jueves, 4 de mayo de 2017

Traumas de la guerra en el Centro de Salud de las FFAA

Fantasmas de la guerra: el valor de enfrentarse con el trauma
El Centro de Salud de las FF. AA. recibe a 200 veteranos por mes; su director es un médico, ex combatiente, y se dictan talleres variados
Alan Soria Guadalupe | LA NACION



Cuando Juan entró en razón se dio cuenta de que estaba golpeando a su hija. Segundos antes estaba vestido con su uniforme militar en la inmensidad de las Islas Malvinas, con el viento helado rozando sus mejillas y con un soldado inglés parado a pocos metros, decidido a matarlo. Juan atacó al enemigo, pero esa vez fue distinto. Sólo sentía adrenalina. No percibía fatiga ni dolor. Se sentía como un sueño. Era un sueño.

Cuando volvió en sí y vio que estaba en el comedor de su casa y no en las islas supo que los fantasmas de la guerra aparecieron una vez más. Tenía que buscar ayuda.

Así fue como llegó al Centro de Salud de las Fuerzas Armadas Veteranos de Malvinas, donde diagnostican y tratan a aquellos ex combatientes que padecen estrés postraumático. Allí es donde todavía se escuchan los estruendos de la guerra.


Los talleres son una fuerte ayuda para los ex combatientes

En un pequeño edificio de dos pisos, en las inmediaciones del Instituto Geográfico Nacional, en Palermo, unos 200 veteranos por mes recorren los pasillos rodeados de consultorios, auditorios, aulas y jardines. Allí se atienden con psicólogos y psiquiatras y participan de talleres grupales variados, como los de yoga, musicoterapia y hasta hipnosis.


Todos los que pisan ese lugar tienen historias para contar. Algunas emocionantes y muchas desgarradoras. El director, coronel Esteban Vilgré La Madrid, dice que quienes se acercan al centro de salud tienen heridas en el alma. Habla por sí mismo: durante la guerra fue jefe de una sección de tiradores de 41 soldados y cinco suboficiales. Cuando terminó el conflicto, volvió con 13 hombres.

"Después de bajar del cerro donde combatimos vino el dolor del silencio y la derrota. Te sentís un fracasado", relata La Madrid a LA NACION. Desde que puso un pie en el continente, al volver de las islas, el militar se impuso como objetivo encontrar una manera de formar a otros soldados por si había otra guerra y de remediar la promesa que le hizo a su padre y que no pudo cumplir: traerlos vivos. Durante los 80,

En los primeros años, los ex combatientes eran atendidos sólo en Campo de Mayo. Por años no se supo bien qué era el estrés postraumático y cómo tratarlo. Fue recién en el 2000 cuando el Estado Mayor Conjunto decidió enviar a los Estados Unidos psiquiatras y psicólogos para perfeccionarse en un hospital de veteranos de guerra. Doce años después, tras cambios de sede, estructura y metodologías, se inauguró el centro que existe hoy. Los casos que necesitan internación siguen tratándose en Campo de Mayo.

La tarea pendiente

Sin embargo, todos estos años hubo ausencia del Estado y todavía falta mucho por hacer, indica La Madrid. "No hay estadísticas que digan cómo estamos hoy los veteranos, qué patologías tenemos ni de qué murieron los que murieron", reclama.

Martín Bourdieu es el director médico del centro de salud. Conoció a La Madrid en plena guerra. Era estudiante de veterinaria, pero quedó tan conmovido con la imagen de los heridos que, cuando volvió, decidió cambiar de profesión.

Hoy, Bourdieu convoca a ex combatientes a que se acerquen para "hablar" sobre el pasado que no debe guardarse. También se llama a otros veteranos, a los que fueron a operaciones humanitarias como las que se hicieron en Haití.

"[Si no se habla] Después salen de golpe todos los fantasmas que tenían en la mochila", se lamenta La Madrid. De esos casos hay muchos, como los que reaccionan con pánico al escuchar un petardo en época de festividades o el ruido de un avión volando cerca. Carlos, por ejemplo, tuvo un episodio que se disparó de un segundo a otro, cuando cortó un pedazo de carne en un asado y vio sangre. La primera imagen que recuerda tras ese momento es estar sentado al lado de un médico que intentaba calmarlo.

Los pasillos del centro de salud están en silencio. En las paredes hay pinturas, fotos y afiches sobre la guerra. Hace tiempo que no hay talleres grupales, donde las risas y las bromas son la música de fondo. En épocas cercanas al 2 de abril -aún hoy, a 35 años- se disparan las consultas de ex combatientes que creen necesitar asistencia y el lugar funciona casi exclusivamente para ello.

De todos los veteranos que llegan al centro de salud considerando que tienen una patología, alrededor del 60% está en lo cierto. Lo mismo ocurre, aunque en un porcentaje menor, con los familiares, que también pueden pedir contención allí.

Mientras algunos parientes se tratan, otros sólo acompañan. Así lo hace con frecuencia María, la mujer de Sergio. Ellos son pareja desde antes de la guerra. Después de los combates, algo había cambiado: Sergio ya no sonreía. María lo vio reír de nuevo años después, cuando él fue por primera vez a una reunión de ex combatientes. Desde ese día, María lo acompaña a cada reunión de veteranos y se sienta lejos, sin participar, sólo para verlo sonreír.

Recordar lo que pasó en una reunión o taller con veteranos es una cosa, pero volver a las islas es completamente distinto. Algunos lo hacen seguido y otros no. La Madrid volvió a pisar las islas una sola vez, hace dos años.

Volver a sentir el viento helado en el rostro fue para él una caricia. "Es volver a casa", dice con voz pausada. Además de haber visto las peores penurias en la guerra, el coronel afirma que en pleno conflicto también se ve la belleza de la comunión y la fraternidad. Y tanto él, como tantos otros que volvieron a las Malvinas, fueron a buscar eso. Y tal vez algo más. Algo que dejaron en aquél entonces y que les permita saber por qué cuando volvieron ya no fueron los mismos.

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