Alguien tenía que decirlo

El más cobarde de los generales, Martín Balza ha dicho en el programa de Alejandro Fantino que en Malvinas hubo oficiales cobardes en las demás unidades, pero no en la suya. Pues en la suya también hubo uno: el propio Balza.

Cuando el mayor José Rodolfo Baneta, heroico jefe de la guarnición argentina en Moody Brook, lo agarró del pescuezo por una actitud impropia que ponía en riesgo a los soldados de Baneta, Balza arrugó como una oveja y no se animó a defenderse.

Yo le pregunté a Baneta si quería que yo incluyera ese episodio en mi libro, pero con caridad cristiana este gran oficial me dijo que no lo hiciera porque Balza le daba lástima. Una consideración que el propio Balza, amigo de otro cobarde, el soldado Edgardo Esteban (en la foto al pie junto a Balza) nunca tuvo para con sus camaradas de armas, tratando de ensuciarlos en cuanta oportunidad se presenta.

Sumemos a esto su camaleonismo político, (arrastradamente obsecuente con todos los poderosos, desde Videla hasta Kirchner, pasando por Menem) que es otra forma de cobardía, y tendremos la acabada imagen de un Judas de nuestro tiempo.

En 1995 Balza me condecoró, y me dedicó un libro con la frase "al soldado Nicolás Kasanzew". Pero cuando en el 2007 los kirchneristas me quitaron la condición de veterano otorgada por el Congreso, Balza me negó, aseverando en un reportaje televisivo que yo no era veterano.

Estas últimas canallescas declaraciones suyas en el programa de Fantino han colmado el vaso. Me estoy presentando ya mismo ante las autoridades del Ejército Argentino para devolver la condecoración.

Al haber sido otorgada por un cobarde, esa medalla no solo ya no tiene valor para mí. Es un baldón, en vez de un blasón.


miércoles, 10 de abril de 2019

Qué significa para España que Europa denomine "colonia británica" a Gibraltar

Qué es una colonia y por qué el Parlamento Europeo incluye el término para Gibraltar


Esta consideración supone un avance político y simbólico para España 


 
El peñón de Gibraltar. (Jon Nazca / Reuters)


La Vanguardia

La consideración de Gibraltar como “colonia” en el acuerdo para reformar la política sobre exención de visados a los británicos tras el Brexit supone un avance político, diplomático y simbólico para España, según destacan fuentes diplomáticas españolas. Pero ¿qué es una colonia y por qué la UE incluye este término ahora para hablar de Gibraltar?

La RAE señala como tercera acepción que una colonia es un “territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales”, y en la cuarta, se refiere al “territorio dominado y administrado por una potencia extranjera”. Pero la inclusión del término para el Peñón no constituye un cambio en el estatus jurídico de Gibraltar.
La referencia a Gibraltar como una colonia se limita a un pie de página en el que se asegura que Gibraltar es “una colonia de la corona británica”
La referencia a Gibraltar como una colonia se limita a un pie de página del texto aprobado este jueves por el Parlamento Europeo en el que se asegura que Gibraltar es “una colonia de la corona británica”. En esa anotación se señala que “hay una controversia entre España y el Reino Unido que concierne a la soberanía sobre Gibraltar, un territorio para el que una solución se debe alcanzar a la luz de las resoluciones y decisiones relevantes de la Asamblea General de Naciones Unidas”.

Ese pie forma parte de un acuerdo político sellado con el Consejo de la Unión Europea (UE) este martes sobre la exención de visados para británicos si sucede un Brexit sin acuerdo el próximo 12 de abril, y la nota al pie se refiere al hecho de que los británicos que viajen al espacio europeo libre de fronteras (Schengen) para estancias cortas (90 días en un periodo máximo de 180 días) podrán acceder sin visado, pero siempre sobre la base de que Londres adopte una medida equivalente para los europeos.

Así, la exención de visados incluye a Gibraltar, y aunque el Peñón está incluido en la lista de la ONU sobre territorios pendientes de descolonización, el estatus jurídico del territorio no varía a pesar de que se incluya el término “colonia” en este acuerdo.
Para España, la denominación tiene “valor diplomático y político”
Pero para España, la denominación tiene “valor diplomático y político” y el Gobierno encuadra la nota en el conjunto de las negociaciones sobre el Brexit porque “refuerza y reafirma” la idea de que Madrid tendrá que dar luz verde a cualquier pacto que afecte al Peñón tras la salida del Reino Unido de la UE.

La inclusión del término en la legislación sobre visados supone la primera vez que una ley comunitaria llama “colonia” a Gibraltar, después de que el 13 de junio de 2017 una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre juegos de azar ya asegurara que Gibraltar es “una colonia de la Corona británica”. Esa misma denominación ya se había empleado en otra sentencia de 2006 de la misma corte.

La referencia ha generado polémica porque después de que el 1 de febrero los países de la UE incluyeran en su posición negociadora sobre los visados el pie de página en el que llamaban “colonia” a Gibraltar, las conversaciones con la Eurocámara, el otro colegislador de la Unión, quedaron bloqueadas durante semanas.
Un portavoz del Gobierno británico aseguró este miércoles que llamar ‘colonia’ a Gibraltar es “completamente inapropiado”

El negociador del PE, el laborista británico Claude Moraes, defendía la postura del Parlamento, que en su mandato negociador no se refería al Peñón.

Ante el riesgo de que la fecha del Brexit llegara y la legislación no se hubiera pactado, el grupo de los populares y el de los socialdemócratas en la Eurocámara, a partir de la presión de las delegaciones españolas, lograron apartar a Moraes y sustituirlo por el socialista búlgaro Sergei Stanishev.

Un portavoz del Gobierno británico aseguró este miércoles que llamar ‘colonia’ a Gibraltar es “completamente inapropiado”.

lunes, 8 de abril de 2019

Bedacarratz revive el hundimiento del Sheffield

El ex piloto combatiente en Malvinas Augusto Bedacarratz brindó una charla en el CMC

Municipalidad de Santa Rosa




En la tarde de hoy, ante un Auditorio Bustriazo Ortiz del Centro Municipal de Cultura totalmente repleto, Capitán de Navío Augusto Bedacarratz, de destacada actuación como piloto de combate durante la Guerra por las Islas Malvinas, brindó una interesante charla enmarcada en la reciente conmemoración el pasado 2 de abril del Día de la Recuperación de la Soberanía Argentina sobre dichas islas, sumado al Día del Veterano y Caídos durante mencionado conflicto vélico.



La actividad contó con la presencia de los Diputados Provinciales Máximo Aliaga y Josefina Díaz, y asistió en representación de la Municipalidad de Santa Rosa, la Directora General de Administración, Prof Rita Ríos.

El Condecorado piloto naval, oriundo de Villa Maza y desde pequeño radicado en Macachín, fue uno de los miembros de la cuadrilla que hundió al emblemático HMS Sheffield (D80) buque de la Armada Real Inglesa.



Como parte de su charla, Bedacarratz relató sus comienzos en Macachín, su vida rural en nuestra provincia, y su posterior traslado a Buenos Aires para realizar su formación como piloto. También describió con ímpetu las angustiosas dificultades técnicas y operativas que tuvo que superar su escuadrón para desarrollar con éxito la riesgosa misión de atacar al mando de un avión Super Etendard, a uno de los 3 destructores ingleses que custodiaba el frente de la flota enemiga, con uno de los únicos 5 misiles antiaéreo Exocet AM.39 que tuvo a disposición la armada Argentina durante todo el conflicto. Fue el primer hundimiento de un barco de la de la Armada Real Inglesa en cuatro décadas.

sábado, 6 de abril de 2019

Las dos ofertas británicas para devolver las islas

Las dos veces que Gran Bretaña ofreció devolver las Malvinas y la Argentina lo frustró

La primera oportunidad se dio durante el último gobierno de Perón. La segunda, a pocos meses del inicio de la Guerra de 1982 con Margaret Thatcher como protagonista
Infobae



Andrés Cisneros, ex vicecanciller

A 37 años de la Guerra de Malvinas, el presidente Mauricio Macri reiteró el reclamo argentino de soberanía. "Es legítimo e irrenunciable", aseguró ante veteranos y familiares de soldados caídos.

Como es habitual cada 2 de abril, la reivindicación se extendió a lo largo y a lo ancho de todo el país en actos donde no solo se rinde homenaje a los héroes que participaron de la Guerra, sino que se le exige a Gran Bretaña que cumpla con la resolución 2065 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y se siente a negociar con las autoridades argentinas.

Lo que quizás no muchas personas conocen es que hubo al menos dos oportunidades de recuperar el control de las Islas en forma pacífica. Una fue durante el último gobierno de Juan Domingo Perón y la segunda fue pocos meses antes del conflicto bélico.

En diálogo con Infobae, el ex vicecanciller de Carlos Menem, Andrés Cisneros, hizo un repaso histórico del reclamo de soberanía y reveló cómo fueron las dos oportunidades de recuperar las Islas que se frustraron por objeciones impuestas por los argentinos.

En enero de 1833, las Islas que estaban ocupadas por protoargentinos, porque la Argentina no existía como tal; todavía éramos un territorio con guerras civiles después de independizarnos de España.
Pero en 1810, España ya estaba ocupando las Islas. Entonces, los habitantes del Río de La Plata que reemplazaron a las autoridades españolas, se sintieron con derecho de gobernar las Islas y enviaron a diversas autoridades. Hubo varios gobernadores españoles y argentinos. En enero de 1833, vino una fragata británica ayudada por una fragata norteamericana y los desalojó a los cañonazos.
El daño que nos ha hecho la Guerra del 82 es incalculable. Hay que hacer el reclamo, y algún día llegaremos no sé si a la devolución de las Islas, que me parece muy poco probable, pero sí a un acuerdo honorable que contemple los intereses de ambas partes.
No hay que perder un minuto dejando de reclamar, pero hay que ser sensatos y entender que estamos muy, muy aislados, además que los reclamos argentinos se basan en derechos territoriales, que son evidentes, están cerca nuestro no cerca de Gran Bretaña. Pero en el mundo están disminuyendo la importancia de los derechos territoriales y aumentando la importancia de los derechos de las personas, los derechos humanos.  Y allí viven personas que no quieren ser argentinos, quieren ser británicos, de manera que la cosa se nos está poniendo complicada.
Yo creo que hay buenas expectativas y que bien trabajado esto se va a solucionar dentro de 50 años. Alguna vez llegará el día que la ley tenga suficiente peso para que los ingleses se sienten a negociar.
Ese día puede llegar, ¿pero qué nos conviene hacer a nosotros los argentinos? ¿Reclamar soberanía hoy, la quiero ahora? No nos sirve para nada.  Los ingleses nos dicen "no, no discuto nada". ¿O establecer una relación de cooperación de entendimiento sin declinar soberanía?
Dos veces Gran Bretaña ofreció devolver la soberanía y desde la Argentina se frustró la oferta.  Rodolfo Terragno dicen que son tres, pero a mí me constan dos. La primera fue en el último gobierno de Perón. El embajador británico le entregó al canciller argentino una oferta escrita que podríamos llamarla de retroarriendo mediante la cual ellos nos reconocían la soberanía en ese instante, pero se hacía efectiva 100 años después.
Perón le dijo al canciller argentino que trate de bajar los 100 años a 50. Perón murió pocas semanas después y el gobierno que quedó no tenía calibre como para continuar una negociación de esta envergadura.

La segunda oferta fue muy parecida. El primer ministro británico envió a un vicecanciller que tenían, que se llamaba Nicholas Ridley, con la oferta en la mano. Gobernaba la Junta militar. Y la Junta Militar dijo que aceptaba la devolución de la soberanía pero que no iban a esperar 100 años, que la querían a fin de año. Era una manera de decirles que no. ¿Saben quién fue la primer ministro británico que envió esa oferta? Margaret Thatcher.

Thatcher hizo esta oferta en septiembre de 1981, seis meses antes del desembarco en Malvinas. Tuvimos la oportunidad de nuestras vidas y no la aprovechamos.