sábado, 15 de marzo de 2014

Cuando Gadafi ayudó

Gadafi fue un amigo solidario de la dictadura durante la guerra por las Islas Malvinas 


Muamar Kadafi se ha convertido, en las últimas semanas, en un paria internacional, tras la represión que viene llevando a cabo contra los grupos de manifestantes que piden su renuncia y que ya ha dejado centenares de muertos. Pero hubo tiempos en los que no sólo era el centro de atracción mundial, sino también un gran amigo de la Argentina. 

Es que el líder libio es una caja de sorpresas capaz de dejar sin palabras, con sus actitudes, a cualquier analista internacional. Y así lo hizo durante la Guerra de Malvinas, cuando decidió apoyar abiertamente al gobierno del general Leopoldo Fortunato Galtieri. Si bien existía una relación bilateral desde 1973, luego del ingreso de la Argentina al Movimiento de Países No Alineados (MPNA) y la visita de José López Rega a Trípoli al año siguiente, los vínculos no pasaban de meros intereses comerciales. 

Eran más los puntos que separaban a ambos países que las coincidencias, sacando los negocios. Esto se profundizó con la llegada de la última dictadura militar, ya que Libia tenía un régimen musulmán pro soviético y Buenos Aires uno “occidental y cristiano”. Incluso, el gobierno libio se dedicaba a entrenar a miembros de Montoneros en sus bases. 

Por eso es que hasta la propia Junta se sorprendió cuando, a principios de abril de 1982, Kadafi se ofreció a enviarles ayuda para enfrentar una guerra contra Inglaterra, que ya se veía como inevitable. Si bien, en un comienzo, el gobierno militar le dio poca importancia a este gesto, con el correr de las semanas fue tornándose cada vez más trascendente a medida que crecía su aislamiento internacional, tras los embargos de la Comunidad Económica Europea, el Commonwealth y, finalmente, el de los Estados Unidos. 

Entonces, la Junta decidió enviar a Trípoli una comitiva compuesta por el brigadier Teodoro Waldner, el contraalmirante Juan Carlos Marengo, el coronel José Dante Caridi, el sacerdote Aníbal Fosbery y el profesor Eduardo Sarme, a quienes se les sumó el agregado cultural de la embajada libia en Buenos Aires, Mohamed Khalifa Rhaiam.El objetivo era analizar la oferta y tomar contacto más cercano con la administración Kadafi. 

La visita generó un gran impacto en los argentinos debido a las diferencias culturales y religiosas que había entre ambos países, sumado al atraso que vivía la nación africana y a su estilo de gobierno casi tribal. “Me probaron varias veces cómo era mi forma de pensar. Comenzamos a hablar con el vicepresidente y me empezó a hablar de religión. Siete horas después le dije: ‘No vine acá para esto. Ni usted me va a convencer a mí, ni yo a usted, así que por qué no dejamos este tema a un costado’, afirma Waldner en el libro Operación Israel, el rearme argentino durante la dictadura, de este autor, que se publicará el próximo mes. "Encima, me pusieron a un chico de siete años por si yo tenía deseos sexuales. Eso me dio mucho asco. Me siguió los cuatro días que estuvimos allí, era una cosa que nunca había visto”. Luego, se entrevistaron con el jefe del Estado mayor de las Fuerzas Armadas libias que los dejó paralizados cuando afirmó que Buenos Aires debía de “tener un padrino muy poderoso para lanzarse a una guerra contra Inglaterra” porque, si no, eran “muy tontos”. Pero más sorprendido se mostró el militar ante la respuesta del brigadier argentino: “General, somos tontos”. Sin embargo, el encargado de realizar los acercamientos políticos entre ambas partes fue fray Aníbal Fosbery, quien obtuvo el compromiso final de Kadafi para enviar armamentos al país. 

A su regreso a Buenos Aires, previa escala en España, la comitiva informó a la Junta sobre lo que habían visto y la propuesta libia. Esto llevó a que el 14 de mayo el gobierno militar firmara una resolución para aceptar la ayuda y enviar una segunda misión en busca de los equipamientos. No tenían demasiadas alternativas por delante y necesitaban reabastecerse para continuar con los combates. 

La mayor tentación se generó cuando Kadafi ofreció entregarles misiles Exocet que habían resultado efectivos para hundir buques británicos y que a la Argentina se les estaban acabando. La Marina los buscaba por todos lados e, incluso, había depositado cuatro millones de dólares en el mercado negro para intentar comprar algunos. Pero todos los esfuerzos fueron en vano. 

“El que nos ofreció Exocet y no se materializó fue Libia. Ellos los tenían, pero no tenían capacidad para operarlos. Entonces, mandamos una comisión en la que iba un brigadier, un general y un almirante en un Boeing”, afirma Lami Dozo en el libro. Esta vez, el viaje fue mucho más precipitado debido a las necesidades propias de la guerra y al apuro por conseguir insumos para los combates. “Me llamó Lami Dozo al mediodía y a las seis de la tarde estaba saliendo para Libia”, recuerda Waldner. 

La misión llegó a Trípoli en dos aviones de la Fuerza Aérea a fines de mayo en lo que se conoció como “Operativo Libia”. El representante el Ejército llevaba en mano una carta de Galtieri dirigida a Kadafi en la que comparaba el conflicto de Malvinas con una guerra santa: “Nuestro país ha sufrido el ataque artero de las fuerzas colonialistas ateas y anticristianas que Su Excelencia bien conoce. Estamos convencidos de que esta cruzada nuestra tiene el sentir del yihad”. 

La comisión logró su cometido, ya que firmó con el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas libias, el brigadier Mustafá Muhammad Al Jarrubí, un acuerdo el 27 de mayo, gracias al que se recibirían armas de origen soviético. En el documento, se señalaba como “bárbara” a la “odiosa agresión imperialista británica”. Sin embargo, lo que tenían para llevar era de poca utilidad para los argentinos, ya que sus arsenales tenían, en su mayoría, armamentos de origen soviético, que eran desconocidos en el país, además de que no sabían cómo operarlos. 

Más allá de esto, cargaron todo lo que pudieron en dos Boeing 707. Antes de partir, les preguntaron qué querían a cambio de que Kadafi había ofrecido toda la ayuda en forma gratuita. La respuesta los sorprendió: “frutas”. 

Los aviones partieron rumbo a la Argentina y tenían prevista una escala en las Islas Canarias, pero mientras surcaban aún el continente africano, se les acercó un grupo de cazabombarderos británicos que había sido alertado de la operación. “Nos iluminaron los ingleses, pero les dieron la orden de no tirarnos. Entonces, me dijeron de Buenos Aires que no aterrizáramos allí y llegamos a Brasil al límite”, recuerda Waldner. 

La escala para reabastecimiento se realizó en la ciudad de Recife, en el nordeste brasileño, donde las autoridades locales ya habían sido alertadas de lo que contenía la aeronave. Por eso, pudieron seguir su camino sin que fueran revisados. Luego de descargar todo el material en Buenos Aires, los aviones partieron una vez más hacia Trípoli, pero esta vez, cargados de alimentos y caballos de salto en señal de agradecimiento. 

“Libia envió mucho armamento a cambio de manzanas, peras y caballos”, destaca el almirante Isaac Anaya, en el libro El oro de Moscú. Lami Dozo concuerda. “Vino un avión completamente cargado de material, mucho para el Ejército. Kadafi no quería nada en retribución. Entonces, Galtieri le mandó a decir si no deseaba unos caballos de salto. Parece que le gusta cabalgar y dijo: ‘Bueno’. Entonces, se los enviamos de regalo”, afirma. 

Los cuatro vuelos que realizaron los Boeing 707 de la Fuerza Aérea trajeron muchas armas, entre ellas, 15 misiles aire-aire 530 calorías, cinco aire-aire 530 radares, veinte aire-aire 550 junto con veinte motores, veinte lanzadores portátiles tierra aire SA-7 Grail/Strela-2 con sesenta proyectiles, diez morteros de 60 mm con accesorios y 492 proyectiles, diez de 81 mm con accesorios, 498 proyectiles súper-explosivos y 198 iluminantes. A su vez, se enviaron mil bombas iluminantes de 26,5 mm, cincuenta ametralladores calibre 50 mm con 49.500 proyectiles, 4 mil minas antitanque y 5 mil antipersonales. La mayoría no se usaron durante los combates. El acercamiento se vio coronado con las cartas que envió el general Galtieri a Kadafi y al comandante del Ejército libio, agradeciendo la ayuda recibida para enfrentar a “un imperialismo anacrónico y cruel”. Paradójicamente, los dos mensajes fueron escritos el 14 de junio de 1982, el mismo día en que el general Mario Benjamín Menéndez firmaba la rendición ante su colega Jeremy Moore, con lo que se daba por terminada la guerra. 

   
Fuente:Bahia Digital.

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