Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de septiembre de 2026

La carta al padre del Teniente Estévez

La carta del teniente Estévez a su padre: "Dios ha dispuesto que muera en Malvinas cumpliendo con mi misión"

Combatió hasta el final, con un balazo en una pierna y un brazo destrozado por un proyectil. Murió en la batalla de Darwin-Pradera del Ganso. Antes de partir hacia la guerra, dejó dos cartas: para su novia y para su padre. Aquí, en la voz de Mariano Martínez, el homenaje a un héroe de Malvinas

Por Gaby Cociffi || Infobae



El primer proyectil le pegó en la pierna izquierda. El siguiente le destrozó un brazo. El teniente Roberto Néstor Estévez, sangrando, siguió dando órdenes a sus 40 hombres que, en la primera línea de combate, contenían el avance inglés sobre Pradera del Ganso.

En medio del feroz combate, el oficial vio que uno uno de sus soldados estaba herido en una trinchera. A pesar de sus propias heridas, se arrastró hacia él. Tomó un fusil FAL y siguió disparando.

"De pronto lo vi caer en mi pozo. No parecía sentir dolor, gritaba y daba órdenes, estaba dispuesto a continuar la batalla", recordó años más tarde el veterano Sergio Daniel Rodríguez.

-¿Estás bien?– le preguntó Estévez al ver que la pierna del joven estaba ensangrentada.

-Estoy bien, puedo seguir– respondió Rodríguez

El teniente Roberto Néstor Estévez cayó en Darwin el 28 de mayo de 1982. Había nacido en Posadas, Misiones, y tenía 25 años

La batalla había comenzado en la densa y gris madrugada del 28 de mayo de 1982. La compañía C del Regimiento 25 de Infantería de Colonia Sarmiento, Chubut, recibió la orden de relevar a la Compañía A del Regimiento 12 de Infantería que estaba bajo intenso fuego enemigo.

"Sé que la misión que le imparto sobrepasa sus posibilidades, pero no me queda otro camino", le dijo el teniente Coronel Italo Ángel Piaggi, del R12.

Estévez no dudó. Supo que era una misión imposible, excesivamente arriesgada, pero arengó a sus hombres:

"Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen… ¡Seguidme!".

La Compañía C del Regimiento 25: (de izq. a der) El teniente primero Esteba, el teniente Estévez y el subteniente Gómez Centurión

A las 5:30 de la mañana los ingleses habían tomado las posiciones más altas. Los argentinos se desplegaron en abanico y se refugiaron en varias trincheras. El fuego enemigo comenzó a menos de 200 metros. La Compañía C quedó en medio de un tiroteo entre las fuerzas británicas y otro regimiento argentino que estaba a sus espaldas.

Las fuerzas nacionales se enfrentaban contra 150 hombres bien armados y con apoyo naval del 2º Batallón de Paracaidistas británicos. Para el mediodía la batalla continuaba y la sección de Estévez había rechazado tres avances ingleses impidiéndoles tomar la colina.

Pero el R25 estaba en medio de fuego cruzado. El teniente buscó un cambio de posición. Mandó al soldado Carrascull a comunicar la orden a la otra compañía. Pero el joven nunca llegó: una bala de un francotirador le pegó de lleno en la cabeza.

La batalla en Pradera del Ganso fue el primer combate terrestre entre las fuerzas británicas y los regimientos argentinos, luego de que los ingleses desembarcaran en San Carlos

Minutos después, Estévez fue herido en la pierna y en el brazo. Fue en ese instante, ya con dos balazos en su cuerpo, que el teniente vio a Rodríguez sangrando en la trinchera y se arrastró hacia él.

El oficial notó que el soldado no tenía casco. "Éramos comandos, nos cubríamos la cabeza solo con una boina verde", recordó el veterano. Inmediatamente, tomó el casco de un caído en el fondo de la trinchera y se lo puso para protegerlo.

"Para hacerlo tuvo que incorporarse. Y en ese momento una bala le perforó el pómulo derecho. Cayó pesadamente a mi lado. Dijo algo antes de morir, pero ninguno entendió sus palabras. No pudimos salvarlo. Esa bala era para mí. Estévez me salvó la vida", reveló con emoción Rodríguez.

Roberto Néstor Estévez cayó en la negra turba de Malvinas y se convirtió en héroe. Había nacido en la tierra colorada de Posadas, Misiones, el 24 de febrero de 1957, y era el séptimo de nueve hermanos.

“Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria”, le escribió a su padre

La Patria siempre fue su vida. A los ocho años había dibujado una historieta cuyo superhéroe no era Batman o Superman: era un gaucho con capa que vivía grandes aventuras en nuestra tierra. Durante cuatro años el niño hizo que su gaucho, su héroe nacional, peleara para llevar adelante una campaña para recuperar las Malvinas.

El 2 de abril de 1982, sin la capa de su infancia pero con ese mismo espíritu, participó en el desembarco en Puerto Argentino junto al Regimiento de Infantería Mecanizada 25. Dos días más tarde, a bordo del ARA Islas de los Estados, llegó a Puerto Darwin.

Antes de partir hacia Malvinas, escribió dos cartas. Fue el 27 de marzo de 1982. Lo hizo con trazo firme y mucha emoción.

Guardó las cartas en dos sobres y le pidió a un soldado que si él no volvía se las hiciera llegar a sus seres queridos.

Fueron su despedida para la mujer que amaba -Marta Beatriz López, fallecida en 2011, y a quien conocía desde la infancia- y para su padre, Roberto Néstor Estévez, a quien admiraba y seguía como ejemplo de vida.

El joven oficial sabía que iba a morir en las islas.

“Para vos, que sos niña aún, la vida continúa y eso es inexorable razón por la cual no te debes cerrar a la posibilidad de encontrar otra vez el amor”, le pidió a su novia María Beatriz

A su novia le pidió que lo recordara con alegría, y le escribió: "Mi niña hermosa: Cuando leas estas líneas yo estaré ante Dios, Nuestro Señor, rindiendo cuenta de mis actos. Lo haré como consecuencia de haber entregado mi vida, como es un honor para el Soldado: en el cumplimiento de la misión (…). Para vos, que sos niña aún, la vida continúa y eso es inexorable razón por la cual no te debes cerrar a la posibilidad de encontrar otra vez el amor. Y ahora el último abrazo. No te olvides nunca de rezar por mí. Recordá que es Dios, Nuestro Padre, quien así lo ha querido. Te amo por siempre".

Las cartas para el teniente siempre fueron muy importantes en su vida. Eran un acto de amor, de entrega. Tanto que su cuerpo fue identificado por la gran cantidad de cartas que tenía en los bolsillos de su uniforme. Los ingleses lo anotaron ese detalle: "id by letters".

A su padre le dejó una carta que es un legado de honor, coraje, y entereza. Palabras emocionadas que definen la breve e intensa vida de un héroe.

La carta que el teniente Estévez le escribió a su padre poco antes de partir hacia la guerra

Querido papá,

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor.

Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión! ¿no es cierto?

¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?

Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es:

1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante.
3) que recen por mí.

Papá, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española; gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite.
Un fuerte abrazo.
Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto

(Hoy, a 36 años de la guerra, este homenaje al teniente Estévez -teniente primero post mortem y  Cruz al Heroico Valor en Combate- en la voz de Mariano Martínez, recordando las palabras escritas para su padre poco antes de partir hacia la guerra)

Los combatientes de la Compañía C del Regimiento 25



jueves, 4 de diciembre de 2025

La carta de un marino inglés

La carta de Tinker




David Tinker (25 años) se dió cuenta:
La carta escrita su esposa, por el Marine Britanico David Tinker antes de morir en el HMS Glamorgan, el 12 de junio de 1982, atacado por un misil Exocet MM-38 argentino.

Querida Christine:
Es muy fácil comprender cómo se ha desatado la guerra: nuestra Primera Ministra se imaginó que era Churchill desafiando a Hitler, y la Marina la apoyó para obtener publicidad y popularidad rápidamente. Estoy seguro de que de esta destrucción sólo se beneficiarán Mrs. Tacher y los fabricantes de armas.
Lo que más me apena es que no hay causa para esta guerra, y si somos honestos, los argentinos son mucho más patriotas con respecto a las Malvinas que nosotros con las Falklands. Y lo que la primera ministra no comprende, es que los argentinos creen firmemente que las Malvinas son de ellos.
Han enviado contra nosotros pilotos en misiones suicidas, en viajes sin regreso, porque estamos fuera de su alcance, y eso que ellos no tienen helicópteros de rescate en el mar para recuperar después a los pilotos.
Los pilotos argentinos enfrentan cada día misiles antiaéreos de aplastante superioridad.
Realmente, la valentía de esos hombres demuestra que tienen mucho más que un tibio interés en estas islas.
Considerando la tragedia, la angustia, y el horror de las vidas perdidas, que han sido sacrificadas de buena gana por los políticos para tapar la ineptitud y necedad de su gobierno, considerando además los resultados en dolor, pérdidas económicas y pérdidas de buques para Gran Bretaña, me parece a mí que esta es la guerra más inútil que Gran Bretaña ha hecho en toda su historia.
Espero que todo esto termine pronto... Creo que los argentinos ya han demostrado honorablemente su valentía.
(David Tinker a su mujer, durante la guerra de las Malvinas; días después moriría en combate.)

martes, 17 de junio de 2025

Ledesma elogia a Jones en una carta a su familia

Esas cosas de la guerra...



Teniente Coronel Herbert Jones

El teniente coronel Herbert Jones fue el militar inglés de más alto rango muerto en la Guerra de Malvinas. Era el jefe de los paracaidistas británicos y toda una leyenda para su tropa. Lo abatió el conscripto Oscar Ledesma, que tenía 19 años y estaba a cargo de la única ametralladora Mag que funcionaba en su grupo. Hace unos años el soldado argentino le escribió una carta a su viuda, Sara,
Carta abierta a Sara (viuda de Herbert Jones)

"El tiempo obra en consecuencia de lo actuado y la memoria se rige por nuestros actos"
"Con escasos 19 años me tocó enfrentarme con el Regimiento 2 de Paracaidistas Británicos la mañana del 28 de mayo de 1982, en el combate de Darwin Hill. Cualquiera hubiera sido su desarrollo no modificará en mi alma y mi mente el recuerdo de aquel terrible enfrentamiento".
"Eventualmente me tocó apretar el gatillo para abatir un adversario y en momento alguno sentí odio al hacerlo, como tampoco me jacté ni alegré por aquel acto. No tenía opciones, debía salvar a mis camaradas que contemplaban aterrados cómo un Para asaltaba su posición, desconociendo que a escasos metros se encontraba mi ametralladora, de la misma manera que yo desconocía quién era tan temerario soldado que en una muestra de asombroso arrojo atacaba una posición argentina. Una vez terminada la batalla elevé una plegaria por todos los caídos y pedí a Dios por sus familias".
"Siempre tuve como pendiente el poder decirle, mirándola a los ojos, que su esposo cayó como un valiente soldado y que su ocasional adversario le honra cotidianamente con el mayor de los respetos al igual que a todos los caídos".
"Le presento mis respetos, como también a sus hijos, herederos de un valiente guerrero".
Oscar Ledesma




miércoles, 11 de enero de 2023

Cartas desde la trinchera

“Estamos esperando el ataque inglés”: las cartas enviadas desde Malvinas, en la voz del cabo que las escribió hace 40 años

Por medio de ellas, Adán Bejarano le avisó a su madre que estaba combatiendo en la guerra. En el segundo de sus texto, aquel joven de 20 años expuso la crueldad de la guerra y el asedio británico que sufrió su regimiento: “Se ve morir a muchos compañeros”

Adán Bejarano y la lectura de la segunda carta desde Malvinas: "Se ve morir a muchos compañeros"

Teresa (44) vestía con elegancia su tapado negro bajo el tibio sol de junio, pero en su rostro llevaba la angustia de largos meses sin saber de su hijo o, incluso, desconocer si estaba vivo o muerto. Pero cuando la puerta de aquel colectivo del ejército se abrió delante de ella afuera de la estación de trenes y lo vio bajar, todo cambió.

—¿Qué haces acá, mamá? —le dijo él sorprendido y se abrazaron.

Ella había estado recorriendo los edificios de las Fuerzas Armadas durante toda la guerra de Malvinas buscando certezas sobre Adán, su hijo de 20 años. Poco sabía de él tras su partida desde Corrientes: solo dos cartas que él logró enviar desde las islas la pusieron en aviso. Primero, le contó que se encontraba combatiendo en la guerra; segundo, le reveló que aquel lugar era un “infierno”. Entre tanto, ella transitaba los días por el camino de la incertidumbre.

Tras su regreso de Malvinas, Adán nunca volvió a hablar con su madre de aquellas cartas. Pero, poco después de que ella muriera en 2019, sus hermanos encontraron los sobres casi intactos en la habitación de la mujer.

—Después de que ella murió hace dos años, mis hermanos fueron a la casa y se pusieron a limpiar. Ahí fue cuando mi hermana encontró las cartas y me mandó un mensaje: “¡No me vas a creer, encontré las cartas que vos le mandaste a mamá cuando estabas en Malvinas!”. Yo me había olvidado porque habían pasado 38 años desde aquel momento. Después me las dio y me junté con las cartas hace dos años. Están intactas. No se borraron —precisa el ex cabo en diálogo con Infobae.

Adán Bejarano (60) vive en Apóstoles, provincia de Misiones, pero integró el Regimiento de Infantería 5 de Pasos de los Libres (Corrientes) que combatió en Malvinas. Cuenta que antes que él, nacieron sus tres hermanas. Su padre quería un varón, por eso recibió el nombre de Adán al nacer: fue el primer hombre. Luego llegó otro hermano.

En su regreso a Argentina, Adán Bejarano —derecha— se tomó la única foto que guarda de su paso por la Guerra de Malvinas

Pocos días después del 2 de abril de 1982, el regimiento de Adán comenzó a ser trasladado en distintas etapas. Primero, a Corrientes. Luego, Entre Ríos. Más tarde, Comodoro Rivadavia. Allí. Y una madrugada lo despertaron y lo notificaron: el avión que tomarían, descendería con el amanecer en Puerto Argentino, en Malvinas.

—¿Qué recuerda de aquel momento en el que escribió aquella primera carta para avisar que estaba en Malvinas?

—Estábamos siempre en el pozo del zorro, donde uno vivía día y noche. Está escrita en una hojita de libreta, porque no tenía papel. Y esa era mi libreta, en la que hacía anotaciones. Incluso llegué a escribir un diario pero después lo perdí. No es que había lugar en el que uno se pudiera sentar para escribir. Cuando tuve tiempo, armé esas cartas para mi mamá.

En su primera carta, fechada el 24 de abril de 1982, Adán destaca lo adverso del clima y la geografía aunque también empieza a dar señales del tormentoso escenario: “Acá estoy dentro de un pozo esperando el ataque de los ingleses”.

La primera carta que logró enviar Adán a su madre, "Tereza" Bejarano, desde Malvinas

Carta 1

Malvinas Argentinas 24-4-1982

Queridos Padres

Mis deseos son que al recibir mi carta se encuentren bien, quedando bien yo gracias a Dios.

En primer lugar quiero decirles que estoy muy orgulloso de estar en las Malvinas. Sí, estoy acá. Te juro que nunca pensé estar acá. Para mí es lo mejor que me pudo pasar pues me siento útil y también si salgo de esta poder contar tantas cosas de acá.

Acá hace un frío que no te imaginas y el viento es impresionante pues te levanta.

Anoche tuve que dormir vestido porque hizo un frío de locos y el viento es impresionante. En estos momentos el viento es terrible y el frío no te digo nada.

Acá estoy dentro de un pozo esperando el ataque de los ingleses, pero te aseguro que esto no lo ganan pues la defenderemos hasta morir.

Quiero decirles que les agradecería que me manden algún chocolate pues acá no hay nada. Estoy muy cerca de la orilla del océano y el terreno es pelado pues árboles no hay.

Quiero decirles que se queden tranquilos y que no se preocupen por nada pues pienso salir de esta y poder estar junto a ustedes muy pronto y así poder contarles las experiencias que estoy viviendo pues son pocos los que tienen el honor de poder estar acá. Nosotros estamos para defender y hay que estar acá.

Quiero que me escriban y contarme cómo están las cosas y de Hugo qué saben.

Bueno, queridos padres les cuento cómo llegué acá. Del aeropuerto de Comodoro tomamos un avión hasta las Malvinas y el viaje tardó una hora y cuarto.

Bueno sin nada más que contarles me despido de ustedes con un fuerte beso y el cariño y el amor que siento por ustedes.

Dale saludos a todos mis hermanos y besos para mis sobrinos y saludos para mis cuñados.

Decile a Carlos que lo estoy esperando para que venga acá que no se quede debajo de la pollera.

Bueno, será hasta la próxima carta.

Y espero recibir carta de ustedes muy pronto y así poder quedarme tranquilo de saber que ya tienen noticias mías pues yo no sé si esta carta llegará hasta ustedes.

Bueno en estos momentos son las 2 y 48 de la tarde y dejo de escribirles. Si fuera por mi le seguiría escribiendo pero como no puede ser verdad les digo hasta la próxima y suerte para todos.

Besos.

Adán

Les mando un poco de frío y de viento desde acá, desde las Malvinas.

Saludos para todos los muchachos del barrio y deciles que me escriban.

Adán Bejarano y la lectura de la primera carta desde Malvinas: "Acá estoy dentro de un pozo esperando el ataque de los ingleses"

En Malvinas y con el correr de los días, Adán fue trasladado a Puerto Howard, rebautizado como Puerto Yapeyú. En ese lugar, integró la Compañía C del Regimiento de Infantería 5 que resistió el brutal asedio británico durante gran parte de la guerra.

—Decían que iba a venir el correo, entonces me senté a escribir. Estuvimos mucho tiempo aislados y no es que podíamos recibir o enviar cartas todos los días. Vivíamos en un pozo, haciendo cosas y cuando uno podía se ponía a escribir. El bloqueo y el aislamiento que le hicieron al regimiento no lo sufrió ninguna otra unidad que haya estado en Malvinas. Nuestro gran problema era ese cerco. En la segunda carta es en la que le conté todo a mi mamá, porque ya estábamos en junio y la situación era muy complicada y muy difícil.

El bloqueo británico impidió la llegada de alimentos y artillería, lo que generó un desgaste importante en las condiciones de vida para el regimiento. La brutalidad de ese escenario quedó plasmada en la segunda carta que Adán logró enviar a su familia. En relación al primer texto, su percepción del escenario muestra un cambio dramático.

El inicio de la segunda y última carta que logró enviarle Adán a su mamá desde Malvinas

Carta 2

Puerto Howard 5-6-82

Queridos padres:

Mis deseos son que al recibir mi carta se encuentren bien, quedando yo bien gracias a dios.

En primer lugar quiero decirles que recibí las cartas pero la encomienda no, pero eso no importa. Y no puedo contestarles porque no se puede y hoy les escribo en esta carta porque viene un barco hospital a llevar a los heridos más graves. Les cuento que acá no la estamos pasando bien. Para qué les mentiría, pues no hay casi comida y hace frío y aparte ya recibimos varios ataques, pero gracias a Dios estoy vivo.

Yo no quiero que con estas palabras se preocupen o se pongan mal pero quiero pedirles que tengan fe pues yo regresaré y pronto estaremos juntos y les podré contar esta gran experiencia que estoy viviendo.

Justo ayer a la noche tuvimos un cañoneo naval que duró 1 hora y media, pero te juro que no me pasó nada. Todos nos perdimos en los pozos de zorro hasta que terminó.

Bueno, quiero decirles que hasta ahora esto no termina y no veo la hora que esta guerra de mierda se termine y salga de este infierno pues les aseguro que la guerra es muy fea pues se ve morir a muchos compañeros y eso es feo.

Les cuento que vivo en un bunker. Es un refugio contra ataques aéreos que hicimos nosotros.

Acá ya empezó a nevar, nunca vi nevar y es lindo pero hace frío.

Quiero decirles que quisiera estar con ustedes pero bueno ya pasará y les aseguro que estoy muy bien y que las bombas ya no asustan pues estamos acostumbrados.

Bueno, quiero que me disculpen por las cosas que les escribo pero otra cosa no tengo para contarles. Espero que ustedes me comprendan.

Quiero que le digan a mis hermanos que me disculpen por no escribirle pero no puedo pues solo una carta se puede hacer y aparte no tengo papel y sobre. Esto lo conseguí apenas.

Bueno, espero que cuando regrese me esperen con las cosas más ricas del mundo pues me pongo a pensar y me dan unas ganas locas de comer y comer. Así que prepárense para cuando vaya.

Decile a Carlos, a Blanca y a Jorgelina que me disculpen pero no puedo escribirles.

Y decile a Carlos que es mejor que no esté acá.

Bueno, saludo para todos mis hermanos y sobrinos y cuñados.

Y para ustedes, los cariños más sinceros y los besos más grandes de su hijo que los ama y los quiere mucho.

Bueno mamá, hasta pronto y suerte para todos.

Saludos para los vagos del barrio.

El cierre de la segunda y última carta enviada por Adán desde la guerra

Cuando la guerra terminó y Adán regresó al continente, habían pasado casi dos semanas desde la última carta. Su madre no sabía, entonces, si él había regresado o no con vida.

—Ella fue al Estado Mayor a mirar las listas de vivos y muertos y nadie sabía nada sobre mi. Mi nombre no figuraba. Pero alguien, no sé quién, le avisó de una tanda de combatientes que había llegado y estaba en la Escuela (de Suboficiales General) Lemos. Entonces, mi mamá fue hasta Campo de Mayo a buscarme pero nadie la dejó entrar. Tampoco le dijeron si yo estaba ahí o no. Pero le avisaron de un contingente de colectivos que saldría para la estación Martín Coronado, en la provincia de Buenos Aires, con destino a Corrientes.

Adán Bejarano es Secretario del Centro de Veteranos de Malvinas en Apóstoles, Misiones

—¿Cómo recuerda a su madre en aquel reencuentro?

—Mi mamá tendría 44 años cuando fue la Guerra de Malvinas. Era una mujer muy elegante, muy linda. Siempre de pelo corto, de una contextura mediana y ojos negros. Tengo la imagen grabada en la memoria: mi madre ahí parada con su tapado negro. Fue durante la mañana en la estación del tren Urquiza. Esas vías van a Corrientes. Ese día bajo del micro y, así como cuando alguien se encuentra de sorpresa con otro, me la encuentro de frente. Bajé por la puerta de adelante, era mi mamá. Fue una gran sorpresa para mí. “Mamá, ¿qué haces acá?”. Ahí fue que nos abrazamos. Habrá sido una gran alegría para ella saber que estaba vivo después de tanto que anduvo buscándome.

—¿Después se volvió con ella o cómo siguió todo?

—Fue un encuentro muy breve. No te permitían saludarte y había mucha gente esperando en el lugar. Tocó justo que la encontré a ella de casualidad. Si yo llegaba en otro micro, seguramente no nos hubiéramos encontrado. Tal vez ella se hubiera ido de ahí sin saber si yo estaba o no. La saludé y después me tuve que embarcar en el tren. Así volví a Corrientes. Pudimos no habernos visto nunca y ella seguir buscándome.

Soldados que partieron en tren desde Paso de los Libres, Corrientes en el marco de la Guerra de Malvinas