La defensa de Puerto Argentino

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2 de Abril

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Infantería de Marina ARA

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Ejército Argentino

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Royal Navy

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lunes, 30 de abril de 2018

CC 602: Losito avanza en la cárcel

VGM apresado políticamente por el kirchnerismo se recibe de abogado




El comando Horacio Losito sigue combatiendo en primera línea. Ayer le fue entregado el diploma de abogado, que pudo conquistar estudiando en la carcel, donde injustamente fuera recluido por los esbirros del kirchnerismo. Al jurar por Dios, la Patria y Los Santos Evangelios, rodeado por sus familiares, por los integrantes de la patrulla con la cual combatió hasta desangrarse en Top Malo House, por sus camaradas del Liceo Militar y por nosotros, sus fieles amigos y admiradores, la emoción inundó el salón de la Universidad de Salta en Buenos Aires. También en esto nos debe inspirar el integrante de la Compañía de Comandos 602. Un verdadero héroe de la Patria demostró una vez más que con tesón y decisión no hay nada imposible en la vida, cualquiera sea la situación o la edad. Ahora solo falta que el gobierno haga cumplir la ley y libere a este arquetipo de lo que es un hombre de honor. Gloria al comando de Malvinas Horacio Losito!

Nicolás Kasanzew

El VGM Coronel Horacio Losito, hoy juro nuevamente por la patria, esta vez como abogado.
Un ejemplo de Pertenencia siempre.
Patria es la tierra regada por la sangre de los padres, este hombre en Malvinas se desangró combatiendo, vuelto a la vida por los ingleses y encarcelado por los argentinos por cumplir un mandato dado por un gobierno constitucional.
Fuerte abrazo MALVINERO!



sábado, 28 de abril de 2018

Marcelo Daniel Massad y su habitación intacta

El conmovedor testimonio de los padres de un soldado identificado de Malvinas: "Hijo, tu habitación está intacta, no sabés cuánto te extrañamos"

Desde el cuarto de su hijo, caído en la cruenta batalla de Monte Longdon, Said y Dalal Massad abren sus corazones para recordar a Marcelo Daniel. La guerra, la trágica noticia, y los años sin saber dónde estaba enterrado su cuerpo en Darwin: "Hoy sentimos paz". 

Por Gaby Cociffi || Infobae
Directora Editorial de Infobae | gcociffi@infobae.com



Dalal y Said Massad en el cuarto de su hijo Marcelo Daniel. La habitación permanece intacta desde 1982: “Si saco este cuarto es como sacarlo a Dani de mi corazón”, dice su madre (Foto: Nicolás Stulberg)

Arrodillada frente a la tumba de su hijo, besa la cruz blanca y le habla. "No sabés todo lo que pasó en estos 35 años, no sabés cuánto te extrañamos.Tu abuela y madrina te siguió al poco tiempo que te fuiste, se ve que no quería estar sin vos. ¿Sabés una cosa, Dani? Tu cuarto está intacto, tu pelota de fútbol, tus posters…pero me han sacado cosas de tu ropa, porque todos querían llevarse algo para tenerte cerca".
Dalal Abd de Massad, madre de Marcelo Daniel, caído en Monte Longdon el 11 de junio de 1982, llora y dice que el corazón se le escapa del pecho. Es la primera vez en 36 años que puede orar frente a la tumba de su hijo, junto a la placa de granito negro que lleva grabado el nombre con el que lo bautizó.
Daniel ya no es un Soldado Argentino solo conocido por Dios, hoy es uno de los 90 caídos identificados en Darwin.


El lunes 26 de marzo, los Massad por primera vez pueden besar la tumba con el nombre de su hijo en Darwin. Durante 36 años Marcelo Daniel había sido un Soldado argentino solo conocido por Dios

"Ahora sé dónde está mi hijo, ahora puedo hablar con él, y eso me trae una paz espiritual que nunca tuve", conmueve en este soleado lunes 26 de marzo en las islas Malvinas.
Said "Coco" Massad también está de rodillas. Entre lágrimas le habla a su único hijo varón, a quién él llama por su primer nombre: Marcelo. "Ahora sé que vos me escuchás, aunque no podés responderme, estás aquí. Te pido por tu mamá y por las chicas, Yamilé y Karina, te pido por el país para que ya no tenga dificultades, te pido por la humanidad".
El padre recorre con sus dedos  las piedras blancas frente a la cruz. "Hoy tengo la certeza de que él está ahí y quiero acariciarlo de la cabeza a los pies. Me lo imagino bien, lindo, entero. Está tan cerca, a solo un metro debajo nuestro, que puedo sentirlo, me parece que puedo tocarlo", emociona mientras sus manos se cubren de polvo y revuelven la tierra que rodea la placa que dice "Marcelo Daniel Massad".
Coco y Dalal se acuestan sobre la tumba de su hijo. "Dani, Dani, ahora estamos con vos". Y antes de partir acomodan las flores blancas de tela y los rosarios fluorescentes, esos que les entregaron para que brillen en la oscuridad de las islas.


Las fotos de familia: Marcelo Daniel a los dos años, tocando el bombo, con sus amigos de colegio, en unas vacaciones, en la fiesta de 15 de su hermana y del brazo de una compañera en la fiesta de graduación del bachiller (Foto: Nicolás Stulberg)

Les cuesta -como a los 214 familiares que viajaron para honrar a los caídos identificados- dejar el cementerio. "Pero él no se queda solo, está con todos sus compañeros que murieron por la Patria", dice con orgullo su padre.
"Cuando lleguemos a casa vamos a buscarte en tu habitación, en cada cosa que dejaste. Vos siempre estás con nosotros", le dice su madre.
Y al llegar a su casa en Banfield, cumple la promesa. Sube al cuarto de Daniel y reza. Sabe que su hijo la escucha.

La batalla en Longdon y el rosario con sangre

Es la noche del 11 de junio de 1982, el cielo está iluminado por las bengalas, y el 3er Batallón del Regimiento de Paracaidistas (3 PARA), bajo las órdenes del teniente coronel Hew Pike, avanza sobre Monte Longdon.
Marcelo Daniel Massad, junto a sus compañeros de la Compañía B del Regimiento de Infantería Mecanizada 7 Coronel Conde, está entre las rocas. Acaricia los dos rosarios que lleva en su cuello: el oscuro que le entregó el Ejército, y el ámbar que su madre le dio cuando lo vio partir hacia el Sur. Reza. Y prepara su FAL para el combate.


“Marcelo”, como lo llamaba su padre, o “Dani”, como lo llamaba su madre, integraba la Compañía B del Regimiento de Infantería Mecanizada 7 Coronel Conde de La Plata

En la ladera del monte ha comenzado una de las batallas más sangrientas y claves de la guerra. Para los británicos tomar la posesión del Longdon significa abrir el camino hacia Puerto Argentino. Los disparos de FAL, las granadas, las ráfagas de ametralladoras MAG y los 6 cañones de la Artillería Real británica convierten a esos desolados parajes en un infierno en la tierra.
Los argentinos pelean hasta que ya no tienen fuerzas. Hay combates cuerpo a cuerpo, con bayonetas. Hay gritos, hay muerte, hay coraje.
Una nueva bengala le pone la luz a la oscuridad de una noche helada. Los ingleses vienen subiendo por la ladera.
"¡Vamos, vamos!", grita el sargento del RI7 y ordena el repliegue.
Massad duda. "¿Qué te pasa?", le pregunta su compañero Jorge Suárez, su amigo de la infancia en Banfield y a quien el destino lo ha puesto en la misma trinchera.
"¿Ves esos que están ahí abajo? -se asoma y señala a un pequeño grupo de soldados-. Esos no oyeron la orden. Bajo a avisarles", dice Daniel y corre en un acto reflejo.
"¡Vamos muchachos, hay que replegarse!", eleva su voz sobre los estruendos de los proyectiles que pegan demasiado cerca.


Monte Longdon, islas Malvinas. En la noche del 11 de junio se produjo una de las batallas más cruentas de la guerra

Los soldados corren, trepan entre las rocas, abandonan su posición. Daniel deja pasar al último y comienza a subir el monte. Pero no puede avanzar más que unos metros: una ráfaga de ametralladora cruza su pecho.
"Yo lo vi caer, y después de la batalla lo enterré con mis propias manos. Le quite el crucifijo que llevaba para entregárselo a sus padres. Ese rosario estaba impregnado con su sangre", revela Suárez entre lágrimas cuando regresa al continente.
El sargento que comandaba al grupo toma del bolsillo del soldado caído un papel. Piensa que es una carta, pero es una poesía. Nadie nunca supo si la escribió Daniel ni tampoco por qué la guardaba como un tesoro en su uniforme.
El conmovedor texto dice así:
Escucha, Dios / Yo nunca hablé contigo,/ Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?.
¿Tú sabes? Me decían que no existes,/ y yo, tonto, creí que era verdad..
Anoche ví tu cielo. Me encontraba /oculto en un hoyo de granada….
¡Quién iría a creer que para verte/ bastara con tenderse uno de espaldas!
No sé si aún querrás darme la mano; /al menos, creo que me entiendes.
Es raro que no te haya encontrado antes, /sino en un infierno como éste.
Pues bien… Yo todo lo he dicho./ Aunque la ofensiva nos espera para muy pronto, Dios no tengo miedo/ desde que descubrí que estabas cerca
La señal! Bien Dios, ya debo irme /Olvidaba decirte… que te quiero
El choque será horrible… en esta noche. /¡Quién sabe! tal vez llame a tu cielo
Comprendo que no he sido amigo tuyo /Pero ¿me esperarás si hasta Tí llego?
¡Cómo! ¡Mira Dios: estoy llorando! /Tarde te descubrí ¡Cuanto lo siento!
Dispensa, debo irme ¡Buena Suerte!
(Qué raro: sin temor voy a la muerte...)

Los terribles días de la guerra

El viernes 2 de abril de 1982 amaneció soleado. La familia Massad estaba tomando mate en la cocina cuando, sorprendida, escuchó el primer comunicado de la Junta Militar: "La República por intermedio de sus Fuerzas Armadas, mediante la concreción exitosa de una operación conjunta ha recuperado la soberanía sobre las Islas Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur y sus espacios marítimos y aéreos".


La Plaza de Mayo repleta vitorea al General Galtieri el 10 de  Abril de 1982 (AP)

La noticia trajo alegría a la casa. ¡Se habían recuperado las Malvinas! Said comenzó a saltar y a gritar: "¡Traigan la bandera Argentina y la bandera papal". Daniel se paró frente al televisor y solo dijo: "150 años". Dalal no pudo pensar en nada, "pero jamás imaginé que se venía la guerra".
Nueve días más tarde, el domingo de Pascua encontró a Daniel en el cuartel. Había ido a buscar su documento pero no le dieron la baja. Y toda la familia lo visitó con mate y rosca: sus padres, la abuela, y sus hermanas Yamilé, de 15 años, y Karina, de 12.
"Pasamos la tarde conversando sentados en un banquito. Fue la última vez que toda la familia estuvo junta", recuerdan los Massad.
Veinticuatro horas después, una llamada los alertó: "Traigan abrigo y chocolates", les pidió su hijo desde el Regimiento. Presurosos, buscaron camperas en su local de blanquería, tapicería y uniformes y compraron chocolates en el kiosco de la estación, muy cerca de su casa.


Daniel Massad con sus compañeros del Regimiento 7

"Me mandan al sur", alcanzó a decirles Daniel en la puerta del RI7. Lustraba su fusil y estaba contento. "Yo estaba preocupada, pero disimulé, no le dije nada", revela Dalal.
Y cuenta que cuando vio la fila de camiones que se llevaban a los soldados corrió desesperada y quiso colgarse de uno de los vehículos."¡Dani, Dani, Dani!", gritó y alcanzó a colgarle el rosario en el cuello mientras un oficial le desprendía las manos del camión que ya arrancaba.
Sais Massad fue quien escuchó la voz de Daniel por última vez, cuando llamó desde Río Gallegos: "Estoy bien, no se preocupen, embarcamos hacia las Malvinas".
"Dalal, Dani va hacia las islas", le dijo cuando a su mujer cuando ella llegó de misa. Y la madre se desplomó en el pasillo: "Ay Dios, no. Por favor Dios, no", rogó.
La primera carta llegó el 22 de abril. Daniel les decía que Puerto Argentino parecía Inglaterra, que las casas eran bajas como se ve en las películas, y pedía que le "manden una cámara de fotos y muchos rollos porque quiero guardar muchos recuerdos".



Cada semana recibieron una nueva carta, cuatro en total. "Quiero volver y abrazarlos a todos y no soltarlos más. Estando aquí estoy empezando a comprender lo que es una familia. Recién ahora me estoy dando cuenta, estando a tantos kilómetros. No les voy a mentir, cuando me puse a leer sus cartas me puse a llorar como un tonto", escribió Daniel.
Y en la última les dijo que estaba rezando en las trincheras y les pidió: "Vayan al club Banfield y pidan que me guarden mi lugar de arquero: lo voy a defender como defiendo la Patria".
En junio, ya no hubo noticias. Habían comenzado las batallas más feroces de la guerra.
"Desde el hundimiento del crucero General Belgrano yo empecé a no dormir. Le rogaba a la Virgen que protegiera a los chicos. Me refugié en la Fe. Todos los días, a las dos de la tarde, la casa se llenaba de gente que venía a acompañarme para rezar el rosario", confiesa entre lágrimas Dalal.
-¿Nunca sintió que Dios no la había escuchado?, pregunta Infobae.
-Nunca, Dios es el médico que cura todas las heridas. La Fe me ayudó a vivir sin mi hijo todos estos años. A cuidar que mis hijas puedan tener una vida feliz, a seguir adelante sin Dani, aunque él está presente en cada minuto de mi vida.
El 11 de junio de 1982, Dalal fue a capital para unirse a la multitud que asistiría a la misa que Juan Pablo II iba a celebrar en Buenos Aires. Pasó la noche rezando en la Catedral. Su marido y su hija mayor eligieron ir a comprar el auto que le habían prometido a Daniel antes de su partida. Felices lo estacionaron en la puerta de su casa: "¡La sorpresa que se va a llevar cuando lo vea!".
Ninguno de ellos podía imaginar que esa noche Daniel moriría combatiendo en las islas.
"De alguna manera siento que con mi oración lo acompañé en sus últimas horas", se consuela su madre. "Y yo pude comprarle ese día el regalo que él tanto deseaba", suma su padre.


“Dios es el médico que cura todas las heridas”, confían los Massad quienes se refugiaron en su enorme Fe luego de la muerte de su hijo  (Foto: Nicolás Stulberg)

-¿Cómo y cuándo supieron que Daniel había muerto?
-Los soldados habían llegado al continente. Yo fui hasta Campo de Mayo y me colgué las rejas gritando su nombre: "¡Marcelo Marcelo!". Pero nadie respondía -cuenta Said-. Los chicos llegaban con caras tristes y las cabezas gachas, flacos, sucios. A las ocho de la noche corrí hasta el portón principal y un superior me dijo: "No se preocupe Massad, están todos bien. Su hijo está regresando en el Canberra".
-Pero no fue así…
-No, al día siguiente, como no había noticias, nos subimos al auto para ir juntos hasta Campo de Mayo. Tenía el motor en marcha cuando llegó corriendo una nena, hija de un vecino de apellido Suárez. "Mi papá quiere que vaya", dijo. Y yo presentí algo muy malo y salí corriendo hacia su casa.


Dalal y Said con el coronel Geoffrey Cardozo, quien enterró a su hijo en Darwin después de la guerra

Cuando Said llegó al umbral de su vecino, el hombre, un militar, le dijo sin anestesia: "Lamentablemente su hijo cayó en combate".
Y le explicó que Daniel había peleado al lado de su hijo Jorge, ahora internado en el Hospital Militar. Y que el chico le había contado la verdad. "Lo vio morir y lo enterró", finalizó Suárez.
"Yo pensé que no podía ser, y empecé a decir 'vamos a recorrer el país, Dani está bien, vamos a buscarlo, Dani va a volver'. Guardaba la esperanza de que el chico Suárez estuviera mal, traumado, confundido", aporta Yamilé al dramático relato de sus padres.
Al día siguiente, Massad fue al Regimiento en busca de una respuesta. Allí el Mayor Carrizo, que había estado en Longdon, mandó a llamar al sargento que había peleado junto a Daniel. "Su hijo cayó en Malvinas", le confirmó. Y dio los detalles del final: "Él fue a avisarle a unos compañeros en avanzada para que retrocedieran, había orden de repliegue, llegó la ráfaga de ametralladoras…"
"Ahí supe que tenía que tenía que resignarme a vivir sin él, que ya no había esperanzas. Antes regresar a Banfield pasé por lo de un cardiólogo amigo, porque Dalal durante toda la guerra había estado con palpitaciones y taquicardia. También busqué al padre Agustín. Y me fui para casa a avisarle a mi familia que Marcelo ya no volvería", recuerda Coco emocionado.


Dalal, Karina, Said y Yamilé: la familia de Daniel al regreso de Malvinas, el lunes 26 de marzo. (Foto: Nicolás Stulberg)

Cuando se abrió la puerta, Dalal no necesitó que le dijeran nada. Su marido estaba pálido y detrás pudo ver al sacerdote. El religiosa caminó unos pasos y abrazándola quiso explicarle lo que nadie quería oír:
"Hija querida…", alcanzó a decir el padre Agustín.
Dalal lo interrumpió: "Padre ya abracé mi cruz". Y llorando le dijo:"¿Por qué a mí no?".
"No le pregunté '¿Por qué a mí?'. Con dolor acepté la voluntad de Dios", dice ahora la mamá de Daniel entre lágrimas.
Juntos recuerdan lo difícil que fue decirle a las hermanas que Daniel había quedado en Malvinas. Karina recién llegaba del colegio cuando su padre la sentó en la falda y quiso explicarle. "¡No digan que murió, no digan que murió", se negó la niña de doce años a escuchar la trágica verdad.
"La afectó mucho, la alejó de Dios, sintió bronca", recuerda su madre.


La foto, ya amarillenta, del viaje de egresados de Daniel a Bariloche (Nicolás Stulberg)

Y revela el dolor infinito que ella padeció tras la muerte de su hijo, con una confesión que estremece: "Creí que había aceptado que Dani ya no volvería, pero al día siguiente tocaron el timbre, fui a abrir la puerta… y de pronto corrí hacia la mitad de la calle para tirarme debajo de un auto. Alguien gritó "¡No!" y me agarró de un brazo. Yo no quería vivir más. Lo único que esperaba es que llegara el momento de ir a rezar. Me acostaba en la cama de Dani y rezaba. Pero después me di cuenta que no podía arruinarle la vida a mis hijas, que teníamos que salir, que tenía que hacer todo por ellas. Y Dios nos ayudó y tuvimos una vida muy feliz como familia".
"Tiempo después me entregaron el rosario que yo le había dado antes de que se fuera a las islas. Tiene la sangre seca de Daniel. Para todos nosotros es un objeto sagrado. Esta sangre seca es lo único que regresó de mi hijo".

La habitación del hijo

La cama de una plaza contra la pared. El poster del Mundial 74. Una lámina con una pelota entrando a la red que sus padres le trajeron de Miami porque era "un gran arquero en la cuarta de Banfield". Las raquetas Wilson de madera con las que jugaba al tenis. Y en la biblioteca, los libros que leyó en el colegio Lincoln durante la primaria y en el San Andrés donde se recibió de bachiller. "Recuerdos de Provincia", "El retrato de Dorian Grey", "Relato de un Náufrago"…


La puerta de la habitación permanece siempre abierta. Para los Massad es un casi un santuario, un lugar donde orar y sentirse más cerca de su amado hijo (Foto: Nicolás Stulberg)

Sobre un mueble, el pequeño aparato de tevé amarillo que compraron en el Chuy y desde donde, tirada en la cama, Dalal siguió entre lágrimas el programa "24 horas por Malvinas" que condujeron Pinky y Cacho Fontana en 1982.
También está, ya amarillenta y deslucida, la foto del viaje de egresados a Bariloche. Y en el segundo cajón  de la biblioteca, las cartas de su novia Niki y de algunas chicas que le declaraban su amor adolescente.


El pequeño aparato de tevé que sus padres le compraron cuando viajaron al Chuy. En él, Dalal vio el programa “24 horas por Malvinas, conducido por Pinky y Cacho Fontana en 1982, donde se juntó dinero, víveres y abrigo para los soldados que peleaban en las islas (Foto: Nicolás Stulberg)

Todo está igual en la habitación de Daniel, en el primer piso de la casa de los Massad en Banfield. El tiempo allí está detenido en 1982, cuando su hijo se fue a la guerra.
"Si saco este cuarto es como sacarlo a Dani de mi corazón", revela Dalal. Y con amor cuenta que hace unos años renovaron el empapelado, le colgaron un poster de Banfield y cambiaron el acolchado.


Los posters de Dani: el del Mundial 74 y el que sus padres le trajeron de Miami “porque era una excelente arquero en la cuarta de Banfield”. También un nuevo plantel del club de sus amores y recuerdos de Malvinas (Foto: Nicolás Stulberg)

La puerta de la habitación permanece siempre abierta: "Voy a rezarle. Y le hablo. Le digo: 'Dani, te extraño mucho. A veces no sé cómo voy a seguir adelante, ayudame'".
Dalal asegura que ahí, entre sus cosas, lo siente cerca. Pero le cuesta leer las cartas que tiene guardadas como tesoros: las que él envió desde Malvinas y las que guardaba de sus amores de la infancia. "Me emociono mucho, no puedo hacerlo", confiesa.
Said también reza en el cuarto de su hijo. Cada noche antes de irse a dormir, de rodillas al borde de la cama, eleva una pequeña plegaria que él mismo hizo para su amado hijo: "Marcelo, hermano de Cristo, hijo de Dios, cuidá de tus hermanas y de tu mamá", ora en voz alta. "No le pido nunca por mí", aclara conmovido.
"Para Coco ese es su santuario", revela su esposa.


El jeep militar de Marcelo Daniel (Foto: Nicolás Stulberg)

Emocionada, cuenta que en todos estos años sólo tuvo dos sueños con Daniel: claros, bellos, únicos.
"En el primero estaba durmiendo y alguien me despertaba, abría los ojos y era él. 'Qué lindo Dani verte', le decía. 'Estoy bien, mami, estoy con el Sagrado Corazón de Jesús, pero necesito que te cuides vos', me decía. Estaba lindo, en su pulóver rojo que tanto le gustaba…".
"El otro sueño que tuve también fue muy claro: Dani entraba a la casa de mi mamá y nosotros estábamos todos sentados a la mesa. Él llegaba y depositaba su pulóver rojo allí, en el medio de la mesa. 'Ya vengo', nos decía. 'Vení, quedate un rato más Dani', le pedíamos. Pero él se iba: 'Ahora estoy apurado'. Y dejaba su suéter como diciéndonos 'acá estoy, siempre voy a estar con ustedes'".


El pulóver rojo de su hijo: Dalal así lo soñó, con su prenda preferida, lindo y sonriente. Said hoy lo usa “para sentirlo cerca, él está acá”

-¿Qué pasó con ese pulóver colorado?,  quiere saber Infobae.
-Ahora lo uso yo, dice Coco Massad.
Y se levanta, sube al primer piso y regresa con el suéter preferido de su hijo entre sus manos: "Dani está acá", dice conmovido.

La Placa en el cementerio de Darwin

La primera vez que fueron a Malvinas fue el 18 de marzo de 1991. Llegaron al cementerio de Darwin y no encontraron la tumba de su hijo. Nadie les había dicho que él no tenía una cruz con su nombre, que su cuerpo no había sido identificado.
"Pensamos que había quedado en Longodon", cuentan. Durante muchos años se conformaron con no tener una tumba donde dejar una flor o una oración:"Elegimos una cruz cualquiera para tener donde rezarlo".


Said acarició las piedras: “Ahora sé que él está en este lugar y siento que puedo tocarlo”. Dalal rezó y besó la cruz: “Hijo, te extrañamos tanto”

Cuando llegó el proceso de identificación, al principio se opusieron. "Creíamos que no quedaba nada de los cuerpos, que había pasado demasiado tiempo, que querían traerlos al continente. Algunas personas que estaban cerca de la Comisión de Familiares nos decían cosas que no eran verdad y nos llenaron de miedos. Pero después supimos de Julio Aro (el veterano que impulsó esta causa), de Geoffrey Cardozo (el coronel británico que hizo el cementerio y cuyo trabajo fue fundamental en la identificación), de vos (periodista de Infobae, que trabajé con Aro desde 2010 en el proyecto humanitario), del profesionalismo del Equipo de Antropología Forense... Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos, nos fue contando todo y ahí perdimos el miedo y dijimos que sí".
"En diciembre nos informaron que Dani había sido identificado, que su cuerpo estaba en Darwin. Nos abrazamos y lloramos de alegría. Yo siempre había creído que era lo mismo, que no era necesario tener su cruz identificada. ¡Cuánto me equivoqué! Hoy siento paz", confiesa Dalal.
El lunes 26 de marzo, cuando volvieron a del cementerio de Darwin, después de orar frente a  la tumba de su hijo, después de abrazar y besar su cruz, llegaron  a su casa de Banfield con una sensación que no habían tenido en años, una sensación que les llenaba el alma.
La madre de Daniel, la explica así:
"Ese día entré a casa, subí a su cuarto, me senté en su cama, y le dije: 'Hijo hoy estuvimos con vos, fue algo muy importante y muy emocionante. En manos de Dios y de la Virgen estuvo la respuesta para que te encontráramos. Dani, hoy sentimos la misma felicidad que se siente cuando te dan la noticia de un nacimiento. La casa está diferente, ¿sabés? Algo cambió. Hoy, querido hijo, volvimos a nacer con vos'".

jueves, 26 de abril de 2018

Guerra aérea en Malvinas: El hundimiento del HMS Sheffield (2/4)

Guerra aérea en Malvinas

Century of Flight

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4

El final del HMS Sheffield

A las 5:07 h del 4 de mayo de 1982, un SP-2H Neptune, número de serie 0708/2-P-112, llamado 'Mercurio', perteneciente al Escuadrón de Exploración de la CANA, despegó de la Base Naval Río Grande. La tripulación del avión estaba compuesta por tres miembros, y el piloto era el Capitán de corbeta Ernesto Proni Leston (los otros miembros eran el copiloto y el Oficial de Control Operativo, de apellido Pernussi). [Nota del administrador: En realidad la tripulación era de 12: Comandante CC Ernesto Proni; Copiloto CC Sergio Sepetich ; OCO TC Guillermo Meneses; Navegante TF Juan Gatti ; Mecánico SI Juan C.Heredia ; Ayudante Mecánico CI Hugo Saavedra, Detección SI Anibal Sosa y SS JOsé M. Pernuzzi ; Radio Operador CP Daniel Yerba ; Operador MAE CP Luis Nuñez ;Armamento CI Luis Del Negro Supervivencia CI César H. Fernandez . Estos dos últimos con la función de vigias. Aclaración del CN (RE) VGM Rodolfo Castro Fox en los comentarios de esta entrada] Originalmente, la misión era detectar cualquier actividad naval británica para permitir que un grupo de C-130 aterrizara en el aeropuerto de Puerto Argentino, pero incluso cuando el vuelo de Hércules fue abortado, se produce la salida del Neptune. A las 7:50 el Neptune tuvo su primer contacto por radar con un buque de guerra británico, y Proni informó las noticias a la CANA. Se le ordenó mantener el contacto, pero con discreción. 'Mercurio' tenía otros dos contactos a las 8:14 y 8:43. Unos minutos después llegó una orden del Alto Mando de CANA para evadir cualquier contacto hasta las 10:00 hrs. Proni supuso que una salida de Exocet estaba en camino, y puso el curso de Neptune en el área de los restos del ARA General Belgrano, pretendiendo ser parte de una misión de rescate en busca de sobrevivientes.


Esta fue la ruta de vuelo seguida por el Neptune del Capitán de corbeta Proni Leston el 4 de mayo de 1982.

Las noticias sobre los hallazgos del capitán Proni llegaron a Río Grande rápidamente, y fue el turno del Capitán de Corbeta Augusto César Bedacarratz y el Teniente de Fragata Armando Mayora para volar las incursiones antibuque, y todos los demás pilotos ayudaron a preparar las rutas de vuelo, los puntos de reunión con el tanquero KC-130H, etc. Ambos Super Etendards despegaron de Río Grande a las 9:45 hrs. Bedacarratz, el líder, (indicativo de llamada 'Aries') voló en el avión 0752/3-A-202, y Mayora, el piloto de flanco, (indicativo de llamada 'Boina') lo hizo con su avión 0753/3-A-203. A las 10:00 horas se encontraron con el buque cisterna KC-130H provisto por la FAA (Fuerza Aérea Argentina - Fuerza Aérea Argentina) piloteado por el Vicecommodor Pessana y recibió todo el combustible necesario para completar la misión.

A las 10:35, el Capitán de corbeta Proni hizo su último ascenso a 1.170 metros (3.500 pies) y detectó un gran contacto y dos de tamaño medio en las coordenadas 52º 33 '55' 'Sur, 57º 40' 55 '' Oeste. Unos minutos más tarde, llamó por radio a ambos Super Etendards y le dio la información a Bedacarratz. Después de eso, Proni puso rumbo a Río Grande y aterrizó a las 12:04 h. Su larga salida había llegado al final.

Pero la misión de los SUE (apodo dado por los pilotos argentinos a los Super Etendards) acababa de comenzar. Volando a muy baja altura, alrededor de las 10:50 h subieron a 160 metros (500 pies) para verificar las coordenadas dadas por Proni, pero encontraron ... ¡nada! Ambos pilotos volvieron a buscar y Bedacarratz decidió continuar. 40 kms (25 millas) más tarde volvieron a subir y, después de unos segundos de escaneo, los objetivos aparecieron en sus pantallas de radar. Ambos pilotos cargaron las coordenadas en sus sistemas de armas, volvieron al nivel bajo y, después de la verificación de último minuto, lanzaron sus Exocets AM.39. La hora exacta fue a las 11:04 h.

Durante el vuelo de regreso a la base, Bedacarratz se dio cuenta de que no necesitarían la asistencia del KC-130H, y llamó a Vicecommodore Pessana para que no vuelva a cargar combustible. Pessano fue entonces el primer oficial argentino en conocer el éxito de la misión. Bedacarratz y Mayora aterrizaron a las 12:04 h, exactamente una hora después de haber lanzado los misiles. No es necesario decir que fueron recibidos por sus camaradas felices como héroes.

Pilotos argentinos pertenecientes al 2 ° Escuadrón Naval Aéreo y Escuadrón de Ataque de la Armada Argentina.



De izquierda a derecha: el teniente de fragata Rodríguez Mariani, el capitán de corbeta Curilovic (que participó en la incursión del 25 de mayo cuando el Atlantic Conveyor fue hundido), el capitán Fragata Colombo (comandante de la unidad), el capitán de corbeta Agotegaray, el teniente de navío Francisco (que golpeó al portaaviones británico HMS Invincible el 30 de mayo), el capitán de corbeta Bedacarratz (que participó en el ataque al HMS Sheffield el 4 de mayo) y el teniente de navío Collavino (que apoyó a Francisco el 30 de mayo). El Super Etendard detrás de ellos es el 0752/3-A-202, el avión utilizado por Bedacarratz el 4 de mayo de 1982 durante la misión contra el Sheffield, y el avión pilotado por Alejandro Francisco el 30 de mayo de 1982.

¿Qué pasó con los Exocets? Según fuentes británicas, Peter Walpole, un oficial en la cubierta del destructor Type 42 HMS Sheffield, que intentaba identificar visualmente un contacto de radar reportado por el oficial de operaciones del barco, Nick Batho, vio un pequeño rastro de humo y finalmente identificó es como un Exocet, pero lo hizo cuando el misil estaba a solo 1 milla de distancia del destructor. Cuatro segundos después, el misil golpeó la nave con una fuerza tremenda. Una de las ironías de la guerra fue que una de las naves más modernas de la Armada Real solo tenía gritos como advertencia de misiles. Algunas fuentes afirmaron que lo que causó el incendio en Sheffield no fue la ojiva, sino el combustible del misil restante; pero otros, incluido el Capitán de Sheffield, Samuel Salt, afirman que la cabeza explosiva del misil explotó, destruyendo el Centro de Operaciones y la ingeniería. Cualquiera que sea la causa real, el resultado sigue siendo el mismo; el destructor HMS Sheffield había recibido una herida de muerte. Era la primera vez que se probaba un misil antibuque en el aire en combate.


Una de las muchas fotografías que muestran el ardiente HMS Sheffield. El misil Exocet golpeó la sala de máquinas, donde explotó la cabeza explosiva. El barco se quedó sin suministro eléctrico al instante, por lo que el sistema antiincendios no pudo ser activado. El fuego pronto se expandió a través de toda la nave. Un total de 22 marineros británicos murieron en los restos


Otra imagen del moribundo HMS Sheffield. El destino del segundo Exocet sigue siendo un misterio, pero según fuentes británicas, se perdió por poco la fragata HMS Yarmouth y finalmente cayó al mar.

martes, 24 de abril de 2018

Infografía: Los militares identificados en Darwin

De dónde eran y qué rango tenían los 90 soldados enterrados en Malvinas que fueron identificados

La Nación


Muy jóvenes, en su mayoría reclutas provenientes del norte del país. Ese es el perfil de los noventa soldados enterrados en el cementerio de Darwin de Malvinas que fueron identificados luego de 36 años.


domingo, 22 de abril de 2018

Tom, el perro héroe del 101

Tom, el perro héroe




Tom, el canino que acompañó a los soldados del Grupo de Artillería 101 que combatieron durante la Guerra de Malvinas.
Tom daba el alerta ladrando antes que los soldados argentinos pudieran ver a los aviones ingleses, dándoles la oportunidad a los artilleros de preparase y esperar a los aviones enemigos.

Al mediodía del 11 de junio, un avión británico atacó la posición bombardeando el cañón y haciéndolo estallar, "nosotros corrimos a cubrirnos y Tom, como siempre, parado sobre una roca ladraba dando la señal de alerta".

"El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles, en ésta oportunidad varios fueron heridos, Tom, que corría avisándoles a los más distantes fue alcanzado por las esquirlas. El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil" con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas.... de mas esta decir que este héroe salvo a muchos soldados argentinos

viernes, 20 de abril de 2018

Malvinas: Lecciones del conflicto para UK

La Guerra de las Malvinas más 30 años

Military.com




Este mes se cumplen tres décadas desde la invasión de las Islas Malvinas por parte de Argentina y, según todos los informes, los argentinos todavía los quieren de regreso.

Los manifestantes quemaron el lunes un Union Jack y una efigie del príncipe Guillermo frente a la embajada británica en Buenos Aires.

El Reino Unido, como hemos visto, todavía está comprometido a defenderlos. Está desplegando su nuevo destructor tipo 45, el HMS Daring, en el Atlántico Sur en un recordatorio poco sutil de ese hecho.

¿Qué vendrá de toda esta postura? Nada.

Aunque la perspectiva de una segunda Guerra de las Malvinas es un tema perenne en el mundo de la defensa, las probabilidades parecen imposiblemente remotas. Como informa Brian Hendrie de la AP, casi no hay apetito por la guerra entre los argentinos, y es difícil imaginar que un público británico profundamente desencantado con Irak y Afganistán acepte una guerra real de disparos para defender las Malvinas nuevamente.

Más prácticamente, las fuerzas armadas de ambos países no parecen estar a la altura de la tarea. Ambas partes hoy en día tienen flotas tan pequeñas de barcos y aviones que es difícil imaginar que los comandantes los arriesguen en una pelea de pie. La Royal Navy escapó por la piel de los dientes en las Malvinas: "seis espoletas mejores y hubiésemos perdido", como decía el chiste, y ni ella ni los argentinos pudieron absorber las mismas pérdidas hoy.



El conflicto vale la pena recordar, sin embargo, porque enseña algunas lecciones desagradables pero importantes sobre la guerra tecnológica:

La pelea que planeas puede no ser la lucha que obtienes: la Royal Navy de principios de los años 80 se formó con miras a proteger los convoyes transatlánticos en la Tercera Guerra Mundial contra los soviéticos, no las campañas anfibias expedicionarias. Entre otras cosas, esto significaba que sus defensas antiaéreas no eran ideales: los comandantes tenían que emparejar fragatas y destructores en piquetes en miniatura para compensar las brechas en los sensores de los otros barcos. Eso también significó que los pilotos argentinos podrían volar en baja y anotar golpes en la flota británica en San Carlos Water, aunque, afortunadamente para los británicos, varias de sus bombas no explotaron.

Hemos escuchado que muchos funcionarios del Departamento de Defensa y de los servicios citan este principio en sus llamadas por "equilibrio" en la próxima construcción, dado que no hay forma de saber exactamente qué tipo de conflicto puede ocurrir a continuación.

Tienes que luchar con lo que tienes: la Royal Navy se deshizo de su último portaaviones tradicional en 1978, dejándolo solo con los "Harrier carriers" HMS Hermes y HMS Invincible cuando estallaron las Malvinas. El Hermes era muy viejo y el Invencible fue diseñado originalmente para la guerra antisubmarina, y ninguno de los dos pudo lanzar el avión de alerta temprana aerotransportado que la marina alguna vez tuvo. Así que los comandantes tuvieron que arreglárselas con naves reutilizadas volando un puñado de aviones reutilizados para defender al grupo de tareas con conocimiento de dominio muy limitado. Funcionó, pero solo solo.

Tus pérdidas van a ser peores de lo que crees: los británicos perdieron seis barcos importantes, incluidos dos destructores y dos fragatas; diez fueron gravemente dañados. Las pérdidas de la Marina Real Británica y del Ejército británico podrían haber sido mucho peores si hubieran detonado más armas argentinas y los pilotos argentinos atacaran a más de los transportistas de tropas británicas, a diferencia de sus escoltas de buques de guerra.

La guerra costó más de 100 aviones argentinos, según la historia de la Marina Real de John Roberts, "Salvaguardando a la Nación", así como su crucero General Belgrano, un submarino y otros buques. Y una sola pérdida puede tener consecuencias desproporcionadas, como con el hundimiento del buque de carga Atlantic Conveyor, que transportaba los helicópteros que las tropas británicas contaban para transportarlos a través de las Malvinas. Sin ellos, tenían que caminar.

Las unidades o capacidades que creas que cambiarán el juego no pueden: La flota argentina, incluida su portaaviones, permaneció principalmente en el puerto después del hundimiento del General Belgrano, eliminando una amenaza de la fuerza de tarea británica y un arma argentina potencialmente potente. La Royal Air Force, que intentó un ataque de larga distancia con los bombarderos de Vulcan sobre las posiciones argentinas en las Malvinas, tuvo poco efecto en la guerra.

Las tropas en tierra son las que ganan la guerra: la Royal Navy que se encontraba mar adentro no podría haber luchado y vencido a las tropas argentinas que ocupaban las Malvinas. Debía liberar las fuerzas que de hecho expulsaron a los recuperadores.



Tu flota de batalla no es la medida completa de tu poder de combate: el destacamento de fuerzas de la Marina Real dependía del apoyo de los buques mercantes que se recogían del comercio, así como de sus propios auxiliares. La capacidad de organizar este tipo de soporte logístico es tan importante como el envío de buques de guerra.

¿Qué otras lecciones deberíamos tomar 30 años después de las Malvinas?

miércoles, 18 de abril de 2018

Pesqueros chilenos y noruegos operan en las Georgias del Sur

Buques chilenos obtuvieron millonarios contratos para operar en las islas Georgias del Sur

Las licencias de pesca permiten además a embarcaciones de Noruega y Nueva Zelanda operar en la zona de 200 millas cuadradas alrededor del territorio argentino durante cuatro años.
Perfil


Buques noruegos, de Chile y Nueva Zelanda obtuvieron autorización de Gran Bretaña para pescar en el Atlántico Sur en la zona de las Islas Georgias del Sur. uques noruegos, de Chile y Nueva Zelanda obtuvieron autorización de Gran Bretaña para pescar en el Atlántico Sur en la zona de las Islas Georgias del Sur. Foto:Cedoc Perfil 

Buques noruegos, de Chile y Nueva Zelanda obtuvieron autorización de Gran Bretaña para pescar en el Atlántico Sur en la zona de las Islas Georgias del Sur. La decisión provocó la furia de compañías locales, que quedaron fuera de los acuerdos por unos 100 millones de dólares.

Los diarios británicos The Daily Mail y The Sun brindaron la información y señalaron que el blanco de las críticas inglesas fue el canciller Boris Johnson.

Las seis licencias pesqueras fueron entregadas a cuatro firmas noruegas, una chilena y una neozelandesa, según consignó la agencia Noticias Argentinas.

En ese contexto trascendió que las peticiones de dos compañías británicas, South Georgia Fisheries y Fortuna Ltd. fueron rechazadas, lo que generó críticas a nivel local.

Las licencias habilitan a pescar en la zona de 200 millas cuadradas alrededor del territorio argentino de las Georgias del Sur durante cuatro años. La firma noruega Ervik Havfiske ganó la licencia para cuatro buques, otra para el buque neozelandés San Aspiring y la restante para el chileno Antarctic Bay.

Formalmente, los permisos son entregados por el gobierno britànico de las Islas Georgias y Sandwich del Sur, pero la que da la autorización final es la Cancillería del gobierno de Theresa May.

Acción legal. Una de las compañías británicas que no obtuvieron licencias anunció que realizará acciones legales.

lunes, 16 de abril de 2018

Coronel Geoffrey Cardozo, dedicado a buscar y enterrar a los soldados argentinos muertos en combate

Así enterró un oficial británico a los caídos argentinos en Malvinas: "Lo hice con amor y respeto como si fueran mis hijos"

En 1982, el coronel inglés Geoffrey Cardozo fue encomendado con una difícil tarea: recoger los cuerpos de los campos de batalla y darles digna sepultura en Darwin. Su trabajo fue fundamental en el proceso de identificación de los caídos en el conflicto bélico. El video de la emotiva ceremonia en febrero de 1983 

Por Gaby Cociffi || Infobae
Directora Editorial de Infobae | gcociffi@infobae.com



"Mamá, papá, yo tuve en mis brazos a su hijo antes de darle digna sepultura. Y hoy, 36 años después, los abrazo a ustedes y siento que esto es un milagro".
El coronel británico Geoffrey Cardozo deja escapar una lágrima, cuando envuelve en sus brazos a Dalal y Said Massad, padres de Marcelo Daniel, soldado caído el 11 de junio en la batalla de Monte Longdon y enterrado en Darwin en una tumba sin nombre.
Daniel fue, durante 36 años -al igual que otros 121 combatientes que yacen en el cementerio- un Soldado Argentino solo conocido por Dios. Pero desde hoy 90 combatientes recuperarán el nombre que perdieron el día que dieron su vida por la Patria.  A las 9:50, en el cementerio de Darwin, 210 familiares descubrirán las placas con los nombres de sus seres queridos.
Fue la causa por la identificación -que comenzó en 2008 con la iniciativa y el trabajo del veterano Julio Aro– lo que permitió que las familias hoy puedan dejar una flor o llorar sobre una tumba con nombre.
El proceso fue largo y difícil: implicó una complicada negociación política de seis años, la firma del acuerdo entre Argentina y el Reino Unido en diciembre de 2016, la mediación de la Cruz Roja Internacional, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense y el viaje a las islas de 12 profesionales de distintas nacionalidades que exhumaron los cuerpos en Darwin para conocer la identidad de los soldados.
En 1982 fue el entonces joven capitán Cardozo, de 32 años, quien se desempeñaba en el área logística del Ministerio de Defensa en Londres, quien recibió la orden que le cambiaría la vida para siempre: debía recoger los cuerpos de los soldados argentinos en los campos de batalla para darles digna sepultura.
Pero había llegado a las islas, solo un día después de finalizada la guerra, con otra misión: ayudar a los oficiales con la tropa en el período post guerra que siempre es muy duro para los combatientes. "La adrenalina está muy alta, tienen mucho stress, hay agresión y mucho alcohol. Mi función era mantener la disciplina, darles comida y confort, que es importantísimo para los sobrevivientes", relata Cardozo hoy.


El capitán Geoffrey Cardozo en las islas (foto álbum personal)

No solo había que cuidar a los soldados, sino "limpiar" las islas de los vestigios de la lucha armada.
Fue así que los ingenieros militares que buscaban minas en los campos, durante ese helado mes de junio de 1982, empezaron a encontrar cuerpos de soldados argentinos en donde se habían librado las batallas más cruentas de la guerra.
Había algunos cuerpos marcados con una cruz, otros estaban enterrados bajo un montículo de piedras y algunos pocos solo cubiertos -quizás en la urgencia de la batalla- por una manta.


El coronel Cardozo durante su trabajo en las islas en 1982 (Foto: Geoffrey Cardozo)

"Cuando los ingenieros hallaban las fosas me mandaban llamar. Yo llevaba una trompeta, hacíamos una pequeña ceremonia, rezábamos una plegaria y marcábamos el lugar donde habían sido enterrados".
Al comienzo de diciembre, cuando la nieve ya cubría la turba de las islas, el gobierno de la primera ministra británica Margaret Thatcher le ofreció al presidente de facto de la Argentina, Leopoldo Fortunato Galtieri, "repatriar los cuerpos". La respuesta fue tajante: "Ellos están en nuestra Patria, allí van a quedarse". Hubo, más tarde, un pedido de ayuda para identificar a los caídos. Pero esa vez nadie respondió: la desmalvinización había comenzado.


Encontró los cuerpos enterrados en los campos de batalla: algunos marcados con una cruz, otros con un montículo de piedras, otros cubiertos por una manta (Foto: Geoffrey Cardozo)

El Reino Unido, entonces, le encomendó a Cardozo recuperar los cuerpos y construir un cementerio de guerra. "Pero ese no era el trabajo para un soldado", reflexiona Cardozo. Entonces, voló a Londres para buscar ayuda. Visitó tres casas funerarias en busca de hombres mayores de 30 años, por un tema de madurez emocional, y solo hasta 40, por la resistencia física que había que tener para esta dura tarea.
La empresa elegida subcontrató a dos directores de funeral: Pauls Mills -quien había sido el encargado de trasladar los cuerpos de los británicos desde las islas- y William Lodge. Cardozo volvió a las islas comandando un pequeño batallón de 12 hombres que tenían que cumplir la orden más dolorosa: inhumar los restos de los soldados argentinos.


La tumba de un soldado argentino poco después de la guerra: así los encontró Cardozo (foto: Geoffrey Cardozo)

"Empezamos la tarea en los primeros días de enero de 1983, y el 19 de febrero les dimos sepultura. Cuando me dieron ese trabajo supe que iba a ser doloroso porque no iba a poder identificarlos a todos", rememora el oficial británico.
"Al ver los primeros cuerpos quedé en shock. No podía creer que no tuvieran la chapa identificatoria. Encontré que algunos jóvenes habían pegado un papelito y escrito en tinta sus nombres sobre las chapas vacías, pero estaban borroneados por la lluvia y el clima".


El sitio marcado con una cruz improvisada por los mismos combatientes argentinos (Foto: Geoffrey Cardozo)

"No había registros médicos precedentes, ni placas dentales, ni nada que me permitiera identificarlos. Revisé cada cuerpo con mucho cuidado, los bolsillos, las chaquetas, todo. Encontré cartas 'a un soldado argentino', rosarios, estampitas, golosinas, fósforos, cuchillos del Ejército Argentino, pero nada que me permitiera identificarlos".


Las anotaciones de Cardozo en 1982 (Foto: Geoffrey Cardozo)

Cardozo anotó cada detalle en una libreta y elaboró un extenso informe, con datos que fueron fundamentales, 35 años después, para el proceso de identificación.
"Envolví cada cuerpo en una sábana, como a Cristo", explica con emoción. Luego, los metió en una bolsa de plástico negra, y esta en una blanca de PVC, donde anotó con tinta indeleble todos los detalles. Cada soldado fue depositado en un ataúd de madera. "Y sobre el ataúd, volví a anotar todos los datos. Me dije: 'tengo que hacer todo para preservarlos'", recuerda.


Tumba de un soldado argentino en un campo de batalla (Foto: Geoffrey Cardozo)

El cementerio de Darwin se hizo bajo la supervisión de la Commonwealth War Graves Commission. Pero elegir el lugar donde emplazarlo no fue fácil.
"Los isleños no querían tener a los muertos cerca porque los sentimientos aún estaban en carne viva", cuenta el oficial. Fue un granjero de Darwin, Brooke Hardcastle, quien sintió piedad por nuestros caídos y ofreció un pedazo de su tierra para que se les pueda dar sepultura. "Tuvo un gran gesto humanitario", agrega el coronel.


El entierro de los soldados argentinos en Darwin en 1983

"Cuando los enterramos hicimos una ceremonia en el cementerio con tres sacerdotes, con nuestros soldados y nuestro comandante. Fue con todos los honores, con toque de silencio y con oraciones. Exactamente la misma ceremonia que tuvimos para nuestros hombres. Como si los soldados argentinos fueran ingleses. Todos estos jóvenes habían combatido con valor y habían sido luchadores formidables".


Las cruces del cementerio de Darwin en 1983 (Foto: álbum personal Geoffrey Cardozo)

Muchos años después, en 2008, el destino hizo que el oficial conociera al veterano Julio Aro, quien había viajado a Londres pensando en formar una fundación (que luego llamó No me Olvides) para ayudar a los soldados con stress post traumático.
Cardozo, que habla perfecto español, fue el traductor. Y en una charla íntima con el ex combatiente argentino conoció el dolor que Julio llevaba clavado en su alma: había vuelto a las islas para cerrar su historia de la guerra y en el cementerio no había encontrado a sus compañeros, a quienes él había enterrado luego de la batalla.
El inglés no durmió esa noche. Aquellos muchachos sepultados en Darwin como Soldado Argentino solo conocido por Dios volvieron a su memoria. "Quizás ellos son algunos de mis 122 chicos sin nombre", se dijo.


Julio Aro frente a la gran cruz en el cementerio de Darwin (Foto: álbum persona Julio Aro)

El día que Aro volvía a la Argentina, le entregó un sobre de papel madera: "Vos vas a saber qué hacer con esto". Era el minucioso informe que había elaborado en 1983.
"Yo entendí su dolor. El informe era reservado pero no secreto. Nadie lo había visto antes, pero yo pensé que él sabría cómo utilizarlo para ayudar a las familias", dice.
Aro buscó ayuda para llevar adelante un proyecto humanitario que no fue fácil. Me contactó una noche y me pidió que ayudara a las madres a  encontrar sus hijos. Yo había cubierto la guerra siendo muy joven y conocía el dolor de las familias. Me sumé a su trabajo, pero muchas puertas oficiales se cerraron. Entonces, pedí ayuda a Roger Waters, quien fue el que le dio voz a una causa silenciada, y trabajamos con el EAAF (Luis Fondebrider y Carlos "Maco" Somigliana), la Cruz Roja Internacional, y la Embajada Británica.


Cardozo en las islas: “Hoy me siento aliviado y feliz porque muchos jóvenes fueron identificados. Pero el trabajo no ha terminado”

"Tiempo después supe que Julio y vos -me dice el oficial británico- habían visitado más de 100 familiares y que la identificación se había convertido en una causa humanitaria a nivel internacional", recuerda.
Por eso cuando recibió el llamado de la Cruz Roja Internacional, para que se sumara como asesor externo no dudó: "Dije que sí, y organicé un viaje al Chaco para visitar algunas familias y contarles cómo había cuidado a sus hijos. Necesitaba hacerlo. Había sentido por años ese dolor en la boca del estómago porque estas madres y padres no sabían que yo había sepultado a sus chicos con dignidad".
Cardozo volvió a las islas 35 años después de la guerra para acompañar a los forenses del Proyecto Humanitario en las primeras exhumaciones en junio de 2017.
Luis Fondebrider, presidente del EAAF, asegura: "El informe de Cardozo fue fundamental. Hizo un trabajo excelente, serio, muy profesional. Cuidó y trató cada cuerpo con dignidad. Los puso en tres bolsas de plástico y Pvc que hicieron que los cadáveres se conservaran muy bien. Todo su trabajo facilitó la exhumación e identificación".


Los forenses durante el proceso identificación que comenzó en junio de 2017

A principios de diciembre de 2017 el gobierno nacional comenzó a informar a la familia sobre la identificación de sus seres queridos, y en muchos casos se entregaron objetos personales hallados en los cuerpos.
El coronel se quiebra cuando habla de esas fotos, carnets, estampas religiosas, cruces, anillos y cartas que se encontraron en las exhumaciones: "Supe que se hallaron algunas pertenencias y me pregunté por qué yo no había podido verlas. Me sentí mal, pensé que mi trabajo estaba mal hecho".


Alguno de los objetos hallados en el cuerpo del soldado Eduardo Araujo (Gustavo Gavotti)

Con angustia busca una explicación y un consuelo. "Cuando el año pasado estuve en Darwin con los forenses, vi que ellos hicieron un trabajo muy profesional, de excelencia y que en la morgue había una máquina de Rayos X que les permitía ver todo. Tenían una luz clara, limpia… En cambio yo lo hice con linternas, praderas y montes desolados. Extendíamos una sábana para depositar los cuerpos sobre una superficie limpia y los revisábamos. Debíamos tener mucho cuidado al buscar cosas de metal entre sus ropas, porque los soldados llevaban granadas y el seguro podría haberse soltado. Luego, envolvía sus cuerpos en las sábanas y me aseguraba de que no quedara ningún elemento que pudiera hacerlos explotar".


La oración por los caídos argentinos

"Me dolió mucho cuando no los pude identificar. Enterré a los soldados argentinos con amor y respeto como si fueran mis propios hijos".
Más allá de este dolor, el trabajo de Cardozo fue fundamental en el proceso identificatorio. Y fue reconocido tanto en el Reino Unido como en la Argentina.
El 9 de marzo en Londres, el coronel -junto con Aro, Waters y  la periodista de Infobae- fue distinguido con Una Rosa por la Paz –una fundición realizada por el orfebre Juan Carlos Pallarols con vainas de la guerra- por su labor humanitaria.
La semana pasada en Buenos Aires -donde viajó como invitado especial para acompañar a las familias a las islas y honrar a los caídos el lunes 26 de marzo- recibió el reconocimiento de  la Secretaría de Derechos Humanos, a cargo de Claudio Avruj: "Estamos acá para homenajear a un amigo de Argentina, que posibilitó que los héroes que dieron la vida por nuestra patria en 1982 pudieran descansar en paz. Hoy, gracias al trabajo que hicimos en conjunto, estamos en el camino de conocer la verdad". También en la Cámara de Diputados, la Comisión de Relaciones Exteriores, distinguió la labor del oficial británico.
"La idea de que 90 familias sepan dónde están sus hijos me hace muy feliz. Pero hay otros que aún no han sido identificados y tenemos que continuar con nuestro trabajo para ver quiénes son estos soldados", dice Cardozo.
¿Qué siente después de 36 años al ver que muchos de aquellos muchachos que sepultó hoy recuperaron sus nombres? El coronel, que se define como un soldado, no duda: "Siento un alivio enorme. Una gran satisfacción. Esta es la historia más importante de mi vida".

sábado, 14 de abril de 2018

Conscriptos: Inchauspe del BIM1

Malvinas: la identificación del soldado Jorge Inchauspe puso fin a la fantasía de sus padres

Inchauspe se incorporó al Batallón Comando de la Brigada de Infantería de Marina N° 1 y marchó a Malvinas


Juliana Argañaraz  |  La Nación


Jorge Roberto Inchauspe, soldado conscripto de la Armada


A pesar de que vinieron a notificarlos sobre la muerte de su hijo mayor, Selva y Miguel Ángel Inchauspe siguieron alimentando por años la fantasía de que su primogénito, Jorge Roberto, había sido tomado prisionero por los ingleses, trasladado a Europa, liberado, y vivía una vida feliz en Inglaterra junto a su familia.


Jorge es uno de los 88 soldados que fueron identificados el año pasado en el cementerio argentino de Darwin, donde hay 121 tumbas que permanecían sin identificación. En los próximos meses, esos caídos en la guerra tendrán una placa con su nombre.

Jorge es uno de los 88 soldados que fueron identificados el año pasado en el cementerio argentino de Darwin, donde hay 121 tumbas que permanecían sin identificación. En los próximos meses, esos caídos en la guerra tendrán una placa con su nombre. Todo gracias a la lucha de la ONG No me Olvides, fundada por el ex combatiente Julio Aro.

La mente tiene métodos extraños para alejar el dolor. "Mi papá se murió pensando eso. Mi mamá, en cambio, reconoció hace unos años que ya sabía que él se había ido", cuenta ahora Carlos, único hermano de Jorge Roberto Inchauspe, soldado caído en Malvinas cuya tumba fue identificada en diciembre de 2017.

El primer hijo de los Inchauspe había nacido el día de Navidad de 1962 y su hermano menor dos años después. Eran muy unidos. "En ese tiempo me acuerdo que adonde estaba uno, atrás estaba el otro. Al llevarnos tan poca diferencia pasamos toda la infancia y la adolescencia muy juntos, íbamos al mismo colegio, teníamos los mismos amigos, todo", dice Carlos.

Inchauspe era buen deportista y desde chico se destacó en el fútbol y en al handball. Tenía muchos amigos que había hecho en el centro comunal, en el colegio y también en iglesia evangélica que frecuentaba con su familia, en su Escobar natal.

"Él tenía más amigos que yo, era el más popular, siempre estaba seguro de lo que hacía", dice Carlos, evocando aquellos tiempos. "El quería ser militar, siempre lo decía, pero éramos tan chicos, y encima en un país donde nunca había habido guerra, no sabíamos de lo que hablábamos", añade.

Desde la adolescencia Jorge ya tenía muy en claro que quería seguir la carrera militar al crecer, pero no dejó que eso se interpusiera con su educación. Por eso, al ser convocado al servicio militar obligatorio, pidió una prórroga para poder terminar la secundaria en la Escuela Técnica.

Una vez recibido, con 19 años, estaba listo para unirse a la Marina. Pero un accidente haciendo deportes lo dejó con una pierna enyesada. Su futuro como soldado corría peligro. "Se podría haber salvado de la conscripción porque estaba enyesado, así que fue y se sacó el yeso él solo, para poder ir. Mis viejos lo querían matar", recuerda Carlos. Así fue que Inchauspe, fiel a sus planes, se incorporó al Batallón Comando de la Brigada de Infantería de Marina N° 1 y marchó a Malvinas.

Desde la adolescencia, Inchauspe sabía que quería seguir la carrera militar 
En la casa de su familia nadie podía creer que Jorge -una persona "muy pacífica"- estaba en la guerra. Su papá prefirió no asumir el dolor y seguir con la rutina, ignorando el peligro que enfrentaba su hijo. Su hermano y su mamá sufrieron mucho pensando en él, esperando sus cartas y las novedades desde las islas.

"Papá querido: son mis deseos que al llegar estas líneas a tus manos te encuentres gozando de salud y bendiciones de nuestro Señor Jesús, quedando muy bien gracias a Dios. Te diré que los días no son muy buenos que digamos por aquí, pues es raro ver un día de sol, de otro modo te quiero decir que no es lugar propicio para unas vacaciones en familia ¿no?", puede leerse en una de las cartas escritas por el joven, conservada en el Museo del Partido de Escobar, fechada el 26 de mayo del 82.

"Me enteré por los diarios que se mató Villeneuve el corredor, también que murió Nélida Lobato, y que a Boca y River los descartaron del campeonato. Lástima que no fue Boca el que descalificó a River ¿verdad?", bromea Inchauspe en la misma carta, y agrega saludos para toda la familia.

Ya sobre el final de la guerra los rumores sobre los soldados muertos se esparcieron por todos los barrios de Argentina, todas las calles y las casas. Un viernes de julio Carlos se enteró a través de una tía -vivía en Cacharí y tenía militares conocidos- que pronto llegaría a su casa el aviso de fallecimiento de Jorge. Al otro día decidió salir a recorrer hospitales para encontrar a su hermano antes de que la mala noticia les llegara a sus padres, pero no pudo evitarlo.

"Se me ocurrió ir a los hospitales a ver si había llegado él y ese mismo día vinieron a avisarle a mis padres, cuando yo no estaba", recuerda Carlos. "Después me contaron que el oficial que vino a notificar se había puesto tan nervioso que no pudo explicarles con claridad qué había pasado, solo decía 'lo mataron, lo mataron'. También me dijeron que mi mamá corrió mucho por las calles gritando y llorando". "Y bueno -agrega-. Nadie era experto en ese entonces en dar una noticia así".


jueves, 12 de abril de 2018

ARA Sobral visita Malvinas en 1972



Cosas del Destino...el ARA Sobral visitó las islas en 1972 y alguno de los muchachos dejó el nombre escrito en el Muelle, 10 años después este buque de Nuestra querida Armada Argentina se llenaría de Gloria en Malvinas