martes, 6 de octubre de 2026

Comandos argentinos y británicos

Comandos argentinos y británicos: Dos trayectorias profesionales válidas

Resumen sacado del libro "Comandos en Malvinas-La otra historia", capítulo "Análisis de las operaciones". Disponible en papel y e-book en Amazon.



Pero esa no es la única diferencia. Si observamos a los jefes de patrulla, vemos que, con algunos años de diferencia, tanto argentinos como británicos rondaban una década de servicio activo. La diferencia principal no estaba necesariamente en la vocación, el valor personal o la capacidad de mando, sino en el tipo de experiencia acumulada durante esos años y en las oportunidades profesionales que cada sistema militar les había ofrecido.

En el caso argentino, muchos oficiales habían desarrollado su carrera pasando por distintos regimientos, cumpliendo funciones de mando, instrucción, vida de cuartel y ejercicios periódicos. Era una formación propia del Ejército Argentino de la época, marcada por una estructura más convencional y por una preparación orientada, en gran medida, al marco doctrinario disponible. Algunos de ellos, además, habían realizado cursos exigentes, como el curso de comandos, y llegaban a Malvinas con una sólida voluntad de combate, sentido de responsabilidad y compromiso con sus hombres.

Del lado británico, especialmente entre los suboficiales del SAS y del SBS, el recorrido profesional solía ser distinto. Muchos de ellos habían pasado por unidades con alta rotación operativa, despliegues reales, entrenamientos internacionales y ejercicios conjuntos con fuerzas especiales de otros países. Esa acumulación de experiencias les daba una ventaja práctica importante, sobre todo en operaciones especiales, patrullas de largo alcance, infiltración, reconocimiento y combate en ambientes diversos.

Podemos verlo a través de dos ejemplos ya mencionados. Por un lado, el capitán Vercesi, jefe de una patrulla de trece hombres de la 1.ª Sección de la Compañía de Comandos 602. Vercesi egresó del Colegio Militar como subteniente en 1971 y, a lo largo de su carrera, pasó por el Regimiento 2 de Paracaidistas, el Regimiento 3, el Regimiento 21 de Montaña y, antes de Malvinas, por la Policía Militar de Córdoba. En ese periodo realizó el curso de comandos, en 1975. Su trayectoria muestra a un oficial formado dentro de la estructura argentina, con experiencia en distintas unidades y con preparación específica, aunque dentro de un sistema que ofrecía menos oportunidades de despliegue operativo real que el británico.

Por otro lado, el sargento Ratcliffe, quien lideró primero dos patrullas de cuatro hombres y luego patrullas de las Secciones 18 y 19. Tras superar la selección para el Regimiento Paracaidista británico en 1970, sirvió dos años en el 1 PARA. Luego de operar en Irlanda del Norte, en 1972 superó la selección del SAS y fue destinado al Escuadrón D. Durante los diez años previos a Malvinas, combatió en la rebelión de Dhofar, en Omán, volvió a servir en Irlanda del Norte y realizó cursos en distintas especialidades. También participó en ciclos de instrucción en escenarios muy diversos: las selvas de Brunéi, los desiertos de Arabia Saudí, Estados Unidos, las sabanas de Kenia y varios países europeos. Además, entrenó junto a unidades de operaciones especiales norteamericanas, griegas, australianas, alemanas, francesas y de otras naciones.

Como ejemplo del SBS puede citarse al sargento Hunt (foto), fallecido en un contacto fratricida con el SAS en el monte Vernet (:D). Hunt ingresó como marine en 1972, sirvió en una sección de reconocimiento de un commando, realizó el curso ML2 con el M&AW y posteriormente pasó al SBS. Para el momento de Malvinas, acumulaba despliegues invernales en Noruega, comisiones en Belice e Irlanda del Norte y ejercicios con numerosas unidades extranjeras.

La comparación, entonces, no debería plantearse como una oposición entre “comandos auténticos” y “comandos de menor valor”. Esa mirada simplifica demasiado y termina siendo injusta. Los hombres de ambos lados eran soldados profesionales, sometidos a exigencias reales, con responsabilidades concretas y expuestos a decisiones de vida o muerte. La diferencia fundamental estuvo en la profundidad y continuidad de la experiencia operativa previa. Las fuerzas especiales británicas llegaban con una práctica internacional y una cultura de operaciones especiales muy consolidada. Los comandos argentinos, en cambio, debieron afrontar la guerra con coraje y profesionalismo, pero dentro de las limitaciones propias de su preparación, sus medios, su doctrina y el contexto estratégico en el que fueron enviados al combate.

Eso no elimina los errores, ni de un lado ni del otro. Los británicos también cometieron fallos, sufrieron confusiones, bajas propias y episodios trágicos, como el fuego fratricida en el que murió Hunt. Los argentinos, por su parte, tuvieron aciertos, actos de iniciativa, sacrificio y conducción efectiva, aunque también debieron enfrentar carencias de preparación específica, coordinación y experiencia operativa acumulada.

En definitiva, la experiencia británica era claramente superior en términos de despliegue, entrenamiento internacional y práctica en operaciones especiales. Pero esa superioridad no convierte automáticamente a unos en profesionales y a otros en improvisados. Más bien muestra dos realidades militares distintas enfrentadas en una misma guerra: una fuerza con larga continuidad operativa en el mundo de las operaciones especiales, y otra compuesta por hombres que, con preparación más limitada y menos experiencia real, asumieron igualmente su misión con seriedad, valentía y sentido del deber.

En la foto de la izquierda, el capitán Vercesi; a la derecha, el sargento Hunt.



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