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lunes, 9 de febrero de 2026

Libro: Desenmascarando a un pobre idiota, Ricky D. Philips


Demacrado, inútil e infeliz: La cara de la derrota ha sido una constante en su vida. 

Ricky D. Philips, charlatán militar británico



Introduzcamos la historia

The First Casualty, escrito por el escribidor británico Ricky D. Phillips y publicado en 2018, aborda, desde una perspectiva alternativa, el desembarco argentino en las Islas Malvinas ocurrido el 2 de abril de 1982, con el que dio inicio formalmente la Guerra de Malvinas. El título del libro hace alusión a la célebre frase “la verdad es la primera baja de la guerra”, y refleja la intención del autor de cuestionar la narrativa oficial tanto del lado argentino como británico. En concreto, el libro propone que la operación de recuperación de las islas por parte de las fuerzas armadas argentinas no fue tan incruenta como se ha sostenido tradicionalmente, y que el combate en torno a la casa del gobernador (Government House) fue más intenso y sangriento de lo que los informes oficiales informaron en su momento. Según Phillips, la resistencia ofrecida por los Royal Marines fue significativa y causó numerosas bajas entre las tropas argentinas.

Uno de los puntos más controvertidos del libro es la afirmación de que las bajas argentinas en esa jornada no se limitaron a tres —como sostiene la versión oficial y está documentado en fuentes militares argentinas y británicas— sino que podrían haber ascendido a decenas o incluso más de cien. El autor sostiene esta cifra con base en entrevistas que dice haber realizado a excombatientes británicos, especialmente Royal Marines que participaron en la defensa de Stanley. Phillips argumenta que esas bajas fueron deliberadamente ocultadas por las autoridades argentinas de entonces, por razones políticas y propagandísticas. No obstante, es importante destacar que no se han presentado hasta el momento documentos oficiales, partes militares o listas de caídos verificables que respalden esa afirmación. Además, investigaciones periodísticas y académicas posteriores no han hallado evidencia creíble que confirme una cifra superior a las tres bajas reconocidas oficialmente: el Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giachino, el Teniente de Fragata  Diego García Quiroga y el Cabo Primero Ernesto Urbina.

Desde su publicación, The First Casualty ha recibido críticas tanto por parte de historiadores británicos como argentinos. Se le ha cuestionado por la falta de rigor metodológico, la escasez de fuentes primarias comprobables y la presencia de errores de tipo técnico, geográfico y cronológico en el relato. También se ha señalado que el libro se basa en gran medida en testimonios no documentados y reconstrucciones hipotéticas sin respaldo documental sólido. A pesar de ello, ha generado atención en redes sociales y foros de discusión por ofrecer una visión distinta del inicio del conflicto. En definitiva, The First Casualty representa un intento de reinterpretar un episodio clave de la Guerra de Malvinas, pero su contenido debe ser evaluado con cautela y completa incredulidad, confrontándolo con las fuentes oficiales, testimonios acreditados y el consenso historiográfico. Como cualquier obra que se propone cuestionar versiones consolidadas, su valor dependerá del estándar de evidencia que logre sostener.

Confirmación de ausencia de evidencia empírica

Arrancamos por el final: Así terminaron 48 horas de solicitudes personales de información a este fabulador británico para que confirme las supuesta información sobre la lista de bajas de 100 casos menciona en su libro, la cual le solicité durante una interacción en la plataforma X. Obviamente está en inglés porque este mamerto no domina el español pero también esta lleno de mutuas agresiones y afirmaciones en doble sentido producto de la testosterona. Cuando el diálogo se pone picante, no tengo problemas en seguir. 
El texto remarcado en rojo dice algo así:

"VOS sos el único que sostiene que esa "lista" existe. Yo nunca referencié nada referido a tal ítem y dudo que alguien lo hubiese hecho o que exista si es que alguna vez existió. Una vez más, vos generás un hecho y luego demandás pruebas del mismo".
Es decir, ese dato que afirma, sugiere, pone sobre y luego saca durante todo el libro no existe. Ya que él comenta en su libro que habrías más de 100 bajas argentinas y que el combate por la Casa del Gobernador fue feroz y duró muchísimas horas, como parte de su trabajo de "historiador" debió por lo menos buscar una lista de bajas que confirmara sus afirmaciones. Como es tan idiota, ni siquiera se le ocurrió mentir en este sentido.





Ricky D. Philips, como ya se ha mencionado, es un propagandista británico que se autopercibe como historiador militar, se hizo famoso por armar una serie de mentiras enfocadas principalmente en la siguiente cuestión: Durante el desembarco del 2 de abril de 1982, ocurrida en el pueblo de Puerto Argentino/Stanley, las tropas argentinas oficialmente tuvieron 1 muerto y 2 heridos de bala. El mitománo británico esgrime que hubo más de 100 bajas/muertos argentinos durante ese día de operaciones. Es el único “autor” que propone ese argumento en todo el planeta, sin ningún respaldo más que comentarios de supuestas entrevistas, sumatorias de conjeturas y cuanta otra falta de rigor científico se haya cruzado. 


Tiempos mejores: el autor autodidacta publica sus primeras mentiras con éxito en Inglaterra.


Podría tranquilamente ser un protagonista más de Trainspotting: Obsérvese la cara que empieza de demacrarse.

Cuando fue inquirido de las pruebas de dichas afirmaciones, nunca presentó pruebas de nada. La única cuestión que me interesaba tratar con semejante opa, obviamente, era ésta en particular. Sus respuestas fueron atacar, difamar, poner palabras que jamás dije, tratarme de racista, fabulero, loco, drogadicto.
En todo el dialogo le solicité esa supuesta lista de bajas siendo ésta mi única cuestión a resolver. Cada vez que pude le solicité “the list” (remarcado en amarillo suave en el texto), la lista de 100 bajas que pobre salame afirmaba que había ocurrido ese glorioso 2 de abril.


Abajo vemos el primer intercambio en X y, más abajo, decidí publicar toda la lista de interacciones para que vean lo cansador que es tratar con paciente psiquiátrico de este nivel.




¿Y qué pasó? Obviamente NUNCA TUVO ESA LISTA (ver más arriba). Fue una obvia mentira de este personaje llamado Ricky D. Phillips, alias "Rickymondo". Un pobre inútil, miembro de la Sociedad Real de Historia (¡imagínense lo que serán los otros integrantes!), que no ha servido para nada en toda vida, lleno de desastres personales, mediocridad y bullineo cuando era chico (confesiones de él mismo).






Todos anticipamos por estas afirmaciones incomprobables que era un charlatán total, un propagandista que sesgaba todas sus afirmaciones hacia la postura británica en cualquier puto tema, desde el más nimio, con un autismo repetitivo y con retraso madurativo que es característico de muchos británicos.


Incluso lo ayudo con una foto y con una "lista enumerada" para llenar... podría haber puesto a los dos otros dos infantes de marina (García Quiroga y Urbina) que fueron heridos junto a Giachino... ni eso sabía este hijo de la Gran Bretaña.




Así que es eso: este sujeto confirma que jamás tuvo una lista de bajas del 2 de Abril, que son sus puras invenciones que “eso evento ocurrió porque yo lo investigué”. No pierdan más tiempo con este imbécil.







Eso es lo que dice la inteligencia artificial Grok respecto a su libro.

Prompt: Qué opinan otros historiadores respecto a la tesis de Philips
Los historiadores y los especialistas en historia militar establecidos no han aceptado en general la tesis central de Ricky D. Phillips en The First Casualtyque los Royal Marines infligieron muchas bajas (estimaciones de 70-100 o más argentinos muertos o heridos) durante la invasión argentina de las Malvinas el 2 de abril de 1982, mucho más allá de la cifra oficial de un solo argentino muerto (el capitán Pedro Giachino) y unas pocas heridas, y que la resistencia fue mucho más intensa y prolongada que la defensa "simbólica" o "de token" que describen las versiones oficiales.Los historiadores académicos y profesionales de historia militar casi nunca citan el libro ni lo discuten en profundidad. No aparece en revistas académicas revisadas por pares, editoriales universitarias ni en las bibliografías estándar sobre la Guerra de Malvinas (por ejemplo, obras de Lawrence Freedman, Martin Middlebrook o los registros oficiales británicos y argentinos). Esta ausencia es llamativa, dada la magnitud de las afirmaciones del libro, que —de ser ciertas— exigirían revisar por completo la narrativa aceptada.Las críticas de quienes sí lo han abordado directamente suelen ser fuertes:
  • Hay blogs y críticas online (como "The First Casualty Dissected") que refutan sistemáticamente las interpretaciones de Phillips, señalando inconsistencias con evidencias físicas, informes oficiales, testimonios de veteranos argentinos (incluyendo figuras como el capitán Hugo Santillán, cuya perspectiva se usa en contra de la versión de Phillips) y la falta de documentación que corrobore decenas de muertes (ausencia de cuerpos, fosas comunes o registros hospitalarios que respalden tantas bajas). Estos análisis argumentan que el libro se apoya demasiado en testimonios selectivos de veteranos británicos, mientras minimiza o malinterpreta fuentes argentinas y la falta de pruebas materiales para las bajas altas.
  • Algunos lo califican de sensacionalista, historia pop nacionalista más que de investigación rigurosa. Critican que Phillips no tiene credenciales académicas formales en historia (no tiene posgrados ni publicaciones en revistas académicas establecidas), que el libro es autopublicado y con elementos de autopromoción, y que tiende a narrativas conspirativas (encubrimientos gubernamentales de ambos lados). Una crítica detallada lo describe como alguien que no califica como historiador académico, y recuerda que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, que el libro supuestamente no ofrece más allá de anécdotas.
La recepción positiva viene principalmente de:
  • Algunos veteranos de los Royal Marines y lectores pro-británicos, que lo elogian por "vindicar" el coraje de la guarnición y por mostrar una resistencia heroica.
  • Reseñas entusiastas en Goodreads, Amazon, etc., que lo llaman bien investigado y revelador.
  • Algunos autores de historia militar no académicos (por ejemplo, elogios del historiador naval Angus Konstam por el estilo narrativo, o menciones junto a otros autores de Malvinas).
Sin embargo, incluso estos provienen más de círculos de entusiastas o veteranos que de historiadores universitarios.Del lado argentino, rechazan casi por completo las cifras altas de bajas, alineándose con sus registros oficiales y testimonios de veteranos que hablan de una toma rápida y con pocas bajas (Giachino como única fatalidad, por fuego amigo o accidente, no por fuego de los Marines). Algunas fuentes argentinas ven el libro como propaganda británica que exagera la resistencia para glorificar a los defensores.En resumen, la tesis de Phillips sigue siendo marginal y muy controvertida. Ha ganado tracción en círculos populares de historia militar, comunidades de veteranos y discusiones online, pero enfrenta escepticismo generalizado o rechazo directo de historiadores profesionales, que se mantienen en el consenso: la defensa inicial fue valiente en algunos puntos, pero breve y con efectos limitados, con mínimas bajas argentinas en total, debido a la superioridad numérica abrumadora y la decisión de rendirse para evitar bajas civiles. El impacto del libro ha sido más cultural y polémico que historiográfico.








Finalmente, y para no dejar absolutamente ninguna duda, este imbécil también considera un mito el ataque al HMS Invincible, lo cual es común en la manada británica, pero le agrega la hijaputez de decir que el testimonio de los pilotos fue preparado, que nunca volaron esa misión, que mintieron sobre la misión porque querían llevarse las medallas, los ascensos y todo lo que incluía ese prestigio. Repito, un pobre imbécil hijo de puta que ni respeto por gente de coraje tuvo en su vida. Su dirección es X es @RDPHistory. No estoy diciendo que lo visiten y lo insulten.  

 

miércoles, 21 de enero de 2026

IMARA: La experiencia de los VAO el 2 de Abril

𝐄xperiencias vividas durante el conflicto del 𝐀tlántico 𝐒ur


𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦  𝘑𝘶𝘢𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘔𝘢𝘳𝘵𝘪𝘯𝘦𝘭𝘭𝘪 – 𝘛𝘕𝘐𝘔 𝘝𝘎𝘔 (𝘙)



Malvinas 1982

𝘿𝙚𝙨𝙚𝙢𝙗𝙖𝙧𝙘𝙤 𝙮 𝙘𝙤𝙣𝙦𝙪𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙘𝙖𝙗𝙚𝙘𝙚𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝙥𝙡𝙖𝙮𝙖
Eran la 04:00 del día 02 de abril de 1982 y se tocó diana. Recuerdo que me desperté y me dirigí al baño para ducharme y colocarme el uniforme de combate nuevo que tenía en la mochila y que había traído especialmente para el día más glorioso de mi carrera militar, iba a entrar en combate para cumplir el juramento que le hiciera a nuestra bandera un 20 de junio de 1974: ¡defenderla hasta perder la vida!
El horario de embarcar en los Vehículos Anfibios a Oruga (VAO) era 05:45 y así lo hicimos, en orden, en silencio (independientemente de las voces de mando que pudieran oírse).
A las 06:00 salieron los 4 primeros VAOs a cargo del CCIM Hugo Jorge Santillán, formando parte de esa primera oleada nuestro Compañero de Promoción TCIM Carlos Ramón Schweizer.
En el VAO Comando, que iba a cargo del Comandante del BIM2 y Comandante de la FT 40.1. CFIM Alfredo Raúl Weinstabl, desembarqué Yo. Los primeros tramos de la travesía hasta la playa de desembarco se hizo con las escotillas del VAO cerradas. Tengan en cuenta aquellos que nunca desembarcaron en un vehículo anfibio que en esas condiciones, la aproximación a la playa es altamente peligrosa. De haber tenido las tropas británicas posibilidades de hacer fuego sobre los mismos, nosotros nos hubiéramos convertido en “tiro al patito” y seguramente muchos hubiéramos quedado en las frías aguas del Atlántico Sur, dado que un vehículo anfibio como el que estábamos navegando, no dispone de blindaje.
Antes de tocar tierra en la playa de desembarco, las escotillas superiores se abrieron y pudimos asomarnos y ver en la inmensidad de la noche (a esa hora todavía no había amanecido) los “hilos de fuego” que deja la munición trazante, señal que en tierra se estaba combatiendo. Lógicamente la sangre en mi interior fluye con mayor rapidez ante la inminencia de tocar tierra y entrar en combate. Miedo: NO, Incertidumbre: TODA.



Por fin tocamos tierra sin tener que lamentar ningún perjuicio en personal ni vehículos.
Rápidamente nos dirigimos hacia el aeropuerto de (hasta ese momento) Port Stanley y sin resistencia enemiga pudimos observar que el mismo tenía la pista de aterrizaje obstruida por vehículos y otros obstáculos, lo que hubiera impedido en esas condiciones el aterrizaje de cualquier aeronave. El Comandante dá la orden de despejarla y en esos momentos llega la información que los vehículos del CCIM Santillán habían sido detenidos por fuego enemigo, habiendo recibido uno de ellos varios impactos de proyectiles de ametralladora y una esquirla había herido levemente a un Conscripto en una mano.
Rápidamente el CFIM Weinstabl, ordena al conductor del VAO Comando dirigirse hacia ese lugar, junto a la Cía. Delta a cargo del TNIM Di Paola. Llegamos hasta donde estaba la vanguardia y desmontamos de los vehículos anfibios. En este momento recuerdo una anécdota vivida junto a Carlos Schweizer: cuando desmontamos de los VAOs, veo a Carlos de pie y acomodando los talones de sus Conscriptos para evitar una común herida de guerra que precisamente es ser herido en los talones por no hacer correctamente cuerpo a tierra. En ese momento le grito “Bizcocho, planchate que nos están tirando”, él se da vuelta riéndose y me hace caso. Aprovecho y le digo, “qué ruido hacen los cañones sin retroceso de Di Filippo (SSIM Jefe de Cañones sin Retroceso del BIM 2) y resulta que me contesta: “son los morteros de los ingleses que nos están tirando”. En ese momento pensé “uno se muere en la guerra sin darse cuenta”. Lo que pensé que eran nuestros cañones, en realidad era fuego enemigo sobre nosotros.
Fundamentalmente con un eficaz disparo de uno de los cañones sin retroceso, hizo que los ingleses cesaran en su acción retirándose al interior de la localidad.



La vanguardia volvió a montar en los vehículos y buscó reforzar la acción de los Comandos Anfibios en Moody Brook. Sin embargo, éstos ya habían cumplido su misión y se encontraban próximos a Port Stanley por el lado opuesto al avance del BIM2, por lo cual el Capitán Santillán continuó su avance para completar su misión de aseguramiento de la península Camber.
Mientras tanto las Compañías del Batallón entraron sin resistencia en la ciudad, ocupando sus zonas de responsabilidad (ZR) y tenían absoluto control sobre la población y los servicios públicos esenciales.
Mientras entrábamos en la zona urbana de Port Stanley, recibimos fuego de francotirador.
Rápidamente nos tiramos cuerpo a tierra y veo una ventana donde la cortina era movida por el viento.
Le pido autorización al Capitán Weinstabl para abrir fuego sobre ese lugar, pero dada la orden inicial de recuperar de manera incruenta las Islas, no me autoriza a disparar.
Pasado el momento y dado que no se repitió el suceso; nos ponemos nuevamente en marcha y llegamos hasta un lugar donde el Comandante nos reúne a los Oficiales de la Vanguardia.
En ese momento percibo que estamos frente a una construcción que parece ser un gimnasio de 2 pisos.
Ante la posibilidad que pudiera haber Royal Marines ocultos, le pido autorización para entrar a registrarlo.
El capitán Weinstabl me autoriza a llevar al TCIM Gazzolo y 2 Suboficiales. Ingresamos y nos encontramos con que para subir al primer piso había dos escaleras laterales, para lo cual le digo a Gazzolo que junto a uno de los Suboficiales utilice el flanco derecho y junto al otro Suboficial, subiríamos por el flanco izquierdo.



Así lo hacemos y con los cuidados del caso ya que estábamos demasiados expuestos, llegamos hasta una habitación donde encontramos a 5 Royal Marines en actitud de haberse rendido ya que habían dejado sus armas (5 ametralladoras Sterling) sobre una mesa con sus cargadores separados de las armas y una agente de policía femenina.
Realizamos el cacheo de rigor a los Soldados Ingleses y no tocamos a la agente femenina.
Comprobado que los militares no tenían más armamento, quedaron en custodia hasta remitirlos al Punto de Reunión de Prisioneros (PRP).
Pero la gran sorpresa se produce cuando abrimos la puerta de un salón más grande y encontramos a los habitantes de nacionalidad Argentina que habían sido encerrados a manera de prisioneros.
Los liberamos y enviamos a los prisioneros al PRP.

lunes, 1 de septiembre de 2025

El almirante Hayward atestigua el desembarco del 2 de Abril en Buenos Aires

El almirante Hayward le dijo al jefe de operaciones navales argentino: “No quiero ninguna despedida”.

‘En ese mismo momento, estaban desembarcando en las Malvinas’

Por el almirante Thomas B. Hayward, Marina de los EE. UU. (retirado) || Naval Institute
Historia naval
Volumen 33, número 4

Cuando comenzó la Guerra de las Malvinas el 2 de abril de 1982 (ver “La táctica de la zona gris de Argentina”, págs. 44-51), el jefe de operaciones navales (CNO), almirante Thomas B. Hayward, se encontró en una posición única: estaba en la capital argentina cuando comenzaron los combates. Aquí, de su historia oral en el Instituto Naval de los EE. UU., se encuentra su relato de primera mano:

El papel de la Marina de los EE. UU. en la Guerra de las Malvinas fue realmente mínimo. Mi papel fue bastante interesante. Estaba en Buenos Aires el día de la invasión de las islas por los argentinos.

Estados Unidos había tenido años de dificultades en materia de política exterior con los líderes de Argentina, pero finalmente decidió que era hora de una visita oficial. Una forma útil de iniciar una mejora, en la mayoría de los casos, era el diálogo entre militares, y la Marina se utiliza muy a menudo como esa herramienta. Así que se organizó un viaje para que yo recorriera Sudamérica en visitas oficiales, incluida una parada en Buenos Aires, con dos o tres días con su jefe de marina.

Un giro interesante al intentar organizar ese programa fue que los argentinos estaban siendo autoritarios con respecto a que mi visita fuera en un momento muy específico. Pero simplemente no encajaba con el programa de otros lugares a los que tenía que ir. Finalmente les dije a los encargados de la programación: “Elimínenlos. No podemos adaptarnos a eso, y si no pueden cambiarlo unos días, entonces eliminémoslos”. Bueno, eso tuvo una repercusión rápida en el sistema, y ​​ajustaron su programa para cumplir con mi disponibilidad.

Así que fui a Chile antes de Argentina y luego volé a Buenos Aires. Durante el día, hice llamadas oficiales al CNO argentino y fui a reunirme con el general Leopoldo Galtieri, el presidente de facto en ese momento. Lo fascinante de eso fue que había hablado con él sobre la tensión por la isla Georgia del Sur. Ya había aumentado mucho. Recuerdo haberle comentado: “Bueno, hagas lo que hagas, no hagas ninguna tontería como enviar tropas a tierra en otro lugar”.

Cuando salimos, nos subimos al auto y nos alejamos, nuestro agregado naval dijo: “Algo está pasando. Nunca había visto a Galtieri tan nervioso. Es un tipo tan sereno y responsable. ¿Notaste cómo movía el pie constantemente?”.

Dije: “No, no lo noté”.

Dijo: “Bueno, algo está pasando”.

Mucho lenguaje corporal allí. Así que le transmitimos eso al embajador más tarde esa tarde. Por la noche hubo una gran recepción formal con trajes de gala blancos y mucho bronce. El CNO argentino y yo brindamos por nuestros países y dijimos cosas maravillosas sobre lo bueno que era que estuviéramos trabajando juntos de nuevo. En ese preciso momento, estaban desembarcando en las Malvinas. Una parte interesante de esto es que estoy seguro de que menos de la mitad de sus oficiales lo sabían. Bueno, yo tampoco lo sabía en ese momento, por supuesto.

La fiesta continuó hasta la una de la madrugada aproximadamente. Mi esposa y yo estábamos durmiendo en la casa del embajador. Alrededor de las cuatro o cinco de la mañana, alguien tocó a la puerta del dormitorio. Era el embajador. Y dijo: “Acabamos de recibir noticias de que los argentinos han desembarcado en las Malvinas”. ¡Madre mía! Así que los dos fuimos a escuchar la última información de inteligencia y tratamos de averiguar qué estaba pasando. Dije: “Bueno, ese es el final de mi viaje. Nos vamos”. Y lo hicimos; nos fuimos a primera hora de la mañana, dos o tres días antes de lo esperado. No había estado allí durante 24 horas.

De alguna manera, me llegó la noticia de que el jefe de operaciones navales argentino quería verme. ¿Podría pasar por su oficina y tratar de explicarme lo que estaba pasando? Acepté tontamente porque pensé que así obtendría algo de información, averiguaría los detalles. Porque no lo sabíamos; solo sabíamos que era un mal negocio. Pero tal vez había una justificación para ello. ¿Quién sabe?

Así que fui a su oficina. No me quedé allí mucho tiempo. Trató de explicar por qué su país tenía que hacer esto. Estaban esperando el apoyo del gobierno de los EE. UU. Me dio sus razones, que me parecieron poco convincentes.

Le dije al almirante que me iba. Después de hacer todo lo posible por disuadirme, dijo: “Te esperaré en el aeropuerto. Quiero darte una despedida oficial”.

Dije: “No quiero ninguna despedida, en absoluto. Lo que has hecho ha violado todo el propósito de este viaje aquí y de la reunión. No quiero bandas ni nada de eso”. Cuando llegué al aeropuerto, él ya estaba allí con media docena de sus oficiales y sus esposas, cargados de ramos de flores, acompañantes y todo. Mi esposa me recuerda cuando yo caminaba entre los acompañantes. Sin honores.

viernes, 4 de abril de 2025

2 de Abril: El primer argentino en desembarcar en las islas

El primer argentino que desembarcó en las islas


𝘌𝘯 1982 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘣𝘰 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘢𝘭 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘊𝘦𝘲𝘶𝘦𝘪𝘳𝘢, 𝘥𝘦 27 𝘢ñ𝘰𝘴, 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘌𝘴𝘤𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘥𝘦 𝘐𝘯𝘧𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳í𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘳𝘪𝘯𝘢,  𝘋𝘦𝘴𝘱𝘶é𝘴 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘻ó 𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘢𝘭 𝘤𝘶𝘢𝘥𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘖𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴




La mayoría los Comandos Anfibios, tropas especiales de la Infantería de Marina, fueron convocados alrededor del 21 de marzo de 1982 a la unidad con base en Mar del Plata y luego destinados a la Operación Rosario de recuperación de las Malvinas. La Agrupación de Comandos Anfibios de la Armada Argentina estaba
ubicada en Mar del Plata y desde allí fueron trasladados a Puerto Belgrano para luego embarcar en la Santísima Trinidad, que llevaba aproximadamente 90 Comandos y Buzos Tácticos de la Armada, los cuales constituirían la fuerza de avanzada de la operación anfibia de recuperación de las Islas.



“Teníamos una orden preparatoria general y sabíamos lo que teníamos que preparar por equipo para la operación. Nos habían informado que íbamos a desembarcar de un buque de superficie y que íbamos a tomar un cuartel y una casa de Gobierno, pero no sabíamos dónde”, recuerda Carlos Cequeira.
Durante la travesía se hizo prueba del armamento y recién cuando navegaban al lugar se enteraron que el destino era las Islas Malvinas.
El 1° de abril a la noche, a las 20:00 hs, llegaron cerca de Malvinas y a las 21:00 hs se fueron ocupando las embarcaciones menores (botes de goma y kayaks) para aproximarse a la playa.
Cequeira, junto al jefe de la sección denominada “Cachiyuyo” para la operación, el Teniente de Corbeta de Infantería de Marina Bernardo Schweizer fueron los primeros en llegar en un kayak a las costas de Malvinas en Puerto Enriqueta.
La misión de “cachiyuyo” era desembarcar adelantado a las unidades de tareas y asegurar la playa para permitir el desembarco seguro del resto de los botes de goma que llevaban a los Comandos y Buzos Tácticos.
Cequeira recuerda que “nos desplazamos en un bote y luego en la primera enredada con los cachiyuyos (algas que crecen en el mas del sur) que abundaban en ese sector de playa, perdimos un poco la paciencia, subimos al kayak y empezamos a remar, para llegar a una pequeña ría, sobre la desembocadura del margen derecho. El Teniente Schweizer iba con un visor nocturno y atrás estaba yo, con el compás, mantenía la dirección de avance; él me dice que se ve una luz en la costa. Me presta el visor, veo que había alguien en la costa, supusimos que estaban los ingleses”. Por tal motivo, decidimos ir a una playa alternativa que teníamos dentro del plan, “la otra playa quedaba a 500 metros de la playa principal, hicimos una exploración, fundamentalmente por escucha de ruidos producidos por la presencia de personas en la nueva playa, y luego nos juntamos en el lugar. Al no tener novedades, el Teniente marcó el avance con una señal a los cinco botes de seguridad, los cuales se aproximaron y se estableció la cabeza de playa”.
Cequeira  señala que aquel 1° de abril “el mar estaba calmo, había una sola línea de rompiente y había una luna que nos encandilaba y cuando llegamos a la playa la luna ya se había puesto. Cuando hicimos la marcha de aproximación estaba oscuro y había muchos obstáculos naturales y artificiales, porque había turba, alambrados y el terreno era muy irregular. La costa era similar a la de Río Grande, en nuestra Tierra del Fuego”, contó que había realizado muchas prácticas en la costa patagónica con climas más inhóspitos
Alrededor de las 23:00 hs llegó a la playa el grueso de los efectivos especiales de la Armada y su marcha de aproximación a los objetivos se inició alrededor de la 01:00 del 2 de abril , “a las 6 de mañana, del 2 de abril, teníamos que tomar el cuartel de los Royal Marines en Moody Brook y la Casa de Gobierno ubicada en la localidad”, por ese motivo se dividieron en dos fracciones.
Una se dirigió al cuartel e iba al mando del capitán Sánchez Sabarots y la otra estaba a cargo del capitán Pedro Edgardo Giachino. 


Cequeira recuerda que empezaron a marchar y llegaron en el horario indicado a los objetivos. “Teníamos una imposición muy particular, si uno mira las historias de las operaciones tipo comando vemos que son cruentas con muchos muertos en las fuerzas propias y en la de los enemigos. En este caso, nos imponían no causar bajas enemigas, con el propósito de llegar bien posicionados para una negociación. No teníamos que matar ni herir a los ingleses y nos condicionaron muchísimo y lo hicimos así, a costa de Heridos y muertos nuestros.
El capitán Giacchino, el Teniente García Quiroga y el cabo Urbina, fueron nuestras primeras bajas”, el 2 de abril de 1982.
Al llegar a los objetivos adoptamos el dispositivo que teníamos planeado, cada uno tenía una responsabilidad. Dentro de la patrulla se constituyen escalones con tareas específicas para cada uno. La misión del escalón de seguridad es evitar que lleguen refuerzos al objetivo, para lo cual en la zona donde había un puente nos instalamos los de seguridad, para evitar que lleguen soldados ingleses a reforzar lo que era el cuartel”.
Cequeira recuerda que “hubo una resistencia muy débil” por parte de los Royal Marines, “había diez hombres defendiendo el cuartel, quienes tiraron, tiraron y tiraron durante diez minutos y en un determinado momento cesó el fuego”.
Ingresamos a lo que era el cuartel y no encontramos a nadie, en ese momento, arriamos la bandera inglesa que estaba en el mástil, y se izó la bandera argentina a las 7.15, en el cuartel de los Royal Marines”. El izamiento de la celeste y blanca estuvo a cargo del comandante de la Agrupación de Comandos Anfibios, capitán Sánchez Sabarots y el suboficial encargado de la Agrupación Guillermo Rodríguez.
“Fue enorme la alegría de ver flamear nuestro pabellón en Malvinas..  Seguidamente, los argentinos escucharon tiroteos que provenían desde la casa del entonces Gobernador de las Islas, a 6 km., donde estaba el capitán Giachino. Rápidamente un grupo de comandos se dirigió a la ciudad para reforzar al grupo del capitán Giachino, pero antes de llegar a la casa del Gobernador, apareció alguien de civil, que era un argentino de la aviación civil, que no había sido capturado la noche del 1° (todos los argentinos en Puerto Argentino, que realizaban distintas tareas, habían sido recluidos por las autoridades británicas) y nos indicó que detrás de la casa del Gobernador, a 400 metros, había unos veinte ingleses, por lo que nos adelantamos listos para entrar en combate y estos no ofrecieron resistencia. Nosotros nos desplazamos con mucha precaución y aplicamos una técnica que se realiza para esos casos, como teníamos la consigna de no producir bajas en el enemigo, avanzamos para achicar las distancias y nos levantamos los doce hombres en forma simultánea con las armas listas para disparar apuntando y cuando empezamos a marchar vemos que con una bandera blanca en una antena de radio se rinden, sin combate”,
Desde allí se lanzaron hacia la Casa del Gobernador, donde escucharon disparos de armas automáticas “fuimos a reforzar al capitán Giachino y vemos que en ese momento llegaban los vehículos anfibios argentinos con el Batallón de IM N°2 que constituía la fuerza principal de la operación anfibia y en ese momento se rindieron los británicos.

miércoles, 2 de abril de 2025

La gesta de Malvinas para nunca más ignorar nuestra historia

 

Gesta de Malvinas: ¿Cinismo o ignorancia?

No pasa una semana sin que uno tenga que asombrarse de la liviandad con que funcionarios y políticos argentinos, de toda laya, afiliación y jerarquía, actuan en temas referidos a nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas. ¿Cinismo o ignorancia? Siendo benévolos y pensando en la segunda variante ¿será que se cumple aquella máxima de que uno no puede amar lo que no conoce? ¿Y que dichos funcionarios y políticos necesitan un breve curso sobre lo que fue nuestra noble y justa guerra del 82? ¿Algo así, quizá, los pueda conmover y empuje a reconsiderar?

LA RECUPERACION

La recuperación de las Islas Malvinas se llevó a cabo de manera incruenta para las tropas británicas en el llamado Operativo Rosario, aunque la misma le costó la vida al capitán Pedro Giachino, el primer héroe de la Gesta, quien a pesar de estar mortalmente herido hizo rendir al gobernador Rex Hunt.

A todas luces la Junta Militar había caído en la trampa, tendida por Gran Bretaña con ayuda del Pentágono, de que podía hacer una suerte de “toco y me voy” para después sentarse a negociar. Lejos de eso, la intención de la primera ministra Margaret Thatcher era provocar a la Argentina para tener un “casus belli” que sirviera de justificación a una nueva invasión británica y al establecimiento de la Fortaleza Falklands en el archipiélago.

Hay que recordar que en 1982 la OTAN ya no tenía ninguna base militar en el Atlántico Sur, que pudiera servir de contrapeso a la creciente presencia de la flota soviética en esas aguas, y necesitaba asegurarse a futuro la explotación de petróleo en la zona, el control del cruce interoceánico y sobre todo la proyección a la Antártida, último gran reservorio de minerales y agua dulce del planeta.

La Junta Militar nunca había pensado en ir a una guerra contra la OTAN pero, como intento de disuasión, ante la zarpada de una poderosa flota británica, comenzó a enviar tropas a las islas -con armamento incompleto- a la espera de que las Naciones Unidas pararan el conflicto bélico. Durante todo el mes de abril se montó un impresionante puente aéreo entre el continente y el archipiélago, que se ha llegado a comparar por su magnitud con el puente aéreo de los Aliados a Berlín, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

EL 1° DE MAYO

Tras establecer un cerco en torno a las islas, la aviación británica atacó la Base Aérea Malvinas, bombardeándola con bombas de mil libras y bombas de fragmentación tipo Beluga en la madrugada del 1° de mayo, con aviones Vulcan y Sea Harrier. La eficaz respuesta de la artillería antiaérea consiguió derribar varias de esas máquinas, evitando así que quedara fuera de servicio el aeropuerto. De hecho, a pesar de que la pista fue el blanco principal de los británicos, que durante todo el conflicto estuvieron bombardeándola hasta tres y cuatro veces por día, nunca lograron su objetivo. Siguió operativa hasta el último día del conflicto, permitiendo que aterrizaran en ella los aviones Hércules de la Fuerza Aérea y los Fokker de la Armada, trayendo abastecimiento y armamento y evacuando heridos.

Ese día 1° de mayo la Fuerza Aérea atacó a las fragatas británicas, causándoles daños y también se enfrascó en las llamadas “peleas de perro” con los aviones Harrier británicos, muy superiores en tecnología y armamento, ya que los Estados Unidos los habían provisto con los misiles Sidewinder L, de última generación. A propósito, el entonces Secretario de Marina de los Estados Unidos, John Lehman declaró que sin esos misiles el Reino Unido habría perdido la guerra.

La Argentina contaba con cinco aviones ultramodernos, los Super Etendard, con sus respectivos misiles Exocet, pero la mayoría de los aviones de la Fuerza Aérea eran de la década del 50, los Skyhawk A4. Sin embargo, sus pilotos, conocidos como los Halcones, suplieron esos 30 años de diferencia en tecnología con pericia, coraje y mística religiosa, diezmando a la flota del Reino Unido. Sorprendido, el jefe de la Task Force, almirante Sandy Woodward, anotaba en su diario (que luego fue editado como libro bajo el título ‘Los cien días’): “Si me preguntan quienes están ganando la guerra, nosotros ciertamente no somos”. Y en otro pasaje comenta que le quedan solamente tres buques operativos (había zarpado de Gran Bretaña con más de cien unidades, entre buques de guerra y logísticos).

Finalmente, el día 13 de junio, después de enumerar todas las bajas que los Halcones le habían causado a la flota, escribe: “Si los argentinos pudieran soplarnos, nos caemos”. Y justamente el 13 de junio el general Menéndez, jefe de la Guarnición Malvinas y gobernador militar, decide rendirse, tras mostrar durante todo el conflicto una asombrosa pasividad. Lo hace cuando a los británicos ya se les estaban acabando los pertrechos, por cuanto un avión Super Etendard de la Armada Argentina les había hundido el portacontenedores militar Atlantic Conveyor.

Después de la guerra se publicó un “paper” de la Inteligencia británica donde se habla del “factor Genta” en la guerra de Malvinas. Allí se explica que los cadetes de la Escuela de Aviación Militar habían sido formados en las enseñanzas de este filósofo nacionalista católico, asesinado por la guerrilla marxista en 1974, que los había imbuido de la mística que les permitió tener un desempeño tan eficaz en el conflicto.

HUNDIMIENTO DEL BELGRANO

La embajadora de los EE.UU. en la ONU, Jeanne Kirkpatrick, estaba haciendo denodados esfuerzos en conjunto con el presidente del Perú y el Secretario General de la entidad, para detener la guerra, y prácticamente se estaba por acordar un cese de fuego, pero a fin de frustrarlo y continuar con la guerra, Margaret Thatcher ordenó hundir el crucero General Belgrano, que estaba navegando de regreso al continente. Ya no habría marcha atrás.

Tras el hundimiento del Belgrano, la Armada retiró a la flota de mar del teatro de operaciones, a tal punto que el único de sus navíos que en Malvinas entró en combate, fue el pequeño aviso Sobral, que audazmente ingresó en aguas dominadas por los británicos para tratar de rescatar a dos pilotos derribados de la Fuerza Aérea.

Atacado por helicópteros artillados, presentó combate a pesar de la inferioridad de su armamento y sufrió numerosas bajas comenzando por su comandante, el capitán Gómez Roca, pero no se entregó y logró arribar al continente (en las Georgias había llegado a entrar en combate la corbeta Guerrico). De esta manera quienes salvaron el honor de la Armada en Malvinas fueron los aviadores navales, algunas fracciones de la Infantería de Marina, el submarino San Luis y las tripulaciones de ciertos buques mercantes.

Dos días después del hundimiento del Belgrano llegó el contragolpe de la Aviación Naval. Aviones Super Etendard atacaron y hundieron al Sheffield, el buque más moderno y sofisticado de la flota británica.

De ahí en adelante se sucedieron ataques de aviones de la Fuerza Aérea que salían del continente y que debían volar a ras del agua, para no ser captados demasiado temprano por los radares del enemigo, luego atravesar el erizo de fuego defensivo de las fragatas, descargar las bombas en el puente de las mismas y hacer el escape con una cantidad mínima de combustible, perseguidos además por los Harrier con su armamento tan superior.

DESEMBARCO BRITANICO

Recién el 21 de mayo los británicos se animaron a desembarcar y lo hicieron en San Carlos, lugar que oficiales de Inteligencia argentinos habían identificado como probable. Sin embargo, el general Menéndez solo había mandado 60 hombres a la zona. Encabezados por el teniente primero Carlos Daniel Esteban, estos soldados enfrentaron el desembarco de unos 2500 británicos y derribaron tres helicópteros antes de replegarse hacia Puerto Argentino.

Alertados por el teniente de navío Owen Crippa, que en la mañana del 21 de mayo atacó con su avión de entrenamiento AerMacchi a toda la flota británica en el estrecho de San Carlos, averiando a la fragata Argonaut, desde el continente comenzaron a llegar oleadas de cazabombarderos de La Fuerza Aérea y la Aviación Naval que sometieron a un feroz castigo a la flota británica, hundiendo varios buques y averiando a otros.

Desde San Carlos, los británicos emprendieron la marcha hacia la localidad de Darwin-Pradera del Ganso, donde funcionaba la Base Cóndor de la Fuerza Aérea y estaba desplegado el Regimiento 12 de Infantería y fracciones de los Regimientos 8 y 25, está última al mando del teniente Roberto Estévez.

A todo esto, los Halcones seguían asediando a la flota británica, causándole ingentes daños. Así, por ejemplo, el 25 de mayo el primer teniente Mariano Velasco hundió al destructor Coventry y los pilotos Pablo Carballo y Carlos Rinke pusieron fuera de combate a la fragata Broadsword. El general Menéndez, en cambio, persistía en su actitud pasiva. Había enterrado a unos 8.000 soldados alrededor de Puerto Argentino, en pozos de zorro inundados y con insuficiente alimentación, ya que había prohibido que se carnearan las centenares de miles de ovejas que había en las islas. Tampoco había cambiado de dirección la cuña defensiva que apuntaba hacia el mar, cuando los británicos avanzaban por tierra. Solamente salían a buscar al enemigo las compañías de comandos. Fueron las únicas unidades que tomaron prisioneros, y que capturaron una enseña británica. Además fueron las fracciones que proporcionalmente más bajas tuvieron.

El dia 27 de mayo los británicos comenzaron a atacar las posiciones argentinas en Darwin-Pradera del Ganso. Se habían jactado que a las 5 de la tarde ya estarían tomando el té de la victoria, pero los combates finalizaron recién el 29. En los mismos se destacó la Sección del teniente Roberto Estévez, que contraatacó y detuvo a las fuerzas británicas – superiores en número – durante cinco horas. Aún herido, Estévez siguió comandando, combatiendo y cuidando a sus soldados conscriptos hasta que cayó muerto. También se distinguió en las acciones el subteniente Juan José Gómez Centurión, quien abatió a un teniente de paracaidistas y rescató, internándose detrás de las líneas enemigas, a un suboficial herido.

Uno de los hombres de Estévez, el conscripto Oscar Ledesma, de 18 años, abatió en un mano a mano al jefe de los paracaidistas británicos, el teniente coronel Herbert Jones. Su accionar, como el de muchos otros soldados conscriptos, echa por tierra el mito de los “chicos de la guerra”, mote infamante endilgado a nuestros soldados a fin de sugerir que no eran aptos para el combate y solamente dignos de lástima.

Asimismo se destacó en el combate el subteniente Claudio Braghini, que amén de haber derribado aviones Harrier, utilizó los cañones bitubo de su batería antiaérea para arrasar a la infantería enemiga.

El teniente coronel Italo Piaggi rindió la guarnición el 29 de mayo, pero los británicos nunca más volvieron a atacar a la luz del día, como lo habían hecho en esta oportunidad, por la cantidad de bajas que sufrieron.

Al tiempo que continuaba la batalla aeronaval, los británicos marchaban por tierra hacia Puerto Argentino, pero el 8 de junio intentaron realizar un desembarco de tropas en Bahía Agradable. Una escuadrilla de la Fuerza Aérea comandada por Carlos Cachón atacó al enemigo en el momento justo del desembarco, causando estragos entre los buques y los soldados, a tal punto que los propios ingleses calificaron ese 8 de junio como “El día más negro de la flota británica”. El general Menéndez, que aún disponía de 12 helicópteros en condiciones de transportar tropa, no hizo nada para rematar el desembarco, a pesar de la corta distancia entre Puerto Argentino y Bahía Agradable.

A partir del 9 de junio se intensificaron los combates en los montes aledaños a Puerto Argentino. En el monte Dos Hermanas se destacó por su valentía y eficacia la fracción encabezada por el subteniente Marcelo Llambías, y en el monte Harriet, el teniente primero Jorge Echeverría, un oficial de Inteligencia sin mando de tropa, organizo la resistencia e incluso realizó un contraataque, antes de caer herido por cinco impactos.

La superioridad numérica del enemigo hizo imposible retener esos montes, aunque en las cercanías había varios regimientos argentinos –el 3, el 25, el 6 – que prácticamente nunca entraron en combate (salvo algunas de sus fracciones pequeñas). El general Menéndez, haciendo gala de su sempiterna pasividad no los movilizó.

La batalla clave se produjo en la noche del 11 al 12 de junio por el control del Monte Longdon, defendido por el Regimiento de Infantería 7 y pequeñas fracciones de otras unidades. El encarnizado combate duró once horas, destacándose el contraataque realizado por la Sección del teniente Raúl Castañeda, que estuvo a punto de desalojar a los británicos. Pero al no recibir apoyo por parte de otros efectivos, el Monte Longdon quedó en manos enemigas.

A partir de ahí fue central el accionar de la artillería argentina para contener el avance británico. Como ejemplo cabe citar que la Batería A del Grupo de Artillería 3, comandada por el teniente primero Luis Caballero, disparó sus cañones Oto Melara de 105 mm durante 60 horas seguidas, hasta agotar munición.

El 13 de junio una escuadrilla de la Fuerza Aérea, encabezada por el capitán Carlos Varela atacó audazmente el puesto comando británico en tierra, causando numerosas bajas y obligando al máximo jefe enemigo, general Jeremy Moore, a tirarse en una zanja para salvar su vida.

Esa misma noche se produjo el contraataque en Wireless Ridge del teniente primero Víctor Hugo Rodríguez, al mando de dos Secciones del Regimiento 3. Y en el monte Tumbledown resistió durante diez horas el embate de fuerzas inglesas superiores en número en una relación de uno a diez, la Cuarta Sección de la Compañía Nácar del Batallón de Infantería de Marina 5, al mando del teniente de corbeta Carlos Daniel Vázquez. El grueso de esa unidad nunca fue empeñado en combate de infantería por su jefe, el capitán Carlos Robacio. Sólo lo hicieron pequeñas fracciones como la de Vázquez y del guardiamarina Alejandro Koch en el Monte Sapper.

El 14 de junio a la mañana el general Menéndez se rendía, sin haber dado nunca una orden de ataque o contraataque. El cese de fuego tuvo lugar a las 10 de la mañana. La guerra había terminado, a pesar de que la Fuerza Aérea quería seguir combatiendo.

Los 632 soldados argentinos caídos en el conflicto son los centinelas garantes de que el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas nunca será abandonado por la Nación. ¿Entenderán finalmente los funcionarios y políticos argentinos que la sangre derramada no se negocia?