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domingo, 4 de octubre de 2026

Malvinas: Nuestros colonizadores y la vida de María Sáez y Matilde Vernet


María Sáez de Vernet

Matilde Vernet: la primera argentina nacida en Malvinas, que fue testigo del asesinato de Lincoln y murió en San Isidro

Hija de Luis Vernet, primer “gobernador” de las islas, se casó con un marino norteamericano y tuvo una vida extraordinaria


Jorge Martínez Carricart || LA NACION



Imagen tomada en 1920, en la quinta Las Acacias, en las barrancas de San Isidro. Matilde "Malvina" Vernet de Cilley junto a sus nietos, Felipe Hughes Cilley y Elena Giménez Cilley


María Sáez de Vernet llegó a Puerto Soledad embarazada. Atravesaba el segundo mes de gestación. Desembarcó el 15 de julio de 1829, después de 26 días de navegación, con tres hijos. La más chica, Sofía, todavía no caminaba. Le asignaron una vivienda relativamente cómoda y destacada en la pequeña colonia. Su habitación tenía dos grandes ventanas orientadas hacia Bahía de la Anunciación, la puerta de entrada a las Islas Malvinas.



Maqueta de la colonia argentina Puerto Soledad en 1831 que está en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur Picasa

Tenía 28 años y era, de cierto modo, la “primera dama” de aquellas islas remotas. Se embarcó en semejante aventura siguiendo a su marido, el empresario Luis Vernet, que había descubierto que las Malvinas eran fuente de inmensas riquezas. Y parecía dispuesto a jugarse la vida en semejante empresa. Primero consiguió que Manuel Dorrego, gobernador de Buenos Aires, le otorgase a través de un decreto “los terrenos que en la Isla Soledad resultaren vacíos (…) y la Isla de los Estados a cambio de que funde allí una colonia en el plazo de tres años”. Y, dos semanas antes de zarpar, el gobernador interino Martín Rodríguez lo nombró “Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos”.


El retrato más conocido de María Sáez de Vernet, autora de Diario de Malvinas en 1829

Durante los primeros seis meses en Puerto Soledad, Mariquita -así la llamaban- llevó un registro detallado de todo lo que sucedía a su alrededor. Se trata de un diario íntimo escrito con ternura, que refleja la curiosidad y el amor con el que su autora descubrió esa tierra lejana e indómita. Todo la fascinaba: la nieve, las aves, el agua cristalina, las tardes de playa...

Escribió todos los días, desde el 15 de julio hasta el 22 de diciembre de 1829, cuando se despidió con un breve texto: “Por tener que aprontar cartas y encomiendas para Montevideo y Bs. Ayres cesa el diario que he llevado desde que desembarqué en esta isla hasta la fecha”, escribió.

Se convirtió, sin proponérselo, en la cronista de la soberanía argentina en Malvinas. Sus anotaciones describen la composición demográfica y la organización cívica del pueblo, dan cuenta de sus recursos y economía. Detalla qué actividades practicaban los isleños en su tiempo ocioso e incluso susurran algunos chismes de una comunidad naciente.

Diario de 1829 en Malvinas o simplemente Diario en Malvinas (1829), los dos nombres con los que se conoce a las memorias de María Sáenz de Vernet, fue exprimido “hasta la última coma” por los historiadores. Se trata de una pieza literaria imprescindible para comprender cómo era la vida en las islas en aquellos años previos a la invasión y ocupación británica.

El manuscrito original está en el Archivo General de la Nación. Le faltan las primeras páginas. La que quedó como portada, en el margen superior derecho tiene, agregada con lápiz, una anotación que dice “llegó 15 de julio de 1829”. Enseguida comienza el texto. Y empieza por el principio, por su desembarco, el primer contacto con la nieve y cómo la trasladaron hasta su primera casa en Puerto Soledad.


El retrato de Luis Vernet en una estampilla argentina

Vivir en Malvinas, en 1829

María tocaba el piano, que trajo consigo desde Buenos Aires, y cantaba. Organizaba tertulias y fiestas para los colonos. Armó una importante biblioteca, con libros en español, alemán e inglés. Los días de mal tiempo pasaba largas horas leyendo junto a la chimenea.

Viajeros y personalidades que recalaron en la naciente colonia, como el capitán Robert Fitz Roy , se refirieron al “refinamiento y nivel cultural de los Vernet”. Otro viajero, Robert Greenhow, sostuvo que María “ejecutaba música de Rossini con mucho gusto”.


Óleo de Luisa Vernet. Puerto Soledad en 1829

En su diario, Mariquita describe a Puerto Soledad como un pequeño poblado compuesto por algunas casas dispersas a orillas de una bahía. Calcula su población en 80 habitantes, entre los que destaca 25 gauchos, cinco indios y un buen número de negros libertos. Además, dice que hay criollos, escoceses, ingleses y alemanes. Habla de una comunidad pacífica, donde todos se ayudan, con una vida social activa: menciona bailes y carreras de caballos. Dice que “los negros bailan todos los domingos”. Y cuenta que los alemanes armaban palenques para atar sus vacas con costillas de ballenas.

De su relato se despende cómo era la economía en las islas. Menciona distintas estancias, sin nombres propios, de donde llegan las vacas. También cuenta que los peones salen a buscar ganado cimarrón o a cazar lobos. Menciona un pescadero, con una gran pileta para salar pescado. Y con gran asombro dice que hay jornadas en las que se capturan 400 peces de una sola vez.

Describe una importante actividad marítima. Enumera entradas y salidas de goletas y bergantines llenos de provisiones y dice que intercambian mercadería (harina, café, té, ropa, pólvora, barriles y herramientas) por cueros y carnes. Refleja, también, la emoción de recibir correo desde Buenos Aires.

La leña, fundamental para supervivencia en Malvinas, fuente principal de calor, viene directamente de Isla de los Estados (en 1823, en la primera expedición que envía al mar del sur, Vernet instaló un aserradero en la bahía Flinders).



Port Louis, en las Islas Malvinas

Policía, juez de paz y celestino

Entre anotaciones, describe algunas funciones que debe asumir su marido dentro de la comunidad. El 23 de agosto escribe: “Buen tiempo. Las familias alemanas dieron un baile a los criollos, uno de estos pasajeros de Bs. Ays. en la Betsy, tomó un arma cargada y por ser ebrio, amenazaba con ella matar a todo el que se le presentaba. Luego que Vernet lo supo mandó prenderlo, y amarrado lo condujeron a una pieza que le sirve de cárcel. Este acontecimiento hizo que terminara trágicamente la tertulia”. El primer reo bajo la comandancia de Vernet fue liberado una semana después, el 1° de septiembre.


Manuscrito. Parte del diario de María Sáez de Vernet, donde cuenta el incidente del domingo 30 de agosto en el baile que dieron los alemanes.

Transcripción

Domingo 23 de Agosto

Buen tiempo. Las familias alemanas dieron un baile a los criollos, uno de estos, pasajero de Buenos Aires en la Betsie, tomó un arma cargada y por ser ebrio, amenazaba con ella matar a todo el que se le presentaba; luego que Vernet lo supo mandó prenderlo, y amarrado le condujeron a una pieza que le sirve de cárcel. Este acontecimiento hizo que terminara trágicamente la tertulia.


El 25 de octubre, Vernet ofició de juez de paz: “A las once de la mañana se celebró el casamiento de Antonio y Marta, se juraron eterna fidelidad ante cuatro testigos y de los padrinos, que fueron la ama y uno de los peones, firmaron la contrata y se convinieron en formalizarlos por la Iglesia o que fueras a Buenos Aires, los padrinos les dieron convite y baile a la noche”, escribió su mujer.

También cuenta cuando llega a su casa un peón suplicando a Vernet que tratase con el padre de Elisa “la muchacha blanca que cuidaba a los niños” para que aceptase que ella se convirtiese en su esposa. Y se sorprende al día siguiente cuando un piloto alemán “que antes dirigía el pescadero” se presenta ante su marido y le dice que también quiere casarse con Elisa. El 28 de octubre, reflexiona: “Día lluvioso. Le han salido dos novios a la ama, pero ella los difiere hasta su vuelta a Buenos Aires”.

¡Viva la patria!

En el medio, el domingo 30 de Agosto, describe una escena fundamental en el reclamo de la Argentina por la soberanía sobre Malvinas. Dice: “Muy buen día de Santa Rosa de Lima, y por lo que determinó Vernet tomar hoy posesión de la isla en nombre del gobierno de Buenos Aires, a las doce se reunieron los habitantes se enarboló la Bandera Nacional a cuyo tiempo se tiraron veintiún cañonazos, repitiéndose sin cesar el ¡Viva la Patria! Puse a cada uno en el sombrero con cinta de dos colores que distinguen nuestra Bandera, se dio a reconocer el Comandante".


El documento original de la proclama de Luis Vernet en el momento de tomar posesión de su cargo en Puerto de la Soledad, 30 de agosto de 1829.

Transcripción

Proclama

El Comandante político y militar nombrado por el Superior Gobierno de Buenos Ayres, en conformidad con el decreto de 10 de Junio que acabo de haceros público, ha elegido este día, aniversario de Santa Rosa de Lima, patrona de la América, y para ejercer de nuevo un acto formal de dominio que tiene la República de Buenos Ayres sobre estas Islas Malvinas, las de Tierra del Fuego y sus adyacentes y demás territorios desde donde acaba el de la comandancia de Patagones, hasta el Cabo de Hornos; y al efecto ha enarbolado en este día el pabellón de la República, saludándolo en la mejor forma que permite el naciente estado de esta población.

El Comandante espera que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía, a fin de que con el incremento de población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger, nazca en su territorio austral una población que haga honor a la República cuyo dominio reconocemos.

¡Viva la Patria!

30 de Agosto 1829.  

 

El nacimiento de Matilde

Curiosamente, María no hace mención a su embarazo en su diario. Sin embargo, desde la prímera línea refiere a un malestar físico que atribuye a la navegación. Cuando desembarca en Puerto Soledad, estaba tan débil que tuvieron que trasladarla en una silla porque sus fuerzas no le permitían caminar hasta las casas. Durante varios días menciona su “flaqueza” y la recuperación gradual: “Cada día adquiero más fuerzas cuya falta es mi única enfermedad”, dice. Pero le echa la culpa al viaje y al mareo, no al embarazo.

Tampoco hay referencia sobre el alumbramiento, ya que deja de escribir su diario 45 días antes. Una novela histórica, María de las Islas, de Estela Sáenz de Méndez, inspirada en las anotaciones de Mariquita e investigaciones posteriores, recrea la escena del parto. Dice que la esposa de Vernet eligió parir en el cuarto más grande, en el fondo de la casa. Que su ama de llaves, Victoria, la hace recostar en la cama y le saca los zapatos. Y que la asiste en el alumbramiento una tal Rosaura, a quien describe como “negra y lustrosa, que dice ser comadrona”.

Luego, en un párrafo, describe la emoción de la madre al recibir a su hija. En distintos artículos periodísticos, en una confusión evitable, el texto muchas veces se le adjudica a la propia Mariquita.

“¡Mi mujercita malvinense! La tengo en mis brazos -dice-. Su boquita ávida como un botón de rosa ya quiere succionar. Me embarga de dulzura. Es un milagro. Beso sus deditos. Perfecta. Mi mujercita isleña. Mi niña valiente que ha nacido en una isla, ahora más nuestra que nunca, como si hubiéramos enarbolado entre las dos una bandera”.

La cuarta hija de Luis Vernet y María Sáez nació el 5 de febrero de 1830. Se trata de la primera argentina nacida en las Islas Malvinas. Distintos historiadores coinciden en que esa tarde hubo fiesta en Puerto Soledad.

A propósito de su nombre, existe una imprecisión que ha perdurado a lo largo del tiempo. En distintos textos se repite como verdad que recibió el nombre “Matilde Isabel Vernet” pero que sus familares la llamaron desde el primer día “Malvina”, como si se tratase de un mero apodo. Sin embargo, en su partida de bautismo, emitida el 13 de noviembre de 1833 por la parroquia San Miguel Arcángel de Buenos Aires, aparece con el nombre “Balvina Isabel Matilde”.

Su tataranieta Ana Aramendi Jurado deduce que su inscripción como “Balbina” responde a un claro error de inscripción de la época o a la inexsistencia formal del antropónimo “Malvina” en el santoral del registro religioso de entonces. Lo concreto es que en todos los documentos oficiales posteriores (en su dispensa matrimonial, en el registro de pensiones de la marina norteamericana y en los censos de 1869 y 1895) figura como Malvina Vernet.


La partida oficial de bautismo de Malvina Vernet, la primera mujer argentina nacida en las Islas Malvinas. Un detalle: en la partida, por error, se la registra como "Balbina"

Transcripción

Dn. Manuel Velarde,
Canónigo Honorario y Cura Rector de la parroquia de
San Miguel Arcángel, en Buenos Aires.

Certifico: Que en el Libro 1.º de Bautismos, al folio 136 vuelto existe la siguiente partida:

En trece de noviembre de mil ochocientos treinta y tres, yo el presente encargado de la Administración de la Parroquia de San Miguel, bauticé solemnemente a Balbina Ysabel Matilde, que nació el cinco de febrero de mil ochocientos treinta, hija legítima de Don Luis Vernet, natural de Alemania, y D.ª María Sáez, natural de la Ciudad de Montevideo. Fueron padrinos Dn. Antonio Leslie y D.ª Francisca Pérez y Sáenz, por Dn. [ilegible], a quienes advertí sus obligaciones.

Doy fe: Buenaventura [Leguizamón — apellido de lectura dudosa], conforme con su original.

De pedimento del Señor Juez de Primera Instancia en lo Civil, Doctor Dn. Carlos [apellido poco legible], expido el presente en Buenos Aires a diez y siete de julio, año de mil ochocientos setenta y cinco.

Manuel Velarde

Buenos Ayres, julio 20/75.

A los autos.

firmado: apellido ilegible


El 7 de noviembre de 1831, luego de capturar tres buques norteamericanos que cazaban lobos en Malvinas de forma ilegal, la familia Vernet abandonó definitivamente las islas. Regresó a Buenos Aires a bordo de una de las goletas secuestradas, la Harriet.


Un retrato de Matilde "Malvina" Vernet Cilley publicado en María de las Islas, la novela histórica de Estela Sáenz de Méndez, en Editorial Sudamericana

El gobierno de los Estados Unidos consideró que la utilización de la goleta Harriet para servir de transporte a la familia Vernet fue un acto imprudente y provocativo. Y el presidente Andrew Jackson lo condenó, directamente, como “un acto de piratería”.

Como represalia, el 31 de diciembre de 1931, la fragata USS Lexington se presentó ante Puerto Soledad con un engaño, bajo bandera francesa. Su tripulación desembarcó, arrestó algunos hombres, destruyó todo lo que había construido Vernet y desalojó a la mayoría de los colonos.


Litografía de Puerto Soledad en 1833, por Conrad Marterns

La familia Cilley Vernet

Acusado de piratería, Luis Vernet ya no regresaría a Puerto Soledad. Se dirigió con su familia a Brasil, pasó una temporada en Rí­o de Janeiro. Hay registros que aseguran que Malvina bailó en una fiesta de disfraces con Tomás Guido, amigo y confidente de San Martí­n.

Después se establecieron en Uruguay, donde Malvina conoció al capitán de la marina estadounidense Greenleaf Cilley, miembro de una familia prominente de Norteamérica. Su abuelo peleó en la guerra de la independencia mientras que su padre, Jonathan Cilley, fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por el estado de Maine y falleció por una herida que sufrió en un duelo con otro congresista. A raíz de su muerte, el Congreso de los Estados Unidos prohibió los duelos.

Matilde y Greenleaf se casaron en Montevideo el 13 de mayo de 1861. Luego, cuando él fue convocado a pelear en la guerra de la Secesión, se radicaron en los Estados Unidos. Un dato curioso: Malvina Vernet fue la única argentina presente en la función en el teatro Ford, en Washington, cuando asesinaron a Abraham Lincoln, el 14 de abril de 1865.


El registro de pensiones de la Marina de los Estados Unidos que muestra a Malvina como viuda de Greenleaf Cilley, veterano de la guerra con México

Tuvieron, en total, seis hijos: tres varones y tres mujeres. La mayor, María Príncipe Cilley, vivió poco más de un año. Sus otras dos hijas, Déborah Malvinas Cilley Vernet y Malvina Justa Cilley Vernet, fueron las primeras en llevar oficialmente los nombres Malvina y Malvinas.


El retrato más conocido de Matilde "Malvina" Vernet Sáez

Cuando regresaron a Buenos Aires, fundaron su hogar en la calle Florida, entre Viamonte y Córdoba. Luego se mudaron a una casona en 25 de Mayo entre Corrientes y Cuyo (hoy Sarmiento), que tení­a salida directa al Paseo de Julio (hoy avenida Alem). Por último, la familia Cilley Vernet se insatló en San Isidro, en una quinta que compró Luis Vernet y llamó “Las Acacias”. El terreno estaba delimitado por Libertador y el Rí­o, que llegaba hasta adonde está hoy el Tren de la Costa, y por las calles Martí­n y Omar y Belgrano.


La quinta La Porteña, en el Casco Histórico de San Isidro, tiene un placa que dice "En este solar vivió y murió Luis Vernet, primer gobernador de las Islas Malvinas"


El solar donde estaba la quinta Las Acacias, la propiedad de Luis Vernet, fue comprado por la familia Perkins Anchorena. Allí, en 1965, el arquitecto Jorge Bustillo construyó el casco de La Porteña, respetando un sector de la casa original de mediados del siglo XIX.

“Malvina” murió el 29 de septiembre de 1924. Su obituario, rescatado por el bibliotecario Sebastián Freigeiro en el Diccionario necrológico sanisidrense, decía: 

“A la avanzada edad de 94 años falleció en la madrugada del día 29 de septiembre, en su residencia de este pueblo, la querida anciana que durante su larga existencia, rodeó su persona de la simpatía entrañable de cuantos con la suya alternaron su vida, conquistada con sus bellísimas cualidades de alma y relevantes dotes de carácter, atrayendo con las cariñosas irradiaciones de la bondad inagotable de su corazón. Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado en nuestra sociedad, no solo por hallarse extensamente ligada a ella con vínculos de parentesco, sino también porque se le miraba como una de nuestras más veneradas figuras. Llegue a sus deudos nuestra condolencia por tan triste pérdida y nuestra plegaria por su eterno descanso”.

Fue sepultada en el Cementerio de la Recoleta junto a su padre, Luis Vernet.


La tumba de Luis Vernet en el cementerio de la Recoleta

Un bisnieto de Malvina

Ricardo “Dicky” Hughes es bisnieto de Malvina Vernet. Tiene una memoria asombrosa que le permite trepar hasta la rama más alta de su árbol genealógico. Cuenta que Malvina Justa Cilley Vernet se casó con Felipe Hughes, su abuelo paterno, quien fuera propietaro de extensos campos en el sur de Santa Fe y cedió tierras para la construcción de una estación de tren y la fundación del pueblo que lleva su nombre, Hughes (en el kilómetro 303 de la ruta 8, donde el Turismo Carretera corría la famosa “Vuelta de Hughes”).

Malvina Justa y Felipe tuvieron un solo hijo: Felipe Juan Hughes Cilley, su padre. “Dicky” tiene una foto de 1920 donde se ve a su bisabuela, “Malvina”, junto a su padre, Felipe Juan Hughes, en la quinta que compró Vernet en San Isidro.En la imagen está también Elena Giménez Cilley, otra nieta de “Malvina”.


Imagen tomada en 1920, en la quinta Las Acacias, en las barrancas de San Isidro. Matilde "Malvina" Vernet de Cilley junto a sus nietos, Felipe Hughes Cilley y Elena Giménez Cilley

El verano último viajó por primera vez a las Islas Malvinas. Fue en busca de sus raíces. Visitó Puerto Argentino, hizo el circuito turístico, pero también manejó hasta Port Louis, como llaman los ingleses a Puerto de la Soledad. Allí, encontró los restos de la casa de Luis Vernet.

“Están los muros de piedra, que tienen entre metro y medio y dos metros de altura. Hoy forman parte de un corral... La casa de Vernet quedó dentro de un campo de 25 mil hectáreas que tiene ovejas y vacas. Me presenté ante el dueño, le conté quién era, le dije que era descendiente de Luis Vernet. También le aclaré que nunca estuve de acuerdo con la guerra, de la forma en que se hizo, pero que no tenía dudas de que las islas son argentinas. El tipo me atendió de buena gana, me subió a su Land Rover y me dedicó media mañana. Estuvimos recorriendo todo el campo”.


La entrada de la estancia que ocupa las tierras donde estaba la casa de Luis Vernet. Tiene 43500 acres (17,603.83 hectáreas) y se dedica a la cría de ovejas, vacas y caballos


"Dicky" Hughes junto a los restos de la casa donde nació su bisabuela, Matilde "Malvina" Vernet



Los muros de la casa donde vivió Luis Vernet hace 200 años todavía se mantienen en pie: hoy forman parte de un corral para animales en Port Louis, como los ingleses han llamado a Puerto Soledad o Puerto de la Soledad.

En 2022, en otro viaje, también en la búsqueda de sus raíces, Dicky Hughes voló a New Hampshire para conocer la tierra de su bisabuelo Greenleaf Cilley, el marido de Matilde “Malvina” Vernet. Se fotografió junto a la estatua de Joseph Cilley, abuelo de Greenleaf, uno de los hérores de la revolución norteamericana.


"Dicky" Hughes en Nothingham Square, en New Hampshire, junto al monumento en memoria del general Joseph Cilley, abuelo del marido de Matilde "Malvina" Vernet, uno de los héroes de la revolución norteamericana. Lo acompañan sus hijas, Sofía y Verónica Hughes.

El apellido Cilley, descendientes de Malvina, está intimamente ligado a la historia del SIC. Ernesto el Tata Cilley y su hermano Luis Cilley Hernández fueron parte del grupo fundador. Débora Cilley de Durrieu -precursora del hockey sobre césped femenino en nuestro país- integró el plantel superior que ganó los campeonatos argentinos de 1948, 1950, 1951 y 1953. Y José Cilley, apertura, aganador de 10 títulos, que también se lució en Los Pumas.
Port Louis, en las Islas Malvinas
Port Louis, en las Islas Malvinas



lunes, 9 de febrero de 2026

Libro: Desenmascarando a un pobre idiota, Ricky D. Philips


Demacrado, inútil e infeliz: La cara de la derrota ha sido una constante en su vida. 

Ricky D. Philips, charlatán militar británico



Introduzcamos la historia

The First Casualty, escrito por el escribidor británico Ricky D. Phillips y publicado en 2018, aborda, desde una perspectiva alternativa, el desembarco argentino en las Islas Malvinas ocurrido el 2 de abril de 1982, con el que dio inicio formalmente la Guerra de Malvinas. El título del libro hace alusión a la célebre frase “la verdad es la primera baja de la guerra”, y refleja la intención del autor de cuestionar la narrativa oficial tanto del lado argentino como británico. En concreto, el libro propone que la operación de recuperación de las islas por parte de las fuerzas armadas argentinas no fue tan incruenta como se ha sostenido tradicionalmente, y que el combate en torno a la casa del gobernador (Government House) fue más intenso y sangriento de lo que los informes oficiales informaron en su momento. Según Phillips, la resistencia ofrecida por los Royal Marines fue significativa y causó numerosas bajas entre las tropas argentinas.

Uno de los puntos más controvertidos del libro es la afirmación de que las bajas argentinas en esa jornada no se limitaron a tres —como sostiene la versión oficial y está documentado en fuentes militares argentinas y británicas— sino que podrían haber ascendido a decenas o incluso más de cien. El autor sostiene esta cifra con base en entrevistas que dice haber realizado a excombatientes británicos, especialmente Royal Marines que participaron en la defensa de Stanley. Phillips argumenta que esas bajas fueron deliberadamente ocultadas por las autoridades argentinas de entonces, por razones políticas y propagandísticas. No obstante, es importante destacar que no se han presentado hasta el momento documentos oficiales, partes militares o listas de caídos verificables que respalden esa afirmación. Además, investigaciones periodísticas y académicas posteriores no han hallado evidencia creíble que confirme una cifra superior a las tres bajas reconocidas oficialmente: el Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giachino, el Teniente de Fragata  Diego García Quiroga y el Cabo Primero Ernesto Urbina.

Desde su publicación, The First Casualty ha recibido críticas tanto por parte de historiadores británicos como argentinos. Se le ha cuestionado por la falta de rigor metodológico, la escasez de fuentes primarias comprobables y la presencia de errores de tipo técnico, geográfico y cronológico en el relato. También se ha señalado que el libro se basa en gran medida en testimonios no documentados y reconstrucciones hipotéticas sin respaldo documental sólido. A pesar de ello, ha generado atención en redes sociales y foros de discusión por ofrecer una visión distinta del inicio del conflicto. En definitiva, The First Casualty representa un intento de reinterpretar un episodio clave de la Guerra de Malvinas, pero su contenido debe ser evaluado con cautela y completa incredulidad, confrontándolo con las fuentes oficiales, testimonios acreditados y el consenso historiográfico. Como cualquier obra que se propone cuestionar versiones consolidadas, su valor dependerá del estándar de evidencia que logre sostener.

Confirmación de ausencia de evidencia empírica

Arrancamos por el final: Así terminaron 48 horas de solicitudes personales de información a este fabulador británico para que confirme las supuesta información sobre la lista de bajas de 100 casos menciona en su libro, la cual le solicité durante una interacción en la plataforma X. Obviamente está en inglés porque este mamerto no domina el español pero también esta lleno de mutuas agresiones y afirmaciones en doble sentido producto de la testosterona. Cuando el diálogo se pone picante, no tengo problemas en seguir. 
El texto remarcado en rojo dice algo así:

"VOS sos el único que sostiene que esa "lista" existe. Yo nunca referencié nada referido a tal ítem y dudo que alguien lo hubiese hecho o que exista si es que alguna vez existió. Una vez más, vos generás un hecho y luego demandás pruebas del mismo".
Es decir, ese dato que afirma, sugiere, pone sobre y luego saca durante todo el libro no existe. Ya que él comenta en su libro que habrías más de 100 bajas argentinas y que el combate por la Casa del Gobernador fue feroz y duró muchísimas horas, como parte de su trabajo de "historiador" debió por lo menos buscar una lista de bajas que confirmara sus afirmaciones. Como es tan idiota, ni siquiera se le ocurrió mentir en este sentido.





Ricky D. Philips, como ya se ha mencionado, es un propagandista británico que se autopercibe como historiador militar, se hizo famoso por armar una serie de mentiras enfocadas principalmente en la siguiente cuestión: Durante el desembarco del 2 de abril de 1982, ocurrida en el pueblo de Puerto Argentino/Stanley, las tropas argentinas oficialmente tuvieron 1 muerto y 2 heridos de bala. El mitománo británico esgrime que hubo más de 100 bajas/muertos argentinos durante ese día de operaciones. Es el único “autor” que propone ese argumento en todo el planeta, sin ningún respaldo más que comentarios de supuestas entrevistas, sumatorias de conjeturas y cuanta otra falta de rigor científico se haya cruzado. 


Tiempos mejores: el autor autodidacta publica sus primeras mentiras con éxito en Inglaterra.


Podría tranquilamente ser un protagonista más de Trainspotting: Obsérvese la cara que empieza de demacrarse.

Cuando fue inquirido de las pruebas de dichas afirmaciones, nunca presentó pruebas de nada. La única cuestión que me interesaba tratar con semejante opa, obviamente, era ésta en particular. Sus respuestas fueron atacar, difamar, poner palabras que jamás dije, tratarme de racista, fabulero, loco, drogadicto.
En todo el dialogo le solicité esa supuesta lista de bajas siendo ésta mi única cuestión a resolver. Cada vez que pude le solicité “the list” (remarcado en amarillo suave en el texto), la lista de 100 bajas que pobre salame afirmaba que había ocurrido ese glorioso 2 de abril.


Abajo vemos el primer intercambio en X y, más abajo, decidí publicar toda la lista de interacciones para que vean lo cansador que es tratar con paciente psiquiátrico de este nivel.




¿Y qué pasó? Obviamente NUNCA TUVO ESA LISTA (ver más arriba). Fue una obvia mentira de este personaje llamado Ricky D. Phillips, alias "Rickymondo". Un pobre inútil, miembro de la Sociedad Real de Historia (¡imagínense lo que serán los otros integrantes!), que no ha servido para nada en toda vida, lleno de desastres personales, mediocridad y bullineo cuando era chico (confesiones de él mismo).






Todos anticipamos por estas afirmaciones incomprobables que era un charlatán total, un propagandista que sesgaba todas sus afirmaciones hacia la postura británica en cualquier puto tema, desde el más nimio, con un autismo repetitivo y con retraso madurativo que es característico de muchos británicos.


Incluso lo ayudo con una foto y con una "lista enumerada" para llenar... podría haber puesto a los dos otros dos infantes de marina (García Quiroga y Urbina) que fueron heridos junto a Giachino... ni eso sabía este hijo de la Gran Bretaña.




Así que es eso: este sujeto confirma que jamás tuvo una lista de bajas del 2 de Abril, que son sus puras invenciones que “eso evento ocurrió porque yo lo investigué”. No pierdan más tiempo con este imbécil.







Eso es lo que dice la inteligencia artificial Grok respecto a su libro.

Prompt: Qué opinan otros historiadores respecto a la tesis de Philips
Los historiadores y los especialistas en historia militar establecidos no han aceptado en general la tesis central de Ricky D. Phillips en The First Casualty —que los Royal Marines infligieron muchas bajas (estimaciones de 70-100 o más argentinos muertos o heridos) durante la invasión argentina de las Malvinas el 2 de abril de 1982, mucho más allá de la cifra oficial de un solo argentino muerto (el capitán Pedro Giachino) y unas pocas heridas, y que la resistencia fue mucho más intensa y prolongada que la defensa "simbólica" o "de token" que describen las versiones oficiales.Los historiadores académicos y profesionales de historia militar casi nunca citan el libro ni lo discuten en profundidad. No aparece en revistas académicas revisadas por pares, editoriales universitarias ni en las bibliografías estándar sobre la Guerra de Malvinas (por ejemplo, obras de Lawrence Freedman, Martin Middlebrook o los registros oficiales británicos y argentinos). Esta ausencia es llamativa, dada la magnitud de las afirmaciones del libro, que —de ser ciertas— exigirían revisar por completo la narrativa aceptada.Las críticas de quienes sí lo han abordado directamente suelen ser fuertes:
  • Hay blogs y críticas online (como "The First Casualty Dissected") que refutan sistemáticamente las interpretaciones de Phillips, señalando inconsistencias con evidencias físicas, informes oficiales, testimonios de veteranos argentinos (incluyendo figuras como el capitán Hugo Santillán, cuya perspectiva se usa en contra de la versión de Phillips) y la falta de documentación que corrobore decenas de muertes (ausencia de cuerpos, fosas comunes o registros hospitalarios que respalden tantas bajas). Estos análisis argumentan que el libro se apoya demasiado en testimonios selectivos de veteranos británicos, mientras minimiza o malinterpreta fuentes argentinas y la falta de pruebas materiales para las bajas altas.
  • Algunos lo califican de sensacionalista, historia pop nacionalista más que de investigación rigurosa. Critican que Phillips no tiene credenciales académicas formales en historia (no tiene posgrados ni publicaciones en revistas académicas establecidas), que el libro es autopublicado y con elementos de autopromoción, y que tiende a narrativas conspirativas (encubrimientos gubernamentales de ambos lados). Una crítica detallada lo describe como alguien que no califica como historiador académico, y recuerda que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, que el libro supuestamente no ofrece más allá de anécdotas.
La recepción positiva viene principalmente de:
  • Algunos veteranos de los Royal Marines y lectores pro-británicos, que lo elogian por "vindicar" el coraje de la guarnición y por mostrar una resistencia heroica.
  • Reseñas entusiastas en Goodreads, Amazon, etc., que lo llaman bien investigado y revelador.
  • Algunos autores de historia militar no académicos (por ejemplo, elogios del historiador naval Angus Konstam por el estilo narrativo, o menciones junto a otros autores de Malvinas).
Sin embargo, incluso estos provienen más de círculos de entusiastas o veteranos que de historiadores universitarios.Del lado argentino, rechazan casi por completo las cifras altas de bajas, alineándose con sus registros oficiales y testimonios de veteranos que hablan de una toma rápida y con pocas bajas (Giachino como única fatalidad, por fuego amigo o accidente, no por fuego de los Marines). Algunas fuentes argentinas ven el libro como propaganda británica que exagera la resistencia para glorificar a los defensores.En resumen, la tesis de Phillips sigue siendo marginal y muy controvertida. Ha ganado tracción en círculos populares de historia militar, comunidades de veteranos y discusiones online, pero enfrenta escepticismo generalizado o rechazo directo de historiadores profesionales, que se mantienen en el consenso: la defensa inicial fue valiente en algunos puntos, pero breve y con efectos limitados, con mínimas bajas argentinas en total, debido a la superioridad numérica abrumadora y la decisión de rendirse para evitar bajas civiles. El impacto del libro ha sido más cultural y polémico que historiográfico.








Finalmente, y para no dejar absolutamente ninguna duda, este imbécil también considera un mito el ataque al HMS Invincible, lo cual es común en la manada británica, pero le agrega la hijaputez de decir que el testimonio de los pilotos fue preparado, que nunca volaron esa misión, que mintieron sobre la misión porque querían llevarse las medallas, los ascensos y todo lo que incluía ese prestigio. Repito, un pobre imbécil hijo de puta que ni respeto por gente de coraje tuvo en su vida. Su dirección es X es @RDPHistory. No estoy diciendo que lo visiten y lo insulten.  

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Malvinas: Es una lucha moral contra lo peor de Occidente



Epstein, HMS Invincible y el satanismo


Salen a la luz correos electrónicos que revelan las fechorías de la red orquestada por Jeffrey Epstein con presunta colaboración del Mossad y otros servicios de inteligencia, cuya especialidad parecía ser reclutar a miembros de la élite política y social global mediante placeres indecibles... para luego mantenerlos a raya mediante el chantaje.

Entre los nombres que emergen de este lodo destaca el del príncipe Andrew, hijo de la satánica Elizabeth II. A continuación se reproduce un correo —junto con su respectiva traducción— en el que se mencionan las supuestas actividades de este personaje, quien, además de haber sido previamente señalado por abuso de menores (un prontuario no muy distinto al de ciertas figuras del sur latinoamericano), ahora es acusado de algo aún más atroz: la compra, tortura y asesinato de una joven que fue engañada con falsas promesas de una carrera como modelo. Una táctica satánica de una logia que, como todas las logias, sólo ha operado para los intereses británicos a lo largo de la historia.

Cabe recordar que este mismo Andrew, con una torpeza digna de un mal espía, confirmó involuntariamente el ataque al HMS Invincible durante la guerra de Malvinas, al declarar que se lesionó la rodilla al lanzarse al suelo durante un bombardeo aéreo. Siendo tripulante de dicha embarcación, dejó así en evidencia lo que durante años se negó sistemáticamente desde Londres.






De: [Redactado]
Para: [USANYS] [Tapado]
Asunto: RE: Ghislaine Maxwell
Fecha: Mar, 06 Oct 2020 18:15:11 +0000

Wendy, no hay problema en absoluto en incluirme en las notificaciones sobre Epstein / Maxwell de ahora en adelante, pero quería informarte que debido a mi traslado de unidad, la oficina me ha retirado del caso y ha agregado a [Tapado], así que si no te importaría incluirle en cualquier notificación, por favor. ¡Gracias! ¡Y espero que estés bien estos días, dadas las circunstancias!


Mensaje original

De: [Tapado] (USANYS)
Enviado: Viernes, 2 de octubre de 2020 10:59
Para: [Tapado]
CC: [Tapado]
Asunto: FW: Ghislaine Maxwell

Él me llamó queriendo que le diera una dirección de correo electrónico segura. Es de [Tapado]. El número que apareció es [Tapado].

Mensaje original

De: Bryan Miller
Enviado: Viernes, 2 de octubre de 2020 10:46 AM
Para: [USANYS] [Redactado]
Asunto: Ghislaine Maxwell

En los años 90, Ghislaine Maxwell reclutó a una chica para una carrera de modelaje. En lugar de modelar, fue vendida como esclava para sexo y tortura. El Príncipe Andrew fue cómplice de su muerte al torturarla y obligarme a forzar su asesinato.

Necesito obtener un pasaporte para identificarla. Necesitaré que alguien contacte a la oficina de pasaportes para obtener un pasaporte expedito.

Envía un mensaje de texto a [Tapado]

Gracias,
[Tapado]







lunes, 19 de enero de 2026

Chilenos en la guerra

Malvinas: chilenos en la guerra

Juan Pablo Garnham || La Tercera



Cuando, dentro de algunas semanas, se cumplan 30 años de la guerra que enfrentó a argentinos y británicos, el Reino Unido deberá desclasificar archivos que contarán la historia con detalles inéditos. Chile vivió este conflicto en una posición incómoda, entre un vecino con el que aún buscaba la paz y un poder global que siempre había sido cercano. Pero, para algunos chilenos, esta guerra fue algo más que política y diplomacia.
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Se llamaba Daniel. De su apellido no se acuerda. Pero el nombre todavía resiste en la mente del doctor Ruperto Miranda. Aún hoy, treinta años después. También entre sus recuerdos queda algo de esa fecha que Daniel tenía inscrita en su anillo: algún día de marzo de 1982. Probablemente era su matrimonio o su postura de argollas. Pero esa historia se acabó ahí, en las heladísimas aguas del Atlántico Sur. Miranda tenía la labor de identificar su cuerpo ya sin irrigación, congelado después de flotar en esas aguas un par de días.

Los oficiales del buque chileno Piloto Pardo, en el que navegaba Miranda, miraban los restos de la balsa que traía al cuerpo. Era una de las que habían usado los marinos del crucero argentino Belgrano, hundido hacía pocos días por los ingleses. En sus caras se notaba el impacto de ver la guerra de las Malvinas resumida en un rostro congelado, un joven de no más de 22 años, como muchos de ellos. No quedaba más que guardar silencio.

El silencio se repetía en el hogar de un profesor rural chileno, Claudio Muñoz, en el estrecho de Magallanes. Él vivía tranquilo, haciendo sus clases en el internado de Agua Fresca, a veinte kilómetros de Punta Arenas. La guerra era algo que ocurría lejos, al otro lado de Tierra del Fuego y más allá. Ya había pasado la época de su servicio militar. Atrás habían quedado también sus años en una escuela en el Beagle, cuando Chile estuvo cerca de ir a la guerra de Argentina y debía estar preparado todos los días para afrontar un conflicto bélico. Pero la recuperada tranquilidad se interrumpió con la estridencia de un helicóptero que vio aterrizar desde su casa. El hecho no lo alteró demasiado. Hasta que la nave explotó.

El resto de los chilenos seguiría la guerra de las Malvinas por televisión, radios o diarios, pero unos pocos -como Claudio Muñoz y Ruperto Miranda- fueron testigos cercanos de los hechos que marcaron este conflicto, desarrollado en abril y mayo de 1982. Hasta hoy existen preguntas sin responder, como el detalle de la ayuda que prestó Chile al Reino Unido. En unas semanas más, cuando se cumplan treinta años de los hechos, el gobierno británico deberá, por ley, desclasificar los documentos relacionados al conflicto. Mientras tanto, un grupo de chilenos relata a retazos sus memorias de una guerra que puso al país en una incómoda posición.

La guerra que nunca se declaró

A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres sonó como nunca antes. "Yo pasé a ser el equivalente de lo que podría haber sido un canciller de país petrolero", dice Miguel Schweitzer, quien ejercía ese cargo. Las tropas argentinas invadieron las Malvinas -o Falkland para los británicos-, el embajador trasandino pasó a ser persona non grata y los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

    A partir del 2 de abril de 1982, el teléfono del embajador chileno en Londres, Miguel Schweitzer, sonó como nunca antes. Los parlamentarios británicos empezaron a llamar a Schweitzer para almorzar o simplemente consultarlo.

Al día siguiente, Margaret Thatcher acudió al Parlamento. Los embajadores tenían asientos reservados en el segundo piso, los cuales no eran muy solicitados. Schweitzer, sin embargo, iba constantemente. Mientras Thatcher explicaba que las comunicaciones estaban cortadas con las Falkland y que condenaba esta "agresión sin provocación", los parlamentarios manifestaban su apoyo con un "yes!" y Schweitzer observaba, junto a sus pares de Francia, Alemania y Egipto. De la misma forma que Galtieri no dio aviso, la Dama de Hierro nunca declararía la guerra. Sólo anunció que una flota partiría hacia el Atlántico Sur a recuperar las islas. "Muy poca gente creyó realmente que Margaret Thatcher lo iba hacer, pero dijo que frente al uso de la fuerza, no quedaba otro camino que la fuerza", recuerda Schweitzer.

Terminada la sesión, el embajador salió del salón y envió un télex al gobierno chileno contándoles lo que había pasado. "Les dije que esto significaba una declaración de guerra", recuerda Schweitzer.

Lo segundo que hizo el embajador chileno fue reunirse con sus agregados militares en esa época: Ramón Vega, de la FACh, y Sergio Cabezas, de la Armada. "Les dije que, para los efectos de resguardar la seguridad nacional, todo lo que ellos hicieran lo debían hacer sin conocimiento del embajador. De la misma manera, yo no los contaminaría con lo político".

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno enviaba instrucciones a sus embajadores de mantenerse neutrales. René Rojas, el canciller de la época, era un diplomático de carrera y su posición, que fue la oficial del gobierno, era de apoyar la demanda argentina, pero condenar sus métodos. "Pero los dos embajadores éramos políticos, actuamos libremente, cada uno haciendo lo que creía que era mejor para el país", dice Schweitzer. Sergio Onofre Jarpa, en la embajada en Buenos Aires, declaraba a los argentinos que "sus espaldas estaban cubiertas" y que no había nada de qué preocuparse.

En paralelo, oficiales chilenos se reunían con los británicos y se coordinaban con los chilenos para colaborar. La actitud de Galtieri tenía preocupadas a las Fuerzas Armadas. El proceso de paz tras el conflicto por las islas Picton, Nueva y Lennox aún no estaba terminado y el presidente de la Junta de Gobierno argentina había dicho que con esto se comenzaba la recuperación definitiva de las islas del Atlántico Sur. Para los argentinos, esas tres islas en el Beagle que Chile reclamaba eran parte de ese conjunto.

En el Pacífico, mientras tanto, un petrolero de bandera británica se acercaba a las costas chilenas. Era el Tidepool, que había sido comprado por el gobierno de Pinochet. Entre su personal venía una parte de la nueva tripulación chilena, como se acostumbra en las transacciones navales. Llegando a Valparaíso, el buque debía cambiar de nombre y pasar a ser el Almirante Montt. Sin embargo, la guerra comenzó y el gobierno de Thatcher solicitó el buque de vuelta. Así, el 2 de abril los ingleses llegaron al puerto de Arica, la tripulación chilena descendió y el barco enfiló hacia el canal de Panamá -había que evitar la zona cercana a las Malvinas-, para unirse a la flota inglesa. La bandera chilena sólo flamearía en el Tidepool en agosto, cuando la guerra terminó. Ahí, el petrolero pasó por el Estrecho de Magallanes y fue entregado en Talcahuano a sus nuevos oficiales.