miércoles, 15 de enero de 2020

Las negociaciones durante la administración Menem

Malvinas: las negociaciones reservadas y los intentos de Argentina y Reino Unido por llegar a un acuerdo 

Después de la guerra, hubo distintos momentos en los que se buscó una solución diplomática al conflicto. El rol de Carlos Menem y las conversaciones confidenciales de su gobierno en las tratativas con los británicos

Por Juan Bautista "Tata" Yofre || Infobae


El ex presidente Carlos Menem

Las negociaciones argentino-británicas por la soberanía de las Islas Malvinas llevan muchas décadas. En algunos momentos se congelaron por la negativa a tratar cuestiones centrales y en otros se vieron paralizadas por cuestiones internas en alguno de los dos países.

Hubo un momento en este largo devenir, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2025, que obligó a las partes a negociar la cuestión de soberanía históricamente reclamada por la Argentina. Después de 1983 el gobierno democrático de Raúl Alfonsín intentó llegar a una solución diplomática.

En julio de 1984, en Suiza, las delegaciones de ambos países se encontraron frente a frente pero al pronunciarse la palabra “soberanía” los diplomáticos británicos se retiraron. De allí a la asunción de Carlos Menem, en 1989, “la cuestión” solo era tratada en Naciones Unidas en el Comité de Descolonización donde los representantes hablaban pero no se escuchaban. En este sentido la gestión del canciller Dante Mario Caputo fue un fracaso.

En 1988, durante su gira por Europa Occidental como candidato a presidente, Menem escuchó de cada uno de los líderes con quienes se encontró el consejo de restablecer las relaciones diplomáticas con el Reino Unido, como una forma de establecer una relación armónica y sustentable con todos los países de la Comunidad Económica Europea.

En este sentido, el entonces canciller Domingo Felipe Cavallo supo levantar las barreras que atenazaban las relaciones de ambos países. La Argentina declaró el “cese de hostilidades” y el Reino Unido terminó con el anillo de “la zona de exclusión” alrededor de las islas. No se hablaba en ese momento de “soberanía”, aunque lentamente la Argentina se dirigía en esa dirección con pasos calculados. El objetivo inicial fue reconstruir la situación previa a abril de 1982, aunque no había espacio para hablar de “retroarriendo” (lease back) porque ningún político británico podía firmar algo parecido.


Domingo Cavallo, ex canciller

Menem pensó en esa fórmula: 90 años de alquiler, pero desde el primer día el Reino Unido reconocería la soberanía argentina. No era otra cosa que el documento que Nicholas Ridley le había presentado al canciller militar Carlos Washington Pastor en 1980. El 2º punto de la propuesta británica establecía “una continua administración Británica de las Islas y su zona marítima, con miras a garantizar a los Isleños y sus descendientes el ininterrumpido goce de su forma de vida conforme a las instituciones, leyes y costumbres Inglesas sería asegurada simultáneamente mediante un arrendamiento al Reino Unido por un período de 99 años. Los términos de dicho arriendo estarían sujetos a revisión periódica, mediante acuerdo de las dos partes.”

Esa propuesta se hundió con violencia porque los kelpers (habitantes de las islas) se negaron de manera terminante a aceptarla. En esos años, Londres parecía tener una regla: llevarse bien con las Naciones Unidas y la Argentina y no con los kelpers.

Según contó Sir Malcolm Rifkind en sus memorias –Poder y Pragmatismo— su primer encuentro con Guido Di Tella en las Cataratas del Iguazú y la conversación tuvo momentos de gran interés para el británico. Tanto es así que invito a su colega argentino a reunirse nuevamente.


Malcolm Rifkind

Tras muchos encuentros y diálogos secretos los cancilleres Malcolm Rifkind y Di Tella se juntaron en Chevening House, la casa privada del titular del Foreign Office.

Tanto Menem como Di Tella buscaban un shock de retroarriendo, algo semejante a la solución que el Reino Unido alcanzó con Hong Kong. Para Di Tella, era coronar su larga gestión al frente del Palacio San Martín. Para Menem la “picardía” de intentar sugerir una re-re en 1999.

Además de la cuestión central, Menem insistía que la bandera argentina ondeara, por lo menos, en el cementerio militar. Y no era un imposible ya que había una tradición británica que permitía el izamiento de banderas extranjeras en cementerios británicos de la Segunda Guerra Mundial. Di Tella también pensó en un Plan B: todo lo mismo pero en 10 años y repetir la fórmula Ridley: "3º. Las banderas Británica y Argentina flamearían lado a lado en los edificios públicos de las Islas.”

Durante la cumbre los argentinos intentaron repetir las formulas Hong Kong y los efímeros adelantos de la época de Juan Domingo Perón (1974) y Jorge Rafael Videla (con Ridley), tras la formula “retroarriendo + soberanía”. Los ingleses respondieron: “Lo mismo pero sin soberanía”. Admitían una administración compartida, la bandera en el cementerio, una Casa Argentina en Puerto Argentino (Stanley) y no reclamo de soberanía por 90 años. Guido Di Tella dudó, pero uno de sus funcionarios se negó a firmar y mantuvo una fuerte discusión con su jefe. La reunión se terminó reconociendo ambas partes que había una disputa de soberanía y se convino en volverse a encontrar.

Tras el fracaso de la segunda cumbre, a las 16.20 del 27 de enero de 1997, William Mardsen (quien llegaría a ser embajador británico en la Argentina, entre 1997-2000) llamó a Suiza y se comunicó con el embajador argentino Guillermo González. El inicio del diálogo bien se parece a una conversación entre tahúres:

WM: Te estoy llamando sin ninguna razón especial. Acabo de recibir una postal de un amigo de Suiza y pensé que sería una buena idea conversar contigo ya que no tuvimos oportunidad de evaluar Chevening.

GG: En realidad, estaba a punto de llamarte con el mismo propósito. Dispara primero.

WM: Esta es una iniciativa puramente personal y no la consulte con el Secretario de Relaciones Exteriores… pero antes de rendirnos quiero saber si se puede hacer algo más. Tú ministro, antes de irse (de Chevening), habló sobre la presentación de un documento sobre otra alternativa que, en su opinión podría ser más factible.

GG: Se refería a la posibilidad de un congelamiento (freeze) por un período de tiempo. En cierto modo está volviendo a lo básico… revisa tus apuntes de nuestra conversación en París y encontrarás allí algunos elementos básicos para tratar de llegar a un acuerdo práctico.

WM: ¿Deberíamos esperar un documento sobre el congelamiento?

GG: No lo sé, tú eres el que dijo que no tiene ninguna posibilidad (…) sobre esta base no hay espacio para más conversaciones. No veo el uso de un nuevo documento. No estás ayudando a tus amigos y no estás sirviendo bien a los intereses de tu país.

WM: ¿Ha sido sacudido Guido Di Tella por la falta de resultados en Chevening?

GG: Bueno, él no es eterno y ciertamente no estás ayudando. Necesita un logro, algo que podamos llamar un éxito, su éxito personal. Piensa ir a las islas (con su pasaporte italiano). Esta listo para limitar su piadosa presencia en el cementerio argentino o, si se le permite, podría continuar su peregrinación a Stanley e incluso al Consejo para explicar en vivo la posición argentina.

WM: Es un momento difícil. No lo veo posible. Recomiendo encarecidamente que no lo haga.

Tras un corto tiempo de conversación, los dos se despiden y el funcionario británico sugiere un encuentro y dice: “Mira sería más fácil si tu jefe se contactara con el mío por teléfono y deciden si nuestra reunión puede ser útil, ya sea en el tema congelamiento u otra idea que pueda acomodarse a nuestros principios básicos. ¿Me llamarás?

GG: Estamos en contacto.

Al día siguiente, 28 de enero, siendo las 19.35 en Berna, Guillermo González recibió una llamada de Guido Di Tella, que estaba en Punta del Este. Conversaron sobre el diálogo con Mardsen del día anterior. Ambos llegaron a la conclusión de que el diplomático británico “no puede haber actuado totalmente por las suyas y que algún tipo de autorización debe haber tenido”. Tras otras consideraciones, quedaron en volver a conversar y así lo hicieron el 30 de enero por la tarde.

En esta oportunidad el canciller argentino le contó que había hablado telefónicamente con Malcolm Rifkind y que de la conversación había surgido "la conveniencia de una reunión confidencial entre ambos”. El canciller británico preguntó a Di Tella en qué nuevas ideas estaba pensando y la respuesta fue que sería una “variación del freeze, diseñado para que dure para siempre”. Ambos ministros acuerdan que González y Madsen vuelvan a conversar personalmente.

A las 11.40 del 4 de febrero de 1997, Mardsen y el embajador Gonzalez mantuvieron un diálogo telefónico y, sin mayores rodeos, el funcionario británico dijo que le parecía útil una revisión informal de todo lo sucedido hasta ese momento. Respecto al freeze adelantado por Di Tella a su ministro, estimó que quizá el Secretario de Relaciones (Rifkind) haya tenido unas respuestas “extremadamente corteses”, pero que eran las de un hombre que “no ha estado totalmente involucrado en lo que sucedió en los últimos dos años”.

Los dos funcionarios quedaron en verse el 6 de febrero y volvieron a comunicarse telefónicamente el 27 de marzo. Lo cierto es que en estos dos contactos no se alcanzo nada definitivo y Mardsen salió del sistema de consultas porque viajo a su destino en Buenos Aires como embajador. Antes de marcharse dejó un mensaje:

“Estoy convencido de que no podremos tener éxito si cada parte mantiene inflexiblemente posiciones extremas y no está lista para arriesgarse a contemplar intereses comunes a largo plazo. Creo que hemos hecho nuestra parte. Esperemos que nuestros sucesores puedan completar lo que tuvimos el privilegio de comenzar”.

Después de varios meses, tras Mardsen llegó el Embajador Sir Peter Westmacott, director del Departamento Américas del Foreign Office. El nuevo Primer Ministro era el laborista Tony Blair y su canciller Robin Cook.


Peter Westmacott

El primer encuentro entre los dos embajadores se realizó en la primera quincena de octubre de 1997 en el parisino La Ferme Saint-Simon, un restó ubicado en el 6 Rue Saint-Simon, a pasos de la cancillería francesa. Tras una larga conversación Westmacott entró en tema y, sonriendo, dijo: “Si fuéramos a hacer un relato de la historia de los hechos deberíamos comenzar cuando Di Tella sugirió que estaba dispuesto a considerar una solución que incluyera el cese del reclamo argentino y el reconocimiento de la soberanía”.

González lo interrumpió y también con otra sonrisa dijo que ese era “un lenguaje obsceno y crudo, impropio de caballeros”. “Particularly of those who want to keep their heads on their shoulders” (”particularmente de aquellos que desean mantener la cabeza sobre sus hombros"). Luego, tras algunas aclaraciones sobre algunos dichos de Di Tella, comenzaron a trabajar sobre un borrador dejado por Mardsen.

El diplomático argentino sostuvo: “La Argentina tiene dos objetivos de mínima en este ejercicio. El primero es el de mejorar nuestra situación relativa, no el de empeorarla como usted está sugiriendo al mencionar ‘algún tipo de reconocimiento’. El segundo objetivo de mínima es asegurarnos que en una fecha cierta y acordada entre las partes tendrá lugar una revisión completa del nuevo estado con la clara posibilidad de revisarlo”.

PW: Dentro de esos lineamientos no veo claro cuáles son los beneficios para el Reino Unido. Le gente se preguntará “que hay para nosotros".

GG: Dijo que la nueva administración laborista buscaba actuar sobre una base ética y que ésta era una gran oportunidad para demostrar que Gran Bretaña sigue siendo un gran ejemplo moral y ético.

PW: ¿Qué dificultad tienen ustedes en que los isleños mantengan su lealtad a la Reina?

GG: Ninguna, respetaremos la decisión que individualmente tome cada uno […] tienen derecho a la doble ciudadanía. Nunca hemos cuestionado a un hispano-argentino que quiera reconocer a Juan Carlos como su Rey.

PW:
Por favor, explíqueme este tema de las banderas a las que ustedes son tan afectos y la estatua de San Martín. Pareciera fuera de lugar en las islas.

GG: Repitió el valor cultural y simbólico de las banderas que constituían un elemento fundamental del Acuerdo. Mientras más banderas argentinas, más posibilidades de apoyo de la opinión pública. Respecto a la estatua de San Martín, señaló que para los argentinos era importante y no podía entender en que se convirtiera en un obstáculo. Pongamos también una de Canning, a nosotros no nos molesta ni afecta negativamente.

Tras un largo intercambio de ideas sobre el documento dejado por Mardsen, el embajador británico preguntó: “¿La visita del Presidente Menem al Reino Unido debería ser parte del paquete que estamos tratando?”

GG: No. La visita a Londres (en 1998) tiene que ser valorada por sus propios méritos. Por alguna razón ésta se ha convertido en una prioridad de política exterior.

El 21 de noviembre de 1997 volvieron a encontrarse en París, en un domicilio particular de la Rue Leonard da Vinci 9 que comenzó a las 10 de la mañana. Cuando Sir Peter preguntó sobre las reacciones en la Argentina sobre el anuncio de una visita de Menem a Londres en octubre de 1998, González respondió que había caído bien entre la gente y que el Presidente había reaccionado sin euforia y con declaraciones medidas. Sobre los dirigentes de la oposición, de la Alianza y particularmente Raúl Alfonsín, ellos se habían expresado contrarios al viaje sólo si se hiciera la mención al diferendo sobre Malvinas, como precondición para la invitación.

PW: Volvió a preguntar si creía posible alcanzar un acuerdo.

González respondió que según su juicio era posible si se actuaba con racionalidad y ninguna de las dos partes exigía lo que el otro no podía dar. Y Westmacott, alzando la voz, señaló: “El secretario Robin Cook había reiterado dos premisas básicas para el Reino Unido: que la soberanía no era negociable y que el acuerdo debía ser aceptable para los isleños”.

González, sin perder la calma, opinó que entendía la primera afirmación como que no están dispuestos a considerar un traspaso de soberanía y le recordó que él había utilizado la expresión “there is no mood for more hand overs” (no hay humor para más excusas). “Nuestro objetivo es el de alcanzar un acuerdo que tenga características de soberanía compartida”.

Westmacott preguntó quién sería el Jefe de Estado dentro del esquema argentino y González contestó que no veía necesidad de definirlo ya, en todo caso podía tener dos o no tener ninguno. Podría tener solo un Jefe de Gobierno elegido por los propios isleños. La contraparte británica dijo que eso no era posible y que todo territorio, autónomo o dependiente, debía tener un Jefe de Estado…

Tras dos horas de conversación, Peter aclaró que no se había perdido el tiempo aunque no habíamos avanzado y que “nos merecíamos un buen almuerzo y nos mudamos a una habitación más pequeña con una mesa y dos sillones. Agradable aunque un poco oscura”. En la ocasión, ambos abrieron sus carpetas con recomendaciones e instrucciones y comenzó el diálogo formal, aunque ambos dijeron que informarían sobre el diálogo previo.


REUTERS 163

Entrando en el proyecto de Acuerdo, entre los tantos textos circulantes, el non paper británico dejado por Mardsen, González leyó: “El Reino Unido otorgará a las Islas Malvinas un nuevo estatus. Los isleños tendrán poderes ampliados reflejados en sus instituciones, proporcionando un gobierno interno completo. Argentina tendrá una nueva relación con las islas. Todo lo que no se modifique mediante la aplicación de este acuerdo permanecerá en su forma actual.”

Frente a este texto, propuso: “El Acuerdo tendrá la forma de un tratado bilateral entre el Reino Unido y Argentina con anexos y acuerdos específicos sobre asuntos de interés común. A los efectos de este Acuerdo y mientras esté en vigor, ambas Partes acuerdan: las Islas adquirirán un nuevo estado. Los isleños tendrán poderes ampliados reflejados en sus instituciones, proporcionando un gobierno interno completo. Todo lo que no haya cambiado a través de la aplicación de este acuerdo permanecerá en su forma actual.”

Sir Westmacott se negó a tomar nota del nuevo texto y dijo que está totalmente alejado de la posición de mínima del Reino Unido y que no tiene sentido discutirla. Luego el diálogo se deslizó sobre cuestiones propias de lo que debería ser la gestación de un Estado o territorio nuevo: sus autoridades, el Consejo de las Islas, bandera, nombre, entre otras cosas.

En algunos pasajes se acordaba y en otros se mantenían las diferencias. En el intrincado lenguaje diplomático todo se convertía en una “ambigüedad constructiva” pero el objetivo central no se alcanzaba. Años más tarde, Westmacott dijo que el esfuerzo diplomático había sido muy amplio y había permitido acuerdos en temas importantes: "Estuvimos cerca de un progreso real sobre la cuestión de soberanía a mantener el tema entre paréntesis por 30 años pero los poderes que están en Londres no quisieron arriesgarlo”.

El canciller Sir Malcolm Rifkind confesó que si bien Malvinas podían ser, según la Argentina, “independientes”, la propuesta argentina de nombrar un vicegobernador argentino manifestaba instituir una “soberanía compartida” y las conversaciones no prosperaron.

En octubre de 1998, Menem llegó a Londres encabezando una numerosa delegación de “lovely” argentinos. Tuvo un tratamiento de Estado pero no pudo lograr lo que fue a buscar.

En el 10 de Downing Street almorzó con el entonces Primer Ministro Tony Blair. Durante el servicio de salmón con terrina de espinacas, roast breast of partidge (pechuga asada de perdiz) y duraznos con crema de vainilla no se habló de Malvinas.

Horas más tarde, Blair aclaró en el Parlamento: “Las islas no cambiarán de estatuto a menos que sus habitantes expresen ellos mismos ese deseo”. Menem, en un exceso de optimismo, había declarado a un diario porteño que se podría dialogar sobre soberanía en los próximos tres años.

lunes, 13 de enero de 2020

Empresas acuerdan explorar por petróleo en nuestras Malvinas

Rockhopper avanza en Malvinas con acuerdo con Navitas Petroleum




Por NUESTROMAR

Rockhopper Exploration, la compañía de exploración y producción de petróleo y gas con intereses claves en la Cuenca de Malvinas Norte, anunció que Rockhopper y Premier Oil Exploration and Production Limited (“Premier”) han firmado un Acuerdo con Navitas Petroleum para obtener una participación del 30% en el proyecto Sea Lion. Además, Rockhopper y Premier han acordado ciertas enmiendas a sus acuerdos comerciales existentes.

Agrega fuerza adicional a la empresa conjunta Sea Lion, que Rockhopper cree que aumentará la probabilidad de un exitoso financiamiento de proyectos de deuda senior para el desarrollo de la Fase 1 de Sea Lion

Los costos de Rockhopper para el desarrollo de la Fase 1 (no cubierto por la deuda senior) se cubrirán mediante una combinación de carry y préstamos de Premier y Navitas desde el 1 de enero de 2020 hasta la Finalización del Proyecto de la Fase 1 (se estima que ocurrirá 9-12 meses después del primer petróleo)

Mayor alineación y acuerdos comerciales simplificados en toda la empresa conjunta


Rockhopper mantiene una parte importante del VPN del proyecto de la Fase 1, una participación significativa del 30% en el desarrollo de la Fase 2 del León Marino y una ventaja adicional del área de Isobel-Elaine (PL004a)

Consideración contingente pagadera a Rockhopper por Premier y Navitas de hasta US $ 48 millones relacionados con las fases futuras de desarrollo en la Cuenca del Norte de Malvinas

Se espera la finalización de un acuerdo de compra y venta durante el primer trimestre de 2020 (“Firma de SPA”), y su finalización está sujeta al cumplimiento de ciertas condiciones, incluida la aprobación regulatoria, prevista para el segundo trimestre de 2020 (“finalización de la explotación”)

Samuel Moody, CEO de Rockhopper, comentó:

“Este es un hito muy importante tanto para el proyecto Sea Lion en su conjunto como para Rockhopper en sí mismo. Estaremos encantados de dar la bienvenida a Navitas al proyecto Sea Lion y considerar su incorporación como un catalizador importante, así como el respaldo de la industria a la escala de Sea Lion (recursos de 2C auditados independientemente de c.520 mmbbls) y potencial (NPV10 en el primer petróleo c. $ 4 bn **). Navitas agrega una valiosa experiencia offshore de sus proyectos en el Golfo de México y una exitosa participación personal previa en el sector offshore de Israel. También fortalecen y mejoran materialmente las perspectivas de un exitoso financiamiento de proyectos, como lo demuestra claramente su éxito al financiar otros desarrollos similares en otras partes del mundo y con acceso comprobado a los mercados de capitales.
“Además, obviamente estamos muy contentos de anunciar que todos los costos de nuestros proyectos se cubrirán desde el comienzo de 2020 y, en el caso de una sanción exitosa, continuarán cubriéndose hasta la Fase 1 de Finalización del Proyecto (estimado de 9 a 12 meses después del primer petróleo), manteniendo una participación muy importante del 30% en el proyecto Sea Lion junto con una ventaja adicional en la licencia PL004a que contiene el descubrimiento de Isobel. Por lo tanto, esta transacción fortalecerá materialmente a la Compañía financieramente.
“Las discusiones continúan progresando con los prestamistas de alto nivel con respecto al financiamiento del proyecto y la Transacción debe respaldarla positivamente. Actualizaremos el mercado sobre el progreso de esas discusiones a su debido tiempo. (BNA AMERICAS)

sábado, 11 de enero de 2020

El nombre Malvinas es el correcto para las islas

“Malvinas el nombre probado por la historia” 

Por S. A. MOJTAHEDI
Fundación Nuestro Mar




El tema de las Islas del Atlántico Sur que los británicos llaman “Falklands” y que los argentinos del otro lado llaman “Malvinas” se erige como uno de los temas más cruciales y complicados del mundo por el que los dos países entraron en guerra en 1982. El caso no es solo una disputa por el nombre, sino también la soberanía. Una vez que se demuestre el nombre de las islas, tendrá la ventaja en materia de soberanía.

Soy un experto en nombres geográficos, pero no en soberanía, así que mi interés es averiguar históricamente y geográficamente cuál de los dos nombres es correcto y dejar las conversaciones de soberanía a los expertos de ese campo.

Como una tercera parte imparcial en este caso, ahora compartiré con ustedes lo que he estudiado con mucho cuidado con respecto a este nombre. Permítanme aclarar que soy muy consciente del hecho de que el nombre “Falkland” tiene una historia de 200 años en registros y documentos y no es incorrecto.

El punto que quiero llamar la atención es que en este caso deberíamos ver qué nombre precede al otro, ya que histórica y geográficamente la prioridad es usar el primero. De acuerdo con el programa de la ONU de “estandarización de nombres geográficos”, solo debemos usar un nombre para un país, ciudad, montaña, isla, vía fluvial, etc. para evitar confusiones.

El grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Nombres Geográficos (UNGEGN) define la estandarización de palabras aplicada a los nombres geográficos como: el establecimiento, por una autoridad apropiada de un conjunto específico de normas o normas. En el mundo digital actual, los nombres geográficos estandarizados son vitales.

Nos ayudan a encontrar nuestro camino en la sociedad y también nos ayudan a organizar el mundo en el que vivimos. También juegan un papel clave en nuestros esfuerzos para lograr el desarrollo sostenible, proporcionando canales fundamentales de comunicación, facilitando la cooperación entre organizaciones locales, nacionales e internacionales.

También necesitamos nombres geográficos estandarizados en situaciones de emergencia. Sin ellos, puede ser un desafío responder a las crisis. De hecho, la sociedad moderna depende del uso de nombres geográficos estándar para una administración y comunicación precisas y eficientes.

El sentido común nos dice que para comunicarnos de manera efectiva debe haber un entendimiento mutuo de lo que se refiere. En lo que respecta a los nombres, lo ideal es que cada entidad tenga su propio nombre único y ese nombre se escriba o se represente geográficamente de una sola manera.

Generalmente, al estudiar nombres geográficos y particularmente en este caso, lo primero es referirse a los registros y documentos históricos, incluidos mapas, libros, comunicaciones, etc.

El primer asentamiento registrado en las islas fue por el almirante y explorador francés “Louis Antoine de Bougainville” en una expedición científica en el año 1763 y estas islas eran en ese momento casi desconocidas.

El nombre de “islas Malouines” se le dio a las islas en 1764. Después de que Francia vendió las islas a España en 1767, los españoles no cambiaron el nombre, sino que lo pronunciaron como las “islas Malvinas”. El Reino Unido ha ejercido la soberanía de facto (de hecho y no necesariamente por derecho legal) sobre el archipiélago casi continuamente desde 1833, y a partir de 1833 cambió el nombre original, que normalmente se resolvió por la historia y el descubrimiento y ya estaba en uso durante casi 70 años ¡Sorprendentemente comienzan a llamarlo las “Islas Falklands”!

No debemos permitir que la política sustituya a la ciencia de la historia y la geografía. Un estudio cuidadoso de los registros y documentos muestra que el nombre “Malouines” (Malvinas) precede al nombre británico de “Falkland”. Históricamente, “Malvinas” es el nombre prioritario de estas islas en el Océano Atlántico Sur y el nombre geográfico estándar de estas islas según los registros y documentos es “Malvinas”. El pueblo argentino dice que Las Malvinas son Argentinas. Sí, histórica y geográficamente esto es correcto.

“Mis saludos y un gran respeto a las naciones dignas de elogio de Gran Bretaña y Argentina y a las personas nobles y trabajadoras que viven en estas islas” (S. A. MOJTAHEDI) #NUESTROMAR
S.A.Mojtahedi es asesor principal del Centro de Estudios del Golfo Pérsico, especialista internacional en geografía y toponimia.

jueves, 9 de enero de 2020

Más sobre la supuesta patriada K

La cuestión de las Malvinas: mucho más que un justo reclamo patriótico


Por Fernando Del Corro ||  Tribuna de Periodistas



 

Lo expresado por el presidente Alberto Ángel Fernández acerca de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, el territorio antártico y el mar adyacente en su discurso inaugural ante el Congreso de la Nación tiene particular importancia en el retomar de un claro derecho de los intereses nacionales, abandonados durante la pasada gestión de Mauricio Macri.


Las Malvinas fueron ocupadas por el ahora Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte el 3 de enero de 1833, 187 años atrás, y desde entonces los gobiernos nacionales mantuvieron posturas oscilantes, entre los que plantearon con firmeza los derechos argentinos y aquellos que, como el mencionado, aceptaron de hecho la permanencia de los usurpadores.

Entre las posturas más firmes y trascendentes se contó, a comienzos de 2010, hace una década, la decisión de controlar los viajes desde y hacia las Malvinas, apuntando a los negocios de los ocupantes y sus socios, en especial a la explotación hidrocarburífera impulsada por la banca Barclays como accionista de la firma Desire Petroleum,

La decisión del gobierno argentino de controlar los viajes de y hacia las Islas Malvinas constituyó un golpe de importancia en el camino a restablecer los derechos sobre una vasta zona del Atlántico Sur que excede, incluso, el territorio propio de ese archipiélago irredento al que el Reino Unido pretendió incluir en la Constitución de la Unión Europea, con el aval cómplice de otros gobiernos como área extra continental de esa comunidad de naciones.

Ya antes, casi un año atrás, el reclamo de la entonces presidenta argentina Cristina Elisabet Fernández y del también entonces canciller Jorge Enrique Taiana en la mismísima Londres, la capital del Reino Unido, por la usurpación de las Islas Malvinas representó un nuevo giro en la política argentina frente a la herencia menemista de las “relaciones carnales” y la desarticulación del estado. La trascendencia de esa decisión es que apunta a fuentes claves de los negocios malvineros, en especial a la pretendida explotación hidrocarburífera ya mencionada.

Los acuerdos del ex canciller menemista Guido Di Tella con el gobierno del RU que por entonces encabezaba la conservadora Margaret Hilda Roberts Thatcher en febrero de 1990 en el “Tratado de Madrid”, instrumentados sobre todo a partir de 1995, ya con la gestión del también conservador John Major, fueron parte de los negocios de la época, de la liquidación de las empresas del estado, la destrucción del aparato económico y la pérdida del control sobre las reservas naturales. Allí no se habló de soberanía sino de convivencia para hacer negocios. Algo que el RU ya había comenzado a impulsar unilateralmente desde 1987, ampliando, en forma progresiva, lo que consideraba su soberanía marítima, equivalente a más o menos un décimo de todo el territorio argentino.

Por entonces se dio todo tipo de concesiones pesqueras en el Mar Argentino, lo que dio lugar a una tremenda depredación de los recursos de peces y moluscos (se calcula que sólo los langostineros capturan y devuelven al mar muertos a aproximadamente un millón de peces al día). Años más tarde, ante el cuestionamiento al respecto de la industria pesquera local, el actual canciller Felipe Solá admitió que debe reverse esa postura. Cabe señalar que no faltaron informaciones que señalaran al entonces ministro del interior, Carlos Vladimiro Corach, devenido en Francia en especialista en antiterrorismo, como el operador de esos negocios pesqueros.

El gobierno del premier laborista, el escocés James Gordon Brown, y el de su antecesor, el también escocés Anthony Charles Lynton (Tony) Blair tomaron en su momento los reclamos argentinos como una suerte de ritual inocuo, similar al que hace España por el enclave de Gibraltar “para la gilada” (los tontos), como solía llamar a esos gestos un viejo diputado conservador, Francisco Falabella, impulsor del desarrollo genético de esos caballitos de miniatura para sacarse fotos y subir bebés.

Pero se trata de dos temas claramente diferentes. Gibraltar, como Belice y otras posesiones españolas pasaron a la entonces Inglaterra como consecuencia de una guerra (1700-1713) en la que Francia por un lado y Austria e Inglaterra por el otro se disputaron la corona de España vacante. Al final el monarca francés Luis XIV logró coronar a su nieto, el futuro Felipe V, como el primer rey Borbón ibérico.

Inglaterra, como contrapartida, con el “Tratado de Utrecht” (Países Bajos), de 1715, firmado por España, se quedó con la puerta entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Un pequeño estrecho que un buen deportista puede cruzar a nado y por el cual pasó en el 722 el gobernador de Tánger, Djeb El-Tarik (de ahí Gibraltar), para crear un reino musulmán de 770 años hasta su liquidación en 1492.

La ocupación de Malvinas también tuvo un objeto estratégico de control del extremo sur atlántico y de la unión interoceánica. Del mismo modo que tres siglos y medio antes, poco antes de la llegada de Cristóbal Colón a Centroamérica, había pasado por el lugar, según algunas investigaciones, una expedición china la cual, al parecer, dejó allí perros que se reprodujeron, tomando en cuenta parecidos genéticos. Pero mientras lo de Gibraltar, degradado su interés militar, es una cuestión eminentemente simbólica, en las Malvinas, donde no hubo una cesión consentida sino una acto de piratería militar, la cuestión de los recursos naturales ha pasado a ser un tema esencial.

Ya por los años 1970 se sabía que existía un gran potencial hidrocarburífero en el llamado Banco Burwood, al sur de las islas. Luego se detectaron otras reservas importantes en la plataforma marina occidental de las islas y, finalmente, no faltan buenas perspectivas en la meseta malvinera. En los últimos años el gobierno isleño ha convocado a licitaciones para hacer prospecciones en esas zonas. A ello hay que agregar la proyección antártica que se reclama desde Londres, también basada en la explotación de recursos de ese territorio. Reclamo que se superpone con los de la Argentina. De todos modos el gobierno del RU ha avanzado sin atender razones y se apresta a llevar adelante la extracción de hidrocarburos estimándose que las exportaciones de petróleo desde las Malvinas comenzarán en 2022.

En tanto se desarrolló una importantísima actividad pesquera depredatoria que pasó a constituirse en la base de la actividad económica de ese archipiélago constituido por dos grandes islas y un par de centenar de islotes. Sólo las licencias pesqueras, amén de otros ingresos adicionales, representan más de 40 millones de dólares estadounidenses al año, más los negocios que se generan luego, suficientes para sostener la salud, la educación y el sistema de bienestar de los 3.398 (cifra al 2016).

Ya en 2002, a 20 años de la Guerra de las Malvinas el Producto Interno Bruto (PIB) del archipiélago llegaba a u$s 105,1 millones, lo que daba lugar a un PIB per cápita de u$s 35.400 anuales. Varios años después, en 2017, en el Reino Unido, el PIB per cápita del RU es de u$s 44.300 anuales y en las Malvinas, en 2015, de u$s 70.000, el decimosegundo en el mundo. La conclusión es que los ingresos de los isleños son superiores a los de la metrópoli si se tienen en cuenta una serie de añadiduras como ventajas impositivas y otras.

El “democrático” argumento de los gobernantes del RU es que son aproximadamente tres mil pobladores los que deben decidir si se aceptan o no las decisiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre si sentarse a o no a discutir la soberanía, pero mientras tanto pretendió incluirlos en la Constitución de la UE, como se ha señalado. Pobladores originalmente llevados desde las islas británicas a partir de su ocupación en 1833, de habla inglesa, mayoritariamente anglicanos y vinculados a la metrópoli por diversas razones. Pero fundamentalmente beneficiarios de una realidad que surge de una industria pesquera (desarrollada básicamente de los acuerdos con la Argentina desde el “Tratado de Madrid”). Además ya en 2001 el ecoturismo generaba más de 30.000 visitas anuales que se han ido incrementando, es decir alrededor de diez turistas al año por cada habitante. Ahora los barcos que los transporten estuvieron sometidos a controles argentinos según la norma mencionada que seguramente será restablecida teniendo en cuenta el referido discurso del presidente Fernández.

Preguntar a esa población, al menos hoy, qué quiere hacer en materia de soberanía resulta grotesco cuando goza de un estado de bienestar que no existe en su metrópoli, con cero desocupación, un PIB per cápita que triplica la media mundial, que produce más de un millón de kilowatios hora de lo que consume y que tiene un superávit comercial de unos u$s 160 millones según con importaciones por u$s 98 millones y exportaciones por u$s 257,3 millones, a lo que hay que sumar los intereses que el gobierno isleño percibe por las colocaciones bancarias de sus excedentes y por la presencia de una base militar metropolitana, amén de las perspectivas hidrocarburíferas, ahora casi a la vista, para extraer 500.000 barriles (94,5 millones de litros) diarios de petróleo y de otros minerales, todo potenciado por su proyección antártica. Demasiadas razones de peso, o más bien de pesos. La evolución de la Bolsa de Londres en el marco de la “Guerra de las Malvinas”, más de un cuarto de siglo atrás, ya dio pautas de todo esto.

Obviamente las Malvinas y su mar adyacente no son el peñón de Gibraltar y la decisión adoptada en 2010 por la ahora vicepresidenta argentina, continuidad de la ya planteada en Londres en abril de 2009, se compadece con esa realidad que no es meramente un reclamo justo pero simbólico de soberanía sobre un pedazo de tierra sin mayor valor que eso, como pretenden el imperio colonialista y sus beneficiarios. El libro “Malvinización y desmentirización”, del cual soy coautor y compilador, aporta numerosa documentación acerca de todo ello.

martes, 7 de enero de 2020

Kirchnerismo pide negociaciones con UK...

El Gobierno reafirmó el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y pidió al Reino Unido reanudar las negociaciones 

La Cancillería emitió un comunicado para ratificar la postura oficial de reclamo, al cumplirse 187 años de la “ocupación ilegal por parte del Reino Unido”
Infobae



Centro de Malvinas: el gobierno argentino comunicó que continuará con los reclamos "conforme el derecho internacional y respetando el modo de vida de sus habitantes" (foto archivo: Infobae)

El Gobierno reafirmó este viernes la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur al cumplirse 187 años de la “ocupación ilegal por parte del Reino Unido”, así como también instó a Londres a “reanudar el proceso negociador bilateral” para hallar “una solución pacífica y definitiva a la disputa”.

Ante un nuevo aniversario del desalojo de la población y las autoridades argentinas establecidas legítimamente en el lugar, la Cancillería emitió un comunicado para ratificar la postura oficial de reclamo.

“La República Argentina protestó inmediatamente ese acto de fuerza ilegítimo y nunca lo consintió. Mantuvo ininterrumpidamente, durante los 187 años en los que se sostiene la usurpación, el firme reclamo de ejercer su soberanía efectiva sobre los archipiélagos y los espacios marítimos del Atlántico Sur ocupados hasta hoy por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”, sostuvo la cartera diplomática.

Asimismo, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto destacó que la Argentina “ha rechazado ininterrumpidamente las actividades unilaterales de exploración y explotación de recursos naturales renovables y no renovables en espacios marítimos argentinos ilegalmente ocupados que, sumadas a la continuada presencia militar británica en el Atlántico Sur, violan Resoluciones de Naciones Unidas”.

“La República Argentina reafirma una vez más los imprescriptibles derechos de soberanía que posee sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes y que son parte integrante de su territorio nacional”, remarcó el Gobierno.

En ese sentido, afirmó que la recuperación del ejercicio efectivo de la soberanía sobre el archipiélago “constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino” y aclaró que se continuará con los reclamos “conforme el derecho internacional y respetando el modo de vida de sus habitantes”.

“A poco tiempo de rememorar el bicentenario del primer izamiento de la bandera Nacional en las Islas Malvinas ocurrido el 6 de noviembre de 1820, la Argentina reitera su predisposición a retomar las negociaciones con el Reino Unido con el mismo espíritu constructivo que animó a ambos países por casi dos décadas, luego de 1966, y que los llevó a conversar sobre diversas fórmulas de solución”, planteó la cartera conducida por Felipe Solá.

Y concluyó: “El Gobierno y el Pueblo argentino reiteran su permanente y sincera disposición a reanudar el proceso negociador bilateral con el Reino Unido, tal como lo reclama la comunidad internacional, para hallar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía”.


La Cancillería reiteró su permanente y sincera disposición a reanudar el proceso negociador bilateral con el Reino Unido

La ONU reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre los gobiernos argentino y del Reino Unido sobre las Islas Malvinas y estableció el mandato de reanudar las negociaciones bilaterales a fin de encontrar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas.

domingo, 5 de enero de 2020

Monte Harriet: La sección olvidada que combatió hasta el final

La "sección olvidada” que combatió en Monte Harriet: los ingleses tuvieron que usar proyectiles antitanque para terminar con su resistencia en Malvinas

Durante la guerra de 1982, una parte de la Compañía Comando y Servicios de la III Brigada quedó sin un destino en las islas. Lucharon en el Monte Harriet, pero como no figuraban en ningún registro de una unidad de combate, recién serían reconocidos hace pocos años cuando ellos mismos comenzaron a identificarse como integrantes de “la sección olvidada”
Por Adrián Pignatelli || Infobae









La batalla de Monte Harriet comenzó la noche del 11 de junio de 1982 cuando un marine inglés pisó una mina antipersonal colocada por los argentinos

Pablo Oliva era un teniente de 26 años, casado, dos hijos, su esposa embarazada de mellizos, aunque aún la pareja lo ignoraba. Era ingeniero militar y hasta el momento de la guerra se desempeñaba como instructor en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. Cuando estalló la guerra pasó a integrar la Compañía Comando y Servicios de la III Brigada, cuyo Estado Mayor se estableció en Puerto Argentino.

Oliva le explicó a Infobae que “entonces empezó a sobrar gente; nuestra compañía estaba conformada por mecánicos motoristas, de explosivos; conductores, enfermeros, personal de comunicaciones y de intendencia, entre otros. Sólo uno era de infantería. De pronto éramos entre 45 y 50 hombres, que estábamos en la capital de las islas, que integrábamos un remanente sin destino”.

La III Brigada estaba conformada por los regimientos de Infantería 4, 5 y 12, por el Grupo de Artillería 3, la Compañía de Ingenieros 3 y la Compañía de Comunicaciones 3. Y tenía su Compañía de Comando y Servicios.

Este “remanente sin destino” fue agregado al Regimiento de Infantería 4, al mando del teniente coronel Diego Soria. Oliva, que en un primer momento iba a ser asignado como oficial de comunicaciones del general Omar Parada, de pronto se vio al mando de la compañía, ya que su jefe debió ser trasladado al continente por un caso de pie de trinchera.



Algunos de los miembros de la "Sección Olvidada" de Monte Harriet

Como Soria ya tenía distribuida sus fuerzas, este grupo fue enviado a la ladera sur del Monte Harriet. Armaron los pozos de zorro en la media pendiente, debajo de la posición de los morteros pesados del Regimiento 4. Más arriba, en ese monte particularmente alargado de este a oeste, se ubicó Soria y el grueso de la unidad.

Oliva dividió a la sección en tres grupos, cada uno de ellos conformado entre 12 y 14 hombres.

Recibían el racionamiento del Regimiento 4 y hasta el 10 de mayo cocinó el sargento Corradini, luego lo hicieron los propios soldados.


El ataque inglés

La noche del 11 de junio los ingleses iniciaron el ataque al Monte Harriet. Lo hicieron con el Comando 42 de los Royal Marines, con un batallón de la Guardia Galesa y con el apoyo de artillería del buque Yarmouth. Tenían planeado un ataque sorpresa, que se frustró cuando un británico -el marine Mark Curtis de solo 17 años- pisó una mina anti personal.


 
Croquis del combate en Monte Harriet, en la ladera sur, donde estaba la Sección Olvidada. En el centro está señalizada como "sección Oliva"

Los integrantes de la sección de Oliva fueron los primeros en entrar en combate con los británicos. “Yo estaba en el medio de mis 45 hombres, en una posición más cercana a Puerto Argentino. Ellos lograron abrir una brecha en el medio y continuaron subiendo, ya que su objetivo era el de tomar la cima del monte”.

Según los testimonios de los atacantes, encontraron una fuerte resistencia de los defensores, que disparaban sus ametralladoras calibre 50 con mucha precisión, lo que los hizo frenar el ataque durante dos horas. Los británicos debieron usar proyectiles antitanque para doblegar la resistencia argentina.


La posición que ocupó Oliva. Foto tomada en 1982. Por respeto, se quitó de foto el cuerpo de un soldado argentino.

Fue en ese combate donde fue herido el cabo Héctor Pereyra, también integrante de esta “sección de rejuntados”, como él mismo lo definió. Su historia fue contada por Infobae el 5 de octubre (“Bendito sea Dios que me permitió encontrarte”: el marine inglés que buscó al soldado argentino que había sido su prisionero en Malvinas”)


La posición de Oliva, en la actualidad.

Oliva alcanzó a replegarse con seis soldados y dos suboficiales.

Mientras tanto, el combate también se desarrollaba en la ladera norte. Allí, entre el 8 y el 9 de junio, el entonces subteniente en comisión Lautaro Jiménez Corbalán –que el 10 de junio cumplió 20 años en medio del combate- junto a diez soldados de la misma sección había rechazado un ataque inglés.

Pero la arremetida final enemiga, que había comenzado el 11 de junio a las diez y media de la noche, hizo que a las 7 de la mañana cayeran parte de las defensas y las de Corbalán serían las últimas en ser sometidas.

A las 9 de la mañana el Monte Harriet estaba en manos inglesas.


Mendoza y Oliva en Darwin, con la bandera de la Sección Olvidada

Jiménez Corbalán intentó llegar al Monte William, donde se seguía combatiendo, junto a los soldados Alberto Flores y Carlos Salvatierra. A sabiendas que estaba cruzando un campo minado argentino, un explosivo lo hizo volar por el aire, quedó herido del lado izquierdo de su cuerpo y temporariamente sordo. Terminó siendo evacuado a Puerto Argentino.

La sección olvidada tuvo tres caídos: el sargento infante Héctor Montellano y el cabo de intendencia Oscar Labalta, que murieron cuando un proyectil inglés estalló en el ataque del 8 al 9 de junio dentro del pozo de zorro donde se encontraban; y el soldado clase 62 Juan Raúl Serradori, oriundo de Curuzú Cuatiá, quien falleció el 11. Además, los 14 hombres de grupo donde estaba el cabo enfermero Pereyra terminaron todos heridos.

La libreta de Corbalán

Cuando Jiménez Corbalán fue trasladado al Canberra, le quitaron cuatro rollos de fotografías que había tomado con su Kodak Instamatic. También quisieron quedarse con una libreta en la que, día a día, iba anotando sus impresiones. En la tapa había escrito en español y en inglés “favor de entregar esta libreta a la familia Jiménez Corbalán…”


La libreta de Jiménez Corbalán.

En un inglés básico aprendido en el Colegio Militar, Corbalán argumentó que estaba amparado por las leyes de la Convención de Ginebra. No hubo caso. Cuando el inglés cargó su fusil para hacerse de la libreta como sea, apareció un sargento mayor. Luego de echarle una rápida hojeada, se la devolvió. “Es lo único que traje de allá; estaba convencido de que era un tesoro que debía trascender”, dijo.

Los olvidados de la posguerra

Los miembros de la sección olvidada del Monte Harriet no se volvieron a ver. Curiosamente, la primera referencia de este grupo de combate fue inglesa, que en libros militares referencian los llaman la “sección Oliva”, tomando el nombre del teniente que los había comandado.

En la actualidad, Manuel Larrosa vive en Tandil. Es un suboficial mayor retirado que, orgulloso, aclara que nació en Ibarreta, una localidad del sudeste de Formosa, a donde viaja regularmente a visitar a su familia. En la guerra, contaba con 23 años años. “Era cabo de intendencia y estuve en el Monte Harriet, en la ladera la que mira hacia el mar, cerca del camino”.

Él, como el resto de esta sección, sentía que no pertenecían a ninguna unidad. Habían ido como integrantes de la Compañía Comando y Servicios de la III Brigada, pero habían combatido con el Regimiento de Infantería 4, aunque no integraban formalmente esa unidad.

Por el 2001, cuando conoció a Jiménez Corbalán, nació la idea de reunir a los miembros de la sección. La casualidad quiso que, estando en Luján, se cruzase en la calle con Oliva. “Mi teniente”, alcanzó a escuchar Oliva quien se había retirado como coronel mayor y que entonces daba clases en la Escuela Industrial Nº1 de esa ciudad. Hace cinco años que es el director de esa escuela y su mayor orgullo es que los veteranos lo sigan llamando “teniente”.

Sabían que la segunda semana de junio en Monte Caseros, se reunían los veteranos de guerra del Regimiento 4. Y en el 2012 se aparecieron con una bandera con la leyenda “La sección olvidada”.

Las primeras reuniones sirvieron para conocerse, para mirarse a la cara y contarse lo que habían vivido allá.

Luego, comenzaron a participar de las conmemoraciones, y hasta de los desfiles. Se acercaban veteranos de diversos puntos del país. La voz se corría y el grupo fue creciendo.

En la plaza de armas del regimiento, en Monte Caseros, delante del monumento conmemorativo a Malvinas se encuentran cruces blancas con los nombres de los caídos de esa unidad. Se agregaron tres cruces, que recuerdan a Lavalza, Montellanos y Serradori. Si habían combatido con ellos.

Monte Harriet, 37 años después

El 9 de marzo de este año, Larrosa, Oliva, Jiménez Corbalán, junto al coronel médico Rubén Cucchiara, el mayor retirado Miguel Mosquera y el entonces soldado Alberto Flores, viajaron a las islas y, por supuesto, recorrieron milímetro a milímetro Monte Harriet. Cada uno identificó su posición y hasta Larrosa encontró su viejo mate, partido a la mitad, que se lo trajo junto con pequeños trozos de sus guantes, del poncho de plástico y de la manta que usó en la guerra.

Lautaro Jiménez Corbalán, que es autor del libro Malvinas. En primera línea. Vivencias y anécdotas de integrantes del Regimiento de Infantería 4, está hoy preparando la historia de la sección olvidada del Monte Harriet.

“Hicimos lo que pudimos”, remarcó Larrosa. “Pero después de la guerra, hicimos mucho”. Ayudó a sacar de las sombras a una sección que nunca más será olvidada. Una misión por demás cumplida.

viernes, 3 de enero de 2020

Canallas: Más detalles de la ayuda trasandina al Imperio Británico

La polémica ayuda de Chile a Inglaterra en la Guerra de Las Malvinas

En 1982, luego de enterarse del movimiento de tropas argentinas en la Patagonia y de un pacto secreto entre Argentina, Perú y Bolivia para atacar Chile, el (r) general chileno de la Fach, Fernando Matthei, decidió contactarse con militares británicos para ofrecer ayuda militar a los ingleses.


Jorge Fuentes || Guioteca

El rol que jugó Chile en la guerra de Las Malvinas es, según varios entendidos, más importante de lo que en su momento se comentó. Según una biografía inglesa de la fallecida y famosa primera ministra Margaret Thatcher, escrita por Charles Moore, ésta estaba impresionada por el nivel de apoyo internacional que había acumulado desde la invasión argentina a las islas. “Primero, encubiertamente, llegó Chile, cuya disputa con Argentina sobre el Canal de Beagle lo había hecho hipersensible ante la agresión argentina. Incluso, antes de que la invasión se completara, Chile ofreció a Reino Unido el uso de sus puertos. De ahí en adelante las tareas de inteligencia y la cooperación logística fueron constantes. Para el 6 de abril, Santiago ya había “ofrecido” los servicios de su fuerza aérea y naval, todo ello autorizado por el dictador Augusto Pinochet”.

Para graficar la buena relación que Pinochet logró con la “Dama de Hierro”, Moore agrega que “en 1998 él fue detenido en Londres como resultado del intento de un juez español por extraditarlo y que se enfrentara a los cargos por crímenes como tortura y asesinato. Lady Thatcher protestó vehementemente contra este tratamiento”.



General Fernando Matthei.

La famosa “Dama de Hierro” aseguraría en ese mismo momento que, sin la ayuda clave de Chile, la guerra de Malvinas no hubiese sido fácil de ganar. “Tenemos una enorme deuda”, dijo Tatcher. Lord Edward Cecil Parkinson, ex miembro del gabinete de la primera ministra, también dijo posteriormente que Chile fue un aliado que prestó importante ayuda a su país durante el conflicto con Argentina. El mismo Parkinson aseguró que la decisión de Inglaterra de hundir el buque argentino “General Belgrano” el 2 de mayo de 1982 se tomó con información de la armada Argentina que fue interceptada por Chile y entregada al Reino Unido.

Pero fue el (r) general de la Fuerza Aérea de Chile, FACH, Fernando Matthei Aubel, el encargado de develar en 1999 en una entrevista un secreto a voces que se mantuvo oculto durante más de década y media. “Yo hice todo lo posible para que Argentina perdiera la Guerra de las Malvinas”, aseguró el general chileno.

Matthei, quien fue agregado militar en Londres entre 1971 y 1974, detalló que “Chile no tuvo nada que ver en las Malvinas. Fui yo, por mi cuenta. Toda la nación argentina puede estar resentida conmigo”. Matthei aseguró haber tomado la iniciativa luego que recibiera informes de un gran movimiento de las tropas argentinas en la Patagonia, algo que los ingleses desconocían por completo. “Llegó a Chile por aquel entonces el wing commander Sidney Edwards y negociamos la entrega de aviones, misiles antiaéreos y radares a cambio de información. ¿Si hablé con Pinochet? Sí, pero fui lo suficientemente vago para que él se desentendiera si algo andaba mal. Los apoyamos con monitoreo permanente, radares y escuchas con dispositivos electrónicos”.

Matthei justificó su decisión tras escuchar las palabras del dictador argentino Leopoldo Galtieri, quien aseguró públicamente a sus compatriotas que “las islas Malvinas era el primer paso y que el siguiente era la recuperación de los otros terrenos. Además, el contexto era diferente al actual. En aquel momento las relaciones entre la Argentina y Chile atravesaban momentos críticos, a partir de las diferencias que había entre ambos países en torno de los límites fronterizos, que fueron zanjados con el Tratado de los Hielos Continentales en 1991″.

El pacto de Argentina, Perú y Bolivia para atacar a Chile

Hugh Bicheno, un ex agente del MI6 (el mítico servicio de inteligencia exterior británico), y quien realizó misiones en Londres, Buenos Aires y Centroamérica, en su libro “Al filo de la navaja: La historia no oficial de la guerra de Malvinas”, exculpa a Margaret Tatcher y Augusto Pinochet de una supuesta alianza “contranatura” entre una democracia y una dictadura, afirmando que, en este caso, el enemigo común de ambos era la dictadura argentina de Leopoldo Galtieri, a su juicio, mucho peor que la chilena.

Bicheno, incluso, va mucho más lejos, pues asegura que existía un acuerdo “secreto” entre Argentina, Perú y Bolivia para atacar a Chile. “El general (R) Fernando Matthei confirmó en 1999 la colaboración de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) con los británicos. El declaró que no quiso involucrar a Pinochet en los detalles operativos, pero evidentemente contó con su beneplácito. Lo del pacto argentino-peruano-boliviano ya lo sabía, pero salió a flote en la prensa de Buenos Aires durante el intento de agresión argentino contra Chile sobre las islas Nueva, Picton y Lennox, en 1979”, aseguró Bicheno.

El ex agente británico aseguró también que “Thatcher no tuvo lazos con Pinochet durante la guerra. Las FF.AA. chilenas dieron ayuda voluntaria, porque si Argentina hubiese tenido éxito en las Malvinas, Chile hubiera sido el próximo objetivo. Había un acuerdo militar “secreto” entre Argentina, Perú y Bolivia para atacar a Chile, y eso todo el mundo lo sabía. Perú incluso le proporcionó material bélico a Argentina durante el conflicto. Thatcher demostró una poco común integridad al agradecer a Pinochet por la ayuda que él le ofreció. La victoria británica derribó una dictadura militar argentina que buscaba el genocidio y, en efecto dominó, derribó otra en Bolivia, la de Luis García Meza, que tenía el apoyo de la Junta argentina”.

miércoles, 1 de enero de 2020

SAS: La incursión sobre isla Bordón

Operaciones especiales: incursión en la isla Bordón

Revista Militar (original en ruso)



Este año se cumple el 30 aniversario de uno de los conflictos armados más emblemáticos de la segunda mitad del siglo XX: la guerra argentino-británica sobre las Islas Malvinas (Falkland Islands). Durante la Guerra de Malvinas, el comando británico utilizó activamente unidades de fuerzas de operaciones especiales, el Servicio Especial de Aviación (SAS) y su, por así decirlo, su contraparte naval, el Servicio Especial de Embarcaciones (SBS). La Operación Prelim, realizada por SAS en Pebble Island (isla Bordón) y catalogada como una operación de combate clásica de un servicio aéreo especial, está dedicada a este material.



La Operación Prelim (Operación Prelim, que se puede traducir del inglés como "Examen de ingreso") fue una parte integral de la Operación Sutton más grande. Fue planeado por el comando británico para llevar a cabo una operación de desembarco en el área de las bahías de San Carlos y Ajax y un lugar llamado Puerto de San Carlos ubicado en la costa oeste de la isla Gran Malvina del 16 al 25 de mayo de 1982.

La Operación Prelim fue la primera operación de las Fuerzas Especiales británicas desde la Segunda Guerra Mundial en atacar un aeródromo enemigo y la primera operación a gran escala de un servicio de aviación especial después de la operación en Omán en Jebel Akbar en 1956.

La idea de la Operación Prelim pertenece al comandante de un grupo de portaaviones dirigido por el portaaviones Hermes (grupo de trabajo 317.8) Contralmirante John Forster Sandy Woodward. El control directo de la operación fue llevado a cabo por el comodoro Michael Klepp, comandante de las fuerzas anfibias del 317º OS (fuerza de trabajo 317.0), y el brigadier Julian Thompson, comandante de la tercera brigada de los comandos de los Royal Marines de Gran Bretaña. El plan de operación fue aprobado directamente por el comandante de la 317a unidad operativa, el almirante Sir John David Eliot Fieldhouse y el director y líder del equipo SAS, Peter de la Billier.

El objetivo principal de la Operación Prelim fue la destrucción de los aviones enemigos desplegados en un pequeño aeródromo creado por los argentinos en la isla Pebble. Más específicamente, se creó una base operativa avanzada en la isla como parte de un campo de aviación, un pequeño punto fortificado y una guarnición del cuerpo de marines. Incluía unidades del 3er batallón del cuerpo de marines "llamado así por Ilizar Videla" que contaba con unas 100 personas, armadas con ametralladoras de gran calibre y pistolas sin retroceso de 75 mm.

La base argentina tenía la designación de "base de aviación naval" Elefante "o también" base aérea "Calderón" (Estación Aero Calderón) o se llamaba "base aérea de aviación naval" Calderón ", según la versión argentina del nombre del pueblo en la isla de Guijarro es Puerto Calderón. A menudo, en los indicativos se usaba la designación "La Payanca", y el comando del Cuerpo de Marines de Argentina designaba la base como "Aeropuerto de Aviación Naval de la Isla Bourbon". Bourbon Island es una versión argentina del nombre de la isla en honor a la famosa dinastía borbónica, que no debe confundirse con el mismo nombre utilizado, Bourbon Island, en relación con la Isla de la Reunión.

Los aviones de caza

En el libro "Tropas fantasmas: la historia secreta de SAS", publicado en 1998, el ex soldado de SAS Ken Connor señaló que la tarea más importante de los grupos de reconocimiento y sabotaje de SAS en las Islas Malvinas era monitorear de cerca todos los movimientos de aviones y helicópteros argentinos. “Una de las razones de esto fue que el comando argentino basó en gran medida su estrategia defensiva en el uso de grandes reservas de tropas y equipos militares concentrados en el área de Port Stanley. Se suponía que los helicópteros, incluidos los del tipo Chinook, transferían rápidamente personal a las zonas más amenazadas. Esta táctica, según el comando militar argentino, era asegurar la repulsión exitosa y efectiva de cualquier ataque enemigo y la interrupción de sus operaciones de desembarco aéreo y marítimo ".

Sin embargo, el comando argentino entendió que concentrar las principales fuerzas de aviación en un aeródromo significa exponerlos a una amenaza muy real y mortal. Una incursión masiva de aviones enemigos y la resistencia activa de las guarniciones en las Islas Malvinas sería imposible. Como resultado, todas las noches, helicópteros argentinos y, si era posible, aviones se dispersaron alrededor de Port Stanley para reducir la posibilidad de su detección y destrucción. Los lugares de despliegue temporal se mantuvieron en la más estricta confidencialidad y cambiaron todos los días.

Uno de los grupos de reconocimiento y sabotaje de la compañía "G" del servicio especial de aviación monitoreó el movimiento de helicópteros en áreas al oeste de Port Stanley, realizando lanzamientos de varios kilómetros. Dos veces la inteligencia británica logró encontrar ubicaciones temporales basadas en helicópteros argentinos. Llamaron a sus aviones, pero en ambos casos, los británicos esperaban el fracaso: los argentinos lograron reubicar los helicópteros. Y solo por tercera vez los británicos tuvieron suerte: se descubrieron helicópteros y se los sometió a un ataque aéreo. Como resultado, cuatro "libélulas" argentinas fueron destruidas, incluyendo dos "Chinook". Esto causó daños muy tangibles al grupo de tropas argentinas: la reserva móvil en realidad se quedó sin sus "caballos".

Sin embargo, el comando británico no solo estaba interesado en los helicópteros. En previsión de la operación de aterrizaje en la Bahía de San Carlos en la agenda, había una pregunta sobre la necesidad de neutralizar el avión de ataque enemigo, desplegado en los campos de aviación cercanos. Además del aeródromo principal en el área de Port Stanley en otras islas, había muchos sitios de despegue y aterrizaje de reserva, la mayoría de los cuales eran campos o prados ordinarios. Además, apareció inteligencia sobre la presencia de una estación de radar en la isla.

“Nadie sabía cuánta amenaza representaba para nuestros barcos o para las tropas que se suponía que desembarcarían en la Bahía de San Carlos en el este de Malvinas, el campo de aviación en Pebble Island. Pero cuando se sugirió que había un radar en la isla, el peligro de este lugar se volvió, por supuesto, muy grave. El almirante Woodward creía que el radar podía detectar las fuerzas principales de la flota británica mientras estaban fuera de la vista en el continente o Malvina Oriental, mientras que el aeródromo estaba a solo unos minutos, incluso para aviones de ataque de pistón, desde el lugar de aterrizaje planeado del principal fuerzas de aterrizaje ", escribe Peter Ratcliffe, un participante directo en la Operación Preliminar en El ojo de la tormenta. Veinticinco años de servicio en SAS ".

El comando británico y el avión de ataque ligero IA-58 Pucara y el avión de entrenamiento armado con Turbo Mentor T-34 C, que, como sugirió la inteligencia británica, podrían desplegarse en el aeródromo de la isla Pebble, estaban preocupados. Por supuesto, los "Pucarás", y había cinco o seis de ellos en Pebble Island, no pudieron resistir a los "Harrier" británicos en combate aéreo, pero tenían suficientes armas para dar poderosos golpes a las tropas de desembarco: bombas, NAR, contenedores de napalm, dos cañones de 20 mm y cuatro ametralladoras de 7,62 mm. Sí, y los "turbo mentors" también eran buenas "máquinas contraguerrilleras". Cuatro vehículos basados ​​en Pebble Island tenían un alcance de vuelo de al menos 1.200 km y podían transportar unidades NAR LAU-6/68 para un NAR de 70 mm y dos ametralladoras de 7,62 mm. Por lo tanto, el avión necesitaba ser destruido y el aeródromo, para deshabilitarse.



Se decidió confiar esta tarea a la compañía "D" del 22º regimiento SAS. Las fuerzas asignadas para la Operación Prelim incluyeron el portaaviones Hermes, la nave de guardia de portaaviones de la fragata URO Broadside Word del mismo tipo, así como la nave de apoyo de fuego del grupo de fuerzas especiales, el destructor Glamorgan URO. Para coordinar el apoyo de artillería, a las fuerzas especiales se les dio el capitán Christopher Charles Brown de la batería de artillería 148 del 29 regimiento de artillería de comando.

Es de destacar que, según los propios británicos, una incursión en el aeródromo de Pebble Island fue un evento arriesgado, y por varias razones a la vez. En primer lugar, la mayoría de los helicópteros de transporte del grupo británico en el Atlántico Sur estuvieron involucrados en la operación. En segundo lugar, casi un tercio de todas las fuerzas especiales británicas ubicadas en el área de las Malvinas participaron en la redada. En tercer lugar, un oficial superior de control de incendios de artillería naval y uno de los cinco observadores avanzados fueron asignados a las fuerzas asignadas a la operación para ajustar el fuego de artillería naval, que en ese momento estaban "en todo el Atlántico Sur". Finalmente, en cuarto lugar, entre los buques de guerra asignados al grupo operativo para llevar a cabo la operación, también estaba el "diamante en la corona" de la formación operativa de la flota británica dirigida a las Islas Malvinas, el portaaviones Hermes. El barco tuvo que ingresar a la zona costera, donde había una alta probabilidad de ser atacado por aviones argentinos y, lo que los almirantes británicos temían especialmente, por submarinos de la Armada argentina.

Isla Pebble o Bordón

Pebble Island (Pebble Island - nombre geográfico en inglés) es parte de las Islas Malvinas (Malvinas - para los argentinos) y se encuentra un poco al norte de las Islas Malvinas Occidentales - una de las dos islas principales de este archipiélago del Atlántico Sur. Los primeros residentes permanentes aparecieron en la isla en 1846. Su principal atractivo era una gran granja de ovejas. La isla "mundialmente famosa" se convirtió, en general, solo durante la Guerra de Malvinas de 1982. Al principio, el 15 de mayo, se convirtió en la sede de una de las operaciones clásicas de la SAS británica. Y el 25 de mayo, a 10 millas al norte, el destructor URO Coventry del tipo Sheffield fue hundido. Ese día, los skyhawks argentinos con dos bombas enviaron al fondo un barco que no había servido durante diez años y costaba 37.9 millones de libras.

Pebble Island es pequeña, con un área de solo 103.36 metros cuadrados. km: en dirección oeste a este, se extiende por unos 30 km, y en su parte más ancha tiene solo 7 km. El punto más alto de la isla, First Mountain, tiene una altura de 277 metros sobre el nivel del mar, la isla también tiene dos alturas más dominantes: Middle Mountain, 214 metros sobre el nivel del mar y Marble Mountain, 237 metros sobre el nivel del mar. En el este, Pebble y West Falkland están separados por los estrechos de Tamar e Inner, y en el sur, los estrechos de Pebble y Keppel. La forma de la isla tiene dos partes grandes, como si estuviera conectada por un istmo estrecho. Este último es en realidad el único asentamiento en la isla, llamado el asentamiento de Pebble Island, literalmente "asentamiento de Pebble Island". A partir de abril de 1982, 22 residentes vivían en él.

Los argentinos llaman a este asentamiento Calderón, y al lado construyeron un aeródromo con una pista sin pavimentar. Más precisamente, el aeródromo estaba allí antes de la ocupación de la isla por las fuerzas argentinas, este último simplemente amplió sus capacidades y construyó posiciones defensivas. Había cuatro pistas operacionales con una longitud de 533,4 metros, 381 metros y dos 228,6 metros cada una. La parte occidental de la isla es montañosa, y la oriental está repleta de pantanos y pequeños lagos. Al norte del asentamiento y el istmo se encuentra la gran Bahía Elefante, en cuya costa se extiende la más grande de las islas, a unos 5 km, "playa de arena blanca" del mismo nombre. Este último fue elegido por los argentinos para aterrizar y entregar armas, municiones y equipos para expandir el aeródromo.

Preparación

Inicialmente, un grupo de reconocimiento aterrizó en la isla Pebble, en la que se suponía que se basaría un grupo de aviones y helicópteros argentinos. En la noche del 11 al 12 de mayo, los helicópteros utilizaron la isla Keppel, ubicada al sur del extremo oriental de la isla Pebble, para aterrizar un grupo de reconocimiento de la compañía "D": el comandante del grupo, el Capitán Timothy William Burles. Al día siguiente, el grupo, con la ayuda de kayaks de "fuerzas especiales", superó un pequeño estrecho y terminó en el área del objeto de interés.

Cabe señalar que el tamaño del grupo del Capitán Burles en diferentes fuentes se da de diferentes maneras. Entonces, en el libro de Francis Mackay y John Cooksey, Pebble Island: Operation Prelim, se indica que el grupo incluía 17 combatientes, mientras que en el libro de Peter Ratcliffe Eye of the Storm. Veinticinco años de servicio en SAS, el autor, un participante directo en los eventos (incluido en el grupo Mobility Troop), indica que había 8 personas en el grupo del Capitán Burles, dos grupos de batalla de cuatro combatientes. Los combatientes del grupo formaban parte del llamado "grupo de barcos", Boat Troop, compañía "D" del 22º regimiento SAS y eran especialistas especialmente entrenados en asuntos marítimos, cuyo método principal de aterrizaje en tierra era por agua. ¿Por qué los combatientes reciben una amplia capacitación sobre el uso de equipos de buceo y varias embarcaciones, como los kayaks Klepper?

El grupo logró organizar varios puestos de observación, incluso en las inmediaciones del campo de aviación. Durante la observación, los comandos británicos reconocieron las instalaciones del aeródromo y también determinaron las coordenadas de las posiciones defensivas de la guarnición argentina. Además, en el curso del reconocimiento del área de Philips Cove, los británicos descubrieron que sus mapas no tenían un "estanque" suficientemente grande ubicado a cierta distancia de la costa. En el caso de la operación planeada de las fuerzas especiales, esto podría ser una sorpresa muy desagradable, ya que fue en esta playa donde se planeó aterrizar el destacamento SAS.



En la noche del 13 al 14 de mayo, el comandante del grupo de reconocimiento, el Capitán Berls, irradió a la sede: “Once, repito, once aviones. Lo considero real (es decir, no diseños. - Aprox. Auth.). El ataque de la compañía la noche siguiente.

Después de recibir el radiograma el 14 de mayo, toda la operación se desarrolló en detalle en literalmente una hora. El futuro general y comandante de las fuerzas de operaciones especiales de Gran Bretaña, y luego el comandante del 22 ° regimiento SAS y el líder de las operaciones de todas las fuerzas de operaciones especiales durante la Guerra de Malvinas, el teniente coronel Hugh Michael Rose, el comandante de la compañía D de SAS, el comandante Cedric Norman George Delves, así como el representante del comando En Hereford, donde se encontraba la sede del servicio especial de aviación, discutieron rápidamente los detalles de la operación y aprobaron el plan propuesto. Después de eso, Michael Rose comenzó a organizar el apoyo necesario de la flota.

La tarea principal era destruir aviones enemigos, así como pilotos y guardias en el aeropuerto. Al mismo tiempo, se creía que la guarnición argentina en número excedía a los atacantes al menos dos veces. Naturalmente, los almirantes después de la terrible lección de "Sheffield" no buscaron una vez más acercar sus barcos a las islas, poniéndolos en riesgo. Por lo tanto, los helicópteros asignados para el desembarco y la evacuación de los grupos de reconocimiento y sabotaje tuvieron que operar casi al límite de su alcance.

Inicialmente, el plan se desarrolló de la siguiente manera:
  • Se suponía que el primer grupo, la Mobility Troop, destruiría directamente aviones, tanques de combustible, equipos de aeródromos, así como automóviles y otros equipos ubicados allí;
  • Se suponía que el segundo grupo, Air Troop, tomaría el control de la aldea;
  • El tercer grupo, Mountain Troop (comandante - Capitán John Hamilton, quien murió el 10 de junio de 1982, durante una operación especial en la isla de West Falkland - solo tenía 29 años), formó un grupo de apoyo y respuesta operativa, que incluía un equipo de morteros;
  • El Mayor Delves y el Capitán Brown, el oficial corrector de artillería naval, debían ubicarse en el punto entre la aldea y el extremo este del campo de aviación, manteniendo contacto con todas las fuerzas especiales, el cuartel general y la nave de apoyo de fuego, el destructor URO Glamorgan.
El segundo grupo, Air Troop, recibió el mando de la fuerza de aterrizaje de la flota británica, el teniente comandante Roger Edwards, quien había estado previamente en estos lugares y estaba bien versado en el área. Según las memorias de Edwards: “Estuve aquí en 1973, llegué a la patrulla Endurance y viajé mucho con mi esposa, nativa de las Islas Malvinas. En particular, visitaron Pebble Island y otras islas en el norte, donde estaba la granja familiar de mi esposa. Ayudé a SAS con la evaluación del terreno. Según la inteligencia, en la isla había 300-400 tropas argentinas. Resultó que el SAS será inferior en el número diez a uno ". De hecho, por supuesto, había menos argentinos, solo 144 personas, incluidos infantes de marina, pilotos y asistentes.

Las fuerzas especiales tuvieron que aterrizar utilizando helicópteros Sea King HC4 convertidos para apoyar las operaciones de las fuerzas de operaciones especiales del personal de combate del escuadrón 846. Cada uno de estos helicópteros podría llevar a bordo 27 cazas y llevarlos a una distancia de aproximadamente 150 millas (unos 240 km). Además, en la versión de fuerzas especiales, la tripulación del helicóptero incluía dos pilotos, y no uno, como de costumbre. Esto permitió resolver problemas de manera más eficiente durante el aterrizaje / evacuación del grupo de reconocimiento, así como en vuelo a altitudes muy bajas y en la oscuridad.

Como resultado, se asignaron tres helicópteros para la Operación Prelim, que se suponía que entregarían a la isla 42 fuerzas especiales, el Mayor Delves, el Capitán Brown y el Teniente Comandante Edwards, con armas personales, un mortero L16 de 81 mm (peso 40 kg) y más de 30 Recipientes de plástico con minas de mortero: dos minas en cada recipiente, una de fragmentación altamente explosiva y la otra con un relleno de fósforo blanco. La masa del contenedor es de 8 kg, cada comando llevaba uno de esos contenedores. Las fuerzas especiales se embarcaron en una misión con las siguientes armas: un rifle automático M16 de 5,56 mm (algunos con un lanzagranadas M203 de 40 mm) o una ametralladora de 7,62 mm, una pistola Browning High Power de 9 mm, una de 66 mm Lanzagranadas de mano M72, granadas de mano, cargas explosivas, tres tiendas de repuesto para M16 cada una y numerosos cinturones de ametralladoras. Los últimos fueron para todas las fuerzas especiales, y no solo para ametralladoras: 200-400 disparos por persona. Todos tenían botiquines individuales de primeros auxilios.

Comienza la operación

La primera fase de la parte activa de la Operación Prelim comenzó a las 8 p.m.el 14 de mayo. El destructor URO "Glamorgan" dejó la orden de conexión operacional y se dirigió a Pebble Island. Media hora después, el portaaviones Hermes y la fragata URO Broadsword partieron. El destructor, armado con el sistema de misiles de defensa aérea Sea Dart, sirvió como el barco de defensa aérea, y el sistema de misiles de defensa aérea de corto alcance armado Sea Wolfe fue el papel de la patrulla antisubmarina y el barco de defensa aérea de corto alcance. Los británicos tuvieron suerte: los argentinos en ese momento no tenían un solo avión listo para el combate "Neptuno", utilizado para el reconocimiento de largo alcance. La maniobra de las tres naves pasó desapercibida.


Entonces la situación se volvió más complicada. Debido al clima tormentoso y una serie de fallas técnicas (por ejemplo, la tripulación de Broadsword tuvo que perder velocidad para reparar un sistema fallido de defensa aérea de Sea Wolf, y uno de los helicópteros de Sea King se salió de servicio; era necesario preparar un reemplazo con urgencia), los barcos no pudieron ser oportunos llegar al punto designado. Los radares argentinos ubicados en la isla de Malvinas Este, descubrieron un destacamento de las fuerzas principales de un grupo de tres barcos. Se envió un radiograma del contenido correspondiente al teniente Marege.

Los comandantes de Hermes y Glamorgan no calcularon con precisión el tiempo que necesitarían para ocupar sus puestos asignados. Como resultado, los barcos tuvieron que tomar posiciones "a un ritmo acelerado", pero no pudieron preparar adecuadamente los helicópteros para el despegue. Todo esto finalmente condujo a una demora en el inicio de la operación durante una hora y media, lo que acerca la hora de salida muy cerca del amanecer. El plan de operación tuvo que ser ajustado. Ahora su objetivo era solo la destrucción de los aviones enemigos. "La guarnición argentina ni siquiera sabía cuán afortunados eran y qué peligros evitaban", escribió Ken Connor en sus memorias. El grupo Air Troop, que originalmente se suponía que atacaría el asentamiento, ahora tenía que tomar una posición entre el campo de aviación y el pueblo y, si era necesario, repeler los ataques de los marines argentinos ".

Como resultado, a las 2 horas 00 minutos del 15 de mayo, el portaaviones Hermes disminuyó la velocidad, y después de 25 minutos tres helicópteros fueron a la isla. Después de eso, el portaaviones y la fragata se retiraron, y Glamorgan tomó una posición a 6 millas al noroeste del aeródromo en disposición de abrir fuego de artillería sobre los objetivos y posiciones de reconocimiento del enemigo. Además, los helicópteros no estaban equipados con estaciones de radar que siguieran el terreno. Los pilotos fueron ayudados por nuevas gafas de visión nocturna. El grupo de ataque aterrizó a las 3 horas y 50 minutos, aproximadamente a cinco millas de su destino, en el área de Philips Cove, y un poco más tarde se conectó con el grupo de reconocimiento en la isla. Los soldados de este último recogieron y equiparon una posición para un mortero de 81 mm, con la ayuda de la cual se planeó "iluminar" el área con minas iluminantes, y luego proporcionar apoyo de fuego. Además, el destructor URO Glamorgan proporcionó apoyo de fuego durante la operación. Exactamente a las 4 horas 00 minutos, el Capitán Brown recibió de la radio del destructor que el barco estaba en posición y estaba listo para proporcionar apoyo de artillería. Los helicópteros, después de entregar los comandos a la isla, regresaron al Hermes para reabastecerse de combustible y estaban listos para volar para evacuar el destacamento.

Aviones destruidos

Después de unirse al grupo del Capitán Burles, el destacamento se movió hacia el objetivo de la operación. El primero fue el Capitán Burles, quien desempeñó el papel de "escolta", con él - Major Delves y el Capitán Brown, luego - equipo de morteros, grupo Air Troop, combatientes del grupo Capitán Burles, grupo Mountain Troop y, finalmente, grupo Mobility Troop.

6 horas y 10 minutos: el desprendimiento alcanzó la posición donde debía instalar un mortero de 81 mm. El equipo de morteros estaba listo para abrir fuego a las 6 horas y 15 minutos. Un poco más tarde, Air Troop y Mountain Troop tomaron sus posiciones, pero el tercer grupo ... se perdió. Salió de la última zona de aterrizaje y no tenía suficiente "guía". Como resultado, en la oscuridad, ella se desvió del curso. Sin embargo, esto no afectó el curso de la operación. Mountain Troop era un grupo de reserva, por lo que cambió su posición y comenzó a prepararse para una nueva tarea.

En el destructor, el comando URO "Glamorgan" comenzó a ponerse nervioso. Para no caer bajo un posible bombardeo desde la costa o un ataque de aviones argentinos, el barco tuvo que abandonar su posición con un máximo de los primeros rayos del sol, a más tardar 7 horas y 30 minutos. Esto se informó desde el barco al comandante Delves y al capitán Brown, quienes respondieron que los grupos aún no habían tomado posiciones para atacar. Al mismo tiempo, estaban satisfechos con el barco de que, en primer lugar, sería necesario "colgar" proyectiles de iluminación sobre el objetivo ZJ5007, es decir, el lugar donde supuestamente se ubicaban las posiciones de los marines argentinos, y no golpear proyectiles altamente explosivos en el puesto de observación en la cima de Mountain Mountain (objetivo ZJ5004), como estaba previsto inicialmente
El Capitán Brown solicitó el fuego Glamorgan en el walkie-talkie a las 7 horas y 19 minutos; tres minutos más tarde, los proyectiles de luz florecieron sobre la isla, saliendo del cañón del destructor con un intervalo de 15 segundos. En los primeros proyectiles, los comandos británicos vieron claramente que había 11 aviones en el campo de aviación: cuatro "mentores turbo" del cuarto escuadrón de asalto de la Armada argentina (A-401, A-408, A-411 y A-412), seis "pucars" "(A-502, A-520, A-523, A-526, A-529 y A-552) del tercer escuadrón de asalto de la Fuerza Aérea Argentina, que fueron reubicados del aeródromo Gus-Green como parte de la operación para dispersar a las fuerzas aéreas , y un Skywen de Coast Guard Aviation (RA-50, llegó a Pebble Island otro 30 de abril).

El cabo Armstrong y el capitán Hamilton se dedicaron a "pedos", instalando explosivos plásticos en ellos. La aeronave "turbo mentor" también socava los cargos de explosivos plásticos. Se colocaron dos cargas en cada automóvil: una debajo del estabilizador izquierdo, la segunda debajo del motor, en el nicho del tren de aterrizaje delantero.Una descripción interesante de una de las tramas citadas en el libro de Francis Mackay y John Cooksey, Pebble Island: Operación Preliminares sobre las acciones de los argentinos: “Un cabo y dos marines se trasladaron al aeródromo, subieron la cuesta y vieron una imagen: numerosas figuras oscuras se apresuraron rápidamente entre avión, deteniéndose por un momento solo para dar un giro o lanzar una granada. Los marines se mudaron silenciosamente a la estación de bomberos, fueron vistos por dos centinelas (estos últimos estaban en la estación de bomberos y no han tomado ninguna medida desde el comienzo del ataque. - Aprox. Automatics), que los dejaron entrar. Todos cayeron rápidamente al suelo, mientras las balas silbaban ".

En pocos minutos, la luz de los aviones en llamas se volvió más brillante que la de las minas iluminadas: llegó un día artificial. Pronto se destruyeron los 11 aviones, así como barriles de combustible y cajas de municiones. El enemigo hizo un intento "tímido" de resistencia, pero en los primeros disparos, el Mayor Delves le pidió a Glamorgan que abriera fuego con proyectiles altamente explosivos contra el objetivo ZJ5007, y sus morteros para iluminar el área de operación.

"Asalto de combate"

Las pérdidas entre los "comandos" británicos fueron mínimas: tres heridos:
  • El cabo Davy del grupo Mountain Troop recibió un fragmento de una granada de 40 mm en su pierna (fue inmediatamente vendado por un colega - sargento de personal Philip Karras, un médico ordenado en un horario de combate);
  • El cabo Armstrong herido por astillas de una mina radiocontrolada demasiado cercana: el comandante de la guarnición argentina, el teniente Marega, que llegó al lugar y no pudo organizar un rechazo con la ayuda de sus subordinados desmoralizados, dio la orden de detonar los cargos preparados previamente del sistema de autodestrucción, y el cabo Armstrong, quien instaló cargas explosivas El Pukaru A-523 estaba "en el momento equivocado en el lugar equivocado". Los historiadores británicos han sugerido que el teniente Marega podría haber sugerido que los británicos capturaran un campo de aviación y que los aviones de transporte militar con las principales fuerzas de aterrizaje aterrizarían al amanecer, por lo que explotó minas terrestres, una de ellas destruyó Skyvan;
  • Finalmente, el cabo Bunker recibió descargas de proyectiles durante la explosión de minas argentinas, y tuvo mala suerte por segunda vez, ya que recibió su primera herida durante la operación en Georgia del Sur cuando estaba en el helicóptero caído de Wessex.
Sea como fuere, el problema se resolvió. El destacamento comenzó a retirarse a la zona de evacuación, y el Hermes fue informado de la finalización completa de la operación y se llamaron helicópteros.

De las memorias del Capitán Christopher Charles Brown: “Destruimos todos los aviones, comenzamos a retroceder, mientras los aviones explotaban y ardían. El enemigo no intentó contraatacar desde el lado de la aldea ni tomar el control del aeródromo. Si tuviéramos más tiempo, trataríamos de eliminarlos, pero existía un peligro real de dañar la propiedad de los residentes locales o incluso matar a uno de los colonos. Pero en realidad, simplemente no teníamos tiempo, por lo que se envió una señal de retirada, porque habíamos resuelto la tarea. La destrucción de estos aviones eliminó la amenaza de una futura operación de aterrizaje. Nos retiramos a un lugar seguro, nos recogieron los helicópteros Sea King y nos llevaron a Hermes para el desayuno ”.
Según fuentes británicas, a las 7 horas y 45 minutos el destructor Glamorgan envió el último proyectil al objetivo. Los artilleros "pusieron" las últimas descargas, colocando un muro de fuego entre los comandos en retirada y el pueblo donde se encontraba la guarnición argentina. El comandante Jan Inskip, de la tripulación del EM URO "Glamorgan", recordó más tarde en relación con esto: "Necesitábamos abandonar la posición de disparo: el peligro aumentaba cuanto más tiempo permanecíamos aquí". Sin embargo, el Capitán Barrow (comandante destructor. - Aprox. Aut.) Decidió que estábamos aquí para apoyar al SAS y, por lo tanto, nos quedamos en posición ". Finalmente, el barco abandonó las aguas costeras a toda velocidad: ya permaneció allí durante 15 minutos más de lo planeado. En este momento, los comandos ya estaban aterrizando en cuatro Sea King, recogiéndolos a 2 millas (aproximadamente 3.5 km) del campo de aviación.



De las memorias de Peter Ratcliffe: “Dos horas y media después del primer disparo, estábamos nuevamente a bordo del Sea King y regresamos al mar. Detrás de nosotros en la pista estaban los restos de seis Pukars, un avión de transporte ligero Short Skaven y cuatro aviones de entrenamiento Mentor. La artillería naval procesó todas las posiciones restantes del enemigo, de manera tan efectiva que parecía que toda la isla Pebble estaba en llamas. Debe haber estado más caliente que nunca durante varios millones de años ".

En general, la incursión en Pebble Island se incluyó en la colección de operaciones clásicas del Servicio Especial de Aviación Británica. Junto con los llevados a cabo por los subordinados de David Stirling durante la Segunda Guerra Mundial, quien creó el SAS en 1941 y comandó el "grupo desértico de largo alcance", durante una operación contra las tropas italianas en el norte de África. La tarea se completó con precisión de filigrana, como resultado, el riesgo para todo el grupo británico se redujo significativamente antes de llevar a cabo la operación de desembarco en la Bahía de San Carlos. Queda por añadir que uno de los aviones de ataque Pukar estrellados, el A-529, fue llevado a Port Stanley después de la guerra, donde se exhibe en el museo local. Y uno de los "mentores turbo", ser. No. 0729, fue literalmente salvado de "análisis de recuerdos" por niños locales y transferido al Museo de Aviación de la Armada Británica en Yeovilton.