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viernes, 6 de marzo de 2026

COAN: Tácticas de bombardeo contra la Flota



Precisiones para el bombardeo


Al desprender hasta seis bombas de 500 libras con un lanzador múltiple, aplicábamos el lanzamiento automático con un intervalo de 200 milisegundos entre bombas, que a 450 nudos de velocidad, permitía que las bombas con cola retardada (Snakeye) cayeran 40 metros distanciadas entre ellas y que lanzadas a 45 grados del eje de crujía del buque, la probabilidad de impacto de por lo menos una bomba, para la neutralización del blanco, era muy alta.
Estas experiencias se las habíamos transmitido a los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina, que durante ese tiempo concurrieron a la Base Aeronaval Espora. El armamento que poseíamos era diferente, pero la mayor insistencia nuestra fue que evitaran la aproximación en altura, pues desde 150 MN con radares 965 los detectarían y eso facilitaría la interceptación de las PAC’S (Patrullas Aéreas de Combate con aviones Sea-Harrier equipados con misiles Sidewinder AIM-9L) o el lanzamiento de misiles Sea-Dart con 30 MN de alcance y asimismo, la detección temprana del ataque posibilitaría el fuego naval antiaéreo dirigido con radar y por lo tanto más preciso.
También les advertimos a los mismos pilotos que sería poco probable un impacto de bomba lanzado en bombardeo en planeo, por el tiempo de volido de la misma y la maniobra del buque a 30 nudos de velocidad en mar abierto.

La bomba americana MK-82 de 500 libras de peso con cola retardada de nuestro arsenal permitía su lanzamiento en vuelo rasante, y que la misma se retrasase en su caída con respecto al avión por la aerodinámica de mayor resistencia, debido a los cuatro grandes chapones que se armaban luego de ser lanzadas. De esta manera, al explotar, su efecto no alcanzaba al avión lanzador que se había adelantado.

Para asegurarnos de que las bombas cayeran con la espoleta armada luego del lanzamiento, atábamos los cables que activan las espoletas de cola y nariz a la estructura del lanzador del avión, en lugar de conectar los mismos a los solenoides previstos a tal fin. Este último es el procedimiento normal, que permite arrojar la bomba armada, o en caso necesario - a través de un interruptor en la cabina -, sin que se arme la espoleta al abrirse el solenoide y desprenderse el cable para su armado. Como estos que permiten la alternativa podían fallar, no los utilizábamos y de esta manera nos asegurábamos que las espoletas siempre se armaran al desprenderse la bomba y quedasen listas a iniciar la explosión de la misma. En caso de emergencia arrojaríamos las bombas sobre el mar y allí explotarían.

Durante esa etapa también efectuamos ejercitaciones de interceptación aérea, conducidos por los radares del portaaviones y sus buques escoltas, sobre aviones de la Fuerza Aérea que operaban al sur de Comodoro Rivadavia y simulaban ataques sobre la Flota.
Desembarcamos el 25 de abril en la Base Naval Puerto Belgrano y durante el siguiente par de días, se le instalaron a dos aviones equipos de navegación VLF Omega para mejorar las condiciones de navegación sobre el mar.
Este había sido un permanente reclamo de años anteriores, pero siempre se encontraron motivos por parte de la conducción de la Armada para no concretarlo, de la misma manera que nunca fueron oídos nuestros pedidos de instalarles cañones de 30 mm a los A-4 para aumentar la posibilidad de fuego y la fiabilidad en el uso. Asimismo, instalamos en otros dos aviones, a modo de experimentación, equipos OTPI, que son receptores de sonoboyas utilizados para la guerra antisubmarina por los aviones Tracker a efectos de recalar sobre las emisiones de las mismas cuando se lanzan al mar. Su fin era poder arribar sobre una sonoboya que arrojase un avión Tracker sobre el mar, para desde allí tener una marcación y distancia de un blanco dada por el avión explorador que no podía mantenerse en zona, ya sea por su autonomía o por amenazas del enemigo.
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Relato de Capitán de Navío VGM (RE) Rodolfo Castro Fox, piloto de A-4Q Skyhawk de la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque de la Armada Argentina.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Monte Longdon: Sección Sanidad

Monte Longdon

El día después de la Sección Sanidad

6to Episodio




Corría el día 12 de Junio.
Hubo una batalla despiadada y cruel durante la noche anterior y esa madrugada.
Tan intensa que se llegó a combatir cuerpo a cuerpo .
Muchos con las bayonetas acopladas o caladas por la típica orden dada por los jefes que le dan a los infantes cuando se inician los ataques.
Duró más de 10 horas en las que ya no alcanzaban los dientes apretados, la mirada en el objetivo , el valor que sobraba por doquier.
No, ya no era suficiente.
Las posiciones no pudieron seguir siendo defendidas porque la superioridad tecnológica y numérica era tan grande que se decidió el repliegue.
-Nosotros, me cuenta Alfredo Arley, los soldados de Sanidad empezamos a bajar desde el monte.En mi camino de descenso me encuentro con el Sargento Primero Rolando Spizuoco, mi jefe, quien estaba herido en el cuello y en un brazo, producto de los disparos de un francotirador que le tiraba constantemente sin dejar moverlo...
-Él intentó protegerse entre dos piedras impidiendo que el francotirador pudiera verlo bien quien optó por tirarle igual y con los rebotes  en las piedras de los proyectiles  logró herirlo.
-El Sargento Primero López le puso una bufanda blanca alrededor del cuello para evitar que siguiera sangrando y la bufanda cambió de color.
- No le importó, nuestro jefe no quiso ser evacuado y esperó  hasta que baje el último de los hombres. Eran SUS HOMBRES y no los iba a abandonar.
-Por supuesto que la guerra continuaba de modo que el bombardeo y las metrallas seguían presentes.
-Uno de los soldados le advierte al Sargento Primero Spizuoco que había quedado un soldado herido en el lugar que ya estaba tomado por el enemigo. Sin dudarlo nos preguntó quien lo acompañaría a buscarlo.Regresé con él al infierno.
-La adrenalina a pleno.
-Luego de caminar un trecho nos encontramos con el Cabo Principal Lamas y sus soldados de Infantería de Marina quien nos informó que no quedaba nadie atrás.
 -Tuvimos alrededor de 100 heridos  que fueron traídos por sus propios compañeros hasta un camino por donde estaba el Subteniente Jesús Martín quien con un Jeep los iba llevando al hospital, ya que nosotros no teníamos para más.
 El resto de los soldados se reagruparon y volvieron al combate.
-Por momentos me parecía estar viviendo en un sueño o viendo una película en las que el hambre, (pasamos dos días sin comer nada) sólo con algún mate cocido, dominaba la situación.
Llevábamos mucho tiempo sin dormir y cada vez más mojados por la llovizna o la nevisca o ambas.
Sólo como dato curioso Alfredo me cuenta que uno de sus soldados tenía una maquinita de fotos en la mano y mirando al grupo les preguntó si querían que les sacara una .
Lo hizo y sólo pudo verla después de muchos años.
Lo increíble es que detrás de ellos había enfermeros atendiendo a un soldado herido por una esquirla.
Alfredo Arley es el primero a la izquierda arrodillado.
La guerra..., increíble las cosas que sucedieron.