Mostrando entradas con la etiqueta USA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta USA. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de diciembre de 2025

El santuario norteamericano para el Pucará A-517

En tierras de los hermanos Wright: ¿Un santuario para el Pucará A-517?


 

 

A veces, no encontrábamos más que callejones sin salida y la mayoría de nuestras referencias, publicaciones de warbirds, fuentes de la industria y colegas spotters parecían haber perdido su rastro. Sin embargo, de vez en cuando, el misterioso y evasivo «Alfa Cinco Uno Siete» insistía en re-aparecer en nuestro «radar de investigación», volviendo a encender y fortalecer nuestro interés por tratar de llegar al que generalmente denominamos «el sexto y más esquivo Pucará británico”…
La historia de este escurridizo ejemplar se remonta a 1977, cuando comenzó a ser construido en el AMC (Área de Material Córdoba), el omnipresente fabricante de aviones mejor conocido por su designación histórica, FMA (Fábrica Militar de Aviones). Tras recibir en fábrica el número de serie 14, inicialmente estuvo destinado a lo que se convirtió en la venta frustrada de tres aviones IA-58A a la Fuerza Aérea de Mauritania.
Una vez que el negocio africano fracasó por falta de fondos del comprador y el avión voló por primera vez a principios de 1978, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) lo puso en servicio con el primer escuadrón de aviones Pucará, activado en la base aérea Reconquista en el norte de la provincia de Santa Fé tres años antes. Se le asignó la matrícula A-517 (segundo uso) y fue ingresado al servicio en septiembre de 1978, justo a tiempo para ser desplegado al sur a General Roca (Provincia de Río Negro) por el conflicto entre Chile y Argentina por una disputa territorial del Canal Beagle en diciembre ese año..

Cinco días en Malvinas…

Sin embargo, la parte más relevante de su breve carrera operativa tendría lugar en abril de 1982, cuando fue seleccionado para su despliegue a Malvinas. Piloteado por el teniente Miguel Giménez (quien caería en combate a bordo del Pucará A-537 el 28 de mayo), el avión aterrizó en la base aérea Malvinas en Puerto Argentino a fines de abril y, tripulado por el teniente Héctor Furios, se desplazó hasta la base aérea Cóndor en Prado del Ganso dos días antes de que se iniciaran las hostilidades bélicas.
Sus 4 años de carrera operativa terminarían repentinamente poco antes de las 07:30 hs. (hora local) del 1 de mayo de 1982, cuando el teniente Giménez intentaba decolar con él para alejarlo del peligro dado que se esperaba un inminentemente bombardeo aéreo británico en la guarnición de Prado del Ganso. Sin embargo, el húmedo e irregular suelo malvinense se interpuso en el camino, la rueda de la nariz se atascó en un pozo y el avión se derrumbó mientras Giménez aceleraba para despegar.
Después que el bombardeo británico se concretara minutos después del accidente (matando a ocho e hiriendo a nueve aviadores argentinos y destruyendo al Pucará A-527, incluidos entre ellos el teniente Giménez), el A-517 fue inspeccionado por sus mecánicos y se determinó que no podría ser repuesto localmente a condición de vuelo por el nivel de daño sufrido. Aún a pesar de ello, se decidió reciclarlo como señuelo para futuros ataques aéreos británicos. El tren delantero se volvió a montar improvisadamente para mover el avión fuera de la pista y colocarlo en una posición donde propondría un objetivo atractivo para los Harriers británicos.

El largo y sinuoso camino a Oxfordshire

Cuatro semanas después de su fatídico incidente en la base aérea Cóndor, el avión cayó en manos británicas cuando la guarnición aérea y militar de Prado del Ganso rindió sus armas al Segundo Batallón del Regimiento Paracaidista del Royal Army el 28 de mayo. El avión pasaría poco más de dos años abandonado a la intemperie y sin ningún cuidado o vigilancia, presumiblemente en el mismo lugar donde los militares argentinos lo dejaron estacionado al estallar la guerra.
Esto lo convirtió en presa fácil del indomable y altamente corrosivo clima de las islas, de isleños resentidos o cazarrecompensas militares que cortaron una escarapela del fuselaje (lado derecho), una bandera del timón (lado izquierdo), una señal de advertencia de asiento eyectable (lado derecho) y el escudo de su unidad (lado izquierdo), dispararon contra él por diversión o robaron cualquier parte o componente que les sirviera de souvenirs. Antes que el fuselaje se convirtiera en un completo montón de escombros, el Ministerio de Defensa británico decidió donarlo a la población de Prado del Ganso en octubre de 1984.
Ni lentos ni perezosos y faltos del menor interés en conservar un símbolo de la «ocupación argentina», los habitantes de la localidad vendieron inmediatamente la aeronave a un «señor Harrison», de la firma Grampian Helicopters International Ltd., quien hizo que los restos se guardaran en dos contenedores de 40 pies y uno de 20 pies y los envió a Puerto Argentino a bordo del buque de carga «Monsunen» a principios de 1985. Así embalado, el A-517 habría llegado por mar al Reino Unido, junto con un UH-1H Huey ex Ejército Argentino, antes del cuarto trimestre de 1987.
Curiosamente, Grampian logró que, aún en sus dudosas condiciones, la aeronave fuera aceptada en el registro de aeronaves civiles británicas después de un proceso de registro increíblemente rápido. Menos de dos meses después de ser comprado, el A-517 obtuvo de la Autoridad de Aviación Civil Británica (BCAA) la matrícula G-BLRP en diciembre de 1984 … ¡mucho antes de que poder zarpar desde el Atlántico Sur!

Rastreando al «Pucará fantasma» hasta el siglo XXI

Una vez que llegó a costas inglesas, el A-517 pareció desvanecerse en la sombría neblina de esa nación. Algunas fuentes dicen que se le observó por primera vez en el Museo de Guerra Aérea de Lashenden en Headcorn (Kent) en septiembre de 1987, aún dentro de sus tres contenedores y a la espera de su restauración a exhibición estática o a condición de vuelo. Dos años más tarde, una empresa con el nombre Dopatm Limited comenzó a anunciarlo en diversos medios periodísticos de aviación invitando al potencial comprador a «poseer un pedazo de historia con este biturbohélice biplaza recuperado de Goose Green después del conflicto de las Malvinas».
Su rastro de papel demuestra que el avión resultó lo suficientemente atractivo para un cliente, quien lo compró y lo transfirió a su nombre en septiembre de 1989. Sin embargo, el avión siguió siendo invisible. Algunos rumores indicaban que había sido abandonado o almacenado en diferentes lugares, tales como Jersey Island o Bicester, a 80 km. de Witney. Nuestras últimas esperanzas de llegar a él se desvanecieron cuando la BCAA canceló su matrícula civil en noviembre de 1995.
Pero ahora sabemos que el avión ha permanecido almacenado en dos contenedores de 40 pies durante poco más de 30 años y que regresó a América a mediados de la década de 1990. Su propietario desde 1989 es Rodney Butterfield, un ingeniero de diseño automotriz de Rhodesia, que consolidó su adquisición en los dos contenedores de 40 pies y los conservó en la firma de restauración de autos de carreras y deportivos que poseía en Witney (Oxfordshire). Pero, después de vender ese negocio para un proyecto inmobiliario en 1990, Butterfield se mudó a Carolina del Norte para comenzar otro negocio de restauración y venta de automóviles y llevó consigo al A-517/G-BLRP, sintiendo que «tal vez sería más fácil y más económico emprender la restauración en EE.UU.», como le dijo a nuestro webmaster en su primer contacto en el año 2008.
En sus intercambios con Fernando Puppio, Butterfield dijo que sus planes eran construir un hangar local para albergar el proyecto para «poder realizar un estudio completo de la condición y evaluar la posibilidad y los costos de la restauración». Lamentablemente, las demandas de su negocio de automóviles le impidieron «progresar tan rápido como esperaba» y el avión permanece guardado hasta nuestros días dentro de sus dos contenedores en las instalaciones del propietario en Forest City, en el centro de Carolina del Norte.



Encuentro con la historia

El avión está parcialmente desmantelado y todavía está cubierto de protector Cosmolene para contener la corrosión. Cuando los inspeccionamos en febrero de este año, los contenedores revelaron la presencia no solo del A-517, sino también de piezas que provienen de varios otros fuselajes, incluida la tapa izquierda del tren delantero y un panel del ala exterior de A-529 (vean el historial de ese avión aquí), el esqueleto de la cubierta de la cabina del A-509 (presumiblemente), al menos cuatro celdas de combustible internas, tres asientos eyectables (solo dos aparentemente completos), dos motores (pero solo una hélice) y un panel de parabrisas adicional.
Butterfield asegura que «el avión está completo con motores e instrumentos originales (y, de hecho, todas las partes duras, excepto las hélices), pero todos están en condiciones desconocidas y actualmente no se pueden usar sin restauración», pero es muy consciente de que restaurarlo a condición de vuelo (incluso bajo matrícula experimental) podría requerir una pequeña fortuna … ¡1,5 millones de dólares y tal vez más!
Desde nuestro punto de vista, llevarlo a condición de exhibición estática también es una posibilidad y podría costar mucho menos. Pero de todos modos requeriría al menos entre 5% y 10% de la cifra de arriba para volver a ensamblarlo, idealmente dentro de un edificio donde podría exponerse al público, y la corrosión se mantendría a raya para siempre.
Durante nuestra inspección a principios de febrero de 2020, tuvimos oportunidad de conversar largo y tendido con Rodney Butterfield. Sus ideas, ideales y frustraciones con esta historia de 40 años se revelarán en una entrevista que publicaremos en un futuro aún incierto…


Por: Carlos Ay – Gaceta Aeronáutica
Mitchell Enríquez, Carlos Brito y Javier «Javo» Ruberto colaboraron con datos, trabajo de campo y/o fotografías para la elaboración de este relato.
Bibliografía: Burden, R. et al: “Falklands The Air War” (British Aviation Research Group, Inglaterra, 1985); Moro, Rubén O.: “La Guerra Inaudita” (Editorial Pleamar, Argentina, 1985).





jueves, 6 de noviembre de 2025

USA nunca se recuperó de la guerra de Malvinas

Estados Unidos nunca se ha recuperado de la guerra de las Malvinas

El conflicto confirmó algunas de las peores suposiciones de América del Sur sobre su vecino del norte.

Por Antonio De Loera-Brust, director de comunicaciones de United Farm Workers. 


Un soldado mira a través de una ventana rota.

Un soldado argentino se dirige a ocupar la base de los Royal Marines en Puerto Stanley, Islas Malvinas, el 13 de abril de 1982, días después de que la dictadura militar argentina se apoderara de las Islas Malvinas, iniciando una guerra entre Argentina y el Reino Unido. DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images

Recordada como un triunfo en Gran Bretaña y con resentimiento en Argentina, la Guerra de las Malvinas está prácticamente olvidada en Estados Unidos. Sin embargo, 41 años después, el último gran conflicto interestatal del hemisferio occidental sigue siendo importante no solo para Londres y Buenos Aires, sino también para Washington. Para Estados Unidos, la Guerra de las Malvinas fue un momento decisivo en nuestra relación con Latinoamérica, aunque muchos estadounidenses no lo comprendieran plenamente en aquel momento. Cuarenta y un años después del fin de los combates, a Estados Unidos le conviene, como mínimo, considerar el impacto que nuestro papel en el conflicto tuvo, y sigue teniendo, en nuestra posición en Latinoamérica.

Nadie puede culpar a los habitantes de las Islas Malvinas por preferir el gobierno británico al argentino en 1982. La junta militar que gobernó Argentina a principios de la década de 1980 fue una violenta dictadura de extrema derecha, cuyos líderes y colaboradores aún hoy rinden cuentas en Argentina. Bajo el régimen militar, los disidentes de izquierda fueron intimidados, torturados y simplemente asesinados. El marcado contraste entre lo que era esencialmente un régimen fascista en América Latina y una socialdemocracia europea (aunque una cuya red de seguridad social estaba en proceso de ser desmantelada por el thatcherismo) fue evidente para muchos responsables políticos estadounidenses en la década de 1980. A medida que la administración Reagan colocó a Estados Unidos firmemente del lado británico durante la guerra, hubo un genuino apoyo bipartidista. Fue el entonces senador Joe Biden quien presentó una resolución del Senado apoyando la posición británica. Como explicó Biden : "Los argentinos deben ser desengañados de la noción... de que Estados Unidos es verdaderamente neutral en este asunto".

Lo que no les resultó tan claro a los responsables políticos estadounidenses fue hasta qué punto el apoyo estadounidense a Gran Bretaña durante la Guerra de las Malvinas se percibió como una traición, no solo en Argentina, sino en toda Latinoamérica. Si bien nunca involucró directamente a las tropas estadounidenses, Estados Unidos suministró a Gran Bretaña combustible, inteligencia y municiones cruciales para la campaña de las Malvinas, contribuyendo significativamente a su eventual victoria militar. Sin embargo, la decisión estadounidense de apoyar a Gran Bretaña, aliada de la OTAN, contra Argentina, miembro de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y signataria del Tratado de Río de 1947, representó una ruptura significativa con más de un siglo de política estadounidense que priorizó la unidad hemisférica frente a las potencias extrahemisféricas. Lamentablemente, la estrategia estadounidense ante el conflicto de las Malvinas confirmó algunas de las peores suposiciones que tienen los latinoamericanos sobre Estados Unidos y su papel en la región.

Madres protestan con carteles.

Miembros de la organización de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo sostienen retratos de sus hijos desaparecidos mientras protestan por las desapariciones ocurridas durante la dictadura militar argentina en Buenos Aires en 1982. DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images

Antes de la Guerra de las Malvinas, la dictadura militar argentina fue aliada de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Como lo demuestra la desclasificación de documentos estadounidenses, Estados Unidos fue profundamente cómplice de muchos de los crímenes de la junta argentina, incluyendo torturas y asesinatos selectivos de disidentes de izquierda. La junta argentina fue útil para Estados Unidos no solo para aplastar a la izquierda argentina, sino también para apoyar la lucha anticomunista en América Latina, por ejemplo, enviando asesores militares para apoyar a la insurgencia anticomunista de la Contra en Nicaragua. Bajo la junta, Argentina también mantuvo una estrecha relación con la Sudáfrica del apartheid, otro aliado indeseable de Washington durante la Guerra Fría. Esta alineación con las prioridades de Estados Unidos durante la Guerra Fría llevó a los líderes de la junta a creer que Estados Unidos probablemente se mantendría neutral en caso de un conflicto por las Malvinas.

De hecho, Estados Unidos adoptó un tono neutral al principio, pues no deseaba distanciarse por completo de su aliado anticomunista sudamericano. El gobierno de Reagan, en varios momentos, incluso propuso un cese del fuego en el Atlántico Sur, a menudo junto a Perú , que podría haber evitado la pérdida de vidas y conducido a negociaciones entre Gran Bretaña y Argentina. En conversaciones telefónicas con el presidente estadounidense Ronald Reagan, la primera ministra Margaret Thatcher rechazó bruscamente esas propuestas. Sin embargo, a pesar de la indignación de Thatcher ante los tibios esfuerzos diplomáticos de Reagan, la realidad del conflicto es que Estados Unidos brindó un apoyo material crucial a las fuerzas británicas en su enfrentamiento con los argentinos y pagó un alto precio a su reputación en el sur global por ello.

Como resultado de la alineación de Estados Unidos con Gran Bretaña durante el conflicto de las Malvinas, Argentina esencialmente cambió de bando en la Guerra Fría. Traicionada por sus aliados anticomunistas, Argentina recurrió al sur global en busca de apoyo diplomático. Cuba, en particular, se convirtió en una fuente crucial de apoyo para Argentina. Mientras la guerra se intensificaba, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina realizó la primera visita diplomática oficial a Cuba desde la revolución de 1959, pasando de relaciones inexistentes al "apoyo incondicional" de Castro casi de la noche a la mañana. (Fidel diría más tarde que había apoyado el reclamo argentino sobre las Malvinas desde 1948). El embajador cubano en Argentina incluso expresó su deseo de luchar personalmente en el conflicto. Incluso mientras los cubanos luchaban contra el gobierno sudafricano del apartheid al otro lado del Atlántico Sur, veían a Argentina, ante todo, como un estado latinoamericano compañero que luchaba contra el colonialismo. La solidaridad regional había triunfado sobre la ideología. Es una tremenda ironía: la reaccionaria junta militar anticomunista de Argentina encontró sus aliados más duraderos durante la Guerra de las Malvinas en la Cuba comunista y en el movimiento anticolonial del mundo en desarrollo.

Aunque el giro diplomático de Argentina no mejoró su situación en el campo de batalla, sí reveló que, fuera de Europa Occidental y la anglosfera que apoyó a Gran Bretaña, la Guerra de las Malvinas no se interpretó como una muestra del heroísmo británico al estilo churchilliano, una historia familiar de angloparlantes que se enfrentaron a la agresión fascista. En cambio, para gran parte de América Latina y el resto del sur global, la Guerra de las Malvinas se interpretó como una batalla más en la lucha por la descolonización global. Después de todo, ¿fue el uso de la fuerza por parte de Argentina realmente tan diferente de la toma forzosa de Goa por parte de la India en 1961, que también fue rotundamente condenada por los líderes occidentales, o de la toma del Canal de Suez por parte de Egipto en 1956, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower, sabiamente, priorizó la posición de Estados Unidos en el sur global sobre sus aliados europeos? El apoyo de Estados Unidos a Gran Bretaña durante el conflicto de las Malvinas hizo que Estados Unidos cayera en la misma trampa en la que había caído al apoyar a Francia en Vietnam: priorizar a los aliados europeos a expensas de su propia posición en el sur global.

Franklin Delano Roosevelt y Carlos Saavedra Lamas viajan en un automóvil.

El presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt y el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas conducen por las calles de Buenos Aires el 7 de diciembre de 1936. Keystone-France/Gamma-Rapho vía Getty Images.

Durante más de 150 años antes de la Guerra de las Malvinas, Estados Unidos se opuso a la intervención europea en los asuntos latinoamericanos. Si bien la Doctrina Monroe se considera ahora imperialista, su invocación original comprometió a Estados Unidos a defender la soberanía latinoamericana frente a las potencias europeas. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt también se esforzó por preservar la unidad hemisférica mediante su política de Buena Vecindad, poniendo fin a las largas ocupaciones en el Caribe y Centroamérica e incluso aceptando la nacionalización de las propiedades petroleras estadounidenses en México, ordenada por el presidente mexicano Lázaro Cárdenas.

La política de Buen Vecino de Roosevelt dio grandes frutos cuando, después de Pearl Harbor, casi todas las naciones latinoamericanas se unieron al esfuerzo bélico aliado, con Brasil y México contribuyendo directamente con tropas de combate en el extranjero. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial condujo directamente a la fundación del sistema interamericano, que culminó en la creación de la OEA y la firma del Tratado de Río de 1947 que establece que "un ataque armado de cualquier Estado contra un Estado americano será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos". El sistema interamericano de posguerra rindió frutos para Estados Unidos de manera más dramática cuando la OEA respaldó a Estados Unidos contra Cuba durante la crisis de los misiles cubanos, posiblemente la mayor amenaza a la seguridad nacional de la historia de Estados Unidos. Algunos estados latinoamericanos, incluida Argentina , incluso contribuyeron con barcos y aeronaves al bloqueo naval liderado por Estados Unidos alrededor de Cuba.

Este fue el sistema interamericano que el apoyo de la administración Reagan a los británicos durante la Guerra de las Malvinas trastocó. Estados Unidos ya había intervenido en Latinoamérica varias veces desde la Segunda Guerra Mundial. La República Dominicana fue invadida en 1965, las democracias fueron derrocadas en Chile en 1973 y Guatemala en 1954, y la inteligencia y las fuerzas especiales estadounidenses ayudaron a las tropas bolivianas a capturar y asesinar al revolucionario argentino Che Guevara en 1967. Pero si Argentina —que mantenía buenas relaciones con la Sudáfrica del apartheid, expulsaba a sus propios izquierdistas de los aviones y colaboraba activamente en los esfuerzos estadounidenses por entrenar y equipar a dictaduras militares de derecha en toda la región— podía ser traicionada por Estados Unidos en favor de una potencia europea, ¿quién estaría a salvo?

Este es el legado subestimado, pero perdurable, de la Guerra de las Malvinas. La década de 1980 vio cómo la legitimidad del sistema interamericano, surgida de la política de Buena Vecindad de Roosevelt, se hundía junto con la Armada Argentina.

Dos personas sostienen una bandera.

Una mujer y un veterano de la Guerra de las Malvinas sostienen una bandera argentina con un dibujo de las Islas Malvinas en el 40.º aniversario del conflicto con Gran Bretaña, el 2 de abril de 2022, en Buenos Aires. Ricardo Ceppi/Getty Images

Hoy, todas las naciones latinoamericanas reconocen las Malvinas como territorio argentino, incluso Chile, que bajo la dictadura de Pinochet había respaldado a Gran Bretaña en medio de su propia disputa territorial con Argentina. Esta postura se reitera en cada cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, incluyendo la más reciente en enero de 2023. Las muestras de solidaridad latinoamericana con el reclamo argentino sobre las Malvinas también son algo relativamente habitual, como cuando Perú negó la visita de un buque de guerra británico en 2012. De forma más dramática, cuando México se retiró del Tratado de Río en 2002, una de sus justificaciones fue señalar la Guerra de las Malvinas, señalando que a pesar del mecanismo de defensa colectiva del tratado, nadie acudió en ayuda de Argentina.

La retirada de México del Tratado de Río fue solo el comienzo. En las últimas décadas, la influencia estadounidense en Latinoamérica se ha reducido. Si bien una buena relación con Estados Unidos sigue siendo una prioridad para la mayoría de los países latinoamericanos, Estados Unidos ya no es la única opción viable. Argentina, en particular, ha sido vista
acercándose a China , el último rival extrahemisférico cuya influencia en Latinoamérica preocupa a Washington. El presidente argentino, Alberto Fernández, también viajó a Moscú a principios de febrero de 2022, donde se reunió con el presidente ruso, Vladímir Putin, poco antes de la invasión rusa de Ucrania. Putin volvió a llamar recientemente a Fernández, oficialmente para felicitar a Argentina por su victoria en la Copa Mundial, pero también para demostrar claramente la falta de aislamiento diplomático de Rusia en el sur global.

La frustración de América Latina ante la falta de consideración de Washington por sus opiniones también ha estallado recientemente, como durante la Cumbre de las Américas de 2022, cuando muchos Estados latinoamericanos, como México, Argentina, Honduras y otros, presionaron públicamente al gobierno de Biden por no incluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua. (Fernández, quien finalmente asistió a la cumbre en Los Ángeles, aprovechó su discurso no solo para condenar la exclusión de varios Estados de la cumbre, sino también para mencionar el caso de las Malvinas). Líderes latinoamericanos como el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva también han criticado públicamente la postura de Estados Unidos respecto a Ucrania. Al igual que Ucrania y Cuba, el estatus de las Islas Malvinas es otro tema donde la política de Washington y la del resto del hemisferio están marcadamente desfasadas. Si bien una acción militar de Argentina contra las Malvinas es impensable hoy en día, el apoyo diplomático latinoamericano a su reclamo no muestra señales de disminuir.

Alberto Fernández pasa junto a Joe Biden.

El presidente argentino Alberto Fernández camina junto al presidente estadounidense Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris en la novena Cumbre de las Américas en Los Ángeles el 9 de junio de 2022. JIM WATSON/AFP vía Getty Images

Para Estados Unidos, esto representa una oportunidad. Al diseñar la política de Buena Vecindad, Roosevelt invirtió considerable energía e hizo concesiones significativas para crear un frente unido en todo el hemisferio occidental contra la agresión extrahemisférica. El objetivo estratégico era claro: impedir que cualquier potencia extrahemisférica hostil interviniera en América. Roosevelt demostró que esto tiene mayor éxito cuando Estados Unidos no aplica una política de intervención autoritaria en Latinoamérica, sino que busca buenas relaciones con los gobiernos latinoamericanos, incluso, y especialmente, cuando esto implica concesiones en otras posiciones y prioridades estadounidenses.

Aunque apenas se notó en Estados Unidos, la Guerra de las Malvinas marcó el fin de esa era de unidad hemisférica contra rivales extrahemisféricos. Esto es más que una trivialidad histórica. Hoy, esa es la unidad hemisférica que Estados Unidos debe reconstruir. Las Malvinas podrían ser un lugar donde Estados Unidos demuestre que valora las opiniones y prioridades de Latinoamérica, no solo las nuestras. Estados Unidos podría empezar por reconocer que en 1982 prefirió a sus aliados europeos en lugar de a sus vecinos estadounidenses. Y si bien la soberanía británica sobre las islas no merece ser cuestionada hoy, la postura latinoamericana al respecto merece ser respetada, no ignorada.

Los esfuerzos constructivos de Estados Unidos sobre el estatus de las Islas Malvinas hoy deberían enfocarse en asegurar que tanto los súbditos británicos como los ciudadanos argentinos puedan compartir y coexistir productivamente en las islas. Esto podría incluir apoyar esfuerzos de reconciliación y conmemoración que involucren a los argentinos, expandir la capacidad de los argentinos para vivir y trabajar en las Malvinas, alentar a Gran Bretaña y al gobierno de las Islas Malvinas a permitir vuelos directos desde Argentina a las Malvinas (un punto crítico persistente que también ha afectado la capacidad de las Malvinas para permanecer conectadas con el continente sudamericano), y desarrollar estructuras que permitan a Argentina compartir la riqueza de recursos de las Malvinas. Obtener la aquiescencia británica a tales políticas es algo que Estados Unidos probablemente pueda lograr, y que Rusia y China no pueden.

Las Islas Malvinas claramente no son un lugar de gran importancia para los intereses vitales de Estados Unidos. Sin embargo, para mejorar su posición en América Latina y en el resto del sur global a lo largo del siglo XXI, Estados Unidos tendrá que dar muchos menos sermones sobre sus propias prioridades y prestar mucha más atención a asuntos como las Malvinas. Cuarenta y un años después, la disputa de las Malvinas representa una oportunidad excepcional para resolver la brecha entre Estados Unidos y América Latina y contribuir a la reunificación del hemisferio occidental.

lunes, 23 de junio de 2025

La lista de armas provistas por USA a UK



Lista de armas provistas por USA a UK



Lista de armas y equipos entregados por Estados Unidos a Gran Bretaña por la guerra de Malvinas. Como detalle: los 200 torpedos Mk46 fueron pedidos pero no fueron entregados en su totalidad, los estadounidenses señalaron que el pedido excedía la necesidad militar.


 

domingo, 18 de mayo de 2025

Satélite: Las imágenes que proveyó USA a Reino Unido de la guerra

Documentos desclasificados: las imágenes tomadas por satélites espías que ayudaron a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas

El gobierno de los Estados Unidos liberó de secreto reservado a una serie de fotografías que el satélite KH-9, en su misión número 1217, tomó de la Argentina continental y de las Islas Malvinas durante la guerra del Atlántico Sur. Las mismas fueron compartidas con las fuerzas británicas y les permitieron diseñar estrategias. Sin embargo, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, de estos archivos fue escasa


Por Mariano Sciaroni || Infobae



El bombardeo al aeropuerto de Puerto Argentino del 13 de junio de 1982. Se notan los impactos de bombas, las más grandes de las lanzadas por aviones británicos Vulcan. Las marcas dejan saber todo lo que habían padecido los defensores del aeropuerto

El imaginario popular considera a los satélites “espías” como grandes telescopios mirando a la tierra, con posibilidad de transmitir imágenes absolutamente nítidas (cualquiera sea la meteorología existente) de cualquier parte del mundo y en forma instantánea. Esto no es tan así y, menos, lo era para el conflicto de 1982.

En abril de 1982, Estados Unidos poseía en órbita tres satélites de reconocimiento fotográfico, un KH-8 (Proyecto “Gambit-3″) y dos KH-11 (”Kennan” o “Crystal”). El KH-8 terminó su misión el 23 de mayo, siendo reemplazado por un KH-9 (“Hexagon”) lanzado un poco antes, el 11 de ese mes. Tanto el KH-8 como el KH-9 que lo suplantó poseían cámaras de alta resolución, pero el film era lanzado a tierra en paracaídas, luego de varios días de tomada la imagen, desde los 160 kilómetros de la órbita del satélite.

Respecto al KH-8, se trataba de la misión 4352, que había tenido problemas en eyectar la primera de sus dos únicas cápsulas con film hacia la tierra el 20 de marzo de 1982, quedando la misma flotando en el espacio. El 23 de mayo el satélite pudo lanzar su restante cápsula, que contenía imágenes tomadas a alta y baja altitud pero, por causas que jamás se pudieron establecer, las mismas se encontraban degradadas en un 50% respecto las expectativas originales.

Una imagen amplia de Puerto Argentino (a la derecha), así como los montes Longdon, Tumbledown y Zapador. Para el 13 de junio los combates en los montes todavía no finalizaban del todo. Se distinguen los cráteres producidos por la artillería, posiblemente de 155 mm
En esta imagen de Bahía Agradable aparecen claramente los buques británicos RFA Sir Tristam y Sir Galahad, este último aun humeando. Ambos fueron atacados por la Fuerza Aérea Argentina el 8 de junio. El Sir Galahad ardió por 10 días y se hundiría luego como tumba de guerra

El KH-11 puede considerarse como el primero de los satélites modernos, dado que no poseían film sino que las imágenes se almacenaban digitalmente. Poseían, en 1982, una calidad de imagen ligeramente inferior a sus antecesores (por no encontrarse todavía madura la tecnología digital), por lo cual el patrón de uso habitual era mantener dos KH-11 y un KH-8 ó 9 en órbita.

Al inicio de las hostilidades en las islas, los satélites no tenían órbitas compatibles con Malvinas y Argentina, ya que el esfuerzo satelital se centraba en la Unión Soviética y China. Para lograr cobertura sobre el Atlántico Sur, la órbita de uno de ellos, posiblemente la del KH-11 misión N°3, fue modificada tempranamente a expensas de la misma vida útil del satélite, según afirmaciones del mismo Secretario de Defensa de Estados Unidos, Caspar Weinberger. Y, luego, fue lanzado el KH-9.

Para el caso de Malvinas, se estimaba que, cuarenta y cinco minutos después de tomar imágenes en el Atlántico Sur, el KH-11 (que seguía un rumbo Sur-Norte) estaba en condiciones de transmitir directamente a la estación terrenal de Menwith Hill, operada por la National Security Agency (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos en Yorkshire, Gran Bretaña o, llegado el caso, podía coordinar directamente con una constelación de satélites de comunicaciones en órbitas más altas, para lograr un enlace casi instantáneo.

Todos estos satélites tomaron imágenes que fueron compartidas al Reino Unido. Algunas de ellas (las del KH-11), apenas eran realizadas, las otras, con más demora.

Pradera del Ganso, luego de los intensos combates allí sucedidos. A la derecha de la imagen se ve el poblado y, más al centro el campo de aviación, donde se notan los restos de aviones Pucará de la Fuerza Aérea Argentina. Los pequeños agujeros en la imagen son tanto posiciones defensivas como impactos de artillería o bombas
Puerto de San Carlos, el 31 de mayo. Parte de la flota británica, dos fragatas y tres buques logísticos, el de la parte inferior posiblemente el HMS Intrepid o HMS Fearless

El satélite KH-9 y sus imágenes

El KH-9 (misión número 1217) fue lanzado el 11 de mayo de 1982 de la base Vandenberg de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en el estado de California, impulsado por un cohete Titan IIID. Era un satélite enorme, del tamaño y peso de un ómnibus que dedicó gran parte de sus primeros días en el espacio a tomar imágenes de Argentina continental y las Islas Malvinas.

El 15 de junio de 1982, un día después de que las fuerzas argentinas en las islas se rindieran, lanzó a tierra la primera de sus cápsulas con film en las cercanías de Hawaii, siendo la misma recuperada en el aire por un avión especialmente modificado. El rollo tenía una enorme cantidad de imágenes, tomadas en el último mes.

Resulta interesante hacer notar que los casi 65 kilómetros de film que portaba el KH-9 eran eyectados a la tierra por cuatro cápsulas diferentes. El satélite podía tomar una gran cantidad de imágenes, pero tenía solo cuatro oportunidades para entregarlas a tierra.

De allí, luego que las imágenes hubieran sido reveladas por la empresa Kodak, fueron llevadas al National Photograpic Interpretation Center (NPIC), un organismo centralizado de análisis fotográfico ubicado al sudeste de Washington, Estados Unidos, dependiente de la CIA, el servicio de inteligencia de aquel país. En ese lugar, los especialistas en análisis de imágenes interpretaban hasta el más oscuro detalle, ayudados por grandes lentes. Un trabajo para meticulosos.

El ejemplo de la misión 1217: qué ve un satélite KH-9 cuando toma una imagen y como se puede ampliar la misma hasta su máxima resolución
La casa sobre el arroyo Malo (Top Malo House). El 31 de mayo de 1982 se desató un breve pero intenso combate entre personal de la Compañía de Comandos 602 del Ejército Argentino y una sección del Cuadro de Guerra de Montaña y Ártico de los Royal Marines. En ese momento, el satélite KH-9 sobrevolaba el área tomando imágenes de la zona

Muchas de estas imágenes, así como el análisis efectuado por los técnicos estadounidenses, fueron desclasificadas por el gobierno de los Estados Unidos y ahora están accesibles al público (en gran parte, por la insistencia de Harry Stranger, y Dwayne Day, dos especialistas en satélites militares), lo que da un inmejorable panorama y de primera mano sobre lo que pasaba en las islas. Actualmente, están en custodia en los archivos nacionales de aquel país y pueden ser consultadas también a través del USGS (United States Geological Survey).

Estas imágenes poseen una excelente resolución por pixel (el punto más pequeño para el sensor) de 0,6 a 1,2 m pero gran parte de ellas tienen el mismo problema: en Malvinas es muy difícil encontrar un día sin nubes y ellas impiden ver lo que sucede en la superficie. El otro problema, también común a los demás satélites de reconocimiento fotográfico, es que estos solo pueden tomar imágenes en la medida que sobrevuelan su objetivo, o sea, cada cierto tiempo.

Ciertamente, las mejores imágenes de las islas resultan las de los días 31 de mayo y 13 de junio, algunas de las cuales se comparten en esta nota. Esta es la primera vez que se publican en Argentina y posiblemente en el mundo. Hay que tener en cuenta que las imágenes de los satélites KH-11 no fueron desclasificadas aún, en tanto dicho programa militar sigue vigente.

Una postal satelital de Puerto Argentino el 13 de junio, un día antes del cese de fuego
No todo terminó en 1982. Para 1983 otro satélite KH-9 (misión 1218) tomó a toda la ciudad de Buenos Aires, posiblemente para evaluar al apostadero naval y las bases aéreas de las cercanías. Aquí un detalle de la cancha de River
La Base Naval Mar del Plata (y parte de la ciudad) el 30 de mayo de 1982. La vigilancia satelital incluyó tanto el continente como las islas y, asimismo, siguió los años posteriores

La utilidad de las imágenes

Las imágenes fueron útiles, pero no determinantes. El almirante norteamericano Harry Train (uno de los más importantes estudiosos de la guerra de 1982 en los Estados Unidos) señaló que “no proveen información táctica. Son sistemas estratégicos, pero no tácticos” en tanto la demora en que la información es transmitida a tierra, resulta procesada, analizada y girada a algún comando operativo.

Dicho de otra forma, pueden tomar imágenes de una base, un aeródromo, posiciones militares o infraestructura, pero no sirven para conducir acciones navales (y Malvinas era un teatro aeronaval), amén del problema que representa que el satélite pueda ubicar a una formación naval en movimiento, en tanto implicaría saber no solo donde está, sino donde estará cuando pase el satélite por la zona. Entonces, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, fue escasa.

Informe desclasificado de un analista del NPIC, fechado el 24 de junio de 1982, que pasa revista a las imágenes recibidas desde el satélite KH-9. El analista detalla todo lo que se ve en el aeropuerto de Puerto Argentino, en el poblado y las diversas posiciones defensivas circundantes

Principalmente, sirvió para determinar qué buques argentinos estaban en puerto y cuáles navegando, así como la cantidad y tipo de aeronaves en los aeropuertos. También identificó defensas en tierra. Sirvió para las instalaciones fijas. Tuvo un uso estratégico.

Es decir, puede entenderse que este tipo de satélites no hizo una diferencia apreciable durante los combates por Malvinas, aun cuando proporcionó información puntual de enorme relevancia, que sirvió que para los decisores en el más alto nivel tomaran importantes decisiones. Los satélites de guerra electrónica sí jugaron un papel más que importante en la guerra de 1982 para Gran Bretaña. Pero esa es otra historia.


jueves, 1 de agosto de 2024

La rajadura en la pared ¿Qué tendría que haber ocurrido para que la operación Rosario cumpliera sus objetivos?

¿Qué hubiese tenido que pasar para la operación Rosario cumpliese con los objetivos del Alto Mando argentino?






Para que el plan de ocupación de las Islas Malvinas por parte de Argentina en 1982 hubiese resultado en una resolución diplomática, varias condiciones y factores clave habrían tenido que alinearse de manera específica. Analizaremos estas alternativas y factores desde la perspectiva de febrero de 1982:

1. Respuesta internacional moderada:

  • Estados Unidos y la OEA: Argentina esperaba que, al ocupar las islas, el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y una posición neutral o favorable por parte de Estados Unidos (dada la Doctrina Monroe y el contexto de la Guerra Fría) obligarían al Reino Unido a negociar. Para que esto hubiese sido cierto, Estados Unidos y la OEA tendrían que haber adoptado una postura más conciliadora y menos inclinada hacia el apoyo a Reino Unido.
  • No intervención de la ONU: La Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU tendrían que haber optado por no involucrarse directamente o haber emitido resoluciones llamando a la negociación sin imponer sanciones a Argentina.

2. Respuesta británica menos agresiva:

  • Gobierno británico en dificultades: Si el gobierno de Margaret Thatcher hubiese enfrentado una mayor oposición interna o problemas significativos que hubiesen desviado su atención de las Malvinas, la posibilidad de una respuesta militar rápida podría haber sido menor. Problemas económicos más agudos o crisis internas significativas en el Reino Unido podrían haber disminuido la capacidad de respuesta.
  • Prestar mayor atención al Libro Blanco de la Defensa de 1981 que preveía la baja del servicio de importantes activos de superficie de la Armada Real, con especial énfasis en las fuerzas de desembarco. (ver aquí)
  • Consideraciones logísticas: Si la capacidad logística británica para movilizar una fuerza expedicionaria en el Atlántico Sur hubiese estado limitada por factores técnicos o financieros, la opción militar habría sido menos viable, forzando a una solución diplomática.

3. Preparación y diplomacia argentina:

  • Mejor planificación y comunicación: Una ocupación con mínima resistencia y sin bajas británicas podría haber favorecido una negociación. Además, Argentina habría necesitado una estrategia diplomática sólida desde el primer momento de la ocupación, buscando el apoyo de países clave y presentando su caso de manera convincente en foros internacionales.
  • Negociaciones previas y alianzas: Un trabajo previo más efectivo para obtener el apoyo de países influyentes y construir una red de alianzas diplomáticas y políticas habría sido crucial. Esto implicaría haber cultivado relaciones más estrechas con países de la Comunidad Europea, el Tercer Mundo y potencias emergentes.

4. Condiciones en las islas:

  • Colaboración o neutralidad de los isleños: Si los isleños hubiesen adoptado una postura más neutral o incluso colaborativa (lo cual es improbable dada su fuerte identidad británica), las opciones diplomáticas habrían sido más factibles. La resistencia activa de los isleños consolidó la respuesta británica.
  • Condiciones geopolíticas regionales: En el contexto de América Latina, una menor rivalidad con Chile y una mayor unidad regional podrían haber proporcionado a Argentina un respaldo más sólido para su reclamo.

5. Factores de contención:

  • Evitar provocaciones: Mantener una ocupación pacífica, evitando provocaciones o acciones que pudiesen justificar una respuesta militar por parte del Reino Unido.
  • Respuestas iniciales de bajo perfil: Si el Reino Unido hubiese adoptado una política de bajo perfil inicialmente, Argentina podría haber tenido tiempo para fortalecer su posición diplomática y consolidar su control.

Conclusión preliminar

Para que el escenario de una ocupación argentina de las Malvinas y una posterior resolución diplomática se hubiese concretado, se necesitarían una serie de eventos y decisiones estratégicas altamente improbables en la práctica. Las expectativas argentinas subestimaron la importancia de la reacción británica y el apoyo internacional al Reino Unido. Un enfoque más realista podría haber incluido una preparación más detallada para enfrentar posibles respuestas militares y un esfuerzo diplomático más robusto antes de la ocupación.

Incluso seguir con más detenimiento el Libro Blanco de la defensa británico, que preveía la baja de muchos buques hacia fines de 1982, hubiese sido un gesto de mínima prudencia y paciencia recomendable.