𝐋os Leones de la Sección "Aliaga" (Ultima 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞)
Malvinas: Historias de coraje
El combate prosiguió unos minutos mas, hasta que los defensores se fueron. La situación era extremadamente difícil: con la MAG inoperable, con escasa poca munición en los pozos que aún combatían, y con varios de los cuadros heridos, no existía mucho margen de maniobra. Pero en el mismo puesto de Aliaga, el soldado Eduardo Rappa no se daba por vencido: intentaba disparar uno de los cohetes descartables tipo LAW que, capturados en el cuartel de Moody Brook, le fueran entregados a la sección por el teniente primero Esteban. Observando los preparativos, el cabo primero Ábalos le pidió el artefacto. - ¡Rappa, pasámelo a mí que yo les tiro! Cuando el suboficial disparó, una explosión sacudió la parte trasera de la trinchera y se vino abajo el sector del techo que aún quedaba en pie; uno de los fragmentos pegó en la cabeza del subteniente Aliaga y le agregó una herida más al oficial. El sargento Maldonado, que se había sacado su casco después de que un proyectil inglés se lo averiara, también fue lesionado en su cabeza por un clavo de la quebrada viga que sostenía la parte superior del puesto, pero el cohete golpeo a la formación inglesa que se acercaba y los hizo retroceder.
𝗟𝗮 𝗰𝗮í𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗰𝗶ó𝗻
El combate proseguía pero ya no había munición.
La incertidumbre ante la actitud que pudieran tomar los vencedores era total. Segundos después, los británicos agarraron tanto al subteniente Aliaga como a los demás heridos y los sacaron del destruido pozo, siempre bajo la amenazadora presencia de varios fusiles. La duda se disipó, en parte, cuando los prisioneros vieron que los paracaidistas, ya que tales eran las tropas atacantes, comenzaron a juntarlos y a atender a los heridos argentinos usando, inclusive, sus propios paquetes de curaciones. Cuando Héctor Altenburger recuperó el conocimiento lo primero que vio fueron varias botas delante de sus ojos; tapado con los restos del techo del pozo no podía precisar cuánto tiempo había pasado desde que fuera herido. Sacándolo del agujero los ingleses lo tendieron a un costado, y alcanzó a preguntarle a otro soldado que estaba al lado de él cómo tenía la cara. - -La tenés hecha mierda, - le respondió aquel, impresionado por la mezcla de barro y sangre que observaba. Dándose vuelta para el otro lado, el “Alemán” cayó en un profundo sopor. La tensa calma lograda se rompió abruptamente cuando uno de los paracaidistas, que estaba revisando a los prisioneros, descubrió una pistola que el sargento Maldonado tenía escondida entre sus ropas. Cargando sus armas, los soldados ingleses volvieron a encañonarlos pero el incidente concluyó cuando un oficial los reprendió enérgicamente. Luego, en un perfecto castellano con acento español, pidió disculpas a los argentinos capturados (Según lo que el británico manifestara más tarde, había servido a lo largo de quince años en el Peñón de
Gibraltar.)
Tirado boca abajo como el resto de sus camaradas, el soldado Castro se sorprendió al oír el ruido de aviones en las cercanías. Intentó levantar su cabeza para observar pero una fuerte patada propinada en su casco lo hizo desistir del propósito. Un rato después, los ingleses los hicieron levantar y caminar con ellos en dirección a Goose Green formando parte de la avanzada británica. Salvo el soldado Allende, que quedó en el pozo de la ametralladora presumiblemente dado por muerto, todos tuvieron que avanzar. Los heridos eran transportados por los demás y el movimiento fue lento, penoso y no exento de riesgos ya que podían pisar alguna mina de los campos existentes en el sector o ser blanco del fuego de los defensores del poblado.
En forma posterior a la caída de la posición, los prisioneros de Boca House pudieron observar algunas de las acciones sucedidas en la tarde del 28 de mayo, como el ataque y derribo de uno de los aviones Pucará enviados desde Puerto Argentino, y sufrieron otras, como el fuego de artillería propio que llegó a caer preocupantemente cercano. Con el crepúsculo avanzado rápidamente y teniendo como telón de fondo las ahora más tenues pero aún rojizas llamaradas que consumían la escuela de Goose Green, los prisioneros del Regimiento 8 comenzaron a caminar otra vez pero ahora en dirección opuesta al caserío. En las lomas cercanas al Establecimiento Darwin pasaron una interminable noche junto a un numeroso grupo de soldados argentinos capturados más temprano, en medio de unos arbustos que estaban incendiados 
La sección del subteniente Aliaga había combatido en forma eficaz estancando el ataque británico en el sector asignado a su defensa durante algunas horas, careciendo en absoluto de comunicaciones y, consecuentemente, de cualquier tipo apoyo de fuego y de refuerzos humanos. La decisión del combate se produjo luego de que los británicos hicieran un profuso empleo de numerosas armas automáticas, de morteros y también algunos misiles Milan. El intenso fuego ocasionó varios heridos a la par que los proyectiles pesados derrumbaron algunas de las posiciones argentinas; mientras no llegó a hacerse uso de esa concentración de poder, la sección pudo equilibrar con cierta comodidad el desarrollo del combate favorecida por las características del terreno. Sin embargo, al momento de la rendición, las reservas de proyectiles estaban agotadas. Los paracaidistas ingleses tomaron en Boca House alrededor de 15 prisioneros, varios de ellos heridos, que habían combatido armados con fusiles livianos, una ametralladora MAG y un lanzacohetes. Éste último pudo efectuar un reducido fuego debido a que la munición disponible alcanzaba para tres o cuatro disparos .
Alrededor de una docena de conscriptos pudo evadirse de la posición aprovechando la cubierta que les ofrecía la pequeña loma de Boca House. Algunos de ellos intentaron acercarse a un cañón antiaéreo de 20 milímetros, que se encontraba sin sus servidores, con la intención de ponerlo en funcionamiento; sin embargo,
la munición de un obús o de un mortero británico dio de lleno en la pieza antes de que pudieran llegar a la misma. 
ʟᴀ ɪɴꜰᴏʀᴍᴀᴄɪóɴ ꜱᴜᴍɪɴɪꜱᴛʀᴀᴅᴀ ᴘᴏʀ ᴇʟ ɪɴᴠᴇꜱᴛɪɢᴀᴅᴏʀ ᴅᴀᴠɪᴅ ᴋᴇɴɴᴇʏ ɪɴᴅɪᴄó qᴜᴇ ʟᴏꜱ misiʟᴇꜱ Mɪʟᴀɴ ʟᴀɴᴢᴀᴅᴏꜱ ᴄᴏɴᴛʀᴀ ʟᴀ ᴘᴏꜱɪᴄɪóɴ ᴅᴇ ʟᴀ ꜱᴇᴄᴄɪóɴ ᴅᴇʟ ꜱᴜʙᴛᴇɴɪᴇɴᴛᴇ ᴀʟɪᴀɢᴀ ᴀʟᴄᴀɴᴢó ᴇʟ ɴÚᴍᴇʀᴏ ᴅᴇ 6.
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