Radares en el Sur Argentino durante la Guerra de Malvinas

Gran Bretaña, a las apuradas, diseñó planes para poder detectar a los aviones que despegaban de las bases aéreas continentales argentinas
Por Mariano P. Sciaroni || Infobae
Al partir la flota británica con rumbo a Malvinas, el alto mando británico sabía que tendría un grave problema si se enfrentaba con la Fuerza Aérea y la Aviación Naval de Argentina. La Marina Real estaba pensada, en ese momento, para operar en el Atlántico Norte bajo una cobertura aérea y de alerta temprana que sería proporcionada tanto por la fuerza aérea británica (la RAF, por sus siglas en inglés) como por la armada de los Estados Unidos.
Si operaba fuera de esa zona con un limitado número de aviones embarcados en los portaaviones Invincible y Hermes, carecería del preaviso necesario para poder preparar los misiles y ubicar a los interceptores que harían frente a la amenaza aérea.
Sin esa anticipación, cada ataque argentino sería entonces una sorpresa que sería detectado a escasas millas de su objetivo. Algo que los británicos no podían permitirse.
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Por tanto, a las apuradas, se diseñaron planes para poder detectar a los aviones que despegaban de las bases aéreas continentales argentinas. La idea detrás de esto era que ningún avión podría despegar desde Argentina sin que pudiera ser visto y, entonces, la flota británica tendría 45 minutos de preaviso de un ataque aéreo. Tiempo suficiente para dar la "Alerta Amarilla" de aviones en el aire y prepararse para las bombas o misiles.
En primer lugar, se desplegarían tropas especiales en el continente (posiblemente del afamado Special Air Service), para reportar movimientos en las bases de Río Grande, Río Gallegos y Comodoro Rivadavia (en el marco de la llamada "Operación Shutter"; los comandos estuvieron apenas desde fines de mayo a principios de junio y es una incógnita cómo llegaron hasta allí o cómo salieron, en tanto la información sobre el asunto sigue siendo secreta).
Base Aeronaval “Almirante Hermes Quijada” en Río Grande, Tierra del Fuego, durante la guerra
También, se pensó, submarinos nucleares se acercarían a las costas argentinas, para reportar movimientos aéreos, que detectarían con su periscopio o sus equipos de vigilancia electrónica.
Por último, se coordinó con la amigable Fuerza Aérea de Chile que su radar Thomson-CSF, que se encontraba ubicado en las cercanías de Punta Arenas, daría alertas por despegues desde Ushuaia, Río Grande y Río Gallegos.
Sin embargo, quedaba una gran zona sin poder ser vigilada por radar: toda la provincia de Chubut y la base de Comodoro Rivadavia. Eso era un problema.
Por suerte para los británicos, el Wing Commander Sidney Edwards, el delegado de la fuerza aérea británica en Chile, ya había obtenido del General Fernando Matthei, el comandante de la Fuerza Aérea de Chile, "carta blanca" para avanzar en la solución de ese tipo de inconvenientes.
Pero los chilenos no tenían un radar allí, ni disponían de un radar móvil.
Así que, para superar el problema los ingleses tenían que venderles un radar en forma urgente. Rápidamente se convino la operación: el precio fue inferior a una libra esterlina (y, por el mismo precio se llevaron también seis aviones de caza Hawker Hunter, tres bombarderos Canberra y misiles antiaéreos). Toda una fuerza aérea por menos de 60 pesos al cambio actual.
Con la autorización política, llegaron los movimientos militares. La llamada "Operación Fingent", entonces, se diseñaba y tomaba forma. Se decidió que el radar a transferir (o, mejor dicho, vender) sería un equipo transportable Marconi S259, que pertenecía a la Reserva Móvil de la fuerza aérea británica.
Un radar S259 operando en la base RAF Saxa Vord en los años 70 en las islas Shetland, al Norte de Escocia. Posiblemente este mismo radar haya sido el vendido a Chile en 1982
El mismo iría acompañado por un "equipo de ventas" que no sería otra cosa que militares británicos de la Real Fuerza Aérea vestidos de civil, los cuales operarían el radar y entrenarían a los supuestos nuevos "dueños".
Este "equipo de ventas" estaría compuesto de cuatro oficiales y siete suboficiales, los cuales no portarían armas y, formalmente, estarían trabajando para las fuerzas armadas chilenas. Se les recomendó que compraran ropa de calle abrigada y que tuvieran sus pasaportes en regla. Asimismo, se les informó que su misión era absolutamente secreta y que debían comportarse todo el tiempo como contratistas civiles.
No podían hablar de este tema con absolutamente nadie, ni en Gran Bretaña ni en Chile.
El lugar de emplazamiento, finalmente, lo decidió el General Matthei: estaría en Balmaceda, a la altura de Comodoro Rivadavia y sería protegido por el Ejército de Chile. Un buen lugar para poder controlar a los movimientos argentinos.
Con la misión en mente, partía el 5 de mayo de 1982, cargado con el radar y los hombres un avión Boeing 747 de la aerolínea Flying Tigers desde la base RAF Brize Norton (no tan lejos de Londres), hacia Santiago de Chile. El trayecto sería vía San Juan de Puerto Rico, por lo que fue un largo vuelo.
Apenas aterrizado, hizo su aparición un avión militar de transporte del modelo Hércules C-130, que los llevaría finalmente hasta su destino. El problema es que este avión llevaba un camuflaje muy parecido a los aviones británicos y en su fuselaje estaba pintado FUERZA AREA (no AÉREA) DE CHILE. Es decir, era un avión británico.
Un avión británico, llevando militares británicos y un radar británico a pocos kilómetros de la frontera argentina.
Un C-130 Hércules de Chile y otro de la fuerza aérea británica (la RAF, por sus siglas en inglés) esperan en plataforma, fotografiados desde un VC.10 también de la RAF. La foto fue tomada el 24 de abril de 1982 en la Isla de Pascua (Chile)
Poco después, el radar llegaba a su destino final y era rápidamente instalado. Los británicos le dieron buen uso, mientras que las tropas chilenas custodiaban la zona para evitar cualquier problema.
La información que obtenía el radar se enviaba por medios seguros al cuartel general del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile. Desde allí, un equipo especial británico que operaba un equipo de comunicación vía satélite lo enviaba a su flota.
Un sistema aceitado que terminó funcionando muy bien y que, como se explicó antes, también era integrado por reportes de comandos en tierra, otro radar y, por último, los submarinos nucleares cerca de la costa (por ejemplo, solo el submarino HMS Valiant, operando cerca de Río Grande, dio 300 alertas de aviones en el aire).
Cuando todo terminó, según explicaba el General Matthei, "nos quedamos con los radares, los misiles y los aviones, y ellos quedaron satisfechos por haber recibido a tiempo la información que necesitaban. Se acabó el negocio y a Sidney Edwards lo despidieron al día siguiente".
"Argentina tiene las espaldas bien cubiertas", decía poco tiempo antes Sergio Onofre Jarpa, embajador chileno en Buenos Aires. Una definición particular, teniendo en cuenta que, justamente en la mitad de la espalda argentina operaba un radar británico.

Según confiaron a El Cronista fuentes calificadas de la Casa Rosada el Ministerio de Defensa que conduce Jorge Taiana con el aporte técnico de las Fuerzas Armadas, el INVAP y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) redactó un informe en el que asegura que el radar que había instalado en la localidad fueguina de Tolhuin la empresa Leo Labs "es un riesgo para la seguridad nacional".
El documento que Defensa entregará hoy al jefe de Gabinete, Agustín Rossi, ordena taxativamente cancelar el proyecto de Leo Labs en Tierra del Fuego y se elevó luego de la polémica que se desató hace más de un mes cuando el mismo ministro Taiana y legisladores de la oposición denunciaron que la compañía británico-estadounidense podría afectar la soberanía de Malvinas.
Allí se encomendó analizar el tema y elevar un documento técnico. Ayer se terminó de redactar el informe en el que se advierte que los radares de la empresa Leo Labs estarían en condiciones técnicas de transmitir información y filtrar datos sensibles para la seguridad nacional. A la vez, se detalla en el informe de Defensa que la compañía podría tener nexos con servicios de inteligencia de Gran Bretaña y de la OTAN.
El informe de Defensa añade un documento de la Inspección General de Justicia de Tierra del Fuego en donde consta que la empresa en cuestión está radicada con domicilio en Londres y en Dublin.
El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella aseguró que la empresa en cuestión es de Estados Unidos y "no tiene funciones militares sino que monitorea la basura espacial y vende esos servicios a diferentes programas".
Sin embargo, el Ministerio de Defensa opina lo contrario. Asegura que los radares tienen capacidades para interferir comunicaciones y la información de las Fuerzas Armadas.
Por pedido de Defensa, la Subsecretaría de Telecomunicaciones y Conectividad ya había decidido suspender los efectos de la Disposición N° 8/22, a través de la cual se autorizó con carácter precario a la empresa Leo Labs a instalar y poner en funcionamiento una Estación Terrena en Banda S, con el fin de rastrear y monitorear objetos en ambiente LEO (Low Earth Orbit).
El senador radical de Tierra del Fuego, Pablo Blanco, había alertado también que el radar de Leo Labs ya estuvo en funcionamiento con 512 antenas individuales sin ningún movimiento mecánico, operando en Banda S (2910 -2990 MHz), una potencia de transmisión máxima de 100 W con un ciclo de trabajo de 20%, correspondiente a una potencia pico de 51,2 kW y una potencia media de 10,24 kW.
En aquel momento, por medio de la resolución DI-2023-14 el ministro de Defensa, Jorge Taiana, en acuerdo con el canciller Santiago Cafiero dispuso la suspensión de la autorización que el 15 de noviembre del 2022 emitió el entonces jefe de Gabinete, Juan Manzur.
Aquella autorización le permitía a la empresa LeoLabs, de capitales norteamericanos y de Gran Bretaña, instalar
una "estación terrena en Banda S" en Ushuaia. Pero ahora, con el
informe técnico en mano se ordenó la "cancelación definitiva" del
proyecto.
Según confirmaron a El Cronista fuentes calificadas de la Casa Rosada, en el Ministerio de Defensa entendieron que la empresa LeoLabs tendría, en base a documentación publicada por la Inspección General de Justicia, una sede en Ushuaia con sociedades asociadas en Irlanda y el Reino Unido. Así, aclararon que esto atentaría contra la defensa de la soberanía de la Argentina en las islas Malvinas.
"La revisión de documentación llevó al Ministerio de Defensa y a la Cancillería a evaluar el riesgo de que una empresa con conexiones con el Reino Unido se instale en Tierra del Fuego para manejar información sensible en una zona cercana a las islas Malvinas ocupadas ilegalmente por Gran Bretaña", explicó a El Cronista un destacado funcionario del Gobierno que en las últimas horas siguió el tema con el ministro Taiana y el canciller Cafiero.
También se analizó que los radares de alto alcance están a 500 km de distancia de las Islas Malvinas, un "territorio ocupado por una potencia extranjera que a su vez es aliada de quien está interesado en colocar esas antenas", dijeron en el Gobierno.
Además, se supo que cuando Manzur tomó la decisión de avanzar con el
proyecto de LeoLabs el ministro Taiana había solicitado que se pidiera
la opinión del Ministerio de Defensa que no había sido consultado en
relación al proyecto.
Ushuaia no es sólo un lugar excelente para observar las estrellas, también es un punto clave para que la empresa espacial estadounidense @LeoLabs_Space colabore con empresas y gobiernos de todo el mundo en la protección contra los desechos espaciales. #SpaceSafety https://t.co/Pf27QO5NNJ
— Embajador Marc R. Stanley (@USAmbassadorARG) March 14, 2023
En su momento, el embajador de Estados Unidos, Marc Stanley había publicado en marzo pasado un tuit donde sostenía que "Ushuaia no es sólo un lugar excelente para observar las estrellas, también es un punto clave para que la empresa espacial estadounidense @LeoLabs_Space colabore con empresas y gobiernos de todo el mundo en la protección contra los desechos espaciales. #SpaceSafety".
En el Gobierno aseguran que el entonces jefe de Gabinete no estaba al tanto del origen de LeoLabs y que fue un "error" que se le habría pasado. Aunque los que conocen a Manzur saben que este tipo de deslices no son propios de él.




“Teníamos un helicóptero Lynx en el azimut del lanzamiento, que volvía de una misión de búsqueda de superficie. Debía estar asustado, ya que tenía un equipo de guerra electrónica que había detectado a los radares 909, creyendo entonces que los habíamos enganchado con un misil. Les gritamos para que se quedaran quietos y asciendan, porque sabíamos que el ataque argentino vendría a baja altura. Queríamos que salieran del medio. No creo que nos hayan escuchado... Por suerte no le pegamos al helicóptero (42)”.
Una emisión de radar fue detectada y corrimos hasta nuestras estaciones, colocándonos las máscaras antiflama y cerrando puertas y escotillas. Un grupo de contactos apareció en el sur, nuestro sector, a unas 30 millas. La velocidad de la acción fue considerable, pero nuestro sistema de misiles probó su capacidad en alta mar. Enganchamos y disparamos tres misiles Sea Dart, asustando al primer blanco e impactando a los demás, todo en el espacio de un minuto y medio (43).
“Nuestra tripulación está segura que nosotros derribamos un Exocet, pero yo no lo creo. Si derribamos uno de los 3 o 4 A-4 que nos atacaron, pero como el Exeter derribó un Skyhawk con un misil Sea Dart que efectivamente pasó sobre nosotros, se puede uno imaginar las explosiones y el ruido, para no hablar de la adrenalina. Los A-4 que siguieron el ataque volaron directamente hacia el Avenger y estaban volando tan bajo que yo (parado en el puente y haciendo una especie de comentario para los tripulantes que estaban en cubiertas inferiores) me encontré mirando para abajo para encontrarlos, y pasaron tan cerca que pude ver sus caras.
Agradezco que sus bombas fallaran (50)”.
“No se pudo enganchar a ningún contacto. Tratamos de usar los contactos del Link 10 del Exeter para que los tomen nuestros radares 909, así como nuestros operadores se desesperaron para lograr nuestros propios enganches, pero no pudimos pasar a ninguno de los atacantes al (sistema) Sea Dart (53).


“El general Matthei era un hombre muy pragmático y sabía que si Chile no nos ayudaba en la guerra, después los argentinos caminarían derecho a tomar las islas del Beagle. Lo otro que sabía es que ésta era una oportunidad ideal para conseguir armamento, inteligencia y otras cosas”.Patricia estaba preocupada. Era 1982, la guerra acababa de empezar y ahora estaban ordenando a su esposo, de un día para otro, dejar su trabajo en Londres. Más que eso, ella no podía saber. “Patricia se había acostumbrado al hecho de que a veces no le podía contar lo que estaba haciendo”, recuerda Sidney Edwards, su marido y, en esa época, oficial de la fuerza aérea británica. “Como hablas español bien y por tu experiencia, obviamente esto tiene que ver con las Falklands”, le dijo Patricia. Él simplemente sonrió y dejaron de hablar del tema. Un par de días después estaba en un avión rumbo a Sudamérica.
