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viernes, 30 de octubre de 2026

Reino Undido pierde su principal activo antártico y corta clavos viendo la reacción argentina

La avería del HMS Protector abre un vacío en la presencia naval británica en el Atlántico Sur: Londres evita responder sobre Argentina




La Royal Navy enfrenta un nuevo problema operativo en el Atlántico Sur tras quedar fuera de servicio el HMS Protector (A173), su único patrullero militar especializado en operaciones polares. El buque sufrió una importante avería mecánica y debió ser remolcado hasta la base naval de Devonport el 13 de octubre, frustrando su despliegue durante la campaña antártica 2026/27.

La ausencia del Protector afecta una capacidad específica de la presencia británica en la región. El buque realizaba patrullas, relevamientos hidrográficos, transporte y apoyo logístico en aguas antárticas y subantárticas. Su inmovilización obliga a Londres a reorganizar esas actividades mientras determina la gravedad de la avería y los plazos necesarios para recuperar la unidad.

El problema coincide con la partida, el 21 de octubre, del buque científico RRS Sir David Attenborough hacia las Orcadas del Sur, con una escala prevista en Montevideo para el 10 de noviembre. Esta embarcación deberá absorber parte de las responsabilidades logísticas que habitualmente compartía con el Protector, reduciendo potencialmente el tiempo disponible para sus investigaciones oceanográficas. Sin embargo, por su naturaleza civil, no puede sustituir las funciones militares del patrullero averiado.

La solución británica, al menos provisionalmente, consiste en redistribuir responsabilidades entre los medios disponibles. El HMS Medway continuará cumpliendo funciones de patrulla alrededor de Malvinas, mientras los aviones A400M Atlas y Voyager, operados desde Monte Agradable, sostendrán parte del dispositivo logístico y de transporte. La defensa del archipiélago seguirá descansando sobre los cazas Typhoon, los sistemas antiaéreos y las fuerzas terrestres desplegadas.

A más largo plazo, Londres contempla la incorporación de un nuevo buque polar mediante el Proyecto Shackleton, aunque todavía no existe un cronograma confirmado para su entrada en servicio.

La situación provocó una intervención parlamentaria del diputado conservador Ben Obese-Jecty, quien solicitó al Ministerio de Defensa evaluar si la ausencia del Protector podría modificar la postura argentina en el Atlántico Sur.

El 26 de octubre, la ministra Louise Sandher-Jones respondió que el Reino Unido mantiene una presencia militar defensiva robusta y suficiente en Malvinas, sometida a revisión permanente. Sin embargo, evitó responder específicamente si la pérdida de su capacidad de patrulla polar podría influir en las decisiones estratégicas de Buenos Aires.

Para Argentina, la avería constituye una reducción temporal de la capacidad británica de operar militarmente en aguas polares, pero no implica por sí misma una modificación sustancial del dispositivo defensivo instalado en Malvinas. Tampoco existen elementos en la respuesta parlamentaria que permitan identificar cambios concretos en la postura militar argentina.



Buenos Aires mantiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y sus espacios marítimos correspondientes. Además, ha cuestionado las navegaciones del RRS Sir David Attenborough bajo una matrícula expedida por la administración británica de Puerto Argentino, cuya legitimidad desconoce.

La cuestión pendiente para Londres no es solamente cuánto tardará en recuperar al HMS Protector, sino cómo sostendrá simultáneamente sus compromisos militares, logísticos y antárticos sin disponer de su única plataforma naval de patrulla polar. Para Argentina, mientras tanto, la principal dimensión de esta situación continúa siendo diplomática y estratégica, sin que se hayan documentado decisiones militares vinculadas directamente con la avería británica.



sábado, 24 de octubre de 2026

El miedo de Gran Bretaña por los 24 F-16s

¿Se prepara Argentina para una segunda guerra de las Malvinas con la compra de cazas F-16?

Por: Peter Suciu || The National Interest

Resumen y puntos clave: La compra por parte de Argentina de 24 F-16 usados a Dinamarca, un acuerdo aprobado por Estados Unidos para evitar que Buenos Aires recurra a China para obtener armamento militar, ha suscitado la preocupación de un posible nuevo conflicto en las Malvinas.



F-16

  • - En la Guerra de las Malvinas de 1982, Argentina se apoderó brevemente del territorio británico antes de perderlo en una humillante derrota.
  • - Sin embargo, a pesar de la modernización de la fuerza aérea argentina, su ejército sigue careciendo de fondos suficientes, y las Malvinas ahora están fuertemente defendidas por las fuerzas británicas.
  • freestar
  • - Si bien pueden producirse amenazas, es improbable una invasión. Cualquier conflicto que involucre a los F-16 de fabricación estadounidense y los F-35B británicos podría perjudicar los intereses de Washington y la reputación de Lockheed Martin. 


La compra de F-16 por parte de Argentina genera preocupación por una nueva guerra en las Malvinas

A principios de este verano, cuando Argentina anunció su intención de comprar cazas F-16 Fighting Falcon de segunda mano, fabricados en Estados Unidos, a Dinamarca, miembro de la OTAN, surgió la preocupación de que Buenos Aires pudiera estar preparándose para una nueva guerra en las Malvinas.

Para quienes tengan poca memoria, hace 42 años, la primavera pasada, Argentina se apoderó brevemente del archipiélago del Atlántico Sur, territorio británico de ultramar. Los británicos controlan las islas desde 1833, pero Argentina mantiene sus reivindicaciones sobre las Malvinas como motivo de orgullo. Y aunque un referéndum de soberanía celebrado en 2013 determinó que casi la totalidad de los habitantes de las Malvinas votaron a favor de seguir siendo territorio británico de ultramar, su estatus de soberanía es el núcleo de una disputa continua en el Reino Unido.

En abril de 1982, Argentina tomó la isla por la fuerza y, posteriormente, perdió una breve pero humillante guerra contra el Reino Unido. El conflicto fue comparado con las "Pequeñas Guerras de la Reina Victoria" del siglo XIX, libradas con armamento del siglo XX. Puede que el Reino Unido ya no fuera la mayor de las grandes potencias mundiales, y Argentina distaba mucho de ser las fuerzas de segunda categoría contra las que el ejército británico combatía en todo el mundo; sin embargo, el Reino Unido contaba con una ventaja en cuanto a mayor capacidad naval y, en particular, en la aviación de combate.


F-16

La situación podría ser considerablemente diferente, ya que Argentina está adquiriendo los F-16 mencionados, cuya compra Washington autorizó a Buenos Aires para asegurar que Argentina no recurra a China en busca de armamento. En un acuerdo valorado en 300 millones de dólares, Dinamarca venderá a la nación sudamericana 24 de sus F-16.

La Guerra de las Malvinas 2.0 sería una pesadilla para Estados Unidos.

Lo último que Estados Unidos querría es ver a dos de sus socios enfrentarse a golpes por unas islas que pocos estadounidenses (incluida, sin duda, Marjorie Taylor Greene) pueden localizar en un mapa. Como se ha señalado, Washington está ansioso por asegurarse de que Buenos Aires no recurra a Pekín para obtener su armamento militar.

Al mismo tiempo, Estados Unidos no necesita ver al HMS Queen Elizabeth de la Marina Real británica entrar en combate con los F-35B para intentar derribar esos F-16. Dado que Lockheed Martin produce ambos aviones, ¡no querría en absoluto que se produjera semejante escenario!

En la Guerra Fría, vender armas a ambos bandos en un conflicto era beneficioso para los negocios. En el siglo XXI, sería un desastre. Si los F-35 y los sistemas de defensa aérea británicos destruyeran a los F-16, sugeriría que el Fighting Falcon no es un avión de guerra del siglo XXI. Si incluso un solo F-35 fuera derribado, ¡Lockheed Martin podría ver cómo sus futuras ventas se desplomaban con él!

Londres minimiza las preocupaciones

Afortunadamente, la serenidad prevalecerá. Como mucho, Buenos Aires probablemente seguirá el ejemplo de Pekín y afirmará con vehemencia que las islas serán devueltas al control continental, incluso por la fuerza si es necesario. Ese día podría llegar, pero no pronto.

Como informó el UK Defence Journal: «Si bien la adquisición refuerza la fuerza aérea del país en teoría, Argentina aún está lejos de representar una amenaza seria para las Islas Malvinas. Una combinación de equipo obsoleto, recursos limitados y restricciones diplomáticas continúa frenándola».

Se necesitarán más de dos docenas de F-16 usados ​​para tomar las islas, que ahora están mucho más defendidas que en la primavera de 1982.

«Con 1500 efectivos estacionados permanentemente allí, junto con las patrullas de la Marina Real Británica y la superioridad aérea de la RAF, la defensa de la isla probablemente sería lo suficientemente robusta como para repeler cualquier invasión anfibia hasta la llegada de refuerzos».

El periódico británico Express sugirió: «La compra de aeronaves no contribuye a reforzar la capacidad de las fuerzas terrestres, que durante años han estado infrafinanciadas y mal entrenadas».

El ejército argentino depende de equipo de la década de 1970 y cuenta con una armada aún más anticuada que su fuerza aérea. Las Malvinas se encuentran a 480 kilómetros de la costa argentina, y una invasión anfibia es simplemente impensable. La invasión de 1982 pretendía fortalecer el gobierno del presidente argentino Leopoldo Fortunato Galtieri Castelli, pero en realidad condujo a su caída. Es dudoso que Argentina vuelva a correr semejante riesgo, incluso con F-16 en su arsenal.

viernes, 16 de octubre de 2026

La evolución de la población kelper

Malvinas: La historia de una población trasplantada contada desde sus propios censos




Tras la ocupación británica de 1833, los primeros recuentos registraron entre 22 y 36 residentes. Todo lo que vino después fue población traída desde afuera: 287 personas en 1851, 2.043 en 1901. Un crecimiento cercano al 4% anual, impulsado por la llegada de colonos y peones para la explotación lanera.

En el siglo XX esa población no logró sostenerse. Entre 1931 y 1980 cayó de 2.392 a 1.813 habitantes. Nacían el doble de los que morían, pero la emigración se llevaba todo ese excedente y más: unas 37 personas por año entre 1953 y 1972. Mientras la Argentina y casi todo Occidente crecían, Malvinas se vaciaba.

Desde 1982, el cambio se aceleró: inmigración y guarnición militar. Los nacidos en las islas eran el 80% en 1962 y el 75% en 1980. En el censo de 2021 son el 44,6%. El 55,4% nació en otro país: Reino Unido, Santa Elena, Chile, Filipinas y otros. Ni Luxemburgo, el caso extremo de Europa, llega a ese nivel (51%). En Tierra del Fuego, los nacidos en el extranjero son el 6,6%.

Entre 2017 y 2021 hubo 110 nacimientos y 111 muertes. Crecimiento natural: cero. Todo el crecimiento fue inmigración.

A eso se suma la guarnición británica, estimada entre 1.200 y 1.700 personas, frente a 3.662 residentes civiles. Contando la guarnición, los nacidos en Malvinas son cerca de un tercio de quienes hoy viven en las islas.

La demografía de Malvinas es la de una población trasplantada, que se vació durante medio siglo y que desde 1982 se sostiene con inmigración británica y presencia militar.

La única verdad es la realidad: Las Malvinas son Argentinas.

Fuentes: censos de Malvinas (Jane Cameron National Archives), Eurostat, IPIEC Tierra del Fuego, Hansard.

lunes, 12 de octubre de 2026

Entrevista a Julian Thompson: "Estamos acabados como nación"

Steven Edginton entrevista al ex-Mayor Gral. Julian Thompson


El mayor general Julian Thompson, quien comandó la 3.ª Brigada de Comandos durante la Guerra de las Malvinas, sobre la crisis de las pequeñas embarcaciones:

«Podríamos detenerlos mañana si realmente tuviéramos agallas. Yo les dispararía; lo siento, pero lo haría».

«Estamos calados hasta los huesos. Creo que va a haber una revolución».





Transcripción y traducción


Entrevistador: Vés estas imágenes de estos jóvenes en botes llegando todos los días, cientos de hombres de África y demás. ¿Cómo te hace sentir eso?

Julian Thompson: Muy enojado. Los pararía mañana mismo, si tuviéramos lo que hay que tener. Les dispararía. Perdón, pero lo haría.

Entrevistador: ¿Pensás que en tus tiempos habrían permitido que estos botes cruzaran?

Julian Thompson: No. Los habrían parado. Creo que los habrían parado. No, una soberana estupidez. Podrían pararlos re fácil.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dice de Gran Bretaña hoy en día que tengamos a cientos de miles de jóvenes cruzando ilegalmente por el Canal?

Julian Thompson: Y... que somos unos tibios. Somos unos tibios, porque dejamos que pase. Creo que con el tiempo va a haber una revolución. La gente se va a podrir de esto.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dirían tus padres y abuelos de la Inglaterra de hoy?

Julian Thompson: Estarían horrorizados. Horrorizados.

Entrevistador: Para el 2063, se prevé que los británicos blancos sean minoría en el país. ¿Qué pensás de eso?

Julian Thompson: Bastante espantoso. Toda nuestra culpa, por supuesto. Dejamos que pasara.

Entrevistador: Si le dijeras a tu papá que el alcalde de Londres es Sadiq Khan, ¿qué pensás que diría?

Julian Thompson: Diría: "No te creo".

Entrevistador: Hubo una encuesta reciente que decía que solo el 6% de los británicos se anotaría para pelear por el país. ¿Qué opinás de eso? ¿Pensás que es un cambio?

Julian Thompson: Bueno, esa encuesta también es una pelotudez, porque después decís: "Bueno, ¿y qué harías si nos invadieran? ¿Te quedarías sentado sin hacer nada?". Te diría que no lo harías. Podrás intentarlo, pero terminarías en la cárcel. Entonces, ¿cómo vas a resistir? Yo creo que resistirías. Empezarías a resistir, y después te darías cuenta de que es demasiado tarde para el carajo empezar a resistir, porque no tenés armas.

Entrevistador: Si Gran Bretaña fuera invadida hoy, ¿te anotarías si pudieras?

Julian Thompson: Sí, lo haría. Obvio que sí. Digo, ¿qué sentido tiene quedarse sentado dejando que otros te pasen por encima? ¿Que te digan qué hacer? Terminarías siendo un pueblo derrotado. Lo cual es espantoso. Digo, a mí me parecería espantoso, y a la mayoría de los británicos que conozco les parecería espantoso.

Entrevistador: ¿Qué pensás que dice del país el hecho de que tan poca gente se ofrecería como voluntaria para pelear por él?

Julian Thompson: No creo que sepan lo que dicen. Me parece que están boqueando. No saben lo que pasaría. Directamente no entienden lo que pasaría si nos dominaran.

Entrevistador: Capaz hay una falta de... como dije, hay una falta de patriotismo. Falta de interés en Inglaterra y en Gran Bretaña, una falta de conexión con la nación.

Julian Thompson: Pero seguro no tenés que estar interesado en Gran Bretaña, te interesás por vos mismo, ¿no? ¿De verdad querés estar trabajando en un campo de esclavos? ¿De verdad querés estar en un campo de concentrados? Dios mío, Dios mío... Aprenderías al toque... Podrías aprender, pero aprenderías tarde. Tendrías que salir a pelear la concha de la madre. Tendrías que hacerlo, ¿no? Dejamos que pase, somos tan tibios. Somos tibios. Dejamos que pase.

Entrevistador: ¿Pensás que con el país yendo en la dirección que va, como dije, que en las próximas décadas los británicos blancos van a ser minoría, van a venir millones de personas más y demás... pensás que seguiremos siendo Inglaterra?

Julian Thompson: No. No lo seremos.

Entrevistador: ¿Inglaterra se está muriendo como país?

Julian Thompson: Y... por el momento, sí. Creo que sí. Me da una pena bárbara pensar que este gran país, que era un país bastante bueno, me parece... Después de todo, peleamos por nosotros mismos y les dimos a estos tipos su libertad en primer lugar, a la mayoría de ellos, ¿o no?

Entrevistador: ¿Te da pena pensar que el país está... está qué?

Julian Thompson: Y... cuesta abajo. Me alegro de que no lo voy a ver. Ya voy a estar muerto.


martes, 6 de octubre de 2026

Comandos argentinos y británicos

Comandos argentinos y británicos: Dos trayectorias profesionales válidas

Resumen sacado del libro "Comandos en Malvinas-La otra historia", capítulo "Análisis de las operaciones". Disponible en papel y e-book en Amazon.



Pero esa no es la única diferencia. Si observamos a los jefes de patrulla, vemos que, con algunos años de diferencia, tanto argentinos como británicos rondaban una década de servicio activo. La diferencia principal no estaba necesariamente en la vocación, el valor personal o la capacidad de mando, sino en el tipo de experiencia acumulada durante esos años y en las oportunidades profesionales que cada sistema militar les había ofrecido.

En el caso argentino, muchos oficiales habían desarrollado su carrera pasando por distintos regimientos, cumpliendo funciones de mando, instrucción, vida de cuartel y ejercicios periódicos. Era una formación propia del Ejército Argentino de la época, marcada por una estructura más convencional y por una preparación orientada, en gran medida, al marco doctrinario disponible. Algunos de ellos, además, habían realizado cursos exigentes, como el curso de comandos, y llegaban a Malvinas con una sólida voluntad de combate, sentido de responsabilidad y compromiso con sus hombres.

Del lado británico, especialmente entre los suboficiales del SAS y del SBS, el recorrido profesional solía ser distinto. Muchos de ellos habían pasado por unidades con alta rotación operativa, despliegues reales, entrenamientos internacionales y ejercicios conjuntos con fuerzas especiales de otros países. Esa acumulación de experiencias les daba una ventaja práctica importante, sobre todo en operaciones especiales, patrullas de largo alcance, infiltración, reconocimiento y combate en ambientes diversos.

Podemos verlo a través de dos ejemplos ya mencionados. Por un lado, el capitán Vercesi, jefe de una patrulla de trece hombres de la 1.ª Sección de la Compañía de Comandos 602. Vercesi egresó del Colegio Militar como subteniente en 1971 y, a lo largo de su carrera, pasó por el Regimiento 2 de Paracaidistas, el Regimiento 3, el Regimiento 21 de Montaña y, antes de Malvinas, por la Policía Militar de Córdoba. En ese periodo realizó el curso de comandos, en 1975. Su trayectoria muestra a un oficial formado dentro de la estructura argentina, con experiencia en distintas unidades y con preparación específica, aunque dentro de un sistema que ofrecía menos oportunidades de despliegue operativo real que el británico.

Por otro lado, el sargento Ratcliffe, quien lideró primero dos patrullas de cuatro hombres y luego patrullas de las Secciones 18 y 19. Tras superar la selección para el Regimiento Paracaidista británico en 1970, sirvió dos años en el 1 PARA. Luego de operar en Irlanda del Norte, en 1972 superó la selección del SAS y fue destinado al Escuadrón D. Durante los diez años previos a Malvinas, combatió en la rebelión de Dhofar, en Omán, volvió a servir en Irlanda del Norte y realizó cursos en distintas especialidades. También participó en ciclos de instrucción en escenarios muy diversos: las selvas de Brunéi, los desiertos de Arabia Saudí, Estados Unidos, las sabanas de Kenia y varios países europeos. Además, entrenó junto a unidades de operaciones especiales norteamericanas, griegas, australianas, alemanas, francesas y de otras naciones.

Como ejemplo del SBS puede citarse al sargento Hunt (foto), fallecido en un contacto fratricida con el SAS en el monte Vernet (:D). Hunt ingresó como marine en 1972, sirvió en una sección de reconocimiento de un commando, realizó el curso ML2 con el M&AW y posteriormente pasó al SBS. Para el momento de Malvinas, acumulaba despliegues invernales en Noruega, comisiones en Belice e Irlanda del Norte y ejercicios con numerosas unidades extranjeras.

La comparación, entonces, no debería plantearse como una oposición entre “comandos auténticos” y “comandos de menor valor”. Esa mirada simplifica demasiado y termina siendo injusta. Los hombres de ambos lados eran soldados profesionales, sometidos a exigencias reales, con responsabilidades concretas y expuestos a decisiones de vida o muerte. La diferencia fundamental estuvo en la profundidad y continuidad de la experiencia operativa previa. Las fuerzas especiales británicas llegaban con una práctica internacional y una cultura de operaciones especiales muy consolidada. Los comandos argentinos, en cambio, debieron afrontar la guerra con coraje y profesionalismo, pero dentro de las limitaciones propias de su preparación, sus medios, su doctrina y el contexto estratégico en el que fueron enviados al combate.

Eso no elimina los errores, ni de un lado ni del otro. Los británicos también cometieron fallos, sufrieron confusiones, bajas propias y episodios trágicos, como el fuego fratricida en el que murió Hunt. Los argentinos, por su parte, tuvieron aciertos, actos de iniciativa, sacrificio y conducción efectiva, aunque también debieron enfrentar carencias de preparación específica, coordinación y experiencia operativa acumulada.

En definitiva, la experiencia británica era claramente superior en términos de despliegue, entrenamiento internacional y práctica en operaciones especiales. Pero esa superioridad no convierte automáticamente a unos en profesionales y a otros en improvisados. Más bien muestra dos realidades militares distintas enfrentadas en una misma guerra: una fuerza con larga continuidad operativa en el mundo de las operaciones especiales, y otra compuesta por hombres que, con preparación más limitada y menos experiencia real, asumieron igualmente su misión con seriedad, valentía y sentido del deber.

En la foto de la izquierda, el capitán Vercesi; a la derecha, el sargento Hunt.



sábado, 26 de septiembre de 2026

Malvinas: La actuación de los submarinos argentinos

Submarinos argentinos en el conflicto de las Malvinas

Alexander Mitrofanov || Top War



Submarino S-21 Santa Fe


Al estallar el conflicto armado, la Armada Argentina contaba con cuatro submarinos. Dos de ellos (el S-22 Santiago del Estero y el S-21 Santa Fe) fueron construidos en Estados Unidos en 1944 como el SS-341 Chivo y el SS-339 Catfish, respectivamente, y pertenecían a la clase Balao. Entre 1948 y 1949, el Catfish fue modernizado bajo el programa GUPPY II, y en 1961, el Chivo fue modernizado bajo el programa GUPPY IIA. En 1971, los submarinos fueron transferidos a Argentina. El Santiago del Estero fue dado de baja en 1981, y el Santa Fe corrió la misma suerte entre agosto y septiembre de 1982.



SS-339 Catfish en 1946


El SS-339 Catfish después de su modernización, 1969.


SS-339 Catfish antes y después de la actualización

La flota también incluía dos modernos submarinos Tipo 209. Estos submarinos fueron diseñados en Alemania Occidental por Ingenieurkontor Lübeck (Proyecto IK-68), y sus secciones se construyeron en los astilleros HDW en Kiel. En 1974, tras ser ensamblados en Argentina, los submarinos S-31 Salta y S-32 San Luis se incorporaron a la flota argentina. Cuando se utilizaban con destreza, estos submarinos representaban una seria amenaza. Un buen ejemplo de ello son los submarinos gemelos de la Armada peruana. Por ejemplo, durante los ejercicios interamericanos Unitas-1996, el Pisagua hundió al SSN estadounidense Narwhal seis veces, siendo siempre el primero en atacar a los buques de superficie. Y en 2001, durante los ejercicios estadounidenses-peruanos SIFOREX-2001, un submarino peruano hundió una fragata estadounidense. Desde entonces, cada año uno de los submarinos peruanos ha participado en ejercicios antisubmarinos estadounidenses en el Atlántico, con base en Norfolk.


Submarino argentino Tipo 209

Al estallar las hostilidades, solo el S-32 San Luis estaba operativo, mientras que su gemelo, el S-32 San Luis, se encontraba en reparaciones. Zarpó a mediados de abril, pero debido al excesivo ruido, nunca entró en combate. Para reemplazar a los submarinos de la clase Balao, se estaban construyendo en Alemania Occidental los submarinos S-41 Santa Cruz y S-42 San Juan según el diseño TR 1700. Los submarinistas más experimentados fueron asignados a su puesta en servicio, lo que generó ciertas dificultades para dotar de personal a los submarinos restantes. Se planeaba la construcción de cuatro submarinos más de este tipo en un astillero de Buenos Aires. Este plan, de haberse implementado, habría proporcionado a la junta militar liderada por el general Galtieri un argumento muy convincente: ocho submarinos de última generación.

Especificaciones S-21 Santa Fe S-32 San Luis
Desplazamiento, t:
superficie
sumergido
1870
2340
1248
1440
Longitud máxima, m 93.9 55.9
Máxima eslora, m 8.3 6.3
Calado medio, m 5.2 5.5
Tipo de diseño del casco doble casco casco simple
Profundidad operacional de inmersión, m 150 250 (max. 500)
Resistencia, días ? 50
Número × potencia (tipo) de motores diésel, hp 4 × ? (General Motors 16-278A) 4 × 600 (MTU 12V493AZ80)
Número  × potencia de los motores de propulsión eléctrica, hp 2 × 2400 1 × 4600
Velocidad máxima, nodos:
superficie
bajo snorkel
sumergido
18
9
15 - one hour, 6 - 34 days
10
11
22
Alcance (a velocidad, nodos), millas:
superficie
sumergido económica
10,000 (10)
95 (5)
6000 (8)
400 (4)
Torpedo armamento:
número de tubos de torpedo (proa/popa) × calibre, mm
inventario de torpedo (tipo)
10 (6/4) × 533
24 (Mk 14, Mk 37)
8 × 533
14 (SST-4, Mk 37)

Principales características tácticas y técnicas de los submarinos argentinos

Acciones del submarino "Santa Fe"


A finales de marzo de 1982, las Fuerzas Armadas Argentinas lanzaron la Operación Rosario para apoderarse de las Islas Malvinas y Georgia del Sur. Se crearon tres fuerzas navales para este propósito: una fuerza de cobertura (Fuerza Tarea 20), una fuerza de desembarco para las Malvinas (Fuerza Tarea 40) y una fuerza de desembarco para Georgia del Sur (Fuerza Tarea 60). La Fuerza Tarea 40 incluía un buque de desembarco, dos transportes, dos destructores, dos corbetas y el submarino S-21 Santa Fe. Al submarino se le asignaron dos misiones: primero, desembarcar al grupo táctico Unidad de Tareas 40.1.1, compuesto por 13 buzos de combate de fuerzas especiales navales (Agrupación de Buzos Tácticos - APBT), cerca de Cabo San Felipe (al norte de Puerto Stanley) para capturar el faro de Cabo Pembroke, el aeropuerto de Puerto Stanley (esta misión fue cancelada posteriormente) y para reconocer y marcar la zona de desembarco de las fuerzas principales (la "Zona Amarilla"); el segundo era patrullar la zona asignada.

Debido a su mal estado técnico, el valor de combate del submarino era prácticamente nulo: las baterías desgastadas requerían mucho tiempo para cargarse y limitaban el tiempo que podía permanecer sumergido, algunos de los tubos lanzatorpedos estaban inoperativos y muchos sistemas eran poco fiables. La profundidad máxima de inmersión se redujo a 120 m.

A las 23:00 del 27 de marzo, el Santa Fe, bajo el mando del capitán Horacio Bicain y un destacamento de la ARVT, comandado por el capitán Alfredo Cufré, partió de la base naval de Mar del Plata. A pesar de los fuertes vientos, la travesía transcurrió sin incidentes el 28 de marzo. Al día siguiente, aprovechando la mejora del tiempo, la ARVT realizó un ejercicio de desembarco de personas en botes inflables con un estado del mar de 2 a 3. Posteriormente, el viento aumentó a 40-50 km/h, lo que motivó la orden de retrasar el inicio de la operación 24 horas, hasta las 22:00 del 30 de abril (el desembarco se había previsto inicialmente para el 1 de abril).

El 31 de marzo, el submarino se acercó a la costa noreste de la Isla Soledad Oriental para reconocer las corrientes y determinar la zona de desembarco del ARVN. Los operadores del sonar detectaron el sonido de una hélice, y las observaciones del periscopio revelaron luces en la costa, movimiento de vehículos y la salida de un buque de Port Stanley (este buque era el A 171 Endurance de la Armada Británica, en ruta hacia Georgia del Sur).

El 1 de abril, el comandante del submarino recibió una orden para cambiar la misión de combate, según la cual el APBT debía marcar la zona de desembarco "Sección Roja" al norte de la zona de desembarco previamente planificada. A las 12:30 del 1 de abril, debido a un fallo eléctrico, el submarino quedó sin contacto por radio, y a las 17:30 los comandantes del submarino y del APBT decidieron iniciar el desembarco sin esperar contacto con el mando. Mientras se aproximaban a la costa a las 23:50, la estación de radar falló y no volvió a funcionar hasta la 1:00 a. m. El desembarco tuvo lugar al norte de Punta Celebronya, cerca de la isla Rinión. A las 2:30, el APBT comenzó a abordar tres lanchas neumáticas, que partieron de un costado y llegaron a la costa a las 2:50. A las 3:35, se completó con éxito el reconocimiento y el marcado con luces de señalización de la zona de desembarco de las fuerzas principales en la bahía de York. Poco después, el 2.º Batallón de la Infantería de Marina argentina desembarcó aquí desde el buque de desembarco Cabo San Antonio.


Los combatientes tácticos a bordo del Santa Fe se preparan para el aterrizaje.


Rutas de la fuerza naval argentina para la captura de Georgia del Sur y las Islas Malvinas.


Captura de Puerto Stanley: 1 - Desembarco argentino en las Islas Malvinas; 2 - Reconocimiento del submarino Santa Fe y marcación de la "sección roja" del desembarco entre las 02:30 y las 03:35 del 2 de abril de 1982; 5 - Desembarco de infantes de marina desde Cabo San Antonio a las 06:30 del 2 de abril de 1982.

El Santa Fe se trasladó entonces a la zona de patrulla 080 San Felipe 60, a 100 millas al este de Puerto Stanley, antes de regresar a Mar del Plata el 7 de abril. El viaje a la base no estuvo exento de incidentes: las comunicaciones eran intermitentes, el sistema de refrigeración presentaba fallos constantes, las bombas de achique solo podían funcionar a profundidad de periscopio, el consumo de aceite de los motores principales excedió todos los límites permitidos y la tapa exterior de la escotilla de descarga de basura se atascó abierta.

El personal del Arsenal Naval de Mar del Plata y del Santa Fe trabajó sin descanso durante ocho días para solucionar los problemas y preparar el submarino para su despliegue. Se cargaron a bordo veintitrés torpedos (20 Mk14 y el resto Mk37), combustible, agua dulce y provisiones para 60 días. En ese momento, el arsenal solo disponía de 12 torpedos del tipo requerido, recibidos de Estados Unidos junto con los submarinos, por lo que los torpedos restantes fueron proporcionados por países "amigos" (¿Perú?). Los torpedos Mk37 solo podían dispararse desde los tubos lanzatorpedos de proa.


torpedo Mk14


torpedo Mk37

La misión principal del Santa Fe era entregar 20 infantes de marina (Grupo Golf) armados con misiles antitanque Bantam , cañones sin retroceso y lanzagranadas antitanque para reforzar la guarnición de Georgia del Sur, cuatro toneladas de munición y equipo, y un nuevo comandante para la guarnición argentina de la isla. Posteriormente, el barco patrullaría al norte de la isla. Debido a la incertidumbre en torno al resultado de las negociaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y Argentina, Horacio Bicain recibió la orden de evitar enfrentarse primero al enemigo, lo que redujo considerablemente sus posibilidades de éxito.

El Santa Fe zarpó de Mar del Plata a las 23:30 del 16 de abril, y a pocas millas surgieron nuevos problemas. El sistema de control eléctrico del sistema de propulsión falló, obligando al barco a la deriva durante tres horas para su reparación. Al día siguiente, el pistón del motor diésel n.° 1 falló, requiriendo 24 horas para su puesta en servicio. El 19 de abril, una falla en el engranaje de la bomba de refrigeración provocó el sobrecalentamiento del motor diésel n.° 4. Las reparaciones de emergencia con resinas epoxi duraron 48 horas. Esto provocó un retraso en el desembarco previsto.

El 20 de abril, debido al mal tiempo, el submarino se vio obligado a sumergirse y continuar el viaje sumergido, lo que retrasó aún más el desembarco. Entre el 21 y el 22 de abril, a pesar de una fuerte tormenta, el Santa Fe siguió emergiendo, lo que provocó daños en la barandilla del puente de mando y la superestructura. El submarino volvió a sumergirse. El casco dañado vibraba, interfiriendo con el sistema de sonar y revelando la presencia del submarino.

El 23 de abril emergieron para buscar la fuente del ruido y eliminarla. Para entonces, el retraso había alcanzado las 36 horas. Esa tarde, el buque patrullero antártico HMS Endurance interceptó un radiograma codificado que indicaba la presencia de un submarino enemigo (presumiblemente el Santa Fe) a 100 millas de Georgia del Sur. Esto causó cierta preocupación entre el mando británico, ya que dos buques cisterna británicos se encontraban en la zona transfiriendo combustible de un buque a otro.

La fragata HMS Plymouth fue enviada a la zona para proteger a los buques cisterna y escoltarlos más allá de la zona de 200 millas. El almirante Sandy Woodward señaló en sus memorias, Cien días:

La tensión aumentaba y la operación en Georgia del Sur parecía estancada por el temor a un submarino argentino. Desafortunadamente, el alcance de nuestro avión de patrulla desde la isla Ascensión era insuficiente.

La fragata HMS Brilliant y el submarino nuclear HMS Conqueror fueron enviados para reforzar la fuerza antisubmarina británica que se dirigía hacia la isla.

El Santa Fe recibió información sobre la ubicación de los buques británicos cerca de Georgia del Sur de aviones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Argentina (C-130 Hércules y Boeing 707). Por ejemplo, el Endurance interceptó señales de radio del Boeing dirigidas al submarino, que indicaban que este se dirigía hacia la isla para desplegar fuerzas especiales y tenía órdenes de hundir el Endurance.


HMS Endurance

En la madrugada del 24 de abril, se recibió la noticia de que las fuerzas británicas habían comenzado la liberación de Georgia del Sur. El comandante del Santa Fe recibió órdenes de acelerar la operación. Se decidió dirigirse a Cabo Norte (el extremo occidental de la isla) y luego a la Bahía de Cumberland. El barco emergió durante toda la noche, se sumergió a las 5:00 a. m. y practicó snorkel hasta el anochecer.

A las 11:30 p. m., el Santa Fe llegó a su destino y, deteniéndose a una milla de Punta Rey Eduardo, descargó el grupo Golf y la carga entre las 2:30 a. m. y las 4:30 a. m. utilizando una lancha motora capturada de una estación polar británica. Tras completar la descarga, el comandante del barco decidió buscar refugio en una de las numerosas bahías, realizar reparaciones y luego dirigirse a la zona de patrulla. Pero una hora más tarde, cuando el barco se encontraba a cinco millas de Grytviken (Grytviken es el centro administrativo del territorio británico de ultramar de Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur), sonó una alarma de combate: el radar detectó un objetivo aéreo que se aproximaba.


Georgia del Sur

Se trataba de un helicóptero Wessex pilotado por el teniente comandante Stanley desde el destructor HMS Antrim. El sonar del destructor detectó el ruido del submarino argentino a una distancia aproximada de 50 millas. El helicóptero lanzó dos cargas de profundidad Mk II, con espoletas ajustadas a la profundidad mínima, que detonaron en la popa de estribor. Los daños resultantes impidieron que el submarino se sumergiera. Los submarinistas, a su vez, abrieron fuego contra el Wessex con armas ligeras .


Teniente Comandante Stanley


Wessex TIENE 3 helicópteros


El HMS Antrim frente a la costa de Georgia del Sur


Cargas de profundidad Mk 11


Ataque con cargas de profundidad en el Santa Fe

Los helicópteros Sea Lynx y Wasp de los buques HMS Endurance, HMS Plymouth y HMS Brilliant llegaron poco después, lanzando un torpedo Mk 46 (que pasó por debajo del casco del submarino) y bombardeándolo con misiles AS 12 y fuego de ametralladora. Tres misiles AS 12 impactaron en la estructura de fibra de vidrio de la torre de mando, pero no detonaron, inutilizando el snorkel y otros dispositivos retráctiles e hiriendo gravemente a un miembro de la tripulación. Para evitar más bajas, Bikain ordenó a la tripulación refugiarse dentro del casco de presión y, a las 7:30, se acercó al muelle de King Edward Point usando un periscopio.

Bajo la cobertura de fuego de los infantes de marina argentinos, los submarinistas abandonaron su barco y se refugiaron en tierra. Unas horas más tarde, la guarnición de Georgia del Sur se rindió a los británicos prácticamente sin resistencia; la isla se había llamado San Pedro durante solo 23 días. La única víctima mortal de la operación fue un marinero del Santa Fe, que fue evacuado inmediatamente en helicóptero a Antrim, donde se sometió a una exitosa operación de amputación de pierna.


Un helicóptero Sea Lynx con un torpedo suspendido.


Un helicóptero Wasp con un misil AS 12


Helicóptero Wasp ataca Santa Fe


Fragata HMS Plymouth


Fragata HMS Brilliant

Los argentinos capturados fueron alojados en un edificio cerca del muelle. El comandante del Santa Fe solicitó permiso para que varios miembros de su tripulación regresaran a bordo del submarino para recoger sus pertenencias personales, alimentos y suministros médicos. La solicitud fue concedida, y media docena de suboficiales, escoltados por infantes de marina británicos, abordaron el submarino. Algunos lograron entrar en la letrina y la cocina y abrir las válvulas del sistema de agua para inundar el submarino. Al día siguiente, los británicos decidieron volver a amarrar el barco a unos 400 metros del muelle de la antigua planta procesadora de ballenas en Grytviken, ya que la munición y las baterías a bordo representaban un grave peligro. Además del comandante del submarino, otros seis miembros de la tripulación participaron en el amarre, supervisados ​​por un grupo de infantes de marina británicos. Para entonces, la popa del submarino había comenzado a sumergirse, y se utilizó un soplador rotatorio para vaciar los tanques de lastre y mantener la flotabilidad . La propulsión se proporcionaba mediante motores eléctricos, utilizando la energía eléctrica restante. Durante el reacoplamiento, ocurrió una tragedia: el suboficial Félix Artuso, quien operaba el compresor y las válvulas del sistema de inmersión y ascenso, falleció. El centinela inglés, poco familiarizado con los submarinos, confundió los rápidos movimientos de Artuso —quien debía operar 24 válvulas simultáneamente— con un intento de hundir el submarino. El submarinista no entendía inglés y no respondió a las advertencias. El centinela disparó una ráfaga con su ametralladora Sterling.


Félix Artuso

En estas circunstancias, se canceló el amarre y, pocos días después, el Santa Fe se hundió en su amarre a 20 metros de profundidad, escorado a babor. Solo la barandilla de la superestructura quedó a flote. El submarinista fallecido fue enterrado con honores militares en el cementerio local. Los demás miembros de la tripulación fueron trasladados a bordo del buque cisterna RFA Tidespring a la Isla Ascensión, y desde allí, un avión fletado de KLM voló a Montevideo.


El funeral de F. Artuso en el cementerio de Grytviken.




El Santa Fe semisumergido en el muelle de Grytviken.

Tras el fin de la guerra, el Ministerio de Defensa británico decidió reflotar el Santa Fe, que obstruía el muelle y, además, los torpedos y demás municiones a bordo representaban un grave peligro. Los trabajos comenzaron a finales de junio y fueron llevados a cabo por las tripulaciones del Endurance, el remolcador Typhoon y el buque de salvamento Salvageman. Su tarea consistía en bombear el agua de los compartimentos inundados con bombas portátiles y, posteriormente, vaciar los tanques de lastre con el aire comprimido restante en los cilindros del submarino. La situación se complicó por la práctica ausencia de especialistas en ingeniería submarina; solo dos oficiales del Endurance (un hidrógrafo y un oficial de suministros) habían servido brevemente en un submarino. Tampoco existían planos del submarino. No obstante, tras más de dos semanas de intenso trabajo, el Santa Fe volvió a flotar, aunque con una escora de 25 grados.


El Santa Fe junto al Salvageman después de que el barco fuera izado.

Así describe el comandante del Endurance, N. Barker, la escena que se desplegó ante los marineros británicos:

También descubrimos una considerable colección de armas, incluyendo torpedos, minas, cajas de armas pequeñas, municiones y explosivos. Cuatro torpedos autoguiados estaban amontonados en las literas, como si fueran víctimas de una plaga. Una gran cantidad de torpedos se almacenaban en estantes, en el piso desmontable de la cubierta y en los tubos lanzatorpedos. Uno de los tubos estaba vacío; probablemente intentaban hundir uno de nuestros barcos, ¡y es posible que fuéramos nosotros!
El 15 de julio, un equipo de especialistas llegó de Inglaterra para inspeccionar el Santa Fe, que había sido vaciado. Todos reconocimos un problema grave: las grandes cantidades de TNT, que se secaban rápidamente, se estaban volviendo cada vez más inestables. Gracias a nuestros esfuerzos, el Santa Fe se había convertido en una bomba de relojería flotante.


Los buzos se preparan para inspeccionar el Santa Fe.

Por lo tanto, se decidió remolcar la embarcación a un lugar más seguro y vararla allí con las escotillas y las puertas de los mamparos abiertas. Se creía que esto inundaría gradualmente los compartimentos y haría que el TNT mojado volviera a ser seguro.


El Santa Fe está siendo remolcado a la playa.

Entre 1984 y 1985, tras cuatro meses de trabajo (los buzos realizaron 868 inmersiones), los buques de rescate Goosander y Salvageman de la RMAS, utilizando 10 pontones inflables, reflotaron el submarino el 11 de febrero de 1985 y, tras eliminar las sustancias nocivas (combustible diésel, etc.), intentaron remolcarlo a aguas profundas lejos de la costa el 20 de febrero de 1985 (Operación Okehampton), pero el submarino se hundió a 5 millas al norte de Georgia del Sur a una profundidad de 350 m.


Elevación de Santa Fe


El Santa Fe está siendo remolcado al lugar del hundimiento.

Continuará ...

martes, 11 de agosto de 2026

Diplomacia: José María Ruda en la ONU en 1964

La acción de José María Ruda en la ONU en 1964




En 1964, un diplomático argentino logró llevar la cuestión de las Malvinas al centro de la política mundial. No fue un gesto simbólico ni un mero ejercicio retórico para dejar constancia de una protesta. Fue una intervención jurídica y diplomática de notable precisión, concebida para demostrar ante las Naciones Unidas que la presencia británica en las Islas Malvinas no era el resultado de un desarrollo histórico natural o incontestado, sino la consecuencia de un acto de fuerza colonial perpetrado en 1833.

El 9 de septiembre de 1964, el embajador José María Ruda se presentó ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU y expuso la posición argentina con claridad, rigor y firmeza. Su planteo era sencillo en su forma, pero profundo en sus implicancias jurídicas: las Islas Malvinas forman parte del territorio argentino y permanecen bajo ocupación británica ilegítima desde la expulsión de las autoridades argentinas establecidas allí en 1833. Al presentar la cuestión en esos términos, Ruda no se limitó a reiterar un reclamo nacional. Encauzó la disputa en el lenguaje del derecho internacional, despojándola de relatos imperiales y devolviéndole su verdadera naturaleza: la de una cuestión de soberanía aún no resuelta.

La fuerza de su exposición no residió solo en la reconstrucción histórica de la ocupación británica, sino en las consecuencias jurídicas que se desprenden de ese hecho. Ruda sostuvo que, tras la ocupación, la presencia argentina en las islas fue desplazada y se estableció una nueva población bajo autoridad colonial británica. Ese punto era central. Implicaba que la población actual de las islas no puede ser considerada, en términos jurídicos estrictos, como si existiera al margen del acto de fuerza originario. Hacerlo supondría convertir los efectos de una ocupación en fuente de derechos.

Sobre esa base, Ruda rechazó cualquier intento de encuadrar el caso como uno de autodeterminación de los pueblos en el sentido clásico. Su posición fue que ese principio no puede invocarse legítimamente para convalidar una situación demográfica y política creada por el mismo acto cuya legalidad se encuentra en disputa. El principio aplicable, sostuvo, es el de la integridad territorial de los Estados, igualmente fundamental en el orden jurídico internacional de la posguerra. En términos jurídicos, su razonamiento resulta contundente: la autodeterminación no puede separarse de las circunstancias en las que se conformó una población, ni utilizarse para legitimar las consecuencias de una desposesión territorial producida por la fuerza.

El contexto internacional de la época le dio aún mayor relevancia a su intervención. El mundo atravesaba un proceso de descolonización, y la ONU ya había adoptado la Resolución 1514, la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, que exige poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. El logro de Ruda fue inscribir la cuestión de las Malvinas en ese proceso histórico, sin perder de vista su especificidad jurídica. Demostró que no se trataba de un caso colonial típico, sino de una disputa singular y grave que involucra la ocupación por parte de una potencia colonial de una porción del territorio nacional argentino.

El resultado fue histórico. En 1965, la Asamblea General adoptó la Resolución 2065, que reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambos gobiernos a entablar negociaciones. Se trató de un avance decisivo. Las Naciones Unidas no dieron la cuestión por saldada ni la redujeron a una cuestión de preferencia local. Reconocieron, en cambio, que existe una controversia bilateral que requiere una solución negociada conforme a los propósitos y principios de la Carta. En términos jurídicos y diplomáticos, este sigue siendo uno de los logros más importantes alcanzados por la Argentina en el ámbito internacional.

Más de seis décadas después, el alegato de Ruda sigue siendo una referencia central porque logró articular patriotismo con rigor jurídico, convicción nacional con argumentación internacional. Las Malvinas no son solo una cuestión de memoria ni un vestigio del pasado. Son una cuestión de soberanía que incide directamente sobre el Atlántico Sur, sus recursos, sus rutas marítimas y la proyección estratégica de la Argentina hacia la Antártida. En un contexto en el que la región vuelve a adquirir relevancia geopolítica, la posición argentina exige seriedad, continuidad y una política de Estado sostenida. La solidez del reclamo nunca dependió de la improvisación, la emotividad o las fórmulas coyunturales, sino de una base jurídica coherente sostenida en el tiempo. Por eso la intervención de Ruda perdura: no solo como una pieza oratoria destacada, sino como una de las defensas jurídicas más claras de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas.


jueves, 30 de julio de 2026

La empresa israelí Navitas, enemiga de la República Argentina

La petrolera israelí Navitas confirmó su expansión en las Islas Malvinas: conectará el bloque PL001 con Sea Lion mediante tuberías submarinas

Navitas Petroleum confirmó la adquisición del 65% del bloque PL001, lindero al yacimiento Sea Lion. La empresa estima recursos potenciales por más de 1.300 millones de barriles y prevé integrar ambos desarrollos con infraestructura submarina.
Río Negro


Navitas Petroleum busca ampliar su presencia en las Islas Malvinas mediante la incorporación de una nueva licencia de exploración. Foto gentileza.


En el subsuelo marítimo que rodea las Islas Malvinas se extienden distintas cuencas hidrocarburíferas donde operan empresas dedicadas a la exploración y producción offshore. Entre ellas se encuentran la Cuenca Malvinas Oeste y la Cuenca Austral, bajo jurisdicción argentina, y la Cuenca Malvinas Norte, donde el Reino Unido ejerce su ocupación sobre el archipiélago.
Imagen de Con tecnología canadiense, buscan reactivar áreas de petróleo pesado en la Cuenca del Golfo San Jorge


Una de las compañías con presencia en esta última es Navitas Petroleum Development and Production Ltd. (NPDP). Sin embargo, poco se conoce sobre sus operaciones debido a que la empresa restringe el acceso a su sitio web desde Argentina mediante un bloqueo geográfico que arroja el mensaje «403 Forbidden».

Pese a esa limitación, Agenda Malvinas accedió a la información publicada por la petrolera y reveló que la firma oficializó la adquisición del 65% del bloque PL001, ubicado junto al yacimiento Sea Lion. La documentación también confirma recursos potenciales certificados por más de 1.300 millones de barriles de petróleo y expone la estrategia de la compañía para conectar ambos desarrollos mediante tuberías submarinas, con el objetivo de optimizar su explotación.


Descripción del proyecto por parte de la empresa. Foto gentileza.

En la descripción del proyecto, la compañía destaca que el bloque se encuentra a una «distancia razonable para la conexión» con Sea Lion y anticipa que el desarrollo buscará aprovechar las sinergias entre ambos activos. El plan contempla la utilización de tuberías y umbilicales submarinos para vincular los futuros pozos con la infraestructura flotante que se instalará en Sea Lion, una estrategia que permitiría reducir costos de inversión y acelerar el desarrollo del proyecto.

Navitas también indicó que continúa evaluando nuevos prospectos dentro del bloque y que analiza la perforación de un pozo exploratorio en el corto plazo. Según la empresa, la presencia de múltiples estructuras geológicas permitiría que una sola perforación confirme la existencia de recursos comercialmente viables.

Esta estrategia coincide con la información difundida previamente por la canadiense JHI Associates Inc., que antes de reestructurar su participación accionaria había informado el potencial hidrocarburífero de PL001. Posteriormente, el control del bloque pasó a manos de Eco (Atlantic) Oil & Gas Ltd. y de la propia Navitas.

De esta manera, al sumar el control del bloque PL001 al desarrollo de Sea Lion, la petrolera israelí consolida una posición dominante sobre buena parte de la actividad exploratoria en la Cuenca Malvinas Norte.

La empresa reconoce como parte de su estrategia el uso de la técnica conocida como tie-back, que consiste en conectar nuevos yacimientos a instalaciones ya existentes mediante infraestructura submarina. El esquema ya es utilizado en otros desarrollos offshore de la región para reducir costos y acelerar la puesta en producción.

Antecedentes de la actividad en las Islas

En abril de este año, se comunicaron nuevos avances en la explotación de petróleo y gas en las Islas Malvinas a través del proyecto Sea Lion, operado por la compañía israelí Navitas Petroleum junto con su socio inglés Rockhopper Exploration, y cuya producción comenzará en 2028. En diciembre, el gobierno nacional había expresado su rechazo a la decisión final de inversión anunciada por ambas firmas.

Según lo indicado por la empresa inglesa mediante un comunicado, las dos primeras fases del desarrollo de Sea Lion están previstas para utilizar la unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga (FPSO) Aoka Mizu, que tendrá una capacidad de producción de 55.000 barriles diarios.

Sin embargo, la operadora Navitas Petroleum también estaba investigando la aceleración del desarrollo de las fases siguientes del proyecto. Para ello, firmó un memorándum de entendimiento para incluir una segunda FPSO con el objetivo de ampliar la capacidad de producción del proyecto en unos 125.000 barriles diarios adicionales.

Sumando ambas unidades, los recursos extraídos de la Cuenca Norte de Malvinas podrían aumentar en total a 180.000 barriles por día. Desde las compañías se dieron fechas estimativas para el proyecto: las obras de perforación y finalización están programadas para iniciar a principios de 2027, mientras que se espera que la producción comercial comience para el primer semestre de 2028.

El repudio de Nación

En diciembre de 2025, las compañías habían anunciado su decisión final de inversión a través de un reporte en la Bolsa de Tel Aviv, que incluía un monto de 1.170 millones de dólares para ejecutar la primera parte de Sea Lion, lo que generó el rechazó del gobierno nacional y las provincias.

«Estas medidas constituyen acciones unilaterales e ilegítimas del Reino Unido, incompatibles con lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea General, que insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas se encuentran sujetas al proceso de negociación recomendado por las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas», se expresó entonces desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

En ese sentido, desde Nación se señaló que «toda participación directa o indirecta en actividades de exploración o explotación hidrocarburífera no autorizadas en las áreas en disputa constituye un acto ilícito a la luz del derecho internacional y del ordenamiento jurídico argentino, y que tomará todas las acciones pertinentes».

Por ese motivo, se advirtió que «se reserva el derecho de ejercer plenamente todas las acciones disponibles para impedir su desarrollo y salvaguardar sus derechos e intereses soberanos».

En un comunicado oficial, Nación apeló a la Resolución 31/49 de la ONU, que insta a la Argentina y el Reino Unido a acelerar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, y prohíbe las decisiones unilaterales que alteren la situación mientras dure el proceso.

La sanción que el Estado le impone a las petroleras que decidan operar en las islas es la inhabilitación a participar en las licitaciones de exploración, tanto en el territorio nacional como en la plataforma continental del país.

Corresponde a la ley 26.659 de Hidrocarburos de 2011, y a su modificación en 2013 (ley 26.915), en la que se prohíbe explorar o explotar hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin autorización previa del Gobierno argentino.

¿Alguien puede ser tan ingenuo de pensar que Navitas no opera con completa información y autorización del estado israelí? ¿esto está incluido en los ridículos acuerdos de Issac?