En Estados Unidos ya piden que devuelvan las Malvinas
En el programa @TheFiveen el prime-time de @FoxNewsconducido por @JesseBWatters, el comentarista @greggutfelddijo abiertamente que USA debe recuperar las ISLAS MALVINAS en favor de Argentina.
“Yo firmemente creo que deberíamos quitarles las Malvinas a Inglaterra”
El
10 de junio de 1829, en medio de la crisis política derivada del
fusilamiento de Manuel Dorrego (13 de diciembre de 1828), el gobierno de
Buenos Aires, que tenía jurisdicción sobre todo el territorio del sur
argentino, dispuso la creación de la Comandancia Militar de las Islas Malvinas.
Allí vivían colonos dedicados a la pesca y a la cría de ovejas que
reconocían la soberanía argentina sobre el archipiélago y comerciaban
con los barcos balleneros, especialmente norteamericanos, que explotaban
los recursos del Atlántico Sur.
El recorte contiene la protesta de Estanislao López sobre el ataque norteamericano a las Malvinas el 31 de diciembre de 1831.
Transcripción:
SANTA-FÉ. Marzo 9 de 1832.
Ha sido altamente mortificante al Gobernador que subscribre, la lectura del oficio de 14 del pasado (1) de S. E. del Sr. Gobernador delegado de Buenos Ayres, en que se explican todas las circunstancias ocurridas en el escandaloso atentado cometido el 31 de Diciembre en las Islas Malvinas por el comandante de la corbeta de guerra norte americana Lexintong. Este hecho tan contrario al derecho de las naciones, es tanto más desagradable, cuanto que él ha sido perpetrado por un súbdito de un Gobierno tan perfectamente identificado en principios políticos con los que profesa la República Argentina, y cuyas relaciones de amistad y buena inteligencia era de esperarse que nunca hubieran sufrido alteración alguna; pero a una agresión tan directa a los intereses de la República como no morada ó bien despoblada ha venido por desgracia a recaer, ha correspondido el Gobierno de Santa-Fé dirigiéndose al de Buenos Ayres, asegurándole que la impresión desagradable de un hecho tan inusitado y arbitrario ha sido en él tan profunda y dolorosa, como en los pueblos mismos que lo han experimentado; y que de una manera conforme a la dignidad, honor y decoro de pueblos libres, de costumbres cultas y civilizadas, y de Gobiernos que todos son justamente celosos de la República Argentina.
El Exmo. Gobierno es quien al adoptarlas ha de aceptar con resignación cualquiera de las providencias consoladoras que se hicieran en lo futuro.
Fue
esta actividad de balleneros y loberos la que dio lugar al conflicto
que derivaría en la pérdida del control argentino sobre el archipiélago.
El cumplimiento de las condiciones establecidas para su ejercicio legal
fue desconocido por los norteamericanos, por lo que el comandante Luis
Vernet hizo apresar algunos balleneros de esa nacionalidad. Se disparó
enseguida el conflicto diplomático en Buenos Aires abierto por los
reclamos del cónsul Jorge Slacum.
Con
desprecio del derecho argentino sobre el mar austral y sin esperar
respuesta, el cónsul envió a la corbeta de guerra Lexington a Malvinas,
rescató las naves secuestradas, sembró la destrucción en las
instalaciones de Puerto Soledad y capturó a los colonos que fueron
trasladados a Montevideo. Era 31 de diciembre de 1831 y el estatus
jurídico argentino se estaba apenas bosquejando.
Algunas
de las provincias argentinas ya constituían la Confederación prevista
en el Pacto Federal del 4 de enero, pero recién había finalizado la
guerra entre las provincias federales y las que habían respondido al
general Paz en el interior. Juan Manuel de Rosas gobernaba en Buenos
Aires y Estanislao López
alentaba desde Santa Fe a las otras provincias a confederarse, luego de
ser derrotadas por Facundo Quiroga el 4 de noviembre en La Ciudadela.
Procuraba
también López sostener la Comisión Representativa que el mismo pacto
creaba (la que era cuestionada por Rosas), y no renunciaba al proyecto
de constituir el país en el corto plazo. El ataque norteamericano
llegaba en medio de este proceso de acomodamiento interno de fuerzas
entre las provincias. En el momento en que llega la noticia a Buenos
Aires el gobernador Rosas estaba enfermo, siendo reemplazado por Juan
Ramón Balcarce en forma interina, entre el 6 de febrero y el 7 de marzo.
Fue Balcarce, justamente, quien el 14 de febrero de 1832 libró un
oficio a los otros gobernadores informándolos sobre lo ocurrido en
Malvinas.
La condena de López al atropello norteamericano
El
pasado 2 de abril, en medio de la conmemoración de la recuperación
transitoria de Malvinas de 1982, el colega Julio Rodríguez me envió
desde Rosario un documento digitalizado que yo desconocía. Se trata de
la respuesta de Estanislao López al oficio de Balcarce, fechada el 9 de
marzo de 1832 y publicada en la Gaceta Mercantil el jueves 22 del mismo
mes y año.
El gobernador de Santa Fe expresa su más enérgica condena y dice: "Este
hecho tan contrario al derecho de las naciones, es tanto más
desagradable, cuanto que él ha sido perpetrado por un súbdito de un
gobierno tan perfectamente identificado en principios políticos con los
que profesa la República Argentina, y cuyas relaciones de amistad y
buena inteligencia era de esperarse que nunca hubiera sufrido alteración
alguna"
La realidad era otra. Aunque los Estados Unidos e Inglaterra
habían reconocido la independencia argentina, el país no se afianzaba
como Estado y daba ante el mundo una imagen de constante inestabilidad y
desgobierno. El mismo año del ataque norteamericano sobre Malvinas las
provincias se habían enfrentado divididas en dos bloques, y aunque López
reclamó a su término el dictado de una Constitución Nacional no
consiguió el acuerdo de Buenos Aires
También
era ficticia la idea que López se representaba de los Estados Unidos de
América. Si bien a fines de 1823 el entonces presidente James Monroe
había expuesto los principios que parecían respaldar los derechos
soberanos de los países del continente (la llamada Doctrina Monroe,
redactada por el secretario de Estado, John Quincy Adams), al declarar
la célebre fórmula "América para los americanos", la
realidad era diametralmente otra, pues mostraba las apetencias
expansionistas del país, que ya había adquirido Luisiana a los franceses
en 1803 y La Florida a los españoles en 1819.
La protesta de López continuaba diciendo: "Espera
confiadamente el gobierno de Santa Fe que Excmo. de Buenos Aires, a
cuya hábil dirección está confiada la administración de los negocios
extranjeros, obrará en el asunto a que da mérito esta contestación, de
una manera conforme a los principios que establece el derecho de los
pueblos cultos y decoro tan justamente debido a la República Argentina".
Estrictamente
hablando, para marzo de 1832, la República Argentina no existía como un
Estado Nacional. Se estaba conformando en cambio una Confederación,
como un conjunto de estados soberanos unidos por el pacto de 1831 sin
una autoridad superior que las gobernara a todas. En todo caso, el
ataque norteamericano sobre Malvinas afectaba a la soberanía territorial
de Buenos Aires, y como agresión extranjera a uno de los estados
confederados podía poner en marcha los mecanismos solidarios de las
otras provincias conforme al artículo segundo del tratado.
Cuando López escribía su protesta ya estaban confederadas Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos, firmantes del acuerdo original, y se habían sumado Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza, Corrientes y La Rioja.
Pero faltaban Tucumán, San Luis, Salta, Catamarca y San Juan, que lo
fueron haciendo en el transcurso del año. A la adhesión de las
provincias al Pacto Federal se sumaba la delegación de la representación
ante el extranjero que se le confería al gobierno de Buenos Aires.
Importancia del documento
Desde
que José Luis Busaniche publicó en 1927 su libro sobre Estanislao
López, se conocía la carta que este había escrito al gobierno de Buenos
Aires tras la usurpación británica de las islas Malvinas, firmada el 25
de febrero de 1833. Como es sabido fueron dos notas las enviadas por
López en respuesta a la comunicación oficial del gobernador de Buenos Aires. Una dirigida al general Balcarce y otra al encargado de negocios de Santa Fe ante el gobierno porteño, Pedro Pablo Vidal.
Ambos
escritos merecieron estudios de otros historiadores, como Leo Hillar y
Liliana Montenegro. Y más recientemente, Victorio Marzocchi y Francisco
Iturraspe actualizaron información sobre el tema e identificaron las
protestas que otros gobernadores habían formulado ante el atropello
británico. Así supimos que las cartas de López formaban parte de
una reacción más amplia que incluía las de los gobiernos de Corrientes,
Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta, San Juan y Catamarca, y que se
extendía al de Bolivia.
En su carta a Vidal, López señalaba, en consecuencia con su prédica a favor de la organización nacional, que:
"(...) este y otros muchos vejámenes varias veces inferidos a la
república tienen esencialmente su origen en la inconstitución en que se
encuentra el país y la figura poco digna que por ello representa".
Esta
tercera carta de López sobre Malvinas que ahora conocemos y que es en
realidad la primera de las escritas entre marzo de 1832 y febrero de
1833, completa la secuencia condenatoria de dos alevosas violaciones de
la soberanía nacional que están a su vez encadenadas. La invasión
inglesa fue instigada por los Estados Unidos, con desprecio de la
Doctrina Monroe de 1823, actitud que se reeditaría en 1982 violando
nuevamente el principio que la sustentaba: "América para los americanos".
(*)
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de
Estudios Históricos, en el año de su 90° Aniversario (1935-2025).
En tierras de los hermanos Wright: ¿Un santuario para el Pucará A-517?
A veces, no encontrábamos más que callejones sin salida y la mayoría de nuestras referencias, publicaciones de warbirds, fuentes de la industria y colegas spotters parecían haber perdido su rastro. Sin embargo, de vez en cuando, el misterioso y evasivo «Alfa Cinco Uno Siete» insistía en re-aparecer en nuestro «radar de investigación», volviendo a encender y fortalecer nuestro interés por tratar de llegar al que generalmente denominamos «el sexto y más esquivo Pucará británico”… La historia de este escurridizo ejemplar se remonta a 1977, cuando comenzó a ser construido en el AMC (Área de Material Córdoba), el omnipresente fabricante de aviones mejor conocido por su designación histórica, FMA (Fábrica Militar de Aviones). Tras recibir en fábrica el número de serie 14, inicialmente estuvo destinado a lo que se convirtió en la venta frustrada de tres aviones IA-58A a la Fuerza Aérea de Mauritania. Una vez que el negocio africano fracasó por falta de fondos del comprador y el avión voló por primera vez a principios de 1978, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) lo puso en servicio con el primer escuadrón de aviones Pucará, activado en la base aérea Reconquista en el norte de la provincia de Santa Fé tres años antes. Se le asignó la matrícula A-517 (segundo uso) y fue ingresado al servicio en septiembre de 1978, justo a tiempo para ser desplegado al sur a General Roca (Provincia de Río Negro) por el conflicto entre Chile y Argentina por una disputa territorial del Canal Beagle en diciembre ese año..
Cinco días en Malvinas…
Sin embargo, la parte más relevante de su breve carrera operativa tendría lugar en abril de 1982, cuando fue seleccionado para su despliegue a Malvinas. Piloteado por el teniente Miguel Giménez (quien caería en combate a bordo del Pucará A-537 el 28 de mayo), el avión aterrizó en la base aérea Malvinas en Puerto Argentino a fines de abril y, tripulado por el teniente Héctor Furios, se desplazó hasta la base aérea Cóndor en Prado del Ganso dos días antes de que se iniciaran las hostilidades bélicas. Sus 4 años de carrera operativa terminarían repentinamente poco antes de las 07:30 hs. (hora local) del 1 de mayo de 1982, cuando el teniente Giménez intentaba decolar con él para alejarlo del peligro dado que se esperaba un inminentemente bombardeo aéreo británico en la guarnición de Prado del Ganso. Sin embargo, el húmedo e irregular suelo malvinense se interpuso en el camino, la rueda de la nariz se atascó en un pozo y el avión se derrumbó mientras Giménez aceleraba para despegar. Después que el bombardeo británico se concretara minutos después del accidente (matando a ocho e hiriendo a nueve aviadores argentinos y destruyendo al Pucará A-527, incluidos entre ellos el teniente Giménez), el A-517 fue inspeccionado por sus mecánicos y se determinó que no podría ser repuesto localmente a condición de vuelo por el nivel de daño sufrido. Aún a pesar de ello, se decidió reciclarlo como señuelo para futuros ataques aéreos británicos. El tren delantero se volvió a montar improvisadamente para mover el avión fuera de la pista y colocarlo en una posición donde propondría un objetivo atractivo para los Harriers británicos.
El largo y sinuoso camino a Oxfordshire
Cuatro semanas después de su fatídico incidente en la base aérea Cóndor, el avión cayó en manos británicas cuando la guarnición aérea y militar de Prado del Ganso rindió sus armas al Segundo Batallón del Regimiento Paracaidista del Royal Army el 28 de mayo. El avión pasaría poco más de dos años abandonado a la intemperie y sin ningún cuidado o vigilancia, presumiblemente en el mismo lugar donde los militares argentinos lo dejaron estacionado al estallar la guerra. Esto lo convirtió en presa fácil del indomable y altamente corrosivo clima de las islas, de isleños resentidos o cazarrecompensas militares que cortaron una escarapela del fuselaje (lado derecho), una bandera del timón (lado izquierdo), una señal de advertencia de asiento eyectable (lado derecho) y el escudo de su unidad (lado izquierdo), dispararon contra él por diversión o robaron cualquier parte o componente que les sirviera de souvenirs. Antes que el fuselaje se convirtiera en un completo montón de escombros, el Ministerio de Defensa británico decidió donarlo a la población de Prado del Ganso en octubre de 1984. Ni lentos ni perezosos y faltos del menor interés en conservar un símbolo de la «ocupación argentina», los habitantes de la localidad vendieron inmediatamente la aeronave a un «señor Harrison», de la firma Grampian Helicopters International Ltd., quien hizo que los restos se guardaran en dos contenedores de 40 pies y uno de 20 pies y los envió a Puerto Argentino a bordo del buque de carga «Monsunen» a principios de 1985. Así embalado, el A-517 habría llegado por mar al Reino Unido, junto con un UH-1H Huey ex Ejército Argentino, antes del cuarto trimestre de 1987. Curiosamente, Grampian logró que, aún en sus dudosas condiciones, la aeronave fuera aceptada en el registro de aeronaves civiles británicas después de un proceso de registro increíblemente rápido. Menos de dos meses después de ser comprado, el A-517 obtuvo de la Autoridad de Aviación Civil Británica (BCAA) la matrícula G-BLRP en diciembre de 1984 … ¡mucho antes de que poder zarpar desde el Atlántico Sur!
Rastreando al «Pucará fantasma» hasta el siglo XXI
Una vez que llegó a costas inglesas, el A-517 pareció desvanecerse en la sombría neblina de esa nación. Algunas fuentes dicen que se le observó por primera vez en el Museo de Guerra Aérea de Lashenden en Headcorn (Kent) en septiembre de 1987, aún dentro de sus tres contenedores y a la espera de su restauración a exhibición estática o a condición de vuelo. Dos años más tarde, una empresa con el nombre Dopatm Limited comenzó a anunciarlo en diversos medios periodísticos de aviación invitando al potencial comprador a «poseer un pedazo de historia con este biturbohélice biplaza recuperado de Goose Green después del conflicto de las Malvinas». Su rastro de papel demuestra que el avión resultó lo suficientemente atractivo para un cliente, quien lo compró y lo transfirió a su nombre en septiembre de 1989. Sin embargo, el avión siguió siendo invisible. Algunos rumores indicaban que había sido abandonado o almacenado en diferentes lugares, tales como Jersey Island o Bicester, a 80 km. de Witney. Nuestras últimas esperanzas de llegar a él se desvanecieron cuando la BCAA canceló su matrícula civil en noviembre de 1995. Pero ahora sabemos que el avión ha permanecido almacenado en dos contenedores de 40 pies durante poco más de 30 años y que regresó a América a mediados de la década de 1990. Su propietario desde 1989 es Rodney Butterfield, un ingeniero de diseño automotriz de Rhodesia, que consolidó su adquisición en los dos contenedores de 40 pies y los conservó en la firma de restauración de autos de carreras y deportivos que poseía en Witney (Oxfordshire). Pero, después de vender ese negocio para un proyecto inmobiliario en 1990, Butterfield se mudó a Carolina del Norte para comenzar otro negocio de restauración y venta de automóviles y llevó consigo al A-517/G-BLRP, sintiendo que «tal vez sería más fácil y más económico emprender la restauración en EE.UU.», como le dijo a nuestro webmaster en su primer contacto en el año 2008. En sus intercambios con Fernando Puppio, Butterfield dijo que sus planes eran construir un hangar local para albergar el proyecto para «poder realizar un estudio completo de la condición y evaluar la posibilidad y los costos de la restauración». Lamentablemente, las demandas de su negocio de automóviles le impidieron «progresar tan rápido como esperaba» y el avión permanece guardado hasta nuestros días dentro de sus dos contenedores en las instalaciones del propietario en Forest City, en el centro de Carolina del Norte.
Encuentro con la historia
El avión está parcialmente desmantelado y todavía está cubierto de protector Cosmolene para contener la corrosión. Cuando los inspeccionamos en febrero de este año, los contenedores revelaron la presencia no solo del A-517, sino también de piezas que provienen de varios otros fuselajes, incluida la tapa izquierda del tren delantero y un panel del ala exterior de A-529 (vean el historial de ese avión aquí), el esqueleto de la cubierta de la cabina del A-509 (presumiblemente), al menos cuatro celdas de combustible internas, tres asientos eyectables (solo dos aparentemente completos), dos motores (pero solo una hélice) y un panel de parabrisas adicional. Butterfield asegura que «el avión está completo con motores e instrumentos originales (y, de hecho, todas las partes duras, excepto las hélices), pero todos están en condiciones desconocidas y actualmente no se pueden usar sin restauración», pero es muy consciente de que restaurarlo a condición de vuelo (incluso bajo matrícula experimental) podría requerir una pequeña fortuna … ¡1,5 millones de dólares y tal vez más! Desde nuestro punto de vista, llevarlo a condición de exhibición estática también es una posibilidad y podría costar mucho menos. Pero de todos modos requeriría al menos entre 5% y 10% de la cifra de arriba para volver a ensamblarlo, idealmente dentro de un edificio donde podría exponerse al público, y la corrosión se mantendría a raya para siempre. Durante nuestra inspección a principios de febrero de 2020, tuvimos oportunidad de conversar largo y tendido con Rodney Butterfield. Sus ideas, ideales y frustraciones con esta historia de 40 años se revelarán en una entrevista que publicaremos en un futuro aún incierto…
Por: Carlos Ay – Gaceta Aeronáutica Mitchell Enríquez, Carlos Brito y Javier «Javo» Ruberto colaboraron con datos, trabajo de campo y/o fotografías para la elaboración de este relato. Bibliografía: Burden, R. et al: “Falklands The Air War” (British Aviation Research Group, Inglaterra, 1985); Moro, Rubén O.: “La Guerra Inaudita” (Editorial Pleamar, Argentina, 1985).
Un
soldado argentino se dirige a ocupar la base de los Royal Marines en
Puerto Stanley, Islas Malvinas, el 13 de abril de 1982, días después de
que la dictadura militar argentina se apoderara de las Islas Malvinas,
iniciando una guerra entre Argentina y el Reino Unido.DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images
Recordada
como un triunfo en Gran Bretaña y con resentimiento en Argentina, la
Guerra de las Malvinas está prácticamente olvidada en Estados Unidos.
Sin embargo, 41 años después, el último gran conflicto interestatal del
hemisferio occidental sigue siendo importante no solo para Londres y
Buenos Aires, sino también para Washington. Para Estados Unidos, la
Guerra de las Malvinas fue un momento decisivo en nuestra relación con
Latinoamérica, aunque muchos estadounidenses no lo comprendieran
plenamente en aquel momento. Cuarenta y un años después del fin de los
combates, a Estados Unidos le conviene, como mínimo, considerar el
impacto que nuestro papel en el conflicto tuvo, y sigue teniendo, en
nuestra posición en Latinoamérica.
Nadie
puede culpar a los habitantes de las Islas Malvinas por preferir el
gobierno británico al argentino en 1982. La junta militar que gobernó
Argentina a principios de la década de 1980 fue una violenta dictadura
de extrema derecha, cuyos líderes y colaboradores aún hoy rinden cuentas
en Argentina. Bajo el régimen militar, los disidentes de izquierda
fueron intimidados, torturados y simplemente asesinados. El marcado
contraste entre lo que era esencialmente un régimen fascista en América
Latina y una socialdemocracia europea (aunque una cuya red de seguridad
social estaba en proceso de ser desmantelada por el thatcherismo) fue
evidente para muchos responsables políticos estadounidenses en la década
de 1980. A medida que la administración Reagan colocó a Estados Unidos
firmemente del lado británico durante la guerra, hubo un genuino apoyo
bipartidista. Fue el entonces senador Joe Biden quien presentó una
resolución del Senado apoyando la posición británica. Como explicó Biden : "Los argentinos deben ser desengañados de la noción... de que Estados Unidos es verdaderamente neutral en este asunto".
Lo
que no les resultó tan claro a los responsables políticos
estadounidenses fue hasta qué punto el apoyo estadounidense a Gran
Bretaña durante la Guerra de las Malvinas se percibió como una traición,
no solo en Argentina, sino en toda Latinoamérica. Si bien nunca
involucró directamente a las tropas estadounidenses, Estados Unidos suministró
a Gran Bretaña combustible, inteligencia y municiones cruciales para la
campaña de las Malvinas, contribuyendo significativamente a su eventual
victoria militar. Sin embargo, la decisión estadounidense de apoyar a
Gran Bretaña, aliada de la OTAN, contra Argentina, miembro de la
Organización de los Estados Americanos (OEA) y signataria
del Tratado de Río de 1947, representó una ruptura significativa con
más de un siglo de política estadounidense que priorizó la unidad
hemisférica frente a las potencias extrahemisféricas. Lamentablemente,
la estrategia estadounidense ante el conflicto de las Malvinas confirmó
algunas de las peores suposiciones que tienen los latinoamericanos sobre
Estados Unidos y su papel en la región.
Madres protestan con carteles.
Miembros
de la organización de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo
sostienen retratos de sus hijos desaparecidos mientras protestan por las
desapariciones ocurridas durante la dictadura militar argentina en
Buenos Aires en 1982.DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images
Antes
de la Guerra de las Malvinas, la dictadura militar argentina fue aliada
de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Como lo demuestra la
desclasificación de documentos estadounidenses, Estados Unidos fue
profundamente cómplice
de muchos de los crímenes de la junta argentina, incluyendo torturas y
asesinatos selectivos de disidentes de izquierda. La junta argentina fue
útil para Estados Unidos no solo para aplastar a la izquierda
argentina, sino también para apoyar la lucha anticomunista en América
Latina, por ejemplo, enviando
asesores militares para apoyar a la insurgencia anticomunista de la
Contra en Nicaragua. Bajo la junta, Argentina también mantuvo una estrecha relación
con la Sudáfrica del apartheid, otro aliado indeseable de Washington
durante la Guerra Fría. Esta alineación con las prioridades de Estados
Unidos durante la Guerra Fría llevó a los líderes de la junta a creer
que Estados Unidos probablemente se mantendría neutral en caso de un
conflicto por las Malvinas.
De
hecho, Estados Unidos adoptó un tono neutral al principio, pues no
deseaba distanciarse por completo de su aliado anticomunista
sudamericano. El gobierno de Reagan, en varios momentos, incluso propuso un cese del fuego en el Atlántico Sur, a menudo junto a Perú
, que podría haber evitado la pérdida de vidas y conducido a
negociaciones entre Gran Bretaña y Argentina. En conversaciones
telefónicas con el presidente estadounidense Ronald Reagan, la primera
ministra Margaret Thatcher rechazó bruscamente esas propuestas. Sin
embargo, a pesar de la indignación de Thatcher ante los tibios esfuerzos
diplomáticos de Reagan, la realidad del conflicto es que Estados Unidos
brindó un apoyo material crucial a las fuerzas británicas en su
enfrentamiento con los argentinos y pagó un alto precio a su reputación
en el sur global por ello.
Ronald Reagan se sienta con Margaret Thatcher.
Izquierda:
El presidente estadounidense Ronald Reagan se reúne con la primera
ministra británica Margaret Thatcher en la residencia del embajador
estadounidense en París para hablar sobre las últimas medidas en la
crisis de las Malvinas el 4 de junio de 1982.Bettmann/Getty Images.Derecha: Comandos británicos marchan hacia Puerto Stanley,
Islas Malvinas, con el infante de marina Peter Robinson portando la
bandera de la Unión Jack, cerrando la marcha en 1982.Pete Holdgate/Crown Copyright/Imperial War Museums/Getty Images.
Las tropas británicas marchan mientras ondea una bandera.
Como
resultado de la alineación de Estados Unidos con Gran Bretaña durante
el conflicto de las Malvinas, Argentina esencialmente cambió de bando en
la Guerra Fría. Traicionada por sus aliados anticomunistas, Argentina
recurrió al sur global en busca de apoyo diplomático. Cuba, en particular, se convirtió en una fuente crucial de apoyo para
Argentina. Mientras la guerra se intensificaba, el ministro de
Relaciones Exteriores de Argentina realizó la primera visita diplomática
oficial a Cuba desde la revolución de 1959, pasando de relaciones
inexistentes al "apoyo incondicional" de Castro casi de la noche a la mañana. (Fidel diría más tarde que había apoyado el reclamo argentino sobre las Malvinas desde 1948). El embajador cubano en Argentina incluso expresó
su deseo de luchar personalmente en el conflicto. Incluso mientras los
cubanos luchaban contra el gobierno sudafricano del apartheid al otro
lado del Atlántico Sur, veían a Argentina, ante todo, como un estado
latinoamericano compañero que luchaba contra el colonialismo. La
solidaridad regional había triunfado sobre la ideología. Es una tremenda
ironía: la reaccionaria junta militar anticomunista de Argentina
encontró sus aliados más duraderos durante la Guerra de las Malvinas en
la Cuba comunista y en el movimiento anticolonial del mundo en
desarrollo.
Aunque
el giro diplomático de Argentina no mejoró su situación en el campo de
batalla, sí reveló que, fuera de Europa Occidental y la anglosfera que
apoyó a Gran Bretaña, la Guerra de las Malvinas no se interpretó como
una muestra del heroísmo británico al estilo churchilliano, una historia
familiar de angloparlantes que se enfrentaron a la agresión fascista.
En cambio, para gran parte de América Latina y el resto del sur global,
la Guerra de las Malvinas se interpretó como una batalla más en la lucha
por la descolonización global. Después de todo, ¿fue el uso de la
fuerza por parte de Argentina realmente tan diferente de la toma forzosa
de Goa por parte de la India en 1961, que también fue rotundamente condenada
por los líderes occidentales, o de la toma del Canal de Suez por parte
de Egipto en 1956, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower,
sabiamente, priorizó
la posición de Estados Unidos en el sur global sobre sus aliados
europeos? El apoyo de Estados Unidos a Gran Bretaña durante el conflicto
de las Malvinas hizo que Estados Unidos cayera en la misma trampa en la
que había caído al apoyar a Francia en Vietnam: priorizar a los aliados
europeos a expensas de su propia posición en el sur global.
Franklin Delano Roosevelt y Carlos Saavedra Lamas viajan en un automóvil.
El
presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt y el canciller
argentino Carlos Saavedra Lamas conducen por las calles de Buenos Aires
el 7 de diciembre de 1936.Keystone-France/Gamma-Rapho vía Getty Images.
Durante
más de 150 años antes de la Guerra de las Malvinas, Estados Unidos se
opuso a la intervención europea en los asuntos latinoamericanos. Si bien
la Doctrina Monroe se considera ahora imperialista, su invocación
original comprometió a Estados Unidos a defender la soberanía
latinoamericana frente a las potencias europeas. En vísperas de la
Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Franklin D.
Roosevelt también se esforzó por preservar la unidad hemisférica
mediante su política de Buena Vecindad, poniendo fin a las largas ocupaciones en el Caribe y Centroamérica e incluso aceptando la nacionalización de las propiedades petroleras estadounidenses en México, ordenada por el presidente mexicano Lázaro Cárdenas.
La
política de Buen Vecino de Roosevelt dio grandes frutos cuando, después
de Pearl Harbor, casi todas las naciones latinoamericanas se unieron al
esfuerzo bélico aliado, con Brasil y México contribuyendo directamente
con tropas de combate en el extranjero. La experiencia de la Segunda
Guerra Mundial condujo directamente a la fundación del sistema
interamericano, que culminó en la creación de la OEA y la firma del
Tratado de Río de 1947 que establece que "un ataque armado de cualquier
Estado contra un Estado americano será considerado como un ataque contra
todos los Estados americanos". El sistema interamericano de posguerra
rindió frutos para Estados Unidos de manera más dramática cuando la OEA
respaldó a Estados Unidos contra Cuba durante la crisis de los misiles
cubanos, posiblemente la mayor amenaza a la seguridad nacional de la
historia de Estados Unidos. Algunos estados latinoamericanos, incluida Argentina , incluso contribuyeron con barcos y aeronaves al bloqueo naval liderado por Estados Unidos alrededor de Cuba.
Este
fue el sistema interamericano que el apoyo de la administración Reagan a
los británicos durante la Guerra de las Malvinas trastocó. Estados
Unidos ya había intervenido en Latinoamérica varias veces desde la
Segunda Guerra Mundial. La República Dominicana fue invadida en 1965,
las democracias fueron derrocadas en Chile en 1973 y Guatemala en 1954, y
la inteligencia y las fuerzas especiales estadounidenses ayudaron a las
tropas bolivianas a capturar y asesinar al revolucionario argentino Che
Guevara en 1967. Pero si Argentina —que mantenía buenas relaciones con
la Sudáfrica del apartheid, expulsaba a sus propios izquierdistas de los
aviones y colaboraba activamente en los esfuerzos estadounidenses por
entrenar y equipar a dictaduras militares de derecha en toda la región—
podía ser traicionada por Estados Unidos en favor de una potencia
europea, ¿quién estaría a salvo?
Este
es el legado subestimado, pero perdurable, de la Guerra de las
Malvinas. La década de 1980 vio cómo la legitimidad del sistema
interamericano, surgida de la política de Buena Vecindad de Roosevelt,
se hundía junto con la Armada Argentina.
Dos personas sostienen una bandera.
Una
mujer y un veterano de la Guerra de las Malvinas sostienen una bandera
argentina con un dibujo de las Islas Malvinas en el 40.º aniversario del
conflicto con Gran Bretaña, el 2 de abril de 2022, en Buenos Aires.Ricardo Ceppi/Getty Images
Hoy, todas las naciones latinoamericanas reconocen las Malvinas como territorio argentino, incluso Chile, que bajo la dictadura de Pinochet había respaldado a Gran Bretaña en medio de su propia disputa territorial con Argentina. Esta postura se reitera
en cada cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños,
incluyendo la más reciente en enero de 2023. Las muestras de
solidaridad latinoamericana con el reclamo argentino sobre las Malvinas
también son algo relativamente habitual, como cuando Perú negó
la visita de un buque de guerra británico en 2012. De forma más
dramática, cuando México se retiró del Tratado de Río en 2002, una de
sus justificaciones
fue señalar la Guerra de las Malvinas, señalando que a pesar del
mecanismo de defensa colectiva del tratado, nadie acudió en ayuda de
Argentina.
La
retirada de México del Tratado de Río fue solo el comienzo. En las
últimas décadas, la influencia estadounidense en Latinoamérica se ha
reducido. Si bien una buena relación con Estados Unidos sigue siendo una
prioridad para la mayoría de los países latinoamericanos, Estados
Unidos ya no es la única opción viable. Argentina, en particular, ha
sido vista acercándose a China
, el último rival extrahemisférico cuya influencia en Latinoamérica
preocupa a Washington. El presidente argentino, Alberto Fernández,
también viajó a Moscú a principios de febrero de 2022, donde se reunió
con el presidente ruso, Vladímir Putin, poco antes de la invasión rusa
de Ucrania. Putin volvió a llamar
recientemente a Fernández, oficialmente para felicitar a Argentina por
su victoria en la Copa Mundial, pero también para demostrar claramente
la falta de aislamiento diplomático de Rusia en el sur global.
La
frustración de América Latina ante la falta de consideración de
Washington por sus opiniones también ha estallado recientemente, como
durante la Cumbre de las Américas de 2022, cuando muchos Estados
latinoamericanos, como México, Argentina, Honduras y otros, presionaron
públicamente al gobierno de Biden por no incluir a Cuba, Venezuela y
Nicaragua. (Fernández, quien finalmente asistió a la cumbre en Los
Ángeles, aprovechó
su discurso no solo para condenar la exclusión de varios Estados de la
cumbre, sino también para mencionar el caso de las Malvinas). Líderes
latinoamericanos como el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva
también han criticado públicamente la postura de Estados Unidos
respecto a Ucrania. Al igual que Ucrania y Cuba, el estatus de las Islas
Malvinas es otro tema donde la política de Washington y la del resto
del hemisferio están marcadamente desfasadas. Si bien una acción militar
de Argentina contra las Malvinas es impensable hoy en día, el apoyo
diplomático latinoamericano a su reclamo no muestra señales de
disminuir.
Alberto Fernández pasa junto a Joe Biden.
El
presidente argentino Alberto Fernández camina junto al presidente
estadounidense Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris en la novena
Cumbre de las Américas en Los Ángeles el 9 de junio de 2022.JIM WATSON/AFP vía Getty Images
Para
Estados Unidos, esto representa una oportunidad. Al diseñar la política
de Buena Vecindad, Roosevelt invirtió considerable energía e hizo
concesiones significativas para crear un frente unido en todo el
hemisferio occidental contra la agresión extrahemisférica. El objetivo
estratégico era claro: impedir que cualquier potencia extrahemisférica
hostil interviniera en América. Roosevelt demostró que esto tiene mayor
éxito cuando Estados Unidos no aplica una política de intervención
autoritaria en Latinoamérica, sino que busca buenas relaciones con los
gobiernos latinoamericanos, incluso, y especialmente, cuando esto
implica concesiones en otras posiciones y prioridades estadounidenses.
Aunque
apenas se notó en Estados Unidos, la Guerra de las Malvinas marcó el
fin de esa era de unidad hemisférica contra rivales extrahemisféricos.
Esto es más que una trivialidad histórica. Hoy, esa es la unidad
hemisférica que Estados Unidos debe reconstruir. Las Malvinas podrían
ser un lugar donde Estados Unidos demuestre que valora las opiniones y
prioridades de Latinoamérica, no solo las nuestras. Estados Unidos
podría empezar por reconocer que en 1982 prefirió a sus aliados europeos
en lugar de a sus vecinos estadounidenses. Y si bien la soberanía
británica sobre las islas no merece ser cuestionada hoy, la postura
latinoamericana al respecto merece ser respetada, no ignorada.
Los
esfuerzos constructivos de Estados Unidos sobre el estatus de las Islas
Malvinas hoy deberían enfocarse en asegurar que tanto los súbditos
británicos como los ciudadanos argentinos puedan compartir y coexistir
productivamente en las islas. Esto podría incluir apoyar esfuerzos de
reconciliación y conmemoración que involucren a los argentinos, expandir
la capacidad de los argentinos para vivir y trabajar en las Malvinas,
alentar a Gran Bretaña y al gobierno de las Islas Malvinas a permitir
vuelos directos desde Argentina a las Malvinas (un punto crítico persistente
que también ha afectado la capacidad de las Malvinas para permanecer
conectadas con el continente sudamericano), y desarrollar estructuras
que permitan a Argentina compartir la riqueza de recursos de las Malvinas. Obtener la aquiescencia británica a tales políticas es algo que
Estados Unidos probablemente pueda lograr, y que Rusia y China no
pueden.
Las
Islas Malvinas claramente no son un lugar de gran importancia para los
intereses vitales de Estados Unidos. Sin embargo, para mejorar su
posición en América Latina y en el resto del sur global a lo largo del
siglo XXI, Estados Unidos tendrá que dar muchos menos sermones sobre sus
propias prioridades y prestar mucha más atención a asuntos como las
Malvinas. Cuarenta y un años después, la disputa de las Malvinas
representa una oportunidad excepcional para resolver la brecha entre
Estados Unidos y América Latina y contribuir a la reunificación del
hemisferio occidental.
Lista de armas y equipos entregados por Estados Unidos a Gran Bretaña por la guerra de Malvinas. Como detalle: los 200 torpedos Mk46 fueron pedidos pero no fueron entregados en su totalidad, los estadounidenses señalaron que el pedido excedía la necesidad militar.
Documentos desclasificados: las imágenes tomadas por satélites espías que ayudaron a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas
El gobierno de los Estados Unidos liberó de secreto reservado a una serie de fotografías que el satélite KH-9, en su misión número 1217, tomó de la Argentina continental y de las Islas Malvinas durante la guerra del Atlántico Sur. Las mismas fueron compartidas con las fuerzas británicas y les permitieron diseñar estrategias. Sin embargo, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, de estos archivos fue escasa
El
bombardeo al aeropuerto de Puerto Argentino del 13 de junio de 1982. Se
notan los impactos de bombas, las más grandes de las lanzadas por
aviones británicos Vulcan. Las marcas dejan saber todo lo que habían
padecido los defensores del aeropuerto
El
imaginario popular considera a los satélites “espías” como grandes
telescopios mirando a la tierra, con posibilidad de transmitir imágenes
absolutamente nítidas (cualquiera sea la meteorología existente) de
cualquier parte del mundo y en forma instantánea. Esto no es tan así y,
menos, lo era para el conflicto de 1982.
En
abril de 1982, Estados Unidos poseía en órbita tres satélites de
reconocimiento fotográfico, un KH-8 (Proyecto “Gambit-3″) y dos KH-11
(”Kennan” o “Crystal”). El KH-8 terminó su misión el 23 de mayo, siendo
reemplazado por un KH-9 (“Hexagon”) lanzado un poco antes, el 11 de ese
mes. Tanto el KH-8 como el KH-9 que lo suplantó poseían cámaras de alta
resolución, pero el film era lanzado a tierra en paracaídas, luego de
varios días de tomada la imagen, desde los 160 kilómetros de la órbita
del satélite.
Respecto
al KH-8, se trataba de la misión 4352, que había tenido problemas en
eyectar la primera de sus dos únicas cápsulas con film hacia la tierra
el 20 de marzo de 1982, quedando la misma flotando en el espacio. El 23
de mayo el satélite pudo lanzar su restante cápsula, que contenía
imágenes tomadas a alta y baja altitud pero, por causas que jamás se
pudieron establecer, las mismas se encontraban degradadas en un 50%
respecto las expectativas originales.
Una
imagen amplia de Puerto Argentino (a la derecha), así como los montes
Longdon, Tumbledown y Zapador. Para el 13 de junio los combates en los
montes todavía no finalizaban del todo. Se distinguen los cráteres
producidos por la artillería, posiblemente de 155 mm
En
esta imagen de Bahía Agradable aparecen claramente los buques
británicos RFA Sir Tristam y Sir Galahad, este último aun humeando.
Ambos fueron atacados por la Fuerza Aérea Argentina el 8 de junio. El
Sir Galahad ardió por 10 días y se hundiría luego como tumba de guerra
El KH-11 puede considerarse como el primero de los satélites modernos,
dado que no poseían film sino que las imágenes se almacenaban
digitalmente. Poseían, en 1982, una calidad de imagen ligeramente
inferior a sus antecesores (por no encontrarse todavía madura la
tecnología digital), por lo cual el patrón de uso habitual era mantener
dos KH-11 y un KH-8 ó 9 en órbita.
Al inicio de las hostilidades en las islas, los satélites no tenían órbitas compatibles con Malvinas y Argentina,
ya que el esfuerzo satelital se centraba en la Unión Soviética y China.
Para lograr cobertura sobre el Atlántico Sur, la órbita de uno de
ellos, posiblemente la del KH-11 misión N°3, fue modificada
tempranamente a expensas de la misma vida útil del satélite, según
afirmaciones del mismo Secretario de Defensa de Estados Unidos, Caspar
Weinberger. Y, luego, fue lanzado el KH-9.
Para
el caso de Malvinas, se estimaba que, cuarenta y cinco minutos después
de tomar imágenes en el Atlántico Sur, el KH-11 (que seguía un rumbo
Sur-Norte) estaba en condiciones de transmitir directamente a la estación
terrenal de Menwith Hill, operada por la National Security Agency
(Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos en Yorkshire, Gran
Bretaña o, llegado el caso, podía coordinar directamente con una
constelación de satélites de comunicaciones en órbitas más altas, para
lograr un enlace casi instantáneo.
Todos estos satélites tomaron imágenes que fueron compartidas al Reino Unido. Algunas de ellas (las del KH-11), apenas eran realizadas, las otras, con más demora.
Pradera
del Ganso, luego de los intensos combates allí sucedidos. A la derecha
de la imagen se ve el poblado y, más al centro el campo de aviación,
donde se notan los restos de aviones Pucará de la Fuerza Aérea
Argentina. Los pequeños agujeros en la imagen son tanto posiciones
defensivas como impactos de artillería o bombas
Puerto
de San Carlos, el 31 de mayo. Parte de la flota británica, dos fragatas
y tres buques logísticos, el de la parte inferior posiblemente el HMS
Intrepid o HMS Fearless
El satélite KH-9 y sus imágenes
El
KH-9 (misión número 1217) fue lanzado el 11 de mayo de 1982 de la base
Vandenberg de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en el estado de
California, impulsado por un cohete Titan IIID. Era un satélite enorme,
del tamaño y peso de un ómnibus que dedicó gran parte de sus primeros días en el espacio a tomar imágenes de Argentina continental y las Islas Malvinas.
El
15 de junio de 1982, un día después de que las fuerzas argentinas en
las islas se rindieran, lanzó a tierra la primera de sus cápsulas con
film en las cercanías de Hawaii, siendo la misma recuperada en el aire
por un avión especialmente modificado. El rollo tenía una enorme cantidad de imágenes, tomadas en el último mes.
Resulta
interesante hacer notar que los casi 65 kilómetros de film que portaba
el KH-9 eran eyectados a la tierra por cuatro cápsulas diferentes. El
satélite podía tomar una gran cantidad de imágenes, pero tenía solo
cuatro oportunidades para entregarlas a tierra.
De allí, luego que las imágenes hubieran sido reveladas por la empresa Kodak,
fueron llevadas al National Photograpic Interpretation Center (NPIC),
un organismo centralizado de análisis fotográfico ubicado al sudeste de
Washington, Estados Unidos, dependiente de la CIA, el servicio de
inteligencia de aquel país. En ese lugar, los especialistas en análisis de imágenes interpretaban hasta el más oscuro detalle, ayudados por grandes lentes. Un trabajo para meticulosos.
El
ejemplo de la misión 1217: qué ve un satélite KH-9 cuando toma una
imagen y como se puede ampliar la misma hasta su máxima resolución
La
casa sobre el arroyo Malo (Top Malo House). El 31 de mayo de 1982 se
desató un breve pero intenso combate entre personal de la Compañía de
Comandos 602 del Ejército Argentino y una sección del Cuadro de Guerra
de Montaña y Ártico de los Royal Marines. En ese momento, el satélite
KH-9 sobrevolaba el área tomando imágenes de la zona
Muchas
de estas imágenes, así como el análisis efectuado por los técnicos
estadounidenses, fueron desclasificadas por el gobierno de los Estados
Unidos y ahora están accesibles al público (en gran parte, por la
insistencia de Harry Stranger, y Dwayne Day, dos especialistas en
satélites militares), lo que da un inmejorable panorama y de primera
mano sobre lo que pasaba en las islas. Actualmente, están en custodia en
los archivos nacionales de aquel país y pueden ser consultadas también a
través del USGS (United States Geological Survey).
Estas
imágenes poseen una excelente resolución por pixel (el punto más
pequeño para el sensor) de 0,6 a 1,2 m pero gran parte de ellas tienen
el mismo problema: en Malvinas es muy difícil encontrar un día sin nubes
y ellas impiden ver lo que sucede en la superficie. El otro problema,
también común a los demás satélites de reconocimiento fotográfico, es
que estos solo pueden tomar imágenes en la medida que sobrevuelan su
objetivo, o sea, cada cierto tiempo.
Ciertamente, las mejores imágenes de las islas resultan las de los días 31 de mayo y 13 de junio,
algunas de las cuales se comparten en esta nota. Esta es la primera vez
que se publican en Argentina y posiblemente en el mundo. Hay que tener
en cuenta que las imágenes de los satélites KH-11 no fueron
desclasificadas aún, en tanto dicho programa militar sigue vigente.
Una postal satelital de Puerto Argentino el 13 de junio, un día antes del cese de fuego
No
todo terminó en 1982. Para 1983 otro satélite KH-9 (misión 1218) tomó a
toda la ciudad de Buenos Aires, posiblemente para evaluar al apostadero
naval y las bases aéreas de las cercanías. Aquí un detalle de la cancha
de River
La
Base Naval Mar del Plata (y parte de la ciudad) el 30 de mayo de 1982.
La vigilancia satelital incluyó tanto el continente como las islas y,
asimismo, siguió los años posteriores
La utilidad de las imágenes
Las
imágenes fueron útiles, pero no determinantes. El almirante
norteamericano Harry Train (uno de los más importantes estudiosos de la
guerra de 1982 en los Estados Unidos) señaló que “no proveen información
táctica. Son sistemas estratégicos, pero no tácticos” en tanto
la demora en que la información es transmitida a tierra, resulta
procesada, analizada y girada a algún comando operativo.
Dicho
de otra forma, pueden tomar imágenes de una base, un aeródromo,
posiciones militares o infraestructura, pero no sirven para conducir
acciones navales (y Malvinas era un teatro aeronaval), amén del problema
que representa que el satélite pueda ubicar a una formación naval en
movimiento, en tanto implicaría saber no solo donde está, sino donde
estará cuando pase el satélite por la zona. Entonces, la utilidad militar directa, a nivel táctico u operacional, fue escasa.
Informe
desclasificado de un analista del NPIC, fechado el 24 de junio de 1982,
que pasa revista a las imágenes recibidas desde el satélite KH-9. El
analista detalla todo lo que se ve en el aeropuerto de Puerto Argentino,
en el poblado y las diversas posiciones defensivas circundantes
Principalmente,
sirvió para determinar qué buques argentinos estaban en puerto y cuáles
navegando, así como la cantidad y tipo de aeronaves en los aeropuertos.
También identificó defensas en tierra. Sirvió para las instalaciones
fijas. Tuvo un uso estratégico.
Es decir, puede entenderse que este tipo de satélites no hizo una diferencia apreciable durante los combates por Malvinas,
aun cuando proporcionó información puntual de enorme relevancia, que
sirvió que para los decisores en el más alto nivel tomaran importantes
decisiones. Los satélites de guerra electrónica sí jugaron un papel más
que importante en la guerra de 1982 para Gran Bretaña. Pero esa es otra
historia.