martes, 18 de abril de 2017

Harvey y Withington, dos británicos en el lado correcto de la contienda

Cambio de frente: cuando dos ingleses pelearon por Argentina
Harvey y Withington, que habían combatido para Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, estuvieron en el bando opuesto en 1982
Teresa Sofía Buscaglia | LA NACION


"Si me encuentro con otro inglés, lo invito a tomar una copa", bromeaba Jimmy Harvey entre sus camaradas argentinos del Escuadrón Fénix, mientras estaban en la base San Julián, preparando el despegue de sus aviones para distraer a los radares ingleses.

La Guerra de Malvinas no sólo convocó a militares y conscriptos, sino también a muchos civiles que se ofrecieron como voluntarios. "El origen del escuadrón data de 1978, cuando un grupo de aviadores civiles fuimos convocados para recibir instrucciones por un posible conflicto con Chile", explica Aldo Pignato, presidente de la organización.


El piloto Jimmy Harvey combatió para la Argentina en la Guerra de Malvinas. Foto: Crédito

Jimmy Harvey y Allan Withington eran parte de ese escuadrón. Nacidos en la Argentina, pero con familia, cultura y educación británicas, los dos veteranos pilotos habían participado de la Segunda Guerra Mundial, como voluntarios en la Royal Air Force (RAF), en su juventud. "Jimmy no quería hablar de la Guerra Mundial. Había sido muy doloroso para él ver tanta destrucción y muerte", recuerda hoy Lillian Harvey, su viuda.

Tito Withington tampoco hablaba de sus años en la RAF, donde tuvo misiones muy audaces. "Le tocó sobrevolar la casa de vacaciones de Hitler y distraer los radares alemanes con papelitos metálicos que los confundían y les hacían perder precisión", cuenta Claudio Meunier, investigador y autor de los libros Alas de trueno y Nacidos con honor, que documentan esta historia.

Nacidos en la década del 20, la formación de estos dos angloargentinos había sido similar, pero en lugares muy diferentes. Harvey pasó su escolaridad pupilo entre Londres y Buenos Aires, y Withington vivió su infancia en el campo. La Guerra Mundial los igualó y les dejó las mismas heridas. Ambos regresaron a la Argentina y comenzaron a trabajar como pilotos civiles. Formaron parte del nacimiento de Aerolíneas Argentinas y Austral, donde fueron maestros de pilotos hasta su jubilación. Al retirarse, en los años 70, se dedicaron a la aviación privada.

El año 1982 los volvió a reunir. Nuevamente una guerra. Aviadores veteranos y muy conocedores de la mentalidad británica, los dos acudieron al llamado de las Fuerzas Armadas, sabiendo que las chances de ganar eran utópicas.

"Ellos quisieron participar de Malvinas, aunque les ofrecí eximirlos de esa obligación. Recuerdo muy bien que al elegir el avión Lear Jet LR 24 que volaba Jimmy, lo llamé por teléfono y le sugerí que podía «bajarlo» de ese compromiso, pero pidió que me olvidara de eso y que lo convocara. Me dijo: «Yo soy argentino, Jorge, y las islas son argentinas. Esa vieja Thatcher está loca, y quiero participar»", recuerda Jorge Páez, capitán retirado de la Fuerza Aérea y fundador del Escuadrón Fénix.

Tarea de distracción

Este grupo de aviadores civiles recibía un grado militar y tenía varias tareas: retransmisión en vuelo, exploración y reconocimiento, búsqueda y salvamento, guiado de escuadrillas y, las más arriesgadas de todas, las "maniobras de diversión". En la jerga aeronáutica significaba que los aviones podían adquirir tanta velocidad que lograban semejarse a aeronaves de combate y confundir a los radares ingleses. Así los mantenían en alarma permanente y los desgastaban. Mientras tanto, las fuerzas argentinas aprovechaban a incursionar en el área de combate y derribar objetivos enemigos.

"Los Lear Jet no tenían armamentos ni asientos eyectables. En caso de ser detectados por los ingleses, los pilotos no podían hacer nada. Su salvación quedaba en manos de su destreza y las maniobras evasivas que pudieran realizar", agrega el autor Meunier.

Si bien se sentían argentinos, Tito y Jimmy no podían despegarse de su origen británico, y todos sabían que su heroísmo era doblemente valioso, porque lideraban misiones casi suicidas para enfrentar a un enemigo, por el cual habían arriesgado sus vidas cuatro décadas atrás. "No podemos ganar, pero tampoco podemos dejar que mueran todos tan impunemente, nos dijo a sus siete hijos antes de partir a Malvinas", recuerda Cecilia Withington, su hija.

Tanto Harvey como él sabían que esta guerra era una decisión alocada de una dictadura en decadencia, pero comenzado el conflicto sintieron que su obligación era acompañar y aportar su experiencia a todos esos hombres que habían ido a combatir por una causa que sentían en su corazón como justa y digna.

"Si los ingleses pisan las islas, perdemos la guerra", le dijo Jimmy a sus superiores. No lo escucharon, y llegó la derrota. Los dos la sufrieron mucho, pero aún más les dolió la indiferencia de una sociedad que no pudo separar a los que dieron su vida en Malvinas con los que formaron parte de la dictadura. "Cuando regresó, Jimmy no era el mismo. Estaba callado, muy cansado, nunca quiso hablar de Malvinas. No le gustaba ir a los homenajes ni a las reuniones. La derrota lo había entristecido", relata Lillian Harvey, su viuda. Su esposo murió en 2003.

Tito Withington, que murió en 2009, sí participaba activamente en las reuniones y los actos del Escuadrón Fénix, en cada aniversario de Malvinas. De parte del Estado argentino recibió sólo dos medallas conmemorativas por su participación. "Irónicamente, 20 años después de Malvinas, en Inglaterra fue condecorado por su voluntariosa participación en la Segunda Guerra Mundial. Se hizo una ceremonia muy emotiva y se rindió homenaje a los voluntarios argentinos que se habían alistado y habían participado en ella", revela Cecilia, al recordar a su padre.

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