𝐄xperiencias vividas durante el conflicto del 𝐀tlántico 𝐒ur
𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘑𝘶𝘢𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘔𝘢𝘳𝘵𝘪𝘯𝘦𝘭𝘭𝘪 – 𝘛𝘕𝘐𝘔 𝘝𝘎𝘔 (𝘙)
Malvinas 1982
𝘿𝙚𝙨𝙚𝙢𝙗𝙖𝙧𝙘𝙤 𝙮 𝙘𝙤𝙣𝙦𝙪𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙘𝙖𝙗𝙚𝙘𝙚𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝙥𝙡𝙖𝙮𝙖
Eran la 04:00 del día 02 de abril de 1982 y se tocó diana. Recuerdo que me desperté y me dirigí al baño para ducharme y colocarme el uniforme de combate nuevo que tenía en la mochila y que había traído especialmente para el día más glorioso de mi carrera militar, iba a entrar en combate para cumplir el juramento que le hiciera a nuestra bandera un 20 de junio de 1974: ¡defenderla hasta perder la vida!
El horario de embarcar en los Vehículos Anfibios a Oruga (VAO) era 05:45 y así lo hicimos, en orden, en silencio (independientemente de las voces de mando que pudieran oírse).
A las 06:00 salieron los 4 primeros VAOs a cargo del CCIM Hugo Jorge Santillán, formando parte de esa primera oleada nuestro Compañero de Promoción TCIM Carlos Ramón Schweizer.
En el VAO Comando, que iba a cargo del Comandante del BIM2 y Comandante de la FT 40.1. CFIM Alfredo Raúl Weinstabl, desembarqué Yo. Los primeros tramos de la travesía hasta la playa de desembarco se hizo con las escotillas del VAO cerradas. Tengan en cuenta aquellos que nunca desembarcaron en un vehículo anfibio que en esas condiciones, la aproximación a la playa es altamente peligrosa. De haber tenido las tropas británicas posibilidades de hacer fuego sobre los mismos, nosotros nos hubiéramos convertido en “tiro al patito” y seguramente muchos hubiéramos quedado en las frías aguas del Atlántico Sur, dado que un vehículo anfibio como el que estábamos navegando, no dispone de blindaje.
Antes de tocar tierra en la playa de desembarco, las escotillas superiores se abrieron y pudimos asomarnos y ver en la inmensidad de la noche (a esa hora todavía no había amanecido) los “hilos de fuego” que deja la munición trazante, señal que en tierra se estaba combatiendo. Lógicamente la sangre en mi interior fluye con mayor rapidez ante la inminencia de tocar tierra y entrar en combate. Miedo: NO, Incertidumbre: TODA.

Por fin tocamos tierra sin tener que lamentar ningún perjuicio en personal ni vehículos.
Rápidamente nos dirigimos hacia el aeropuerto de (hasta ese momento) Port Stanley y sin resistencia enemiga pudimos observar que el mismo tenía la pista de aterrizaje obstruida por vehículos y otros obstáculos, lo que hubiera impedido en esas condiciones el aterrizaje de cualquier aeronave. El Comandante dá la orden de despejarla y en esos momentos llega la información que los vehículos del CCIM Santillán habían sido detenidos por fuego enemigo, habiendo recibido uno de ellos varios impactos de proyectiles de ametralladora y una esquirla había herido levemente a un Conscripto en una mano.
Rápidamente el CFIM Weinstabl, ordena al conductor del VAO Comando dirigirse hacia ese lugar, junto a la Cía. Delta a cargo del TNIM Di Paola. Llegamos hasta donde estaba la vanguardia y desmontamos de los vehículos anfibios. En este momento recuerdo una anécdota vivida junto a Carlos Schweizer: cuando desmontamos de los VAOs, veo a Carlos de pie y acomodando los talones de sus Conscriptos para evitar una común herida de guerra que precisamente es ser herido en los talones por no hacer correctamente cuerpo a tierra. En ese momento le grito “Bizcocho, planchate que nos están tirando”, él se da vuelta riéndose y me hace caso. Aprovecho y le digo, “qué ruido hacen los cañones sin retroceso de Di Filippo (SSIM Jefe de Cañones sin Retroceso del BIM 2) y resulta que me contesta: “son los morteros de los ingleses que nos están tirando”. En ese momento pensé “uno se muere en la guerra sin darse cuenta”. Lo que pensé que eran nuestros cañones, en realidad era fuego enemigo sobre nosotros.
Fundamentalmente con un eficaz disparo de uno de los cañones sin retroceso, hizo que los ingleses cesaran en su acción retirándose al interior de la localidad. 
La vanguardia volvió a montar en los vehículos y buscó reforzar la acción de los Comandos Anfibios en Moody Brook. Sin embargo, éstos ya habían cumplido su misión y se encontraban próximos a Port Stanley por el lado opuesto al avance del BIM2, por lo cual el Capitán Santillán continuó su avance para completar su misión de aseguramiento de la península Camber.
Mientras tanto las Compañías del Batallón entraron sin resistencia en la ciudad, ocupando sus zonas de responsabilidad (ZR) y tenían absoluto control sobre la población y los servicios públicos esenciales.
Mientras entrábamos en la zona urbana de Port Stanley, recibimos fuego de francotirador.
Rápidamente nos tiramos cuerpo a tierra y veo una ventana donde la cortina era movida por el viento.
Le pido autorización al Capitán Weinstabl para abrir fuego sobre ese lugar, pero dada la orden inicial de recuperar de manera incruenta las Islas, no me autoriza a disparar.
Pasado el momento y dado que no se repitió el suceso; nos ponemos nuevamente en marcha y llegamos hasta un lugar donde el Comandante nos reúne a los Oficiales de la Vanguardia.
En ese momento percibo que estamos frente a una construcción que parece ser un gimnasio de 2 pisos.
Ante la posibilidad que pudiera haber Royal Marines ocultos, le pido autorización para entrar a registrarlo.
El capitán Weinstabl me autoriza a llevar al TCIM Gazzolo y 2 Suboficiales. Ingresamos y nos encontramos con que para subir al primer piso había dos escaleras laterales, para lo cual le digo a Gazzolo que junto a uno de los Suboficiales utilice el flanco derecho y junto al otro Suboficial, subiríamos por el flanco izquierdo. 
Así lo hacemos y con los cuidados del caso ya que estábamos demasiados expuestos, llegamos hasta una habitación donde encontramos a 5 Royal Marines en actitud de haberse rendido ya que habían dejado sus armas (5 ametralladoras Sterling) sobre una mesa con sus cargadores separados de las armas y una agente de policía femenina.
Realizamos el cacheo de rigor a los Soldados Ingleses y no tocamos a la agente femenina.
Comprobado que los militares no tenían más armamento, quedaron en custodia hasta remitirlos al Punto de Reunión de Prisioneros (PRP).
Pero la gran sorpresa se produce cuando abrimos la puerta de un salón más grande y encontramos a los habitantes de nacionalidad Argentina que habían sido encerrados a manera de prisioneros.
Los liberamos y enviamos a los prisioneros al PRP.
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