lunes, 19 de enero de 2026

Chilenos en la guerra

Malvinas: chilenos en la guerra

Juan Pablo Garnham || La Tercera



Cuando, dentro de algunas semanas, se cumplan 30 años de la guerra que enfrentó a argentinos y británicos, el Reino Unido deberá desclasificar archivos que contarán la historia con detalles inéditos. Chile vivió este conflicto en una posición incómoda, entre un vecino con el que aún buscaba la paz y un poder global que siempre había sido cercano. Pero, para algunos chilenos, esta guerra fue algo más que política y diplomacia.
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Se llamaba Daniel. De su apellido no se acuerda. Pero el nombre todavía resiste en la mente del doctor Ruperto Miranda. Aún hoy, treinta años después. También entre sus recuerdos queda algo de esa fecha que Daniel tenía inscrita en su anillo: algún día de marzo de 1982. Probablemente era su matrimonio o su postura de argollas. Pero esa historia se acabó ahí, en las heladísimas aguas del Atlántico Sur. Miranda tenía la labor de identificar su cuerpo ya sin irrigación, congelado después de flotar en esas aguas un par de días.

Los oficiales del buque chileno Piloto Pardo, en el que navegaba Miranda, miraban los restos de la balsa que traía al cuerpo. Era una de las que habían usado los marinos del crucero argentino Belgrano, hundido hacía pocos días por los ingleses. En sus caras se notaba el impacto de ver la guerra de las Malvinas resumida en un rostro congelado, un joven de no más de 22 años, como muchos de ellos. No quedaba más que guardar silencio.

El silencio se repetía en el hogar de un profesor rural chileno, Claudio Muñoz, en el estrecho de Magallanes. Él vivía tranquilo, haciendo sus clases en el internado de Agua Fresca, a veinte kilómetros de Punta Arenas. La guerra era algo que ocurría lejos, al otro lado de Tierra del Fuego y más allá. Ya había pasado la época de su servicio militar. Atrás habían quedado también sus años en una escuela en el Beagle, cuando Chile estuvo cerca de ir a la guerra de Argentina y debía estar preparado todos los días para afrontar un conflicto bélico. Pero la recuperada tranquilidad se interrumpió con la estridencia de un helicóptero que vio aterrizar desde su casa. El hecho no lo alteró demasiado. Hasta que la nave explotó.

El resto de los chilenos seguiría la guerra de las Malvinas por televisión, radios o diarios, pero unos pocos -como Claudio Muñoz y Ruperto Miranda- fueron testigos cercanos de los hechos que marcaron este conflicto, desarrollado en abril y mayo de 1982. Hasta hoy existen preguntas sin responder, como el detalle de la ayuda que prestó Chile al Reino Unido. En unas semanas más, cuando se cumplan treinta años de los hechos, el gobierno británico deberá, por ley, desclasificar los documentos relacionados al conflicto. Mientras tanto, un grupo de chilenos relata a retazos sus memorias de una guerra que puso al país en una incómoda posición.

La guerra que nunca se declaró

A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres sonó como nunca antes. "Yo pasé a ser el equivalente de lo que podría haber sido un canciller de país petrolero", dice Miguel Schweitzer, quien ejercía ese cargo. Las tropas argentinas invadieron las Malvinas -o Falkland para los británicos-, el embajador trasandino pasó a ser persona non grata y los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

    A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres, Miguel Schweitzer, sonó como nunca antes. Los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

Al día siguiente, Margaret Thatcher acudió al Parlamento. Los embajadores tenían asientos reservados en el segundo piso, los cuales no eran muy solicitados. Schweitzer, sin embargo, iba constantemente. Mientras Thatcher explicaba que las comunicaciones estaban cortadas con las Falkland y que condenaba esta "agresión sin provocación", los parlamentarios manifestaban su apoyo con un "yes!" y Schweitzer observaba, junto a sus pares de Francia, Alemania y Egipto. De la misma forma que Galtieri no dio aviso, la Dama de Hierro nunca declararía la guerra. Sólo anunció que una flota partiría hacia el Atlántico Sur a recuperar las islas. "Muy poca gente creyó realmente que Margaret Thatcher lo iba hacer, pero dijo que frente al uso de la fuerza, no quedaba otro camino que la fuerza", recuerda Schweitzer.

Terminada la sesión, el embajador salió del salón y envió un télex al gobierno chileno contándoles lo que había pasado. "Les dije que esto significaba una declaración de guerra", recuerda Schweitzer.

Lo segundo que hizo el embajador chileno fue reunirse con sus agregados militares en esa época: Ramón Vega, de la FACh, y Sergio Cabezas, de la Armada. "Les dije que, para los efectos de resguardar la seguridad nacional, todo lo que ellos hicieran lo debían hacer sin conocimiento del embajador. De la misma manera, yo no los contaminaría con lo político".

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno enviaba instrucciones a sus embajadores de mantenerse neutrales. René Rojas, el canciller de la época, era un diplomático de carrera y su posición, que fue la oficial del gobierno, era de apoyar la demanda argentina, pero condenar sus métodos. "Pero los dos embajadores éramos políticos, actuamos libremente, cada uno haciendo lo que creía que era mejor para el país", dice Schweitzer. Sergio Onofre Jarpa, en la embajada en Buenos Aires, declaraba a los argentinos que "sus espaldas estaban cubiertas" y que no había nada de qué preocuparse.

En paralelo, oficiales chilenos se reunían con los británicos y se coordinaban con los chilenos para colaborar. La actitud de Galtieri tenía preocupadas a las Fuerzas Armadas. El proceso de paz tras el conflicto por las islas Picton, Nueva y Lennox aún no estaba terminado y el presidente de la Junta de Gobierno argentina había dicho que con esto se comenzaba la recuperación definitiva de las islas del Atlántico Sur. Para los argentinos, esas tres islas en el Beagle que Chile reclamaba eran parte de ese conjunto.

En el Pacífico, mientras tanto, un petrolero de bandera británica se acercaba a las costas chilenas. Era el Tidepool, que había sido comprado por el gobierno de Pinochet. Entre su personal venía una parte de la nueva tripulación chilena, como se acostumbra en las transacciones navales. Llegando a Valparaíso, el buque debía cambiar de nombre y pasar a ser el Almirante Montt. Sin embargo, la guerra comenzó y el gobierno de Thatcher solicitó el buque de vuelta. Así, el 2 de abril los ingleses llegaron al puerto de Arica, la tripulación chilena descendió y el barco enfiló hacia el canal de Panamá -había que evitar la zona cercana a las Malvinas-, para unirse a la flota inglesa. La bandera chilena sólo flamearía en el Tidepool en agosto, cuando la guerra terminó. Ahí, el petrolero pasó por el Estrecho de Magallanes y fue entregado en Talcahuano a sus nuevos oficiales.

sábado, 17 de enero de 2026

Las verdaderas bajas militares británicas


MALVINAS, ¿POR QUÉ LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCERÁN HASTA EL 14 DE JUNIO DEL 2072?


Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.
No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente.
Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero hay certezas de que uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos. Gran parte de su logística quedo pulverizada o sepultada en el Atlántico.
Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente 280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.
Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante suele tener siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2 o 3 a uno - esa cifra es totalmente absurda, si calculamos que se trata de un terreno de despliegue parecido a Groenlandia o a Escocia .
A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas nuevamente (En rojo se detalla esencialmente la cantidad de bajas por cada día de combate):
BALANCE:
Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa ha perecido en cada ataque del día.
23/04: 1 Cae helicóptero Sea King en Georgias.
01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.
02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañón de 20 mm. de artillería.
04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet. Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de la aviación británica. Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.
05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.
06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.
12/05: 4 El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.
17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas
18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado).
19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.
21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).
22/05: 1 Es derribado un Harrier.
23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).
24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos. Es poco probable que haya tenido solo 6 bajas si calculamos impacto, mas explosión y aceite hirviendo en el agua mas hipotermia. El calculo no parece ser real.
25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.
27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).
28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin.
Es el equivalente de una compañía de infantería integra.
30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 kgs. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.
08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina.
09/06: 18 Mte. Dos Hermanas, comandos del SAS.
10/06: 4 Perecen (4) infantes de marina por accidente.
11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Mte. Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.
12/06: 29 (4) en Mte. Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.
13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Mte. Longdon, Mte. Wiiliams y Wireless Ridge.
14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).
TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).
BUQUES AVERIADOS:
Buques perdidos (hundidos o destruídos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4
Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow
Buques averiados de consideración (casi inactivos) : 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot
Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)
TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31
AERONAVES PERDIDAS:
ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10
Helicopteros derribados: 13
F/S: 32
RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26
ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4
EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8
Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.
CONCLUSIÓN:
TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.

jueves, 15 de enero de 2026

ARA San Luis: Las andanzas del corsario manco

Viaje al fondo de los mares del Sud (Malvinas ´82)


Foto "La Nacion"

Escrito por  Jorge Fernández Díaz LA NACION Sábado, 22 de Agosto de 2009 - Tomado de http://www.elsnorkel.com

Fuente



A las siete y media de la mañana, Alejandro Maegli estaba a punto de entregar la guardia y meterse en la cama cuando de pronto el sonarista del submarino le dijo una frase que lo dejó helado: "Señor, tengo un rumor hidrofónico".
El teniente de fragata pegó un respingo queriendo creer que el operador se había equivocado.
A veces las ballenas o el krill producen "rumores biológicos" y pueden confundir al más experimentado de los técnicos del sonar. Pero el ruido venía del Noreste y sus características se iban confirmando con el correr de los minutos. Maegli era jefe de comunicaciones y tenía la obligación de despertar al comandante. Lo hizo: "Despiértelos a todos, uno por uno, y colóquelos en sus puestos de combate", le ordenó el capitán.

A Maegli se le puso la piel de gallina. En ese momento sólo podía sospechar lo que iba a ocurrir. Pero no podía saber con certeza que comenzaría la primera batalla submarina del Atlántico Sur, que venían hacia ellos helicópteros ingleses a ras del mar, seguidos de cerca por los buques de la Royal Navy, y que los esperaban veintitrés horas de miedo, suspenso, persecución y explosiones.

Era el 1° de mayo de 1982 y el submarino ARA San Luis tendría su bautismo de fuego en la Guerra de las Malvinas.

Maegli es hoy contralmirante y director del Area Material Naval, y tiene a su cargo la difícil decisión de reparar o sacar de servicio para siempre a esa nave llena de fantasmas que espera en silencio, roja por la pintura antióxido, en una dársena del puerto de Buenos Aires. ¿Cómo resolver con la cabeza un asunto del corazón?


El "San Luis" en Tandanor, Mayo 2009

Alejandro encontró su vocación en Mar del Plata a los cuatro años, durante una visita escolar. Un submarino reposaba en silencio, pero traía consigo ecos de aventuras, y Alejandro se metió luego en la Escuela Naval con el único propósito de surcar bajo el agua los mares del mundo. Hizo una experiencia en un buque barreminas. "Para ser oficial barreminas no hay que ser loco, pero te ayuda bastante", dice el refrán. Y después sirvió en un buque de apoyo. Finalmente, ingresó en la Escuela de Submarinos, que es muy exigente, y aprendió de memoria, uno por uno, los múltiples mecanismos internos de esa nave.

La primera vez que entró en el San Luis todo se le venía encima. Parecía realmente un lugar de confinamiento. El submarino es un cilindro que mide 50 metros desde el timón a la proa, 11 metros desde la quilla hasta el tope de la vela y 5 metros con veinte centímetros de lado a lado: ése es el diámetro de un caño donde deben vivir, trabajar, dormir y recrearse treinta y cinco hombres durante semanas y, a veces, meses de misión submarina. Travesía en la que se habla en voz baja, se come poco "porque la navegación te quita el hambre", y donde luego de la vibrante marcha en superficie y las maniobras de inmersión sobreviene una extraña serenidad espacial.

El submarino había sido comprado a Alemania en los años setenta, había llegado desarmado a la Argentina y había sido montado pieza por pieza en Buenos Aires. Pero para la época de Malvinas presentaba algunos problemas: no podía desarrollar velocidades de inmersión superiores a los 14 nudos y uno de los cuatro motores diesel que permiten cargar las baterías a través de un snorkel no funcionaba. Así y todo, Maegli no estaba tan preocupado por estas limitaciones como por su mujer, que estaba a punto de dar a luz. En marzo de 1982, ese padre primerizo, que apenas tenía 27 años, tuvo que zarpar en misión de adiestramiento y subirse por las paredes del submarino esperando la buena nueva. Estaban haciendo ejercicios con tres corbetas cuando llegó la noticia de que había nacido su hija María Inés. Los festejos a bordo fueron discretos, pero afectuosos.

A mediados de mes llegó otra orden: debían suspender los simulacros y retornar a Mar del Plata. Un amigo se lo encontró en tierra. Partía al día siguiente en el submarino Santa Fe. "Flaco -le dijo a Maegli en un susurro-me voy a Malvinas." Alejandro sospechaba que algo grande se avecinaba, pero no tenía tiempo de meditar demasiado: corrió a ver a su mujer y a conocer a su hija, y los acontecimientos del 2 de abril lo sorprendieron como a casi todos nosotros. Sintió entonces una íntima contradicción: alegría patriótica mezclada con angustia y extrañeza. Hacía pocos meses había confraternizado con los oficiales del submarino inglés HMS Endurance, que había hecho escala en Mar del Plata. El Endurance atacaría luego, con torpedos y el apoyo de helicópteros, al submarino Santa Fe.

Recibieron la orden de alistarse contra reloj y hacerse a la mar el 11 de abril. Salieron de noche, con órdenes secretas. Cuando abrieron el sobre descubrieron, tragando saliva y con los ojos bien abiertos, que debían patrullar el "Area Enriqueta", frente a Puerto Deseado. La luna brillaba en la dársena: navegaron hasta la altura de cabo Corrientes y se sumergieron. Maegli preparó las cartas de navegación y leyó la consigna: "Autorizado uso de armas en defensa". No podían atacar a nadie, porque las negociaciones diplomáticas no se habían agotado. Pero ese despacho lo obligó a procesar psicológicamente el hecho de que por primera vez no se trataba de un entrenamiento: era la guerra.

Pasaron varios días haciendo recorridos y subiendo el snorkel media hora para obtener energía y oxígeno: ésos eran los momentos de mayor vulnerabilidad de la nave. Luego todo fue esperar y madurar la idea del combate. Salvo, claro está, cuando sucedió lo imprevisto: una avería en la computadora de control de tiro. Llevaban a bordo 10 torpedos alemanes y 14 estadounidenses. Pero sin esa computadora, la única alternativa era lanzarlos de manera manual. Trataron de repararla, pero no tenían a bordo los elementos con qué hacerlo, y el 27 de abril recibieron otro mensaje: "Destacarse y ocupar «Area María». Todo contacto es enemigo".

Eso significaba que debían desplazarse a una zona cercana a la isla Soledad y que allí no había buques argentinos. Cualquier "rumor hidrofónico" tenía entonces que ser, forzosamente, una nave inglesa, y la orden era dispararle, sin dudar.

El 1° de mayo Maegli juntó a todo su equipo de informaciones de combate. Se sentaron alrededor de una mesa minúscula y él descubrió que le temblaban las piernas y que no podía levantar la cara. Cuando la levantó vio que sus camaradas estaban en idéntica actitud de pánico. Vadeó como pudo ese pantano y comenzó la reunión de análisis. Luego se colocó los auriculares: el blanco venía hacia ellos y el comandante ordenaba preparar tubos de torpedos y movimientos submarinos para encontrar la mejor posición de tiro. En un momento, el sonarista oyó explosiones y hélices de helicópteros. Se aproximaban tres helicópteros antisubmarinos con los sonares desplegados y largando cargas de profundidad a ciegas. A medida que analizaban los sonidos y señales se daban cuenta de que los Sea King avanzaban abriéndoles camino franco y seguro a varios buques británicos de guerra. Cuando estaban a 9000 yardas, Maegli le dijo a su capitán: "Señor, datos de blanco ajustados". El comandante gritó: "¡Fuego!" Y el torpedo salió disparado con trepidaciones y ruidos escalofriantes. Llevaba consigo un cable de guía a través del cual se podía teledirigir su dirección. Pero a los pocos minutos un oficial informó que el cable se había cortado. El torpedo seguía ahora corriendo, aunque de manera autónoma, y estaba programado para ir ascendiendo con el objeto de asegurar el impacto. El problema es que, al hacerlo, se hacía visible. En cinco minutos absolutamente todos los buques ingleses desaparecieron del sonar, y el torpedo se perdió en la nada.

No era difícil para los helicopteristas ingleses ver el trazado del disparo y calcular la posición del San Luis. A Maegli se le secó la boca. Pasarían de cazadores a presas en segundos; los ingleses, a gran velocidad; los argentinos, en cámara lenta.

El capitán ordenó evasión a toda máquina y el sonarista dijo: "Splash de torpedo en el agua". Les habían disparado y ya se sentían los sonidos de alta frecuencia que el proyectil inglés emitía al acercarse. "Máxima profundidad", ordenó el comandante. Y a continuación mandó lanzar falsos blancos. Se usaban señuelos, pastillas gigantes que en contacto con el agua hacían burbujas y confundían con sus ecos apócrifos. Los llamaban "Alka Seltzer". Después de expulsar los dos señuelos, el sonarista informó de algo que galvanizó a todos: "Torpedo cerca de la popa". Maegli pensó: "Cagamos, nos está persiguiendo, nos va a reventar". El sonarista agregó: "Torpedo en la popa".

Diez segundos y un año después, el operador dijo, con su voz metálica: "Torpedo pasó a la otra banda". Una alegría silenciosa, un cierto alivio recorrió el cilindro: el torpedo inglés había pasado de largo y se perdía en el mar. Se habían salvado por un pelo.

En ese instante mismo comenzó el hostigamiento. Los Sea King se acercaron lanzando sus cargas y sacudiendo el océano. Tiraban todavía sin tener la posición exacta del San Luis, que bajaba y bajaba. Pescaban con bombas a unos quinientos metros del mentón del teniente Maegli. El submarino fue reduciendo su velocidad y se asentó con un golpe en el fondo de arena. Cada veinte minutos los helicópteros llegaban y soltaban sus explosivos, reemplazándose los unos a los otros en la tarea durante horas y horas. Las ondas expansivas no llegaban y entonces el máximo problema era el oxígeno. Sin poder sacar el snorkel, el dióxido de carbono subía y el peligro aumentaba. El comandante ordenó que la tripulación abandonara sus puestos de combate y se metiera en la cama: había que gastar lo menos posible. Meterse en la cama y dormir en un submarino que está en el fondo del mar y al que le siguen disparando debe ser una de las experiencias más inquietantes de la vida. A pesar de ella, Maegli pensó: "El problema no es el miedo sino cómo controlarlo", y se quedó dormido.

Veintitrés horas después del primer "rumor hidrofónico", el sonarista anunció que el área estaba despejada. El San Luis emergió a plano de periscopio, sacó el snorkel y la antena, y recibió la triste información de que habían hundido al Santa Fe en las Georgias. El teniente pensó en su amigo y en los oficiales del Endurance, y luego no pensó más que en hacerse fuerte y seguir haciendo su trabajo. "Ya teníamos callosidades en el alma, ya éramos diferentes", dice hoy, al recordar aquel bautismo de fuego.

Cinco días más tarde, en un teatro de operaciones infestado de naves enemigas, los sensores acústicos volvieron a detectar "ruido hidrofónico". "Posible submarino", dictaminó el operador. Y el comandante ordenó de nuevo que todos ocuparan sus puestos de combate y que el San Luis avanzara hacia el blanco, que tenía un extraño comportamiento zigzagueante. "Blanco alfa muy cerca", dijo el operador. Estaba a unos 1500 metros. Dispararon un torpedo antisubmarino de recorrido corto y escucharon una detonación tremenda. Pero nunca pudieron determinar a qué le habían pegado.

En la madrugada del 11 de mayo, Maegli estaba nuevamente de guardia cuando el sonar detectó una fragata misilística que venía del Este, y al rato otra del Norte. Todos estaban en sus puestos. Y allí, provisionalmente en pausa de combate, les sirvieron un memorable arroz con tomate que los submarinistas comieron con los músculos en tensión, como si fuera lo último que probarían antes de morir. Luego comprendieron que los dos buques británicos convergían sobre el estrecho de San Carlos y el capitán ordenó atacar el blanco más cercano a la costa. "¡Fuego!", volvió a gritar, a una distancia de 5200 yardas. Tardó tres minutos en cortar cable. Pero todos los tripulantes acompañaban mentalmente la corrida del torpedo. Hasta que, de repente, Maegli escuchó un clanc. Un alarmante ruido de chapa. El sonarista informó que los blancos huían a toda máquina. El proyectil había pegado en el casco, pero no había explotado. El proyectil, una vez más, no estaba en buenas condiciones. Los dos buques ingleses venían de hundir con artillería al ARA Islas de los Estado, un barco argentino que transportaba municiones y combustible de avión. Habían muerto más de veinte hombres en ese naufragio.

Cuando el capitán comunicó al Comando de Operaciones Navales las fallas del torpedo y les recordó las dificultades en el sistema de tiro, recibió una directiva terminante: volver a casa. Regresaban a Puerto Belgrano de noche y en silencio: no habían logrado hundir ningún buque y aunque habían provocado, tal como confesaron luego los ingleses, una verdadera psicosis en el mar y habían logrado retardar con su amenaza submarina el desembarco en las islas, llevaban un regusto amargo. "La prevención, el desgaste de energía y el temor que genera un submarino es terrible", me explica el contralmirante Maegli; se nota que aquella amargura no se le ha borrado de la boca.



Atracaron en secreto en la base naval y comenzaron a realistar el San Luis, metiéndolo a dique. El teniente llegó estresado, barbudo y con la misma ropa con que había salido de Mar del Plata a su departamento de casado, y durante una semana no respondió preguntas ni salió de la cocina de dos por dos: sólo se sentía seguro en lugares reducidos.

Nunca el San Luis pudo volver al teatro de operaciones. Trajeron a dos expertos para repararlo, pero tardaron cuarenta días y eso dejó al submarino y a su tripulación fuera de la guerra. El 14 de junio los tapó la tristeza. Maegli siguió prestando servicio en el San Luis, y en 1983 lograron que los técnicos alemanes revisaran los mecanismos, explicaran las razones de los desperfectos en sus torpedos y en el sistema de tiro que habían fabricado, y pudieran hacerse las modificaciones necesarias.

Alejandro siguió una larga carrera de perfeccionamiento profesional. Fue comandante del ARA Salta -gemelo del San Luis-, director de la Escuela de Submarinos y agregado de Defensa en Canadá. Un amigo de Ottawa le regaló un libro donde figuraban las grandes batallas submarinas de la historia. Un historiador británico, especializado en el tema, narraba las dramáticas aventuras de un submarino argentino que había escapado de milagro al acecho de la Royal Navy: el San Luis. Maegli no quiso leerlo así como no quiere visitar el submarino rojo que duerme en un astillero de la Costanera Sur a la espera de ser convertido en un museo o regresar al mar. "Es viejo, pero no es anticuado -lo defiende el director de Material Naval de la Armada argentina-. Si me preguntás qué quiero te respondo algo muy simple: sólo un buen final."

Volvió al astillero para hacerse unas fotografías. Pero lo hizo a regañadientes. Las ánimas vestían de rojo. Costó hacerlo subir al puente del San Luis. Maegli finalmente subió y recordó en un pestañeo el momento exacto en el que se abrió la escotilla y salió a la luz después de 37 días sumergidos en el Atlántico Sur sin ver el océano ni el cielo ni el sol. Maegli asomó su cara agotada de 1982 y respiró profundamente. Lo sorprendió en ese momento el olor puro del mar. El imborrable olor de la vida.


Foto El Snorkel

El personaje
ALEJANDRO MAEGLI

Testigo fundamental de una batalla submarina


Bajo fuego enemigo .. El Submarino “SAN LUIS” se le asigno la misión de destruir las fuerzas navales enemigas, operando en un área de patrulla ubicada al norte de las Islas Malvinas, pero fuera de la Zona de Exclusión establecida por los británicos. El 29 de abril, tras el fracaso de las negociaciones diplomáticas, el SAN LUIS fue autorizado a emplear todo su potencial bélico dentro de la llamada Zona de Exclusión. El Comandante de las Fuerzas Británicas, preocupado por la posible presencia de submarinos argentinos desplegó sus naves en una búsqueda costosa y estresante, sin obtener resultado alguno. El SAN LUIS ante la detección de tres buques enemigos se preparo para efectuar un ataque en forma manual, ya que su computadora de control de armas se había averiado poco tiempo después de la zarpada. El primer lanzamiento culmino con la desazón de su tripulación al perder el torpedo por corte de su cable filoguiado.

Delatada su presencia por este hecho, la pequeña y poderosa nave submarina se vio obligada a evadir con éxito un feroz ataque que se prolongo por mas de 20 horas. El 8 de mayo se obtiene un contacto sonar clasificado como “submarino en inmersión” a la corta distancia de 3000 yardas. Con las mismas limitaciones en su sistema de control tiro, se obtuvieron los datos de blanco y se lanzo un torpedo antisubmarino MK 37, escuchándose una explosión al finalizar la corrida. Nunca se obtuvieron datos suficientes como para confirmar los resultados de este lanzamiento. Durante la noche del 10 de mayo, luego de haber hundido al transporte argentino “ISLAS DE LOS ESTADOS”, la Fragata HMS “ALACRITY” sale a toda maquina del estrecho de San Carlos, buscando el apoyo de otras unidades en aguas abiertas. El SAN LUIS que se encontraba al acecho en la boca del estrecho, tuvo en su sonar a los dos blancos. Luego de ajustar los datos para el lanzamiento, lanzo dos torpedos a una distancia de 5000 yardas en la madrugada del dia 11. Ante el asombro de su tripulación, uno de los torpedos no salió del tubo y el otro presento la misma falla de corte de cable que el anterior. Había perdido una inmejorable oportunidad para vengar al transporte hundido.

Dos días después el SAN LUIS recibe la orden de regresar al continente. Todo el esfuerzo puesto para recuperar la operatividad de su sistema de armas fue en vano, el buque estuvo listo recién para mediados de junio. Ya era tarde. Nuestras naves submarinas tuvieron un destacado desempeño durante un conflicto desigual. Hicieron frente a una de las flotas antisubmarinas mas profesionales y prestigiosas del mundo. De no haber sido por las fallas de sus torpedos otro habría sido el curso de la guerra en el mar. Rendimos nuestro homenaje a aquellos héroes silenciosos que desde las profundidades australes dejaron bien alto el prestigio profesional del arma submarina argentina obteniendo el reconocimiento mundial por su audacia, valor y capacidad profesional.

domingo, 11 de enero de 2026

Comunicaciones: La radio AN/PRC-77



La radio AN/PRC-77



En 1968, durante la Guerra de Vietnam, el Ejército de Estados Unidos introdujo la radio militar AN/PRC-77, cuyo nombre significa: “A” (Army - Ejército), “N” (Navy - Marina), y “PRC” (Portable Radio Communication - Radio de Comunicación Portátil).

Este equipo portátil fue adquirido por las Fuerzas Armadas de la República Argentina 🇦🇷. Con un peso de 6,2 kg, incluía dos antenas: una de corto alcance, con un rango de hasta 4 km, y una antena plegable que alcanzaba un máximo de 8 km, dependiendo del terreno y las condiciones climáticas. Funcionaba con una batería ubicada en la parte inferior, que contenía pilas recargables. Para su transporte, contaba con un arnés de color verde oliva.

El equipo operaba en dos bandas de frecuencia: la banda baja, de 30,00 a 52,95 MHz, y la banda alta, de 53,00 a 75,95 MHz. La comunicación se realizaba mediante un microteléfono con pulsador PTT (Push-To-Talk).

Estas radios fueron enviadas en grandes cantidades a las Islas Malvinas 🇦🇷, donde eran utilizadas por las unidades del Ejército y la Infantería de Marina, junto con otros equipos. Pronto se comprobó que el clima frío agotaba rápidamente las baterías, por lo que los soldados solían dormir con las baterías dentro de sus bolsas para mantenerlas calientes, evitando descargas prematuras y reduciendo la necesidad de utilizar generadores para recargarlas.

Un aspecto relevante fue que la tecnología británica lograba interferir estas radios debido a su antigüedad, permitiendo interceptar las comunicaciones. Con el tiempo, se descubrió que podían triangular la ubicación exacta de las unidades desplegadas, ya que apenas se iniciaba una transmisión, se recibía fuego naval, aéreo o terrestre. Por esta razón, las radios se usaban parapetadas y a cierta distancia de las posiciones principales, para evitar convertirse en blancos fáciles.

Además, muchas unidades desplegadas instalaron líneas telefónicas que conectaban todas las secciones y compañías, además de sus armas de apoyo de fuego. Estas líneas se enterraban para proteger los cables de los daños causados por esquirlas de explosiones, y se duplicaban o triplicaban para garantizar la continuidad de las comunicaciones en todo momento. Esto permitía una comunicación segura y permanente, manteniendo a todos informados sobre la situación en el frente y facilitando la recepción de órdenes de repliegue y otras maniobras tácticas, lo que ayudaba a retrasar los avances enemigos.

Tras la Guerra de Malvinas 🇦🇷 y con el paso de los años, las Fuerzas Armadas fueron modernizando su equipamiento de radio y comunicaciones, incorporando sistemas de cifrado y encriptación. La antigua y conocida AN/PRC-77 quedó relegada a ejercicios y campañas de entrenamiento.






viernes, 9 de enero de 2026

El derrotero del HMS Conqueror antes de hundir al Belgrano




¿Algún submarinista por aquí? Como ex RP, para nosotros un “datum mark” es la última posición conocida o la mejor estimada de un submarino. Al leer estos documentos publicados, el capitán del Conqueror menciona que ha dejado un datum; parece ser una táctica de distracción. ¿Alguien podría explicar esto, por favor? ¿Un submarino deja algo atrás para emitir una señal que confunda a los barcos atacantes?

lunes, 5 de enero de 2026

Malvinas: La enorme logística naval de la campaña inglesa


Los buques de la fuerza de tareas de la Marina Real Británica reunidos frente a la Isla Ascensión parten hacia las Malvinas. La Isla Ascensión, adquirida por Gran Bretaña en la época del exilio de Napoleón en la cercana Santa Elena, resultó ser el ingrediente necesario para que Gran Bretaña pudiera llevar adelante su conflicto con Argentina por las Malvinas.

‘Milagro logístico’

El comandante conjunto de logística de la Marina Real en la isla Ascensión, lugar de escala de la Guerra de las Malvinas, nos cuenta sus recuerdos.
Por el capitán Peter Hore, Marina Real (retirado) || Naval Institute



En marzo de 1982, me eligieron para el ascenso a comandante y, como nombramiento temporal, dirigía un estudio sobre la dotación de una nueva clase de buques de guerra (el Tipo 23) y visitaba con frecuencia los edificios históricos del Almirantazgo, donde se alojaban los departamentos de personal de la Marina Real. Por las noches, solía beber una o dos copas de jerez con otro oficial que compartía mi interés por Sudamérica. Él había visitado las Islas Malvinas en una fragata y se había casado con una mujer angloargentina; yo había visitado Argentina dos veces en barco y, en 1971, había liderado una expedición en Land Rover desde Valparaíso, Chile, pasando por Puerto Montt, a través de los Andes hasta Buenos Aires. Ambos hablábamos español y yo tenía muchos amigos en ese hermoso país.

De manera totalmente inapropiada, nos habíamos incluido en el grupo de indicadores de entrega de señales sobre la creciente crisis en el Atlántico Sur, y nadie pensó que fuera extraño entregar mensajes altamente clasificados (por ejemplo, del capitán Nick Barker en el buque de patrulla antártica HMS Endurance) a dos oficiales de rango medio en los oscuros áticos del Almirantazgo. Allí leíamos y analizábamos las señales con avidez. Para nosotros estaba claro que algo bastante extraordinario estaba sucediendo en Georgia del Sur, y que una invasión argentina de las Malvinas parecía obvia e inevitable.

No sabíamos que, al otro lado de la calle, en el edificio principal del Ministerio de Defensa, no había una apreciación similar de la inteligencia. Después de la guerra, leí el informe de Lord Franks, a quien el gobierno había encargado que investigara qué presagios previos había habido del conflicto inminente. Franks concluyó que el gobierno británico no había sido advertido de la decisión de la junta en Buenos Aires de invadir las islas y que “la invasión de las Islas Malvinas el 2 de abril no podía haberse previsto”. Me quedaría atónito al leer esto. 1

Sin embargo, la tarde del jueves 31 de marzo, no me sorprendió que me asignaran para unirme al Grupo Asesor de Emergencias Navales el lunes siguiente por la mañana. Entregué las conclusiones del estudio en el que había estado trabajando al grupo de mecanógrafos, con la esperanza de firmarlo la semana siguiente y entregarlo; nunca volví a ver ese informe.

Viaje en frío a un lugar caluroso

Cuando llegué a casa en Devon, me llegaron nuevas órdenes por teléfono: debía estar preparado para viajar al extranjero. El orador no podía decirme en una línea abierta dónde ni cuál era la tarea, pero debía estar preparado para pasar mucho frío durante el viaje y llegar a un lugar muy cálido. Eso me sonó como un vuelo a gran altura en un transporte C-130 Hércules a algún lugar cerca del ecuador. Una rápida mirada al atlas, usando mis dedos bífidos como divisores para medir las distancias, me dio una pista, y el viernes por la tarde visité la biblioteca local en Kingsbridge para obtener lo que pudiera sobre mi probable destino. Había tres líneas en un gran diccionario geográfico sobre la Isla Ascensión, y me fui a casa a preparar mi uniforme blanco tropical.

Recuerdo claramente que el sábado por la mañana escuché la BBC y el debate en la Cámara de los Comunes, que había sido convocado especialmente. El ministro del gobierno que estaba hablando sabía menos que yo por mi lectura de las señales unos días antes, y parecía no darse cuenta de la diferencia de zonas horarias entre Londres y las Malvinas. Más tarde ese día, un automóvil me recogió y me llevaron a Northwood, donde me llevaron a "el agujero", el cuartel general subterráneo, para reunirme con el Comandante en Jefe de la Flota, el almirante Sir John Fieldhouse, en la estrecha habitación que sería suya en caso de una guerra nuclear.

Sir John dijo: "Ah, Peter, vas a la Isla Ascensión".

“Sí, señor”, respondí, inclinándome hacia delante para captar sus palabras suaves.

“Quiero que vayas allí y hagas que las cosas funcionen”, dijo, mirándome fijamente, mientras esperaba que dijera algo más, preguntándome qué consejo seguiría. En cambio, después de un momento, me hizo un gesto con la cabeza y me di cuenta de que ésa era mi instrucción.

“¡Sí, sí, señor!”, respondí. Mucho después, cuando me convertí en el Jefe de Estudios de Defensa de la Marina Real, recordaría ese intercambio de palabras como un buen ejemplo de Auftragstaktik, es decir, tácticas de mando de misión centradas en el resultado en lugar de los medios.

‘El entorno más hostil’



El requisito original señalado no era ambicioso, y solo indicaba que existía la probabilidad de pasar pequeñas cantidades de carga transportable por aire que se necesitaba con urgencia a través de una estación de carga aérea temporal en Ascensión. El mayor general retirado del ejército estadounidense Kenneth L. Privratsky, en el único estudio completo sobre la logística de la Guerra de las Malvinas de 1982, describió cómo cinco oficiales y 20 hombres llegaron a la isla durante el primer fin de semana del conflicto.2

Dirigí la unidad logística avanzada de la Marina Real. Mi primera tarea fue un reconocimiento de la isla y sus instalaciones. La isla Ascensión está bien descrita en la historia oficial: 38 millas cuadradas del entorno más hostil que uno pueda imaginar.3 El paisaje de pesadilla consiste en ceniza volcánica y polvo, escoria, rocas rotas y flujos de lava. La isla es geológicamente joven y la roca ha tenido poco tiempo para erosionarse, y me sorprendió la agudeza de la roca, aparentemente recién extraída de una cantera. Situada a 8 grados al sur y 14 grados al oeste en los vientos alisios, la isla tiene una temperatura de aproximadamente 65 a 70 grados Fahrenheit durante todo el año, y una brisa predominante del sudeste sopla a unos 18 nudos durante 364 días del año. A nivel del mar hay unos seis pulgadas de lluvia anual. En el camino, tuve tiempo de leer las Instrucciones de Navegación del Almirantazgo, que me indicaban que esta lluvia cae en forma de chubascos o lloviznas ligeras, pero a principios de 1982, gran parte de ella cayó en forma de fuertes lluvias tropicales que causaron inundaciones repentinas y grandes charcos de agua que se evaporaron rápidamente.

En cambio, Green Mountain, que se eleva a casi 3000 pies en el centro de la isla, tiene unos 20 pulgadas de lluvia. Antes, el agua se almacenaba en cuencas, pero en 1982 estas ya no se utilizaban. En las laderas superiores de la montaña había una granja abandonada, un intento de Cable & Wireless Ltd. de proporcionar carne y verduras frescas. El aspecto verde de Green Mountain contrasta marcadamente con la aridez de las laderas inferiores. Algunas bahías tienen playas de arena blanca y suave, pero con una pendiente prohibitiva y rodeadas de rocas afiladas. En toda la isla, el oleaje inesperado, la fuerte resaca y la presencia de mar abierto, por no hablar de la voraz vida marina (peces negros, morenas, tiburones), desaniman a los nadadores.

Desde su descubrimiento en 1501 hasta 1815, ninguna nación reclamó Ascension, cuando la descubrieron y la acudieron a guarnecerla los marines reales para impedir cualquier intento de rescate francés de Napoleón, que se encontraba exiliado en Santa Elena, a 1.120 kilómetros de distancia. La isla fue una de las “fragatas de piedra” del Almirantazgo, la HMS Ascension, hasta 1922, cuando el control pasó a manos de la Eastern Telegraph Company.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos obtuvo un contrato de arrendamiento de partes de la isla, el 38.º Batallón de Ingenieros de Combate del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos construyó una pista de aterrizaje. El 15 de junio de 1942, el primer avión que aterrizó en Ascensión fue un biplano Swordfish en una misión de reconocimiento antisubmarino, que volaba desde el portaaviones de escolta HMS Archer, uno de los llamados portaaviones Woolworth.4

La escasa población de un peñón remoto

En 1982, los residentes temporales de Ascensión eran todos empleados o contratistas de empresas británicas y agencias estadounidenses que trabajaban en la isla, por ejemplo, Government Communication Headquarters (GCHQ), Cable & Wireless, BBC, Pan Am, South Africa Cable, NASA, NSA, etc. En total, eran unas 1.000 personas, incluidas 58 familias europeas y 600 trabajadores contratados de Santa Elena, entre los que había unos 200 escolares y unos 200 civiles estadounidenses no acompañados. A menos que estuviera empleado por una de las empresas o por miembros de las Fuerzas de Su Majestad en servicio activo, no se permitía la entrada a la isla a nadie más.

La naturaleza de la base estadounidense en Ascensión fue muy mal entendida. Las mismas palabras evocaban visiones de hectáreas de pista, varias opciones de clubes, un gran PX y recursos ilimitados. Nada podría estar más lejos de la realidad. Parte del campo de pruebas oriental de EE. UU., “Wideawake” tenía un complemento uniformado de una sola persona, el comandante de la base, un teniente coronel. La misión de EE. UU. era rastrear los numerosos satélites que volaban sobre la isla; había una pista de 10.000 pies y la actividad normal era de dos o tres aviones cada quince días. La isla es territorio británico soberano; el aeródromo y las instalaciones asociadas fueron arrendadas por Estados Unidos, que estaba obligado por el tratado a proporcionar apoyo logístico a los británicos.

Todos los servicios eran administrados bajo contrato por Pan Am, pero ciertamente no había base en ningún sentido operativo. En palabras del despacho oficial del almirante Fieldhouse, Ascensión estaba en gran parte desprovista de todos los recursos y poseía “un respaldo técnico y nacional totalmente inadecuado”. Como escribió el contralmirante de la Marina Real John “Sandy” Woodward, sería una “tremenda improvisación en muy poco tiempo [ya que] Ascension se transformó de una estación de comunicaciones y seguimiento de los EE. UU. en una flota avanzada y una base aérea en cuestión de días”. 5


Los bombarderos estratégicos Handley Page Victor en la isla Ascensión se preparan para la guerra. Durante el conflicto de las Malvinas, el aeródromo “Wideawake” de la isla se convirtió en el más concurrido del mundo, como lo confirmó el gerente en el lugar de Pan Am, Don Coffey (abajo del grupo, con la mano en la nuca). Izquierda: Alamy; Derecha: Cortesía del autor


De equipos diversos, una gran acumulación

La acumulación de la base de operaciones avanzada en Ascension de 25 oficiales y hombres durante el primer fin de semana a 800 personas después de tres

El proceso de formación, que llegó a un máximo de 1.400, incluidos los tránsitos, se desarrolló en tres fases superpuestas. La fase inicial estuvo marcada por las crisis que se desarrollaron internamente en la Ascensión, la segunda fue una fase de operaciones intensas y la fase final fue una fase de ampliación de horizontes antes de que la organización fuera entregada a mediados de julio a la Real Fuerza Aérea (RAF) tras la victoria en las Malvinas.

Lo notable es que la organización se desarrolló y funcionó sin órdenes escritas durante varias semanas, pero logró fusionar con éxito unidades diversas, muchas de cuyo personal no tenían experiencia en operaciones triservicio. Aunque se revelaron diferencias entre los servicios en cuanto a actitud y dotación, la fuerza de la personalidad, los objetivos claros y las reuniones informativas diarias y regulares unieron a los equipos.

Por supuesto, mucho dependía de la buena voluntad, de la que había abundancia entre todos, y no menos entre el director de Pan Am, Don Coffey, cuyos recursos e ingenio lo convirtieron en el jugador clave del lado estadounidense.6

Un descubrimiento temprano fue que, aunque el plan de refuerzo para la isla Ascensión había sido revisado recientemente en Londres, no había sido revisado por las autoridades de la isla, y el contenido era inexacto y en gran medida irrelevante. Cuando desembarqué de mi Hércules, un representante del GCHQ me puso en las manos un fajo de señales urgentes. La organización que se desarrolló rápidamente era triple: primero, operaciones navales, incluidos todos los aviones de ala giratoria; segundo, operaciones de la RAF, que en particular abarcaban los tremendos logros del mando de transporte de la RAF; y tercero, logística.

Al mediodía del 6 de abril, cuando el capitán Bob McQueen llegó como comandante de la Unidad de Apoyo de las Fuerzas Británicas, la base había estado operando continuamente durante muchas horas. Tres helicópteros Lynx estaban volando y dos helicópteros Wessex se preparaban para el aterrizaje. En Clarence Bay, la flota auxiliar Fort Austin estaba siendo cargada en barcazas. Los aviones de transporte Hércules llegaban regularmente, unos seis u ocho por día, pero había poco control sobre el flujo de hombres y carga, y las unidades e individuos llevaban consigo cualquier equipo que ellos o sus comandantes consideraran necesario. El 21 de abril, noté que hubo 300 movimientos de helicópteros que involucraban a 300 pasajeros y 400.000 libras de carga.



Flota logística ad hoc: STUFT (buques retirados del comercio) se reúnen frente al puerto de Ascension. Foto cortesía del autor

Después de que Fort Austin zarpara, se convirtió en una necesidad urgente reducir los riesgos en el aeródromo mediante la creación de un depósito de municiones exclusivo. Se encontró un sitio ideal en un valle remoto, pero el único acceso era a lo largo de una pista propensa a inundaciones repentinas. Esto dio lugar a una demanda inusual de suministros: solicité un tubo de 6 metros de largo y 1,20 metros de diámetro, capaz de soportar un peso por eje de 10 toneladas, que pudiera utilizarse como conducto bajo una carretera improvisada. El tubo llegó en los dos días siguientes a la demanda y pronto se transportaron las municiones en remolques lejos de su desagradable proximidad al combustible, los aviones y los vehículos y hacia una sombra temporal. 7

Se formó un fondo de transporte requisando los vehículos de la unidad a medida que se descargaban del Hércules. En los primeros días, el oficial al mando de los Royal Marines, el 845.º Escuadrón Aéreo Naval, dirigía el fondo, y los conductores voluntarios más conspicuos eran un grupo de jóvenes oficiales médicos que esperaban para unirse a los barcos. Cuando los vehículos del fondo de transporte se agotaron, los grupos de asalto nocturnos quitaron las espoletas de los vehículos estacionados, obligando así a los posibles poseedores a pedir ayuda al oficial de transporte, quien inmediatamente requisaba las llaves.

El alojamiento de Pan Am tenía capacidad para unos 200 hombres. Un campamento en English Bay, que había sido utilizado por los señaleros de la RAF después de la Segunda Guerra Mundial y por los trabajadores contratados de las Indias Occidentales más tarde, proporcionó un techo para unos 50 hombres más. Las unidades compartieron tiendas de campaña y raciones, y se establecieron cocinas de campaña. Afortunadamente, la Marina Real realiza regularmente ejercicios de instalación de este tipo de cocinas como parte de su entrenamiento de socorro de emergencia. Finalmente, se instalaron tres de estas cocinas de campaña, supervisadas por un oficial de catering de la Marina Real, que alimentaron a más de 1.000 hombres al día. Durante un tiempo, las raciones eran del tipo para una sola persona las 24 horas, donadas por el 42.º Escuadrón de la RAF, lo que requería un considerable trabajo de muñeca para proporcionar comidas a granel. Sin embargo, muy pronto la Marina Real se había trasladado en contenedores refrigerados y había desembarcado suficiente comida seca para permitir una dieta variada e interesante.

Sin embargo, encontré una señal del Ministerio de Defensa aconsejándome que aprovechara al máximo las compras locales, es decir, que fuera de compras; esto fue un poco irritante, y debí estar bastante cansado cuando le dije al Ministerio de Defensa que estaba siendo realista.

“El aeródromo más transitado del mundo”

En otro momento, el oficial superior de la RAF solicitó que se detuvieran todos los movimientos de helicópteros durante una hora, cuando se esperaba la llegada de grandes aviones de ala fija procedentes del Reino Unido. A continuación, hubo una rápida conferencia entre los oficiales navales de la isla, en la que acordamos que Wideawake sería tratado como un portaaviones y que el avión no volaría.

El tiempo máximo permitido era de unos pocos minutos. Se afirma que el aeródromo de Wideawake se convirtió en el más concurrido del mundo; esto fue confirmado por Don Coffey llamando a un amigo en el aeropuerto O’Hare de Chicago. Al menos hasta principios de junio, los movimientos de helicópteros superaban a los de aviones de ala fija en una proporción de más de 5 a 1.

Los helicópteros provenían de buques de guerra visitantes, por supuesto, y de los recién llegados Wessex V del Escuadrón Aéreo Naval D Flight 845. Hay que reconocer especialmente a los jóvenes pilotos navales que volaron más horas en los primeros días de abril de lo que se podría haber esperado en un año de actividad en tiempos de paz. En Ascension no había otra opción que utilizar la única pista de aterrizaje y el espacio limitado como un portaaviones, con vuelos de ala fija y rotatoria simultáneamente con el movimiento “en cubierta” de hombres, suministros y vehículos. La ausencia de incidentes de seguridad en tierra y aire no se debió a la suerte, sino a la formación y profesionalidad de todos los que participaron.

El combustible, en particular el combustible para aviación, fue un problema persistente. Afortunadamente, las reservas de la isla para el consumo normal eran relativamente grandes, pero el lanzamiento frecuente de grandes vuelos de aeronaves necesarias para apoyar a los viejos y hambrientos de combustible bombarderos Vulcan y a los petroleros Victor en operaciones sobre el Atlántico Sur pronto agotó las reservas. El combustible debía bombearse a tierra desde los petroleros anclados en la bahía Clarence, pero el combustible bombeado desde estos barcos requería tiempo para asentarse; se estableció un nuevo parque de tanques de almohadas de tela en Wideawake, y una flota de buques cisterna aumentó las reservas, pero el combustible siempre requería una gestión cuidadosa.

Quizás el suministro más importante y ganador de la guerra que pasó por la cabeza de aire en Wideawake fueron 100 misiles Sidewinder 9L el 15 de mayo. La combinación Sea Harrier/9L jugó un papel importante en la victoria aérea sobre las Malvinas, permitiendo que los aviones de bajo nivel rechazaran docenas de misiones de ataque argentinas, reduciendo significativamente el nivel de daño sufrido por la fuerza anfibia y su pantalla protectora de buques de guerra. Las primeras fases de esta guerra aérea se habían librado con un pequeño arsenal de Sidewinder 9L, pero a mediados de mayo, el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos ordenó a la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos que rearmaran a los británicos. Yo acababa de regresar de interrogar a los prisioneros de guerra a bordo del auxiliar de la flota Tidespring cuando estos misiles adicionales llegaron a las 02:00 y fueron enviados rápidamente al sur.8



Un puesto avanzado remoto y vital: los barcos anfibios se reúnen bajo los cañones del siglo XIX de la isla Ascensión. Foto cortesía del autor.


El diablo está en los detalles (en expansión)

Mucho fue un proceso de aprendizaje y las prácticas tuvieron que desarrollarse a partir de los primeros principios. Sin embargo, a mediados de junio, la función de logística conjunta había crecido para cubrir el suministro, la comida, la atención médica, la administración, el transporte, la policía y el alojamiento, incluido el reequipamiento de los supervivientes y la repatriación de los prisioneros. Los mismos principios y procesos desarrollados para la evacuación de los supervivientes (para llegar a tiempo para las principales emisiones de noticias del Reino Unido) podrían aplicarse a la repatriación de los prisioneros de guerra (que fueron trasladados en avión en plena noche para que no pudieran observar las operaciones en Wideawake). La orden del almirante Fieldhouse de "hacer que las cosas funcionen" permaneció en primer plano en mi mente mientras establecía contratos para obtener suministros de los talleres de la BBC y Cable & Wireless, y mientras requisaba raciones de vuelo de la RAF para alimentar a la creciente población de la isla.

Fue agradable que se hayan escrito muchas palabras halagadoras sobre el "milagro logístico" que se produjo en la isla Ascensión en 1982. El comandante en jefe escribió que el capitán Bob McQueen "tenía una tarea difícil que realizar, que requería mucho tacto y trabajar bajo una enorme presión. El hecho de que haya tenido éxito fue crucial para el éxito de la operación”, y el comodoro Mike Clapp, comandante del grupo de tareas anfibias, pensó que “sin la Isla Ascensión, no habría habido Operación Corporativa”.9

Pero quizás las mejores palabras fueron para el “indomable oficial de suministros cuya influencia en el buen desarrollo de la operación fue serena y benigna”.10


Referencias


1. Oliver Franks, The Franks Report: Falkland Islands Review (London: Pimlico, 1992), 73–74.

2. Kenneth L Privratsky, Logistics in the Falklands War: A Case Study in Expeditionary Warfare (Barnsley, UK: Pen & Sword, 2014), 63.

3. Peter Hore, “Logistics Operations on Ascension Island 1982,” The Naval Review, 80 (1992): 343–44; Lawrence Freedman, The Official History of the Falklands Campaign, vol. 2, War and Diplomacy (London: Routledge, 2005) 62; and David H. Brown, The Royal Navy and The Falklands War (London: Leo Cooper, 1988), 69–70.

4. “Ascension Island: World War II.” 

5. Sandy Woodward and Patrick Robinson, One Hundred Days: The Memoirs of the Falklands Battle Group Commander (London: HarperCollins, 1992), 86.

6. Julian Thompson, 3 Commando Brigade in the South Atlantic (Barnsley, UK: Pen & Sword, 1992), 23.

7. Robert McQueen, ed., Island Base: Ascension Island in the Falklands War (Caithness, UK: Whittles Publishing, 2008), 78–79.

8. “Foreign Relations of the United States, 1981–1988, Volume XIII, Conflict in the South Atlantic, 1981–1984, Office of the Historian.” 

9. London Gazette, Despatch by Commander in Chief of the Task Force Operations in The South Atlantic: April to June 1982 (London: HMSO, 1982), 16111; M. C. Clapp and Ewen Southby-Tailyour, Amphibious Assault Falklands: The Battle of San Carlos Water (Barnsley, UK: Pen & Sword, 1994).

10. McQueen, Island Base, 32.