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miércoles, 18 de febrero de 2026

14 de junio: La experiencia de los últimos héroes

Las últimas horas de la Guerra de Malvinas: la resistencia argentina y el caso del subteniente que murió aferrado a su fusil

Resulta imposible resumir en una nota todos los combates que se comprimieron en las últimas horas de resistencia en Malvinas. El recuerdo del testimonio del entonces subteniente Marcelo Llambías y la figura de su compañero Oscar Silva, quien cayó para cubrir el repliegue de sus soldados

Por Adrián Pignatelli || Infobae



Marcelo Llambías en las islas. Era un subteniente de 21 años

Las últimas horas de la guerra, tanto argentinos como británicos vivieron un infierno. A partir de la noche del 11 de junio, los combates se generalizaron en las laderas de los montes que rodean a Puerto Argentino, la capital de las islas.

El común denominador, ante los ataques ingleses a las posiciones argentinas fue la proporción de fuerzas: por lo general, una compañía argentina de unos 120 hombres debía hacer frente a un batallón de 600 soldados. Infobae entrevistó al entonces subteniente Marcelo Llambías, uno de los tantos protagonistas de esas frenéticas horas finales.

Con dos meses de cuarto año en el Colegio Militar Llambías, de 21 años, estaba a cargo de la tercera sección de tiradores de la compañía C del Regimiento 4, unidad destinada originalmente en Monte Well. Luego del combate de Pradera del Ganso, este regimiento -que formaba parte de la III Brigada de Infantería- pasó a depender de la Agrupación Ejército Puerto Argentino. Su misión era la de defender la capital, distante unos 17 kilómetros.

Oscar Silva fue abatido horas antes de decretarse el alto el fuego

En los días previos al 14 de junio, Llambías estaba con sus hombres en el pico sur del cerro Dos Hermanas.

Allí, durante tres horas, resistieron un ataque del 45 Comando de los Royal Marines, combatiendo a una distancia de unos cincuenta o setenta metros. Para Llambías no había sido su bautismo de fuego, sino que desde el 3 de junio ya había entrado en contacto con patrullas inglesas.

A raíz de la superioridad numérica, debieron replegarse a la base del cerro. Llambías fue el último en hacerlo a fin de cubrir a sus soldados. Cuando bajaron, permanecieron en un pozo natural del terreno, amparados en la oscuridad de la noche, mientras los británicos se hacían dueños de la cima.

Llambías y su sección combatieron desde los primeros días de junio

El joven subteniente estuvo a nada de ordenar abrir fuego a un grupo de hombres que se aproximaba, pero un suboficial le advirtió que eran argentinos.

Lideraba el grupo el subteniente Oscar Augusto Silva, un sanjuanino a quien todos les decían “el sapo”, apodo que había heredado de su padre. El 11 de junio por la noche lo habían mandado a patrullar entre el Dos Hermanas sur y el Harriet. Estaba a cargo de una sección de tiradores de la Compañía A del Regimiento 4.

Llambías y Silva discutieron qué hacer. Podían dar un largo rodeo y atacar a los británicos por la retaguardia. Evaluaron que tendrían un éxito inicial, pero carecían de municiones para sostener un combate. Decidieron replegarse hacia Tumbledown.

Había que atravesar una llanura, donde no había nada para resguardarse y serían blanco seguro del enemigo. Algunos descansaban y otros rezaban el Rosario. La providencia actuó de su lado: de pronto, invadió la zona una espesa bruma y comenzó a nevar. Aprovecharon para iniciar la marcha.

Silva con su equipo de paracaidista. Fue uno de los tantos que quisieron resistir hasta último momento

Había otro obstáculo. Debían atravesar un campo minado. Llambías y Silva se turnaron para ir adelante, guiándose por los ríos de piedra. Advirtieron a sus soldados, unos treinta, que si alguno de ellos dos pisaban una mina, que no los rescatasen, porque corrían el riesgo de pisar ellos también una.

Aún amparados por la oscuridad y la nieve, soportaron un nutrido fuego de artillería enemiga.

En ese punto en Tumbledown estaba la cuarta sección de la compañía Nácar del BIM 5. Mientras sus hombres, agotados y hambrientos descansaban, Llambías aprovechó para conseguir un pantalón, ya que el suyo estaba roto.

El jefe de la compañía le ordenó ir en dirección donde se suponía estaba la sección del subteniente Lautaro Jiménez Corvalán, que había sido seriamente herido por una mina antipersonal. Cruzó con su radiooperador y cuando llegaron al punto en cuestión no encontraron a nadie.

Pintura sobre la batalla de Tumbledown, librada el 13 de junio 1982, realizada por el artista Steve Noon

En el momento en que se llegaba a la primera línea del BIM 5, los ingleses volvieron a atacar, pero fueron rechazados. Llambías recuerda que estaban exultantes, creyendo que no volverían. Cuando amaneció, tomaron conciencia del panorama que tenían frente a sus ojos: las posiciones argentinas ya habían caído.

Exhausto. Esa fue la impresión que tuvo el teniente de corbeta Carlos Vázquez, del Batallón de Infantería de Marina 5, cuando vio venir, desde su posición en Tumbledown, a Silva, acompañado por los pocos soldados de su sección que aún lo seguían. Maltrechos, agotados, se les notaba en sus uniformes las huellas del combate y bastaba un simple vistazo para darse cuenta que tampoco habían comido decentemente. La pregunta del subteniente lo descolocó:

-¿Necesitás una mano? ¿Querés que me quede? Podemos seguir peleando.

Ante la respuesta afirmativa del marino, con un puñado de soldados que se podían contar con los dedos de una mano, de los 45 originales de su sección, ocupó pozos de zorros vacíos que hasta hacía poco habían estado efectivos de la cuarta sección de Vázquez. Era el 12 de junio.

Mientras el grueso de la tropa continuó con la orden de aproximarse a Puerto Argentino, Silva y sus soldados, acoplados a los infantes de marina, esperarían el ataque inglés. Junto con un pelotón de cinco soldados le encomendaron cubrir el repliegue de la cuarta sección de la Compañía Nácar.

Venían sufriendo, hacía días, de un violento fuego de artillería, tanto de campaña como naval.

Una de las últimas fotos de Llambías en Puerto Argentino. Ya se había reaprovisionado con todas las municiones que podía cargar. Pero la guerra había terminado

Sería imposible comprimir en un solo relato el combate de Tumbledown. En la noche del 13, en las trincheras junto a los infantes del BIM 5 de Vázquez, 44 hombres vivieron unn violenta arremetida desatada por la tercera brigada de los Royal Marines, el segundo batallón de la Guardia Escocesa y algunos gurkas.

Fueron encarnizados enfrentamientos con disparos de fusil, ametralladora, morteros, bayonetas y hasta lucha cuerpo a cuerpo.

A las 18 horas de ese día, según refiere el propio Vázquez en un informe que elaboró tres años después, tuvo una última reunión con sus oficiales, de la que participó Silva. Coordinaron los detalles finales ante el inminente ataque británico.

El 13 de junio, Silva decidió en un solo instante si vivir o morir luchando. Tuvo que repetir la orden a sus soldados para que se replegasen. No lo querían dejar. Sólo pidió una ametralladora y un FAL. Y los cubrió mientras los ingleses avanzaban.

Los argentinos veían cómo, luego de rechazar un ataque enemigo, otra oleada de soldados aparecía. Era una sucesión interminable, en el que eran superados 6 a 1, pero aún así se continuaba luchando.

Vázquez había pedido refuerzos, y en cada llamado le respondían que los mismos estaban por salir. A las 23 horas, el bombardeo provocó el corte de las líneas telefónicas.

Cuando Llambías regresó a la capital de las islas, vio cascos tirados por todos lados. No sabía que había un alto el fuego

Los británicos habían sobrepasado las posiciones argentinas, y soldados de ambos bandos se mezclaban, muchas veces sin distinguirse.

Cada tanto, Silva abandonaba su trinchera para saber cómo estaban sus soldados. “Nos alentaba para que no perdiéramos nuestro valor, coraje y la confianza en nosotros mismos, al recordarnos que Dios nos protegía para obtener nuestra noble meta”, reseñaría unos años más tarde en una carta el soldado Pablo Vicente Córdoba.

Además, el subteniente se ocupaba de conseguir relevos para el fusil FAP, dado que al menos tres soldados que lo operaban habían muerto.

Cuando quiso asistir a uno de ellos, que había sido gravemente herido, recibió un tiro en el hombro derecho.

Silva comprendió que nada podía hacerse. De lejos vieron cómo, sacando fuerzas de quién sabe dónde, se incorporó y comenzó a disparar hacia las posiciones enemigas, al grito de “¡viva la Patria, carajo!”. Fueron sus últimas palabras, antes de ser acribillado en el pecho por el fuego inglés.

Eran las 3 de la mañana del 14 de junio. Horas más tarde el general Mario Benjamín Menéndez firmaría la capitulación frente al general Jeremy Moore.

Cuando Vázquez fue tomado prisionero por tres ingleses, pidió llamar a sus hombres. Sólo seis se acercaron. El resto había muerto o había sido herido.

Mientras tanto, una vez que los ingleses se apoderaron de Tumbledown, lanzaron un ataque a Monte William con un batallón de gurkas. Llambías y la gente con la que combatía se dieron cuenta que habían quedado aislados del camino para llegar a Puerto Argentino, donde pensaban ir a reaprovisionarse de municiones. Porque querían regresar a pelear con su unidad.

En Supper Hill se enteró por el soldado Dos Santos que a Silva lo habían matado. Cuando comenzó un ataque helitransportado, les tiraron con lo que les quedaba. Llambías recuerda que a una de las máquinas le disparó sesenta tiros, que no le hicieron mella. Los helicópteros se alejaron, aterrizaron y bajaron tropas.

Se produjo un nuevo combate, donde los argentinos sufrieron bajas. Decidieron replegarse, combatiendo, llevando además a los heridos. En un momento Llambías se dio cuenta que al soldado que ayudaba estaba muerto.

De Supper Hill lograron llegar a Puerto Argentino. Les llamó la atención ver cascos tirados por todas partes. Fueron a la halconera, lugar donde paraban los comandos, porque estaban seguros que ellos no se habían rendido. No encontraron a nadie, pero como estaba lleno de municiones, llenaron sus cargadores y sus bolsillos con proyectiles, con la idea de regresar al campo de batalla.

Un suboficial mayor los vio sumamente exaltados y le dijo a Llambías: “No pibe, no pueden hacer la guerra por su cuenta”. Ese día 14 y el 15 permanecieron encerrados en una celda, para que no cometiesen locuras, cuando ya se había firmado el alto el fuego.

Es que a Llambías no le entraba en la cabeza rendirse.

En la requisa, le descubrieron una Kodak con un rollo para 24 fotos. Le faltaba tomar una. El inglés que se apropió de la cámara tomó la que faltaba, sacó el rollo y tiró la cámara.

De los seis oficiales que combatieron del 4, hubo dos muertos, el teniente Luis Carlos Martella y Silva y cuatro gravemente heridos: los subtenientes Jorge Pérez Grandi, Miguel Mosquera y Juan Nazer.

Al amanecer del 15, el propio Carlos Robacio –jefe del BIM 5 y quien tuvo a su cargo a 700 efectivos de la Marina y a 200 soldados del Ejército en Monte Tumledown, Sapper Hill y Monte William- y un oficial inglés, recorrieron el campo de batalla, donde horas antes se había peleado con coraje. Ya los cuerpos de los 9 británicos muertos y los 52 heridos habían sido retirados.

El teniente Osvaldo Papa, jefe de la sección apoyo de la Compañía C del Regimiento 3, quien afirmaba que Malvinas le había cambiado la vida, siempre contaba la siguiente historia: que había llamado la atención al jefe inglés el cuerpo de un argentino que, de cara al cielo con los ojos abiertos, aferraba obstinadamente su fusil, y su dedo aún presionaba el gatillo. Quisieron quitarle el arma, pero fue imposible por la rigidez cadavérica. El inglés ordenó que fuera sepultado así y le hizo la venia, en señal de respeto.

Robacio le cerró los ojos y buscó la chapa identificatoria, porque el uniforme no se correspondía con el de un infante de marina. Era Oscar Silva.

Vázquez se lamentaría no haber podido identificar a otros soldados de Ejército que habían combatido junto a los infantes de marina en Tumbledown. Recomendó condecorar a Silva por “su heroico desempeño en combate”.

Afirmó que “la noche del 13 y la madrugada del 14 de junio la cuarta sección no hubiera podido sostener la posición sino hubiera estado Silva”.

Silva, de 26 años, sería la única baja de la promoción 112. Su regimiento tuvo 22 muertos y 121 heridos. Recibiría la condecoración “La Nación Argentina al valor en combate (post mortem)”.

Años después Llambías vio las fotos que había tomado en Malvinas en el libro Pictures for far away, de Nick Taylor. Lo contactó por mail y cuando se cumplían 30 años de la guerra, Taylor le propuso encontrarse en las islas. Allí, donde habían peleado a muerte, el inglés se las devolvió.

Ambos recorrieron las posiciones que ocuparon, y la casualidad hizo que haya sido Taylor quien durante los combates fue quien le había disparado un cohete que le pasó por arriba de su cabeza.

Este veterano inglés le confesó que en un momento ellos estaban dominados por el fuego argentino y que su superior los pateaba para que salieran a pelear. Taylor le aseguró que, de todos los sitios en que le tocó luchar, el soldado argentino fue el que le había hecho sentir miedo. Es que en las últimas horas de la guerra, sin importar el uniforme, se había vivido un verdadero infierno.


viernes, 10 de febrero de 2023

Condecoración: Subteniente Ernesto Peluffo (RI 12)

SUBTENIENTE ERNESTO PELUFFO - RI 12 - EA




Luchar con valor y decisión durante los combate en Darwin y Prado del Ganso, siendo permanente ejemplo para sus subordinados.
Al ser puesto fuera de combate, el apuntador de un FAP que formaba parte de las avanzadas de combate, se hizo cargo del arma y repelió el ataque de fracciones enemigas, produciéndole bajas. Con personal de los servicios organizó una fracción de combate para bloquear una penetración enemiga. Pese a resultar herido seriamente, continuar alentando a su tropa e infundiéndole serenidad con el estímulo de su voz y actitud personal.




Coronel (RE) Ernesto Peluffo

sábado, 11 de junio de 2022

Nazer y Martella llevan a los héroes de refuerzo a Dos Hermanas

Héroes hacia Monte Dos Hermanas





TROPAS DE REFUERZOS argentinos, marchando hacía las alturas aledañas a Puerto Argentino, mientras se ven columnas de humo ascender desde principalmente el Monte Dos Hermanas (Two Sisters en la referencia británica) como consecuencia de los ataques británicos a las posiciones argentinas estacionadas allí y que fueron desalojádas del lugar durante la "Batalla del Monte Dos Hermanas" acontecida durante la noche del 11 de Junio y la madrugada del 12 de ese mes. De el lugar entre las dos alturas del Monte Dos Hermanas de la que se ve salir una de las columnas de humo se encontraba el
1er. Pelotón de la Compañía "A" a cargo del Subteniente Juan Nazer y el Pelotón de Apoyo de esta compañia, a cargo del Subteniente Luis Carlos Martella, ambas unidades, parte del Regimiento de Infanteria N°4.


martes, 12 de abril de 2022

Boca House: El valor del Subteniente Guillermo Ricardo Aliaga y su sección

La sección de Aliaga en Boca House





Esta es una imagen muy conocida, distribuída profusamente por la BBC en su momento, y mostrada cientos de veces por los medios de nuestro país. Sin la historia que conforma el contexto, es la imágen de la derrota y el hundimiento moral, la viva imagen de la desolación que inspira pena y lástima por un pobre soldado sin preparación que fue obligado a ir a una guerra. Esa no es la verdad, y detrás de esa imagen hay un relato de valor, lealtad, sacrificio y amor a la Patria que les quiero contar.

El soldado argentino retratado se llama Guillermo Ricardo Aliaga, y en 1982 era cadete de 4to año del Colegio Militar de la Nación, destinado como subteniente "en comisión" en el Regimiento de Infantería Mecanizado 8 como consecuencia del conflicto. El 23 de abril el RI Mec 8 fue enviado a Malvinas y tomó posiciones en Bahía Fox, en la Isla Gran Malvina, salvo la sección del subteniente Aliaga, que con sus 26 suboficiales y soldados fue enviada a reforzar el istmo de Darwin. Se le asignó la misión de defender Boca House, una pequeña ensenada en la costa oeste, ya que se preveía un desembarco en ese punto. La tarea no era fácil, no sólo por sus escasos recursos humanos, sino porque la sección quedaría aislada del resto del dispositivo defensivo.



La llamada de la gloria para el subteniente Aliaga y su gente llego el 28 de mayo, cuando el bisoño oficial junto a sus 5 suboficiales y 21 soldados enfrentó a los paracaidistas de la Compañia D al mando del mayor Keeble, a los que pronto se sumaron los efectivos de la compañía B, ambas del Second Battalion Parachute Regiment (2 PARA). Durante doce horas, los 27 soldados argentinos frenaron la embestida británica, hasta que ya sin munición y con casi la mitad del personal herido, incluyéndo a él mismo con un impacto en el cuello, el subteniente Aliaga debió rendir la posición. Fue retratado inmediatamente después, con la herida mal vendada, agotado y debilitado por la pérdida de sangre. No se trata de un joven asustado y abatido; es la imagen de un soldado valiente que dió todo en el combate.
Guillermo Ricardo Aliaga (VGM) se retiró del Ejército Argentino con el grado de teniente; cursó estudios en la Universidad de Derecho, obteniendo el título de abogado.

NOTA AL PIE: Pese a la violencia de los combates y a los muchos heridos, la sección del subteniente Aliaga no perdió a ninguno de sus integrantes.

domingo, 20 de febrero de 2022

Monte Longdon: Tte Castañeda, el autor del contraataque la noche del 11 de junio



Teniente Raul Fernando Castañeda. 27 años. Regimiento Infantería 7, Compañia C. Medalla al Valor en Combate.

El bravo Teniente Raul Castañeda, quien, al mando de un puñado de no menos bravos suboficiales y soldados conscriptos, se cubrió de gloria en el único contraataque argentino en Monte Longdon, la batalla más cruenta de la guerra de Malvinas. (Segunda foto, cuadro del pintor argentino Hector Arenales Solís. Tercera, con Castañeda a la derecha, y el soldado Gustavo Luzardo, 2017)





viernes, 12 de noviembre de 2021

Subteniente Baldini en el Monte Longdon

Baldini y las escaseses en Monte Longdon


"Cuando estabamos por salir para Malvinas, en el cuartel nos dieron ropa y todo lo que íbamos a necesitar, que después fue tan poco. Y también nos dieron a cada uno algunas golosinas y una tabla de chocolate para taza. Todo eso duró muy poco. La mayoría comimos esa ración allí mismo. Todos menos los soldados de la sección de Baldini, ya que el subteniente les requisó el chocolate. ¡Las cosas que le dijeron! Claro que cuando el no estaba delante, porque lógicamente no les gustó nada. Todos olvidaron pronto aquel episodio de la requisa del chocolate. Había cosas mas bravas de las que preocuparse. Pero llegó el 25 de mayo, y allí en pleno monte Longdon, el subteniente Baldini hizo una formación con sus hombres, se izó la bandera, se cantó el himno y sorprendió a todos sus soldados ¡con chocolate caliente! Nos contaban los soldados de Baldini que aquel chocolate caliente y humeante, cuando lo mas común era que pasaramos hambre todos los días, fue glorioso. Todos recordaban, mientras saboreaban aquel verdadero lujo, 'la requisa del chocolate'. Y todos entendieron que entonces Baldini había estado pensando en sus hombres. Y pensando en un 25 de mayo que habría que pasar muy lejos de todo. En la guerra. Esto lo pinta a Baldini de cuerpo entero, era un tipo bárbaro!" (Horacio Cañeque - Malvinas 20 años, 20 héroes)


Subteniente Juan Domingo Baldini, caído gloriosamente en el combate de Monte Longdon, el 11 de junio de 1982!

lunes, 24 de mayo de 2021

El chocolate del subteniente Baldini

El chocolate del subteniendo Baldini





"Cuando estabamos por salir para Malvinas, en el cuartel nos dieron ropa y todo lo que íbamos a necesitar, que después fue tan poco. Y también nos dieron a cada uno algunas golosinas y una tabla de chocolate para taza. Todo eso duró muy poco. La mayoría comimos esa ración allí mismo. Todos menos los soldados de la sección de Baldini, ya que el subteniente les requisó el chocolate. ¡Las cosas que le dijeron! Claro que cuando el no estaba delante, porque lógicamente no les gustó nada. Todos olvidaron pronto aquel episodio de la requisa del chocolate. Había cosas mas bravas de las que preocuparse. Pero llegó el 25 de mayo, y allí en pleno monte Longdon, el subteniente Baldini hizo una formación con sus hombres, se izó la bandera, se cantó el himno y sorprendió a todos sus soldados ¡con chocolate caliente! Nos contaban los soldados de Baldini que aquel chocolate caliente y humeante, cuando lo mas común era que pasaramos hambre todos los días, fue glorioso. Todos recordaban, mientras saboreaban aquel verdadero lujo, 'la requisa del chocolate'. Y todos entendieron que entonces Baldini había estado pensando en sus hombres. Y pensando en un 25 de mayo que habría que pasar muy lejos de todo. En la guerra. Esto lo pinta a Baldini de cuerpo entero, era un tipo bárbaro!" (Horacio Cañeque - Malvinas 20 años, 20 héroes)

El subteniente Juan Domingo Baldini cayó gloriosamente en el combate de Monte Longdon, el 11 de junio de 1982


sábado, 4 de mayo de 2019

Valor en combate: Estévez dirige a su tropas en Darwin hasta el fin


Teniente Estevez - Muerto en combate (Malvinas)

La Gazeta



 


Nació en Misiones 24 Febrero de 1957 Ingresó al CMN 27 Feb 75 y egresó como Subt I en el año 1978. Participó como Teniente, en el desembarco del 02 de Abril de 1982 con el RI 25, siendo desplegado con la Ca I “C” del Regimiento en la localidad de Darwin.

Durante la guerra de Malvinas, el teniente Roberto Estévez estaba posicionado en con sus hombres en Pradera del Ganso, cuando recibió la orden de atacar la Colinas de Boca House.

Considerando Estévez que aquella era una misión sin retorno, agradeció a su superior la oportunidad que le daba de llevar acabo esta misión. Arengó su tropa y al frente de ella se dirigió al objetivo bajo un intenso fuego de artillería, llegando al mismo en la madrugada siguiente.

- "Teniente Estévez, como último esfuerzo posible, para evitar la caída de la Posición Darwin-Goose Green, su Sección contraatacará en dirección NO, para aliviar la presión del enemigo sobre la Compañía "A", del Regimiento 12 de Infantería. Tratará de recomponer, a toda costa la primera línea. Sé que la misión que le imparto sobrepasa sus posibilidades, pero no me queda otro camino".

Luego, lo despidió con un fuerte abrazo. La difícil y crítica situación no le permitió agregarle ningún otro tipo de detalle a la orden; además, tratándose de Estévez, eran innecesarios.

-"Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen" ...así fue la rápida arenga de Estévez.

Finalmente, todos los integrantes de la fracción, escucharon la mejor y más hermosa orden que puede dar un Jefe: "Seguirme!". Pronto estarían inmersos en el combate.

- "Para la Sección, sobre las fracciones enemigas que se encuentran detrás del montículo, ¡fuego! Artilleros, sobre el lugar, deriva 20 grados, alza 400 metros, ¡fuego! Esté atento Cabo Castro, en dirección a su flanco derecho, puede surgir alguna nueva amenaza..." -diversas órdenes se entrecruzaban en medio del fragor y la ferocidad de la lucha; finalmente, se logra bloquear el avance, y aliviar en parte la presión ejercida por los ingleses.

- Cabo Castro, me hirieron en la pierna, pero no se preocupe, continuaré reglando el tiro de la artillería -gritó, sin titubear, el Teniente Estévez.

- Enfermero, ¡rápido, atienda al Teniente! -ordenó Castro, con un grito.

- Me pegaron de nuevo, esta vez en el hombro. Cabo Castro no abandone el equipo de comunicaciones y continúe dirigiendo el fuego de artillería...- fue su última orden; un certero impacto en la cara, quizás de un tirador especial, lo desplomó sin vida.

- "Soldados, el Teniente está muerto, me hago cargo" - gritó Castro y continuó con la misión ordenada, hasta que fue alcanzado por una ráfaga de proyectiles trazantes, que llegaron a quemar su cuerpo."

- "Camaradas, me hago cargo del mando de la Sección, nadie se mueve de su puesto, economicen la munición, apunten bien a los blancos que aparezcan". - el Soldado Fabricio Carrascul, llevado por el ejemplo heroico de sus Jefes que yacen inermes en el glorioso campo de la guerra, impartió con firmeza su primera orden.

- Los ingleses se repliegan, bien, los hemos detenido y los obligamos a retirarse. ¡Viva la Patria! - gritó con alegría, Carrascul, al ver la maniobra inglesa. En ese momento, un preciso disparo, quizás del mismo tirador especial que eliminó a sus Jefes, le quitó la vida.

Sin Jefes, agotadas las municiones y transportando sus muertos y heridos, la veterana y gloriosa Primera Sección de Tiradores Especiales se retiró hacia sus posiciones iniciales, habiendo cumplido con la Misión.

El teniente Estévez dejó a sus padres esta conmovedora carta:

Querido papá:

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de la misión. Pero fijate vos ¡que misión! ¿ Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar la islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía? Dios, que es un Padre Generoso, ha querido que éste, tu hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a Nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es:

1) Que restaures una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) Que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea apertura a la tristeza, y muy importante,
3) Que recen por mi.

Papá, hay cosas que, en un día cualquiera no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas. Gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tu apellido, gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar en que vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite.

Un fuerte abrazo. Dios y Patria ¡ O muerte ! Roberto.

martes, 29 de enero de 2019

RAF: Peter T Squire, primer lanzador de LGB desde un Harrier

ACM Sir Peter T Squire, GCB DFC AFC ADC RAF 1945-2018

Falklands 1982


El jefe Mariscal del Aire, Sir Peter T Squire, fue Jefe del Personal de Aire durante el inicio de la Operación Veritas y Operación Telic.

Sir Peter fue comisionado en la RAF en 1966. Después del entrenamiento inicial de oficiales en el RAF College Cranwell y el entrenamiento de vuelo posterior, Sir Peter voló a Hunters y más tarde, Harriers.

En 1982, el Comandante Escudero de Ala fue comandante del Escuadrón de Combates de Harriers Número 1 de la RAF cuando se movilizó apresuradamente como parte de la Fuerza de Tarea de las Malvinas. Su escuadrón de diez Harriers realizó un total de 151 salidas, dos por día para cada piloto, principalmente ataque a tierra e interdicción aérea en el campo de batalla, en un vuelo peligroso de bajo nivel que tuvo un alto costo. Cuatro de los Harriers fueron derribados y otros tres dañados, dejando solo tres ilesos. Se convirtieron en el primer avión de la RAF en operar desde un portaaviones, HMS Hermes, desde la Segunda Guerra Mundial. El comandante de ala Squire sacó a su Harrier de la embarcación de carga, Atlantic Conveyor, solo unos días antes de que ella fuera hundida por un misil Exocet argentino. A partir de ese momento, estuvo en el centro de la acción, día tras día, sin respiro, atacando el aeropuerto Stanley y otros objetivos argentinos. En una misión pionera, ¿se convirtió en el primer piloto de la RAF en lanzar una bomba "inteligente" guiada por láser? atacando a las tropas argentinas en el monte Longdon. Tuvo fugas estrechas cuando se estrelló en la pista de aterrizaje de Port San Carlos, y nuevamente días antes de que terminara la guerra cuando un misil Blowpipe explotó cerca de su Harrier, y una bala penetró en la cabina, casi pegándole. Después de la guerra, la falla del motor lo obligó a expulsar antes de que su avión se estrellara contra el mar frente a Cabo Pembroke.

martes, 11 de diciembre de 2018

Investigan a oficiales y suboficiales por maltratos a soldados

Investigados por crímenes de lesa humanidad, 18 oficiales y suboficiales serán indagados en Tierra del Fuego.


La Justicia de Tierra del Fuego citó a declaración indagatoria a 18 oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas, acusados de torturar a soldados durante la Guerra de Malvinas.



Ellos son: Pablo Emilio Hernández, Claudio Tamareu, Jorge Arnaldo Romano, Ramón Eduardo Caro, Sergio Alberto Guevara, Oscar Luis Contreras, Francisco Gabriel Rivero, Oscar Albarracín, Ramón Desiderio Leiva, Gustavo Adolfo Calderini, Miguel Ángel Garde, Belisario Gustavo Affranchino Rumi, Eduardo Luis Gassino, Jorge Oscar Ferrante, Emilio José Samyn Duco, Jorge Guillermo Díaz, Luis Alfredo Manzur y Raúl Antonio Linares.

El juez Federal de Ushuaia, Federico Calvete, decidió citarlos en función de “cuantiosos elementos probatorios” que “permiten sospechar la comisión de delitos”. La causa Nº 1777/07, caratulada “Pierre Pedro Valentín y otros sobre delito de acción pública”, surgió a partir de los testimonios de soldados tras el regreso de la guerra ocurrida en 1982.

El fiscal federal de la ciudad fueguina de Río Grande, Marcelo Rapoport, con la asistencia de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH) solicitó en mayo de este año la “detención e indagatoria” de 26 militares. El juez Calvete, quien actúa como juez subrogante de la causa, solo hizo lugar a 18 declaraciones, y en lugar de las detenciones dispuso que se notifique personalmente a cada uno de los imputados en sus respectivos domicilios, antes de establecer la fecha en que deberán presentarse en Tierra del Fuego.

El caso todavía tiene pendiente una discusión judicial paralela, acerca de si se trata de delitos de lesa humanidad, y por lo tanto no sujetos a prescripción. El juzgado de primera instancia y la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia consideraron que son crímenes de lesa humanidad, pero aún resta por resolver un recurso de queja presentado ante la Cámara Federal de Casación Penal.

De acuerdo a la Fiscalía, las autoridades militares con asiento en las islas “habrían ordenado y ejecutado contra soldados conscriptos diversos actos de tortura -entre ellos, los conocidos ‘estaqueamientos’ y ‘enterramientos’- como forma de controlar las alegadas indisciplinas que generaban las penurias que padecía la tropa a causa, fundamentalmente, de la falta de abrigo y comida”. Desde el CECIM sostienen que en la causa hay 105 hechos de torturas denunciados y 95 militares mencionados.

Con información de Clarin

martes, 28 de mayo de 2013

Comportamiento militar: Liderazgo de pequeños grupos en la grava malvinense

Malvinas: liderazgo en pequeños grupos 

Marcos Gallacher 


Hace un cuarto de siglo (el 28 de mayo de 1982), comenzaron los combates terrestres en la localidad de Darwin-Prado del Ganso (Malvinas). Tras la derrota de la guarnición argentina allí ubicada, las fuerzas británicas avanzaron hacia Puerto Argentino, librando los combates que concluyeron con el resultado conocido. Aunque se ha escrito mucho sobre Malvinas, aún queda bastante por dilucidar. Un tema poco analizado es el del comportamiento de los oficiales que participaron --liderando pequeñas unidades-- en esos combates. 
La importancia del liderazgo queda bien ilustrada en la clásica película El puente sobre el río Kwai : el comandante de los prisioneros británicos (el actor Alec Guinness) se resiste a que sus oficiales realicen trabajos manuales junto a sus hombres. Esta falta de colaboración lo lleva a ser brutalmente golpeado por sus captores. El argumento del comandante británico es simple: si los oficiales hacen el trabajo de los soldados rasos, toda la estructura jerárquica se desmorona. Sin oficiales, un batallón de combate --aun prisionero-- se transforma en una turba amorfa. 
Traemos a colación esa referencia por lo siguiente: mirando en TV los actos conmemorativos del 2 de abril, llamó la atención que los responsables de diseñar los programas periodísticos hayan ignorado este importante principio. En esos programas se mezcla el valioso testimonio de soldados conscriptos que estuvieron en las islas con el de periodistas, historiadores populares y comentaristas políticos. Se ignoró por completo a aquellos bajo cuya conducción directa los soldados enfrentaron al enemigo. Nos referimos a los jóvenes oficiales que aportaron, en el terreno, el liderazgo necesario para que un grupo humano funcionara como una unidad de combate. 



El grado militar de estos oficiales fue variado: en el Ejército, desde subtenientes recién egresados del Colegio Militar hasta mayores, teniente coroneles o coroneles. A casi ninguno de éstos se entrevistó. Una excepción a lo anterior fue el actual embajador Balza (teniente coronel en Malvinas). Los comentarios de Balza fueron --merece destacarse-- muy valiosos para entender lo que realmente ocurrió. En definitiva, el militar profesional --al igual que el médico, el abogado o el ingeniero-- conoce su oficio mejor que la mayoría de los legos. Son ellos --y no los legos-- los que mejor pueden analizar qué pasó y las enseñanzas que pueden sacarse de lo actuado. El militar profesional --en particular el oficial-- es el que vertebra un grupo de hombres y lo transforma en un instrumento de combate. Este oficial tiene una preparación que le permite poner en un contexto más amplio la experiencia cotidiana y, por lo tanto, aprender de ella. 
El ciudadano medio tiene dificultad en comprender el conflicto Malvinas, pues --entre otras causas-- la mayor parte de lo que lee o ve en televisión proviene de observadores que no estuvieron en el teatro de combate o, si estuvieron allí, lo hicieron como soldados conscriptos, cuyo valor no se pone en duda, pero cuya perspectiva es necesariamente limitada. Pocos saben, por ejemplo, que el porcentaje de oficiales muertos en los combates terrestres fue superior al de suboficiales y soldados: el 2,5 por ciento de los oficiales que participaron en el teatro de operaciones fue muerto en combate, contra el 1,7 de los suboficiales y el 1,9 de los soldados. No somos especialistas en historia militar. Sin embargo, por lo poco que hemos leído, no resulta frecuente que las bajas de oficiales superen a las de soldados: en el Ejército Argentino, esto efectivamente ocurrió. 
El conflicto Malvinas sigue siendo una herida abierta para muchos argentinos. Sin embargo, pueden aprovecharse lecciones positivas. Al respecto, la dura resistencia que ofrecieron nuestros compatriotas en varios de los enfrentamientos resultó --en una medida importante-- de liderazgo a nivel de las pequeñas unidades. Las organizaciones argentinas --sean privadas o públicas-- tienen una enorme falencia de liderazgo. Tal vez algunos de los ejemplos positivos de Malvinas --que los hay-- pueden servir para comprender mejor en qué consiste este liderazgo que tanto necesitamos. 

Marcos Gallacher es profesor de Organización Empresaria en la Universidad del CEMA.